Publicado en Relatos

Todo en su Lugar:

Se había movido. Alguien había movido el jarrón del centro de la mesa. Empezó a sentirse nervioso, inquieto. Trató de seguir andando, las bolsas del supermercado le pesaban y no podía estar mucho tiempo de pie con ellas en las manos, observando el jarrón. Mientras sacaba la comida de las bolsas para ordenarla en la cocina, algo en su mente se activó para recordarle que el jarrón no estaba en su sitio. Quiso olvidarlo con todas sus fuerzas, pero no lo consiguió y tuvo que ir al salón. Primero cogió el metro que tenía guardado en el tercer cajón del mueble de la sala de estar y midió el espacio que tenía entre el jarrón y el borde para ponerlo exactamente igual a cómo estaba, ni un centímetro más ni uno menos, tenía que estar en su sitio.

Una sensación de tranquilidad le invadió tras recolocar el objeto, lo miró de lejos y pudo confirmar que así era, ya no le molestaba a la vista, estaba perfecto. Así que, podía volver a la cocina a organizar la comida. Todo debía estar dentro de las cajas que tenía dentro de la nevera, organizado por colores y en orden alfabético, como lo había hecho con todos sus libros de texto de su habitación y con las novelas que tenía en la estantería del pasillo, todo debía tener ese orden específico en su casa. Abrió y cerró la nevera tres veces para decirse que ya había terminado de colocarlo todo, si no lo hacía se ponía nervioso.

Subió a su cuarto a cambiarse de ropa. Cada prenda la dejaba meticulosamente doblada sobre la cama, luego la colocaba en el cajón que le pertenecía según el color y el tejido. A veces, creía que era un robot pero no podía evitar sentirse relajado cuando lo organizaba todo con esa pulcritud, es más, había recordado que no se había lavado las manos al entrar a casa tras salir a comprar. Podría tener gérmenes de otras personas. Y había tocado su ropa con ellos. También tenía que lavarla. Cogió toda la ropa de ese cajón y la echó a la lavadora, hasta que no empezó a lavarse no conseguía dejar de pensar en ello. Fue corriendo al lavabo para lavarse las manos con jabón, bastante. Siempre lo hacía dos veces, se sentía más seguro. Una sonrisa se dibujó en su cara, estaba limpio.

Bajó al salón a ver la televisión. Se sentó erguido, no le gustaba moverse mucho y tampoco sentir como si cayera dentro del sofá, le inquietaba y se sentía incómodo. Estuvo cambiando canales hasta que encontró el programa que hacían justo a las seis de la tarde, el canal Ciencia que no se perdía por nada del mundo, todos los días debía estar allí para verlo. Parecía hipnotizado, eclipsado por lo que ocurría en la pantalla, hasta que uno de los cristales del salón se rompió. Se giró bruscamente y vio que había caído una piedra dentro de casa desde fuera y que los niños habían estado jugando fuera con ella. Se levantó del sofá mirando la piedra y mirando a los niños que le observaban acercándose cada vez más a la casa. El ojo izquierdo le empezó a temblar, el labio inferior le temblaba también y notaba que el corazón empezaba a palpitarle rápido. Le habían roto el cristal. Y esa piedra estaba llena de barro, había dejado un pequeño camino por la parte derecha de su sofá… Tenía que limpiarlo. Ahora mismo.

Pero el timbre le interrumpió. Su cuerpo empezó a temblar un poco más, le castañeaban los dientes. ¿Quién le molestaba a las seis y diez de la tarde? Se estaba perdiendo el canal Ciencia. Abrió la puerta con fiereza. Los tres niños que habían tirado la piedra y le habían roto el cristal, venían a disculparse. Pero a Greg siguió sin gustarle. Aquello le había interrumpido su tarde de televisión y no podía tolerarlo. Los niños querían ayudarle a arreglarlo, pero él había dejado de oírles. Había cogido la piedra y les pegó con ella, varias veces. Solo quería oír la televisión. Y limpiar el sofá. Y arreglar el cristal. Y lavarse las manos. Por fin se callaron. Se dio cuenta de que la sangre salía de sus pequeños cuerpos, algo que le hizo expirar aliviado porque no volvería a oír más voces en su casa. Pero debía darse prisa o la sangre mancharía la alfombra. La ansiedad empezó de nuevo a aparecer, aumentando cada vez más.


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Everything in its Place:

It had been moved. Someone had moved the vase from the center of the table. He began to feel nervous, restless. He tried to keep walking, the bags in the supermarket weighed on him and he couldn’t stand long with them in his hands, watching the vase. As he took the food out of the bags to sort it out in the kitchen, something in his mind was activated to remind him that the vase was not in place. He wanted to forget it with all his might, but he didn’t get it and had to go to the living room. First he took the meter he had stored in the third drawer of the furniture in the living room and measured the space he had between the vase and the edge to put it exactly as it was, not one centimeter more or one less, it had to be in place.

A sense of tranquility invaded him after repositioning the object, he looked at it from afar and could confirm that it was, it no longer bothered his eyes, it was perfect. So, he could go back to the kitchen to organize the food. Everything had to be inside the boxes he had inside the fridge, organized by colors and in alphabetical order, as he had done with all his textbooks in his room and with the novels he had on the shelf in the hallway, everything had to have that specific order in his house. He opened and closed the fridge three times to tell himself that he had finished putting everything on, if he didn’t he would get nervous.

He went up to his room to change his clothes. Each garment was meticulously folded on the bed, then placed in the drawer that belonged to it according to the color and fabric. Sometimes, he thought he was a robot but he couldn’t help but feel relaxed when he organized everything with that neatness, moreover, he had remembered that he had not washed his hands when entering the house after going out to buy the food. He could have germs from other people. And he had touched his clothes with them. He also had to wash them. He took all the clothes from that drawer and threw them into the washing machine, until it started washing he couldn’t stop thinking about it. He ran to the sink to wash his hands with soap, quite a lot. He always did it twice, he felt safer. A smile was drawn on his face, he was clean.

He went down to the living room to watch TV. He sat upright, didn’t like to move around much, and he didn’t like to feel like he was falling on the couch, he was uneasy and uncomfortable. He was changing channels until he found the program he liked just at six in the afternoon, the Science channel that he was not miss for anything in the world, every day he had to be there to see it. He looked mesmerized, overshadowed by what was happening on the screen, until one of the windows in the living room broke. He turned sharply and saw that a stone had fallen inside the house from outside and that the children had been playing outside with it. He got up from the sofa looking at the stone and looking at the children who watched him getting closer and closer to the house. His left eye began to tremble, his lower lip was also shaking and he noticed that his heart was beginning to beat fast. His glass had been broken. And that stone was full of mud, it had left a small path on the right side of his sofa… He had to clean it up. Right now.

But the doorbell interrupted him. His body began to tremble a little more, his teeth were browning. Who bothered him at six and ten in the afternoon? He was missing the Cience channel. He opened the door fiercely. The three children who had thrown the stone and broken the glass, came to apologize. But Greg still didn’t like it. That had interrupted his television afternoon and he could not tolerate it. The children wanted to help him fix it, but he had stopped listening to them. He had taken the stone and hit them with it, several times. He just wanted to hear the TV. And clean the sofa. And fix the glass. And wash his hands. They finally shut up. He noticed that blood was coming out of their small bodies, something that made him expire relieved that he would not hear more voices in his house. But he had to hurry up or blood would stain the carpet. Anxiety started again, rising.


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