Publicado en Relatos

La Llamada:

Estaba sentada en la silla de la cocina, estudiando. Tenía un examen importante y no podía fallar otra vez. La casa estaba en silencio, mamá había salido y papá llegaría tarde de trabajar, quizá no le viese hasta el día siguiente, tenía una larga tarde por delante donde lo único que escucharía sería a mi mente repasar. Pero quizá, no fuera del todo cierto, aunque lo hubiese querido. Las primeras dos horas pasaron volando, decidí parar para comerme un helado. Seguía el silencio. Ese silencio que se rompería con solo hacer el mínimo ruido. Quizá me sobresaltaría al instante, o quizá no.

Pero ese silencio me permitió oír algo, como un tintineo. No sabía de dónde venía, pero me hizo levantar la cabeza y dejar el helado a un lado. Escuché con más atención y conseguí distinguir la habitación de la que provenía. Arriba, seguro. Me dirigí a las escaleras para asomarme a las habitaciones y comprobar qué era ese ligero sonido, era leve pero aún permanecía dentro de mis oídos. Caminé por el pasillo una vez arriba y el tintineo se volvía cada vez más insistente, agudo, alto, llegaba a molestar. Pasé el baño que compartíamos y el sonido fue ensordecedor, tanto que tuve que taparme los oídos con ambas manos, más que en el resto de habitaciones. Ahí estaba pasando algo y no sabía el qué. Seguí frente al baño, con las orejas tapadas con las manos, hasta que puse un pie dentro y me quedé parada en el centro del cuarto de baño. Me senté en el suelo mirando la bañera, esperando oír el tintineo pero no volví a oír nada parecido. Dejé las manos caer a ambos lados.

Se me erizó la piel del cuello, noté una sensación extraña, como si alguien me observara. No quería girarme. Mi corazón empezaba a palpitar más rápido, respiré entrecortado y mis manos temblaban. Cerré los ojos un momento, tenía que tranquilizarme, pero antes de que pudiera concentrarme en mi respiración, noté el aliento de alguien en mi oreja derecha, un susurro perceptible, una sola palabra y una voz conocida, tan conocida que me sorprendió, incluso, llegué a pensar que estaba siendo objeto de una broma pesada. «Ayúdame», dijo. «Ayúdame, por favor». Abrí los ojos de repente y me volví, sin pensarlo. No había nadie. El tintineo, nuevamente. Esta vez, sonaba en las escaleras, iba bajando. Me levanté del suelo y lo seguí.

El tintineo me llevó hasta la puerta de entrada. Su voz, persistía en mi oído, esta vez, desesperada: «¡Grace, por favor! ¡Grace, ayúdame!». Era él. Era mi hermano. Mientras me preguntaba cómo era posible que le oyera sin estar presente, seguí el tintineo hasta fuera de casa, siguiendo calle abajo, hasta llegar al bosque. Mamá siempre me advirtió y me prohibió expresamente ir allí sin ningún motivo aparente, solamente con un «tú hazme caso, ¿vale? No te acerques», le hice caso, claro pero ahora, de pie frente a él, no podía sino adentrarme para seguir el tintineo, para seguir su voz, cada vez más desgarradora e impaciente.

Matt era un idiota. Siempre lo había sido. Odiaba que me ignorara, que me dejara de lado en todas las comidas familiares, que no me mirara, que casi no existiera para él, odiaba que solo fuera la hermana pesada. Pero no podía si no preocuparme ahora, nunca me pediría ayuda a mí. ¿Cómo era posible que solo yo le oyera? Me fui acercando a un claro y su voz se disipó, tras un grito ahogado y un golpe sordo. El silencio me embriagó justo allí, en aquel lugar solitario, con el viento rozando mi cara y sin saber qué dirección tomar. Ya no había tintineo, había desaparecido. Ahora estaba allí sola. ¿Habría una sola posibilidad de que todo esto fuera una broma?

