Publicado en Recomendaciones

Comentando libro «Rebeldes» – Susan E. Hinton:

«Rebeldes» es una de las primeras novelas que en los tiempos actuales trata sin tapujos la cuestión de la delincuencia juvenil. Escrita cuando la autora contaba tan sólo dieciséis años y llevada al cine por Francis Ford Coppola, relata la aventura en que se ven envueltos un par de adolescentes de los suburbios de Nueva York a causa de la enemistad entre bandas.

A raíz de una pelea cuyos motivos haría que detectar en las diferencias sociales y económicas, Ponyboy y Johnny tienen que huir sin ser verdaderamente culpables.

Este libro llegó a mis manos de improviso, de hecho, me lo recomendaron y, al ser cortito, no parecía nada denso y al hablar sobre delincuencia juvenil, me dije: «¿por qué no intercalar este libro entre los que tenía en mente? Solo son 192 páginas». Lo hice y, hasta hoy no me arrepiento porque podría decir que se ha convertido en uno de mis favoritos. Hicieron una película basada en este libro en el ’96 donde escenificaban cada momento del libro, además de encontrarme con que Tom Cruise estaba entre los actores, recordé lo joven que era y pude ver desde dónde empezó y me ha hecho incluso sentirme un poco más ligada a la historia de cierta manera.

En el libro se diferencia a las bandas. Los «socs» son los niños ricos y con dinero que llevan ropa cara y conducen buenos coches. Los «greasers» son chicos de cabello largo que siempre se meten en problemas, son pobres, gamberros y les encanta meterse en peleas. No hay termino medio, al menos, no en esta historia. El joven de 14 años Ponyboy nos abre las puertas de lo que ocurrió en cierto momento de su vida a través del papel, la cual, más adelante, se termina convirtiendo en una redacción para el colegio, la que llevaba tanto tiempo retrasando. Sodapop es el hermano mediano con el que Ponyboy se lleva tan bien y Darry el hermano mayor de ambos, el que trabaja horas y horas para que los tres puedan comer y permitirse tener un techo. El chico nos presenta también al resto de chicos de la banda y algunas chicas socs que conocieron en un cine, la autora te mete tanto en la historia que te ves envuelta en su mundo y ambiente, raramente te permites escapar.

La historia es bastante dura. De hecho, la historia de cada uno de ellos lo es. Algunos de esos chicos son maltratados en sus casas y se pasan noches frías durmiendo en la calle, como Johnny, uno de los personajes que más me ha atraído. Te cuenta cómo han sentido las peleas, los problemas familiares, cómo de unidos se sienten entre ellos y cómo se ayudan cuando se necesitan. Son jóvenes, muy jóvenes, pero llevan navajas para defenderse, tienen que hacerlo si no quieren morir ahogados en una fuente a manos de un «soc», cuando lo único que quieren es irse a un lugar donde no sean diferenciados por «socs» o por «greasers». La muerte de un chico a manos de Johnny hace que toda la historia vaya teniendo una trayectoria y un ritmo más intenso y singular, cómo Ponyboy se escapa con él para apoyarle y no dejarle solo muestra esa lealtad que no muchos poseen. Dallas, uno de sus colegas más cercanos y leales, tampoco les deja tirados, les da una pistola, comida y una de sus reflexiones de chaval que ha estado en la cárcel varias veces.

Susan E. Hinton nos muestra a Darry como un chico que ha hecho el papel de padre y madre a la vez con sus hermanos, es el protector, el que les suelta la bronca cuando se saltan los horarios o no hacen lo que les ha dicho. Nunca muestra sus sentimientos y menos hacia Ponyboy, lo cual, hace que se sienta inferior y crea que su hermano mayor no le quiere. Verse en el hospital, después de una explosión en la iglesia (que no voy a contar porque fastidiaría el libro), vemos a ese Darry realmente preocupado, mostrando lo que realmente siente por su hermano y no es nada de lo que Ponyboy se imaginaba, vemos a alguien que no quiere perder a nadie más y está aterrado con solo pensarlo. Y esto es algo buenísimo de este libro y es que puedes ver las entrañas de cada personaje, desde los momentos donde se hace el fuerte hasta donde se ve realmente vulnerable y tal cual es.

Creo que muestra realidades muy crudas, intensas y que puede que no mucha gente comente. La delincuencia juvenil se suele dar en zonas donde hay pobreza y una gran rivalidad entre bandas, es algo aprendido y que llevan generaciones pasando, viven esa vida sin tener más opciones, sin saber si quiera si hay salidas, tan solo saben dónde dormirán esta noche y si será sobre una cama o sobre el suelo. Me ha hecho llorar, en muchas ocasiones, sobre todo, porque la autora tiene esa capacidad de meterse dentro de ti al mostrarte una situación que se ve simple, pero también difícil y angustiosa, te invita a empatizar con ellos, con lo que sufren cada día y nos deja ver que el estar unidos es el único medio que tienen para sobrevivir.

Dejo por aquí el tráiler de la película, es muy antigua pero sucede exactamente lo mismo que en el libro (está en inglés, no he podido conseguirlo en español o subtitulado). Espero que decidáis leerlo 🙂


Puedes apoyar el blog a través de Patreon, escribo relatos más elaborados y personales.

www.patreon.com/trackontime


Commenting «The Outsiders» book Written by Susan E. Hinton:

«Rebels» is one of the first novels that in current times deals openly with the issue of juvenile delinquency. Written when the author was only sixteen years old and taken to the cinema by Francis Ford Coppola, it tells the adventure in which a couple of teenagers from the suburbs of New York are involved because of the enmity between gangs.

In the wake of a fight whose motives would have to be detected in social and economic differences, Ponyboy and Johnny have to flee without being truly guilty.

This book came into my hands unexpectedly, in fact, it was a recommendation and, being short, it didn’t seem like anything dense and it talks about juvenile delinquency, I said to myself: «Why not intersperse this book among those I had in mind? It’s only 192 pages.» I did it and, to this day I don’t regret it because I could say that it has become one of my favorites. They made a movie based on this book in 96th where they staged every moment of the book, in addition to finding that Tom Cruise was among the actors, I remembered how young he was and I could see where he started from and it has even made me feel a little more linked to the story in a certain way.

In the book the bands are differentiated. The «socs» are the money-rich kids who wear expensive clothes and drive good cars. «Greasers» are long-haired guys who always get into trouble, are poor, hooligans and love to get into fights. There is no middle ground, at least, not in this story. The 14-year-old Ponyboy opens the doors of what happened at a certain point in his life through paper, which, later, ends up becoming an essay for the school, which had been delayed for so long. Sodapop is the middle brother that Ponyboy gets along with so well and Darry the older brother of both, the one who works hours and hours so that the three of them can eat and afford to have a roof. The boy also introduces us to the rest of the boys in the band and some «socs» girls they met in a cinema, the author gets you so into the story that you are involved in their world and environment, you rarely allow yourself to escape from it.

The story is pretty tough. In fact, the story of each of them is. Some of those guys are mistreated in their homes and spend cold nights sleeping on the street, like Johnny, one of the characters that has attracted me the most. The author tells you how they have felt the fights, the family problems, how close they feel to each other and how they help each other when they are needed. They are young, very young, but they carry knives to defend themselves, they have to do it if they do not want to drown in a fountain at the hands of a «soc», when all they want is to go to a place where they are not differentiated by «socs» or by «greasers». The death of a boy at the hands of Johnny makes the whole story have a trajectory and a more intense and unique rhythm, how Ponyboy escapes with him to support him and not leave him alone shows that loyalty that not many possess. Dallas, one of his closest and most loyal friends they have, also does not leave them lying down, he gives them a gun, food and one of his reflections as a someone who has been in jail several times.

Susan E. Hinton shows us Darry as a boy who has played the role of father and mother at the same time with his brothers, is the protector, the one who releases the anger when they skip the schedules or do not do what he has told them. He never shows his feelings and less towards Ponyboy, which makes him feel inferior and believe that his older brother does not love him. Seeing himself in the hospital, after an explosion in the church (which I will not tell you because I would discover the main story in the book), we see that really worried Darry, showing how he really feels about his brother and it’s nothing Ponyboy imagined, we see someone who doesn’t want to lose anyone else and is terrified just thinking about it. And this is a great thing about this book, you can see the bowels of each character, from the moments where they pretend to be strong to where they look really vulnerable and as they are.

I think it shows a very raw, intense realities that may not be many people commenting on. Juvenile delinquency usually occurs in areas where there is poverty and a great rivalry between gangs, it is something learned and that they have been going through for generations, they live that life without having more options, without even knowing if they have a way out, they only know where they will sleep tonight and if it will be on a bed or on the floor. It has made me cry, on many occasions, especially because the author has that ability to get inside you by showing you a situation that looks simple, but also difficult and distressing, invites you to empathize with them, with what they suffer every day and lets us see that being united is the only way they have to survive.

I left on the spanish version the trailer of the film, it is very old but it happens exactly the same as in the book (it is in English, I have not been able to get it in Spanish or subtitled). I hope you decide to read it, finally 🙂


You can support the blog through Patreon, I write short stories more elaborated and personal.

www.patreon.com/trackontime


Publicado en Reflexiones

Prisionera:

Te despertaste una vez más, confusa, adormilada y un tanto molesta por el ruido. Notabas tus ojos un poco apretados, como si todavía tuvieras sueño o como si no hubieras dormido en toda la noche. Te das cuenta de dónde estás. Piensas qué pudiste hacer tan horrible como para que vivas entre barrotes, sin intimidad y con una compañera a la que el aliento le huele a rata de alcantarilla. Miras a tu alrededor, resoplas y te levantas. No es la primera vez que sobrevives a algo así, esto no es nada comparado con lo que pasaste. Sigues repitiéndote que no es nada.

Esperas a que abran las jaulas para salir a comer esa especie de comida que sirven, parece echa de hormigón. Tratas de disimular tu incomodidad, tu psicóloga cree que te estás adaptando pero esta es otra pesadilla de la que te gustaría despertar ya mismo, sin descansos. Eres una más, no eres nada especial, nadie especial. Eso es lo que te dices para no llamar la atención, no quieres que se fijen en ti y vean tu vulnerabilidad, no podrías con ello. Sales de la jaula con la barbilla bien alta, con pinta de chula y con los ojos puestos en cada reclusa de aquel antro, no quieres que sospechen, así estarás segura. Porque nadie va a buscarte, y lo sabes, ¿verdad?

Bajas a desayunar. Miras a tu alrededor con la bandeja de comida entre tus manos, eligiendo el sitio más aislado en el que comer pero no lo suficiente para que no crean que escapas de alguien, algo o crean que estás asustada, vives en constante alerta. Respiras hondo y escoges la mesa de tu compañera, aunque hoy no hace cara de buenos amigos, pero recuerda no comentárselo si no quieres que te hunda en una pared con esa fuerza bruta que tiene. Os miráis. Oyes una palabra. Solo una, que procede de su boca: «puta», mientras empiezas a recordar qué narices le hiciste para que te diga eso. Pero no te da tiempo, se abalanza sobre ti como una fiera, sin pestañear, sin dudarlo, mientras tu forcejeas debajo de ella para que te deje libre. Hay momentos que se nublan a tu alrededor y empiezas a ver a tus padres recogiéndote en la Universidad antes de las vacaciones de Navidad, es como un disco rallado que no puedes escuchar bien porque hay alguien que no te deja. ¿O es ese alguien quién lo está provocando? ¿O es la pelea en sí?

