Publicado en Reflexiones

Prisionera:

Te despertaste una vez más, confusa, adormilada y un tanto molesta por el ruido. Notabas tus ojos un poco apretados, como si todavía tuvieras sueño o como si no hubieras dormido en toda la noche. Te das cuenta de dónde estás. Piensas qué pudiste hacer tan horrible como para que vivas entre barrotes, sin intimidad y con una compañera a la que el aliento le huele a rata de alcantarilla. Miras a tu alrededor, resoplas y te levantas. No es la primera vez que sobrevives a algo así, esto no es nada comparado con lo que pasaste. Sigues repitiéndote que no es nada.

Esperas a que abran las jaulas para salir a comer esa especie de comida que sirven, parece echa de hormigón. Tratas de disimular tu incomodidad, tu psicóloga cree que te estás adaptando pero esta es otra pesadilla de la que te gustaría despertar ya mismo, sin descansos. Eres una más, no eres nada especial, nadie especial. Eso es lo que te dices para no llamar la atención, no quieres que se fijen en ti y vean tu vulnerabilidad, no podrías con ello. Sales de la jaula con la barbilla bien alta, con pinta de chula y con los ojos puestos en cada reclusa de aquel antro, no quieres que sospechen, así estarás segura. Porque nadie va a buscarte, y lo sabes, ¿verdad?

Bajas a desayunar. Miras a tu alrededor con la bandeja de comida entre tus manos, eligiendo el sitio más aislado en el que comer pero no lo suficiente para que no crean que escapas de alguien, algo o crean que estás asustada, vives en constante alerta. Respiras hondo y escoges la mesa de tu compañera, aunque hoy no hace cara de buenos amigos, pero recuerda no comentárselo si no quieres que te hunda en una pared con esa fuerza bruta que tiene. Os miráis. Oyes una palabra. Solo una, que procede de su boca: «puta», mientras empiezas a recordar qué narices le hiciste para que te diga eso. Pero no te da tiempo, se abalanza sobre ti como una fiera, sin pestañear, sin dudarlo, mientras tu forcejeas debajo de ella para que te deje libre. Hay momentos que se nublan a tu alrededor y empiezas a ver a tus padres recogiéndote en la Universidad antes de las vacaciones de Navidad, es como un disco rallado que no puedes escuchar bien porque hay alguien que no te deja. ¿O es ese alguien quién lo está provocando? ¿O es la pelea en sí?

Los recuerdos llegan como latigazos. Te volviste prisionera de ti, de tus pensamientos, de las presiones, de la perfección. Eras una reclusa de tus propias emociones, de tus posibles debilidades y tus inseguridades te aprisionaban el cuello, justo como Nancy hacía contigo en ese momento. No pudiste hacer otra cosa que no fuera escapar, escapar de todo, recluirte en tu prisión mental, comer esa basura de comida y caminar como un zombie por los pasillos para poder seguir adelante, para protegerte de ti misma. Todo daba vueltas, mientras te resistías a volver, mientras no te permitías olvidar, volver a sentirte, a tenerte presente y saber qué necesitabas. Cuanto más lo bloqueabas, Nancy apretaba más y más sus manos en tu cuello, tu cara tenía un color azulado, te quedabas sin oxígeno y no creías durar mucho tiempo más.

Pero algo en tu interior se sacudió. Fue algo que nunca antes sentiste, algo desconocido que venía con energía, volvía la superviviente con fuerza. Abriste los ojos y, a pesar de lo ahogada que te sentías, le diste dos puñetazos en los costados a la monstruosa Nancy, su culo pesaba más que su barriga, pero conseguiste que te soltara y echarla a un lado, a la vez que entraba aire en tus pulmones otra vez. Sonreíste. Supiste que ese era el momento. El momento de volver. Dejaste tu prisión y volviste a despertar. Esta vez, en tu último año de Universidad. No podías llegar tarde en tu primer día, ¿verdad?


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Prisoned:

You woke up once again, confused, sleepy and somewhat annoyed by the noise. You noticed your eyes a little tight, as if you were still sleepy or as if you hadn’t slept all night. You realize where you are. You think about what you could do so horrible that you live between bars, without intimacy and with a companion whose breath smells like a sewer rat. You look around, snort and get up. It’s not the first time you’ve survived something like this, this is nothing compared to what you went through. You keep repeating to yourself that it’s nothing.

You wait for the cages to open to go out and eat that kind of food they serve, it seems to be concrete. You try to hide your discomfort, your psychologist thinks you are adapting but this is another nightmare from which you would like to wake up right now, without breaks. You are one more, you are nothing special, no one special. That’s what you tell yourself so as not to attract attention, you don’t want them to look at you and see your vulnerability, you couldn’t do it. You leave the cage with your chin held high, looking cool and with your eyes on each inmate of that den, you do not want them to suspect, so you will be safe. Because no one is going to look for you, and you know it, right?

You go down for breakfast. You look around with the tray of food in your hands, choosing the most isolated place to eat but not enough so that they do not believe that you escape from someone, something or believe that you are scared, you live in constant alert. You take a deep breath and choose your partner’s table, although today she does not make the face of good friends, but remember not to tell her if you do not want her to sink you into a wall with that brute force she has. You look at each other. You hear a word. Just one, which comes from her mouth: «whore», while you begin to remember what the hell you made her to tell you that. But she does not give you time, she pounces on you like a beast, without blinking, without hesitation, while you struggle under her to leave you free. There are moments that get cloudy around you and you start to see your parents picking you up at the University before the Christmas holidays, it’s like a grated remember that you can’t listen too well because there’s someone who won’t let you. Or is that someone who is provoking it? Or is it the fight itself?

Memories come like lashes. You became a prisoner of yourself, of your thoughts, of pressures, of perfection. You were a recluse of your own emotions, your possible weaknesses and your insecurities imprisoned your neck, just as Nancy did with you at that time. You couldn’t do anything other than escape, escape from it all, seclude yourself in your mental prison, eat that food junk, and walk like a zombie through the halls so you can move on, to protect yourself. Everything went around, while you resisted coming back, while you did not allow yourself to forget, to feel again, to keep yourself in mind and know what you needed. The more you blocked it, Nancy squeezed her hands more and more on your neck, your face was bluish, you ran out of oxygen, and you didn’t think it would last much longer.

But something inside you shook. It was something you never felt before, something unknown that came with energy, the survivor came back strongly. You opened your eyes and, as choked as you felt, you punched the monstrous Nancy twice in the sides. her ass weighed more than her belly, but you got her to let go and push her aside, while air entered your lungs again. You smiled. You knew that was the time. The time to go back. You left your prison and woke up again. This time, in your last year of university. You couldn’t be late on your first day, right?


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Autor:

Escritora. Estudiante de la vida y apasionada por la lectura y el aprendizaje. Siempre activa, esperando crear una nueva historia o personaje. La dominación de las palabras forma su existencia y la música un componente fundamental para una mente creativa.

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