Publicado en Relatos

Una Vida sin Ti:

Podía verlo en tus ojos, podía sentirlo en mí, no eras tú mismo. No podía identificar qué era, qué hacía que te hiciera parecer tan frío, solitario, aislado del mundo, no entendía muy bien qué querías decirme pero que no me decías. Hablabas en susurros, para tus adentros, sin cesar, pensabas demasiado, corrías demasiado y casi no comías. No sabía a qué venían tantos cambios, pero quizá te estaba afectando verte así tanto como a mí, eso seguro. Quise preguntarte pero siempre había algo que me frenaba, una sensación que me decía que no era el momento adecuado para hacerlo.

Nunca lo dijiste. Nunca me atreví a preguntar. Existía una distancia imposible entre nosotros, no habías estado tan lejos estando tan cerca antes, habíamos estado unidos, formábamos un equipo, nos apoyábamos en cualquier situación pero te desvaneciste de alguna forma, aunque tu cuerpo siguiera a mi lado. Eras una sombra a la que ya no podía llamar hogar. Existía una tristeza en ti que no había visto, no tenía ni idea de cuándo había comenzado o de si había ocurrido de forma natural en el tiempo o ya residía en tu interior sin haberlo notado. Esa melancolía se extendía a tu corazón, corto de palabras y largo de pensamiento, así es como te calificaba para entender tus fases y tus estados cambiantes.

Dejé de descifrar qué te ocurría con solo mirarte, dejaste de ser evidente, ya no te importaba si te entendían o si no, eras un sujeto más en el mundo que empezaba a pensar solo en sí mismo, un nuevo espectro que trataba de sobrevivir luchando contra su propia mente. Porque estabas en ella, estaba seguro. No estabas loco, eso lo sé, pero decías cosas sin sentido y te asustabas con facilidad, ni siquiera podía tocarte sin que dieras un brinco, tus ojeras empezaban a mostrar tu insomnio casi constante del que no comentabas nada. Aunque sí lo hiciste otras veces y entre copa y copa, tratábamos de ayudarte. Dejó de ser así de un día para el otro. ¿Qué pasó? Cada día sigo preguntándomelo.

Salías y caminabas sin rumbo, y sí, lo sé. ¿Cómo lo sé? Supongo que preguntarás. Bien, a veces, te seguía al terminar el trabajo, no podía evitarlo porque quería comprobar que estabas bien. Y sí, confirmo otra vez que caminabas sin rumbo alguno entre calles estrechas y sin mucha luz, como si buscaras a alguien que pudiera meterte en líos o quizá tú mismo buscabas alguno, no tengo ni idea y no parece que la respuesta vaya a aparecer en un instante. Siempre fuimos imperfectos, dos autodidactas, frikis y locos por los cómics, podíamos comentar historias durante horas y no cansarnos, pero dejaste de venir a casa y yo también lo aparté, no había nadie más con quién hacerlo, eras mi compañero. Pero quizá, hacía tiempo que te habías ido.

Pasabas horas ausente, tenía que excusarte con nuestros amigos, tu familia y compañeros del trabajo, llegaba a ser incómodo y realmente vergonzoso, ni siquiera sabía qué era lo que tenías que hacer tan importante fuera para que no vinieras más, para que te alejaras tanto como para preocuparnos. Cada uno de nosotros se preguntó si hicimos algo mal, si dijimos algo que no debíamos o si quizá te ofendieron en el trabajo en alguno de los proyectos en los que trabajabas pero nada acudió a mi mente. Lo siento pero, ¿se suponía que debía encontrar respuestas? ¿Debí ser más efectivo? ¿Quizá algo más insistente, consistente? Solo quería que mi mejor amigo volviera, pero estaba seguro de que no podría ser que eso cambiase muy pronto, seguías actuando raro.

Hasta que lo supe, supe que se había acabado cuando recibí una llamada. Eras tú. Me extrañó, hacía meses que no veía tu nombre en la pantalla del móvil, así que, contesté de inmediato. Parecía que no pudieras hablar, que te ahogaras con tu propio dolor o por tus lágrimas, quizá ambas cosas, pero sonó como una despedida. Tras tantos meses sin decir una palabra, sabía que algo iba mal, sabía que ibas a hacer algo quizá arriesgado pero no me hubiera imaginado encontrarte así, tampoco hubiera pensado tener que llamar a la ambulancia y a la policía para que te recogieran de entre las rocas después de haberte tirado desde el puente más alto de la ciudad, sin dejar una nota, solo una llamada en la que a penas podías articular palabra. Tuve que adivinar dónde estabas. No fue fácil.

Había una parte oscura en ti que te engulló, absorbió tu alegría, tus risas, tu sentido del humor y quizá tus ganas de vivir, porque nunca te había visto así, era como hablar con otra persona fuera de su propio cuerpo, como una alma solitaria que no quiere volver a su estado actual. No dejaste nada más en nuestra mano para poder explicar qué pasó realmente, qué te hizo volverte así, que te hizo creer que guardando tantos secretos como empezabas a hacerlo y a reprimir emociones iba a ayudarte a pasar por lo que fuera que estuvieras pasando. Desde luego, podrías haber recurrido a nosotros, pero supongo que no pudiste. O no quisiste. Dejaste que esa oscuridad se extendiera, se apoderara de cada momento perfecto, de cada logro y cada centímetro de felicidad que aún te quedaba en tu interior. Pero, por alguna razón que aún desconozco, algo me dice que esperabas que sucediera, lo aceptaste de alguna forma.

