Publicado en Personajes

Nell: La que Percibe la Oscuridad

Relato procedente: «Oscuro». Edad: 26 años.

Ciudad: Michigan. Profesión: Estudiante.

Descripción física:

Mi cabello es de un color anaranjado combinado con dorados en las puntas, casi no se ven, tan solo cuando me da el sol. Mis ojos son de un tono verdoso oscuro, un tanto intensos y dando la sensación de ternura que mi abuela materna siempre solía notar cada vez que iba a su casa. Mis labios son finos, no me pongo demasiado pintalabios, tan solo toques muy claros para que no se note demasiado, no me gusta llamar mucho la atención con el maquillaje. Mi piel es un poco oscura gracias a los veranos en España que solemos apreciar mi familia y yo cada año, pero tiendo a tener casi siempre los pómulos y la nariz bastante rojos debido al frío que suele hacer fuera en invierno. Tengo un peso bastante adecuado creo y me cuido bien, según tengo entendido, así que, suelo vestirme con camisetas tipo vintage con colores estridentes u oscuros, depende del día y unos pantalones vaqueros por lo general rotos y que no definen demasiado mi figura. En cuanto a zapatos, siempre prefiero llevar algunas bajitas, como las Converse, las Vans y, alguna que otra vez, me pongo unas Doctor Martens por darle un aire distinto a mi estilo.

Descripción de la personalidad:

Mi abuela siempre dice que soy muy buena niña, que de tan buena que soy, pego por inocente y reservada cuando veo que mi alrededor no va en mi misma sintonía. Soy bastante sensible e impresionable, enamoradiza y un tanto desconfiada, aunque intento no serlo por todos los poros de mi piel, tratando de mostrar la mayor parte del tiempo naturalidad y compromiso con los demás siempre que tengo oportunidad. Me gusta tener tiempo y espacio para mí misma, muchas veces, me retraigo más de lo debido y, otras veces, puedo ser totalmente extrovertida, no entiendo esa ambigüedad que me caracteriza en ciertas ocasiones, no sé por qué soy como soy y me gusta preguntarme cosas constantemente, siempre queriendo saber por qué el mundo es mundo y por qué las personas somos como somos, diría que soy una curiosa del comportamiento humano.

La niña buena de la familia:

Al leer esto, quizá creas que he sido una niña mimada durante gran parte de mi vida y que todo el mundo a mi alrededor ha trabajado para complacerme y hacerme feliz, pero no ha sido así en absoluto. Sí que es verdad de que he gozado de muy buena salud, buenos amigos, gente cercana y cariñosa la mayor parte del tiempo y mi infancia ha sido muy feliz, pero no he dejado de complacer a los demás ni un minuto, o así es como lo he sentido. Llegó el día en el que fui algo más mayor y, con ello, algo más importante, sobre todo, en la granja de mis abuelos y, algo después, en casa de mis padres, de hecho, quería ser un pilar fundamental como lo fue mi abuela y después mi madre. Tuvimos momentos y roces pero nos terminamos tolerando, me gustaba colaborar en casa y tenerlo todo ordenado, quizá demasiado bajo control.

En la granja se aprovechaban de mi buena fe al dejarme siempre las tareas que solía hacer como ayudante para mí, incluso, los días en los que no podía ir o tenía muchos deberes como para ocuparme tan solo porque les acostumbré demasiado a hacerlo yo, siempre decía sí a todo, incluso, cuando iba estresada y me ahogaba con los exámenes finales, no importaba si volvía a casa a las doce de la noche y todos estaban durmiendo, estaba haciendo algo que beneficiaba a la familia. Mi abuela no estuvo demasiado bien del corazón una temporada, así que, mis padres me confiaron todos sus cuidados personales, mientras ellos se ocupaban de su economía y negocios que tenía con otras granjas. A simple vista, podía resultar sutil y poco importante, incluso, altruista, pero tras ello podía esconderse un alto nivel de aprovechamiento. Por ello, siempre he sido la niña buena, porque me necesitaban y yo les daba lo que me pedían sin rechistar, con el «sí» por delante y el trabajo sin amontonar porque yo era muy organizada.

Estudios y trabajo:

Mi familia siempre se ha caracterizado por ser bastante humilde, a pesar de llevar una granja y un campo del cual, vender frutas, verduras y leche. Teníamos mucho que hacer, cada día era diferente y llevábamos gran cantidad de comida allá dónde íbamos para ganarnos algo de dinero. Yo seguía estudiando pero tenía un legado del que trabajar, que sacar adelante y era hija única, por lo que, tenía que apechugar y, aunque estudiara en el instituto del pueblo más cercano, también debía hacer horas en la granja y el campo, ese era también mi deber. No puedo negarlo, era duro, pero al menos, tenía algunas horas por las tardes para observar lo que pasaba alrededor de casa cuando mis padres no estaban, me gustaba observar a los vecinos, sus vidas, discusiones, alegrías, bajones, hábitos y momentos de tensión.

¿Por qué les observaba, preguntáis? Porque su vida era más interesante que la mía o, al menos, así lo veía yo. Me gustaba saber en qué gastaba la gente rica el dinero, dónde iban los jóvenes de familias de nivel económico medio a pasar el día, qué niños y jóvenes estudiaban en universidades privadas mientras leía folletos por simple curiosidad para saber qué asignaturas diferentes tenían de las mías y a qué vecinos les gustaba trabajar hasta tarde, eran alcohólicos, tenían discusiones de pareja y qué familias no soportaban mirarse a la cara a la misma vez que lo escondían a la hora de comer. Era divertido, un mundo fascinante, en el que podía imaginarme sus vidas como quisiera y podía obtener la información que quería. ¿Era una cotilla? Puede parecerlo pero, como dije, tan solo soy una observadora del comportamiento humano.