Los recuerdos llegan como latigazos. Te volviste prisionera de ti, de tus pensamientos, de las presiones, de la perfección. Eras una reclusa de tus propias emociones, de tus posibles debilidades y tus inseguridades te aprisionaban el cuello, justo como Nancy hacía contigo en ese momento. No pudiste hacer otra cosa que no fuera escapar, escapar de todo, recluirte en tu prisión mental, comer esa basura de comida y caminar como un zombie por los pasillos para poder seguir adelante, para protegerte de ti misma. Todo daba vueltas, mientras te resistías a volver, mientras no te permitías olvidar, volver a sentirte, a tenerte presente y saber qué necesitabas. Cuanto más lo bloqueabas, Nancy apretaba más y más sus manos en tu cuello, tu cara tenía un color azulado, te quedabas sin oxígeno y no creías durar mucho tiempo más.

Pero algo en tu interior se sacudió. Fue algo que nunca antes sentiste, algo desconocido que venía con energía, volvía la superviviente con fuerza. Abriste los ojos y, a pesar de lo ahogada que te sentías, le diste dos puñetazos en los costados a la monstruosa Nancy, su culo pesaba más que su barriga, pero conseguiste que te soltara y echarla a un lado, a la vez que entraba aire en tus pulmones otra vez. Sonreíste. Supiste que ese era el momento. El momento de volver. Dejaste tu prisión y volviste a despertar. Esta vez, en tu último año de Universidad. No podías llegar tarde en tu primer día, ¿verdad?


Puedes apoyar el blog a través de Patreon, escribo relatos cortos más elaborados y personales.

www.patreon.com/trackontime


Prisoned:

You woke up once again, confused, sleepy and somewhat annoyed by the noise. You noticed your eyes a little tight, as if you were still sleepy or as if you hadn’t slept all night. You realize where you are. You think about what you could do so horrible that you live between bars, without intimacy and with a companion whose breath smells like a sewer rat. You look around, snort and get up. It’s not the first time you’ve survived something like this, this is nothing compared to what you went through. You keep repeating to yourself that it’s nothing.

You wait for the cages to open to go out and eat that kind of food they serve, it seems to be concrete. You try to hide your discomfort, your psychologist thinks you are adapting but this is another nightmare from which you would like to wake up right now, without breaks. You are one more, you are nothing special, no one special. That’s what you tell yourself so as not to attract attention, you don’t want them to look at you and see your vulnerability, you couldn’t do it. You leave the cage with your chin held high, looking cool and with your eyes on each inmate of that den, you do not want them to suspect, so you will be safe. Because no one is going to look for you, and you know it, right?

You go down for breakfast. You look around with the tray of food in your hands, choosing the most isolated place to eat but not enough so that they do not believe that you escape from someone, something or believe that you are scared, you live in constant alert. You take a deep breath and choose your partner’s table, although today she does not make the face of good friends, but remember not to tell her if you do not want her to sink you into a wall with that brute force she has. You look at each other. You hear a word. Just one, which comes from her mouth: «whore», while you begin to remember what the hell you made her to tell you that. But she does not give you time, she pounces on you like a beast, without blinking, without hesitation, while you struggle under her to leave you free. There are moments that get cloudy around you and you start to see your parents picking you up at the University before the Christmas holidays, it’s like a grated remember that you can’t listen too well because there’s someone who won’t let you. Or is that someone who is provoking it? Or is it the fight itself?

Memories come like lashes. You became a prisoner of yourself, of your thoughts, of pressures, of perfection. You were a recluse of your own emotions, your possible weaknesses and your insecurities imprisoned your neck, just as Nancy did with you at that time. You couldn’t do anything other than escape, escape from it all, seclude yourself in your mental prison, eat that food junk, and walk like a zombie through the halls so you can move on, to protect yourself. Everything went around, while you resisted coming back, while you did not allow yourself to forget, to feel again, to keep yourself in mind and know what you needed. The more you blocked it, Nancy squeezed her hands more and more on your neck, your face was bluish, you ran out of oxygen, and you didn’t think it would last much longer.

But something inside you shook. It was something you never felt before, something unknown that came with energy, the survivor came back strongly. You opened your eyes and, as choked as you felt, you punched the monstrous Nancy twice in the sides. her ass weighed more than her belly, but you got her to let go and push her aside, while air entered your lungs again. You smiled. You knew that was the time. The time to go back. You left your prison and woke up again. This time, in your last year of university. You couldn’t be late on your first day, right?


You can support my blog through Patreon, I write short stories more elaborated and emotional.

www.patreon.com/trackontime


Publicado en Relatos

Sobre el Agua:

Lo dejé con respeto sobre la superficie y yació allí, sin más. Aprendí a no pensar en ello, a dejar que el tiempo pasara, a entenderlo y transmutarlo, resguardado del frío y silenciado. Nadie podría decir nada si no lo sabía, a nadie le daría lástima, no sería una víctima, actuaría como si no hubiera pasado y, entre las sábanas, haría lo posible por reconciliarme con ello. Y así, sin más lo hice.

Fue como escribir en un papel en blanco y posarlo sobre el agua, con delicadeza, lentamente, sin ímpetu, soltándolo poco a poco, con cuidado. Nadie lo escucharía caer, porque era agua y nadie la oiría si no prestaban atención. Las palabras no se mojaron, el papel solo se humedeció. Había poca luz allí, en esa zona. Solo iluminaba la superficie, para que el papel respirara, para que las palabras no se olvidaran y no pasar otro día pretendiendo que no había pasado.

Cada año que pasaba, era algo más sencillo. Le escribía una carta que jamás le enviaba, pero que se quedaba conmigo. Quería hacer las paces, quería que me escuchara y supiera que no le había olvidado, aunque todos lo hubieran hecho, aunque dijeran en voz alta que no había existido. No quería crear un vacío, así que, seguía hacia adelante, sin hablar de ello, ya no hacía falta. Sabía que nadie lo entendería. Aquello se había vuelto intocable, no dejaba a nadie que observara ese papel, que reviviera emociones que había acallado, que había entendido pero que prefería dejar atrás para mirar hacia adelante. El tiempo lo cura todo, pero la memoria siempre está presente.

Cada año, ese mismo día, hacía un homenaje, como un cumpleaños, nunca como una tragedia. Le daba las gracias por lo que había aprendido, le contaba que había estado haciendo y le hacía sentir partícipe por un día de mi vida. Quizá debiera de hacerlo más pero no tenía demasiado tiempo, trataba de que ese día no se me olvidara, quería de alguna manera, que fuera especial. No para llorarle, tampoco para sentir lástima por mí o por él, ni mucho menos, por hacer de esa situación un drama. Lo único que quería con ello era sanarlo, así era como iba a salir de ello. SOLA.

Identifiqué cada emoción, me acompañé en el proceso y decidí no olvidarlo. Por ello, permanecía en la superficie del agua, a veces, la oía chapotear, otras la escuchaba moverse tranquila y, muchas otras, como si jamás hubiera estado ahí. Intensa pero, a la vez, solitaria, respetando un papel, una situación sobre ella que valoraba y, a la vez, amaba. Sin objeciones. Sin tristeza. Surrealista. Pero nunca angustiosa. Así es como un trauma se transmuta. Con respeto. Sobre el agua.


Puedes apoyar el blog a través de Patreon, escribo relatos cortos más elaborados y personales:

www.patreon.com/trackontime


Above the Water:

I respectfully left it on the surface and it lays there, without further ado. I learned not to think about it, to let time pass, to understand and transmute it, sheltered from the cold and silenced. No one could say anything if they didn’t know, no one would feel sorry, I wouldn’t be a victim, I would act like it didn’t happen, and I would do my best to reconcile with it. And so, without further ado, I did.

It was like writing on a blank piece of paper and posing it on the water, delicately, slowly, without impetus, releasing it little by little, carefully. No one would hear it fall, because it was water and no one would hear it if they didn’t pay attention. The words did not get wet, the paper only moistened. There was little light there, in that area. It only lits up the surface, so that the paper would breathe, so that the words would not be forgotten and not spend another day pretending that it had not happened.

Every year that passed, it was something simpler. I would write him a letter that I never sent him, but he would stay with me. I wanted to make peace, I wanted him to listen to me and know that I had not forgotten him, even though everyone had, even if they said out loud that he had not existed. I didn’t want to create a void, so I kept going, not talking about it, it wasn’t necessary anymore. I knew that no one would understand. That had become untouchable, it left no one to observe that role, to revive emotions that I had silenced, that I had understood but preferred to leave behind to move forward. Time heals everything, but memory is always present.

Every year, that same day, I paid tribute, like a birthday, never like a tragedy. I thanked him for what I had learned, told him what I had been doing and made him feel involved for a day in my life. Maybe I should do it more but I didn’t have too much time, I tried not to forget that day, I wanted in some way, to be special. Not to mourn him, nor to feel sorry for me or for him, far from it, for making that situation a drama. All I wanted with it was to heal it, that’s how I was going to get out of it. ALONE.

I identified each emotion, accompanied myself in the process and decided not to forget it. Therefore, it remained on the surface of the water, sometimes, I heard it splashing, others I heard it move calmly and, many others, as if it had never been there. Intense but, at the same time, lonely, respecting a role, a situation about it that is valued and, at the same time, loved. No objection. No sadness. Surrealist. But never distressing. This is how a trauma is transmuted. With respect. On the water.


You can support the blog through Patreon, I write short stories more elaborated and personal:

www.patreon.com/trackontime


Publicado en Personajes

Pam: La que Esperó

Relato procedente: «Una Espera Eterna«. Edad: 34 años.

Ciudad: Seattle. Profesión: Psicóloga.

Descripción física:

Mi cabello negro es sedoso y largo, hasta más abajo de los hombros y los pechos, con flequillo y una diadema roja en el centro de la cabeza, me encantan los detalles. Mis ojos castaños son un poco rasgados, quizá algo inocentes. Mis labios son gruesos pintados con un color rosa apagado que no llama mucho la atención. Mi tez es un tanto morena pero más blanca en invierno. Estoy delgada, mido 1,75 y suelo vestirme con blusas de tonos claros y vaqueros, a veces, me pongo tacones, aunque otras veces, prefiero ir con bailarinas o converse.

Descripción de la personalidad:

Dicen que soy bastante optimista, un tanto seria cuando no conozco mucho a alguien, me gusta socializar y saber un poco más de la gente que me rodea y me crea cierta curiosidad. Estoy llena de vitalidad, me gusta hacer cosas y, sobre todo, aprovechar el tiempo, siempre he creído que ser productivo es algo que puede motivar a cualquiera y animarte a seguir adelante. Soy bastante dulce, sobre todo con mis pacientes, muy empática y abierta, estoy dispuesta a escuchar siempre y a compartir mis ideas, me gusta sobre todo mi asertividad y cómo afronto las cosas aunque sean difíciles, soy coherente e invito a los que me rodean a pensar un poco más en cómo son sus vidas y si realmente es eso lo que quieren. Me animo a ser feliz siempre.

