Publicado en Reflexiones

Recordarte:

Al fin, tuve el valor de ir a verte. Recuerdo que fue en primavera, por la mañana hacía un fresco agradable que me hacía levantarme con una sonrisa. Aunque no ese día. Llevaba días aceptando el hecho de que te había perdido. Ya no eras la misma, yo sabía que no lo eras, aunque todavía no te hubiera mirado a los ojos. Papá y mamá dijeron que estabas mejor, que seguro que volverías a casa pronto y podría seguir leyéndote, podría seguir escuchando tus historias sobre la guerra y podríamos cenar juntos cada domingo, como siempre lo habíamos hecho. Pero, tras pasar a través de la puerta de la habitación donde te habían ingresado, no pude si no, pensar lo contrario.

Estabas sentada en una silla de ruedas, prácticamente inmóvil mirando por la ventana el cálido sol que entraba por ella. Parecías hipnotizada, ni siquiera escuchabas los gritos de otro de los pacientes hospitalizados en la habitación contigua. He de reconocer que me asusté, nunca había estado en un psiquiátrico. Era fantasmagórico y aún me siento mal cada vez que lo pienso. Me apoyé en la ventana por donde estabas mirando y susurré: «¿Abuela?», pero ni siquiera me miraste. Lo volví a decir un par de veces más pero no conseguí que volvieras la vista hacia mí. Cerré los ojos por un momento, los presioné con los dedos y traté de contener las lágrimas. No podía creer que una mujer tan fuerte como tú pudiera haber desaparecido tan pronto, que una mente tan brillante hubiera tenido ese destino.

Cogí una silla que había cerca y me senté a tu lado, acaricié tu espalda y una ligera sonrisa se dibujó en mi rostro. Fue algo automático. Ni siquiera sé si tú sentiste algo, si nuestra conexión seguía ahí. Como tu nieto siempre te respeté, tenías carácter pero también corazón, sabías ponernos en nuestro sitio. Ese día tan solo vi a un fantasma, una luz que se iba apagando poco a poco. Intenté cogerte de la mano, pero la apartaste, me di cuenta de que el contacto te molestaba. Volví a sonreír, era típico de ti, ¿verdad? Allí sentado me sentía como si estuviera a un millón de kilómetros de distancia de ti, si te digo la verdad, quería irme, incluso, desaparecer del mundo por un instante. Estaba viendo una muerte lenta y agónica desde fuera y no tenía ni idea de qué pasaba dentro de tu mente. Me estaba volviendo loco, si te soy sincero.

Te frotaste las manos un par de veces. Te tocaste el cabello, mientras tus manos temblaban, querías decir algo pero tu voz se apagaba, así que, te quedaste así, mirando por la ventana. «Abuela», volví a decir casi en un susurro, mi voz se quebraba, quizá ninguno de los dos estaba teniendo un buen día con las palabras, ¿verdad? Me rendí dejando caer las lágrimas que llevaba un rato conteniendo, no podía creer nada de eso, te estabas apagando, te olvidabas de todo, quizá en ese momento ya me hubieses olvidado incluso y yo no podía saberlo. Seguí mirándote durante unos minutos, decidiendo qué hacer. No había mucho más que decir, no había mucho más que decidir. Ya no estabas allí aunque tu cuerpo sí lo estuviera. Respiré profundo un par de veces y me limpié las lágrimas con un pañuelo, mientras tú seguías inerte.

Había traído conmigo uno de tus libros favoritos «Las Aventuras de Sherlock Holmes», definitivamente amabas a Arthur Connan Doyle y yo no podía negarlo, me hiciste leerlos cuando era pequeño, todos y cada uno de ellos. Lo abrí por las primeras páginas y empecé a leerlo, despacio, como solíamos hacerlo. Me metí por completo en la historia, desde el capítulo uno al dos, al tres, al cuatro, al cinco… Paré un minuto porque noté la boca seca y, al levantar la vista del libro, vi tus ojos puestos en mí con atención, estabas sonriendo. Para mí fue un milagro. Volví a contener las lágrimas y seguí leyendo, no quería parar porque era como si hubieras vuelto después de mucho tiempo, pareció que hubieras estado allí esperando a que te leyera, esperando a escuchar mi voz. Las palabras temblaban al pasar por mi garganta, estaba entre triste y excitado de que pudieras oírme, sabía que aquel era el último día que nos veríamos y quería que fuera especial. Lo fue, ¿verdad?


