Publicado en Reflexiones

Mientras Escribo:

Las palabras fluían sin control, desesperadas por encontrar su sitio en el papel, por empezar un nuevo capítulo. Definitivamente, parecía que iba a terminar siendo una novela, aún no tenía nada muy claro pero me gustaba cómo iban saliendo las cosas. Tenía una libreta a mi lado con algunas notas, mientras ponía las manos sobre el teclado del ordenador para seguir donde lo había dejado el día anterior. Quería acercar a los lectores a mi forma de escribir, planes, personajes, cómo suelo encajar historias y cómo edito, así es como empezó todo, creo.

Esta vez, iba todo centrado en un personaje. Se llamaba Thomas y era escritor. Más o menos, de cuarenta años, soltero, sin mucho que esperar de la vida, trabajando demasiado, con facturas que le costaba pagar pero con una pasión por la escritura fuera de lo que parecía normal. Decidió ponerse a escribir en serio, quería que le publicaran libros, quería ser escuchado, quería una vida que creada por su pasión. No me había dado cuenta de cuánto se parecía a mí, en personalidad, físico, en los problemas que le había planteado en su vida, me percaté unos capítulos después cuando volví a leerlo con lentitud y atención. Necesitaba un villano, así que, lo creé. ¡Mi escritor iba a ser asesinado a sangre fría!

Thomas estaba sentado en la mesa de su escritorio frente a su ordenador, totalmente inspirado, por lo que, no escuchó que la puerta principal se abría y entraba alguien en su casa. Tampoco oyó los pasos del intruso, mucho menos, vio su reflejo en la pantalla del ordenador, Thomas estaba en otro mundo casi literalmente. Lo único que pudo oír fue un claro «click» que venía justo de detrás de él, no quería darse la vuelta, sospechaba quién podía ser y qué le apuntaba detrás de la cabeza. Respiró, tratando de mantener la calma, al igual que hice yo, tecleando a toda velocidad y empezando un nuevo capítulo.

Yo también oí el mismo «click» detrás de mí, el mismo que Thomas oyó en mi historia. Le dispararon sin remordimiento, era un trabajo más de alguien que le conocía, nunca se miraron a los ojos antes de que el gatillo fuera presionado y la bala le atravesara el cráneo. Su cabeza cayó sobre el teclado, dejando una interminable «Z» en la pantalla del ordenador, al tiempo que la sangre salía lentamente hasta cubrir gran parte de la mesa. En cambio, yo me giré, traté de ser rápido. El tipo iba vestido de negro de arriba a abajo, llevaba una capucha y una chaqueta de cuero, sujetaba una preciosa Desert Eagle plateada que brillaba a la luz de la única lámpara que tenía encendida en la habitación, la que estaba sobre la mesa del escritorio.

Esperé a verle la cara, mientras seguía apuntándome con el arma. Se quitó la capucha y pude verle. Tragué saliva, horrorizado. ¿Cómo podía haber pasado algo así? Thomas, sin más miramientos, apretó el gatillo. Caí al suelo sin más, con sangre saliendo de mi cabeza, mientras el personaje que había creado sonreía al tiempo que salía por la puerta para encontrarse con el mundo.


While I’m Writing:

The words flowed uncontrollably, desperate to find their place on paper, to start a new chapter. Definitely, it seemed that it was going to end up being a novel, I still had nothing very clear but I liked how things were going. I had a notebook next to me with some notes, as I put my hands on the computer keyboard to pick up where I had left off the day before. I wanted to bring readers closer to my way of writing, plans, characters, how I usually fit stories and how I edit, that’s how it all started, I think.

This time, it was all character-focused. His name was Thomas and he was a writer. More or less, forty years old, single, without much to expect from life, working too much, with bills that were difficult for him to pay but with a passion for writing out of what seemed normal. He decided to start writing seriously, he wanted books published, he wanted to be heard, he wanted a life created by his passion. I had not realized how much he resembled me, in personality, physically, in the problems I had posed in his life, I realized a few chapters later when I read it again slowly and attentively. I needed a villain, so I created it. My writer was going to be murdered in cold blood!