Buenos tiempos:

Mi infancia fue realmente buena, no recuerdo ningún acontecimiento que me afectara de manera negativa, siempre fui una niña feliz, hasta donde yo sé. Mi adolescencia fue algo diferente, un tanto rara, quizá por un sentimiento de soledad descontrolado o que creía que nadie me entendía como yo quería. Fue increíble encontrarme con Sam justo en ese momento, cuando me disponía a dejar atrás toda esperanza por conocer a alguien nuevo y a alguien que me entendiera, aunque fuera un poco.

Siempre tuvimos cierta química, no sabría cómo explicarlo, quizá había algo en su mirada que me hacía captarlo, o quizá era solo una sensación pasajera en un momento olvidado. Pero cuando le miraba, era como entrar en otro Universo, pero jamás me atreví a decírselo. Puede que fuese tan joven y orgullosa que no me atreviese a dar el paso o quizá era simple vergüenza, esa que no tenía con otras personas pero que con él sí. Nos lo pasábamos bien y nos veíamos casi cada día, en el instituto nos sentábamos juntos y él siempre me acompañaba a casa cuando salíamos.

Fueron unos buenos tiempos. Bonitos, incluso. No había problemas, tampoco responsabilidades, solo éramos un par de niños que se veían. Éramos buenos amigos, pero eso fue todo. Lo esperé durante un tiempo, pero supe que empezó a salir con una chica de un curso inferior, al parecer, se gustaban mucho. No me dijo nada, ni siquiera cuando sabía que los rumores habían llegado a mis oídos, lo compartió conmigo, tampoco me dijo si alguna vez sintió algo. Nos separamos en cuanto fuimos a Bachillerato. Dejamos de llamarnos y de vernos. Se fue a otra ciudad y yo me quedé aquí. Lloré durante semanas y el corazón se me rompió incluso tratando de no romperlo.

Buena en los Estudios y un Trabajo Genial:

Escogí Psicología. Mis padres esperaron ansiosos a saber qué era lo que había elegido, me lo guardaba para mí porque lo consideraba personal y mi elección. Se me daban bien las personas, comunicarme, escuchar y era bastante empática, quería hacer algo para influir en los demás y mantenerme un poco más unida a la sociedad, así que, todos celebramos esa bonita decisión. Fueron 4 años inolvidables, me encantó la Universidad, conocí a gente muy interesante, no fui a demasiadas fiestas o conocí a muchos chicos como mis compañeras de residencia hicieron, pero sí aprendí mucho y me divertí haciendo talleres y asistiendo a seminarios, creo que fue el periodo donde más conocimientos quise recabar.

Mi padre tenía un amigo muy cercano que era psiquiatra y que había montado una clínica donde también trabajaban psicólogos con varias especialidades, así que, me dijo que justo en ese momento tenía un puesto vacante para ocupar. ¡Y fue una suerte! Me enrolé en esa clínica y llevo allí desde entonces, muy a gusto, cobrando bastante bien y haciendo lo que puedo por mis pacientes. Creo que es la idea de vida que siempre soñé tener. Aunque Sam no estuviera allí. No había día que no me viniese a la cabeza, incluso, me preguntaba si ocurriría lo mismo al revés, si él pensaría en mí en algún momento.

Una mañana, me llegó una llamada. Al principio, no me atreví a coger el teléfono porque era un número que desconocía, pero resultó tan insistente, que respondí un tanto molesta. Era su voz. Mi corazón dio un respingo y se me erizó el vello de los brazos, no me podía creer que fuera Sam después de tanto tiempo, al parecer quería verme. ¿Era una cita? Tenía muchas preguntas en mi mente y no podía responder a ninguna hasta que no le viera. Y me ansiaba, me irritaba no saber más de lo que sabía que, a decir verdad, era lo mismo que nada. Intenté vestirme formal pero no demasiado, algo elegante pero sin pasarse, un tanto maquillada pero sin hacerlo muy exagerado para que no pensara que era una cita porque no lo era, ¿verdad? ¿O si lo era? Se notaba que me sentía confusa.

La supuesta No-Cita:

Le esperé en la parada de autobús donde nos conocimos, de hecho, quedamos allí. Me alegré de que lo recordara, era señal de que había pensado en ello, ¿verdad? Me sentía muy insegura y más poniendo los ojos en el reloj a cada rato, no podía sino mover la pierna nerviosamente, hacerme bucles en el pelo con la mano y morderme las uñas de vez en cuando. No había estado tan nerviosa en una no-cita en mi vida, en serio. Pero se pasaba de la hora y no parecía que fuera a venir, me sentí decepcionada, triste y desalentada, supuse que para él esta especie de reunión no sería tan importante para él como lo era para mí, de hecho, cancelé una comida de trabajo por esto.

Me recompuse como pude, elevé el mentón y con la mirada bien alta, me dirigí calle abajo, digiriendo la noticia de que no iba a venir y que debía aceptar que Sam ya no era quién había conocido, siempre venía cuando quedábamos. Pero oí su voz a lo lejos, me giré de repente pero no vi a nadie, así que, pedí un taxi para que me llevara de vuelta al trabajo. Noté que alguien me cogía del brazo, era Sam. Una sonrisa se dibujó en mi cara al verle, aunque no me alegré de que fuera en silla de ruedas. Conforme lo pensaba, llegaba una joven detrás de él bastante guapa y que, al parecer, era su mujer. Se me cayó el mundo encima. Me había hecho ilusiones de un reencuentro o de una especie de velada romántica donde no la había, pero de todas maneras, traté de no ser descortés, saludé a la chica y fuimos a una cafetería a tomar un café, se confirmaba que aquello era, sin duda, una no-cita.

Escuché todas sus etapas amorosas, desde la primera vez que se vieron y sus ojos se encontraron, hasta el primer beso, el preciso instante donde ella supo que era él el único, su primera vez en la cama, algunas de sus experiencias sexuales, el día de su maravillosa boda y su divertida luna de miel. Quise vomitar allí mismo. Me terminé el café y me despedí tan pronto como me fue posible, inventándome una excusa, tenía que ir a casa a llorar todo lo que pudiera y más, me esperaba un helado de chocolate y me tentaba solo de pensarlo, iba a olvidarme de la dieta por una noche, estaba justificado. Pero Sam fue tras de mí, me paró en seco, disculpándose por si me habían ofendido en algo pero, ese era el caso, no lo hicieron.

No sé si me molestó más que no me invitasen a la boda, no saber nada de él en años o que me restregaran todo eso en la cara después de decirme que él siempre había querido estar conmigo pero que no fue capaz de decírmelo nunca. La frustración se apoderó de mí tanto y tan fuerte que me subí al taxi, le cerré la puerta en las narices y me fui a casa sin mirar atrás. El móvil me sonó varias veces, era Sam, pero lo apagué. Siguió durante días sonando a todas horas, pero no le cogí el teléfono, incluso nuestra amistad, se había roto. El helado me alivió un poco pero los tres días siguientes los recordaré siempre como los que un buen amigo me rompió el corazón en mil pedazos.

Un futuro sin Sam:

Podría decir que le idealicé por completo desde el principio. Había tenido esa imagen de cuando éramos dos adolescentes algo inocentes y con mariposas en la tripa con las hormonas a tope y esperaba que tuviéramos esa sensación siendo adultos. Creo que me quité un peso de encima sin saberlo, habría seguido enamorada de un fantasma, de alguien que ya no me esperaba, que ni siquiera me consideraba tan amiga suya si no me había invitado al momento más importante de su vida. No merecía la pena. Ahora tenía que aprender a vivir sin ese recuerdo, sin tenerlo en la cabeza día sí y día también, cada vez que me pasaba algo emocionante imaginando qué diría. Supongo que es un adiós sin decirlo en voz alta, es focalizar tu atención en otras cosas y no volver la vista atrás.

Descubriré qué significa vivir sin Sam, sin su imagen, sin su recuerdo, sin el deseo de reencontrarnos algún día y sin la esperanza de volver a reírnos mientras metíamos los pies en el lago cerca de casa de sus abuelos. Descubriré qué significa no pensar nunca más en su familia, distanciarme de amigos que teníamos en común y que tampoco han llamado. Descubriré qué es ser yo misma sin la influencia de tantos recuerdos y deseos imaginarios que no se materializarán jamás.


Puedes apoyar el blog a través de Patreon, escribo relatos cortos más elaborados y personales:

www.patreon.com/trackontime


Publicado en Recomendaciones

Comentando libro «El Monje que Vendió su Ferrari» – Robin Sharma:

Esta es la increíble historia de Julian Mantle, un abogado súper estrella que un estilo de vida desequilibrado le lleva a acercarse a un fatal ataque al corazón. Este colapso, le hace abrirse a una crisis espiritual, forzándole a encontrar respuestas a las preguntas más importantes de la vida.

Esperando encontrar felicidad y plenitud, se embarca en una extraordinaria odisea de una cultura antigua, donde descubre un sistema poderoso para fluir el potencial de su mente, cuerpo y alma, y aprende a vivir con mayor pasión, propósito y paz.

Con la combinación de la brillante y eterna sabiduría espiritual del este y los avanzados principios del éxito del oeste, esta fábula verdadera e inspiradora ha mostrado a miles de personas alrededor del mundo, a cómo vivir con un mayor coraje, equilibrio, abundancia y disfrute.

Este era un libro muy pendiente, de hecho, pensé en leérmelo definitivamente, este año sin falta. He de reconocer que puede que no esté en este punto de descubrimiento espiritual tan increíble e impactante que muestra Robin Sharma que tuvo su amigo y maestro de la abogacía Julian Mantle, pero sí que he de decir que lo he disfrutado mucho y me ha confirmado algunas de las cosas que he leído anteriormente, he aprendido ya y que he estado practicando. Me ha parecido muy curiosa la forma en la que está relatado el libro, está claro que es una fábula donde durante un periodo corto de tiempo ambos interlocutores hablan sobre la sabiduría espiritual que Jualian ha aprendido durante el tiempo que ha estado con los monjes de Sivana, nunca había leído un libro así, con ese diálogo tan directo entre ambos, me ha dado la sensación de que alguien más estaba en la habitación tecleando en un ordenador lo que ambos decían o compartían.

Creo que se ha expresado muy bien ese principio donde se expone la vida desequilibrada que vivía Julian en un principio, que es básicamente cómo la vivimos o la hemos vivido la mayoría, de una forma apresurada, con estrés, en modo automático y sin sentirnos de verdad, solo haciendo lo que debemos hacer sin darnos un respiro. Su decisión de cambiar su vida por completo y deshacerse de todo lo que tiene, tras darse cuenta de que esto no le aportaba ningún tipo de felicidad, fue realmente sorprendente y, a la vez, surrealista de creer, no mucha gente haría esto y se desapegaría de cosas tan increíbles como lo es un Ferrari y que él sí hizo, decidido a irse lejos, a encontrar respuestas a preguntas que Jualian se iba haciendo sobre la vida y que no muchos se hacen, supongo que los más especiales o más atentos a los detalles del día a día y cómo nos pueden afectar son los que tienden a tener este tipo de inquietudes.

