Publicado en Personajes

Marlene: Una Antigua Amiga

Relato procedente:Un Recuerdo Vivo“. Edad: 32 años.

Ciudad: LA. Profesión: Bibliotecaria.

Descripción física:

Tengo el cabello castaño hasta algo más abajo de los hombros con reflejos de color naranja muy suave que combina muy bien con el resto y le da un toque diferente, sedoso y fino. Mis ojos son de color castaño claro, con mirada intensa. Tengo unos labios finos, normalmente pintados de un color marrón claro que combina muy bien con mi cabello y con mi piel un tanto morena. He sido siempre delgada, suelo vestir con vaqueros y algún suéter simple, cómodo y que produzca el suficiente calor para no morirme de frío.

Descripción de la personalidad:

A quién preguntes, te dirá que soy una adicta a la lectura, tanto que soy bibliotecaria, siempre rodeada de libros y siempre hambrienta de conocimientos. Quizá soy dulce, atenta y bastante reservada, no suelo socializar demasiado pero tampoco me niego a ello cuando se me presenta la oportunidad. No hago grandes amigos de un día para otro, guardo un poco la distancia pero cualquiera puede considerarse mi amigo, me gusta salir y tomar un par de copas, quizá escuchar música antes de irme a la cama y escribir un par de poemas bajo la luz de las velas, cerca de la chimenea. No me gusta enfadarme o discutir, prefiero evadir un poco los problemas hasta que se enfrían las cosas y puedo volver a empezar, siempre me siento arropada por lo que leo y siento que estoy segura dentro de esa pequeña burbuja que forma mi mundo.

La chica de los libros:

En el colegio siempre llevaba un libro conmigo, daba igual la historia que contase, tan solo quería sentirlo entre mis manos e imaginarme los mil mundos que forman el nuestro. Me aislaba mucho de los demás por ello, supongo que no me daba cuenta cuando los demás sí lo hacían, incluso, los profesores me pedían que me enfrascara menos en los libros y tratara de hablar un poco más con los compañeros de mi clase pero, aunque lo intenté, jamás pude conseguirlo del todo. Mientras caminaba por los pasillos, me llamaban “la chica de los libros”, la “nerd de biblioteca”, la “rata de biblioteca”, la “rara de los libros” y solían reírse mucho más cuando no despegaba los ojos de algún libro que no dejaba de interesarme. Supongo que la gente siempre tiende a criticar lo que no entiende…

Conocí a Jacob en ese mismo periodo. Fuimos juntos al jardín de infancia y también íbamos a la misma clase. Él también solía leer mucho, nos pasábamos libros todo el tiempo y los diversos mundos que se formaban entre nosotros era lo que más nos unía. Fue la única persona que entendía esa pasión y devoción, por ello, la conexión que había entre nosotros fue aumentando hasta formar una fuerte amistad que, a veces, parecía ir a algo más pero otras, parecía verse mejor como lo que era sin pasar fronteras.

La marcha de Jacob:

Las clases iban genial, los veranos eran inolvidables y las lecturas se hacían cada vez más intensas conforme llegaba a la pubertad. Teníamos diez años y nos enfrentamos a la idea de que Jacob iba a parcharse del barrio, de la ciudad, del país… para siempre. Sus padres, tras tanto tiempo trabajando en una empresa de dulces, fueron despedidos porque esta cerró y no conseguían otro trabajo, las cosas no iban demasiado bien en casa y discutían todo el tiempo, así que, decidieron cambiar de aires, irse a otro país para probar suerte, poder darle una mejor vida y educación a su hijo. Él no quería irse, me lo dijo un par de días antes, pero no quería decepcionar a sus padres y no lo solía decir en voz alta o implorarles que le dejaran quedarse, era ridículo. Nos hicimos muchas promesas, de esas que parecía que serían fáciles de cumplir y las que hacían que nuestra amistad pareciera tan fuerte que fuese incapaz de romperse, pero fueron solo palabras, ni siquiera pudo despedirse, dejándome a mí llorando entre los brazos de mi madre.

