Publicado en Relatos

El Monstruo:

Eres mi puerta cerrada, un continuo recordatorio de dónde no quiero ir. Es una zona oscura, apagada, que no me deja respirar al acercarme, que me ahoga de miedo y dolor, que se antepone a la duda y a hacer lo correcto, que habla antes de pensar y desgarra cualquier parte buena que haya dentro o fuera. Por eso, estás encerrado, por eso nunca te dejo salir, por mucho que golpees la puerta, que grites y patalees, sabes que no puedo dejar que vuelvas a poner un pie cerca de ese pasillo, que es justo el que va directo a mi perdición.

Ibas creciendo conforme yo lo hacía. ¡Qué puedo decir! Siempre estuviste ahí, una parte de mí, más oscura y divergente, contrarrestada, endiablada, pasota y cortante, alguien a quién no le importaba nada. Nos íbamos pasando la pelota, mientras la rabia y el control me poseían, me volvías loco. Entre un golpe y otro, me atontabas para seguir manteniendo tu trono intacto. Te hiciste fuerte debido a violencia, soledad, enfado e injusticia. Supongo que ningún niño debería saber nada de eso en tan corta edad, ¿verdad? Ahora quizá digas que querías protegerme, querías que fuera fuerte para enfrentar lo que fuera que estaba a punto de sucederme, que la vida es dura y que debía seguir caminando.

Sentiste mi tristeza, sentiste cómo iba cayendo en un agujero. Me mantenías a flote para que no tomara decisiones impulsivas, para que pudiera seguir caminando, mi alma empezaba a ser una muleta para tú poder seguir estando de pie. Me defendías en cada pelea, en cada discusión absurda, cuando se mofaban de mí o me daban de golpes, supongo que sentía cierto poder dentro de mí que no lograba entender, hasta llegué a preguntarme si era un monstruo. Llegué a creérmelo. Pero solo estaba sobreviviendo a otra nueva situación de mierda. Así había sido mi vida, y así es como tu tratabas de que no me parara.

Supongo que desde hace años esperas que te lo agradezca. Puede que te sientas decepcionado porque te encerré, porque he logrado controlarme y no seguir por el estrecho sendero oscuro por el que me llevabas, imagino que no debió de gustarte que pudiera callarte. Y sí, la verdad es que eras una cotorra, no dejabas de hablar. Destructivo, vengativo, negativo, catastrofista, perfeccionista, y un cobarde, tenías tanto miedo dentro que tu envoltura era la inseguridad. Supongo que sí, algunas cosas dejaste en mí, pero es bueno que empecemos una conversación, que cambie los candados cada dos años para que no se oxiden, para que no llegues a derrumbar la puerta, o deshacer todo lo que he conseguido enmarañando mi mente y haciéndome creer que eres el único que puedes quitarme el dolor.

He de reconocer que no sentir era genial, te da igual todo, eres casi como un muerto andante al que solo le importa caminar. Las emociones son cambiantes, a veces, son un desastre, te hacen sentir pequeño, incluso, miserable, te rompen por dentro, y muchas otras cosas que desearía no comentar, pero sigo sin ver la razón por la que tendría que volver a abrirte la puerta. No eres más que otra puerta cerrada de las muchas que no abro en esa sección de mi mente, aunque sí es verdad que te tengo cierto aprecio, eres de una colección que no me gustaría perder por lo que pudiera ocurrir en un futuro. Pero no olvides, que son muchas las que se han abierto por beneficio propio, pero la tuya querido amigo, espero no abrirla jamás.

Eres mi pequeño monstruo. Ese que me transforma en alguien que no quiero volver a ver, que pocos han visto y que espero que no vean. El dolor no se quita, no se arranca, no se vuelve agresivo para dejar que deje de rasgarte por dentro, sino que, se acepta y dejas que permanezca como recordatorio de cuánto has pasado y cuánto más has superado. Te deja resquicios de tristeza, incluso, puede llegar a ser permanente, pero no hasta el punto de soltarte. Últimamente, te oigo gritar, pareces desesperado después de tanto tiempo, hasta imploras encontrar una salida, puede que rasques los enormes y gruesos muros que construí especialmente para ti. Quiero que sepas que te oigo, que te entiendo, que te acepto y que sé que eres otra pieza más de mi rompecabezas, situado en el sótano, junto con otros que quizá conozcas.