Es sorprendente cómo los monjes han aprendido durante miles de años a vivir con lo básico, como le explica Julian Mantle a su amigo Robin Sharma, cómo hacen que cada detalle cuente y que pongan atención a lo que está ocurriendo en ese preciso momento, en ese presente que todos damos por sentado porque ya pensamos en un futuro que aún no ha llegado y que percibimos como certero sin saber qué ocurrirá. Se centran en lo importante, en ellos mismos, en su alimentación, sus meditaciones, sus agradables conversaciones, sus caminatas diarias para mantenerse en forma y saludables. Siguen muchas pautas y principios que ellos han creado y han visto progresos, al igual que Jualian practicó y con los que vio resultados favorables en él mismo, desde su estado físico, al mental y al espiritual.

Nos lo hace fácil este Julian, porque podemos llevar a cabo esos 7 principios que los monjes de Sivana practican teniendo la misma vida pero con un ritmo menos frenético, escuchándonos y preguntándonos de vez en cuándo qué queremos. Estos principios te ayudan a dominar tu mente, a perseguir tu propósito, a practicar el kaizen, a vivir con disciplina, a respetar tu tiempo, a servir a otros desinteresadamente y a abrazar el presente. Solo hay que tener unos minutos disponibles para realizar cada principio, tal como lo transmitía Julian, para tener una vida más placentera y plena. Este libro te hace preguntarte a qué no prestas atención en ti, qué haces en tu día a día que te estresa, qué ritmo acelerado estás llevando y por qué lo haces, a preguntarte qué te gustaría estar haciendo ahora mismo en tu vida o a qué dedicarías tu tiempo, qué tipo de pensamientos estás teniendo últimamente y cómo podrías transmutarlos para respetarte un poco más y dejar de ser tan duro/a contigo mismo/a y a cómo ser disciplinado con aquello que deseas hacer para mejorar día a día. No son cosas complicadas de aplicar en tu vida diaria, simplemente, hay que dedicarle un tiempo para empezar a notar los cambios y sentirte mejor contigo mismo.

Creo que es un libro con el que muchos podrían empatizar y reflexionar, tanto por el entorno que a todos nos ahoga o agobia cada día en el trabajo, en casa o en cualquier otro ámbito, a cómo interpretar nuestra vida y encontrar exactamente qué queremos hacer para ser un poco más felices. Me ha parecido precioso, de principio a fin, sobre todo, por esa naturalidad en la expresión, en la conversación tan amena entre dos amigos que se conocen desde hace algún tiempo y que vuelven a sus inicios siendo maestro y aprendiz y en un espacio donde pueden aprender el uno del otro. Nos enseña a cómo los monjes son capaces de vivir con muchas menos cosas que nosotros y que viven mejor, escuchándose, contemplando lo que les rodea y alimentándose de una forma adecuada. Es una pequeñita guía para estar un poco más contigo y entenderte, lo recomiendo al 100% para aquellos que necesiten un buen cambio, todos nos agotamos y podemos utilizar este tipo de enseñanzas para inspirarnos y ver que hay más caminos por recorrer y soluciones para sentirnos mejor.


Puedes apoyar el blog a través de Patreon, escribo relatos cortos más elaborados y personales.

www.patreon.com/trackontime


Commenting «The Monk who Sold his Ferrari» book Written by Robin Sharma:

This is the incredible story of Julian Mantle, a superstar lawyer whose out-of-balance lifestyle leads him to a near fatal heart attack in packed courtroom. His collapse brings on a spiritual crisis, forcing him to seek answers to life’s most important questions.

Hoping to find happiness and fulfilment, he embarks upon an extraordinary odyssey to an ancient culture, where he discovers a powerful system to release the potential of his mind, body and soul, and learns to live with greater passion, purpose and peace.

Brilliantly blending the timeless spiritual wisdom of the East with the cutting-edge success principles of the West, this truly inspiring tale has shown millions of people around the world how to live with greater courage, balance and joy.

This was a very pending book, in fact, I thought I would read it definitively, this year without fail. I have to admit that I may not be at this point of spiritual discovery so incredible and shocking that Robin Sharma shows that his friend and teacher of the legal profession Julian Mantle had, but I have to say that I have enjoyed it very much and it has confirmed some of the things that I have read before, I have already learned and I have been practicing. I found very curious the way in which the book is related, it is clear that it is a fable where for a short period of time both interlocutors talk about the spiritual wisdom that Jualian has learned during the time he has been with the sages of Sivana, I had never read such a book like this one, with that dialogue so direct between the two, it has given me the feeling that someone else was in the room typing on a computer what they both said or shared.

I think that principle has been expressed very well where the unbalanced life that Julian lived in the beginning is exposed, which is basically how we live it or have lived it most of us, in a hurried way, with stress, in automatic mode and without feeling real, just doing what we should do without giving ourselves a break. His decision to change his life completely and get rid of everything he has, after realizing that this did not bring him any kind of happiness, was really surprising and, at the same time, surreal to believe, not many people would do this and would detach themselves from things as incredible as a Ferrari and which he did, determined to go far, to find answers to questions that Jualian was asking himself about life and that not many are asking, I suppose that the most special or most attentive to the details of the day to day and how they can affect us are those who tend to have this type of concerns.

It is amazing how the sages have learned for thousands of years to live with the basics, as Julian Mantle explains to his friend Robin Sharma, how they make every detail count and pay attention to what is happening at that precise moment, in that present that we all take for granted because we already think of a future that has not yet arrived and that we perceive as certain without knowing what will happen. They focus on what’s important, on themselves, on their diet, their meditations, their pleasant conversations, their daily walks to stay fit and healthy. They follow many guidelines and principles that they have created and have seen progress, just as Jualian practiced and with which he saw favorable results in himself, from his physical, mental and spiritual state.

This Julian makes it easy for us, because we can carry out those 7 principles that the sages of Sivana practice having the same life but with a less frenetic pace, listening to each other and asking ourselves from time to time what we want. These principles help you master your mind, pursue your purpose, practice kaizen, live with discipline, respect your time, serve others selflessly, and embrace the present. You only have to have a few minutes available to perform each principle, as Julian transmitted it, to have a more pleasant and fulfilling life. This book makes you wonder what you do not pay attention to, what you do in your day to day that stresses you, what fast pace you are taking and why you do it, to ask yourself what you would like to be doing right now in your life or what you would dedicate your time to, what kind of thoughts you are having lately and how you could transmute them to respect yourself a little more and how to be disciplined with what you want to do to improve day by day. They are not complicated things to apply in your daily life, simply, you have to dedicate some time to start noticing the changes and feel better about yourself.

I think it is a book that many could empathize with and reflect on, both for the environment that drowns or overwhelms us every day at work, at home or in any other area, how to interpret our life and find exactly what we want to do or feel a little happier. I found it beautiful, from beginning to end, above all, because of that naturalness in the expression, in the pleasant conversation between two friends who have known each other for some time and who return to their beginnings as a teacher and apprentice and in a space where they can learn from each other. It teaches us how sages are able to live with much less than us and live better, listening to each other, contemplating their surroundings and feeding themselves in an appropriate way. It is a small guide to be a little more with you and understand you, I recommend it 100% for those who need a good change, we are all exhausted and we can use this type of teaching to inspire us and see that there are more ways to go and solutions to feel better.


You can support the blog through Patreon, I write short stories more elaborated and personal.

www.patreon.com/trackontime


Publicado en Reflexiones

Pretende:

Volviste a sentirlo. Otra vez. No pudiste controlarlo y empezaste a notar cómo se apoderaba de ti, cómo te hablaba y te hacía sentir pequeña. Sentada en la silla, sentiste que tenías ganas de vomitar y notaste tus manos temblar. Así que, fuiste al baño corriendo, pensabas que ibas a echar hasta el desayuno pero, no fue así, solo fue una falsa alarma o, al menos, eso era lo que deseabas que fuera.

Con ambas manos en el váter, empezaste a notar que te dolía el pecho. Las primeras gotas de sudor tras los sofocos incómodos. Cambiaste de lugar, esta vez, pasaste al lavabo, pensaste que lavándote la cara te repondrías, pero tampoco fue así. Te cogiste el pecho, cuando la respiración empezaba a hacerse pesada, como si no entrara suficiente aire en tus pulmones, mientras tu corazón empezaba a palpitar rápido, notaste cómo golpeaba contra tu pecho fuertemente, cómo no podías pararlo. Empezaste a marearte. Te cogiste con firmeza al lavabo, con ambas manos en los bordes, todo te daba vueltas. Seguías intentando respirar, pero no podías, no te llegaba el aire, te estabas asfixiando. Decidiste soltar la mano derecha del lavabo para buscar tu móvil pero lo habías dejado en la cocina, y no estabas segura de que pudieses llegar allí fácilmente, te empezaban a temblar las piernas.

Notabas como si algo se hubiese apoderado de tu cuerpo, como si hubiera algo más ocupándolo, haciéndote prisionera. Tus párpados se unieron al vals, también empezaron a temblar, incontroladamente. Los cerraste, te molestaban. Apretaste los dientes, notabas como si tiritaras y no querías morderte la lengua. No podías moverte, estabas enganchada al lavabo, los músculos de tus brazos eran los que aguantaban los movimientos algo frenéticos que tu cuerpo daba, se movía como si tuviese un ataque de epilepsia, pero tú sabías que nunca habías sufrido de epilepsia. ¿Qué estaba pasando? Te preguntaste más de una vez, aterrada. Hasta que recordaste algo, viste la cara de una mujer que te decía que debías respirar con ocho años, antes de tu miedo escénico al hacer una obra de teatro, te puso la mano en el pecho y te dijo «RESPIRA, aunque parezca que no puedes o no te llegue el aire. RESPIRA profundamente, verás cómo te relajas y puedes subir al escenario». La viste delante de ti, como si fuera real, pero sabías que no lo era. Respiraste. Profundamente, aunque no pudieras.

Primera respiración. Tus brazos se relajaron poco a poco. Segunda respiración. La garganta se abrió y el aire empezó a entrar más fácilmente. Tercera respiración. Las piernas y el resto del cuerpo dejaba de moverse y tenías un mayor control sobre tu cuerpo. Cuarta respiración. El cuarto de baño dejó de girar y pudiste mirarte al espejo, toda sudada y con los ojos cansados, sin más temblores. Quinta respiración. Te dolía la mandíbula pero dejabas de apretar los dientes, habías dejado de tiritar. Sexta respiración. Tu dolor de pecho había desaparecido. Y te soltaste del lavabo, exhausta. Respiraste hondo una última vez. Tu cuerpo había vuelto a la normalidad. O, al menos, a algo que se parecía a ella. Por ahora. Sabías que aquello no había terminado, nunca terminaba.

Miraste tu reloj, ya era tarde. Te pusiste la chaqueta, cogiste el bolso y te enfundaste los tacones, tenías que llegar al trabajo a tiempo. Bajaste las escaleras a toda prisa, subiste al coche y arrancaste, dirigiéndote a la oficina. Te centraste. Tenías que pasar el día, un nuevo día. No habías tenido ningún ataque esta mañana, no te has sentido mal, el estrés no está pudiendo contigo. Estás bien. Estás sana. Estás centrada. Y tienes que creerlo para que los demás lo crean. Y así lo hiciste. Entraste en la oficina y empezaste tu trabajo, como cada mañana. Como si nada hubiera pasado. Como si hubiera sido un día cualquiera, con una sonrisa fingida dibujada en los labios y con los ojos fijos en el papeleo, nada iba a pararte. Ni siquiera el mareo que empezabas a sentir. «Otra vez no», pensaste. Tenías que seguir. Sabías que debías hacerlo.