Thomas was sat at his desk table in front of his computer, totally inspired, so he didn’t hear the front door open and someone entering in his house. Nor did he hear the footsteps of the intruder, much less, he saw his reflection on the computer screen, Thomas was in another world almost literally. The only thing he could hear was a clear «click» coming right behind him, he didn’t want to turn around, he suspected who it could be and what was pointing behind his head. He breathed, trying to stay calm, just like I did, typing at full speed and starting a new chapter.

I also heard the same «click» behind me, the same one Thomas heard in my story. He shot him without remorse, it was just another job of someone who knew him, they never looked into each other’s eyes before the trigger was pulled and the bullet went through his skull. His head fell on the keyboard, leaving an endless «Z» on the computer screen, while blood slowly flowed out to cover much of the table. Instead, I turned, I tried to be fast. The guy was dressed in black from top to bottom, wore a hood and a leather jacket, held a beautiful silver Desert Eagle that shone in the light of the only lamp I had lit in the room, the one on the desk table.

I waited to see his face, while he continued to point the gun at me. He took off his hood and I could see him. I swallowed, horrified. How could something like this have happened? Thomas, without further consideration, pulled the trigger. I simply fell to the ground, with blood coming out from my head, as the character I had created smiled as he walked out the door to meet the world.


Publicado en Relatos

El Filo del Cuchillo:

Abrí los ojos, pesaban. Estaba sudando, no podía moverme. Mi cuerpo estaba engarrotado, pero logré mirar a ambos lados. Las paredes, el techo y el suelo, tenían restos de sangre seca, olía a rancio pero no conseguía diferenciar exactamente qué era. Me encontraba sobre una camilla, fría, dura, atada de pies y manos, mi cabeza se mantenía recta debido a la banda de cuero que la sujetaba a la camilla. Traté de zafarme varias veces, pero no lo conseguí. No podía gritar porque la cinta americana que cubría mi boca me lo impedía. Lo peor fue notar mi cuerpo desnudo sobre el metal, cómo todo el vello se me erizaba, no había luz, tampoco brisa. Noté mi corazón palpitar más rápido, el sudor caer desde mi frente, empezar a moverme sin sentido, sabiendo que no iba a escapar para tratar de hacerle frente al pánico.

Oí abrirse una puerta no muy lejos de mí, sonaba pesada, se cerró de inmediato, las llaves rodaron en la cerradura, oí a alguien bajar por las escaleras, sus pasos resonaban por toda la habitación. Empezaba a estar segura de que estaba en un sótano. Se tomó su tiempo para llegar. Miré de reojo a mi izquierda y vi a un hombre corpulento, de 1’80, con el cabello negro y ojos profundos del mismo color, esbelto, vestido con ropa de carnicero quizá, con restos de sangre seca por el peto vaquero que llevaba. No dijo nada, solo dio vueltas alrededor de la camilla. Sus ojos mostraban poder, control, saboreando la comida antes de comerla. Volví a zarandearme, nerviosa, incapaz de parar. Su ligera sonrisa me evocó una sensación incómoda, sabía que no iba a salir de allí, que no iba a estar a salvo.

Cogió un machete que tenía encima de una mesa de madera, su filo parecía bien afilado, reluciente, dispuesto a ser usado. Tragué saliva, asustada. Pasó el machete por la camilla, provocando un ruido incómodo para mis oídos, mientras seguía sonriendo con malicia. Mis ojos se ensancharon cuando empezó a pasar el filo de ese machete por mi cuerpo, al mismo tiempo que se acercaba a mi cara, me olía y seguía mirándome con intensidad. No llegó a cortarme, pero sentía que iba a ocurrir en cualquier momento. Mi cuerpo temblaba incontroladamente, empezaba a sentir que ya no tenía control sobre él. El filo tocó mi cuello un poco más intenso hasta el punto en el que noté un corte, me escoció, mientras no dejaba de sollozar, aterrorizada. Se acercó a mi cuello y lamió el cuerpo, cerró los ojos mientras saboreaba la sangre, me creó una repulsión indescriptible. Siguió pasando el filo por mis mejillas, por la frente y seguía otra vez con los brazos. Llegué a desear que me matara en aquel momento, solo quería que terminara con aquello para dejar de sentir ese pánico.

