Publicado en Personajes

Maggie: Deseo de Ser Otra Mujer

Relato procedente:Una Pausa Cercana“. Edad: 38 años.

Ciudad: Brujas (Praga). Profesión: Fotógrafa.

Descripción física:

Cabello corto y negro hasta los hombros, liso, maleable, sin necesidad de florituras. Mis ojos son de un castaño oscuro, penetrantes, labios finos, piel algo seca y soy esbelta. Suelo vestir con vaqueros rotos y algún top ajustado o con tirantes, aunque cuando hace frío, prefiero llevar sudaderas o jerseis, combinado con unas Vans o Converse. Muchas veces, me ha gustado vestir algo más rockera, maquillarme con tonos más oscuros y utilizar carmín rojo sangre o quizá, negro, en mi tiempo libre lo disfruto, pero trato de dejar estos gustos fuera del trabajo, la buena impresión delante de los clientes es lo mejor para que sigan acercándose nuevos a través del boca a boca, nunca falla.

Descripción de la personalidad:

Muchos me consideran algo brusca, puede que borde al hablar, puede ser cierto, aunque a mí me salga del todo natural, es un método de auto defensa del que es bastante difícil el desacostumbrarse. No soy del todo sincera hasta llegado el momento en el que estoy entre la capa y espada y debo decir lo que creo aunque tarde años en hacerlo, me siento incómoda en lugares repletos de gente y no soporto los interrogatorios, son agobiantes. Soy algo callada y no soporto la condescendencia, me gusta ser libre de hacer lo que quiera cuando quiera y no ceñirme a horarios que otros marquen, por ello, trabajo autónomamente de fotógrafa, me ayuda a marcar mi propio ritmo sin necesidad de asesoramiento externo o un jefe.

Del orfanato a la calle:

Fui una de esas niñas a las que nunca adoptaron, era algo problemática y no solía ir limpia a las reuniones con los padres adoptivos para evitar formar parte de una familia que podría no aceptarme nunca, hacía novillos, me escondía en la sala de las calderas por las noches para leer libros no permitidos que robaba de la biblioteca y muchas más cosas que ahora no recuerdo pero hasta que salí de allí, fui bastante rebelde y desagradable. El único que me caía bien era mi psicólogo, era un tipo bastante enrollado pero nunca le di a entender que me gustaba, sonreí un par de veces en su consulta pero siempre trataba de ocultárselo, no quería que supiera que lo que me enseñaba era útil, no quería irme y seguir siendo una rebelde sin solución era lo único que podía hacer para quedarme y evitar hogares que desconocía.

A los 18 años salí, ya era prácticamente una adulta y debía empezar mi vida como tal, aunque nadie me hubiese enseñado a hacerlo. Empecé viviendo en albergues, fui conociendo gente bastante maja y agradable, Sam fue uno de ellos. Era guapo, interesante y muy servicial, siempre procuraba que todos las personas del albergue obtuvieran un techo, agua caliente, comida y noches agradables de lectura para que vida dejara de parecer tan dura, era mi preferido pero nunca lo dije en alto. Siempre pasaba por delante de él para que me sirviera la comida, nos quedábamos mirando un rato y me iba sin mediar palabra aunque él me saludase, callada y tímida hasta la tumba.

Mejoras óptimas:

Estuve en los albergues hasta los 21, cuando se ofrecieron varios pisos nuevos para gente que no tenía nada, querían que los ocupáramos y nos ofrecían varios trabajos, una labor muy solidaria de Sam, el que se encargó de hablar con el ayuntamiento y los constructores, no sabía quién era o para quién trabajaba, pero parecía ser alguien importante, con influencia. El piso que me ofrecieron fue genial, un cambio agradable, considerando que nunca había vivido sola, y el trabajo de dependienta en la tienda de fotografía del mismo barrio, era interesante y, a la vez, llevadero. No me gustaba hablar demasiado pero sí empecé a cogerle el gusto a eso de hacer fotografías.

