Publicado en Relatos

En Silencio:

Lo que piensas no lo dejas salir, lo reprimes, lo silencias, prohíbes a tus palabras mostrarse como realmente son, te adaptas y sigues caminando para que nadie se dé cuenta aunque estés tan incómoda que no puedas permanecer quieta en tu silla, mientras miras a tu familia montar el árbol de Navidad, mientras esperáis la cena. No querías ir. No porque no quieras verlos o no les quieras, simplemente, no querías ir, no había otra razón, pero no lo dijiste cuando tu madre llamó, seguro que te hubiera hecho mil preguntas y tú odias las preguntas.

Al llegar a casa de tus padres con el coche, suspiraste. Te traía muchos recuerdos, algunos de los que no te ha gustado ni pensar normalmente, aunque a veces, aparezcan cuando menos te lo esperas. Necesitaste de un par de minutos para salir del coche, asearte un poco el vestido y recomponerte, te abrumaba estar allí, sabías que tus hermanos estaban allí porque sus coches estaban junto al tuyo. Notabas tu respiración más entrecortada pero sabías que eran los nervios, alargaste el brazo y llamaste al timbre. Abrió tu madre, como siempre, sabías que tu padre estaba muy ocupado mirando el partido y tomándose unas cervezas antes de poner el árbol y cenar, pero trataste de que no se notara tu fastidio, saludándola con un abrazo, aunque nunca te había hecho mucha gracia ese contacto. Al «cómo estás» educado, le siguió un «estás guapísima, aunque el vestido es un poco corto, ¿no?», como era de esperar, pero seguiste adelante hacia el salón donde estaban todos.

Greg, Eddie, Martha y Greta, reían sobre una tontería que suponías que Greg había dicho, el hermano mayor de todos. Se giraron hacia ti y se te quedaron mirando, mientras sonreías como una idiota, se te daba bien fingir las sonrisas pero eso no significaba que lo disfrutaras. Te sentaste en el sofá, mientras tu madre iba a comprobar cómo seguía la cena y ahí seguías, ¿verdad? Observándoles. Nunca entendiste su relación. Siempre estaban unidos pero, de algún modo, algo se rompió entre tú y ellos, algo no encajaba y te fuiste antes que ellos, tuviste un ritmo de vida precipitado, definitivo, algo que ellos no entendieron. Eres la oveja negra y siempre te has sentido así. Tu padre mira la televisión, empanado, ni siquiera se ha girado a mirarte, no es que le importes mucho, ¿no? El alcohol siempre fue su máximo aliado, no supo cómo tratar a tu madre y tampoco a ti. El recuerdo te hace tragar saliva y mirar al frente, fingiendo sonreír a tus hermanos y tratando de no aguar la fiesta.

Tu madre aparece, por fin. Os sentáis todos a cenar y los villancicos suenan en un pequeño tocadiscos. Tu madre y ese cacharro siempre han sido inseparables pero a ti nunca te ha gustado, aunque sale de tu boca la frase «pues a mí me encanta», refiriéndote a él, haciendo feliz a tu madre y recibiendo la mirada inquisitiva de tus hermanos, los cuales, empiezan a preguntar qué es de tu vida. Surfeas entre el «no hay nada importante que contar» y el «todo está igual que siempre» mientras recuerdas la tercera cita con Eric, un chico apuesto, caballeroso y que te llevó a casa con un Rolls Royce increíblemente elegante y cómodo, el beso en la puerta de tu casa y cerrándola tras de ti decidiendo que no volverías a verle, no estabas preparada y quizá estabas mejor sola, te encantaba tener tu espacio. ¿Qué le dijiste a tus padres? Que preferías no desvelar demasiado, que tu chico era muy tímido y que esperabas prometerte muy pronto, era horrible no poder contar nada, ¿verdad? No lo entenderían.

