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El Monstruo:

Eres mi puerta cerrada, un continuo recordatorio de dónde no quiero ir. Es una zona oscura, apagada, que no me deja respirar al acercarme, que me ahoga de miedo y dolor, que se antepone a la duda y a hacer lo correcto, que habla antes de pensar y desgarra cualquier parte buena que haya dentro o fuera. Por eso, estás encerrado, por eso nunca te dejo salir, por mucho que golpees la puerta, que grites y patalees, sabes que no puedo dejar que vuelvas a poner un pie cerca de ese pasillo, que es justo el que va directo a mi perdición.

Ibas creciendo conforme yo lo hacía. ¡Qué puedo decir! Siempre estuviste ahí, una parte de mí, más oscura y divergente, contrarrestada, endiablada, pasota y cortante, alguien a quién no le importaba nada. Nos íbamos pasando la pelota, mientras la rabia y el control me poseían, me volvías loco. Entre un golpe y otro, me atontabas para seguir manteniendo tu trono intacto. Te hiciste fuerte debido a violencia, soledad, enfado e injusticia. Supongo que ningún niño debería saber nada de eso en tan corta edad, ¿verdad? Ahora quizá digas que querías protegerme, querías que fuera fuerte para enfrentar lo que fuera que estaba a punto de sucederme, que la vida es dura y que debía seguir caminando.

Sentiste mi tristeza, sentiste cómo iba cayendo en un agujero. Me mantenías a flote para que no tomara decisiones impulsivas, para que pudiera seguir caminando, mi alma empezaba a ser una muleta para tú poder seguir estando de pie. Me defendías en cada pelea, en cada discusión absurda, cuando se mofaban de mí o me daban de golpes, supongo que sentía cierto poder dentro de mí que no lograba entender, hasta llegué a preguntarme si era un monstruo. Llegué a creérmelo. Pero solo estaba sobreviviendo a otra nueva situación de mierda. Así había sido mi vida, y así es como tu tratabas de que no me parara.

Supongo que desde hace años esperas que te lo agradezca. Puede que te sientas decepcionado porque te encerré, porque he logrado controlarme y no seguir por el estrecho sendero oscuro por el que me llevabas, imagino que no debió de gustarte que pudiera callarte. Y sí, la verdad es que eras una cotorra, no dejabas de hablar. Destructivo, vengativo, negativo, catastrofista, perfeccionista, y un cobarde, tenías tanto miedo dentro que tu envoltura era la inseguridad. Supongo que sí, algunas cosas dejaste en mí, pero es bueno que empecemos una conversación, que cambie los candados cada dos años para que no se oxiden, para que no llegues a derrumbar la puerta, o deshacer todo lo que he conseguido enmarañando mi mente y haciéndome creer que eres el único que puedes quitarme el dolor.

He de reconocer que no sentir era genial, te da igual todo, eres casi como un muerto andante al que solo le importa caminar. Las emociones son cambiantes, a veces, son un desastre, te hacen sentir pequeño, incluso, miserable, te rompen por dentro, y muchas otras cosas que desearía no comentar, pero sigo sin ver la razón por la que tendría que volver a abrirte la puerta. No eres más que otra puerta cerrada de las muchas que no abro en esa sección de mi mente, aunque sí es verdad que te tengo cierto aprecio, eres de una colección que no me gustaría perder por lo que pudiera ocurrir en un futuro. Pero no olvides, que son muchas las que se han abierto por beneficio propio, pero la tuya querido amigo, espero no abrirla jamás.

Eres mi pequeño monstruo. Ese que me transforma en alguien que no quiero volver a ver, que pocos han visto y que espero que no vean. El dolor no se quita, no se arranca, no se vuelve agresivo para dejar que deje de rasgarte por dentro, sino que, se acepta y dejas que permanezca como recordatorio de cuánto has pasado y cuánto más has superado. Te deja resquicios de tristeza, incluso, puede llegar a ser permanente, pero no hasta el punto de soltarte. Últimamente, te oigo gritar, pareces desesperado después de tanto tiempo, hasta imploras encontrar una salida, puede que rasques los enormes y gruesos muros que construí especialmente para ti. Quiero que sepas que te oigo, que te entiendo, que te acepto y que sé que eres otra pieza más de mi rompecabezas, situado en el sótano, junto con otros que quizá conozcas.

Espero que algún día, viejo amigo, te reconcilies contigo mismo y podamos volver a contarnos historias.


The Monster:

You’re my closed door, a continuous reminder of where I don’t want to go. It is a dark, dull area that does not let me breathe when I approach, that drowns me in fear and pain, that takes precedence over doubt and doing the right thing, that speaks before thinking and tears any good part that is inside or outside. That’s why you’re locked up, that’s why I never let you out, no matter how much you knock on the door, scream and kick, you know I can’t let you set foot near that hallway again, which is just the one that goes straight to my perdition.

You were growing as I did. What can I say! You were always there, a part of me, darker and more divergent, countered, devilish, stepped and sharp, someone who didn’t care about anything. We were passing the ball, while anger and control possessed me, you drove me crazy. Between one blow and another, you stunned me to keep your throne intact. You became strong because of violence, loneliness, anger and injustice. I guess no kid should know any of that at such a young age, right? Now you may say that you wanted to protect me, you wanted me to be strong to face whatever was about to happen to me, that life is hard and that I should keep walking.

You felt my sadness, you felt myself falling into a hole. You kept me afloat so that I would not make impulsive decisions, so that I could continue walking, my soul began to be a crutch for you to continue standing. You defended me in every fight, in every absurd argument, when they made fun of me or beat me, I guess I felt a certain power inside me that I couldn’t understand, I even wondered if I was a monster. I came to believe it. But I was just surviving another shitty new situation. That’s how my life had been, and that’s how you tried that I didn’t stop.

I guess for years you’ve been waiting for me to thank you. You may feel disappointed because I locked you up, because I have managed to control myself and not continue along the narrow dark path you were taking me, I imagine you must not have liked that I could shut you up. And yes, the truth is that you were a parrot, you did not stop talking. Destructive, vindictive, negative, catastrophic, perfectionist, and a coward, you were so afraid inside that your envelope was insecurity. I guess so, some things you left in me, but it’s good that we start a conversation, that I change the locks every two years so that they don’t rust, so that you don’t get to collapse the door, or undo everything I’ve achieved by tangling my mind and making me believe that you’re the only one who can take the pain away from me.

I have to admit that not feeling was great, you don’t care about everything, you are almost like a dead man who only cares about walking. Emotions are changeable, sometimes, they are a mess, they make you feel small, even miserable, they break you inside, and many other things that I wish I did not comment, but I still do not see the reason why I would have to open the door again. You are just another closed door of the many that I do not open in that section of my mind, although it is true that I have a certain appreciation for you, you are from a collection that I would not like to lose for what could happen in the future. But do not forget, that there are many that have been opened for my own benefit, but yours dear friend, I hope it never gets open.

You are my little monster. That one that transforms me into someone I don’t want to see again, that few have seen and that I hope they don’t see it. The pain is not removed, it is not torn away, it does not become aggressive to let it stop tearing you inside, but it is accepted and you let it remain as a reminder of how much you have gone through and how much more you have overcome. It leaves you with traces of sadness, even, it can become permanent, but not to the point of letting go. Lately, I hear you screaming, you seem desperate after so long, until you implore to find a way out, you may scratch the huge and thick walls that I built especially for you. I want you to know that I hear you, that I understand you, that I accept you and that I know that you are another piece of my puzzle, located in the basement, along with others you may know.

I hope that one day, old friend, you will reconcile with yourself and we can tell us stories again.


Publicado en Personajes

Elfrom: El que Entristece

Relato procedente: «En Persona«. Edad: 38 años.

Ciudad: Columbus. Profesión: Recepcionista.

Descripción física:

Mi cabello es negro, por los costados y por detrás bastante corto y por arriba en forma de tupé bien peinado y cuidado, con una barba algo poblada y con zonas canosas. Mis ojos son de un tono azul claro, aunque si no les da mucho la luz pueden volverse de un color más intenso. Mis labios son finos y mi tez un tanto morena. Siempre me ha gustado vestirme de forma informal, exceptuando cuando voy al trabajo que es el único momento donde soy capaz de llevar traje y corbata.

Descripción de la personalidad:

Desde que era pequeño, me han comentado que tengo bastantes problemas a la hora de exteriorizar emociones, no me gustan mucho los conflictos y rehúyo de personas que sé que me van a traer problemas. Soy bastante callado e introvertido, desde siempre he estado en mi cabeza, hablando conmigo mismo, reflexionando, sintiendo como si no perteneciera al mundo, con una tristeza inexplicable. Sí que es verdad que, como todo el mundo creo, tengo la habilidad natural de pretender que soy como los demás para hacerles creer que encajo y me siento genial en el entorno, cuando la realidad es que no tengo ni idea de qué están hablando.

Una infancia bastante aislada:

Creo que siempre fui ese típico niño rechazado que vivía en su cabeza, soñando e imaginando mundos propios en los que poder caracterizar personajes, no solía hablar demasiado y no me gustaba el colegio, sacaba las notas justas para pasar de curso porque no me interesaban los temas de los que hablaban y no encajaba muy bien en mis entornos. Con mis padres siempre sonreía y asentía con la cabeza pero me sentí solo casi todo el tiempo, no entendían el porqué de mi aislamiento, por qué quedarme en casa encerrado leyendo y no tenía amigos. No me interesaba y eso, simplemente, no podía fingirlo.

Me gustaban los juegos de mesa, los puzzles, las sopas de letras y todo tipo de juegos que solo hiciese falta una persona para jugar. Era un niño muy introvertido y no me gustaba causar problemas, era calmado y no me importaba demasiado lo que pudieran pensar los demás de mí, muchos me comparaban con un robot. Era inteligente pero no tenía el menor interés en demostrarlo, era como esforzarse para nada, sabía que los demás no valorarían ninguna cosa de la que hiciera, solo se quejaban de dinero y de la cantidad de facturas que llegaban a casa, aparte de discutir delante de mí por cosas que no me concernían ni lo más mínimo. Ellos tenían sus cosas, yo era un cero a la izquierda y estaba cómodo en esa zona de confort.

No hice lo que se esperaba de mí:

De hecho, nunca lo hice. Desde pequeño, de adolescente y adulto, no hacía lo que se esperaba de mí en ningún ámbito de mi vida. No escuchaba a nadie, estaba decidido a andar por mi cuenta. Mis padres se empeñaban en que entrara en la Universidad a estudiar medicina, según ellos era un chico listo y seguro que lo sacaba, igual que lo hizo el abuelo, ganaba bien y la familia pudo echar hacia adelante. Mi padre le admiraba, yo no, y no tenía ningún interés en ser como él, no me interesaba ser médico. Luego quisieron que me apuntara a Derecho, mi respuesta fue la misma, que no. Tampoco me apunté a la de Negocios, la de Turismo o la de Administración de Empresas.

Así que, decidieron elegir ellos por mí. Porque claro, era lo mejor. No llegaban a final de mes pero debían presumir de hijo inteligente que estaba estudiando una carrera como los demás del barrio. Tardé dos semanas en anular la suscripción, aquello era absurdo, yo no quería ir a ninguna Universidad, lo que quería era encontrar un trabajo y salir de casa, empezar a pensar en salir del nido, se volvió la cosa más importante de todas. Lo mejor que pude encontrar fue de recepcionista en un dentista, empecé a los veinte y hasta hoy sigo estando allí, ganando el salario mínimo, viviendo en un pequeño pisito en el centro y sin más responsabilidades que hacer la comida y llegar a tiempo al trabajo, el sueño de cualquiera.

