Publicado en Personajes

Malory: La de las Voces

Relato procedente: «Voces Insatisfechas«. Edad: 22 años.

Ciudad: Leicester. Profesión: Estudiante.

Descripción física:

Mi cabello es de color negro, liso, bastante bien cuidado, al menos, así lo creo yo y largo hasta un poco más abajo de los hombros, casi siempre lo dejo suelto, pero a veces, me gusta atarlo con un moño o unos pequeños ganchos a ambos lados. Mis ojos son grises, acostumbrados a escuchar comentarios como “pareces un gato”, “tus ojos son felinos”, “tus ojos me derriten” y ese tipo de cosas que tanto cansan a cualquiera que tenga la mirada un poco distinta o penetrante. Mis labios son finos, normalmente, pintados de un color rosa pálido para que no llamen demasiado la atención sobre el resto. Mi tez es bastante pálida, con los pómulos y la nariz algo rojos debido al frío. Soy esbelta y suelo vestir con unos vaqueros, una americana de cualquier color, una camiseta lisa y unos mocasines que me gusten, ¡tengo miles!

Descripción de la personalidad:

Normalmente, me dicen que soy tímida, bastante seria y un poco fría pero, yo diría que soy más bien introvertida, algo solitaria, adicta a la literatura y un poco cascarrabias cuando estoy haciendo cosas que considero importantes y alguien me interrumpe. Me gustan las tardes de té sentada cerca de la chimenea, con un buen libro entre manos o una agradable conversación, poner una luz tenue alrededor y calentarme las manos, mientras extiendo una manta sobre mis piernas, es uno de los momentos más placenteros que podría tener y trataría de experimentarlos cada día, si fuera posible. Soy una persona más bien nerviosa, algo intensa y sensible, aunque no lo parezca, suelo pretender bastante que no me afecta nada del exterior o que no me gustan ciertas cosas cuando sí me gustan y las escondo, digamos que es mi “yo diario” quién suele aparecer más.

La primera voz:

Sonaba negativa, siempre evasiva, tratando de mostrarme cada amenaza, cada bache, evitando que tomara decisiones precipitadas o erróneas. Se movía entre el miedo, el respeto hacia algo que me imponía, a veces, me provocaba ansiedad y estrés incontrolable, me ayudaba a reaccionar en momentos de huida o donde creía que había una amenaza de la que protegerme. Siempre la he definido como esa voz que te para cuando estás a punto de hacer una locura o evita que hagas el ridículo, incluso, trata de que pienses las cosas dos veces antes de hacerlas y anticipes qué podría ocurrir si hicieras una u otra.

Diría que, desde pequeña, apareció en mi vida para alertarme de esos niños crueles a los que les gustaba tirar a las niñas de las coletas o bajarles la falda para que se les vieran las bragas y todos poder reírse. También estuvo bastante presente cuando mis padres se separaron a mis 12 años, tratando de buscar una manera de encajar lo que pasaba entre ellos y aceptar el cambio que iba a suponer en mi vida. A partir de ese momento, empezó a suceder casi a diario el hecho de que aparecía en momentos inesperados e inoportunos como en una presentación de un tema en el colegio o la universidad, cuando tenía la obligación de relacionarme con gente que no tenía nada que ver conmigo o cuando tenía que hablar con las parejas de mis padres, también cuando me iba al mostrador de algún restaurante o tienda para pedir algo y en las temporadas de exámenes.

Es una voz insistente, persiste y se obsesiona con cualquier pensamiento, hace que le des vueltas una y otra vez a la misma situación, quiere que hagas lo que ella quiere o espera y tiene la manía de provocarte síntomas físicos bastante incómodos y que asustan para hacerte notar que algo no va bien. Mis emociones se intensifican cuando la escucho, siento mi cabeza dar vueltas, sudo y tengo que darme la vuelta rápidamente e irme por dónde he venido para no tener que seguir sintiendo lo que siento. Me paraliza, me hace sentir pequeña, vulnerable e insegura, me atrapa entre su oscuridad y negatividad, entre su excesiva y primitiva protección, entre un mundo de perfección y cobardía. A veces, hace que lo sientas todo a la vez y necesites un día entero para recuperarte de ello, es desesperante y frustrante pero, ahí está ella, de cuerpo presente.

La segunda voz:

Es entusiasta, súper positiva, le encanta que la escuche y se sorprende cuando sigo sus consejos algo atrevidos y arriesgados, siempre grita de alegría y no puede parar de sugerir cosas que la primera voz no piensa ni quiere oír porque cree que son tonterías de una loca insatisfecha con lo que hay en mi mente. A veces, no es demasiado realista y tiende a dar consejos sin más, como si algo debiera hacerse hubiera riesgo o no, digamos que es más impulsiva, no tan reflexiva o analítica como la primera y no se obsesiona con nada, si una situación no sale como se ha planeado, ella simplemente, lo deja correr y ya está sugiriendo una cosa diferente de la anterior para hacer o decir o compartir con otros o conmigo misma. Es una voz feliz, que siempre se lo pasa bien y me hace sacar una sonrisa cuando me dice que estoy guapa, soy inteligente o suficiente, mientras la primera voz pone los ojos en blanco sin creerse ni una palabra, lo cual, a veces, me hace dudar.