Llegó a los pies finalmente, levantó el cuchillo y lo clavó en el izquierdo con fuerza. Sentí un dolor profundo, grité en silencio, los ojos se me abrieron de par en par y lágrimas salieron de ellos sin control, solo quería morir. Él no dejaba de observar mi expresión. Se quedó parado en un rincón junto a la mesa donde supuse que tendría más de sus cuchillos y siguió mirándome con atención. Empecé a notar un picazón donde el filo del cuchillo estaba clavado, ese picazón se hizo más fuerte, más intenso hasta el punto de sentir que quemaba, lo notaba en todo el pie y subía hacia las piernas, las caderas, el abdomen, mi pecho, el cuello y la cara, sentía que iba a explotar, la temperatura aumentaba, al igual que su risa que ya escuchaba a lo lejos, como un echo inaudible. Mis ojos se abrieron al ver que empezaba a salir humo de mi cuerpo, unas pequeñas zonas donde se veía fuego, no demasiado, pero el dolor era insoportable. Me revolví en la camilla, no podía respirar.

Mi cuerpo se envolvió en llamas, salía fuego por cada pequeño centímetro. Me estaba quemando viva sin saber cómo había ocurrido. Sentía cómo me deshacía lentamente, cómo me iba apagando, mi mente dejando mi cuerpo sin más, dejando polvo donde segundos antes estaba mi cuerpo desnudo tratando de sobrevivir. Recogió las cenizas y las metió un bote de cristal. Las puso junto con las demás, había treinta y siete en esa organizada estantería. Un número preciso, aterrador. Su sonrisa nunca desapareció de su cara. Subió las escaleras de nuevo con pasos pesados y lentos, cerró la puerta tras de sí y salió a buscar a la víctima número treinta y ocho.


The Edge of the Knife:

I opened my eyes, they weighed. I was sweating, I couldn’t move. My body was crimped, but I managed to look both ways. The walls, the ceiling and the floor, had traces of dried blood, it smelled stale but I could not differentiate exactly what it was. I was on a stretcher, cold, hard, tied up on hands and foot, my head kept straight because of the leather band attached to the stretcher. I tried to get out several times, but I didn’t succeed. I couldn’t scream because the American tape that covered my mouth prevented me from doing so. The worst thing was to notice my naked body on the metal, how I had goose flesh, there was no light, no breeze. I noticed my heart beating faster, the sweat falling from my forehead, starting to move senselessly, knowing I wasn’t going to run away to try to cope with the panic.

I heard a door open not far from me, it sounded heavy, it closed immediately, the keys rolled into the lock, I heard someone coming down the stairs, the footsteps echoed throughout the room. I was beginning to be sure I was in a basement. He took his time to get there. I looked sideways to my left and saw a burly man, 1’80 heigh, with black hair and deep eyes of the same color, slender, dressed in butcher clothes perhaps, with traces of dried blood from the cowboy breastplate he wore. He didn’t say anything, just circled around the stretcher. His eyes showed power, control, savoring the food before eating it. I shook again, nervous, unable to stop. His slight smile evoked an uncomfortable feeling to me, I knew I wasn’t going to get out of there, that I wasn’t going to be safe.

He picked up a knife he had on a wooden table, its edge seemed sharp, gleaming, ready to be used. I swallowed, scared. He ran the big knife over the stretcher, causing an uncomfortable noise to my ears, while still smiling maliciously. My eyes widened as the edge of that knife began to run through my body, at the same time that he approached to my face, smelled me and continued to look at me with intensity. He didn’t cut me, but I felt like it was going to happen at any moment. My body was shaking uncontrollably, I was starting to feel like I no longer had control over it. The edge touched my neck a little more intense to the point where I noticed a cut, it stinged me, as I kept sobbing, terrified. He approached to my neck and licked the cut, closed his eyes while tasting the blood, which made me feel an indescribable repulsion. He kept running the edge down my cheeks, down my forehead and continued again with my arms. I wished that he would kill me at that moment, I just wanted him to end it to stop feeling that panic.