El trabajo empezó a gustarme, así que, un día paseando por el parque, vi un anuncio en una farola, donde decía que daban clases de fotografía para futuros fotógrafos, no era demasiado caro pero, podía ahorrar si me apetecía entrar, era una buena iniciativa. Me dediqué a estudiar y a trabajar durante un tiempo y parecía que mi vida iba mejorando. No supe nada de Sam hasta unos meses más tarde, cuando vino a casa a comprobar si todo iba bien, él mismo lo hacía con todas las personas que habían formado parte del albergue, quería ayudarnos de verdad y cada dos o tres meses, hacía visitas a cada uno para saber cómo llevábamos los cambios y si había algún problema. Fue muy cariñoso, atento y hasta me pidió una cita, algo a lo que no pude negarme, cada vez que le miraba sentía mariposas revolotear por mi estómago y, aunque incómodo, me hacía sonreír.

El porvenir inesperado:

Me encantaba salir con Sam, nos atraíamos, hablábamos de todo y estábamos a gusto juntos. Estuvimos saliendo durante dos años sin interrupciones y empecé a ayudarle en los albergues, además de haber empezado mi propio negocio de fotografía desde casa, yo misma me había montado todo el equipo necesario de revelado, las cámaras y los objetivos perfectos dependiendo de en qué ambiente, zona y luminosidad estaba, los clientes empezaban a llamar solos y yo estaba muy feliz, pude dejar el trabajo de dependienta y dedicarme al cien por cien a la fotografía de forma autónoma, el curso que hice me sirvió muchísimo. Sam estaba encantado.

Todo iba sobre ruedas, pero no esperaba la pedida de mano, mucho menos cumplir una expectativa de mujer con hijos, a penas hacía dos años que había empezado a vivir y ya estaba ante un pedrusco enorme de no sé cuántos quilates que brillaba tanto como para cegarme. Recuerdo haberme quedado paralizada, con Sam arrodillado en el suelo y diciéndome todas aquellas cosas tan bonitas, no podía creer que fuéramos a llegar tan lejos y menos en aquel momento. Vi sus ojos, esperaba el “sí”, sonreía como un niño pequeño que quería su juguete y lo quería ya mismo. No estaba del todo segura, pero no quería decirle que “no” para no desilusionarle y perderle, así que, dije que “sí”, por supuesto, empezando a tomar las píldoras anticonceptivas porque sabía perfectamente qué vendría después de la boda.

Alivio instantáneo:

Tras dos años más de casados y tratando de quedarme embarazada desde hacía unos pocos meses sin éxito, como era obvio, sentí una punzada en el pecho, como si no pudiera respirar, como palabras agazapadas dentro de mí esperando ser escupidas. Mi médico me dijo que todo iba bien, aunque yo no lo estuviera, todavía sentía mi pecho cargado, pesado, sin saber muy bien por qué. Me di cuenta de que esa punzada la sentía cada vez que Sam sacaba el tema de nuestro futuro, nuestros hijos y qué casa nos compraríamos para pasar allí las vacaciones en familia, era como si hubiera algo que me moría por decirle pero que evitaba. Decidí hacerlo cuando noté que el dolor de mi pecho se volvía insoportable.

“No quiero seguir casada ni tener hijos”, esas fueron mis palabras exactas. Sam ni siquiera se movió, estuvo durante un rato sentado en el sofá mirando una vela aromática sobre la mesa del té sin tener ningún tipo de reacción fuera de lugar, aunque yo la esperaba. Lo único que obtuve de ello fue un rato de sexo apasionado y el despertar con el sol dándome en la cara, a la vez que le veía irse al trabajo sin más, como si la conversación de la noche anterior no hubiera existido, dejándome confusa entre mis pensamientos y dudosa de nuestra relación, a decir verdad, aún lo estoy.

Un futuro a la espera de una respuesta:

Sé que debo esperar una respuesta. Su respuesta. No sé cuánto tiempo tardará en dármela o si me la dará. Conozco a Sam, lo interioriza todo se sienta como se sienta, sin decir nada a nadie, no comparte demasiado sus sentimientos, mucho menos, cuando duelen. Tan solo queda esperar, sin desesperar, aunque nuestra relación puede que no sea la misma, o quizá sí, tampoco lo sé. Lo cierto es que me he sentido, de alguna forma, aliviada, sincera por una vez.

A la espera de una respuesta…

Autor:

Escritora. Estudiante de la vida y apasionada por la lectura y el aprendizaje. Siempre activa, esperando crear una nueva historia o personaje. La dominación de las palabras forma su existencia y la música un componente fundamental para una mente creativa.

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