Eddie empieza a hablar de la nueva casa que se ha comprado, de sus nuevos proyectos en su empresa, del coche que quiere comprarse y del embarazo de su mujer, ya van seis meses. Martha es una periodista a la que le reconocen muchos trabajos, cada vez le dan más responsabilidades y hace, de alguna manera, que sea la luz de los ojos de vuestros padres. Greg no dejó de hablar de su taller de coches, de las reformas que iba a hacer y de cuánto dinero había ganado en Las Vegas esta última semana. Greta, tu hermana pequeña, hablaba de lo bien que le iba en la Universidad, de las notas tan altas que estaba sacando y todas las actividades extracurriculares a las que se había apuntado, le interesaba casi todo. Les observas y, obviamente, ves que no encajas, sientes que no eres parte de nada de eso, que esa conversación es un eco ajeno, alejado de ti. No te apetece comer más, pero te lo terminas, no quieres que tu madre piense que comes menos o que no te gusta lo que ha preparado. Tus hermanos son unos glotones, ellos no hace falta que queden bien.

Os sentáis en el sofá tras la cena a charlar un rato más, mientras tú sigues en silencio, no hay mucho más que decir. Asientes con la cabeza, tratas de parecer interesada y por educación haces un par de preguntas o tres más para dar a entender que te diviertes, intentando controlar tus ganas de salir huyendo de allí, nunca fuiste feliz y te forzaron a irte. Tu padre con los problemas con la bebida, tu madre siempre estaba amargada y enfadada, Greg tuvo épocas oscuras con las drogas y no parecía él mismo, Eddie siempre hacía su vida fuera pero se metía mucho contigo, te hacía bromas pesadas y te repetía al oído que no eras su hermana, que estaba seguro de que eras adoptada, seguido de una risa estridente. Martha era la más querida, casi la preferida de todos y la que no veía el problema de tu padre como un problema, ella simplemente, pasaba de todo. Greta se escondía cada vez que oía una discusión, a veces, en el armario o debajo de la cama, emitía grititos desesperados necesitando que callaran, mientras tú te ponías música a todo volumen para no escucharles, era una casa de locos. Y todo volvió a ti en ese momento, en ese instante sentados en el sofá, como si nunca hubiera pasado.

Con una sonrisa queda, te excusas diciendo que mañana tienes que ir a la oficina a trabajar, cuando sabes que tienes el día libre en la tienda a dos manzanas del piso que tienes alquilado y en la que estás de dependienta, cuando le has dicho a tus padres que eres redactora de una revista no muy conocida pero que te pagan genial. Tu madre te acompaña hasta la puerta, te sonríe a la vez que te da unos bombones y se despide con un abrazo. Un «adiós» casi inaudible sale de tu boca, sin mayor importancia, la puerta ya se había cerrado y ella ya había vuelto con tus hermanos. Ya podías volver a la realidad, a tu realidad, a esa que no sale a la superficie, a la que te aleja de esa casa, de sus palabras y de los gritos. Te alegrabas de volver a tu hogar, aunque no tuviera agua caliente, se podía sentir el silencio y la paz.


In the Silence:

What you think you do not let it out, you repress it, you silence it, you forbid your words to show themselves as they really are, you adapt and you keep walking so that no one notices even if you are so uncomfortable that you can not remain still in your chair, while watching your family ride the Christmas tree, while you wait for dinner. You didn’t want to go. Not because you don’t want to see them or you don’t love them, you just didn’t want to go, there was no other reason, but you didn’t say it when your mother called, You’re sure she would have asked you a thousand questions and you hate questions.

When you got to your parents’ house with the car, you sighed. It brought back many memories, some of which you did not like or think normally, although sometimes, they appear when you least expect it. You needed a couple of minutes to get out of the car, wash your dress a little and recompose yourself, you were overwhelmed to be there, you knew your brothers were there because their cars were next to yours. You noticed your breathing more choppy but you knew it was the nerves, you lengthened your arm and called the bell. Your mother opened, as always, you knew that your father was very busy watching the game and having a few beers before putting the tree and having dinner, but you tried not to show your annoyance, greeting her with a hug, although you had never been very amused by that contact. The polite «how are you?» followed by a «you are beautiful, although the dress is a bit short, isn’t it?», as expected, but you kept going to the living room where everyone else was.