He reached the feet finally, raised the knife, and stuck it in the left hard. I felt deep pain, I screamed silently, my eyes widened, and tears poured out of them uncontrollably, I just wanted to die. He kept watching my expression. He stood in a corner by the table where I assumed he had more of his knives and kept looking at me intently. I began to notice an itch where the edge of the knife was nailed, that itching became stronger, more intense to the point of feeling that it burnt, I felt it all over the foot and went up to the legs, hips, abdomen, my chest, neck and face, I felt that it was going to explode, the temperature increased, like his laughter that I already heard in the distance, like an inaudible echo. My eyes widened when I saw smoke starting to come out from my body, small areas where you could see fire, not too much, but the pain was unbearable. I stirred on the stretcher, I couldn’t breathe.

My body was engulfed in flames, fire came out from every little inch. I was burning alive without knowing how it had happened. I felt how I slowly melted away, how I was shutting down, my mind leaving my body, leaving dust where seconds before my naked body was trying to survive. He collected the ashes and put them in a glass jar. He put them along with the others in a tidy shelf, there were thirty-seven. An accurate, frightening number. His smile never disappeared from his face. He climbed the stairs again with heavy and slow steps, closed the door behind him and went out to find the thirty-eighth victim.


Publicado en Personajes

Cian: La Futura Esencia

Relato procedente: «La Magia de un Libro«. Edad: 12 años.

Ciudad: Ennis. Profesión: Estudiante.

Descripción física:

Aún recuerdo mi cabello oscuro, castaño. Mis ojos grises y esas pestañas que todos admiraban, sobre todo las amigas de mi madre, decían que eran perfectas y preciosas, aunque para mí solo fueran pestañas. Recuerdo mis pómulos rojizos debido al intenso frío, lo abrigado que iba siempre con bufandas e incómodas chaquetas, vaqueros y unas botas que pesaban más que el hormigón. Mi tez era un tanto pálida y mi cuerpo esbelto, mis dientes totalmente blancos, aunque no me gustaba mucho enseñarlos.

Descripción de la personalidad:

Era un niño reservado, con toneladas de libros delante de mis ojos y con ansias de devorarlos todos. No podía dejar de leer, me encantaba, aunque en el colegio decían que era raro y un marginado. No me encantaba hablar, era silencioso, bastante pasota y no me interesaban mucho los grupos, me gustaba encerrarme en mi habitación el tiempo libre que pudiese tener y tratar de hacer lo que me gustara. Nunca me he sentido mal por estar apartado, creo que mucha gente lo ha admirado, no he prestado atención, creo que aprendía a enfocarme en lo que quería hacer y no en lo que ellos querían que creyera. Diría que era imaginativo, creativo y bastante despierto, ansioso y cabezota.

Una infancia bastante normal:

Mis padres discutían mucho, creo que por eso fue tan fácil enfocarme en otras cosas, quería simplemente, escapar de ese mundo para crear uno propio. No dejé de leer desde que descubrí «El Principito», pasaba sus páginas con tanta velocidad que no podía frenarme. Cada día, pedía ir a la biblioteca para coger más, mi madre estaba asombrada, pero a la vez contenta, no a muchos niños se les despertaba esa necesidad por leer, en específico a los de sus amigas, unos completos abusones idiotas.

Y sí, mis padres decidieron separarse. Mi padre bebía mucho, se pasaba el tiempo de bares con sus amigos y no sacaba tiempo para la familia o, al menos, eso es lo que me han contado, seguía ocupado a mis doce años, creo que entre sorbo y sorbo se olvidó en algún momento de que tenía un hijo o, simplemente, quiso evadirlo y la bebida le ayudaba con ello. No le conocí muy bien, siempre estuve con mi madre, ella siempre me cuidó. A veces, he de reconocer que era un poco dura pero entendía que al encargarse de todo sola, debía liderar, yo simplemente, obedecía. Era mejor no contradecirla.

