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Sombra Oscura:

Sombra Oscura

Caminaba sin rumbo, conmigo mismo, sin más conversación que la que tenía con mi mente llegando a ser algo perturbada y pesada con qué era lo que debía hacer con mi vida, lo que no era correcto y seguía diciéndome que no valía nada. Hacía tiempo que me parecía tremendamente difícil sonreír, no tenía motivo alguno, era como llevar una pesada carga encima de mis hombros que no puede ser apartada de mí ni aunque quiera, tampoco me ha extrañado demasiado…

Empecé a sentir una extraña sensación, algo que me hizo girarme varias veces para comprobar si había alguien siguiéndome. Nada alrededor, tan solo yo con mis pensamientos, como si nada pudiera ocurrir. No sabía muy bien por qué sentía toda esa negatividad dentro de mí y me hacía acercarme a las vías del tren con tanta facilidad, ni siquiera había planeado ir allí, era como si me empujara a ellas, a preguntarme si valía la pena dar un paso al frente o ser un cobarde y permanecer en esa idea de desaparecer del mapa sin tener mucho que decir o perder.

Cada vez se acercaba un poco más a mí sin permiso, sin un saludo, sin una súplica o un deseo de poder hacerlo. La intenté ver por el rabillo del ojo tratando de encontrar la forma de conocer a ese alguien que se escondía en mi espalda, que se iba haciendo cada vez más grande y poderoso conforme seguía caminando por el difícil sendero de la vida. Parecía decidido a no dejarme ir. Iba vestido de negro, con capucha y sin mostrar su cara, al fin se dejaba ver pero no podía identificarle, simplemente, me sonaba de algo. Oí susurros provenientes de boca, mientras me envolvía una tormenta de negatividad a mi alrededor, como una oscura sombra que fuera a comerme de un momento a otro sin más opción que cerrar los ojos y dejarme atrapar.

Estaba justo delante de las vías del tren, mirándolas fijamente sin saber muy bien cómo o por qué había llegado allí, qué era lo que me había llevado a tomar esa decisión. No sabía muy bien los horarios, así que, esperaría un poco. Miré al lado derecho y él permanecía a mi lado, tratando de conversar conmigo con una simple mirada, mientras mis susurros no me soltaban. Las dudas se cargaban en mi cerebro, mi pasado se cernía sobre mis hombros y no podía más que agachar la cabeza y aceptar mi destino, ese que ahora parecía claro y muy cercano, tanto que empecé a andar mientras creía haberme vuelto totalmente loco, mientras recordaba que no había querido aceptar ayuda de nadie para salir de esta tormenta incesante.

– Tan solo tienes que dar un paso más y podrás descansar – dijo, moviendo los labios. Fue extraño oír mi propia voz de aquella figura extraña que no dejaba de seguirme -.

– ¿Quién demonios eres tú?

En cuanto di el último paso para ponerme justo en el centro de las vías del tren esperando el momento de mi descanso, esa figura desconocida se quitó la capucha para mostrarme su verdadero rostro. Había sido yo todo el tiempo. Había sido yo quién había estado susurrando, quién había dicho aquellas horribles cosas, quién no se aceptaba a sí mismo y no dejaba de torturarse como si la vida de verdad tuviera que ser tan dura. Pude dudar, pude hacer algo para volver la vista atrás y saltar para salvar mi vida pero todo mi cuerpo se quedó paralizando, dejando entrever ese momento de oscuridad que mi propia sombra había creado, dejándome llevar por una muerte nada agradable pero definitiva, una muerte que yo mismo me había provocado con mi propia mente.

Nadie puede escapar de sus pensamientos. Nadie puede escapar de la oscurdad. Si todo es negativo, si tan solo crees que todo va a ir mal, entonces tú mismo te creas tu propio pozo de desesperación, de intensa depresión descontrolada, de lágrimas malgastadas y un montón de emociones que no van a ser propicias para tu vida. Esa sombra oscura puede volverse luz, puede ayudarte en vez de hacerte caer, todo depende de ti…