Publicado en Reflexiones

Escudo:

Soy tu escudo. Un protector. Supongo que me escuchas, que compartimos recuerdos, que las experiencias te han agotado y has necesitado de mi ayuda. Pude oír tus llantos, tus gritos en busca de amparo y desconexión, sentí cómo anhelabas tener un refugio que nadie más pudiera ver o tocar. Sabía que, estando tan roto, no podrías hacerlo solo, necesitabas un pequeño empujón, así que, hice mi aparición entre momentos de alegría y tristeza, de comodidad y angustia, de soledad y quietud. Hago el papel de guardián, sé lo que debo decir y cómo protegerte, cómo entablar conversaciones con otros lo suficientemente correctas y, a la vez, amables y agradables, como tú lo harías. Estoy esperando fuera, con una espada entre mis manos, sé que puedes oír el sonido del metal cuando me muevo de un lado a otro desde tu puerta al final del pasillo. Te cuido. Te respaldo. Mi imagen es la que todos ven, mientras te resguardas del frío.

Hasta hoy ha sido un gran viaje. Supongo que no hablamos mucho, siempre hemos tenido eso en común, pero cada vez es más acentuado. Mi papel es bastante simple, solo tengo que observar, escuchar y permanecer en silencio, mover la cabeza en señal de comprensión y sonreír. Sé qué decir en cada momento, cómo actuar, cómo mantenerte a salvo de los conflictos, cómo esquivar peticiones o compromisos externos, creo que es una de mis especialidades. Esquivar y evadir, siempre ha sido una especie de talento que tanto tú como yo tenemos, así que, he querido mantenerlo, trato de mirar a los ojos de los demás, aceptar que sentimos muchas cosas, pero no expresarlas y no decirlas es lo que nos mantiene en una buena posición.

Oigo tus pensamientos cada día, sé cómo estás en cada momento. Puede que no sepas lo mucho que te aprecio, puede que no te des cuenta de mi trabajo desde ahí dentro, desde tu pequeña burbuja. Pero mi compromiso es total, soy leal a lo que debo hacer y sé que algún día podrás volver a este momento y apreciarlo tal y como es. Leo entre líneas, tus palabras fluyen y las dejas escritas en papel, recuerdos y situaciones que pueden haber surgido, quizá arrepentimientos, dudas, corazonadas, buenas intenciones desperdiciadas, problemas de confianza… Todo respira bajo mi piel.

A veces, me gusta caminar sin rumbo, encontrarme con muchas de las cosas que te gustan, tratar de sentirme parte de aquello que te atrapa entre las páginas de un libro o de una reflexión que yo podría considerar absurda. Mientras hablo, como, camino o me deleito por ese color blanco intenso de la luna que tanto embriaga. Diría que no me salgo del guión, de mi trabajo en el cambio de máscaras cuando acontece, está cumpliéndose según el plan propuesto, que el horario impuesto se lleva a cabo y que con mi escudo, sigo parando todo lo que viene del exterior con una fuerza y negatividad innecesarias para ti en este momento. Trato de mantener las piezas del puzzle en su sitio, no quiero que ninguna se caiga al suelo, los movimientos son sutiles pero van a su ritmo, suelo reír, incluso llorar, es bueno experimentar emociones, quiero darte ese respiro y ese sitio que mereces para que te des permiso de experimentarlo todo mientras no estás fuera, mientras sigas estando donde quieres estar.

He tomado el timón. No por obligación, no por pena o desesperación. No es algo por lo que he sido requerido o llamado, ha sido un sentimiento, un llanto continuado, una necesidad real. Mi trabajo es placentero, alerta, manteniendo la compostura, sobrellevando las palabras, jugando con ellas, sabiendo dónde va cada tilde en nuestros versos. Sé dónde parar, cómo continuar, sé a dónde debo llevarte y cómo hacerte descansar. Ni siquiera cuando duermes dejo de protegerte. Puede que ahora sonrías al leer esto, puede que incluso, te emociones. Aquí estoy, como muchos otros estuvieron, pero más imponente, con más fuego, fuerza y entereza, con determinación. Supongo que aquí es dónde nos conocimos, cuando tus piezas se recolocaban y tu mente recobraba la claridad, cuando nadie más podía tocarte o decirte qué hacer, cuando podías respirar por fin pero necesitabas que alguien no bajara la guardia por ti. Nunca lo olvidaremos, ¿verdad?


The Shield:

I’m your shield. A protector. I suppose you listen to me, that we share memories, that experiences have exhausted you and you have needed my help. I could hear your cries for disconnection, I felt how you longed to have a shelter that no one else could see or touch. I knew that, being so broken, you could not do it alone, you needed a little push, so I made my appearance between moments of joy and sadness, of comfort and anguish, of loneliness and stillness. I play the role of a guardian, I know what I should say and how to protect you, how to engage in conversations with others who are right enough and, at the same time, kind and nice, as you would do. I’m waiting outside, with a sword in my hands, I know you can hear the sound of the metal as I move back and forth from your door to the end of the hall. I take care of you. I have your back. My image is the one who everyone sees, while you shelter from the cold.

So far it has been a great journey. I guess we don’t talk much, we’ve always had that in common, but it’s getting more and more accentuated. My role is quite simple, I just have to observe, listen and remain silent, shake my head in a sign of understanding and smile. I know what to say at all times, how to act, how to stay safe from conflicts, how to dodge external requests or commitments, I think it is one of my specialties. Dodging and evading, it has always been a kind of a talent that both you and I have, so I wanted to keep it, I try to look into the eyes of others, accept that we feel many things, but not expressing them and not saying them is what keeps us in a good position.

I hear your thoughts every day, I know how you are in each moment. You may not know how much I appreciate you, you may not realize my work from in there, from your little bubble. But my commitment is total, I am loyal to what I must to do and I know that one day you will be able to return to this moment and appreciate it as it is. I read between the lines, your words flow and you leave them written on paper, memories and situations that may have arisen, perhaps regrets, doubts, hunches, wasted good intentions, trust issues… Everything breathes under my skin.

Sometimes, I like to walk aimlessly, find many of the things you like, try to feel part of what traps you between the pages of a book or a reflection that I could consider absurd. While I talk, I eat, walk or delight in that intense white colour of the moon that intoxicates so much. I would say that I do not go off script, my work in changing masks when it happens, is being fulfilled according to the proposed plan, that the imposed schedule is carried out and that with my shield, I continue to stop everything that comes from the outside with an unnecessary force and negativity for you at this time. I try to keep the pieces of the puzzle in place, I do not want any to fall to the ground, the movements are subtle but they go at their pace, I usually laugh, even cry, it is good to experience emotions, I want to give you that break and that place you deserve so that you give yourself permission to experience everything while you are not out, as long as you are still where you want to be.

I have taken the helm. Not out of obligation, not out of grief or despair. It is not something for which I have been required or called, it has been a feeling, a continuous crying, a real need. My work is pleasant, alert, keeping composure, coping with words, playing with them, knowing where each tilde goes in our verses. I know where to stop, how to continue, I know where I should take you and how to make you rest. Even when you sleep I don’t stop protecting you. You may now smile when you read this, you may even get excited. Here I am, like many others were, but more imposing, with more fire, strength and fortitude, with determination. I guess this is where we met, when your pieces were repositioned and your mind regained clarity, when no one else could touch you or tell you what to do, when you could finally breathe but needed someone not to let their guard down for you. We’ll never forget it, right?