El suicidio:

Vi a ese vecino que siempre trabajaba hasta altas horas de la madrugada, no sabía muy bien si era periodista, escritor, editor de vídeos o abogado, la cuestión era que se pasaba la mayor parte del tiempo escribiendo, escribía sin parar y quizá cuando llegaba la noche era cuánto más inspirado estaba para hacerlo. Muchas noches, me resultaba curioso ver cómo trabajaba, concentrado, cómo movía el bolígrafo de rápido, cómo las palabras parecían fluir de su mente y la pantalla del ordenador le daba una especie de brillo en sus ojos azules. Podría parecer una acosadora y supongo que es lo que se puede entender a simple vista pero tan solo me gustaba poner los ojos en los demás y saber un poco más de ellos, ya que, sabía que no sería muy posible entablar conversaciones con ellos debido al poco tiempo del que disponía tanto yo como ellos, aunque algunas veces sí nos saludáramos por la calle…

Esa mañana le vi. Estaba sentado en una silla de madera blanca con sus ojos puestos en algo que tenía en la mano, algo que resultó ser un arma y, desde luego, era algo que no esperaba para nada. Parecía que viniese o estuviese preparado para irse a una boda, dado que, estaba muy bien peinado y vestía un traje de color gris bien planchado y ajustado a su cuerpo, elegante, con mocasines negros incluidos. Puso el arma en su sien izquierda y se pegó un tiro, tal cual. Cerré los ojos tan fuerte que me hacían daño, los volví a abrir cuando aquel ruido sordo desapareció y me encontré con una silla vacía en el piso del vecino.

¿Qué hace una niña buena como yo si ve algo así? Se va corriendo a ver qué ha podido ocurrir y para ver en qué puede ayudar a la persona supuestamente muerta o herida, de hecho, no le había visto ni siquiera caer de la silla. Llamé a todos los timbres de los pisos pero nadie respondió, como si se hubieran puesto de acuerdo para irse el mismo día a la misma hora y no abrirme la puerta, así que, aporreé la del portal fuertemente para ver si alguien podía abrirla y dejarme entrar para comprobar si ese hombre estaba bien y, si no, llamar a alguien para que viniera a recogerle. Dio la casualidad de que sí me abrieron la puerta. La abrió el mismo hombre que había visto pegarse un tiro unos minutos atrás. Me quedé perpleja, sorprendida y no cabía en mí de preguntas, de hecho, me sentía abrumada y descompuesta, por lo que, al no saber muy bien qué decir, me fui corriendo a mi casa, cerré la puerta de mi cuarto rápidamente e intenté respirar, estaba muy nerviosa.

Volví a escuchar un ruido, por lo que, me asomé poco a poco a la ventana y levanté la vista. Vi a ese hombre una vez más, sentado en la silla, poniéndose el arma en la sien izquierda. Antes de que apretara el gatillo, grité hasta quedarme sin voz ni aliento. Los abrí de repente, tocándome la garganta, algo seca y raspada, y tan solo pude ver esa silla blanca. Vi a alguien salir del portal. Me asomé y le vi salir de él tan campante, como si no pasara nada, seguía vistiendo de traje y desaparecía al final de la calle con un deje estiloso y elocuente. Sorprendida, me dejé caer al suelo y me tapé los ojos con las manos al no creer nada de lo que estaba viendo.

Un futuro de oscuridad observada:

Un tiempo después, vi a otra vecina que colgaba una cuerda en el techo y en la que se ahorcó, pude presenciarlo unas diez veces, hasta que dejé de mirar a su ventana. También vi a una niña pequeña que tuvo una muerte súbita mientras su madre la cogía en brazos de la cuna, lo presencié cuatro veces, hasta que logré apartar la mirada y la posé en otro lugar. Vi a una pareja tirarse cosas la una a la otra, gritándose tan fuerte que dolía escucharles, hasta que la mujer le propinó diez cuchilladas con una cara de sádica absoluta; lo presencié cien veces hasta que asumí que la vida y las personas eran crueles y que así era el mundo. Pero, no pude más y me cambié de habitación, mis padres dejaron que durmiera en la de invitados que daba a una zona arbolada donde casi no pasaba nadie y donde podía despejar mi mente más fácilmente.

Puede que esto sea temporal. Puede que yo pueda ver la muerte, pueda sentirla, pueda obtener esa información de esa gente ya olvidada y que sigue estando presente a través de mí, puede que aprenda a lidiar con ello o que, simplemente, me vuelva loca. ¿De dónde me venía aquello?, ¿mi madre y mi abuela también lo sufrían o solo tenía que ver conmigo?, ¿quizá tenía una oscuridad interna que nadie más podía ver o sentir nada más que yo? Y… ¿por qué yo?


Puedes apoyar el blog a través de Patreon, escribo relatos más elaborados y personales:

www.patreon.com/trackontime


Autor:

Escritora. Estudiante de la vida y apasionada por la lectura y el aprendizaje. Siempre activa, esperando crear una nueva historia o personaje. La dominación de las palabras forma su existencia y la música un componente fundamental para una mente creativa.

Un comentario sobre “Nell: La que Percibe la Oscuridad

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s