Nunca fui feliz:

Mucha gente habla de felicidad, de qué se siente en esos pequeños momentos que todos tenemos, que nos hacen reír a carcajadas y nos hacen sentir increíbles. Yo, por otro lado, nunca llegué a sentir algo así, es más, todo lo contrario. Siempre sentí una tristeza permanente, que no se iba por nada. Estaba ahí, mirándome, esperando. Durante mucho tiempo, quise saber por qué y empecé a acudir a terapeutas por toda la ciudad, para conseguir respuestas, al parecer, tenía depresión crónica. Esa tristeza que apenas notaba al principio, cada año que pasaba iba magnificándose más y más hasta hacerse a veces profunda y otras, calmada y equilibrada. Tenía bastantes altibajos y empezó a afectar a mi día a día.

La verdad es que no recuerdo ni una sola vez en la que realmente me hubiera sentido pleno, lleno de vida, de júbilo y de alegría, ni siquiera de niño solía sonreír o reírme demasiado, no me gustaban mucho las bromas y aborrecía los chistes. Además, me incomodaba la gente, algunas muestras de cariño y que trataran de hacerme reír, no me apetecía nada. Muchas personas en la oficina pensaban que yo era aburrido, que no tenía nada que ofrecer y era uno más, pero creo que nunca sabrán lo que hay detrás de unos ojos tristes, ¿verdad?

Las reuniones:

Aquí fue cuando empezaron las terapias de hipnosis. Iba dos días a la semana y el terapeuta solía decirme hacia dónde ir. Normalmente, bajaba unas escaleras y me topaba con varias habitaciones en lo que parecía un sótano un tanto oscuro, sin ventanas. Una de las habitaciones, la que parecía más grande, era la que siempre me atraía hacia ella para que la abriera, como si quisiera decirme algo. Cuando lo hacía, me encontraba en una habitación de cuatro paredes, con dos sillas, una frente a la otra y con alguien ya sentado en una de ellas. Y era así de sencillo, era como hablar conmigo mismo, porque teníamos el mismo aspecto exacto, lo único que nos diferenciaba es que él tenía la costumbre de no llevar camiseta.

Pero él no era yo, ni mucho menos, mi «yo subconsciente» estaba en otra habitación que a veces, solía visitar para reflexionar sobre algunas cosas. Ese que se sentaba frente a mí, con tal perfecta similitud, era mi tristeza en sí misma. Esto puede ser chocante pero, a la vez, muy útil. Siempre traté de llegar a un acuerdo con ella, siempre quise que nos lleváramos bien pero no era muy sencillo hablar las cosas, era bastante pasota, tozuda, egoísta, sarcástica, y de lo más irritante. Cada vez que salía por esa puerta, me sentía más frustrado y desesperado, no quería darme un respiro. La invitaba a irse, incluso, le dejé la puerta abierta varias veces para que pudiera ser libre, ya no iba a retenerla más, pero ella nunca quiso cruzarla. Pensé que era ella que no quería irse, pero años después, me di cuenta de que quizá era yo quién no quería deshacerme de ella porque formaba parte de mí y no quería estar solo. Una melancolía un tanto tóxica, sí…

Un futuro aislado:

La depresión nunca termina de superarse, imagino. Mejora, por supuesto, y depende de días. La última vez que la visité, me dijo lo mismo que la última vez, seguía distante, no fui capaz de asustarla ni un poco, no pestañeó ni un segundo, desvió la miraba fríamente y cortó tajante la conversación. Estaba dispuesto a volver en un año o dos quizá, puede que le dejara un poco de espacio o quizá dejara de empeñarme en que se fuera y tratara de aceptarla, tal como ella dijo. Fueron muchas las cosas que me han llevado a este punto exacto, a este sentimiento intenso que cruza mi pecho tantas veces, así que, quizá entiendo por qué está ahí conmigo. Aunque le cueste reconocerlo, le da tanto miedo salir de esa habitación como miedo me da a mí de que salga, puede que tengamos ese tipo de relaciones posesivas-obsesivas donde no podemos dejar de tirarnos cosas y discutir pero donde necesitamos al otro tanto que no le dejamos escapar.

Supongo que vivir con ello es lo único que he hecho hasta este momento y será lo único que pueda hacer para tratar de seguir caminando, pase lo que pase o hasta que quiera descansar de una vez, desaparecer o dejar de sentir. Pero hasta ahora siento que no debería rendirme, aunque siga teniendo días muy malos y tenga que hacer un esfuerzo por seguir de pie. Creo que ser compasivo conmigo mismo es lo que me salva de seguir frustrado y roto por dentro.


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Comentando libro «La Fuerza de Ser Altamente Sensible» – Meritxell García Roig

¿Tienes un olfato fino y oyes el mínimo ruido? ¿Te agobias en lugares con mucha gente? ¿Observas sutilezas que pasan desapercibidas para la mayoría? ¿Te molestan las etiquetas de la ropa? Si has respondido afirmativamente, es posible que seas una persona altamente sensible (PAS): tu cableado neurológico es distinto, percibes más información a través de los sentidos que el resto de la gente, y muchas veces este alud de estímulos te satura. Pero cuando entiendas cómo funciona tu maquinaria PAS, descubrirás que la alta sensibilidad puede jugar a tu favor.

La creatividad tiene un papel fundamental en las PAS, pues les ofrece la capacidad de ver opciones ilimitadas en cada momento. Además de toda la información necesaria para saber si tú o algunos de los tuyos es PAS, este libro te enseña a sacar partido de tu naturaleza sensible y creativa, a descubrir tu potencial y a brillar y construir una vida plena acorde con tu personalidad. Explora tu poder creativo y conviértelo en la navaja suiza que te permita salir airoso de cualquier situación que te incomoda.

¿Sabías que el 30% de la población mundial es PAS? Aprende claves y trucos para que este rasco de la personalidad se convierta en un superpoder.

Este libro fue, en realidad, una especie de regalo y uno que no esperaba encontrar en la librería más cercana a donde vivo, fue una sorpresa inesperada. Me he hecho muchas preguntas de por qué hago ciertas cosas, me molestan muchas otras, por qué a veces, todo se siente tan intenso y el por qué de mi necesidad de encontrar mi propio lugar de silencio tras volver del exterior. Diría que la mayor parte de mi vida, no he sentido que encajara en ninguna parte, mucho menos entendida pero, al encontrarme cara a cara con este libro pensé que aún podría haber un rayito de esperanza para mí, para conocerme a mí misma un poco más y para saber que no estoy sola, que hay más gente por ahí fuera que también se siente igual.

Ser una persona altamente sensible es un rasgo, no un trastorno de la personalidad, que hace que te molesten ciertos sonidos, estar con grupos grandes de gente o que hablar con cierto tipo de personas te drene la energía, también se puede relacionar con el nivel de intensidad emocional que tengas, entre otras muchas cosas. Donde muchos dirían que eres una dramática, una intensita, un bicho raro o que eres un alien venido de Marte, lo que eres realmente es sensible, más quizá de lo que tu alrededor está acostumbrados. Este libro explica cómo funciona nuestro cerebro, qué papel importante tienen nuestras neuronas espejo para explicar la empatía y por qué tenemos un poquito más que el resto. Nos muestra esa verdad que nos dice que esto es para toda la vida pero que no eres incapaz de lograr saber cómo funciona para llegar a tu potencial utilizando la creatividad, un gran superpoder para las PAS, por cierto.

Este libro, sin ninguna duda, también está hecho para aquellos que hemos sentido esto como un fastidio, porque cuando nos duele algo, lo sentimos demasiado al tener un nivel más bajo de tolerancia al dolor; porque cualquier película con un poco de drama incluido, nos hace llorar como una madalena mientras todos se nos quedan mirando y diciéndonos lo sensibleras que somos; porque vemos cosas que preferiríamos no ver o porque la ansiedad que sentimos es tan intensa que, a veces, nos abruma. La autora nos explica cómo debemos adaptarnos a nuestra sensibilidad, cómo debemos aceptarla y hacerla parte de nosotros para poder disfrutar de los sonidos que realmente nos gusta escuchar, disfrutar más de un buen libro o del café de cada mañana al sentir la brisa entrar por la ventana. Somos sensibles tanto en negativo como en positivo, lo que pasa es que esta última parte, solemos olvidarla porque lo negativo nos agobia tanto que termina consiguiendo el primer puesto en la fila. Mientras no la aceptemos y la hagamos propia, será otra cosa que no aceptemos de nosotros mismos, que no queramos y nos seguirá molestando cada día, sin llegar a sentirnos totalmente conectados con nosotros mismos.

Me he sentido identificada en todo lo que dice en el libro, incluso, he encontrado muchísimos detalles interesantes que no sabía y que ni siquiera había pensado que le podría pasar a alguien más, lo cual, es curioso, porque mientras no lo sabes, sigues en esa idea de que eres el único que lo «está pasando mal» cayendo en el victimismo y no viendo lo positivo de este rasgo. La autora de este libro no hace descripciones complicadas o explicaciones que no se entienden, creo que todo lo contrario, es muy concisa con lo que quiere contarte en cada parte del libro y bastante directa, trata el tema con delicadeza, empujándote a que encuentres ese «algo» que te hace ser especial. La parte un poco más técnica tocando el tema neuronal, el sistema nervioso sensible y cómo nos influye el estrés, por ejemplo, también resulta muy ameno y en su forma de describirlo, incluso curioso, te anima a querer saber más sobre ello.

En general, toca todas las partes que forman nuestra sensibilidad y nos muestra algunos pequeños trucos que podemos utilizar para sentirnos más a gusto, para no incomodarnos, para poder vivir en un mundo donde nuestra sensibilidad se ve como una molestia, para llegar a conocer nuestras caídas y poder superarlas, conocer nuestras ansiedades y conseguir salir de ellas, aceptándolas también y adaptándonos a lo que nos ocurre en cada momento. Incluye varios ejercicios prácticos también y una gran bibliografía desde donde la autora ha sacado la información y que se puede consultar tranquilamente. Este comentario del libro es algo bastante resumido que quizá, no hace justicia a lo que realmente hay dentro y a todas las curiosidades que se pueden encontrar en él, pero bueno creo que he conseguido dejar un poco de su esencia por aquí para que decidáis si os interesa leerlo 😉

Dejo por aquí un vídeo del psicólogo Omar Rueda, el cual, también me ha enseñado mucho sobre la alta sensibilidad porque toca el tema con mucha profundidad y realmente, recalca algunos de los puntos que comenta Meritxell en su libro. Espero que os resulte interesante 😉


Commenting «The Strength of Being Highly Sensitive» book written by Meritxell Garcia Roig

Do you have a fine sense of smell and hear the slightest noise? Do you get overwhelmed in crowded places? Do you notice subtleties that go unnoticed by most? Are you bothered by clothing labels? If you have answered yes, it is possible that you are a highly sensitive person (HSP): your neurological wiring is different, you perceive more information through the senses than the rest of the people, and many times this avalanche of stimuli saturates you. But when you understand how your HSP machinery works, you’ll find that high sensitivity can play in your favor.

Creativity plays a fundamental role in HSP, as it offers them the ability to see unlimited options at all times. In addition to all the information you need to know if you or some of yours are HSP, this book teaches you to take advantage of your sensitive and creative nature, to discover your potential and to shine and build a full life according to your personality. Explore your creative power and turn it into the Swiss army knife that allows you to get out of any situation that makes you uncomfortable.

Did you know that 30% of the world’s population is HSP? Learn keys and tricks so that this scratch of the personality becomes a superpower.

This book was actually a kind of gift and one I didn’t expect to find in the nearest bookstore near of where I live, it was an unexpected surprise. I have asked myself many questions about why I do certain things, I am bothered by many others, why sometimes, everything feels so intense and why I need to find my own place of silence after returning from the outside. I would say that most of my life, I haven’t felt that I fit anywhere, much less understood but, when I came face to face with this book I thought there could still be a ray of hope for me, to know myself a little more and to know that I am not alone, that there are more people out there who also feel the same.

