Publicado en Relatos

Historias:

Me gustan esas historias donde los personajes viven con soltura o agonizan cuando tienen demasiados problemas, cuando tienen que sobrevivir y la única que puede cambiar la historia soy yo. Pueden ser dramas, aventuras, puede abundar la felicidad, la tristeza o la injusticia, tan solo hay que ser un tanto preciso, lo puedes controlar todo, lo puedes ver todo y tu imaginación puede volar dentro de una casa llena de muñecas terroríficas o tras las cortinas escuchando a un matrimonio discutir, tienes sus decisiones en tus manos.

Historias que cambian, que volverían loco a cualquiera, que pueden hacerte llorar o reír a carcajadas. Historias que cautivan y en las que te encantaría envolverte, formando ese personaje en el que tanto te gustaría convertirte para llevar a cabo tus sueños más ocultos y divertidos y destacar en aquello en lo que nadie sabe que te gustaría hacer o desarrollar. Historias que te hacen pensar, vivir mil experiencias y entender aquello que creías fuera de tu alcance. Historias que dan importancia a las palabras y donde los verbos potencian un sentimiento que creías erradicado de un personaje, el cual, aparece sin avisar. Historias de buenos momentos, con detalles inolvidables, con toques especiales y un deje de fantasía para acallar esa duda interior que, alguna vez, hiciste sentir a tu personaje. Historias complicadas que atrapan como la vida misma pero que no te desharías de ellas ni aunque decidieras no publicarlas.

El personaje vibra de emociones, camina sobre una acera inventada, quizá en una ciudad real o puede que la dejes para editar más tarde como un detalle que se puede cambiar según tu humor o cómo termine la historia. ¿Es un solitario o tiene amigos? ¿Cuál es su ambiente? ¿Cómo influyen esas personas en su vida? Buenas preguntas para responder en cada nueva historia, en cada página en blanco. A veces, pueden sacar algunos de tus rasgos, otras suelen ser tan diferentes y raros que terminas odiándolos.

Pero, son historias. Más importantes o menos, están ahí para seguir esa nueva vida que le has dictado, en la que se ha visto envuelto, en la que puede decidir quedarse y empezar una nueva o tratar de salir y no haber forma de seguir adelante teniendo que desecharla, dejando de ser lo más importante del día. Historias que se repiten en susurros dentro de tu cabeza, tratando de volverse realidad, de confluir entre nuevas ideas, de ilusionarse por estar escritas en una página en blanco, presentes, quizá olvidables, pero marcadas y hechas huella, pudiendo editarlas pero sin sacarlas de ti.

Escritas en hojas sueltas, libretas o en la pantalla de un ordenador, donde todas ellas viven y son recordadas, quizá no ven la luz pero se empeñan en salir de ti sin tener un plan listo, sin poder pararlas. La voz, la lengua, el lenguaje y la imaginación las saca de imágenes constantes que crea la mente mientras se ven a paso rápido mientras escuchas música, haces una tarea, o comes, siempre están ahí, llamándote porque saben que escuchas a diario, saben que no podrás contenerte y que van a ser las nuevas protagonistas.

Te puedes aferrar a ellas cuando quieres desconectar, cuando necesitas un momento de silencio que sea solo para ti o cuando tienes los nervios de punta, ayudándote a salir del bache. Son historias que han apoyado noches de insomnio, días tristes y lluviosos, cuando mandas una disculpa a un amigo y cuando utilizas ejemplos para que una teoría tenga sentido. Son historias que aprecias, personajes que conoces, sensibilidades que palpas y emociones que observas, tan solo necesitarías cuatro paredes, una hoja en blanco y un bolígrafo para ser feliz y dejarte llevar porque nunca estarías sola y no solo vivirías una experiencia, sino tantas como tu mente te permitiera.

Historias que intrigan y no sabes ni de dónde salen, cómo has podido crearlas o verlas en tu cabeza. Se expresan claramente, como si ya las conocieras, como si supieras sentirlas, tocarlas y ser parte de ellas, fluyen sin empujarlas y te muestran que tu creatividad no tiene límites. Historias que respiran bajo la piel, que corren a través de la sangre y siempre las llevas junto a ti, sin necesidad de forzar nada, de infravalorar nada, de desechar nada, siendo partícipe de su esencia. Conspiran entre líneas para guiar tus palabras, para decidir su destino, para contemplar ese inicio, desenlace y final con los personajes que las formarán.

Historias con final o sin él que dejan cuestiones abiertas, quizá con imperfecciones para que se lean las expresiones del personaje y esta no tenga que contar tanto. A veces, cortas y otras muchas, más largas que de costumbre son sutilezas y metáforas casi perceptibles que hacen que te preguntes cosas, te emociones y sorprendas.

Historias que tocan la fibra, que te hacen querer seguir y desear volverlas a leer, te dan lecciones irrumpiendo en tus experiencias para mejorar y convertirte en tu mejor versión, consciente e inconscientemente. Quizá te hablan, quizá sabes escucharlas pero, lo mejor de todo es que puedes sentirte comprendido. Excavas entre esas palabras, las relees, estudias y comentas y nunca te cansas de ellas, el título de la historia por fin tiene sentido.

