Publicado en Reflexiones

Cuándo se Permite Mentir:

Como sociedad, tenemos la mentira muy mal vista, señalamos a aquellos que la dicen siendo nosotros los primeros en usarla y tendemos a no comprender que hay situaciones en las que es necesario mentir, todos mentimos, todos lo hemos hecho alguna vez, nadie se salva. Tenemos esa convicción de que siempre se debe decir la verdad, ser sinceros es la solución para la mayoría de nuestros problemas pero, ¿le dirías a alguien que no conoces dónde vives?, ¿le contarías a tu ex maltratador a qué país has huido?, ¿le dirías a tu mejor amiga que te has acostado con su novio una noche de borrachera? Ya os contesto yo: no. Muchas veces, mentimos para protegernos del exterior, lo cual, en cierta forma, veo bien mientras no sea para dañar a otros, mentir no tiene por qué ser incómodo o doloroso para nadie, te proteges, es todo.

Desde pequeños nos dicen: «no digas mentiras». Pero podríamos contestar: «¿cómo me mientes tú cada noche diciéndome que si no me duermo vendrá el hombre del saco?». Todo el mundo miente para según qué fines, pero si no dañas a nadie puede ser comprensible y muy útil. Imaginaos que tenéis un compañero de trabajo que sabéis claramente que es un sociópata, es un mentiroso patológico que busca sacar información de cualquiera para fomentar el odio y el drama en el ambiente de trabajo, os pregunta algunas cosas personales tratando de llegar a vosotros, de ser amable, encantador, atrayente… ¿le diríais una sola verdad? Porque, si decidís que sí, podéis tener un grave problema tanto en vuestra empresa como con vuestros compañeros sin quererlo. En estos casos, es donde la mentira cumple su función y no es ningún pecado como la iglesia quiere dejar ver, no tenemos por qué ser seres tan perfectos como nos quieren hacer creer desde edades tempranas, tan correctos; conforme caminamos por la vida, nos vamos dando cuenta de que hay situaciones que requieren templanza por nuestra parte, seriedad y unas pocas mentiras para no dejar que nadie cruce nuestras barreras. Permitidlo, no penséis que sois malas personas por ello.

Muchos hemos creído que por mentir somos unos monstruos o malas gente pero no se puede juzgar a alguien que miente por proteger a otro, o quizá la inocencia de un niño, puede que una mentira piadosa pueda hacer que otra persona se sienta mejor. Es algo que está con nosotros siempre, existe la opción de la verdad y la mentira dejándote elegir entre una de ellas en cada conversación que tenemos con otra persona o en determinadas situaciones. Los seres humanos somos imperfectos, sin ánimo de utilizar esto como excusa, no podemos esperar que nuestros actos y acciones sean siempre los correctos, las cosas pueden variar de un día para otro. Para no mentir, también se puede omitir información que no es igual que la mentira, es un pequeño truco que fui aprendiendo conforme fui saliendo a este mundo loco que es nuestro hogar y significa que no tienes por qué contar cosas tuyas que a nadie más le importan, quizá queráis echarle un ojo a este post: «La Importancia de la Privacidad«, si no hay que contarlo todo, no estamos obligados a ello y no queremos mentir a esa persona, ¿por qué no omitirlo? No nos quedemos solo con dos opciones, quedémonos con tres y así tenemos más margen de decisión.

Para mí, que me llamasen mentirosa era una ofensa, siempre trataba de ser perfecta, correcta y leal, esforzándome de más en situaciones que era imposible que lo fuese pero seguía en esta línea de acción, sin ser flexible, comprender que las personas mienten y juzgar a otros por hacerlo duramente. Siendo adulta, lo ves de otra forma. ¿Me llaman mentirosa? Lo reconozco, claro, es algo intrínseco en el ser humano, es un mecanismo de defensa que usamos en ciertos momentos, dejando de ser una ofensa, nadie se debería creer que todo el mundo dice la verdad y no se debería mentir, eso es una ingenuidad, en las redes sociales se miente tanto que, a veces, deberían salir banners de aviso. ¿Se debería decir la verdad? Por supuesto, pero no siempre, para todo debe existir un equilibrio, la mentira y la verdad funcionan igual que el sol y la luna o la luz y la sombra o la vida y la muerte, son opuestos, si existe una, también la otra.