Being a highly sensitive person is a trait, not a personality disorder, that makes you bother certain sounds, being with big groups of people or talking to certain types of people drains your energy, it can also be related to the level of emotional intensity you have, among many other things. Where many would say that you are a dramatic person, an intense, a weirdo or that you are an alien from Mars, what you really are is sensitive, more perhaps than others around you could expect. This book explains how our brain works, what important role our mirror neurons play in explaining empathy, and why we have a little more than the rest. It shows us that truth that tells us that this is for life but that you are not unable to know how it works to reach your potential using creativity, a great superpower for HSP, by the way.

This book, without any doubt, is also made for those of us who have felt this as a nuisance, because when something hurts, we feel it too much about having a lower level of pain tolerance; because any film with a little drama included, makes us cry while everyone stares at us and tells us how sensitive we are; because we see things we would rather not see or because the anxiety we feel is so intense that sometimes it overwhelms us. The author explains how we must adapt to our sensitivity, how we must accept it and make it part of us to be able to enjoy the sounds that we really like to hear, enjoy more of a good book or the coffee of each morning when feeling the breeze enter through the window. We are sensitive both negatively and positively, what happens is that this last part is which we usually forget because the negative overwhelms us so much that it ends up getting the first place in line. As long as we do not accept it and make it our own, it will be something else that we do not accept of ourselves, that we do not want and will continue to bother us every day, without feeling totally connected to ourselves.

I have felt identified in everything she says in the book, even, I have found many interesting details that I did not know and that I had not even thought that it could happen to someone else, which it’s curious, because while you do not know, you continue in that idea that you are the only one who «is having a hard time» falling into victimhood and not seeing the positive of this trait. The author of this book does not make complicated descriptions or explanations that are not understood, I think on the contrary, she is very concise with what she wants to tell you in each part of the book and quite direct, she treats the subject with delicacy, pushing you to find that «something» that makes you special. The slightly more technical part touching on the neuronal issue, the sensitive nervous system and how stress influences us, for example, is also very enjoyable and in its way of describing it, even curious, encourages you to want to know more about it.

In general, it touches all the parts that make up our sensitivity and shows us some small tricks that we can use to feel more at ease, not to be uncomfortable, to be able to live in a world where our sensitivity is seen as a nuisance, to get to know our falls and to be able to overcome them, to know our anxieties and to get out of them, accepting them also and adapting to what happens to us at all times. It includes several practical exercises also and a large bibliography from where the author has taken the information and that can be consulted quietly. This comment on the book is something quite summarized that perhaps, does not do justice to what is really inside and all the curiosities that can be found in it, but well I think I have managed to leave a little of its essence here so that you can decide if you are interested in reading it 😉

I left on the spanish version a video of the psychologist Omar Rueda, which has also taught me a lot about high sensitivity because it touches on the subject in great depth and really, emphasizes some of the points that Meritxell comments on in her book. I hope you find it interesting 😉


Publicado en Reflexiones

Palabras sin Nombre:

No te gusta la gente, tienes que reconocerlo. No sabes hablar con ellos. No sabes qué decir o que se supone que queda bien, así que, te quedas en silencio. A veces, te resbalas y dices lo que no debes, te arrepientes y vuelves a actuar como si no pasara nada, lo reprimes y te dejas llevar, le quitas importancia y deseas que un día más trascurra sin incidentes. No puedes hablarlo, no puedes decirlo. Estás loca. Claro, esa sería la palabra clave. Y ya te miran bastante raro. No es conveniente poner nombres, etiquetar las relaciones, las palabras.

No te gusta salir mucho. No encajas. No te sientes parte de algo y puede que nunca lo hagas, está más que aceptado porque no ha empezado hoy, ya lleva tiempo. Notas la distancia, el vacío entre nosotros, somos extraños que pretendemos ser otros. Debes ponerte una máscara en cada situación. Tus amigas dicen serlo pero no te han llamado desde hace semanas, tú tampoco a ellas. Suelen decir que eres una pasota y una dejada, que no te las mereces, pero son ellas las que no te merecen a ti, ya demasiado haces. Solo las aguantas, las escuchas porque tienes que hacerlo. Les das cualquier respuesta estándar que se te ocurre y cierras el trato de una amistad rota. Otra más.

El último tío con el que saliste era un idiota. Con el que sales ahora, bueno, sabes que no tiene nada especial pero te acuestas con él por obligación, no es más que otra persona programada para tener una vida normal y corriente, casándose, teniendo hijos e imaginándose un mundo mágico que no existe. Tú sabes la verdad y no es para nada mágica. No te identificas con nada de eso y tienes pánico de que llegue «la conversación», o más bien un múltiplo de ellas. Primero, viene la pregunta de si sois pareja, luego viene la siguiente de si algún día te gustaría casarte, puede que un poco más cerca, empiece a plantearte el vivir juntos y, lo más seguro es que te pregunte si quieres tener hijos. En tu cabeza, lo niegas todo, no quieres nada de eso, ya bastantes problemas tienes. Él insiste una y otra vez, necesita convencerte, necesita que quieras lo mismo que él quiere para seguir dependiendo de ti, para seguir juntos y darle lo que más desea. Le dejas, esa es tu única salida. La salida en cada una de las relaciones que empiezan a nombrarse por sí mismas, es aburrido.

Te gustan las películas, adoras el cine y te apetece ir. ¿Vas sola? Quizá sea la mejor idea, dado que tu supuesto y etiquetado «novio» ya no existe. Disfrutas la película y decides acercarte a un bar a tomar algo para refrescarte un poco. Y, por supuesto, se acerca el baboso. «Oh dios, no», piensas víctima del pánico. Tratas de levantarte pero ya te ha cazado con una de las historias que la mayoría de tíos inventan para mostrarte lo buenos y cariñosos que son, lo geniales que son en la cama y lo bien que te van a cuidar, cuando sabes que solo quiere un revolcón. Típico y aburrido. Te levantas, dejando la copa tras de ti y al tipo con la palabra en la boca. Ni siquiera puedes ir a un bar sin tener que hablar con alguien.

Llegas a casa, tu espacio seguro. El único lugar donde puedes ser tú misma, donde puedes respirar y evadirte del exterior. Te pones el pijama y enciendes la tele, el silencio te invade y notas una sensación de tranquilidad indescriptible. Hasta que se interrumpe porque tienes a tu madre al teléfono, llevaba días sin llamar. Necesita que la acompañes a comprarse ropa para el siguiente evento familiar, ese que solo de recordar te da ganas de vomitar, irá demasiada gente, gente que odias. Tratas de sonreír y ser amable, seguro que es lo que ella quiere oír, lo agradecerá aunque tengas unas ganas locas de desaparecer. Seguramente, tengas que soportar a la idiota de su amiga, la gritona, la que parece que vaya a reventarte los tímpanos. También quiere comprarte un vestido, estás soltera y deberías encontrar a tu media naranja en ese evento tan espléndido, van a ir jóvenes muy acaudalados. Tan rápido como puedes, cuelgas. Gilipolleces.

Odias los vestidos. Los has odiado siempre pero ella no lo sabe, es mejor así. Te da lo mismo la ropa, te pones cualquier cosa que ves en el armario pero, cuando sales debes parecer otra persona, utilizas cualquier disfraz pero, para ver a mamá seguramente, el rojo oscuro sea el más potente, puede que denote poder y no fracaso, alegría y no pesadez, viveza y no agotamiento. Es curioso lo lento que pasa el tiempo cuando haces algo que te importa menos que un bicho en la carretera. Solo tienes ganas de llegar a casa y echarte, olvidar que el mundo existe. Pero, no le pongas nombre, no lo digas en voz alta, pensarán que eres una antisocial de primera clase y no queremos eso, ¿verdad? Queremos que piensen que somos santas. No te gusta ningún vestido pero eliges el morado, justo el que había señalado tu madre, cuánto más le guste a ella menos se quejará, ¿no? Y más rápido os iréis de ese antro.

Te pide ir a la cafetería de enfrente, necesita un café y una tarta. Pensabas que estaba a dieta, al menos, eso es lo que dijo pero sabes que las personas suelen mentir más que hablar. Bueno, eso tú también lo haces, pero nadie puede juzgarte, ¿no? Tratas de mirar la hora sin que ella lo note, tienes ganas de salir de allí, notas que tu corazón se acelera y tu respiración se entrecorta, no soportas oírla hablar así de sus amigas, te da la sensación de que se ha convertido en una persona horrible, ni siquiera es como la recuerdas cuando eras pequeña. Sigues asintiendo mientras le das sorbos a tu té, repites algunas de sus palabras para que note que estás de su parte pero sin animar demasiado la conversación, no quieres quedarte diez horas más. Te terminas el té y tu madre el café, pero ha pasado más de una hora y no parece que quiera levantar el culo de la silla. Está claro, debes hacerlo. Finges que te llaman del trabajo, te excusas con ella y te vas. Inteligente plan, nunca falla.

En casa de nuevo, pero esta vez, no cometes el mismo error. Desconectas todos los aparatos electrónicos y te echas en el sofá. Por fin has vuelto a respirar bien. Poco a poco, vas cerrando los ojos y empiezas a soñar en un mundo que no tiene nada que ver con este, uno en el que te gustaría estar, uno que solo tú has creado.


Words Without a Name:

You don’t like people, you have to acknowledge it. You don’t know how to talk to them. You don’t know what to say or what’s supposed to look good, so you’re silent. Sometimes, you slip and say what you shouldn’t, you regret it and you act again as if nothing happens, you repress it and let yourself go, you downplay it and you wish that one more day would pass without an incident. You can’t talk about it, you can’t say it. You are crazy. Sure, that would be the key word. And they already look at you quite weird. It is not convenient to put names, label relationships, words.

You don’t like to go out much. You don’t fit in. You do not feel part of something and you may never do it, you accepted it because it has not started today, it has been a long time. You notice the distance, the emptiness between us, we are strangers pretending to be others. You must put on a mask in every situation. Your friends say they are good but they haven’t called you for weeks, neither have you. They usually say that you don’t care much about nothing, that you do not deserve them, but they are the ones who do not deserve you, you already do too much for them. You just put up with them, you listen to them because you have to. You give them any standard answer you can think of and close the deal of a broken friendship. Another one.

The last guy you dated was an idiot. The one you date now, well, you know he has nothing special but you sleep with him out of obligation, he is just another person programmed to have an ordinary life, getting married, having children and imagining a magical world that does not exist. You know the truth and it is not at all magical. You don’t identify with any of that and you’re panicked that «the conversation» is coming, or rather a multiple of them. First, comes the question of whether you are a couple, then comes the next one of whether one day you would like to get married, maybe a little closer, start considering living together and, most likely, ask you if you want to have children. In your head, you deny everything, you don’t want any of that, you already have enough problems. He insists again and again, he needs to convince you, he needs you to want the same thing he wants to continue depending on you, to stay together and give him what he wants the most. You leave him, that’s your only way out. The way out in each of the relationships that begin to name themselves, it’s boring.

You like movies, you love movies and you feel like going. Are you going alone? Maybe it’s the best idea, given that your supposed, labeled «boyfriend» no longer exists. You enjoy the movie and decide to go to a bar to have a drink to refresh yourself a little. And, of course, the slug is approaching. «Oh god, no,» you think panicking. You try to get up but he has already hunted you down with one of the stories that most guys invent to show you how good and affectionate they are, how great they are in bed and how well they are going to take care of you, when you know he just wants to sleep with you. Typical and boring. You get up, leaving the cup behind you and the guy with the word in his mouth. You can’t even go to a bar without having to talk to someone.

You get home, your safe space. The only place where you can be yourself, where you can breathe and escape from the outside. You put on your pajamas and turn on the TV, the silence invades you and you notice an indescribable sense of peace. Until it is interrupted because you have your mother on the phone, she didn’t call you since a few days ago. She needs you to accompany her to buy clothes for the next family event, the one that just remembering it makes you want to vomit, too many people will go, people you hate. You try to smile and be kind, surely it is what she wants to hear, she will appreciate it even if you have a crazy desire to disappear. Surely, you have to endure the idiot of her friend, the screamer, the one who seems to burst your eardrums. She also wants to buy you a dress, you are single and you should find your better half at that splendid event, very wealthy young people are going to go. As fast as you can, you hang up. That’s bullshit.

