Publicado en Relatos

Un Hasta Pronto:

Vino a mi casa una tarde más. La dejé pasar y le dije que se sentara en el sofá mientras yo preparaba unos cafés, desde siempre habíamos sido unas adictas a la cafeína. Parecía pensativa y bastante callada, nos sonreímos. Me di cuenta de que estaba un poco incómoda, se movía mucho y no sabía cómo empezar la conversación. Dejé los cafés encima de la mesita justo en medio de nosotras y la miré, quise que me contara qué había ocurrido ayer en su día y qué plan tendríamos para el fin de semana, desde que nos habíamos independizado, habíamos sido todavía más inseparables que en el instituto. No supo qué decir. Le saqué varios temas pero no salía de ellos, se trababa con las palabras y solo quería que yo hablara para, al menos, escuchar. Le temblaban las manos y solo quería tener la taza de café entre ellas.

Algo le pasaba. La única vez que la había visto así, había sido en su último viaje al campamento con diecisiete años, sus padres la mandaron a Francia y no nos íbamos a ver en todo el verano, estaba triste porque quería pasarlo conmigo y porque me lo había prometido durante los últimos meses. Nos volvimos a ver al volver a las clases y todo se quedó en nada, nos llamamos prácticamente cada día, nos echamos de menos pero sobrevivimos tres meses. Pero, esta vez, estaba más inquieta. Decidí un acercamiento directo:

– Vale, dime qué te pasa. Te noto nerviosa.

– Nada. No es nada – bajó la mirada, mientras respondía casi con un susurro -.

– Llevamos siendo amigas algo más de una década, sé cuándo te pasa algo. Dímelo, no voy a juzgarte…

– Tengo que irme.

– Si acabas de llegar… Llevas aquí como cinco minutos. ¿No te gusta el café? – hice ademán de levantarme para traerle otra cosa pero ella puso una mano en mi brazo para que volviera a sentar – Vale, ¿qué ocurre?

– Tengo que irme fuera. Me voy en dos días.

– ¿Fuera? ¿De viaje, quieres decir?

– Me voy a vivir a Italia una temporada, mi madre no se encuentra muy bien y necesita mi ayuda, quiere que vaya allí lo antes posible y yo… Quiero quedarme.

Tragué saliva. Se iba indefinidamente, no eran solo tres meses. Había vivido en Italia toda su niñez pero volvió aquí con su padre y sus dos hermanos, su madre fue la única que se quedó. Respiré hondo y la cogí de la mano.

– Puedes… venir cuando quieras, ¿no?

– Cuando pueda. Tengo que encontrar trabajo, instalarme en su casa y llevarla y traerla del médico prácticamente cada día. No tendré mucho tiempo.

Ahora entendía su nerviosismo. Había venido para despedirse, pero no sabía muy bien cómo hacerlo porque nunca había estado en esa situación. Quería pedirle que se quedara, quería llorar pero me aguanté las lágrimas, no era momento de ponerla más tensa o triste, ni siquiera hacer que se lo pensara dos veces, tenía que apoyarla. Todo había ocurrido de repente y ella era la que menos quería ir pero sus hermanos trabajaban y ayudaban a su padre a salir adelante, así que, solo quedaba ella. La buena de Angelina debía de hacer lo que la familia le pedía e irse lejos, olvidando todo lo que había construido aquí, entre nosotros.

Dejó el café sobre la mesita y se acercó más a mí, dándome un abrazo fuerte. Me lo estaba poniendo difícil eso de no llorar. No quería soltarme. Y yo tampoco. Podríamos hablar por Skype, ¿verdad? Podríamos seguir en contacto… No se terminó el café pero me pidió que la llevara al aeropuerto, cosa que hice dos días después. Una vez más, aguantándome las ganas de llorar, diciéndole que estaba orgullosa de lo que estaba haciendo y que ayudar a su madre era lo mejor que podía hacer. Me había convertido en la mayor mentirosa del mundo por un momento. No creí nada de lo que dije pero esperé que ella sí lo hiciera. Apenas hablamos durante el trayecto en coche, y apenas lo hicimos estando allí, esperando a que embarcara. Pero no me moví hasta que el avión despegó. Era como si se llevase un pedacito de mí. Ni siquiera sabía si volvería a verla o si esperaríamos mucho hasta que pudiéramos hablar, no pudo asegurarme nada.

