Publicado en Relatos

La Sombra ha Salido:

Puedo verte esperando frente a las escaleras. Aún está oscuro y aún no lo has decidido. Te veo desde el otro lado de la habitación, has salido de tu jaula para encontrarte con un silencio ensordecedor, el mismo que te ha retenido en tu mente por tanto tiempo. Siempre has sido «el Monstruo sin cara», solo has sido una mancha negra que se ha mantenido controlada, y que ahora no ha hecho sonar las alarmas, ¿acaso alguien te quiere fuera? ¿Por qué ocurriría algo así?

Llena de curiosidad, me aventuro y me acerco a ti. Sigo en las zonas oscuras para que no me veas, oigo tu respiración algo más profunda, como si olieras mi esencia. Eso es justo lo que estás haciendo, ¿verdad? Podría imaginarme una sonrisa de satisfacción dibujada en tu cara, pero ni siquiera tienes labios. Y sí, es un poco raro dicho así. Tragó saliva, mis ojos se abren un poco más, tratando de aguantar la respiración, pero puedo verte acercándote a mi posición.

– Sé que estás aquí – tu voz es suave, apacible, segura – Y sé que también has salido.

– Puede que también me hayan dejado salir – digo, con la voz rompiéndose en la última palabra – ¿Por qué estás fuera?

– Quizá se han cansado de dejarme fuera del banquillo.

Tu risa es estremecedora. Noto cómo un escalofrío corre por mi espalda, ahogo un grito y trato de mantenerme lo más pegado a la pared posible. Aguanto la respiración unos minutos hasta que siento que te has ido. Me asomo nuevamente a las escaleras ahora un tanto más iluminadas y veo que apareces justo delante de mí, con un cuchillo afilado que cruza mi cuello. Noto que empiezo a desvanecerme y vuelvo a mi celda, completamente cerrada, una vez más.

Subes las escaleras una a una, saboreando el momento. Puedo oírte, puedo sentirte. No llevarás perfume, pero tu esencia huele a desesperanza, oscuridad, destrucción, odio y desprecio. Quizá tengas razón, quizá te ha dejado salir, quizá te necesite, una nueva situación requiere tu presencia, tu seguridad, la confianza de llevar las cosas de la forma más fría posible, para no sentir, para no temer, para dejar de pensar en nada.

Supongo que así es como los humanos se curan, cortándoles el cuello a sus miedos y dejando salir a su parte más oscura, para enfrentar batallas que no creen que puedan superar solos, creyéndose débiles y rotos, pensando que necesitan de una sombra que les abra la puerta a sus deseos más destructivos. Sí, los humanos. A veces, odio ser solo su miedo, a veces, me gustaría tener un poco más de oscuridad y fuerza para poder sacudirles un poco, no me gusta estar encerrado, ¿sabes? Es aburrido.


The Shadow is Out:

I can see you waiting in front of the stairs. It’s still dark and you haven’t decided yet. I see you from across the room, you have come out of your cage to find a deafening silence, the same one that has held you in your mind for so long. You have always been «the Monster without a face», you have only been a black spot that has been kept under control, and now has not sounded the alarms, does anyone want you out? Why would something like this happen?

Full of curiosity, I venture and approach you. I’m still in the dark areas so you don’t see me, I hear your breathing a little deeper, as if you smell my essence. That’s just what you’re doing, right? I could imagine a smile of satisfaction drawn on your face, but you don’t even have lips. And yes, it’s a bit weird said like that. I swallowed, my eyes widen a little bit, trying to hold my breath, but I can see you approaching my position.

– I know you’re here – your voice is soft, still, confident – And I know you’ve come out too.

– They may have also let me out – I say, with my voice breaking at the last word – Why are you out?

– Maybe they’ve tired of leaving me off the bench.

Your laughter is shocking. I notice how a chill runs down my back, I drown out a scream and try to stay as close to the wall as possible. I hold my breath for a few minutes until I feel like you’re gone. I look again at the stairs now somewhat more illuminated and see that you appear right in front of me, with a sharp knife that crosses my neck. I notice that I begin to fade and return to my cell, completely closed, once again.

You climb the stairs one by one, savoring the moment. I can hear you, I can feel you. You won’t wear perfume, but your essence smells of hopelessness, darkness, destruction, hatred and contempt. Maybe you are right, maybe he has let you out, maybe he needs you, a new situation requires your presence, your security, the confidence to carry things as cold as possible, not to feel, not to fear, to stop thinking about anything.

I suppose this is how humans heal, cutting the neck of their fears and letting out their darkest part, to face battles that they do not think they can overcome alone, believing themselves weak and broken, thinking that they need a shadow that opens the door to their most destructive desires. Yes, humans. Sometimes, I hate being just their fear, sometimes, I wish I had a little more darkness and strength to be able to shake them a little, I don’t like being locked up, you know? It’s boring.


Autor:

Escritora. Estudiante de la vida y apasionada por la lectura y el aprendizaje. Siempre activa, esperando crear una nueva historia o personaje. La dominación de las palabras forma su existencia y la música un componente fundamental para una mente creativa.

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