Puedes apoyar el blog a través de Patreon, escribo relatos cortos más elaborados y personales.

www.patreon.com/trackontime


Pretend:

You felt it again. Once again. You couldn’t control it and you started to notice how it took hold of you, how it talked to you and made you feel small. Sitting in the chair, you felt like you wanted to vomit and you noticed your hands shaking. So, you went to the bathroom running, you thought you were going to puke breakfast but, you weren’t, it was just a false alarm or, at least, that was what you wanted it to be.

With both hands on the toilet, you began to notice that your chest hurt. The first drops of sweat after uncomfortable hot flashes. You changed the place, this time, you went to the sink, you thought that washing your face would make everything went away, but it was not like that either. You caught your chest, when the breathing began to become heavy, as if not enough air entered your lungs, while your heart began to beat fast, you noticed how it hit your chest hard, how you could not stop it. You started to get dizzy. You held firmly to the sink, with both hands on the edges, everything was spinning. You kept trying to breathe, but you couldn’t, you couldn’t breath the air, you were suffocating. You decided to release your right hand from the sink to find your phone but you had left it in the kitchen, and you were not sure that you could get there easily, your legs began to tremble.

You noticed as if something had taken over your body, as if there was something else occupying it, making you a prisoner. Your eyelids joined the waltz, they also began to tremble, uncontrollably. You closed them, they bothered you. You gritted your teeth, you noticed as if you shivered, and you didn’t want to bite your tongue. You could not move, you were hooked to the sink, the muscles of your arms were the ones that endured the somewhat frantic movements that your body gave, it moved as if it had a seizure of epilepsy, but you knew that you had never suffered from epilepsy. What was going on? You wondered more than once, terrified. Until you remembered something, you saw the face of a woman who told you that you should breathe at the age of eight, before your stage fright when doing a play, she put her hand on your chest and said «BREATHE, even if it seems that you can not or don’t feel the air inside your lungs. BREATHE deeply, you will see how you relax and you can get on stage.» You saw her in front of you, as if she was real, but you knew it wasn’t. You breathed. Deeply, even if you couldn’t.

First breath. Your arms relaxed slowly. Second breath. The throat opened and air began to enter more easily. Third breath. Your legs and the rest of your body stopped moving and you had more control over your body. Fourth breath. The bathroom stopped spinning and you could look in the mirror, you looked all sweaty and with tired eyes, without further tremors. Fifth breath. Your jaw hurt but you stopped gritting your teeth, you had stopped shivering. Sixth breath. Your chest pain was gone. And you let go of the sink, exhausted. You took a deep breath one last time. Your body was back to normal. Or, at least, something that looked like it. For now. You knew it wasn’t over, it would never ended.

You looked at your watch, it was already late. You put on your jacket, you took your bag and you put on your heels, you had to get to work on time. You hurried downstairs, got in the car and started it, heading to the office. You focused. You had to get through the day, a new day. You hadn’t had any attacks this morning, you haven’t felt bad, stress isn’t going to be with you. You are ok. You are healthy. You’re focused. And you have to believe it for others to believe it. And so you did. You walked into the office and started your work, like every morning. As if nothing had happened. As if it had been any given day, with a fake smile drawn on your lips and your eyes fixed on the paperwork, nothing was going to stop you. Not even the dizziness you were starting to feel. «Not again,» you thought. You had to keep going. You knew you had to do it.


You can support the blog through Patreon, I write short stories more elaborated and personal.

www.patreon.com/trackontime


Publicado en Relatos

Una Espera Eterna:

Por fin habíamos quedado, después de tanto tiempo. Estaba temblando, allí de pie, en la parada del autobús donde nos conocimos. Lo recuerdo muy bien. Empezamos preguntando la hora, luego soltamos un chiste estúpido sobre algo que ocurría alrededor y, más tarde, hablamos como si nos conociéramos de toda la vida. Fue un flechazo, al menos, para mí. Nunca supe si para él lo fue. Nunca me lo dijo. Y yo nunca hablé de ello. Ahora miraba el móvil cada tres minutos, mientras movía la pierna izquierda. La paciencia no era mi fuerte, estaba claro.

Empecé a preguntarme cómo sería. ¿Habría cambiado mucho? ¿Le seguiría pareciendo igual de maja que hace tantos años? ¿Se acordaría de lo que hablamos? ¿Sería ahora un chico más guapo y fuerte que antes? Esperaba que sí. Pasaban cinco minutos de las diez. ¿Por qué tardaba tanto? Se me empezó a secar la boca, así que, bebí un par de sorbos de agua de la botella que llevaba en el bolso. ¿Vestía suficientemente elegante? ¿Le gustaría lo que llevaba puesto? No era propio de mí dudar tanto, ¿por qué me estaba sintiendo tan insegura con esto? Lo único que esperaba es que no tuviese mujer. Oh, dios. No se lo había preguntado. ¿Y si tenía mujer?

Pasaban diez minutos de las diez. No iba a venir. Seguro que no vendría. Mejor, quizá me estaba haciendo ilusiones absurdas. Hacía años que no le veía y bueno, no podría pensar que esto sería tan importante para él como lo era para mí que había cancelado una comida de trabajo por aquello. En fin, sí. Era lo mejor. Me giré y empecé a andar hacia abajo por la calle principal, algo decepcionada, un poco angustiada y algo triste. No podía evitarlo. No había podido olvidarle aunque solo fue una amistad pasajera y que, al parecer, no había sido tan importante como parecía. La gente pasaba por mi lado hablando, sonriendo, otros hablando por teléfono y varios discutiendo cerca de un restaurante, todos tenían su mundo, su momento. Y yo tenía el mío, la vida no se paraba por un plantón, ¿no?. Tenía que ir a casa, así que, pedí un taxi.

Oí una voz. Alguien que me llamaba a lo lejos. Me giré esperanzada pero no vi a nadie, así que, bajé la mirada y abrí la puerta del taxi. Pero noté que alguien me cogía del brazo. Era él. Era Sam. Le miré con una extrañeza que fui incapaz de disimular. Iba en silla de ruedas, por eso no le había visto a lo lejos y alguien venía corriendo tras él, era una mujer muy guapa, sonriente y sin aliento. Al parecer, se le había escapado. No supe que cara poner.

– ¡Hola! Sentimos llegar tarde, había mucho tráfico – dijo, divertida – Dios, casi te he perdido, eres muy rápido y no me gusta nada – le dijo a Sam, doblándose un poco para recuperarse de la carrera -.

– Deberías hacer más ejercicio – le respondió él, sonriendo como si la conversación fuese solo de ambos y yo no estuviera – Perdona, esta es Elissa, mi mujer. Elissa, esta es Pam, una amiga de hace tiempo.

– Oh, Sam me ha hablado mucho de ti. «La chica del bus», te llama – nos tendimos la mano, yo aún estaba en shock -.

Nos fuimos a tomar café. Me enteré de toda su historia de amor, desde las rosas rojas en el despacho de Elissa hasta el primer beso en el porche. No podía creer lo que estaba pasando, casi ni hablé. Comentaban tantas cosas y parecían tan felices que no quería si quiera interrumpirlos. Lo cierto era que había estado echando de menos un rostro que a penas recordaba, las ilusiones de volver a verle se habían intensificando a raíz de algo que había sido una mentira, algo que yo había imaginado pero que él no, solo fuimos amigos. Solo había sido una amiga de hacía tiempo.

Tragué saliva mientras me terminaba el café. No podía estar allí. Tenía que irme, tenía que meter mi cabeza en un cubo lleno de hielo y no volverme a despertar hasta de aquí unos años. Me levanté de la silla con una sonrisa queda y me despedí. Sam me siguió con la mirada durante unos segundos hasta que salí de la cafetería, con los ojos humedecidos, intentando aguantar las lágrimas hasta llegar a casa. Tenía que coger un taxi ya. Esperé en la parada, cogiendo el bolso fuertemente por el asa mientras sentía un nudo en el estómago.

– ¡Eh, Pam! Espera… – volví a oír su voz, así que me giré tratando de que no viera mi disgusto – ¿Te has sentido incómoda? ¿Hemos dicho algo que te haya molestado? Porque creía que…

– No, por supuesto que no. Solo que se me ha hecho tarde y he de irme.

– Pensaba que volvería a verte pero no ocurrió, así que, seguí mi vida. De verdad, que no te olvidé.

– Amiga de hace tiempo, ¿verdad? Solo fui eso.

– No fuimos nada más, Pam. Lo quise.

– Tengo que… tengo que irme – las lágrimas ya empezaron a rozar mis mejillas justo cuando el taxi paró a mi lado, así que, me subí de inmediato, cerrando la puerta justo delante de Sam -.

No volví a mirarle. Apagué el teléfono y ahogué mis penas en helado de chocolate durante tres días, los tres días más deprimentes de mí vida, los siguientes solo traté de pretender que no me habían roto el corazón en mil pedazos.


Puedes apoyar el blog a través de Patreon, escribo relatos más elaborados y personales.

www.patreon.com/trackontime


An Eternal Waiting:

We had finally planned to meet, after so long. I was shaking, standing there, at the bus stop where we met. I remember it very well. We started by asking the time, then dropped a stupid joke about something going on around, and then talked as if we had known each other all our lives. It was a crush, at least, for me. I never knew if I was for him. He never told me. And I never talked about it. Now I looked at the phone every three minutes, while moving my left leg. Patience was never my thing, really.

I began to wonder how he would be like. Would he have changed? Would he still look as nice as he did so many years ago? Would he remember what we were talking about? Would he be a more handsome and strong guy now than before? I hoped so. Five minutes passed from ten o’clock. Why did it take so long? My mouth started to dry out, so I drank a couple of sips of water from the bottle I had in my bag. Did I dress elegant enough? Would he like what I was wearing? It wasn’t me to hesitate so much, why was I feeling so insecure about this? The only thing I expected was that he didn’t have a woman. Oh, God. I hadn’t asked him. What if he had a wife?

Ten minutes passed from ten o’clock. He wasn’t coming. Surely it would not come. Better, maybe I was having absurd illusions. I hadn’t seen him for years and well, I couldn’t think this would be as important to him as it was to me that I had canceled a work meal for that. Anyway, yes. It was the best. I turned around and started walking down the main street, somewhat disappointed, a little distressed and somewhat sad. I couldn’t help it. I had not been able to forget him although it was only a passing friendship and that, apparently, had not been as important as it seemed. People passed by me talking, smiling, others talking on the phone and several arguing near a restaurant, they all had their world, their moment. And I had mine, life was not stopped by a sit-in, right? I had to go home, so I ordered a taxi.

I heard a voice. Someone who called me in the distance. I turned hopeful but didn’t see anyone, so I looked down and opened the taxi door. But I noticed someone grabbing my arm. It was him. It was Sam. I looked at him with a strangeness that I was unable to disguise. He was in a wheelchair, so I had not seen him in the distance and someone was running after him, she was a very beautiful woman, smiling and breathless. Apparently, he escaped from her. I didn’t know what face to put on.

– Hello! We felt we were late, there was a lot of traffic – she said, funny – God, I almost lost you, you are very fast and I don’t like it at all – she told Sam, bending a little to recover from the race -.