Dejamos de ir juntos a clase, ya no me esperaba al salir o le veía en los descansos, no había nadie más con quién hablar de lecturas interesantes o qué fue lo último que me compré para leer, ya no habían conversaciones intelectuales o palabras que pudiera usar para reírnos un poco de nosotros mismos, todo eso se había evaporado, extinguido, ya no formaba parte de mi vida. Prometió visitarnos en las fechas importantes pero nunca apareció, esperé como una tonta un email o un mensaje de texto pero nunca llegaron, quizá una carta cualquier día de primavera, pero tampoco fue posible. Empecé a aceptarlo, a olvidar esa parte de mi vida y olvidarle a él poco a poco, hasta ni siquiera recordar cómo era.

La visita:

22 años después. Prometida con un chico bastante interesante, era un tanto adicto al trabajo pero lo suficiente para no tenerle en casa todo el tiempo, me gustaba tener mi propio espacio y momentos de silencio. Periodista importante, con dinero, estabilidad, una casa preciosa, emocionalmente disponible, amable y detallista, siempre a la espera de impresionarme de alguna forma. Con lo que, no suponía por ninguna razón que Jacob aparecería en el bar donde solía leer y tomar unas copas cuando Dean se quedaba trabajando hasta tarde, no esperaba por ninguna razón que se sentara frente a mí en la mesa que había elegido y, mucho menos, que fuese tan encantador conmigo. 22 años después, no creía que esa conexión siguiera viva entre nosotros, como todos los recuerdos que compartimos y que estuvimos mencionando durante gran parte de la noche. No me di cuenta de que copa tras copa, había cruzado una línea importante donde le daba a entender que no estaba con nadie y que podía desnudarme si así lo deseaba.

Y eso es exactamente lo que ocurrió. Dios, le eché tanto de menos… Pero, la magia se disipó al ver que eran las nueve de la mañana, Dean aún no había llegado del trabajo y que Jacob seguía en nuestra cama de matrimonio con toda nuestra ropa tirada por el suelo. Había sido un agradable error que repetiría a menudo pero no allí, no en aquel momento. Era la maestra en evasión de confrontaciones innecesarias, así que, levanté a Jacob de la cama y tal como pude, le saqué del piso, lo limpié todo, me duché, me vestí y abrí las ventanas para que no oliera a sexo apasionado por todo el apartamento. Jamás olvidaré aquella mirada de Jacob cuando le dije que iba a casarme en dos semanas, cada vez que lo hago, noto un nudo en la garganta que trato de ignorar y pretender que no existe. Una noche perfecta con un amigo, eso fue todo.

Un futuro en el lado equivocado:

Todo iba bien hasta que Jacob se fue a Italia. Todo iba bien hasta que Jacob volvió. Dean no sospechaba nada, estaba claro desde que cruzó la puerta de casa y no notó ningún cambio, yo tampoco mostré ninguna emoción contraria, por lo que, dejé que se cambiara, se echara en la cama y yo me fui a trabajar, sin darle más importancia a lo ocurrido, siendo que, desde aquella noche no he podido sacar a Jacob de mi cabeza. Los amores de la infancia son los más fuertes y duraderos, al menos, así lo sentí pero la boda estaba a la vuelta de la esquina y mi familia iba a apoyarnos mucho económicamente para que fuera la única y preciosa boda que esperaba, para que disfrutara y no me preocupara de nada. Con Dean había sido práctica, lo de Jacob era un sentimiento muy fuerte e intenso que era incapaz de olvidar.

Quizá había escogido el lado convincente, el correcto, el lado racional de las relaciones convencionales, el lado que mi familia esperaba que escogiera tras unas relaciones tan pésimas con idiotas que no sabían lo que querían. Dean era un campeón, una medalla de oro que esperaba que dijera “sí, quiero” en un altar que costaría unos dos mil dólares y que mi madre se había empeñado en añadir a la lista. Una relación práctica y racional, luego vendrían los hijos y las retenciones de líquidos, hacernos mayores y esperar comprar una casa en las afueras. Dean era la elección correcta en el lado equivocado y Jacob la complicación en el lado correcto que desearía poder elegir.


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Autor:

Escritora. Estudiante de la vida y apasionada por la lectura y el aprendizaje. Siempre activa, esperando crear una nueva historia o personaje. La dominación de las palabras forma su existencia y la música un componente fundamental para una mente creativa.

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