Publicado en Relatos

Un nombre, una duda:

Recuerdo ese mañana soleada de sábado. Entraba en la librería de nuevo, siempre había sido como mi segundo hogar, me sentía protegida, envuelta entre aquello que me hacía sentir viva, parte de algo. Llevaba libros para devolver entre mis brazos, me los había leído en poco más de una semana, todos y cada uno de ellos me habían llevado a mundos diferentes que jamás olvidaría. Iba decidida a llevarme unos cinco para poder ir leyéndolos durante la semana, durante las horas de recreo y después de la escuela, necesitaba aislarme para recuperar energía.

La bibliotecaria y yo nos sonreímos una vez más, iba cada día y ya me conocía, quizá demasiado. Me preguntó cuáles me habían gustado más y si sus recomendaciones habían sido buenas, le dije que los libros me encantaron y que estaba allí para llevarme más. La verdad, aquel recorrido de cada semana, era para mí mágico. Deseé poder llevármelos todos a casa. Y adoraba ese silencio, esa quietud que embriagaba el lugar. Podría decir que me identificaba y me pertenecía de cierta forma. Pasé por una fila de libros de fantasía, sabía que a mi abuela le encantaría escuchar alguna de esas historias, así que, empecé a escoger de entre los que había. Por supuesto, me llevé dos, no pude con la tentación. Me encontré con algunos otros sobre intriga, algunos cómics que me interesaban y otros sobre crímenes. Volví a llenar mis brazos de libros, estaba orgullosa. Los llevé a la mesa de la bibliotecaria y, mientras ella los pasaba y se quedaba con mi carnet, algo llamó mi atención.

No solía mirar mucho la sección de música. Tenía diez años y quizá no me había definido muy bien en esta área, lo único que sabía era que estaba harta de escuchar pop, reggaeton y esa porquería que se escuchaba en todas partes. Pero, no sentía que me interesara nada. Pasando los dedos entre los cd’s, me encontré cara a cara con uno. En la carátula leí «Slipknot» y los miembros de la banda llevaban máscaras un tanto terroríficas. Sentí un cosquilleo en la espalda, como si me atravesara. Todo mi cuerpo quería coger ese cd, mis ojos lo miraban con curiosidad, sentía que necesitaba cogerlo, llevármelo conmigo. Le di la vuelta para saber si el grupo era español o americano, era del segundo tipo, las letras estaban escritas en inglés. Lo abrí para ver las canciones y vi las fotografías en cada una de las páginas, oscuras, tétricas, impactantes y cada vez más atrayentes. Seguía escuchando una voz en mi mente gritando: «Cógelo, vamos. ¡Cógelo!». Pero lo dejé en su sitio. Volví a la mesa donde estaba la chica esperando para darme los libros, lo recogí todo y salí, con un sentimiento de arrepentimiento bastante difícil de eliminar. Y todavía no sabía por qué.

Cualquiera podría haber interpretado esa acción como estúpida, si algo te gusta, ¿por qué no cogerlo y disfrutarlo? Respuesta sencilla. Yo no tenía ese privilegio. Sabía que en casa no me dejarían escucharlo, sabía que me lo quitarían de las manos en el momento en que lo entrara en casa, lo vieran o lo escucharan en el aparato de música que había en la habitación de mi hermano. Una idea pasó por mi mente durante el trayecto a casa, ¿y si encontraba la manera de hacerme con el discman que ya nadie utilizaba? Lo hice unos días después, nadie se dio cuenta. Sabía pretender que nada pasaba, ni siquiera podrían leerlo en mi cara, esconderme era uno de mis mejores talentos. Así que, tenía algo que hacer el sábado siguiente, tenía que volver a por ese cd. Aunque aún seguía medio decidida, tenía que planear dónde esconderlo. ¿En casa de mi abuela, quizá? También podría escucharlo allí si me gustaba…