Dado que, todo el mundo miente, no deberíamos creer todo lo que oímos. Si queremos obtener una verdad, solo tenemos que observarla, no hace falta escuchar, está en los movimientos del cuerpo y las manos, en los tics, en las posturas, en los ojos y las reacciones de otro. ¿Puede ser difícil captarlo? Al principio sí, pero como todo, se aprende practicando. Si resulta complejo al principio, el truco más básico es observar si lo que dice la otra persona y sus acciones concuerdan, si hay algún vacío o la información que nos ha dado tiende a provocarte preguntas en tu interior, si algo no cuadra o te está suponiendo cuestionarte a ti mismo, quizá hacer caso a tu instinto es lo que cuente, al fin y al cabo. Las personas que dicen la verdad hablan con total transparencia y claridad, sin vergüenzas, con naturalidad, sin nada que esconder y todo lo que están comentando, te está resultando coherente, esa es la mayor diferencia.


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When We Can Lie:

As a society, we have the lie very badly seen, we point to those who say it being us the first ones to use it and we tend not to understand that there are situations in which it is necessary to lie, we all lie, we have all done it ever, no one is saved. We have this conviction that the truth must always be told, to be honest is the solution to most of our problems, but would you tell someone you don’t know where you live?, would you tell your ex who abused you in the past which country you’ve ran away to?, would you tell your best friend that you slept with her boyfriend one night drunk? I’ll answer the question: no. Many times, we lie to protect ourselves from the outside, which, in a way, I see it well as long as it’s not to harm others, lying doesn’t have to be uncomfortable or painful for anyone, you protect yourself, that’s all.

When we’re little our parents tell us, «Don’t say lies.» But we could say, «The way you lie to me every night telling me that if I don’t fall asleep, the man in the sack will come for me?» Everyone lies for their purposes, but if you don’t harm anyone it can be understandable and very useful. Imagine that you have a co-worker who you know clearly that he is a sociopath, he is a pathological liar who seeks to draw information from anyone to encourage hatred and drama in the work environment, asks you some personal things trying to reach you, to be kind, charming, attractive… would you tell him a single truth? Because, if you decide yes, you can have a serious problem both in your company and with your colleagues without wanting it. In these cases, it is where the lie fulfills its function and it is no sin as the church wants to show, we do not have to be as perfect as the society want us to believe from an early age, so correct; as we walk through life, we realize that there are situations that require temperance from our part, seriousness and a few lies so as not to let anyone cross our barriers. Let it go, don’t think you’re a bad person for it.

Many of us have believed that by lying we are monsters or bad people but you cannot judge someone who lies by protecting another, or perhaps the innocence of a child, a pious lie may make someone else feel better. It is something that is always with us, there is the choice abour truth and lie, letting you choose between one of them in each conversation we have with another person or in certain situations. Human beings are imperfect, without the aim of using this as an excuse, we cannot expect that our actions and decisions will always be right, things can vary from day to day. To not lie, you can also omit information that is not the same as the lie, it is a small trick that I learned as I went out to this crazy world that is our home and it means that you do not have to tell things of yours that no one else cares about, maybe you want to take a look at this post: «The Importance of Privacy» , if everything need not be told, we are not obliged to do so and if we do not want to lie to that person, why not omit the information you don’t want to say? Let’s not just stick with two options, keep three and thus have more room for decision.

For me, being called a liar was an offense, I always tried to be perfect, correct and loyal, trying too hard in situations that it was impossible for me to be but I was still in this line of action, without being flexible, understanding that people lie and judging others and punishing them for doing it very hard. As an adult, you see it differently. You call me a liar? I recognize it, of course, it is something intrinsic in the human being, it is a defense mechanism that we use at certain times, no longer being an offense, no one should believe that everyone is telling the truth and should not be lied to, that is naivety, on social media there is so much lying that sometimes warning banners should come out. Should the truth be told? Of course, but not always, for everything there must be a balance, the lie and the truth work just like the sun and the moon or the light and the shadow or life and death, they are opposite, if there is one, also the other.