«Ayu… Ayúdame… por…», oí el susurro más cerca, pero no en mi oído, venía de alguna parte del claro o de ese bosque. Me fundí con el silencio, agudizando mucho más mi oído y fue cuando percibí un movimiento y como una especie de jadeo no muy lejos de donde yo estaba. Busqué en todas direcciones con la mirada, inquieta, esperando diferenciar algo a mi alrededor que me diese una pista de dónde estaba Matt. Y allí lo vi, justo allí. Estaba apoyado en un árbol, casi inmóvil. Corrí hacia su posición tan rápido como pude, sin perder ni un segundo y ahí fue cuando lo vi. Tenía una herida enorme en la parte baja del estómago, había sangre por todas partes, y él solo susurraba. Le seguía escuchando, cada vez más flojo, cada vez más lejano. No podía moverme, estaba paralizada. Matt me miró e hizo una mueca, me había visto llegar, le encantó que le hubiese oído porque reafirmaba su loca teoría de que teníamos una conexión de hermanos mejor que la de los gemelos y sabía que en cuanto llamara, yo estaría allí, por nuestra conexión. Resultó ser cierto, sin tener ni idea de cómo podía saber tal cosa, aunque de lo que sí tenía cierta idea es de que siempre se guardaba lo que le interesaba, cambiando de tema cuando le convenía.

Me senté en la hierba junto a él. Me cogió la mano y me miró como no me había mirado antes, con cierta dulzura y un deje de paternalismo. No esperaba para nada lo que dijo, arrastrando las palabras y con cierta lentitud, se quedaba sin voz.

– Estoy orgulloso de ti, Nessa. Aunque no lo creas o no te lo haya dicho.

– ¿Qué te ha pasado?

– No te preocupes por eso. Te quiero, ¿vale? – asentí con la cabeza mientras se me humedecían los ojos – Sabes que sé guardar secretos, ¿verdad? – volví a asentir – Quiero que leas esto cuando estés a solas, cuando yo me haya… ido.

– ¿Qué? ¿A dónde vas? – le pregunté, preocupada – No puedes irte, estoy aquí.

– Tú léelo, ¿vale? Hazme… caso. No te preocupes, hermanita.

Me acarició la cara con la mano, también con lágrimas en los ojos. Cogí la carta y, en cuanto levanté la vista, Matt había cerrado los ojos y su voz había desaparecido, ya no le oía. Le zarandeé varias veces, pero no respondió. Le grité, pero no dijo nada. «Oh, dios mío», pensé. Confusa, abrí la carta. Empecé a leer y me sorprendí más de lo que creía, Matt guardaba muchos secretos, tantos como sentimientos. Realmente, me había querido siempre, incluso, cuando fingía odiarme. Por una vez, supe lo que realmente sentía por mí, lo que hizo para protegerme, justo cuando ya no le tenía conmigo. Le conocí poco. Le sentí poco. Quizá nuestra conexión me decía más de lo que yo quise escuchar, o quizá solo era una teoría remota, pero supongo que me llevaría esa nota a todas partes para oír su voz a través de sus palabras cada día de lo que me quedara de vida.


The Calling:

I was sitting in the kitchen chair, studying. I had an important exam and I couldn’t fail again. The house was quiet, mom had left and dad would be late from work, maybe I wouldn’t see him until the next day, I had a long afternoon ahead of me where the only thing I would hear my mind go over. But perhaps, it was not entirely true, even if I had wanted it. The first two hours flew by, I decided to stop to eat ice cream. The silence followed. That silence that would be broken just by making the slightest noise. Maybe I would be startled instantly, or maybe not.

But that silence allowed me to hear something, like a jingle. I didn’t know where it came from, but it made me raise my head and put the ice cream aside. I listened more carefully and managed to distinguish the room from which it came. Upstairs, for sure. I went to the stairs to look out into the rooms and check what that slight sound was, it was slight but still lingered inside my ears. I walked down the hallway once upstairs and the jingle became more and more insistent, sharp, high, it came to bother. I passed the bathroom we shared and the sound was deafening, so much so that I had to cover my ears with both hands, more than in the rest of the rooms. There was something going on and I didn’t know what. I continued in front of the bathroom, my ears covered with my hands, until I put one foot inside and stood in the center of the bathroom. I sat on the floor looking at the bathtub, waiting to hear the jingle but I never heard anything like it again. I let my hands fall on both sides.