Sábado por la mañana. Mis brazos volvían a estar llenos de los libros que había leído durante la semana, fui a la biblioteca a devolverlos y a coger nuevos, era la única rutina que me motivaba. Cogí nuevos libros, algunos me los recomendó la chica y he de decir que tenía buen gusto para la lectura. Esta vez, pasé con ellos en mis manos por el área de música, busqué con cierta ansiedad el cd que vi la semana pasada, rezaba para que nadie lo hubiera cogido. Allí estaba nuevamente, frente a mí. Lo cogí con una mano, fui al mostrador y lo dejé todo allí para que la bibliotecaria lo pasara. El cd fue lo primero. Lo cogí otra vez, lo abrí, lo metí en el discman, me puse los auriculares y empecé a caminar hasta el fondo de la biblioteca. La intro del disco empezó a sonar y me quedé quieta. La primera canción fue acogida por mis oídos tan agradablemente que me sorprendió. Estaba con la boca abierta, ¿cómo podía existir algo así y yo no haberlo escuchado? El sonido de la guitarra era pesado, los sonidos electrónicos de fondo, el bombo, la voz del cantante… Aquello era simplemente, perfecto. Escuché allí mismo el disco entero, de pie, sin importar que la chica estuviera esperándome.

Al cabo de un rato, fui corriendo al mostrador, lo recogí todo y fui a casa de mi abuela, no podía esperar a que ella también lo escuchara, era grandioso. Era lo mejor y la cosa más emocionante que me había pasado en años, estaba exaltada, excitada de emoción. Mi abuela a pesar de lo pesado del sonido, dio el visto bueno, era de esperar. No dejé de escucharlos durante toda la semana, siempre que tenía oportunidad, aunque tuviera que esconderme para hacerlo. Devolví el cd y los libros el sábado siguiente. Me rompió el corazón pero solo había una forma de seguir escuchándolos. Grabando el disco. Así que, lo volví a alquilar y le pedí a mi hermano que lo hiciera por mí. Sonrió al ver la carátula, él los conocía. Solo dijo: «buena elección, son geniales». Nunca dijo nada a nadie, lo cual, agradecí. En la era de internet, todo empezó a ser más fácil porque se me permitían un par de horas de ordenador a la semana y utilizando youtube pude meterme de lleno en la música que empezó a identificarme y a formar parte de mí día tras día. No pude sino dejarme llevar. Todos pensaron que era una fase. Ya, claro. Una fase que ha durado veinte años y así seguirá hasta que ponga un pie en la tumba. ¡Prometido!

Fue el primer grupo de heavy metal que escuché. Tiene un cariño especial, una vibración que envuelve, unas letras que nada tienen que ver con lo común, una pasión que te deja atado y te hace cómplice de su voz. No lo cambiaría por nada, forman parte de mí, de cada día, de cada sentimiento, pensamiento, en todo lo que hago, en cómo lo vivo con ellos cerca. Es diferente, es cercano, es todo aquello que anhelaba tener y que ya tengo, que no decepciona, que te embriaga y te hace ser parte, que te ama de vuelta, que te anima en tus momentos más bajos, que te hace sonreír aunque estás triste. No podría haberlo conseguido sin ellos. Siempre he dado gracias por ese momento en la biblioteca donde dije «sí», donde les dejé entrar, donde supe que iba a cambiar las cosas al ponerme los auriculares, que todo lo que conocía iba a dar un vuelco de trescientos sesenta grados. Estoy agradecida por no haber sucumbido al miedo y haber tenido ese cd en mis manos a pesar de lo que pudieran decir, aunque tuviera que esconderlo, aunque tuviera que fingir que no había pasado, que era otra persona. Lo haría otra vez, cada día, sin pensarlo, para que saliera exactamente igual. Y nunca me arrepentiré de ello, abre pasiones que nadie más podrá abrir.


A name, a doubt:

I remember that sunny Saturday morning. I would go into the Library again, it had always been like my second home, I felt protected, wrapped between what made me feel alive, part of something. I carried books to return in my arms, I had read them in little more than a week, each and every one of them had taken me to different worlds that I would never forget. I was determined to take about five so I could read them during the week, During breaks and after school, I needed to isolate myself to regain energy.

The librarian and I smiled one more time, I went every day and she already knew me, maybe too much. She asked me which ones I liked the most and if her recommendations had been good, I told her that I loved the books and that I was there to take more. The truth, that tour of each week, was for me magical. I wished I could take them all home. And I adored that silence, that stillness that intoxicated the place. I could say that I identified myself in it and belonged to me in a certain way. I went through a row of fantasy books, I knew my grandmother would love to hear some of those stories, so I started choosing from the ones there were. Of course, I took two, I couldn’t handle the temptation. I came across a few others about intrigue, some comics that interested me, and some about crime. I filled my arms with books again, I was proud. I took them to the librarian’s table and, as she passed them and kept my card, something caught my attention.