You hate dresses. You’ve always hated them but she doesn’t know, it’s better that way. You don’t care about the clothes, you wear anything you see in the closet but, when you go out you must look like someone else, you use any costume but, to see mom surely, dark red is the most powerful, it may denote power and not failure, joy and not heaviness, liveliness and not exhaustion. It’s funny how slow time goes by when you do something you care less about than a bug on the road. You just want to get home and kick yourself out, forget that the world exists. But, don’t name it, don’t say it out loud, they’ll think you’re a first-class antisocial and we don’t want that, right? We want them to think we are saints. You don’t like any dress but you choose the purple one, just the one your mother had pointed out, the more she likes it the less she will complain, right? And faster you will leave that den.

She asks you to go to the cafeteria which is near, she needs a coffee and a cake. You thought she was on a diet, at least, that’s what she said but you know that people tend to lie more than talk. Well, you do that too, but no one can judge you, right? You try to look at the time without her noticing, you feel like getting out of there, you notice that your heart is racing and your breathing is short, you can’t stand hearing her talk like that about her friends, it gives you the feeling that she has become a horrible person, it’s not even how you remember her when you were little. You keep nodding as you sip your tea, repeat some of her words so that she notices that you are on her side but without animating the conversation too much, you do not want to stay ten more hours. You finish the tea and your mother the coffee, but it’s been more than an hour and she doesn’t seem to want to lift her ass out of the chair. It’s clear, you must do it. You pretend to be called from work, you excuse yourself with her and you leave. Smart plan, never fails.

At home again, but this time, you don’t make the same mistake. You disconnect all the electronics and lie on the sofa. You’re finally breathing well again. Slowly, you close your eyes and begin to dream in a world that has nothing to do with the real one, the one in which you would like to be, one that only you have created.


Publicado en Relatos

En Persona:

Era un sitio apartado, muy oscuro. Nadie sabía de él, yo era el único. No dejaba que nadie viera esa parte escondida, ese resquicio de oscuridad que se cernía en esa habitación cuadrada con solo una simple lámpara en el techo que alumbraba el centro, donde había dos sillas, una frente a la otra. Siempre habían estado allí pero yo nunca me había sentado en ninguna de ellas. Sí, había tenido miedo de hacerlo, ¿qué esperabas? Pero él siempre estaba allí. Permanente. En más de una ocasión, pensativo, seguro, erguido en su silla, esperando.

Ahora era el momento de hablar, era el momento de afrontar la realidad y afrontarla, fuera cuál fuera. Abrí la puerta poco a poco, la cerré tras de mí sin hacer demasiado ruido, caminé suavemente hasta la silla que había frente a él pasando por detrás. Él ni siquiera se inmutó. No me sorprendió. Era alguien que no se inquietaba con nada, mucho menos, con mi presencia. Había permanecido allí olvidado por mucho tiempo, aunque le sentía cada día, hurgando entre emociones. Me senté en la silla, frente a él. No dijimos ni una palabra durante un buen rato, el silencio era embriagador, incluso incómodo, pero solo para mí, él parecía más que acostumbrado.

Le miré fijamente, escudriñé cada pequeño detalle de su físico: cabello negro, ojos azul claro, labios finos, piel un tanto pálida, sin camiseta, con un cuerpo bastante tonificado, esbelto y con semblante serio. El parecido era asombroso. Iba a tener una conversación conmigo mismo, o al menos, algo similar. Esperaba que yo empezara a hablar, no iba a dar el primer paso, era yo quién quería algo y él lo sabía. Era más listo que yo, qué sorpresa.

– Tenemos que hablar.

– Lo he supuesto. Estás aquí y no sueles bajar – sus ojos se posaron en los míos con atención, no se sorprendía de verme – ¿Qué es lo que ocurre?

– Tú eres lo que me ocurre.

– Me encanta que seas tan específico, cada día superas el anterior.

– Déjate de bromas, creo que sabes de lo que hablo.

– Si lo supiera no lo preguntaría – era asombroso lo idénticos que éramos y lo fría que sonaba cada una de sus palabras, a veces, me parecía curioso estar hablando así -.

– ¿Me tomas el pelo? – mi voz aumentó, he de admitir que me cabreaba su actitud -.

– Que yo sepa, no.

Apreté la mandíbula. Cerré los ojos para intentar relajarme, había bajado allí por una razón e iba a obtener las respuestas que buscaba de una forma u otra. Y sí, lo sé, estaba siendo un capullo pero no ha sido ni la primera ni la última en la que se ha comportado así. Irritable y pasota. Son dos de los adjetivos que mejor le podríamos aplicar. Hacía unos cuatro años que no bajaba allí y bueno, ya había dejado de recordar lo fría que era aquella habitación, para él estar sin camiseta era cómodo, a mí empezaba a inquietarme.

– No deberías estar aquí – le dije con suavidad – Te dejé libre, te dije que podías irte.

– No es tan sencillo, lo sabes.

– Asentiste con la cabeza, pero sigo sintiéndote aquí con más fuerza. ¿Puedes explicármelo?

– ¿Olvidas que he vivido aquí durante un tiempo y sé cómo funcionas?

– No, no lo he olvidado – dije, casi con un susurro -.

– Que digas en voz alta que me dejas libre, que dejas todas las situaciones dolorosas atrás, que no te definen y que vas a seguir adelante desde cero, no significa que lo sientas así, no significa que yo me haya ido por arte de magia. Sigo en este cuartucho porque sigues queriendo que yo esté aquí, esto no es cosa mía.

– Ese es el caso. ¡No quiero que estés aquí más! ¡Quiero que te vayas! – admito que me desquicié un poco, puede que te sorprenda que a él no – Vete, por favor.

– No es suficiente. Sabes que no funciona así.

– Pues tendré que obligarte, ¿verdad?

Negó con la cabeza y miró al suelo, como si nuestra conversación dejara de ser importante. Para él quizá, pero para mí lo era todo, estaba desesperado. Me levanté, le cogí del cuello y lo estampé contra la pared del fondo, la silla donde estaba sentado, se cayó. Le miré con rabia, quería asustarle de verdad pero ni siquiera pestañeó, no me tenía miedo y sabía que aquella conversación iba a producirse.

– No te mientas a ti mismo. Sabes lo que pasa, sabes lo que sientes y por qué lo sientes, desde cuándo hace que estoy aquí y sabes muy bien qué es lo que pasará conmigo. Acéptalo. Acéptame como parte de ti en vez de hacer una escena tan estúpida e inservible como esta.

– ¡No quiero aceptarlo!

– Entonces, seguirás enfadado y yo no podré hacer nada por ayudarte.

Solté su cuello. Tenía razón. El muy idiota tenía razón, estaba perdiendo el tiempo. Se tocó el cuello, carraspeó y me miró fijamente. Sus ojos me penetraron por dentro, como agujas en la espalda. Su voz era pesada pero suave, tierna y comprensiva, incluso, pero su semblante serio no cambió ni un ápice.

– A veces, hay heridas que no se cierran del todo y crean emociones permanentes, tienes que vivir con ello, aceptarlo y seguir conmigo hacia adelante, pase lo que pase, así es la vida, así eres tú. Soy parte de ti, no puedes evitarlo ni negarlo. Te lo dijeron en terapia, ¿no?

– Sí, así es.

– Y aún así has vuelto ha intentar lo imposible.

– Estoy desesperado.

– Pues tómate una cerveza, no te desquites conmigo, no puedo hacer nada, no puedo irme porque me lo pidas.

Se acercó a la silla, la puso en pie en el mismo sitio, justo frente a la otra y se volvió a sentar, erguido. No se movió y el silencio volvió a hacerse presente en la habitación. Me acerqué hacia la puerta de entrada, cuando le oí decir algo más. Algo que me hizo recordar el gran capullo que era.

– Cuando salgas recuerda cerrar bien la puerta, no quiero tener que salir a patearte el culo otra vez, ¿vale? – vi cómo se le dibujaba una sonrisa en los labios, me irritó – Y no te quedes fuera mucho rato, oigo cómo respiras y me pones nervioso.

Puse los ojos en blanco y cerré la puerta tras de mí. Fui hacia las escaleras para ascender de nuevo, para salir de mi mente y rendirme a seguir sintiendo esa tristeza permanente, esa agonía fría y distante, esa irritabilidad que ya había sentido antes con una desmotivación inmensa. Tenía que vivir con ello, tenía que sobrevivir a ello. Quizá volvía a visitarle pasados unos años más, quizá podía hacerle cambiar de idea, pero quizá no fuera él quién quería estar por la fuerza, quizá era yo quién no le dejaba irse.


In Person:

It was a secluded place, very dark. No one knew about it, I was the only one. I didn’t let anyone see that hidden part, that crack of darkness that loomed in that square room with only a simple lamp on the ceiling that illuminated the center of it, where there were two chairs, facing each other. They had always been there but I had never sat in any of them. Yes, I had been afraid to do it, what did you expect? But he was always there. Permanent. On more than one occasion, thoughtful, confident, upright in his chair, waiting.

Now was the time to talk, it was time to face reality and comfront it, whatever it was. I opened the door slowly, closed it behind me without making too much noise, walked gently to the chair in front of him passing from behind. He didn’t even flinch. I wasn’t surprised. He was someone who didn’t bother with anything, much less by my presence. He had remained there forgotten for a long time, although I felt him every day, rummaging through emotions. I sat in the chair, in front of him. We didn’t say a word for a long time, the silence was intoxicating, even uncomfortable, but just for me, he seemed more than used to it.

I stared at him, scrutinized every little detail of his physique: black hair, light blue eyes, thin lips, somewhat pale skin, without a shirt, with a rather toned body, slender and with a serious countenance. The resemblance was striking. I was going to have a conversation with myself, or at least, something similar. He expected me to start talking, he wasn’t going to take the first step, it was me who wanted something and he knew it. He was smarter than me, what a surprise.

– We need to talk.

– I’ve assumed so. You’re here and you don’t usually come downtairs – his eyes fell on mine carefully, he wasn’t surprised to see me – What’s going on?

– You’re what’s going on.

– I love that you are so specific, each day you overcome the previous one.

– Stop joking, I think you know what I’m talking about.

– If I knew I wouldn’t ask – it was amazing how identical we were and how cold each of his words sounded, sometimes, I found it curious to be talking like that -.

– Are you kidding? – my voice increased, I have to admit that I was really annoyed by his attitude -.

– As far as I know, no.

I clenched my jaw. I closed my eyes to try to relax, I had gone down there for a reason and I was going to get the answers I was looking for one way or another. And yes, I know, he was being a dickhead but it was neither the first nor the last time in which he has behaved like this. Irritable and stepping. They are two of the adjectives that we could best apply to him at that point. It had been about four years since I went down there and well, I had already stopped remembering how cold that room was, for him to be shirtless was comfortable, but I was starting to get restless.

– You shouldn’t be here – I said softly – I set you free, I said you could leave.

– It’s not so simple, you know it.

– So, I should force you, right?

He shook his head and looked at the ground, as if our conversation ceased to be important. For him maybe, but for me it was everything, I was desperate. I got up, grabbed him by the neck and stamped him against the back wall, the chair where he was sitting, fell. I looked at him with rage, I really wanted to scare him but he didn’t even blink, he wasn’t afraid of me and he knew that this conversation was going to happen.

– Don’t lie to yourself. You know what’s going on, you know what you feel and why you’re feeling it, since when have I been here and you know very well what will happen to me. Accept it. Accept me as part of you instead of making a scene as stupid and useless as this.

– I don’t want to accept it!

– Then, you will still be angry and I will not be able to do anything to help you.

I let go of his neck. He was right. The very idiot was right, I was wasting our time. He touched his neck, scratched and stared at me. His eyes penetrated me inside, like needles in my back. His voice was heavy but soft, tender and understanding, when his serious countenance did not change one shred.