Greg, Eddie, Martha, and Greta were laughing at a nonsense you assumed Greg had said, everyone’s older brother. They turned to you and stared at you, while you smiled like an idiot, you were good at faking smiles but that didn’t mean you enjoyed it. You sat on the couch, while your mother went to check how dinner went and there you are now, right? Watching them. You never understood their relationship. They were always united but, somehow, something broke between you and them, something did not fit and you left before them, you had a precipitous, definitive rhythm of life, something that they did not understand. You are the black sheep and you have always felt that way. Your father watches TV, distracted, he hasn’t even turned to look at you, not that he cares much, right? Alcohol was always his greatest ally, he didn’t know how to treat your mother and neither to you. The memory makes you swallow saliva and look ahead, pretending to smile at your siblings and trying not to put the mood down.

Your mother appears, at last. You all sit down to dinner and the carols play on a small record player. Your mother and that pot have always been inseparable but you have never liked it, although the phrase «well, I love it» comes out of your mouth, referring to it, making your mother happy and receiving the inquisitive look of your brothers, who begin to ask what about your life. You surf between the «there is nothing important to tell» and the «everything is the same as always» as you remember the third date with Eric, a handsome, gentlemanly boy who took you home with an incredibly elegant and comfortable Rolls Royce, the kiss on the door of your house and closing it behind you deciding that you would not see him again, you were not prepared and maybe you were better off alone, you loved having your space. What did you say to your parents? That you preferred not to reveal too much, that your guy was very shy and that you hoped to get promised very soon, it was horrible not to be able to tell anything, right? They wouldn’t understand.

Eddie begins to talk about the new house he has bought, his new projects in his company, the car he wants to buy and his wife’s pregnancy, six months have passed. Martha is a journalist who is recognized by many jobs, each time she is given more responsibilities and makes, in some way, the light of your parents’ eyes. Greg didn’t stop talking about his car shop, the renovations he was going to do and how much money he had made in Las Vegas this past week. Greta, your little sister, talked about how well she was doing in college, the high grades she was getting and all the extracurricular activities she had signed up for, she was interested in almost everything. You observe them and, obviously, you see that you do not fit in, you feel that you are not part of any of that, that that conversation is an alien echo, away from you. You don’t feel like eating more, but you finish it, you don’t want your mother to think that you eat less or that you don’t like what she has prepared. Your brothers are gluttons, they don’t need to look good in front of them.

You sit on the sofa after dinner to chat for a while longer, while you continue in silence, there is not much more to say. You nod your head, you try to look interested and by politeness you ask a couple of questions or three more to imply that you have fun, trying to control your desire to run away from there, you were never happy and you were forced to leave. Your father with drinking problems, your mother was always bitter and angry, Greg had dark times with drugs and didn’t look like himself, Eddie always made his life out but messed with you a lot, made heavy jokes and repeated in your ear that you were not his sister, that he was sure you were adopted, followed by a raucous laugh. Martha was the most beloved, almost everyone’s favorite and the one who did not see your father’s problem as a problem, she simply didn’t care of anything. Greta hid every time she heard an argument, sometimes in the closet or under the bed, she emitted desperate screams needing them to shut up, while you played loud music so as not to listen to them, it was a crazy house. And everything came back to you in that moment, in that instant sitting on the sofa, as if it never had happened.

With a gentle smile, you excuse yourself saying that tomorrow you have to go to the office to work, when you know that you have the day off in the store two blocks from the apartment you have rented and in which you are a clerk, when you have told your parents that you are an editor of a magazine not well known but that they pay you great. Your mother accompanies you to the door, smiles at you while giving you some chocolates and says goodbye with a hug. An almost inaudible «goodbye» comes out of your mouth, without much importance, the door had already closed and she had already returned with your brothers. You could already return to reality, to your reality, to that which does not come to the surface, to the one that takes you away from that house, from its words and from the screams. You were happy to return home, even if you didn’t have hot water, you could feel the silence and peace.


Autor:

Escritora. Estudiante de la vida y apasionada por la lectura y el aprendizaje. Siempre activa, esperando crear una nueva historia o personaje. La dominación de las palabras forma su existencia y la música un componente fundamental para una mente creativa.

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