Since everyone lies, we shouldn’t believe everything we hear. If we want to obtain the truth, we just have to observe it, we do not need to listen, it is in the movements of the body and hands, in the tics, in the postures, in the eyes and reactions of another. Can it be hard to catch? At first you do, but like everything, you learn by practicing. If it’s complex at first, the most basic trick is to see if what the other person says and their actions match, if there’s any gaps or the information they’ve given us is something doesn’t add up or you’re assuming to question yourself, maybe heeding your instinct is what counts after all. People who tell the truth speak with total transparency and clarity, without shame, naturally, with nothing to hide and everything they are commenting on, it is coherent to your ears, that is the biggest difference.


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Publicado en Relatos

Un Lugar Seguro:

Un lugar cerca del centro, quizá bajo nubes grises y el aletear de los pájaros. Un lugar donde mantenerse en silencio, sin palabras necias, sin necesidades enfermizas o críticas obsesivas e invasivas. Ese lugar que te abraza entre sus brazos y te susurra confidencias que jamás imaginaste, donde reflexionas y creas tus propias convicciones, puedes mirar por la ventana y ver a otro aún más perdido que tú en las casas que hay frente a la tuya.

Un lugar limpio, ordenado, con olor a flores donde añores a aquellos que más cerca están y recuerdes por qué llegaste a él, por qué lo pensaste. por qué lo deseaste y cruzaste esa puerta. ¿Fue para encontrarte?, ¿fue para evadirte del exterior?, ¿o fue por que querías huir de tu vida pasada? Este es un lugar donde tú misma eres tu propio salvador, donde te alimentas, esperas mejores tiempos e imaginas qué harías si tuvieras una vida nueva agazapada en tu mano esperando hacerte volar.

Un lugar donde no tengas que preguntarte constantemente si lo estás haciendo bien o mal, si decepcionarás a alguien o si has pasado las expectativas del que se sienta a tu lado cada mañana, no hará falta que esperes una palabra, un grito de reclamo, una negativa hacia algo que querías y tampoco hacer un esfuerzo por agradar a nadie. Es un lugar donde puedes ser tú sin tapujos, sin nada que esconder, está todo al alcance de tu mano, sin tener una necesidad de huir, mientras sigues leyendo cualquier libro que inspire mejores tiempos, sin que nadie te observe a escondidas esperando que seas el nuevo fracaso.

Un lugar donde tus ideas no son corrompidas, ni tus pensamientos cuestionados, estás a salvo. Respiras y caminas donde quieres, porque quieres y porque nadie puede evitarlo, tampoco cuestionarlo. Es ese lugar donde cuestionas la información que te llega de otros, donde decides qué creer y a quién, el por qué. Es justo el lugar donde puedes tomar tus decisiones en silencio, en brazos de la libertad que has tomado, te permite vivir, sentir y encontrar el sentido de las cosas junto a tu perspectiva, mientras la oscuridad forma parte de la vida de otros que quizá no supieron vivir la suya.

Un lugar donde mimar a tu niño interior, a cortar escenas pasadas que ocupaban tu mente de forma inesperada y no dejaban cabida a nada más, empezando a crear momentos y dejando de ser tú quién siempre se queda atrás. Ese lugar donde crees que vas a llegar lejos, que esperas que mejore todos tus problemas, que sea el techo donde duermas cada noche mientras el frío de afuera espera un nuevo amanecer. Ese lugar que te inspire, donde la luz entra cada día para avisarte de que ya puedes abrir los ojos y tus sueños se pueden volver realidad, donde puedes responder tus dudas sin ninguna influencia exterior, sin nadie que quiera usurpar las paredes de tu mente hasta tu último pensamiento coherente.

Un lugar que acalla las voces en tu cabeza cuando pones un pie dentro, cuando te hace sentir a salvo, que importas, esperándote tras un día duro de trabajo. Ese lugar seguro que aguarda mientras puedes ser tú y no la sombra de nadie.


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A Safe Place:

A place near the center, perhaps under the gray clouds and the flapping of birds. A place to stay silent, without foolish words, without sick needs or obsessive and invasive criticisms. That place that embraces you in his arms and whispers confidences that you never imagined, where you reflect and create your own convictions, you can look out the window and see someone even more lost than you in the houses in front of yours.