– Sometimes, there are wounds that do not close completely and create permanent emotions, you have to live with it, accept it and continue with me forward, no matter what happens, that’s life, that’s how you are. I am part of you, you cannot avoid it or deny it. They told you so in therapy, didn’t they?

– Yes, they did.

– And yet you’ve come back to try the impossible.

– I’m desperate.

– Well, drink a beer, don’t get even with me, I can’t do anything, I can’t leave because you ask me to.

He approached the chair, put it on its feet in the same place, right in front of the other, and sat down again, upright. He did not move, and silence was again present in the room. I walked towards the front door, when I heard him say something else. Something that made me remember what a big dickhead he was.

– When you go out remember to close the door well, I don’t want to have to go out and kick your ass again, okay? – I saw how a smile was drawn on his lips, he irritated me – And don’t stay out for a long time, I hear how you breathe and make me nervous.

I rolled my eyes and closed the door behind me. I went to the stairs to ascend again, to get out of my mind and surrender to continue feeling that permanent sadness, that cold and distant agony, that irritability that I had already felt before with immense demotivation. I had to live with it, I had to survive it. Maybe I would visit him again after a few more years, maybe I could make him change his mind, but maybe it wasn’t him who wanted to be by force, maybe it was me who wouldn’t let him go.


Publicado en Personajes

Gale: El que Enfrenta una Pérdida

Relato procedente: «Una Vida sin Ti«. Edad: 43 años.

Ciudad: Boston. Profesión: Empresario.

Descripción física:

Mi cabello es de color negro con algunas canas en los costados, mis ojos son castaño claro y mis labios finos. Mi tez siempre ha sido pálida pero en los últimos años, ha ido haciéndose un poco más morena, digamos que ligeramente. He cogido unos cuatro kilos de más aquí y allá debido al estrés, me da por comer los pastelitos que hacen en la cafetería dos bloques más allá de mi casa. Suelo vestir de traje y corbata de lunes a viernes, los fines de semana, me gusta más llevar vaqueros y camisa si voy a salir pero cuando no, me aficiono a estar en casa en pijama.

Descripción de la personalidad:

Me considero trabajador y me suelo conformar con poco. Por lo general, tengo energía pero en mis días libres, cae en picado por lo que soy un solitario adicto a las películas de terror y a las palomitas. No soy para nada lo que aparento, puedo parecer elegante, caballeroso, entregado, atento y muy servicial pero en cuanto cruzo la puerta de salida del trabajo, soy un tipo normal que preferiría pasarse la tarde leyendo cómics y recordando buenos tiempos con amigos, soy bastante nostálgico y me encanta la cerveza, las tabernas son mi segundo lugar favorito, como un refugio o un segundo hogar.

Lazos importantes:

No recuerdo haber tenido momentos de infancia del todo agradables, lo único que me gustaba era leer y esconderme debajo de la cama, corretear después de las clases por el parque que había frente al colegio y comprarme chucherías en la tienda que había calle abajo de casa de mis padres. Era una rutina que me hacía sentir medianamente feliz dentro de mi miseria. Lo único que podía oír en casa eran gritos, mis padres discutían por cualquier cosa, cada día se aguantaban menos y solían evitarse bastante. Ni siquiera se daban cuenta de cuándo me iba y tampoco de cuándo volvía, y empecé a los ocho años después de escuchar una pelea horrible entre ellos donde oí un fuerte golpe contra la pared de su habitación. Pensé en lo más terrible que alguien podría imaginarse y, me dio tanto miedo que salí corriendo. Ahí es cuando me di cuenta de que huir no era una idea tan mala.

Empecé a salir cada noche, me sentaba en un banco cerca de casa y abría las páginas de un nuevo cómic, se convirtió en un ritual. Una de estas noches, otro niño de mi misma edad, se sentó a mi lado. Se llamaba Michael. Ambos nos sonreímos y nos sorprendimos al saber que íbamos al mismo colegio pero no nos habíamos visto. Pareció pura casualidad pero años después, creí firmemente que fue el destino porque, a partir de ese momento, fuimos inseparables. Él no solía hablar mucho, menos de sus sentimientos, pero supe que algo pasaba en su casa, a veces, se pasaba noches enteras sin dormir sentado en un banco sin poder volver. Algunas de estas noches, le invitaba a dormir en casa sin que mis padres se enteraran, a primera hora solía salir por la ventana y volver a la suya.

Lealtad y respeto:

A pesar del paso de los años, nuestra amistad siempre se basó en lealtad y respeto. Íbamos a todas partes juntos, él era el fuerte y el que solía enterrar sus emociones, mientras que yo era más expresivo y solía decir lo que pensaba. Nos complementamos. En situaciones difíciles, solíamos llamarnos a medianoche para vernos, despejar nuestra mente con un juego de ajedrez, de rol, un cómic o puede que un paseo a la luz de la luna. Recuerdo que muchos de los abusones del colegio le tenían miedo, no se acercaban a mí porque él estaba allí, solía tener temperamento, pero solamente le vi enfadado unas cinco o seis veces en la vida.

Incluso cuando ambos nos casamos, solíamos vernos para cenar y tomarnos unas cervezas, comentar anécdotas y, por supuesto, hablar de cómo iba en el trabajo. Recuerdo que me despidieron y yo estaba desesperado, le llamé para pedirle consejo y, al día siguiente, Michael me dijo que fuera a su compañía que tenía empleo para mí. ¿La verdad? No sé qué hubiera hecho sin él. No he tenido hijos y él tampoco pensaba tenerlos, amábamos a nuestras mujeres pero no hasta ese punto, supimos que teníamos la fecha de caducidad pegada al culo cuando nos negamos los dos. Fueron decisiones difíciles, dos divorcios juntos y un montón de deudas que pagar y mierdas emocionales que superar pero siempre quedábamos, no había un solo día que no fuéramos juntos a tomar algo al salir del trabajo. Me gustaba eso, me encantaba que esos lazos no se disiparan nunca.

Actitudes extrañas:

Pero, como sabemos, todo lo que empieza también acaba, ¿verdad? Nuestra amistad no fue, estoy seguro. Había algo en él que no era lo mismo, empezó a actuar diferente. Faltaba a las reuniones del trabajo, no venía a la empresa días seguidos, no respondía a las llamadas ni a los mensajes, cuando respondía era para decir algo rápido y colgar, ya no venía a tomarse una cerveza con los compañeros de trabajo o a cenar con los amigos comunes, e incluso, su madre me llamó para preguntarme qué ocurría con Michael. Eso sí me preocupó. Sabía que con su padre no había tenido nunca muy buena relación, pero con su madre tenía una especie de amistad especial como él la llamaba y todos los días hablaban por teléfono.

Sabía que algo pasaba, ni siquiera su ex mujer sabía nada de él. Se separaron pero en buenos términos, nada de garras, sangre y destrucción, más bien fue algo pacífico, sabía que quedaban para hablar de vez en cuando pero ella ya hacía meses que tampoco sabía nada de él. Y, por si fuera poco, no le abría la puerta de casa a nadie, se quedaba dentro y no había forma de sacarle. Continué preocupado, por supuesto pero, ¿qué más podía hacer yo? Le di un poco de espacio, incluso, analicé si le había hecho algo de forma personal que no recordaba y que podría haberle herido pero no se me ocurrió nada, así que, desistí. Al final, pensé que estaría pasando por una fase, la verdad, ya no sabía qué pensar, me faltaban ideas.

La llamada:

Michael me llamó minutos antes de morir. Su voz era temblorosa, tartamudeaba un poco, sollozaba de vez en cuando y no sabía muy bien qué decirme. A decir verdad, me dio la sensación de que yo fui su «última llamada». Sonó como si se despidiera, no le entendí muy bien, trataba de poner más atención, de subirle el volumen al teléfono pero, no podía terminar de entenderle bien y, a veces, se cortaba la señal. Después de un par de minutos muy rápidos y cortos al teléfono, colgó sin despedirse. Supongo que, solo oír su voz ya era en definitiva, una despedida.

Entonces me pregunté varias cosas. ¿Por qué me llamaría después de tantos meses sin casi hablar ni responder a las llamadas? ¿Por qué justo en ese momento? ¿Estaba en apuros? ¿Necesitaba ayuda? ¿Dónde iría si así fuera? ¿Esa llamada era una especie de mensaje para mí que yo debía entender para saber dónde buscarle? No sé, mi mente iba a tres mil por hora, ni siquiera sé por qué me dirigí justo a ese puente, no sé si fue una especie de intuición, el destino o su esperanza que me acompañaba. La cuestión fue que llegué. Corrí por todo el puente, le llamé. Estaba desierto a las dos de la madrugada, por supuesto, a penas pasaban dos o tres coches por allí. Me asomé por todos los rincones, hasta que le vi. Le vi tirado en unas rocas, había sangre en ellas y su cabeza estaba abierta, su cuerpo inerte, sus ojos me miraban y su piel se había vuelto pálida. Grité. Grité de dolor, lloré y le di golpes al puñetero puente. No iba a conseguir nada porque él seguía muerto. Incluso, diciéndolo ahora sigue pareciendo mentira. Llamé a la policía y a la ambulancia, pasé por interrogatorios donde me tuvieron toda la noche. Llegué a casa al día siguiente, exhausto y agotado.

El funeral:

Dos horas antes, no quería ir. Estaba harto de pensar en él todo el tiempo, quería que volviese, no quería decir unas palabras en su funeral, eso sería una admisión de que estaba muerto. Me arrastré a mí mismo allí, tratando de calmar a sus padres, hacía pocas horas de que se habían enterado de que Michael se había suicidado. Mi mente no dejaba de darle vueltas al por qué. Su vida había continuado exactamente igual, ¿qué había cambiado? Seguía preguntándome si alguien le podría haber amenazado con algo, si alguien podría haberle manipulado para que lo hiciera, nunca he creído que él mismo se tirara sin razón, por teléfono parecía muy angustiado, como si tuviera que hacer algo que no quisiera hacer. No le entendí muy bien pero, tuve esa sensación en mis entrañas desde esa llamada y era algo que no pensaba ignorar.

Traté de ser lo más conciso y específico en respecto a nuestra amistad entre esas palabras que dije a los presentes en el funeral, traté de ser quién él hubiera querido y no el pesado que no dejaba de hablar de gilipolleces sentimentalistas. Sabía que odiaba todo eso y sabía que hasta odiaría las flores que su madre había comprado, incluso el ataúd. Él siempre había querido que lo quemaran, quería desaparecer del mundo, no quería dejar rastro, nos reíamos pero le creí por alguna extraña razón. Su ex mujer no quiso estar más de lo necesario, no pudo hablar durante todo el tiempo que duró el funeral ni siquiera con los padres de Michael, ni siquiera conmigo.

Un futuro sin él:

Supongo que a todo hay que acostumbrarse. Quizá él ya no esté y esas cervezas que tomábamos ya no vuelvan a suceder pero el agujero que estaba empezando a sentir dentro de mí se agrandaba por momentos, quería llorar todo el tiempo. Empecé a estar furioso desde la noche que le encontré, impotente desde su llamada, confuso desde que empezó a aislarse y no sabía de él, triste desde que se empezaba a aceptar que se había ido. Me había prometido que seguiría investigando por mi cuenta qué podría haber sucedido, seguía creyendo que era imposible que se suicidara, no había motivos y lo sabía mejor que nadie porque le conocía.

Ver claramente un futuro sin él iba a ser difícil, pero no me estaba permitiendo demasiado pensar en ello, aunque le estaba recordando a cada sitio al que iba, era como si caminara junto a mí aunque no pudiese verlo. Espera, ¿lo hacía? Ojalá pudiera saberlo. Iba a tratar de levantarme por las mañanas y seguir adelante, por él.


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Comentando libro «The Pieces of Her» – Karin Slaughter


Un acto aterrador de violencia toma una fracción de segundo para que tu vida cambie para siempre. Y para Andrea Oliver esa fracción de segundo es un tiroteo masivo en su centro comercial local.