A lo único que pude prestar atención fue a ese susurro en mi oreja cuando estuvo a punto de embarcar. Noté su aliento justo allí, mientras nos abrazábamos. Ese «hasta pronto» me dio algo de esperanza. Se instaló en mi corazón y esperó a que fuera verdad, a que pudiésemos tomar otro café en casa, a contarnos historias con chicos o lo curiosas que eran nuestras familias y sus dramas. Quería que fuera cierto, que fuera un presente tan rápido como fuera posible, que no fuésemos como esas amigas que se separan y ya no vuelven a hablarse o verse más por falta de tiempo o compromisos. Esperaba que ese «hasta pronto» prevaleciera y se fortificara en nuestra bonita amistad a partir de ese momento.


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See You Soon:

She came to my house one more afternoon. I let her pass and told her to sit on the couch while I made some coffees, we had always been addicted to caffeine. She seemed thoughtful and quite quiet, we smiled at each other. I noticed that she was a little uncomfortable, moved around a lot, and didn’t know how to start the conversation. I left the coffees on top of the table right in the middle of us and looked at her, I wanted her to tell me what had happened yesterday in her day and what plan we would have for the weekend, since we had become independent, we had been even more inseparable than in high school. She didn’t know what to say. I took out several topics but she didn’t get out of them, she got stuck with words and just wanted me to speak to at least listen. Her hands were shaking and she just wanted to have the cup of coffee between them.

Something was wrong. The only time I had seen her like this, it had been on her last trip to the camp when she was seventeen, her parents sent her to France and we were not going to see each other all summer, she was sad because she wanted to spend it with me and because she had promised it to me during the last months. We saw each other again when we went back to class and everything came to nothing, we called each other practically every day, we missed each other but we survived three months. But, this time, she was more restless. I decided a direct approach:

– OK, what happen with you?

– Nothing. It’s nothing.

– We’re been friends during more than a decade, I know when something’s happening to you. Tell me, I’m not gonna judge you…

– I have to go.

– If you have just arrived… You’ve been here for about five minutes. Don’t you like the coffee? – I made a gesture to get up to bring her something else but she put a hand on my arm to get her to sit down again – Okay, what’s wrong?

– I have to go outside from the country. I’m going in two days.

– Outside? Are you going to a travel or something? What do you mean?

– I’m going to live in Italy for a while, my mother is not very well and needs my help, she wants me to go there as soon as possible and I… I want to stay.

I swallowed. She was leaving indefinitely, it wasn’t just for three months. She had lived in Italy all her childhood but returned here with her father and her two brothers, her mother was the only one who stayed. I took a deep breath and took her by the hand.

– But you can come back to visit when you want… Right?

– When I can. I have to find a job settle in my mum’s house and take her and bring her from the doctor practically every day. I won’t have much time.

Now I understood her nervousness. She had come to say goodbye, but she didn’t quite know how to do it because she had never been in that situation. I wanted to ask her to stay, I wanted to cry but I endured tears, it was not time to make her more tense or sad, or even make her think twice, I had to support her. Everything had happened suddenly and she was the one who wanted to go the least but her brothers worked and helped their father to get ahead, so only she was the one who have to go. Angelina’s good daughter had to do what the family asked of her and go away, forgetting everything she had built here, between us.

She left the coffee on the coffee table and came closer to me, giving me a big hug. I was having a hard time not crying. She didn’t want to let me go. And neither do I. We could talk on Skype, right? We could keep in touch… She didn’t finish her coffee but she asked me to take her to the airport, which I did two days later. Once again, holding my heartfelt, telling her that I was proud of what she was doing and that helping her mother was the best thing she could do. I had become the biggest liar in the world for a moment. I didn’t believe anything I said but I hoped she did. We barely talked during the drive, and we barely did it while there, waiting for her to board. But I didn’t move until the plane took off. It was as if it took a little piece of me. I didn’t even know if I would see her again or if we would wait long until we could talk, she couldn’t assure me anything.

The only thing I could pay attention to was that whisper in my ear when she was about to board. I noticed her breath right there, as we hugged each other. That «see you soon» gave me some hope. It settled in my heart and waited for it to be true, for us to have another coffee at home, to tell us stories with boys or how curious our families were and their dramas. I wanted it to be true, to be a present as quickly as possible, not to be like those friends who separate and no longer talk to each other or see each other anymore due to lack of time or commitments. I hoped that this «see you soon» would prevail and be fortified in our beautiful friendship from that moment on.


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Autor:

Escritora. Estudiante de la vida y apasionada por la lectura y el aprendizaje. Siempre activa, esperando crear una nueva historia o personaje. La dominación de las palabras forma su existencia y la música un componente fundamental para una mente creativa.

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