A clean, tidy, flower-scented place where you long for those closest to you and remember why you came to it, why you thought about it. why you wanted it and walked through that door. Was it to find yourself?, was it to evade yourself from the outside?, or was it because you wanted to run away from your past life? This is a place where you are your own savior, where you feed, expect better times and imagine what you would do if you had a new life crouching in your hand waiting to make you fly.

A place where you don’t have to constantly wonder if you’re doing it right or wrong, whether you’ll disappoint someone, or if you’ve spent the expectations of the one who sits next to you every morning, you won’t have to wait for a word, a cry of grievance, a refusal toward something you wanted, and also not make an effort to please anyone. It is a place where you can be without plugging, with nothing to hide, everything is placed at your fingertips, without having a need to flee, while you continue reading any book that inspires better times, without anyone sneaking around, waiting for you to be the new failure.

A place where your ideas are not corrupted, nor are your thoughts questioned, you are safe. You breathe and walk where you want, because you want to and because no one can avoid it, neither question it. It’s that place where you question the information that comes to you from others, where you decide what to believe and to whom, even why you do it. It’s just the place where you can make your decisions silently in the arms of the freedom you’ve taken, it allows you to live, feel, and find the meaning of things next to your perspective, while darkness is part of the lives of others and not in yours anymore.

A place to pamper your inner child, to cut past scenes that occupied your mind unexpectedly and left no room for anything else, starting to create moments and no longer being you who always lays behind. That place where you think you’re going to go far, that you expect it to improve all your problems, make it the roof where you sleep every night while the cold outside waits for a new sunrise. That place that inspires you, where light enters every day to warn you that you can already open your eyes and your dreams can come true, where you can answer your doubts without any outside influence, without anyone who wants to usurp the walls of your mind until your last coherent thought.

A place that blasts the voices in your head when you set your foot inside, when it makes you feel safe, that you care, waiting for you after a hard day’s work. That safe place that waits while you can be you and not anyone’s shadow.


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Publicado en Personajes

Bruce: Beber para no Sentir

Relato procedente: «Entre Miradas«. Edad: 42 años.

Ciudad: Luxemburgo. Profesión: Economista.

Descripción física:

Moreno, con el cabello algo largo por la parte de arriba y más corto por las puntas, siempre me ha gustado llevarlo un tanto informal, a la vez que doy una imagen de economista de oficina aseado y profesional. Mis ojos son de un tono azul claro, labios finos y tez un tanto oscura, el sol nunca llega a darme del todo bien para volverme caribeño. Suelo vestir de traje y corbata, mi empresa es algo exigente con ello, siempre viste serio para causar buena impresión mientras le das tu tiempo a gente que solo te utiliza para ganar más dinero mientras tú te pudres de gastos. Los mocasines me matan, me los suelo cambiar a deportivas nada más subo al coche para ir al bar o a casa.

Descripción de la personalidad:

Según varios de los psicólogos a los que he tenido el poco placer de conocer durante mi vida, se han ceñido a la idea de que tengo una personalidad que tiende a la depresión, la nostalgia, melancolía, tristeza y con tintes un tanto victimistas, ahogo mis penas en alcohol para no sentir nada de ello y es una verdad que me repito pero que, a la vez, ocasiona que me guste mi pena y quiera experimentarla una y otra vez sin siquiera quererlo del todo, es un tanto confuso, todavía no he logrado entenderlo pero ahí está: depresivo crónico. Solía ser divertido en mis tiempos de juventud, incluso, ahora en ciertos momentos tiendo a serlo, un poco bromista pero, sobretodo, sarcástico, no puedo evitarlo, me ciertas ganas de vivir inexplicables. A veces, me aburro con facilidad y mi trabajo no pone esta tarea fácil porque es muy repetitiva y ya ni siquiera intento superarme a mí mismo, me da pereza. No suelo tener muchas amistades y me alejo de las aglomeraciones, algún psicólogo que otro también comentó algo sobre cierta ansiedad social reprimida que todavía no he terminado de conocer del todo porque está reprimida, ¿recordáis?