Remember you:

At last, I had the courage to go to see you. I remember it was in spring. The warmth sun and the pleasant wind made me wake up with a smile. Although, not that day. I had been accepting the fact that I had lost you for days. You weren’t the same anymore, I knew you weren’t, even though I hadn’t looked at you in the eye yet. Mom and Dad said you were better, that you would surely come home soon and I could keep reading to you, I could keep listening to your stories about the war and we could have dinner together every Sunday, as we always had. But, after passing through the door frame of the room where you had been admitted, I couldn’t avoid to think the contrary.

You were sitting in a wheelchair, practically motionless looking out the window at the warm sun coming through it. You looked mesmerized, you didn’t even hear the screams of other hospitalized patients in the next room. I have to admit that I was scared, I had never been in a psychiatric hospital. It was phantasmagorical and I still feel bad every time I think about it. I leaned on the window where you were looking at and whispered: «Grandma?», but you didn’t even look at me. I said it again a couple more times but I couldn’t make you to look back at me. I closed my eyes for a moment, pressed them with my fingers and tried to hold back the tears. I couldn’t believe that a woman as strong as you could have disappeared so soon, that such a brilliant mind would have had that fate.

I picked up a chair nearby and sat next to you, caressed your back and a slight smile was drawn on my face. It was automatic. I don’t even know if you felt anything, if our connection was still there. As your grandson, I always respected you, you had character but also heart, you knew how to put us in our place. That day I only saw a ghost, a light that was gradually desappearing. I tried to hold your hand, but you pushed it away, I realized that the contact bothered you. I smiled again, it was typical of you, right? Sitting there I felt as if I was a million miles away from you, if I tell you the truth, I wanted to leave, even become extint from the world for an instant. I was seeing a slow, agonizing death from the outside and I had no idea what was going on inside your mind. I was going nuts, if I’m honest.

You rubbed your hands a couple of times. You touched your hair, while your hands were shaking, you wanted to say something but your voice was breaking, so you stayed like this, looking out the window. «Grandma,» I said again almost in a whisper, my voice was craking, maybe neither of us was having a good day with the words, right? I gave up dropping the tears I had been holding back for a while, I couldn’t believe any of that, you were shutting down, you forgot everything, maybe at that point you would have forgotten me even and I couldn’t know. I kept staring at you for a few minutes, deciding what to do. There wasn’t much more to say, there wasn’t much else to decide. You were no longer there even though your body was. I took a deep breath a couple of times and wiped my tears with a handkerchief, while you remained static.

I had brought with me one of your favorite books «The Adventures of Sherlock Holmes», you definitely loved Arthur Connan Doyle and I couldn’t deny your good taste, you made me read his books when I was little, each and every one of them. I opened it for the first few pages and started reading it, slowly, as we used to do it. I got completely into the story, from chapter one to two, to three, to four, to five… I stopped for a minute because I noticed my mouth quite dry and as I looked up from the book, I saw your eyes on me, you were smiling. For me it was a miracle. I held back the tears again and kept reading, I didn’t want to stop because it was like you were back after a long time, it seemed that you had been there waiting for me to read to you, waiting to hear my voice. The words trembled as they passed through my throat, I was between sad and excited that you could hear me, I knew that was the last day we would see each other and I wanted it to be special. It was, right?


Autor:

Escritora. Estudiante de la vida y apasionada por la lectura y el aprendizaje. Siempre activa, esperando crear una nueva historia o personaje. La dominación de las palabras forma su existencia y la música un componente fundamental para una mente creativa.

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