– You should exercise more – he replied, smiling as if the conversation was just about both of them and I wasn’t there – Sorry, this is Elissa, my wife. Elissa, this is Pam, a longtime friend.

– Oh, Sam has told me a lot about you. «The girl on the bus», he calls you – we shaked our hands, I was still in shock -.

We went for coffee. I found out about their entire love story, from the red roses in Elissa’s office to the first kiss on the porch. I couldn’t believe what was going on, I almost didn’t even speak. They were talking about so many things and seemed so happy that I didn’t even want to interrupt them. The truth was that I have been missing a face that I barely remembered, the illusions of seeing him again had intensified as a result of something that had been a lie, something that I had imagined but that he had not, we were just friends. He had only been a long-time friend.

I swallowed as I finished my coffee. I couldn’t be there. I had to leave, I had to stick my head in a bucket full of ice and not wake up again until a few years from now. I got up from the chair with a smile and said goodbye. Sam followed me with his gaze for a few seconds until I left the cafeteria, my eyes moistened, trying to hold back tears until I got home. I had to take a taxi now. I waited at the stop, grabbing the bag tightly by the handle while feeling a knot in my stomach.

– Hey, Pam! Wait… – I heard his voice again, so I turned around trying not to see my disgust – Have you ever felt uncomfortable? Have we said anything that bothered you? Because I believed that…

– No, of course not. Only it has become too late and I have to leave.

– I thought I would see you again but it didn’t happen, so I went on with my life. Really, I didn’t forget you.

– Long-time friend, right? I was just that.

– We were nothing else, Pam. I loved it to.

– I have to… I have to leave – tears already started rubbing against my cheeks just as the taxi stopped next to me, so I got on immediately, closing the door right in front of Sam -.

I didn’t look at him again. I turned off the phone and drowned my sorrows in chocolate ice cream for three days, the most depressing three days of my life, the next few days I just tried to pretend that my heart hadn’t been broken into a thousand pieces.


You can support the blog through Patreon, I write short stories more elaborated and personal.

www.patreon.com/trackontime


Publicado en Personajes

Adel: La del Salto del Ángel

Relato procedente: «Imprevisto«. Edad: 38 años.

Ciudad: Nueva York. Profesión: Abogada.

Descripción física:

Mi cabello es de un tono rojizo, bastante intenso gracias al tinte, ya lo tengo demasiado canoso para tolerar el mirarlo así al espejo. Mis ojos son verdosos, con una mirada sencilla, no muy maquillados, lo suficiente para enmascarar mis ojeras. La zona de la nariz y los pómulos está repleta de pequeñas pecas claras, mi piel es blanca, siempre esperando viajar a algún lugar donde haga mucho sol para conseguir un tono un tanto más oscuro. Estoy bastante delgada debido al estrés, no consigo subir de peso ni aunque me coma mi peso en alitas de pollo, lo veo imposible pero sobrevivo. Suelo vestir bastante elegante, por lo general, siempre estoy en el trabajo, el traje suele ser lo que más utilizo pero también camisetas algo más ceñidas de colores suaves con botones, algunas veces utilizo vaqueros, pero solo cuando no tengo citas ni reuniones, lo cual, es algo complicado.

Descripción de la personalidad:

Hay gente que me describe como decidida, correcta y leal, otras me encasillan más en el rango profesional de despiadada. No sabría cuál de las dos elegir pero me alegra de que, al menos, dé a la gente algo de lo que hablar. Me empeño en las tareas que debo hacer, soy estricta con mis empleados porque busco que el cliente esté satisfecho y para ello, necesitamos perfección y un poco de suerte, si es que, existe. En el trabajo sé que he de hacer en todo momento y cómo estar en cada situación, me gusta dar buena impresión y mostrar que estoy calmada y segura en el caso que nos ocupa, pero no suelo tener la misma suerte en casa, allí no sé ser como soy yo, no sé ni siquiera cómo ser en familia, cómo no ser estricta o perfeccionista, siempre estoy trabajando y puede que mi marido me haya descrito algunas veces como «madre ausente» y alguien «sin mucha responsabilidad», adicta al trabajo, prefiero estar en otra parte porque no sé cómo estar en familia o, a veces, parece que no sepa quién soy cuando estoy con ellos.

Una infancia estricta:

Siempre me consideré una niña fuerte, con carácter y mis padres supieron cómo aprovechar eso. Todas las tareas se debían hacer en su debido tiempo, se debía marcar cuánto tardaba en hacer cada tarea y no solía jugar con muchos niños, me encerraba en mi cuarto y me ponía a hacer deberes, mi madre me preguntaría la lección tras terminarlos, como cada día. Hasta que no decía las palabras exactas, no me dejaba despegar los ojos del libro, tenía que estudiar sin parar hasta que demostrara que sabía qué me preguntaba. Puede que haya gente a la que le parezca exagerado pero me enseñó a estudiar y a cómo encarar cada tema para darle el máximo provecho, algo que me ayudó mucho al estudiar Derecho, la carrera que pertenecía a nuestra familia desde hacía generaciones, no había habido ninguno de nosotros que hubiera querido o le hubieran permitido hacer otra cosa.

Me prepararon desde pequeña a estudiar, a aplicarme, a encontrar los pequeños detalles y a ser disciplinada, implacable con los debates en el colegio, en estos era en los que más destacaba y sabía cómo utilizar las palabras para que quedaran mejor en los exámenes y en los trabajos. Quizá mi día a día pudiera ser un tanto agotador mentalmente hablando, pero mis padres siempre dieron por sentado que iba a ser una gran abogada, ni siquiera pensé en hacer otra cosa, cuando fui a la Universidad, les pedí apuntarme a Derecho, sin mirar otros grados o pensar si me iba a poder gustar o atraer otra cosa. Era como un robot con patas, lo reconozco.

Una adolescencia intensa:

Sí que es verdad que, en esa etapa adolescente por la que todos pasamos sin excepción, fue en la que peor me sentí anímicamente hablando. Me sentía frustrada y algo desanimada, veía que las otras chicas salían con sus amigas a tomar helado, al cine, al parque a mirar a chicos mayores y guapos, cuchicheaban y bromeaban, se lo pasaban bien, en general. Pero yo, debía seguir mi camino, el mismo que había seguido desde que tenía uso de razón. Entrar en la mejor Universidad y entrar en Derecho con la mejor nota. No recordaba la última vez que lo pasé bien o que tuve un rato libre, estaba claro que había nacido para ser abogada y toda la familia me apoyaba, estaban conmigo en todo y tenían expectativas muy altas sobre mí, mis primos, mis tíos y los abuelos se interesaban mucho por mis notas, se mantenían informados siempre que podían y ya bromeábamos con jerga de abogados. Pero yo solo tenía dieciséis años y parecía que tuviera treinta, mi vida estaba planificada hasta el mínimo detalle, parecía de locos.

Solía llevar las notas a casa, todo dieces. Pero ya no entusiasmaba, solo eran notas. Me había esforzado, por supuesto, era todo un honor y un mérito enorme, eso quería decir que el Bachillerato y la Universidad serían pan comido si mantenía mis notas. Todos estaban contentos y lo celebraban, mientras yo miraba a las chicas del instituto sentadas en un banco riéndose leyendo una revista de cotilleos. Recuerdo que me gustaron varios chicos durante ese periodo y tan solo pude evitarlos aunque hubiese querido intercambiar ideas con ellos, eran inteligentes y bastante interesantes pero mi madre repartía mis horarios con una perfección tan desmesurada que no podía retrasarme. Creo que fue el periodo de mi vida dónde más presión sentí y donde tuve que decir adiós a divertirme o a hacer amigas, sabía que ya no iba a tener esa oportunidad, ni en ese momento, ni más tarde. Lo confirmé cuando empecé con el bufete.

El bufete y mis esclavos:

Bordé mis notas, bordé mis finales y la tesis. Todo dieces desde primaria, era esperable. Desde Bachillerato había empezado a maquillarme para esconder las ojeras y, en la Universidad, aprendí a hacer que mi vestuario llamara más la atención que mi cara seria y sin entusiasmo que me caracterizaba. Estaba cansada antes de empezar con una nueva empresa, la empresa de mi padre. Otra sucursal con el mismo nombre, quería que fuese una de las mejores de Nueva York, iba a dirigirla, mi padre tenía a los clientes y solo debía hacerlo bien, como me habían instruido. Ya habían cogido a los empleados que estarían bajo mis órdenes, la recepcionista era un tanto despistada pero eficiente. Mi ayudante personal era joven, era muy activo, con tanto café encima como fuera posible o, al menos, ese era su lema. Tenía a cuatro abogados más a mi servicio, a la espera de conseguir un par más para que el bufete fuera un tanto más completo y nos pudiéramos repartir el trabajo.

Debía ser competente, no podía decepcionar a mi padre y creo que ha sido así desde entonces. Desde pequeña con ese piloto automático activado y bueno, salida de la Universidad con trabajo asegurado, una empresa que llevar y con dinero que manejar… eran muchas responsabilidades. En cierto momento, creí que podría con más, empecé una relación, nos casamos y tuvimos dos niños preciosos. Nunca dejé de ir a trabajar, ni siquiera embarazada, fue una gran carrera que no podía dejar pasar, incluso, en el hospital atendía el teléfono a la vez que daba de mamar a mis hijos, las dos veces, sí. Creí que dejaría de estar tanto en el trabajo, que podría delegar un poco más en mis compañeros y que podría disfrutar un poco más de mis hijos, en casa, pero no fue así para nada, todo lo contrario, donde más rendía era en el trabajo y como madre era un desastre absoluto.

Problemas en el matrimonio:

En cuanto me quise dar cuenta, el bufete ganaba prestigio y los clientes salían de allí tan contentos que lo recomendaban a sus amigos, familiares o a cualquiera que les comentaba que tenían un problema legal. Llegué a no tener horarios en el trabajo, podía terminar a las dos de la mañana cuando tenía un caso importante o debía prepararme para un juicio, para mí lo era todo y mi padre siempre llamaba para saber cómo iba, quería estar al tanto como jefe de la compañía. Estaba bajo mucha presión y sabía cómo actuar cuando las cosas se descontrolaban o había periodos de más estrés, era cuestión de tiempo que hubieran bajones y pudiéramos descansar un poco más.

Llegó un punto en el que hacía promesas que no podía cumplir, pasaba días sin ver a los niños y Steve y yo hacía tiempo que no teníamos una cena tranquila juntos en algún restaurante romántico, se me olvidaba que tenía una vida después del trabajo. Acababa tan agotada que solo tenía ganas de dormir. Él se estaba hartando. Y poco a poco, todo fue a peor. Por mí, supongo. Dejé de saber cómo actuar en casa, solo delegaba en el trabajo y ya no sabía muy bien cómo compartir mi tiempo con ellos, los vínculos que creamos en un principio, se fueron desatando, sin importar muy bien por qué. Le colgaba a menudo, como si hubiera perdido el interés y él casi nunca me cogía las llamadas. Nos volvimos como dos extraños que solo hablábamos para comentar cosas de nuestros hijos. Lo dejamos verbalmente hablando. Aunque jamás firmamos los papeles del divorcio, seguiríamos viviendo juntos por nuestros hijos, quizá cuando fueran más mayores y comenzaran a entender qué ocurría, cada uno podría irse por su lado. Cuántos más casos ganaba y mejor iba en el trabajo, más decepcionaba a mi familia, era agotador, pero me seguía decantando por el bufete, a veces, no entendía por qué. Lo que sí sabía era que nadie debía enterarse, siempre lo guardé en secreto.