Espero que algún día, viejo amigo, te reconcilies contigo mismo y podamos volver a contarnos historias.


The Monster:

You’re my closed door, a continuous reminder of where I don’t want to go. It is a dark, dull area that does not let me breathe when I approach, that drowns me in fear and pain, that takes precedence over doubt and doing the right thing, that speaks before thinking and tears any good part that is inside or outside. That’s why you’re locked up, that’s why I never let you out, no matter how much you knock on the door, scream and kick, you know I can’t let you set foot near that hallway again, which is just the one that goes straight to my perdition.

You were growing as I did. What can I say! You were always there, a part of me, darker and more divergent, countered, devilish, stepped and sharp, someone who didn’t care about anything. We were passing the ball, while anger and control possessed me, you drove me crazy. Between one blow and another, you stunned me to keep your throne intact. You became strong because of violence, loneliness, anger and injustice. I guess no kid should know any of that at such a young age, right? Now you may say that you wanted to protect me, you wanted me to be strong to face whatever was about to happen to me, that life is hard and that I should keep walking.

You felt my sadness, you felt myself falling into a hole. You kept me afloat so that I would not make impulsive decisions, so that I could continue walking, my soul began to be a crutch for you to continue standing. You defended me in every fight, in every absurd argument, when they made fun of me or beat me, I guess I felt a certain power inside me that I couldn’t understand, I even wondered if I was a monster. I came to believe it. But I was just surviving another shitty new situation. That’s how my life had been, and that’s how you tried that I didn’t stop.

I guess for years you’ve been waiting for me to thank you. You may feel disappointed because I locked you up, because I have managed to control myself and not continue along the narrow dark path you were taking me, I imagine you must not have liked that I could shut you up. And yes, the truth is that you were a parrot, you did not stop talking. Destructive, vindictive, negative, catastrophic, perfectionist, and a coward, you were so afraid inside that your envelope was insecurity. I guess so, some things you left in me, but it’s good that we start a conversation, that I change the locks every two years so that they don’t rust, so that you don’t get to collapse the door, or undo everything I’ve achieved by tangling my mind and making me believe that you’re the only one who can take the pain away from me.

I have to admit that not feeling was great, you don’t care about everything, you are almost like a dead man who only cares about walking. Emotions are changeable, sometimes, they are a mess, they make you feel small, even miserable, they break you inside, and many other things that I wish I did not comment, but I still do not see the reason why I would have to open the door again. You are just another closed door of the many that I do not open in that section of my mind, although it is true that I have a certain appreciation for you, you are from a collection that I would not like to lose for what could happen in the future. But do not forget, that there are many that have been opened for my own benefit, but yours dear friend, I hope it never gets open.

You are my little monster. That one that transforms me into someone I don’t want to see again, that few have seen and that I hope they don’t see it. The pain is not removed, it is not torn away, it does not become aggressive to let it stop tearing you inside, but it is accepted and you let it remain as a reminder of how much you have gone through and how much more you have overcome. It leaves you with traces of sadness, even, it can become permanent, but not to the point of letting go. Lately, I hear you screaming, you seem desperate after so long, until you implore to find a way out, you may scratch the huge and thick walls that I built especially for you. I want you to know that I hear you, that I understand you, that I accept you and that I know that you are another piece of my puzzle, located in the basement, along with others you may know.

I hope that one day, old friend, you will reconcile with yourself and we can tell us stories again.


Autor:

Escritora. Estudiante de la vida y apasionada por la lectura y el aprendizaje. Siempre activa, esperando crear una nueva historia o personaje. La dominación de las palabras forma su existencia y la música un componente fundamental para una mente creativa.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s