Una mujer cuya vida se basa en una mentira… Pero este acto impactante es solo el comienzo. Porque entonces, cuando los cuerpos caen a su alrededor, la madre de Andy, Laura, da un paso adelante en la línea de fuego.

Una lucha por la supervivencia. Horas después, Laura está en el hospital, con la cara salpicada por los periódicos. Pero el peligro no ha hecho más que empezar. Ahora Andy debe embarcarse en una carrera desesperada contra el tiempo para descubrir los secretos del pasado de su madre antes de que se derrame más sangre…

Me apetecía mucho leer este libro después de «The Guest List», tiene unas cien páginas más y esperaba lo mejor de él, la verdad. Sentía curiosidad por lo que decía en la contraportada y la portada era muy atrayente también, tanto por la imagen como por lo que te incita a pensar. Tengo sentimientos encontrados con este libro porque, por un lado, he disfrutado ciertas partes y tiene mucha acción, pero por otra, me ha parecido muy complejo tanto de leer como de seguir. Digamos que al terminarlo, me ha dejado un sabor agridulce en la boca, no sabía si echaría de menos las palabras de la escritora o las olvidaría de inmediato para devorar otro libro más interesante.

La idea que Karin Slaughter muestra aquí creo que es muy buena, impactante, con mucha acción, varios personajes, una trama que diría es perfecta incluso, para hacer una película, creo que nos mantendría pegados a la pantalla seguro, pero en mi opinión, creo que podría haber expuesto la historia en un contexto más sencillo, con un ritmo más continuo, con capítulos más cortos quizá y si no fuera tan denso y con información innecesaria, habría resultado más fácil de seguir. Me cansé de leer en muchas partes del libro, y yo que soy una devora-libros profesional, que no tenga ganas de seguir leyendo el libro que tengo entre manos y prefiera hacer otra cosa para evitarlo, no es muy buena señal. Había partes que me aburrían sobremanera y otras que me me mantenían un poco más pegada al libro, pero en cuanto me enganchaba en alguna situación expuesta por la autora, enseguida me acababa perdiendo cuando explicaba de más varios puntos que ya había comentado o que no veía necesarios comentar.

Me sentía tentada de dejar el libro y empezar otro que quisiera leer o que tuviera pendiente, pero siempre volvía a él para obligarme a terminarlo y a duras penas. En sí, no todas las historias van a atraernos igual y, a veces, para mí no es suficiente dejar una historia o unos personajes de lado porque el contexto no me parezca el adecuado, me gusta, a veces, darles una oportunidad para conocerlos un poco mejor y bueno, me animaba a terminarlo. Sí que es verdad que me saltaba algunas partes que no me convencían y no me decían nada, otras también porque ya me habían contado lo que quería saber (llegando al final, sobre todo) y ya había descubierto la trama por mí misma sin necesidad de seguir afinando el hilo.

Creo que el personaje que más me ha gustado ha sido el de Jane, lo he sentido algo más complejo, oscuro quizá, intenso en ciertos puntos de la historia y el cual muestra una relación bastante dependiente con el que era su pareja y con el que tuvo a Andy (su hija) y qué relación tenía tanto con él como con sus hermanos, es algo que no esperarías de una mujer que se muestra como madre de familia dedicada y habiendo estado enferma por tanto tiempo. La búsqueda de Andy por la verdad ha sido interesante aunque yo no la habría complicado tanto quizá, con los momentos de acción que han correspondido y que te mantenían alerta a lo que ocurría. Siento que la historia también muestra un sentimiento de protección de una madre sobre su hija, tanto con ella como por el secreto que guarda de su pasado. Puede que también sintiera como un cliché el hecho de que una hija quiera descubrir el pasado de su madre y que crea que fue una asesina, no sé cuántas veces habré escuchado esto en series y en películas, por ello, no me impactó tanto o me sorprendió leer una historia así, aunque lo que busca un lector muchas veces, es que cuando empieza a leer un libro le atraiga y le impacte.

Cuando lo compré, leyendo «Pieces of Her» como título, esperaba un caso de asesinato a resolver donde Andy seguiría las pistas por su cuenta hasta llevarlas a conocer el pasado de su madre que desconocía por completo. Esto era lo que me esperaba de la historia o quizá fue la impresión que tuve en un primer momento. No me arrepiento para nada de haberlo leído y haberlo terminado porque en sí, ha sido un orgullo al forzarme a terminar la historia y hacerme partícipe de nuevos personajes una vez más. No ha sido ni muy entretenido ni muy aburrido, pero tiendes a necesitar terminarlo para empezar alguna otra cosa que te cree más interés. No lo terminas odiando o no te gusta para nada, sino que, te deja con una sensación de no haber llegado a tus expectativas o de sentir que no has podido seguirlo como en cualquier otro libro que te has leído sí has podido. Lo dicho: una sensación agridulce en el cuerpo, la mente que se desprende de esa historia y la boca, si quieres.

Lo recomendaría en un 30% si no sabes qué leerte y quieres meterte en varios escenarios de acción y un poco de suspense. Aunque también, todo hay que decirlo, puede que a otra persona le resulte un libro increíble, que para eso es un bestseller internacional 😉


Commenting «The Pieces of Her» book Written by Karin Slaughter:

A terrifying act of violence takes a split second for your life to change forever. And for Andrea Oliver that split second is a mass shooting in her local mall.

A woman whose life is built on a lie… But this shocking act is only the start. Because then, when bodies fall around them, Andy’s mothe, Laura takes a step forward into the line of fire.

A fight for survival. Hours later, Laura is in the hospital, her face splashed over the newspapers. But the danger has only just begun. Now Andy must embark on a desperate race against time to uncover the secrets of her mother’s past before any more blood is shed…

I really wanted to read this book after «The Guest List», it has about a hundred more pages and I expected the best from it, really. I was curious about what it said on the back cover and the cover was very attractive too, both for the image and for what it prompts you to think. I have mixed feelings with this book because, on the one hand, I have enjoyed certain parts and it has a lot of action, but on the other, I found it very complex both to read and to follow. Let’s say that when I finish it, it has left a bittersweet taste in my mouth, I did not know if I would miss the words of the writer or forget them immediately to devour another more interesting book.

The idea that Karin Slaughter shows here I think is very good, shocking, with a lot of action, several characters, a plot that I would say is perfect even, to make a film, I think it would keep us glued to the screen for sure, but in my opinion, I think I could have exposed the story in a simpler context, with a more continuous rhythm, with shorter chapters perhaps and if it were not so dense and with unnecessary information, it would have been easier to follow. I got tired of reading in many parts of the book, and as a professional book-eater, who does not feel like continuing to read the book I have in hand and prefers to do something else to avoid it, is not a very good sign. There were parts that bored me greatly and others that kept me a little closer to the book, but as soon as I got hooked on some situation exposed by the author, I immediately ended up getting lost when she explained several points that she had already commented on or that I did not see necessary to comment.

I was tempted to leave the book and start another one that I wanted to read or that I had pendent, but I always returned to it to force myself to finish it and barely. In itself, not all stories are going to attract us the same and, sometimes, for me it is not enough to leave a story or some characters aside because the context does not seem right to me, I like, sometimes, to give them a chance to know them a little better and well, I was encouraged to finish it. Yes, it is true that I skipped some parts that did not convince me and did not tell me anything, others also because they had already told me what I wanted to know (reaching the end, above all) and I had already discovered the plot by myself without having to continue refining the thread.

I think the character that I liked the most has been Jane, I have felt something more complex, dark perhaps, intense at certain points in the story and which shows a fairly dependent relationship with the one who was her partner and with whom she had Andy (her daughter) and what relationship she had both with him and with her brothers, it’s something you wouldn’t expect from a woman who shows herself to be a dedicated mother and having been sick for so long. Andy’s search for the truth has been interesting although I would not have complicated it so much perhaps, with the moments of action that have corresponded and that kept you alert to what was happening. I feel that the story also shows a feeling of protection from a mother about her daughter, both with her and because of the secret she keeps from her past. Maybe I also felt like a cliché the fact that a daughter wants to discover her mother’s past and believes she was a murderer, I do not know how many times I have heard this in series and movies, therefore, I was not so impacted or surprised to read such a story, although what a reader is looking for many times, is that when starts reading a book it attracts and impacts us.

When I bought it, reading «Pieces of Her» as a title, I expected a murder case to be solved where Andy would follow the clues on her own until she got to know the past of her mother that she did not know completely. This was what I expected from the story or maybe it was the impression I had at first. I do not regret at all having read and finished it because in itself, it has been a pride to force myself to finish the story and become part of new characters once again. It hasn’t been very entertaining or very boring, but you tend to need to finish it to start something else that will make you more interested. You do not end up hating it or do not like it at all, but it leaves you with a feeling of not having reached your expectations or feeling that you have not been able to follow it as in any other book you have read you have been able to. As I said: a bittersweet sensation in the body, the mind that comes from that story and the mouth, if you like.

I would recommend it by 30% if you don’t know what to read and want to get into various action scenarios and a bit of suspense. Although also, everything must be said, it may be that someone else finds it an incredible book, which for that is an international bestseller 😉


Publicado en Reflexiones

Despedida:

Desapareció y no pudiste despedirte. Es un pequeño pensamiento que fluctúa en tu interior, una pequeña llama que, a veces, se enciende, que te hace recordar ese momento, aunque no estás muy cómoda admitiéndolo, ¿verdad? Lo sé, es complicado. Y no hablarías de ello ni aunque te obligara, así que, voy a hablar yo. Sé lo que sientes, lo proyectas cada vez que tu voz empieza a vibrar, cuando te tiembla, cuando piensas en qué decir y cuando dices algo que no deberías. Está contigo cada minuto de cada día. Te arrepientes de no haber dicho lo que debiste decir antes, no dijiste lo que sentías, como hacías siempre, un mal hábito que no has podido erradicar.

Te acuerdas de cada detalle de su semblante, de su cuerpo esbelto y sus ojos castaños, su sonrisa y su tez pálida, le ves cada vez que despiertas y cada vez que te acuestas. Aparece en cada uno de tus sueños. Empiezan y terminan de maneras diferentes pero la parte donde compartes lo que sientes por fin, eso no cambia. Te sentiste cobarde, pero no lo fuiste, cualquiera hubiera podido haberse echado atrás. Pero tú no, te rompió todos los esquemas, un sentimiento como ese te dejó helada y nadie te había hecho remover tanto por dentro. Intentaste combatirlo, durante mucho tiempo, incluso te echaste novio para olvidarlo pero nada sirvió. Te volviste dura. Miraste hacia delante sin dudarlo, aceptaste que no siempre se puede conseguir lo que uno quiere.

Y es cierto. Pero tú sacrificaste demasiado, ¿no? Las cosas podrían haber sido diferentes, podrías haber estado con otra persona que te hubiera apetecido más estar pero no podías. Sentías que no ibas a pertenecer, que no encajarías, que sería otra persona que te apartaría de su vida y que te dejaría echa polvo, tendrías que reconstruirte y no habría nadie que te quitara ese dolor. Y el no haberlo soportado lo hace todo más difícil, ¿verdad? Una experiencia sin vivir, una experiencia querida y desquitada de la línea del tiempo, sin explicaciones, pasando sin más. No tienes ni idea de cómo habría sido pero te lo preguntas día sí y día también.

A veces, es curiosidad. Otras veces, es anhelo. Muchas otras, solo un recuerdo vivo que, por alguna razón, ha permanecido. Hay puertas que no logran cerrarse del todo, hay lugares en tu mente que tienen un sitio donde deben estar, y ese sitio está en un rincón, si me esfuerzo puedo verlo. Has llegado a hacerlo tan invisible para no tener que verlo, para no estar cerca de él y saber cómo evitarlo cada vez que analizas un pensamiento cualquiera. Esperas que no huya, esperas que se quede en ese mismo lugar todo el tiempo que haga falta, que no proteste o grite, que no demande un final feliz porque sabes que no puedes dárselo porque ya no está aquí, ya no es tu presente. Se acabó, hace mucho tiempo.