Aquel día horrible:

Supongo que nada hubiera pasado si no me hubiera dejado las llaves en la oficina y si no me hubiera empeñado en quedarme una hora más. Tenía una cena con Steve y los niños que no quería perderme pero no podría abrir la puerta y entrar si no tenía las llaves, quería dejar de ser un desastre y recuperarlos. Subí a la oficina y busqué las llaves por todas partes, las encontré cerca de mi escritorio donde la recepcionista que mi padre contrató yacía muerta. Me asusté. Antes de darme la vuelta oí que había alguien más en la habitación que me obligaba a acercarme a la ventana, a abrirla y a subirme al borde sin girarme. Solo podía diferenciar su voz, pude saber que era serena, determinante, segura y no muy gruesa, me daba la sensación de que, aunque aquello hubiera sido un imprevisto para él porque no esperaba a nadie, sabía cómo llevar la situación y cómo quitarse de encima los problemas.

Y yo era uno. Oí cómo cargó la pistola, oí ese «click» detrás de mí. Estaba temblando por dentro, aunque queriendo mantener la compostura. Con los pies en el borde de la ventana, le pregunté por qué hacía aquello pero no obtuve la respuesta que estaba buscando. De alguna forma, esperé lo que me pidió poco tiempo después: que me tirara al vacío. Sin más preguntas. No sabía cómo entretenerle o hacerle cambiar de opinión, algo en mi interior me dijo que no podría, solo pensaba en que otra vez había fallado en mi promesa de cenar con ellos, Steve estaría furioso, pero suponía que esta sería una buena excusa, ¿verdad? Me giré para mirarle a los ojos mientras lo hacía. Recibí un tiro en el centro de la frente, sin más. Él no mostro ni una sola emoción mientras lo hacía, aunque solo le hubiese mirado por un instante.

Un futuro de promesas rotas:

Supongo que sí. Me fui siendo una mentirosa y rompiendo promesas. Y sí, era una adicta al trabajo, pero así era como me habían criado. Era infalible, ambiciosa, no quería fallar en ningún caso, para mí siempre había una salida para ganarlo, siempre. Y me conformé con verles acostados nada más llegar, en darles un beso en la frente y acostarme al lado de Steve en la cama mientras él dormía, sabiendo que estaría enfadado y al día siguiente empezaría una discusión desagradable por haber estado ausente un día más.

Ahora se debía de encargar de ellos solo. Aunque lo había hecho todo este tiempo. Lo único de lo que me arrepiento es de haberme ido estando enfadados, que esa mañana hubiera entre nosotros una muralla enorme y fuerte llamada ultimátum. Supongo que la oportunidad de hacerlo bien se había disipado ante mis ojos, aún queriendo hacerlo bien esa noche. No sabía si me harían una buena despedida, si llorarían en el entierro o si se sentirían aliviados de no tener que esperarme más. Es triste. Pero hacia donde voy ya no hay más compromisos ni preguntas que responder.


Puedes apoyar el blog a través de Patreon, escribo relatos cortos más elaborados y personales:

www.patreon.com/trackontime


Publicado en Recomendaciones

Comentando «Committed» – Elizabeth Gilbert

Al final de su anterior título, Come, reza, ama, Elisabeth se enamora de un brasileño, Felipe, un hombre de nacionalidad australiana que vivía en Indonesia cuando se conocieron. Ahora ambos se asentarán en EE.UU como pareja, prometiéndose el uno al otro fidelidad eterna, pero bajo una condición: no contraer matrimonio.

En cuanto supe que el libro «Come, Reza, Ama» tenía una continuación, fui corriendo a buscarlo, nadie me había comentado nada de esto, ni siquiera lo había leído en ningún sitio, me apareció en Amazon y no pude sino darle a comprar y añadirlo al carrito, en inglés, al igual que el primero. Tenía ansias por saber qué nueva aventura nos traía Elizabeth Gilbert con este nuevo libro que le costó dos años de escribir y que implicó a tantas personas para su pequeña investigación. Al igual que el primero, muestra mucho y muy bien la esencia de Liz, su carácter, su soltura y naturalidad, sus dudas e inquietudes y te permite ver un pedacito de su pasado un poco más de cerca. Con este libro demuestra que es una mujer ávida de información y curiosidad por aquello otros ven como algo normal, nos deja ver a esa mujer fuerte y consciente de la decisión que va a tomar dentro de muy poco y que nos explica muy bien en el libro.

¿Y cuál es esa decisión? Como bien sabemos del primer libro, Liz termina manteniendo una relación sentimental con Felipe al final de la historia y nos deja imaginarlo como nosotros queramos, conformándonos con ello porque no nos lo muestran con palabras o en pantalla, pero en este segundo libro sí lo hacen. Muestra muchas de las conversaciones que tiene con Felipe, cómo es su relación viviendo juntos, por separado y qué vida tiene cada uno cuando el otro no está cerca, muestran que todo fue bien desde que se conocieron en Bali hasta que vivían de forma intermitente en Estados Unidos donde Felipe solo se ausentaba un par de semanas. Ambos hicieron la promesa de no volver a casarse, ambos salían de matrimonios tóxicos y divorcios dañinos y no querían entrar en esa dinámica de nuevo, manteniendo esa palabra lo más alejada de su sana y llevadera relación como fuera posible, ellos estaban bien así, disfrutaban y eran felices, no necesitaban más que lo que tenían.

Pero algo ocurre en medio de todo esto, algo imprevisto, algo que nadie podría haber sospechado y Felipe acaba siendo ex patriado de Estados Unidos, ni siquiera Liz podía hacer nada por él, solo esperar a que las aguas se calmaran. Pero, ¿acaso podían calmarse? Felipe no podía volver a Estados Unidos y la única forma de vivir nuevamente ahí con ella, era que se casaran, algo que ambos habían renunciado por completo. Esto dejó en la mente de Liz una vorágine de dudas que no podría contestar enseguida, de miedos, y una sensación de injusticia por parte del universo. Esta vez, no solo debía enfrentarse a vivir con Felipe fuera durante un tiempo, era lo único de lo que estaba segura por el momento, sino que también, debía hacer frente a todos los miedos que le provocaba tanto la palabra «matrimonio» como lo que podría significar en su totalidad entre una pareja. Todo este segundo libro va de esto, de la institución del matrimonio y de cómo afecta este en sí mismo a la pareja.

Durante ese periodo, ella pregunta a mujeres y esposas, incluso, a viudas que han llevado mucho tiempo casadas con sus maridos o, al menos, que lo estuvieron en el pueblo de Luang Prabang donde vivieron durante un tiempo esperando. Por supuesto, todos habían tenido una experiencia y había mujeres que ni siquiera le daban importancia a esto, otras decían que su marido era todo para ellas y un pilar importante en sus vidas, muchas otras, reían a carcajadas tras oír sus absurdas preguntas. También quiso saber más sobre el matrimonio de su madre con su padre y conocer los sacrificios que tuvo que hacer para seguir casada y mantener a sus hijas; habló con su hermana sobre ello para entender un poco más cómo era posible que su matrimonio durara tanto tiempo, qué era lo que hacía diferente que lo seguía haciendo interesante y duradero. Ese periodo lo dedicó totalmente a leer libros sobre matrimonios, era casi como una obsesión para ella, de hecho, llegó a idolatrar a muchas de ellas en el libro por sus palabras y cercanía.

Pero, pasado un tiempo, Felipe había dejado de ser el mismo. Nada le hacía feliz, ni siquiera las bromas que ella hacía para tratar de que sonriera o los viajes que planeaba por las afueras de Luang Prabang para hacer algo diferente mientras esperaban noticias del consulado de Estados Unidos. Le respondía de forma ruda, discutían a menudo y parecía tener el orgullo herido, quería darle mucho más a Liz de lo que le estaba dando, quería ser el hombre que le proporcionara todo lo que ella necesitaba y deseaba pero era incapaz, así que, Liz pensó en una solución sencilla y que sabía a Felipe le iba a encantar. Bali vuelve a traernos la melancolía, porque ambos se conocieron allí en el primer libro, nos acerca nuevamente a esa experiencia tan personal que Liz compartió con él allí cuando tenía miedo de enamorarse otra vez. Se dio cuenta de que ambos eran muy diferentes y de que tenían cosas que eran molestas el uno hacia el otro, que ni ellos mismos se las aguantaban pero que formaban parte de ellos y que el otro debía tolerarlas si querían mantenerse unidos. Creo que fue un detalle muy bonito, porque nos muestra esto que siempre se dice: también hay que tolerar cómo es el otro y lo que le gusta, dos personas no son iguales.

Empiezas a ver a través de las páginas lo que de verdad es una unión significativa entre dos personas y no suele ser lo que te venden en las películas como amor verdadero. Te muestra la importancia de una relación sólida, sana y comprometida, cómo seguir adelante a pesar de las dudas a través de su experiencia personal, incluso, llegando al final, te enseña un poco de lo que ocurrió en su boda. Siempre me ha gustado Elizabeth Gilbert, la dulzura con la que escribe y la importancia que le da a las cosas que realmente la tienen, ha mostrado todos sus cambios e inseguridades, las ha plasmado en papel hasta darse cuenta de que solo tenía que tirarse de cabeza y que encontraría la respuesta que buscaba a todo una vez se dejara llevar cogiéndose del brazo de Felipe y dirigiéndose hacia su nueva vida juntos. Sin más preguntas.

Ha sido un libro precioso que recomiendo al 100%. Me encantaría que hicieran una película para ver mejor en pantalla por todo lo que pasó y lo que pensó Liz de una forma un poco más real durante todo ese periodo de incertidumbre donde extrajo toda la información que pudo para entender qué era de verdad la institución del matrimonio. Pero, hasta el momento, me conformo con el libro 🙂


Puedes apoyar el blog a través de Patreon, escribo relatos cortos más elaborados y personales.

www.patreon.com/trackontime


Commenting «Committed» book Written by Elizabeth Gilbert:

At the end of her previous title, Eat, Pray, Love, Elisabeth falls in love with a Brazilian, Felipe, a man of Australian nationality who was living in Indonesia when they met. Now both will settle in the U.S. They were committed to each other eternal fidelity, but under one condition: not to marry.

As soon as I knew that the book «Come, Pray, Love» had a continuation, I ran to get it, no one had told me anything about this, I had not even read it anywhere, it appeared on Amazon and I could not help but buy and add it to the cart, in English, just like the first one. I was eager to know what new adventure Elizabeth Gilbert brought us with this new book that took her two years to write and that involved so many people for her little research. Like the first, it shows a lot and very well the essence of Liz, her character, her ease and naturalness, her doubts and concerns and allows you to see a little piece of her past a little closer. With this book she shows that she is a woman eager for information and curiosity about what others see as something normal, she lets us see that strong woman and aware of the decision she is going to make very soon and that she explains us very well in the book.