Hace un par de horas he vuelto de tu funeral y ha sido devastador. No tienes ni idea de lo duro que ha sido perderte, ir allí y fingir delante de todo el mundo, calmar a tus padres para que no creyeran que fue su culpa. No sé en qué pensabas pero nos has dejado un gran vacío, uno oscuro y quebradizo. Nunca me imaginé la vida sin ti, así que, imagino que ahora tendré que hacerlo.


A Life Without You:

I could see it in your eyes, I could feel it inside me, you weren’t yourself. I couldn’t identify what it was, what made you look so cold, lonely, isolated from the world, I didn’t quite understand what you wanted to tell me but what you didn’t tell me. You spoke in whispers, to your insides, endlessly, you thought too much, you ran too much and you hardly ate. I didn’t know what so many changes were coming to, but maybe it was affecting you to see you like that as much as it was for me, that’s for sure. I wanted to ask you but there was always something holding me back, a feeling that told me it wasn’t the right time to do it.

You never said it. I never dared to ask. There was an impossible distance between us, you hadn’t been that far away being so close before, we had been united, we formed a team, we supported each other in any situation but you vanished somehow, even if your body was still by my side. You were a shadow I could no longer call home. There was a sadness in you that I had not seen, had no idea when it had begun or if it had occurred naturally in time or already resided within you without having noticed it. That melancholy extended to your heart, short of words and long of thought, this is how I qualified you to understand your phases and your changing states.

I stopped deciphering what happened to you just by looking at you, you stopped being obvious, you no longer cared if your closed ones understood you or if they don’t, you were just another subject in the world who began to think only of himself, a new spectrum that tried to survive fighting against his own mind. Because you were in it, I was sure. You weren’t crazy, I know, but you said nonsensical things and you were scared easily, I couldn’t even touch you without you jumping, your dark circles began to show your almost constant insomnia that you didn’t comment on. Although you did it other times and between drinks, we tried to help you. It stopped being like that from one day to the next. «What happened??» Every day I keep asking myself that same question.

You went out and walked aimlessly, and yes, I know. «How do I know?» I guess you’ll ask. Well, sometimes, I followed you when I finished at work, I couldn’t help it because I wanted to check that you were okay. And yes, I confirm again that you walked aimlessly between narrow streets and without much light, as if you were looking for someone who could get you into trouble or maybe you were looking for it, I have no idea and it does not seem that the answer will appear in an instant. We were always imperfect, two self-taught, geeks and crazy about comic books, we could talk about stories for hours and not get tired, but you stopped coming home and you pushed all of this away too, there was no one else to do it with, you were my partner. But perhaps, you had long been gone, sooner than expected.

You spent hours away, I had to excuse yourself with our friends, your family and co-workers, it became uncomfortable and really embarrassing, I didn’t even know what you had to do so important outside that you wouldn’t come anymore, so that you would get away as to don’t worry about us. Each of us wondered if we did something wrong, if we said something we shouldn’t or if maybe you were offended at work on any of the projects you were working on but nothing came to my mind. I’m sorry, but was I supposed to find answers? Should I have been more effective? Perhaps quite more insistent, consistent? I just wanted my best friend to come back, but I was sure that couldn’t happen any time soon bacause you kept acting weird.

Until I knew. I knew it was over when I got a call. It was you. I was surprised, I hadn’t seen your name on the mobile screen for months, so I answered immediately. It seemed like you couldn’t speak, that you drowned in your own pain or your tears, maybe both, but it sounded like a farewell. After so many months without saying a word, I knew that something was wrong, I knew that you were going to do something maybe risky but I would not have imagined finding you like this, nor would I have thought of having to call the ambulance and the police to pick you up from among the rocks after having thrown yourself from the highest bridge in the city, without leaving a note, just a call in which you could barely articulate a word. I had to guess where you were. It wasn’t easy.

There was a dark part within you that engulfed you, absorbed your joy, your laughter, your sense of humor and maybe your desire to live, because I had never seen you like this, it was like talking to another person outside their own body, like a lonely soul who does not want to return to its current state. You left nothing else in our hands to be able to explain what really happened, what made you become like this, that made you believe that keeping as many secrets as you began to keep and suppressing emotions was going to help you go through whatever you were going through. Of course, you could have ask for help to us, but I guess you couldn’t. Or you didn’t want to. You let that darkness spread, take over every perfect moment, every achievement and every inch of happiness that you still had inside. Although, for some reason that I still don’t know, something tells me that you expected it to happen, you accepted it somehow.

A couple of hours ago I came back from your funeral and it was devastating. You have no idea how hard it has been to lose you, go there and pretend in front of everybody, calm your parents so they wouldn’t believe it was their fault. I don’t know what you thought in that moment but you have left us a huge void inside, a dark and brittle one. I never imagined my life without you, so I imagine I’ll have to do it now.


Autor:

Escritora. Estudiante de la vida y apasionada por la lectura y el aprendizaje. Siempre activa, esperando crear una nueva historia o personaje. La dominación de las palabras forma su existencia y la música un componente fundamental para una mente creativa.

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