Publicado en Relatos

Respirando Bajo el Agua:

Caí al agua. No puedo recordar desde dónde o cómo había pasado pero allí abajo estaba más bien oscuro, solo podía ver la luz que provenía de la superficie desde donde había caído y cada vez, me iba distanciando más de ella. Intenté mover los brazos con fuerza para volver a subir pero no respondían, el pánico empezó a abrirse paso dentro de mí al descubrir que mis piernas también se paralizaban y no me ayudaban a salir. Seguía cayendo poco a poco, como una pluma cae al suelo, lentamente, sin hacer ruido, sin nadie alrededor a quién poder acudir. Podría aguantar la respiración, como mucho, unos tres minutos y eso gracias a las clases intensivas de natación en mi adolescencia pero no sabía cuánto más podría hacerlo.

El resto de mi cuerpo parecía engarrotado, mi cuello permanecía recto y mis ojos clavados en la luz que había al final, ya muy lejana. Quería gritar pero no podía. Quería respirar, pero no podía. Quería salir de allí, pero no podía. No sabía muy bien cuánto tiempo había pasado desde que había caído, pero probablemente me estaría acercando a los tres minutos sin oxígeno y no veía una manera fácil de aceptar que iba a morir. Aquel era mi último destino. El momento que determinaría mi muerte. Cerré los ojos y los apreté fuerte, mi cuerpo se revolvía ante esa necesidad de respirar, traté de pensar en algo agradable, al menos, dentro de lo que pudiera encontrar. El parque. Tenía seis años y mi padre me había llevado allí a jugar a la pelota. Él estaba cansado, sus ojeras hablaban por sí mismas, pero igualmente, se animaba a corretear conmigo por todo el parque. Esas imágenes me hicieron esbozar una sonrisa.

Noté que una luz me estaba dando en los ojos, no era muy fuerte pero, me hizo abrirlos y darme cuenta de que me acercaba a la superficie. ¿Había sido por ese recuerdo? Volví a cerrarlos al notar que empezaba a bajar hacia la oscuridad otra vez y una sensación de ahogo que no sabía si podría aguantar. Así que, escogí otro. El parque de juegos. Tenía cinco años y mi padre me había llevado al trabajo con él porque la niñera le había fallado, así que, por primera vez, pude jugar en un salón enorme lleno de juegos de todo tipo con otros niños que eran hijos de astronautas. Escogí otro. La luz me molestaba cada vez más y empezaba a notar que mi respiración mejoraba. El circo. Mi padre me llevó con siete años, me empeñé en ver a animales y acrobacias porque me obsesioné con un anuncio de la televisión, me quedé ensimismada con todo lo que hacían y lo disfruté muchísimo. Otro. El primer día de colegio con tres años, mi padre me dio una piruleta y me dijo: “para la niña más grande” y eso fue suficiente para que me armara de valor y entrara por la puerta del sitio que me parecía el más aterrador de todos.

Una bocanada de aire entró en mis pulmones y el sol me daba en la cara, podía mover los brazos y las piernas y un bote salvavidas me sacaba del agua. Su cara era conocida, pero estaba tan mareada por la falta de aire y la profundidad que no me dio demasiado tiempo a ordenar esa información dentro de mi cerebro. Puse mi cabeza sobre los brazos apoyados en el salvavidas y me dejé llevar por el barco que me había sacado de allí. Pero, quién realmente me salvó fue mi padre, los recuerdos que quedaron, al menos. Volví a esbozar una sonrisa mientras cerraba los ojos…


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Breathing Under the Water:

I fell into the water. I can’t remember where or how it had happened from but down there it was rather dark, I could only see the light coming from the surface from where it had fallen and each time, I was getting further away from it. I tried to move my arms hard to be able to climb back up but they did not respond, the panic began to explode inside me when I discovered that my legs were also paralyzed and did not help me out. I kept falling slowly, like a feather falling to the ground without making noise, with no one around to turn to. I could hold my breath, at most, about three minutes and that thanks to the intensive swimming lessons in my teens but I didn’t know how much longer I could do it.

The rest of my body seemed to be crimbled, my neck remained straight and my eyes stuck in the light at the end, already far away. I wanted to scream but I couldn’t. I wanted to breathe, but I couldn’t. I wanted to get out of there, but I couldn’t. I didn’t quite know how long it had been since I had fallen, but I would probably be approaching three minutes without oxygen and I didn’t see an easy way to accept that I was going to die. That was my last destination. The moment that would determine my death. I closed my eyes and squeezed them hard, my body stirred at that need to breathe, I tried to think of something pleasant, at least, within what I could find. The park. I was six years old and my father had taken me there to play ball. He was tired, his dark bags in the eyes which spoke for themselves, but equally, he dared to run with me all over the park. Those images made me smile.

I noticed that a light was hitting me in the eyes, it was not very strong but, it made me open them and realize that I was approaching to the surface. Had it been because of that memory? I closed them again when I noticed that I was starting to go down into the darkness again and a feeling of suffocation that I didn’t know if I could hold on. So, I chose another one. The playground. I was five years old and my father had taken me to work with him because the nanny had failed him, so for the first time I was able to play in a huge room full of games of all kinds with other kids who were children of astronauts. I chose another one. The light bothered me more and more and I began to notice that my breathing was improving. The circus. My father took me with seven years old, I insisted on seeing animals and acrobatics because I became obsessed with an advertisement on television, I was absorbed with everything they did and I enjoyed it very much. An another one. On the first day of school when I was three years old, my father gave me a lollipop and said: “for the biggest girl” and that was enough for me to arm myself with courage and enter through the door of the place that seemed to me the scariest of all.

A breath of air entered my lungs and the sun hit me in the face, I could move my arms and legs and a lifeboat pulled me out of the water. His face was familiar, but I was so dizzy from the shortness of breath and depth that it didn’t give me too much time to sort out that information inside my brain. I put my head on my arms resting on the lifeguard and let myself be carried away by the boat that had taken me out of there. But, who really saved me was my father, the memories that remained inside me, at least. I smiled again as I closed my eyes…


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Autor:

Escritora. Estudiante de la vida y apasionada por la lectura y el aprendizaje. Siempre activa, esperando crear una nueva historia o personaje. La dominación de las palabras forma su existencia y la música un componente fundamental para una mente creativa.

2 comentarios sobre “Respirando Bajo el Agua:

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