Historias en las que te sientes identificado, incluso, cuando te describen ese día de agosto en la playa, tirado en la arena pensando en lo afortunado o desafortunado que eres. Historias que no te quitas de la cabeza por su fuerza, por su complejidad, quizá violencia o incomodidad pero todas, llevan una lección incorporada que no deja a nadie exento de una reflexión. Historias que no van contigo pero que las dejas en una estantería por si alguna vez te apetece acercarte a saludarlas, quizá otras las dejas minimizadas en el word porque no te convencen o no quieres quedarte desnuda en público con palabras tan crudas. Historias elaboradas dejadas en cajones desastre que nadie mira y que no tienen mucho interés contextual, quizás el que le das tú, pero no importan mucho como para dejarlos en público.

Historias hechas poema, de esos que ni te imaginabas desarrollar porque no te gustan nada pero que dejas fluir porque también son parte de ti, tus experiencias y de quién eres. Historias que desaparecen en los oídos de alguien, lo dices en voz alta y se te olvida apuntarlo, tu memoria ya flaquea pero qué más da, hemos pasado un buen rato. Historias propias que se desarrollan en tu mente y te quedas para ti. Historias de vida que a nadie le importan, solo palabras y letras que ordenar entre memorias que romper.


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Stories:

I like those stories where the characters live with ease or agonize when they have too many problems, when they have to survive and the only one who can change the story is me. They can be dramas, adventures, happiness, sadness or injustice can abound, you just have to be a little precise, you can control everything, you can see everything and your imagination can fly inside a house full of terrifying dolls or behind the curtains listening to a marriage argue, you have their decisions in your hands.

Stories that change, that would drive anyone crazy, that can make you cry or laugh out loud. Stories that captivate and in which you would love to wrap yourself, forming that character in which you would like to become so much to carry out your most hidden and fun dreams and stand out in what nobody knows what you would like to do or develop. Stories that make you think, live a thousand experiences and understand what you believed out of your reach. Stories that give importance to words and where verbs enhance a feeling that you thought eradicated from a character, which appears without warning. Stories of good moments, with unforgettable details, with special touches and a fantasy stop to silence that inner doubt that, once, you made your character feel. Complicated stories that catch like life itself but that you would not get rid of them even if you decided not to publish them.

The character vibrates with emotions, walks on an invented sidewalk, maybe in a real city or you may leave it to edit later as a detail that can be changed depending on your mood or how the story ends. He’s a loner or he has friends? What is his environment like? How do these people influence his life? Good questions to answer in every new story, on every blank page. Sometimes, they can pull out some of your traits, others are usually so different and weird that you end up hating them.

But, they are stories. More important or less, they are there to follow that new life that you have given them, in which it has been involved, in which it can decide to stays and starts a new one or try to leave and there is no way to move forward having to discard it, ceasing to be the most important thing of the day. Stories that are repeated in whispers inside your head, trying to become reality, to converge between new ideas, to get excited to be written on a blank page, present, perhaps forgettable, but marked, being able to edit them but without taking them out of you.

Written on loose sheets, notebooks or on a computer screen, where they all live and are remembered, they may not see the light but they insist on leaving you without having a plan ready, without being able to stop them. The voice, the language and the imagination are taken from constant images that the mind creates while they are seen at a fast pace while listening to music, doing a task, or eating, they are always there, calling you because they know that you listen daily, they know that you will not be able to contain yourself and that they will be the new protagonists.

You can hold on to them when you want to disconnect, when you need a moment of silence that is just for you or when you have your nerves on edge, helping me out of the pothole. They are stories that have supported sleepless nights, sad and rainy days, when you send an apology to a friend and when you use examples to make a theory make sense. They are stories that you appreciate, characters that you know, sensibilities that you feel and emotions that you observe, you would only need four walls, a blank sheet and a pen to be happy and let yourself go because you would never be alone and not only live an experience, but as many as your mind allowed you.

Stories that intrigue and you do not know where they come from, how you have been able to create them or see them in your head. They express themselves clearly, as if you already know them, as if you know how to feel them, touch them and be part of them, they flow without pushing them and show you that your creativity has no limits. Stories that breathe under the skin, that run through the blood and you always carry them next to you, without the need to force anything, to undervalue anything, to discard anything, being a participant in its essence. They conspire between the lines to guide your words, to decide their destiny, to contemplate that beginning, denouement and end with the characters that will form them.

Stories with or without an end that leave open questions, perhaps with imperfections so that the expressions of the character are read and this does not have to tell so much. Sometimes, short and many others, longer than usual with subtleties and metaphors almost perceptible that make you wonder things, get excited and surprised.

Stories that strike a chord, that make you want to follow and want to read them again, give you lessons breaking into your experiences to improve and become your best version, consciously and unconsciously. Maybe they talk to you, maybe you know how to listen to them but, best of all, you can feel understood. You dig through those words, reread them, study them and comment and never get tired of them, the title of the story finally makes sense.

Stories in which you feel identified, even when they describe you that August day on the beach, lying in the sand thinking about how lucky or unfortunate you are. Stories that you do not get out of your head because of their strength, because of their complexity, perhaps violence or discomfort but all of them carry a built-in lesson that leaves no one exempt from reflection. Stories that do not go with you but that you leave on a shelf in case you ever want to come to greet them, perhaps others you leave minimized in the Word because they do not convince you or you do not want to stay naked in public with such crude words. Elaborate stories left in disaster drawers that no one looks at and that do not have much contextual interest, perhaps the one you give them, but do not matter much to leave in public.

Stories made poem, of those that you did not even imagine developing because you do not like anything but that you let flow because they are also part of you, your experiences and who you are. Stories that disappear in someone’s ears, you say it out loud and you forget to write it down, your memory is already faltering but what else gives, we have had a good time. Own stories that develop in your mind and stay for you. Life stories that nobody cares about, only words and letters to sort between memories to break.


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