I didn’t used to look at the music section much. I was ten years old and maybe I hadn’t defined myself very well in this area, all I knew was that I was tired of listening to pop, reggaeton and that crap that was heard everywhere. But, I didn’t feel that I was interested in anything. Running my fingers between the CDs, I came face to face with one. On the cover I read «Slipknot» and the band members wore somewhat terrifying masks. I felt a tingle in my back, as if it was going through me. My whole body wanted to take that cd, my eyes looked at it curiously, I felt I needed to take it, take it with me. I turned it over to find out if the group was Spanish or American, it was of the second type, the lyrics were written in English. I opened it to see the songs and saw the photographs on each of the pages, dark, gloomy, shocking and increasingly attractive. I kept hearing a voice in my mind shouting, «Pick it up, let’s go. Grab it!» But I left it in place. I went back to the table where the girl was waiting to give me the books, picked it all up and went out, with a feeling of regret quite difficult to erase. And I still didn’t know why.

Anyone could have interpreted that action as stupid, if you like something, why not take it and enjoy it? Simple answer. I didn’t have that privilege. I knew that at home they wouldn’t let me listen to it, I knew they would take it out of my hands the moment I entered the house, saw it or heard it on the music device in my brother’s room. An idea crossed my mind during the journey home, what if I found a way to get hold of the discman that no one used anymore? I did it a few days later, no one noticed. I knew how to pretend that nothing happened, they couldn’t even read it to my face, hiding was one of my best talents. So, I had something to do the following Saturday, I had to go back for that cd. Although, I was still half-determined, I had to plan where to hide it. At my grandmother’s house, perhaps? I could also listen to it there if I liked it…

Saturday morning. My arms were again full of the books I had read during the week, I went to the Library to return them and pick up new ones, it was the only routine that motivated me. I took new books, some were recommended to me by the girl and I have to say that she had good taste for reading. This time, I passed with them in my hands through the music area, I looked with some anxiety for the CD I saw last week, I prayed that no one had picked it up. There it was again, in front of me. I picked it up with one hand, went to the counter and left it all there for the librarian to pass on. The cd came first. I picked it up again, opened it, put it in the discman, put on my headphones and started walking to the back of the Library. The intro of the album started playing and I stood still. The first song was received by my ears so pleasantly that I was surprised. The sound of the guitar was heavy, the electronic background sounds, the bass drum, the singer’s voice… That was just perfect. I listened to the whole album right there, standing up, no matter that the girl was waiting for me.

After a while, I ran to the counter, picked it all up and went to my grandmother’s house, I couldn’t wait for her to hear it too, it was great. It was the best and the most exciting thing that had happened to me in years, I was really excited. My grandmother, despite the heavy sound, gave the go-ahead, I expected to. I didn’t stop listening to them all week, whenever I had the chance, even if I had to hide to do so. I returned the CD and books the following Saturday. It broke my heart but there was only one way to keep listening to them. Make a copy of the disc. So, I rented it again and asked my brother to do it for me. He smiled when he saw the cover, he knew them. He just said, «good choice, they’re great.» He never said anything to anyone, which, I appreciated. In the age of the internet, everything began to be easier because I was allowed to have a couple of hours with the computer per week and using youtube I could get fully into the music that began to identify me and become part of me day after day. I couldn’t help but let myself get immersed in it. Everyone thought it was just a phase. Of course. A phase that has lasted twenty years and will continue until I set my feet in the grave. Promised!

It was the first heavy metal band I ever heard. I have a special affection for it, a vibration that envelops, lyrics that have nothing to do with the ordinary, a passion that leaves you tied and makes you an accomplice of his voice. I would not change it for anything, they are part of me, of every day, of every feeling, thought, in everything I do, in how I live it with them close. It is different, it is close, it is everything that I longed to have and that I already have, that does not disappoint, that intoxicates you and makes you to be a part of it, that loves you back, that encourages you in your lowest moments, that makes you smile even if you are sad. I couldn’t have made it without them. I’ve always been grateful for that moment in the Library where I said «yes,» where I let them in, where I knew I was going to change things by putting on my headphones. that everything I knew was going to turn around by three hundred and sixty degrees. I’m grateful that I didn’t succumb to fear and that I had that CD in my hands despite what they might say, even if I had to hide it, even if I had to pretend it hadn’t happened, that I was someone else that never existed. I would do it again, every day, without thinking about it, so that it would come out exactly the same way. And I will never regret it, it opens passions that no one else will be able to open.