My neck skin bristled, I noticed a strange feeling, as if someone was watching me. I didn’t want to turn around. My heart was starting to beat faster, I breathed heavily and my hands were shaking. I closed my eyes for a moment, I had to calm down, but before I could focus on my breathing, I noticed someone’s breath in my right ear, a perceptible whisper, a single word and a familiar voice, so well known that I was surprised, even I came to think that I was being the subject of a stupid joke. «Help me,» he said. «Help me, please.» I opened my eyes suddenly and turned, without thinking. There was no one. The tinkling, again. This time, it sounded on the stairs, it was going down. I got up from the ground and followed it.

The jingle took me to the front door. His voice, persisted in my ear, this time, desperate: «Grace, please! Grace, help me!» It was him. He was my brother. While wondering how it was possible for me to hear him without being present, I followed the jingle outside the house, following down the street, until I reached the forest. Mom always warned me and expressly forbade me to don’t go there for no apparent reason, only with a «Pay attention, okay? Don’t go to the forest,» I listened to her, of course, but now, standing in front of it, I couldn’t help but go inside to follow the jingle, to follow his voice, increasingly heartbreaking and impatient.

Matt was an idiot. He always had been. I hated that he ignored me, that he left me out at all family meals, that he didn’t look at me, that I almost didn’t exist for him, I hated that I was just the annoying sister. But I couldn’t but worry now, he would never ask me for help. How was it possible that only I heard him? I approached a clearing and his voice dissipated, after a muffled scream and a dull blow. The silence intoxicated me right there, in that lonely place, with the wind brushing my face and not knowing which direction to take. There was no more tinkling, it was gone. Now I was there alone. Would there be a single chance that this was all a joke?

«Help… Help me… please…», I heard the whisper closer, but not in my ear, it came from somewhere in the clearing or from that forest. I merged with silence, sharpening my ear much more and that’s when I perceived a movement and as a kind of gasp not far from where I was. I searched in all directions with my gaze, restless, hoping to differentiate something around me that would give me a clue as to where Matt was. And there I saw it, right there. He was leaning on a tree, almost motionless. I ran to his position as fast as I could, without wasting a second and that’s when I saw him. He had a huge wound on his lower stomach, there was blood everywhere, and he was just whispering. I kept listening to him, more and more loose, more and more distant. I couldn’t move, I was paralyzed. Matt looked at me and grimaced, he had seen me arrive, he loved that I had heard him because it reaffirmed his crazy theory that we had a better sibling connection than the twins and he knew that as soon as he called, I would be there, because of our connection. It turned out to be true, having no idea how he could know such a thing, although what he did have some idea of is that he always kept what interested him, changing the subject when it suited him.

I sat on the grass next to him. He took my hand and looked at me as he had not looked at me before, with a certain sweetness and a slight of paternalism. I didn’t expect what he said at all, slurring his words and with some slowness, I was speechless.

– I’m proud of you, Grace. Although you don’t believe it or I’ve never said it to you.

– What happened to you?

– Don’t worry about it. I love you, ok? – I nodded my head as my eyes moistened – I know how to keep secrets, remember? – I nodded again – I want you to read this when you are alone, when I have… Gone.

– What? Where are you going? – I asked him, worried – You can’t go, I’m just right here.

– Just read it and do as I said… ok? Don’t worry, little sister.

He stroked my face with his hand, also with tears in his eyes. I picked up the letter and as soon as I looked up, Matt had closed his eyes and his voice had disappeared, I could no longer hear him. I shook him several times, but he didn’t answer. I yelled at him, but he didn’t say anything. «Oh, my god,» I thought. Confused, I opened the letter. I started reading and I was surprised more than I thought, Matt kept many secrets, as many as feelings. Really, he had always loved me, even when he pretended to hate me. For once, I knew what he really felt about me, what he did to protect me, just when I no longer had him with me. I knew him a little. I felt a little for him. Maybe our connection told me more than I wanted to hear, or maybe it was just a remote theory, but I guess I would take that note everywhere to hear his voice through his words every day for the rest of my life.


Autor:

Escritora. Estudiante de la vida y apasionada por la lectura y el aprendizaje. Siempre activa, esperando crear una nueva historia o personaje. La dominación de las palabras forma su existencia y la música un componente fundamental para una mente creativa.

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