Viajas en el tiempo buscando respuestas, avergonzándote de tus actos, queriendo cambiar acontecimientos y teniendo que olvidar más de una frase. Necesitando volver la vista al frente y centrarte en lo que haces para no volver a verle, para no estar cerca, para no volver a abrir esa puerta. Respiras hondo y se va, tal y como se fue, tal y como muchos se fueron, sin mirar atrás, sin hacer preguntas o dar explicaciones, sin hacerte sentir importante, sin encontrar una conexión común. Encajar hubiese cambiado el curso de los acontecimientos, estás segura, pero también de que no hay nada que puedas cambiar ya.

Hay despedidas que no vienen con una nota, una carta o un adiós, simplemente, son unas palabras pronunciadas en soledad. A veces, desaparecen sin más. A veces, pasan página antes de que tú lo hagas. Te olvidan. Aunque les hayas hecho bien, aunque hayas sido amable, aunque hayas sido generosa y compasiva, eso no es algo crucial y no pasa nada. No hace falta. Mientras estemos bien, sobrarán las despedidas.


Goodbye

He disappeared and you couldn’t say goodbye. It’s a little thought that fluctuates inside you, a little flame that sometimes lights up, that makes you remember that moment, even though you’re not very comfortable admitting it, right? I know, it’s complicated. And you wouldn’t talk about it even if I force you to do so. Therefore, I’m going to talk about it. I know what you feel, you project it every time your voice starts to vibrate, when it shakes in your throat, when you think about what to say and when you say something you shouldn’t. He is with you every minute of every day. You regret not having said what you should have said before, you did not say what you felt, as you always did, a bad habit that you have not been able to eradicate.

You remember every detail of his countenance, his slender body and brown eyes, his smile and pale complexion, you see him every time you wake up and every time you go to bed. It appears in each of your dreams. They start and end in different ways but the part where you share what you feel finally, that doesn’t change. You felt cowardly, but you weren’t, everyone could have backed down. But you didn’t, it broke all your schemes, a feeling like that left you frozen and no one had made you stir so much inside. You tried to fight it, for a long time, you even started a fast relationship to forget everything but nothing helped. You became tough. You looked forward without hesitation, you accepted that you can’t always get what you want.

And it’s true. But you sacrificed too much, didn’t you? Things could have been different, you could have been with someone else who you would have wanted to be but you couldn’t. You felt that you were not going to belong, that you would not fit in, that it would be another person who would take you away from his life and leave you dusty, you would have to rebuild yourself and there would be no one to take away that pain. And not having endured it makes everything more difficult, right? An experience without living, an experience you wanted so desperately and detached from the timeline, without explanations, passing without a second to think. You have no idea what it would have been like but you wonder about it day in and day out.

Sometimes, it’s curiosity. Other times, it’s longing. Many others, just a living memory that, for some reason, has remained. There are doors that cannot close completely, there are places in your mind that some things are put where they should be, and that place is in a corner, if I try I can see it. You made it so invisible that you don’t have to see it, so you don’t have to be close to it and know how to avoid it every time you analyze any thought. You hope that he does not flee, you hope that he stays in that same place as long as it takes, that he does not protest or shout, that he does not demand a happy ending because you know that you can not give it to him because he is no longer here, he is no longer your present. It’s over, a long time ago.

You travel back in time looking for answers, being ashamed of your actions, wanting to change events and having to forget more than one sentence. Needing to look back to the front and focus on what you do so as not to see him again, not to be around, not to open that door again. You take a deep breath and he goes far away, just as he left, just as many others left, without looking back, without asking questions or giving explanations, without making you feel important, without finding a common connection. Fitting in would have changed the course of events, you are sure, but also that there is nothing you can change anymore.

There are farewells that do not come with a note, a letter or a goodbye, simply, they are words spoken in solitude. Sometimes, they just disappear. Sometimes, they turn the page before you do. They forget you. Even if you have done them good, even if you have been kind, even if you have been generous and compassionate, that is not something crucial and nothing happens. No need. As long as we are well, there’s no expectation of a new goodbyes.


Publicado en Relatos

Una Vida sin Ti:

Podía verlo en tus ojos, podía sentirlo en mí, no eras tú mismo. No podía identificar qué era, qué hacía que te hiciera parecer tan frío, solitario, aislado del mundo, no entendía muy bien qué querías decirme pero que no me decías. Hablabas en susurros, para tus adentros, sin cesar, pensabas demasiado, corrías demasiado y casi no comías. No sabía a qué venían tantos cambios, pero quizá te estaba afectando verte así tanto como a mí, eso seguro. Quise preguntarte pero siempre había algo que me frenaba, una sensación que me decía que no era el momento adecuado para hacerlo.

Nunca lo dijiste. Nunca me atreví a preguntar. Existía una distancia imposible entre nosotros, no habías estado tan lejos estando tan cerca antes, habíamos estado unidos, formábamos un equipo, nos apoyábamos en cualquier situación pero te desvaneciste de alguna forma, aunque tu cuerpo siguiera a mi lado. Eras una sombra a la que ya no podía llamar hogar. Existía una tristeza en ti que no había visto, no tenía ni idea de cuándo había comenzado o de si había ocurrido de forma natural en el tiempo o ya residía en tu interior sin haberlo notado. Esa melancolía se extendía a tu corazón, corto de palabras y largo de pensamiento, así es como te calificaba para entender tus fases y tus estados cambiantes.

Dejé de descifrar qué te ocurría con solo mirarte, dejaste de ser evidente, ya no te importaba si te entendían o si no, eras un sujeto más en el mundo que empezaba a pensar solo en sí mismo, un nuevo espectro que trataba de sobrevivir luchando contra su propia mente. Porque estabas en ella, estaba seguro. No estabas loco, eso lo sé, pero decías cosas sin sentido y te asustabas con facilidad, ni siquiera podía tocarte sin que dieras un brinco, tus ojeras empezaban a mostrar tu insomnio casi constante del que no comentabas nada. Aunque sí lo hiciste otras veces y entre copa y copa, tratábamos de ayudarte. Dejó de ser así de un día para el otro. ¿Qué pasó? Cada día sigo preguntándomelo.

Salías y caminabas sin rumbo, y sí, lo sé. ¿Cómo lo sé? Supongo que preguntarás. Bien, a veces, te seguía al terminar el trabajo, no podía evitarlo porque quería comprobar que estabas bien. Y sí, confirmo otra vez que caminabas sin rumbo alguno entre calles estrechas y sin mucha luz, como si buscaras a alguien que pudiera meterte en líos o quizá tú mismo buscabas alguno, no tengo ni idea y no parece que la respuesta vaya a aparecer en un instante. Siempre fuimos imperfectos, dos autodidactas, frikis y locos por los cómics, podíamos comentar historias durante horas y no cansarnos, pero dejaste de venir a casa y yo también lo aparté, no había nadie más con quién hacerlo, eras mi compañero. Pero quizá, hacía tiempo que te habías ido.

Pasabas horas ausente, tenía que excusarte con nuestros amigos, tu familia y compañeros del trabajo, llegaba a ser incómodo y realmente vergonzoso, ni siquiera sabía qué era lo que tenías que hacer tan importante fuera para que no vinieras más, para que te alejaras tanto como para preocuparnos. Cada uno de nosotros se preguntó si hicimos algo mal, si dijimos algo que no debíamos o si quizá te ofendieron en el trabajo en alguno de los proyectos en los que trabajabas pero nada acudió a mi mente. Lo siento pero, ¿se suponía que debía encontrar respuestas? ¿Debí ser más efectivo? ¿Quizá algo más insistente, consistente? Solo quería que mi mejor amigo volviera, pero estaba seguro de que no podría ser que eso cambiase muy pronto, seguías actuando raro.

Hasta que lo supe, supe que se había acabado cuando recibí una llamada. Eras tú. Me extrañó, hacía meses que no veía tu nombre en la pantalla del móvil, así que, contesté de inmediato. Parecía que no pudieras hablar, que te ahogaras con tu propio dolor o por tus lágrimas, quizá ambas cosas, pero sonó como una despedida. Tras tantos meses sin decir una palabra, sabía que algo iba mal, sabía que ibas a hacer algo quizá arriesgado pero no me hubiera imaginado encontrarte así, tampoco hubiera pensado tener que llamar a la ambulancia y a la policía para que te recogieran de entre las rocas después de haberte tirado desde el puente más alto de la ciudad, sin dejar una nota, solo una llamada en la que a penas podías articular palabra. Tuve que adivinar dónde estabas. No fue fácil.

Había una parte oscura en ti que te engulló, absorbió tu alegría, tus risas, tu sentido del humor y quizá tus ganas de vivir, porque nunca te había visto así, era como hablar con otra persona fuera de su propio cuerpo, como una alma solitaria que no quiere volver a su estado actual. No dejaste nada más en nuestra mano para poder explicar qué pasó realmente, qué te hizo volverte así, que te hizo creer que guardando tantos secretos como empezabas a hacerlo y a reprimir emociones iba a ayudarte a pasar por lo que fuera que estuvieras pasando. Desde luego, podrías haber recurrido a nosotros, pero supongo que no pudiste. O no quisiste. Dejaste que esa oscuridad se extendiera, se apoderara de cada momento perfecto, de cada logro y cada centímetro de felicidad que aún te quedaba en tu interior. Pero, por alguna razón que aún desconozco, algo me dice que esperabas que sucediera, lo aceptaste de alguna forma.

Hace un par de horas he vuelto de tu funeral y ha sido devastador. No tienes ni idea de lo duro que ha sido perderte, ir allí y fingir delante de todo el mundo, calmar a tus padres para que no creyeran que fue su culpa. No sé en qué pensabas pero nos has dejado un gran vacío, uno oscuro y quebradizo. Nunca me imaginé la vida sin ti, así que, imagino que ahora tendré que hacerlo.


A Life Without You:

I could see it in your eyes, I could feel it inside me, you weren’t yourself. I couldn’t identify what it was, what made you look so cold, lonely, isolated from the world, I didn’t quite understand what you wanted to tell me but what you didn’t tell me. You spoke in whispers, to your insides, endlessly, you thought too much, you ran too much and you hardly ate. I didn’t know what so many changes were coming to, but maybe it was affecting you to see you like that as much as it was for me, that’s for sure. I wanted to ask you but there was always something holding me back, a feeling that told me it wasn’t the right time to do it.

You never said it. I never dared to ask. There was an impossible distance between us, you hadn’t been that far away being so close before, we had been united, we formed a team, we supported each other in any situation but you vanished somehow, even if your body was still by my side. You were a shadow I could no longer call home. There was a sadness in you that I had not seen, had no idea when it had begun or if it had occurred naturally in time or already resided within you without having noticed it. That melancholy extended to your heart, short of words and long of thought, this is how I qualified you to understand your phases and your changing states.

I stopped deciphering what happened to you just by looking at you, you stopped being obvious, you no longer cared if your closed ones understood you or if they don’t, you were just another subject in the world who began to think only of himself, a new spectrum that tried to survive fighting against his own mind. Because you were in it, I was sure. You weren’t crazy, I know, but you said nonsensical things and you were scared easily, I couldn’t even touch you without you jumping, your dark circles began to show your almost constant insomnia that you didn’t comment on. Although you did it other times and between drinks, we tried to help you. It stopped being like that from one day to the next. «What happened??» Every day I keep asking myself that same question.

You went out and walked aimlessly, and yes, I know. «How do I know?» I guess you’ll ask. Well, sometimes, I followed you when I finished at work, I couldn’t help it because I wanted to check that you were okay. And yes, I confirm again that you walked aimlessly between narrow streets and without much light, as if you were looking for someone who could get you into trouble or maybe you were looking for it, I have no idea and it does not seem that the answer will appear in an instant. We were always imperfect, two self-taught, geeks and crazy about comic books, we could talk about stories for hours and not get tired, but you stopped coming home and you pushed all of this away too, there was no one else to do it with, you were my partner. But perhaps, you had long been gone, sooner than expected.