Rechazo como normalidad:

Supongo que aquí es donde empezó todo… Quizá esperéis que os cuente que fui un niño feliz, que fui al colegio, fui amigo de todo el mundo, terminé bachillerato, la Universidad y me cogieron en una empresa relativamente importante como economista porque soy bueno en mi trabajo pero, nada de eso sería verdad. Pasé por un rechazo detrás de otro, era el típico chaval echado a un lado, invisible y sin demasiadas ganas de llamar la atención, escuchaba, iba al recreo, le daba mi bocata al abusón de turno y me iba al baño a llorar un día detrás de otro, mientras intentaba volver a casa con ambos pies derechos. Sufría en silencio, nadie más lo sabía, no quise que lo hicieran, mi familia ya pasaba por sus propios dramas, mamá estaba muy enferma y los médicos la habían dejado pasar sus últimos días en casa antes de irse al cielo, tal como mi padre lo decía, una cosa más de la que tratar de escapar…

Me evadía de mis emociones y del exterior escuchando música, leyendo o jugando a videojuegos, a veces, cuando ya fui algo más mayor con marihuana y pastillas relajantes que solía usar mi madre para los dolores musculares, esa mierda te dejaba en las nubes al menos durante cinco horas donde pensar no tenía lugar. No dejaba espacio a las dudas o a las reflexiones, estaba de más, el mundo estaba jodido y yo no había elegido nacer, tampoco perder a una madre tan pronto y, mucho menos, terminar el colegio y ponerme a trabajar para ayudar a mi padre a pagar las facturas de la casa. Sí, consideraba que mi vida ya era una mierda, tendí a la depresión a partir de ese momento aunque todavía no sabía muy bien qué era eso o lo que estaba sintiendo, la cuestión era que lo sentía y punto.

Decisiones, decisiones, decisiones…

Mi padre me dio a elegir si quería seguir estudiando o trabajar en un tugurio como la hamburguesería de la esquina que solo ofrecía comida para llevar o si quería tener una vida mejor que la suya y seguir en el bachillerato para enrolarme en la Universidad y ser alguien que valiese la pena. Elegí la segunda opción, no porque lo quisiera o pensara que fuera importante, sino porque estaba colocado, un tipo que conocía pasaba relajantes bastante más fuertes que los que me tomaba, así que, esa decisión fue basada en no tener ni idea de lo que estaba diciendo pero, en cuanto me di cuenta, me vi estudiando. Me percaté que era muy bueno con los números, de hecho, todos los profesores lo decían pero yo no le daba la mayor importancia, tan solo veía las cosas desde un punto de vista matemático, no era para tanto, ¿no? Todos a mi alrededor lo vieron como una genialidad, como una necesidad de elegir qué hacer en la Universidad porque, ya sabéis, debía ser alguien en la vida…

Mi padre pensó que la administración de empresas o la economía serían carreras idóneas para mí, tan solo tenía que elegir una de ellas para saber hacia dónde dirigirme, estaba a punto de presentarme a la selectividad. Una vez más, decidí estando colocado, esta vez, marihuana y era muy buena, tanto que asentí cuando mi padre dijo la palabra «Economista», se puso tan contento que ni siquiera quise discutirle por qué o por qué no moví la cabeza, ¡me estaba durmiendo, ni siquiera lo hice a posta! Pero, otra decisión tomada, ¿no?

De becario a economista jefe:

En la Universidad no me costó demasiado estudiar, era incluso, más sencillo que bachillerato, me seguían gustando los números y me ayudaban a aclarar la mente de vez en cuando. Lo que tenía aquel lugar de atractivo también eran sus fiestas, no me perdía ninguna, tenía lo más importante de todo: alcohol. No lo había probado antes y me di cuenta de que me gustaba más que la mierda que me estuvieron pasando desde adolescente, así que, llegaba a mi habitación siempre mamado, iba a los exámenes más relajado que nadie y acudí al funeral de mi padre entre ebrio y fumado, a ver qué iba a hacer sin él, era el único que me empujaba un poco en la vida…

