Publicado en Reflexiones

Querido, querido diario:

Hablar contigo es como esperar a que un amigo escuche, a que las palabras dejen de flotar en la mente y se posen sobre un papel, que las preocupaciones se vuelvan materia y que el sabor de la mentira deje de pesar. Dejas un rincón para lo verdadero, lo natural, infinito y perfecto, siempre hay un hueco para mí sin pretensiones, sin pensar dos veces, sin actuar. Leo y releo entre líneas para entenderme, quizá incluso tú llegues a hacerlo, ni siquiera me has comentado nada sobre eso y dudo que lo hagas, quizá parezcas solo un papel en una libreta cerrada, pero para mí siempre has sido un todo en lo que puedo confiar.

Entre las caminatas cada mañana, los chapoteos en el mar cuando está anocheciendo, los cafés en los descansos, el trabajo y las estúpidas conversaciones con amigas que casi desconozco, eres la luz que brilla al final del túnel, nuestra cita siempre tiene su lugar. Y tiene este aspecto: a mí sentándome en el sillón del salón cerca de la chimenea, contigo a un lado, con un bolígrafo en la mano y con la mente despejada, mientras tú solo esperas. Sé que nadie lo entiende y que puede parecer una tontería, incluso, algo de lo que querer husmear, pero siempre somos tú y yo, ¿verdad?

Desde la primera discusión con mis padres que no entendían por qué salía con Hugo. Desde la primera vez que mi hermano me llevó a la montaña rusa y me divertí tanto que no pude esperar a escribirlo. Desde mi dieciséis cumpleaños cuando me regalaron una bicicleta. Desde aquella vez que me fui de casa porque no me sentía entendida. Quizá remarcando aquellas veces donde solo podía llorar y no quería salir de la cama, donde prefería callar que seguir el ritmo, donde no quería encontrarme con la verdad en cada esquina. Desde que supe que mi hermana se iba a casar y desde todas aquellas preguntas sobre el matrimonio que tan poco me gustaba, quizá desde que me planteé si de verdad quería tener hijos o de si mis padres alguna vez dejarían de preguntarme por qué no pensaba en sentar la cabeza de una vez y dejaba de pasarlo bien. Puede que desde que dejé de pensar en lo que decían los demás y empezaba a pensar en mí, desde que descubrí que no estaba enamorada, solo tenía expectativas por alguien que no existía.

Muchas historias han sido escritas, muchas palabras que han viajado de un lado a otro, cosas que nadie sabe, cosas que tú sí. Lo malo, lo bueno, lo regular. Todo escrito en páginas sin marcar, no importa, yo no importo, solo soy una historia más, un personaje al que interpretar y el que puede desaparecer mañana, la vida seguirá, quizá me acompañes, quizá no, pero al menos, habré dejado palabras marcadas en tinta negra. No importa si alguien lo lee, si queda en el olvido, si consigo entender algún día qué hago aquí o a dónde me dirijo, quizá no sepa nunca si pertenezco, pero lo que queda escrito es verdadero.


Dear, Dear Diary:

Talking to you is like waiting for a friend to listen, for words to stop floating in the mind and to settle on paper, for worries to become matter and for the taste of lying to stop weighing down. You leave a corner for the truth, the natural, infinite and perfect, there is always a gap for me without pretensions, without thinking twice, without acting. I read and reread between the lines to understand myself, maybe even you will. You haven’t even told me anything about it and I doubt you will, maybe you look like just a piece of paper in a closed notebook, but to me you’ve always been a whole I can rely on.

Between the walks every morning, the splashes in the sea when it’s getting dark, the coffees on breaks, work and stupid conversations with friends I almost don’t know, you are the light that shines at the end of the tunnel, our appointment always has its place. And it looks like this: me sitting in the living room armchair near the fireplace, with you on one side, with a pen in my hand and with a clear mind, while you just wait. I know that no one understands it and that it may seem silly, even something to want to snoop on, but it’s always you and me, right?

From the first argument with my parents about why I dated Hugo. From the first time my brother took me on the roller coaster and I had so much fun I couldn’t wait to write it. Since my sixteenth birthday when I got a bicycle. Since that time I left home because I didn’t feel understood. Perhaps remarking those times when I could only cry and did not want to get out of bed, where I preferred to keep quiet than to keep up, where I did not want to find the truth in every corner. Since I knew that my sister was getting married and from all those questions about marriage that I liked so little, maybe since I wondered if I really wanted to have children or if my parents would ever stop asking me why I didn’t think about sitting down at once and stopped having fun. Maybe since I stopped thinking about what others were saying and started thinking about myself, since I discovered that I was not in love, I only had expectations for someone who did not exist.

Many stories have been written, many words that have traveled from one place to another, things that nobody knows, things that you do. The bad, the good, the regular. Everything written on unmarked pages, it does not matter, I do not matter, I am just another story, a character to play and the one who can disappear tomorrow, life will continue, maybe you will accompany me, maybe not, but at least, I will have left words marked in black ink. It does not matter if someone reads it, if it is forgotten, if I can understand one day what I am doing here or where I am going, I may never know if I belong, but what is written is true.