You spent hours away, I had to excuse yourself with our friends, your family and co-workers, it became uncomfortable and really embarrassing, I didn’t even know what you had to do so important outside that you wouldn’t come anymore, so that you would get away as to don’t worry about us. Each of us wondered if we did something wrong, if we said something we shouldn’t or if maybe you were offended at work on any of the projects you were working on but nothing came to my mind. I’m sorry, but was I supposed to find answers? Should I have been more effective? Perhaps quite more insistent, consistent? I just wanted my best friend to come back, but I was sure that couldn’t happen any time soon bacause you kept acting weird.

Until I knew. I knew it was over when I got a call. It was you. I was surprised, I hadn’t seen your name on the mobile screen for months, so I answered immediately. It seemed like you couldn’t speak, that you drowned in your own pain or your tears, maybe both, but it sounded like a farewell. After so many months without saying a word, I knew that something was wrong, I knew that you were going to do something maybe risky but I would not have imagined finding you like this, nor would I have thought of having to call the ambulance and the police to pick you up from among the rocks after having thrown yourself from the highest bridge in the city, without leaving a note, just a call in which you could barely articulate a word. I had to guess where you were. It wasn’t easy.

There was a dark part within you that engulfed you, absorbed your joy, your laughter, your sense of humor and maybe your desire to live, because I had never seen you like this, it was like talking to another person outside their own body, like a lonely soul who does not want to return to its current state. You left nothing else in our hands to be able to explain what really happened, what made you become like this, that made you believe that keeping as many secrets as you began to keep and suppressing emotions was going to help you go through whatever you were going through. Of course, you could have ask for help to us, but I guess you couldn’t. Or you didn’t want to. You let that darkness spread, take over every perfect moment, every achievement and every inch of happiness that you still had inside. Although, for some reason that I still don’t know, something tells me that you expected it to happen, you accepted it somehow.

A couple of hours ago I came back from your funeral and it was devastating. You have no idea how hard it has been to lose you, go there and pretend in front of everybody, calm your parents so they wouldn’t believe it was their fault. I don’t know what you thought in that moment but you have left us a huge void inside, a dark and brittle one. I never imagined my life without you, so I imagine I’ll have to do it now.


Publicado en Personajes

Jed: Sed de Venganza

Relato procedente: «Una Elección«. Edad: 41 años.

Ciudad: Memphis. Profesión: Vigilante de seguridad.

Descripción física:

Soy un tipo alto, con cabello castaño y corto, con piel un tanto morena y que siempre viste de negro, creo que es el color más básico y el más simple de combinar. Mis labios son algo gruesos y mis ojos de un color miel. Me suelen gustar los vaqueros y los zapatos cómodos, odio ir de formal, solo cuando me tengo que vestir con el uniforme del trabajo pero jamás para salir.

Descripción de la personalidad:

Supongo que soy alguien con quién se puede confiar, no hago preguntas y tampoco favores, siempre he estado metido en mis cosas, no me gusta molestar a otros. Soy reservado, cariñoso pero también algo frío, depende del contexto, no suelo confiar en los demás, solo en los más cercanos, odio las decepciones y esperar algo que nunca va a llegar. Hablo lo justo y necesario, cuando se me mete algo en la cabeza he de hacerlo, sino me vuelvo loco. Quizá me vean como a alguien distante o cortante, supongo que puedo considerarme algo así pero puede que no me conozcan muy bien.

Una infancia violenta:

Mamá tenía problemas y muchos, de esos de los que no quería hablar. Sus cambios de humor eran continuos y no conseguía mantenerse en pie ni un día, podía ser una madre cariñosa y, al día siguiente, empezar a tirar platos a quién fuera que le estuviera hablando, creaba situaciones realmente malas. Creo que la mayor parte de mi infancia me la pasé refugiado en mi cuarto, escribiendo historias, a veces leyendo o saliendo a probar el skate que mi padre me regaló por mi cumpleaños.

Mi padre estaba preocupado. No quería demostrarlo delante de mí pero ciertamente, lo estaba. Les veía pelear, gritarse, volverse locos de atar. Papá la llevó a un psiquiatra y le aconsejaron que debería llevarla a una institución de salud mental. Lo necesitaba de forma urgente, no estaba nada bien. Supongo que ahí fue cuando la violencia terminó para mí, a veces, iba con moretones al colegio y no podía evitar que los profesores preguntaran. Sabía que mamá estaba enferma y debía protegerla, pero me resultaba doloroso e incómodo. Después de internarla, nos quedamos solos papá y yo y todo fue mejorando poco a poco sin darnos cuenta.

Unos años complicados:

Supongo que para todos, la adolescencia ha sido una etapa complicada pero se hace aún peor cuando eres invisible o, al menos, pretendes serlo. Me tiraban los libros, me empujaban por los pasillos y era el principal objetivo de un matón que lo único que quería y necesitaba cada día era mi almuerzo. Nunca comía en el recreo, ni siquiera tenía ganas de salir fuera, sabía que él estaría allí y que todos se reirían porque había vuelto a ganar. Era un idiota pero no podía contárselo a nadie. Mi padre nunca lo supo. Era mayor para guardarme mis cosas, para manejarlo como podía,

Empecé a ir a clases de defensa personal, lo creí necesario. Esas clases se llamaban «me voy al fútbol, papá. Vengo en un rato». Quería ser fuerte, quería saber defenderme y poder contraatacar, plantarles cara, quería saber de disciplina y auto control, quería dejar de tener miedo todo el tiempo. Me ayudó mucho a reestablecer mi auto estima, a entenderme y a saber encontrar un balance entre mi mente y mi cuerpo. Fue una etapa realmente esclarecedora que no compartí con nadie más que conmigo mismo.

Marlene, una brisa agradable sobre la piel:

La conocí en la tienda de discos a la que solía ir. No fue un momento especial ni nada por el estilo, simplemente, estábamos en la misma fila mirando algunos grupos de rock y ella decidió empezar la conversación con una broma que ya ni recuerdo. Sonreí y continué con la broma. Al girarme vi esos ojos azules, esa sonrisa, un cabello dorado que embriagaba y un gusto para vestir muy parecido al mío, quizá cogió lo primero que vio para bajar a esa tienda pero, digamos que fue lo que más me llamó la atención. Nos encontramos un par de veces más en el mismo lugar y entablamos alguna conversación sobre música y trasladamos esa conversación a una cafetería, mientras reíamos entre café y café.

No decidí que me gustaba en ese momento, ni siquiera en los más de siete u ocho meses después en los que entablamos amistad, tampoco en esa época de auto descubrimiento que pretendía empezar. La verdad es que con papá estaba bien y no pensaba para nada en chicas o en relaciones, siempre estaba ocupado. Pero, simplemente, sucedió. Fuimos a un cine donde podíamos ver la película en el coche y sacamos todo tipo de dulces y porquerías que se nos ocurrió, solo para reírnos y pasar el rato. Nos aburrimos un poco de la película, pero seguimos allí, hablando de nuestras cosas. La conversación se empezó a volver cada vez más seria, más profunda, distinta de las que solíamos tener, interesante y hasta atrayente. Nos besamos. Y justo en ese momento, empecé a verla de otra manera. Supongo que ambos lo hicimos.

La vida perfecta:

Así lo pensé, desde el primer momento en el que decidimos darnos una oportunidad. Conectábamos muy bien y estábamos dispuestos a apoyarnos que, en sí, era lo más importante. Nos fuimos a vivir juntos unos cinco o seis años después de empezar nuestra relación. Ambos estábamos ocupados y nunca veíamos el momento de sacar el tema. Recuerdo que papá estaba muy contento y me pidió que no la dejara escapar, que habíamos sido muy pacientes.

Nos compramos una casa a las afueras, rodeada de naturaleza donde decidimos casarnos. Supongo que, cuando todo va bien y sigue como está planeado, parece que tu vida no va a parar de brillar y de ser perfecta. Como vigilante de seguridad tenía un buen sueldo y estaba bastante bien posicionado, mientras que Marlene trabajaba en una empresa que reparaba ordenadores. No era lo que siempre hubiera querido pero le daba para pasar el mes, era lo que quería, nada complicado. A veces, alternaba con otros trabajos y, a veces, simplemente se dejaba llevar.

La noche del robo:

Recuerdo esa noche porque estuve trabajando. Fue una de esas noches donde quieres irte a casa, que el reloj adelante las horas lo más rápido posible para volver a tu vida y seguir viviéndola como hasta el momento. Pero una alarma de mi teléfono sonó sin parar. Me mostraba mi casa, nuestra casa. Alguien había entrado y Marlene no se había percatado todavía. La llamé varias veces pero no respondió. Cogí el coche lo más rápido que pude y me dirigí a allí. La puerta estaba abierta, la alarma había dejado de sonar, las luces estaban apagadas, había ropa por el suelo, platos, cubiertos, como si hubiera habido una pelea. Llamé a Marlene varias veces pero no respondió. Me esperé lo peor.

Encendí las luces del salón y subí las escaleras, toda la casa estaba patas arriba. No había un solo cajón en el que no hubiera rebuscado. Las joyas habían desaparecido, la televisión, el tocadiscos, muchas cosas de valor. Tuve una sensación, de las malas, así que, me dirigí hacia el baño de nuestro dormitorio. Vi a Marlene en la bañera, con sangre por todas partes. Me quedé de piedra. No podía respirar. Me dolía el pecho, me temblaban las manos. «Joder, ahora no», pensé. Saqué el teléfono para poder ver las grabaciones, para ver si podía ver la cara del cabrón que había entrado. Iba a ir a por él.

Sed de venganza:

No volví a pisar esa casa nunca más, la dejé tal como la encontré y empecé a buscarle. Le había identificado, sabía su nombre y dónde solía esconderse después de meses de perseguirle, era listo, muy listo. No dejaba rastro. Mi padre se encargó del funeral, de escribir algo bonito para ella, de llevar las flores, de presentarse allí… yo no podía. No hasta que él estuviera muerto. Fui a los barrios más problemáticos de la ciudad para conseguir un arma, eso era lo que quería, eso era lo que me mantenía despierto y me obsesionaba, ir a la tumba de mi mujer podía esperar.

Lo gracioso es que le cogí, le tenía en un callejón, atrapado. Me juró que no había hecho nada, por supuesto, no le creí y estuve a punto de apretar el gatillo cuando alguien me dio un disparo en la pierna. El chico de la capucha salió corriendo y desapareció, mientras el nuevo cabronazo me confesaba que había matado a mi mujer y que había estado robando en mi casa con detalles muy específicos. Me tenía tirado en el suelo sin oportunidad de defenderme, se me había caído la pistola y la pierna me sangraba demasiado como para intentar ponerme de pie. Me apuntó con su arma y sonrió, le gustó haber ganado la partida. Cuando creía que yo le tenía, era él quién me tenía a mí. Me disparó sin remordimiento, sin pensarlo.

Ningún futuro a la espera:

Supongo que papá me lo advirtió, tenía razón y odiaba cuando tenía razón. Olvidé describirme como un cabezota cuando hablaba de mi personalidad, y por supuesto, mi padre no lo olvidaría y se culparía por ello, por no pararme a tiempo. Le conozco, era como si le estuviera viendo. No podría con el dolor de tanta pérdida, ya lo pasó con mamá y no salió bien, tuvo que ir a terapia porque no soportaba estar sin ella y porque ya no conocía a la mujer que iba a visitar una vez a la semana.

Será diferente conmigo, yo me he ido por completo. Ha sido mi elección, para nada es su culpa, pero odio que vaya a hacerse daño por una equivocación que ha sido solo mía. Las obsesiones y los impulsos siempre han sido mi kriptonita, lo que más he debido controlar pero esa confianza de tener la vida perfecta, me cegó por completo, nadie te da nada a cambio de nada. ¿Verdad que no?