Me ofrecieron un trabajo de becario en la empresa en la que trabajo actualmente, no pude negarme porque era la oportunidad que mi padre había querido para mí, así que, honré su memoria de alguna manera, era lo que debía hacer, ¿no? Tan solo tenía que llevar a cabo algunos proyectos, ordenar papeleo y vestirme de etiqueta de vez en cuando para dar buena impresión, pero me trabajé muy bien uno de los que me asignaron y, simplemente, mi jefe decidió meterme en un edificio de oficinas para que lo dirigiera y manejara todo el tema económico para él, era un gilipollas engreído, un tanto drogadicto y alcohólico que no tenía mucho tiempo libre y necesitaba a cualquier idiota que le cuidara el garito. Me iban a subir el sueldo tres veces más de lo que esperaba, así que, accedí sin pensarlo. Resultó ser un acierto aún llevando mi melancolía a cuestas, bebiendo sin parar y mezclándolo con medicamentos sin receta, sé llevar una maldita empresa y triplicar sus beneficios. Ni siquiera yo lo hubiera esperado…

Mujer y dos hijos:

Sí, ¿a quién se le hubiera ocurrido pensar que un tipo como yo podría tener suerte con las mujeres y mucho menos, procrear? Pues el dinero hace la mayor parte del esfuerzo, chicos. Darlena era una mujer increíble, nos lo pasábamos muy bien juntos, hacíamos de todo, sincerándonos lo mínimo pero teniendo claro que nos atraíamos, hasta que, un día ya no le bajó la regla. Fue una putada pagada por dos porque salieron gemelos: Tod y Garby, un par de cabrones bastante gamberros y juguetones que dejaban mi casa patas arriba las 24/7. No podría decir que nunca los he querido pero jamás pedí esto, de hecho, tan solo me lo pasaba bien con ella, hacíamos tonterías y ya no nos veíamos hasta pasadas unas semanas, luego tuvimos que mudarnos juntos y formar una familia bastante cuestionable.

Los niños siguen creciendo, les cuido, tienen un techo donde dormir, comida, agua y todo lo necesario pero no paso el mayor tiempo en casa, el bar es mi nuevo sitio ahora, está cerca de la oficina, me calma y me evade de mis responsabilidades, a veces, es agobiante ser parte de un mundo tan loco…

El accidente:

Conocí a una mujer justo en ese bar, una noche no muy ajetreada, estaba prácticamente vacío pero, al parecer, el único que la había visto era yo, según el barman no se había sentado nadie a mi lado desde que había llegado. Curioso, ¿eh? Porque tuve la misma sensación que cuando vi a Darlena por primera vez, era hermosa, sexy, extrovertida, divertida y bebía incluso más que yo, me atraía o quizá eso pensé. Desapareció entre una de nuestras conversaciones estúpidas de la noche y tan solo la vi salir del bar hacia la carretera, decidí seguirla porque se había llevado su chaqueta y bolso sin yo darme cuenta, quería saber qué había ocurrido pero, estaba tan centrado en seguir sus pasos que tan solo vi unas luces y oí un ruido sordo, seguido de gritos que se acercaban a mi posición mientras mi alrededor se iba quedando a oscuras.

Quizá ella escapó o se desvaneció en el aire, puede que nuestra conversación le hubiese resultado aburrida pero más aburrido me iba yo a sentir cuando despertara, si es que lo hacía.

Un futuro de reflexión y recuperación:

Una hemorragia interna, dos costillas rotas, algunos moretones y unas náuseas increíbles, imaginad ese momento al despertar en una cama de hospital, completamente solo, nadie esperando a que despiertes. Tristeza. Melancolía. Pude verlas esperar frente a mí a que me diera cuenta de que me estaban mirando, tratando una vez más de que me derrumbara y deseando que me inyectaran más morfina para quedarme inconsciente otra vez. Ese olor a enfermedad me irritaba, las enfermeras caminando arriba y abajo, un zumbido que no me dejaba dormir. Era curioso cómo las ganas de morir iban aumentando por momentos… Melancolía, tristeza…

Quizá debía reconsiderar mis acciones, hacia dónde me estaba dejando llevar por mis impulsos o evadir por ellos, qué no quería recordar y por qué no deseaba hacer frente a mi presente. Daba asco. Sí, ese era el motivo. Y era un buen motivo, al menos, para mí. Mis decisiones se habían tomado en base a algo que ni yo me había planteado, embarazos no deseados, niños que no había pedido, una vida que tampoco quería… Necesitaba morfina. Quería callarles. Necesitaba morfina. Quería dejar de sentir. Una copa me vendría genial ahora…


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