La segunda voz ha estado conmigo desde muy pequeña, me animaba a jugar, a saltar y siempre reía. En la adolescencia solía aparecer menos pero le gustaba recordarme que me encantaba dibujar y que debería hacerlo más, haciéndome sentir yo misma cuando le hacía caso y lo hacía. Aparecía en cada fugaz relación de pareja para animarme a encontrar a otra persona, en cada rechazo en un trabajo que deseaba o en cada día de universidad cansada de estudiar sin parar y sin tener tiempo para mí. Ha estado en momentos en los que creía que la primera voz iba a hundirme con sus palabras hirientes y su poca sensibilidad, también en circunstancias duras y momentos de indecisión para que eligiera siempre lo que realmente me apeteciera hacer y me hiciera feliz y no complaciera solo los gustos de otros o decisiones ajenas. Ha sido un apoyo cuando he creído que no podía más o cuando pensaba que mi vida no sería la misma con mis padres separados y personas en medio que iban a hacerme la vida aún más complicada, ella fue la que me dijo que no hay un final, sino que, hay que continuar para ver un nuevo principio, algo que la primera voz tiende a reprochar y terminan discutiendo como un matrimonio.

La tercera voz:

Es pausada, tranquila, dulce, embriagadora y muy pero que muy lineal, se decanta un poco más por una charla directa, específica al tema que se está tratando y, aunque positiva, también es realista y no extrema. Analiza de una forma muy suelta, no provoca ningún tipo de estrés, expresa lo que siente sin tapujos y te da una sensación placentera tras escucharla. Creo que siempre quiere mostrar su punto de vista con soltura, intimidad, acercamiento y dando unos toques improvisados a lo que sea que esté ocurriendo en ese momento. Me recuerda que debo respirar hondo y no sucumbir a ese sudor, a esos temblores e inseguridad a los que me hace caer la primera voz, tampoco a exaltarme de alegría o volverme loca por haberme comprado un lápiz como la segunda voz sugiere, sino a tomármelo con calma, sin exigirme, respetando mi propio espacio y tolerando lo que sea que esté sintiendo en ese momento, sin esperar más o menos, tan solo lo que hay y se ve.

Esta voz nunca antes había aparecido, de hecho, no la conocía y solo creía que existían dos voces en mi interior que me decían qué hacer en cada momento y a qué tenerle miedo para no dañarme física o emocionalmente, pero esta voz, jamás había formado parte de ninguna de las conversaciones en las que discutían la primera y la segunda. Llevaba un tiempo gustándome un amigo de la infancia, siempre jugábamos juntos, íbamos al colegio y al instituto juntos y hacíamos los deberes en la biblioteca de la ciudad cada tarde, incluso, íbamos a la misma universidad, a carreras distintas pero esa tradición de estudiar en la biblioteca e intercambiar apreciaciones sobre qué libros no devolveríamos nunca, seguía ocurriendo, sintiéndome cada día, más atraída hacia él sin poder evitarlo. Siempre le había visto como un amigo pero ni siquiera sabía cuándo había cambiado esa forma de verle como tal o si ni siquiera había cambiado y siempre había sido así pero yo no me había dado cuenta.

Estaba decidida a decírselo, TODO. Teníamos la suficiente confianza el uno con el otro y a mí me sobraba seguridad para decirle lo enamorada que me tenía pero, una vez en la puerta de su casa, mirándole a los ojos, me quedé muda, sin saber muy bien qué decir o cómo empezar la conversación. Empecé a sudar, a hiperventilar y las dos primeras voces no dejaban de discutir entre si debía decírselo o no, así que, sin decir nada más y dejando a Cole allí plantado y perplejo por mi visita sin explicación, me di la vuelta y volví caminando a casa a paso ligero mientras notaba que empezaba a relajarme. Esta tercera voz salió de mí, interrumpiendo las voces de las otras dos y diciendo con esa sabiduría que se nota la caracteriza lo que yo realmente sentía dentro de mí y que, de alguna manera, ya sabía. Me hizo recordar que yo era capaz, que había compartido todas mis emociones, dudas, pensamientos y sentimientos con Cole y que ahora no podía pararme por unas estúpidas voces que no se aclaraban y que me hacían dudar y sentirme insegura. Así que, volví a llamar a su puerta y le besé sin más. Al principio, no sabía si me había devuelto el beso por complacerme o porque le había gustado y sentía lo mismo que yo, pero al verle sonreír, lo tuve claro.

Un futuro con una perspectiva diferente:

Nos dejamos llevar por nuestra mente en cosas que a ella no le atañen, ni a la primera voz con su negativa ni a la segunda voz con una positividad más bien tóxica, creándonos inseguridad y falta de confianza hacia nosotros mismos, asumiendo que no podemos hacer muchas de las cosas que sí podemos y pensando que somos de esta forma o de otra cuando, ni nuestras emociones ni pensamientos nos definen ni muestran a los demás quiénes somos o no. No toleramos nuestras caídas y nos abrumamos por esas voces que oímos dentro de nuestra mente pero que son solamente palabras, pueden tener sentido para ellas, pero no deberían tener esa importancia que les damos porque se van antes de lo que nosotros pensamos.

La tercera voz no suele estar muy presente, vivimos en un «modo automático» llevado solamente por el análisis de amenazas y la solución de problemas, sin dejar espacio para aquello que de verdad es importante y para empezar a crecer desde nuestro interior de forma más pura y no tan superficial y negativa. La tercera voz debería prevalecer ante las otras, es positiva pero no en exceso y también es realista, sabe cómo solucionar un problema con calma y a qué poner atención para seguir adelante sin miedo e inseguridades. Se puede aprender mucho en cuanto te das cuenta de lo feliz que te hace ser consciente de quién eres realmente.


Recuerda que puedes apoyar el blog a través de Patreon, escribo relatos más elaborados y personales.

www.patreon.com/trackontime


Autor:

Escritora. Estudiante de la vida y apasionada por la lectura y el aprendizaje. Siempre activa, esperando crear una nueva historia o personaje. La dominación de las palabras forma su existencia y la música un componente fundamental para una mente creativa.

Un comentario sobre “Malory: La de las Voces

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s