And what is that decision? As we know from the first book, Liz ends up having a sentimental relationship with Felipe at the end of the story and lets us imagine it as we want, settling for it because they do not show it to us with words or on the screen, but in this second book they do. It shows many of the conversations she has with Felipe, what their relationship is like living together, separately and what life each has when the other is not around, they show that everything went well from when they met in Bali until they lived intermittently in the United States where Felipe was only absent for a couple of weeks. Both made a promise not to remarry, both came out of toxic marriages and harmful divorces and did not want to enter that dynamic again, keeping that word as far away from their healthy and bearable relationship as possible, they were fine like that, they enjoyed and were happy, they did not need more than what they had.

But something happens in the middle of all this, something unforeseen, something that nobody could have suspected and Felipe ends up being a former homeland of the United States, not even Liz could do anything for him, just wait for the waters to calm down. But could they calm down? Felipe could not return to the United States and the only way to live there again with her was for them to marry, something they had both completely renounced. This left in Liz’s mind a maelstrom of doubts that she could not answer right away, of fears, and a sense of injustice on the part of the universe. This time, not only did she have to face living with Felipe outside for a while, it was the only thing she was sure of for the time being, but she also had to face all the fears caused by both the word «marriage» and what it could mean in its entirety between a couple. This whole second book is about this, about the institution of marriage and how it affects the couple itself.

During that period, she asks women and wives, including widows who have long been married to their husbands or, at least, who were married in the village of Luang Prabang where they lived for a while waiting. Of course, everyone had had an experience and there were women who did not even give importance to this, others said that their husband was everything to them and an important pillar in their lives, many others, laughed out loud after hearing their absurd questions. She also wanted to know more about her mother’s marriage to her father and to know the sacrifices she had to make to stay married and support her daughters; she talked to her sister about it to understand a little more how it was possible for their marriage to last so long, what made it different that kept making it interesting and lasting. That period was totally dedicated to reading books about marriages, it was almost like an obsession for her, in fact, she came to idolize many of them in the book for their words and closeness.

But, after a while, Felipe had ceased to be the same. Nothing made him happy, not even the jokes she made to try to make him smile or the trips she planned on the outskirts of Luang Prabang to do something different while waiting for news from the U.S. consulate. He would respond rudely, they would argue often and he seemed to have wounded pride, he wanted to give Liz a lot more than he was giving her, he wanted to be the man who provided everything she needed and wanted but was incapable, so Liz thought of a simple solution and that she knew Felipe was going to love it. Bali brings us melancholy again, because they both met there in the first book, brings us back to that very personal experience that Liz shared with him there when she was afraid of falling in love again. She realized that they were both very different and that they had things that were annoying towards each other, that they did not put up with them but that they were part of them and that the other had to tolerate them if they wanted to stay together. I think it was a very nice detail, because it shows us this thing that is always said: you also have to tolerate how the other is and what he/she likes, two people are not the same.

You start to see through the pages what is really a meaningful union between two people and is not usually what they sell you in the movies as true love. It shows you the importance of a solid, healthy and committed relationship, how to move forward despite doubts through her personal experience, even reaching the end, teaches you a little of what happened at her wedding. I have always liked Elizabeth Gilbert, the sweetness with which she writes and the importance she gives to the things that really are important, she has shown all her changes and insecurities, she has captured them on paper until she realized that she only had to throw herself headlong and that she would find the answer she was looking for to everything once she let herself be carried away by holding Felipe’s arm and heading towards their new life together. No further questions.

It has been a beautiful book that I recommend 100%. I would love for them to make a movie to see better on screen for everything that happened and what Liz thought in a slightly more real way during that whole period of uncertainty where she extracted all the information she could to understand what the institution of marriage really was. But, so far, I settle for the book 🙂


You can support the blog through Patreon, I write short stories more elaborated and personal.

www.patreon.com/trackontime


Publicado en Reflexiones

Un Respiro:

Sentarte en el sofá y tomarte un café que calienta tus manos, es realmente reconfortante, lo llevas sabiendo desde hace más de un año. Miras alrededor y sabes, una vez más, que todo lo que tienes no es gracias a ti, sino de alguien más que se ocupa de ello pero no puedes si no esperar a una respuesta. Piensas en darte tiempo, en pasar esos momentos a solas, en saber a dónde te diriges o en desconectar después de tanto tiempo con una mente tan activa, pero no dejas de darle vueltas.

Hay días y días, momentos en los que puedes sentirte bien y simplemente, te sientes bien, pero en otros, no haces más que preguntarte y reflexionar por qué no puedes tener la misma suerte que tu vecina, es muy tonta y, aún así, tiene una carrera, un marido amable y cariñoso, dos hijos guapísimos y está fija en un trabajo de ensueño, te preguntas: ¿qué has podido hacer mal? Has sido la hija modelo, la hermana perfecta, la buena y tierna novia de todos tus novios, la idiota que se ha tragado las excusas de tus antiguos compañeros de trabajo, la que siempre tiende la mano y es complaciente con sus amigos y la que sirve como el hombro en el que llorar de cualquiera que haya tenido un mal día pero, ¿qué ganas tú?

Le das un par de sorbos al café, está amargo, justo como a ti te gusta, oyendo el silencio a tu alrededor. Siempre te ha gustado, te ha hecho agazaparte en el sofá, con una manta y un libro entre tus manos, tratando de averiguar el siguiente misterio del mismísimo Sherlock Holmes, una de tus sagas favoritas, siempre preguntándote por qué decidiste no dedicarte a algo que tuviera que ver con el tema criminal pero, ¿acaso serías buena o solo es otro hobbie absurdo que te hace soñar demasiado? Ni siquiera te das tiempo para salir a tomarte unas copas o para conocer a algún chico guapo, o quizá es que quieres fastidiar a tus padres la idea de casarte y tener hijos porque tu hermana ya lo ha hecho.

Suena el teléfono, piensas si cogerlo o no. Quizá es el médico recordándote la cita de la próxima semana, o puede que sea tu amiga, la que le ha dejado el novio por otra más alta, pechugona y borde, desconsolada porque se siente sola, o quizá sea tu madre para recordarte la fiesta del fin de semana, necesita que vayas para presentarte a tu cita a ciegas, te muerdes el labio, solo de pensarlo te entran arcadas, ella siempre ha tenido muy mal gusto eligiéndote novios. Decides dejar que suene el contestador, no quieres soltar el café, está muy caliente y notas cómo te va despejando, además, no estás de humor para una conversación. El pitido suena y ahí entra su voz, desgarrada, arrastrando palabras al hablar, casi inentendibles, pidiéndote por favor que cojas el teléfono, está desesperada porque su ex novio ya se ha olvidado de ella. Otra chorrada de conversación que puede, no quieras oír. Y no, no quieres.

Estás tentada de coger el teléfono, notas esa inconfundible y audible voz que te grita en tu interior para ayudar a alguien que te necesita, que te ha llamado porque busca tu consuelo, ese que, por descontado y sin ninguna duda, quieres darle, con todas tus fuerzas. Es una amiga de la infancia, con la que has tenido buena relación aunque solo quiera ir a comer a restaurantes caros y quiera que le regales ropa de última moda para estar en su lista de cumpleaños cada año, es insoportable pero la quieres. El problema es que estás a gusto, en tu silencio, con tu café, en el sofá, aún sintiéndote culpable por no hacer nada más que eso, pero a la vez, agradeciendo el tener un respiro después de tanto tiempo, un respiro bien merecido y que puede que no muchos entiendan. ¿Quieres complacer a tu amiga? ¿Escuchar sus lloriqueos y problemas sin importancia durante horas? ¿Perder el tiempo que ahora tienes para ti misma, en este preciso instante? ¿Quieres dejar de disfrutarlo? No, por descontado que no. Así que, por primera vez, la dejas hablar a través del contestador y no respondes, no estás allí para ella cuando quiere y le interesa, dejas que se desahogue y piensas en llamarla en otro momento porque no pasa nada, ¿verdad? No tienes dudas…

Y no, no las tienes porque sabes que has tomado la decisión correcta. Por primera vez, te has dado el respiro que necesitas y mereces.


Puedes apoyar el blog a través de Patreon, escribo relatos cortos más elaborados y personales.

www.patreon.com/trackontime


A Break:

Sitting on the couch and having a coffee that warms your hands, is really comforting, you’ve known for more than a year. You look around and you know, once again, that everything you have is not thanks to you, but from someone else who takes care of it but you can’t wait for an answer. You think about giving yourself time, spending those moments alone, knowing where you are going or disconnecting after so long with such an active mind, but you do not stop thinking about it.

There are days and days, moments when you can feel good and simply, you feel good, but in others, you do nothing but wonder and reflect on why you can not have the same luck as your neighbor, she is very silly and, even so, she has a career, a kind and affectionate husband, two beautiful children and is fixed in a dream job, you wonder: what could you have done wrong? You’ve been the model daughter, the perfect sister, the good and tender girlfriend of all your boyfriends, the idiot who has swallowed the excuses of your former co-workers, the one who always reaches out and is pleasant to her friends and the one who serves as the shoulder on which to cry of anyone who has had a bad day but, what do you gain?

You take a couple of sips of the coffee, it’s bitter, just like you like it, hearing the silence around you. You have always liked it, it has made you crouch on the sofa, with a blanket and a book in your hands, trying to find out the next mystery of Sherlock Holmes himself, one of your favorite sagas, always wondering why you decided not to dedicate yourself to something that had to do with the criminal issue but, would you be good or is it just another absurd hobby that makes you dream too much? You don’t even have time to go out for a few drinks or to meet some handsome guy, or maybe you want to annoy your parents with the idea of getting married and having children because your sister has already done it.

The phone rings, you think about whether to pick it up or not. Maybe it’s the doctor reminding you of next week’s appointment, or maybe it’s your friend, the one who has left the boyfriend for another taller, breast and edge, heartbroken because she feels alone, or maybe it’s your mother to remind you of the weekend party, she needs you to go to your blind date, you bite your lip, just thinking about it you get gags, she has always had very bad taste choosing you boyfriends. You decide to let the answering machine sound, you do not want to let go of the coffee, it is very hot and you notice how it is clearing you, in addition, you are not in the mood for a conversation. The beep sounds and there comes her voice, torn, slurred words when speaking, almost incomprehensible, asking you to please pick up the phone, she is desperate because her ex-boyfriend has already forgotten about her. Another bunch of conversation that maybe you don’t want to hear. And no, you don’t want to.

You are tempted to pick up the phone, you notice that unmistakable and audible voice that screams inside you to help someone who needs you, who has called you because he seeks your comfort, that which, of course and without any doubt, you want to give it, with all your strength. She is a childhood friend, with whom you have had a good relationship even if she just wants to go to eat at expensive restaurants and wants you to give her the latest fashionable clothes to be on her birthday list every year, it’s unbearable but you love her. The problem is that you are at ease, in your silence, with your coffee, on the sofa, still feeling guilty for doing nothing more than that, but at the same time, thanking for having a break after so long, a well-deserved break and that not many may understand. Do you want to please your friend? Listening to their whining and unimportant problems for hours? Wasting the time you now have for yourself, right now? Do you want to stop enjoying it? No, of course not. So, for the first time, you let her speak through the answering machine and you don’t answer, you’re not there for her when she wants and she’s interested, you let her vent and you think about calling her at another time because nothing happens, right? You have no doubts…

And no, you don’t have them because you know you’ve made the right decision. For the first time, you’ve given yourself the break you need and deserve.


You can support the blog through Patreon, I write short stories more elaborated and personal.

www.patreon.com/trackontime