La magia de los libros:

Los amantes de los libros, conocemos esa esencia, esa llamada de un libro que nos gusta y que debemos leer porque está presente, observándonos, es como si nos eligiera. Tienen magia dentro, tienen personalidad, te atrapan, te hacen reír y llorar, te enternecen el alma con palabras, a veces, te consuelan cuando lo necesitas, o te dan una bofetada en plena cara cuando no debiste de hacer algo. En resumen, los libros lo son todo. Y para mí lo eran todo. No pude imaginar que su esencia y significado fueran a volverse tan literales. Podemos hablar de esencias y energías, pero no creemos que sea real, el tacto del lomo de un libro es real, sus páginas, su olor, pero nunca imaginas que puede volverse existente.

Cuando salí de la biblioteca una vez más con varios libros en mis manos, me sentí abrumado por la necesidad de abrir uno de los libros que había alquilado. Una luz cegadora me atrapó, una luz que nadie más vio. Al volver a casa rápidamente, abrí el libro de nuevo y, esta vez, la luz era de un color azulado, muy potente, tanto que sacó a alguien de dentro del libro, alguien que iba a creer que se convertiría en mi amigo y nunca en quién cambiaría mi vida para siempre. Un pequeño elfo salió de allí, era la mismísima esencia del libro que tenía en mis manos, ¡no me lo podía creer, era imposible! Al parecer, no lo era.

Me contó las más alucinantes historias que nadie podría contar, aventuras increíbles, lugares que podríamos soñar pero nunca tocar, pequeños poblados de elfos donde trabajan y dan de comer a sus familias, montones de criaturas que viven en los bosques, enemigos que debían derrotar y miles de historias más. Me vi tan inmerso en todo ello que, sin darme cuenta empecé a formar parte del libro, el que me absorbía para ser parte de él, para ser su esencia. El elfo sonreía satisfecho, había engañado a un niño inocente para que él pudiera salir de su encarcelamiento. Nunca se me habría ocurrido, parecía tan inofensivo y aventurero… Me sentí traicionado por una criatura que solo creí que existía en los libros, en ese momento, era yo el que permanecía en una cárcel.

Vivir en un libro:

Podría decir que no se está tan mal aunque echo de menos algunas cosas. Está bien no tener la urgencia de ir al servicio, no comer ni beber porque no pierdes tiempo, tampoco ir al colegio o tratar de caerle bien a la familia de tu madre porque son la única sangre que te queda en el mundo. Pero cosas como una cama donde poder recostarse, lectura necesaria, libros que poder tocar y oler, una estantería o dos no irían mal y un poco más de luz. Eso hubiera sido fabuloso.

He podido empatizar con el elfo. Supongo que se sentía rechazado, empujado a mantener una vida en total soledad, con limitaciones impuestas por su raza como puedo suponer, sin la suficiente luz para hacer algo más útil que mirar las paredes en una habitación cuadrada donde no hay ni ventanas, de hecho, no necesitas oxígeno. Es como si fueras un robot. Me pregunto cuánto tiempo estuvo encerrado aquí, en cierta manera, me rompe el alma, nadie se merecería vivir de esa forma. Ni siquiera yo.

Recuerdo que, en los últimos momentos en los que pude ver al elfo, me pude ver a mí mismo, se transformó en mí, pude ver cómo su piel se deshacía, cómo cerraba el libro y lo guardaba en el fondo del armario para deshacerse de la amenaza que podría ser que yo saliera de él. Supongo que me he preguntado durante este tiempo que he estado aquí, si él ha sido bueno con mamá, si ella ha notado la diferencia, si se ha dado cuenta de que hace la cama y yo nunca la hacía, si está siendo mejor hijo que yo, si ha pensado que quizá le han cambiado al niño de sus ojos por otro que ella no conoce, me he preguntado si va a venir a buscarme alguna vez, si será capaz de tragarse su paripé. No puedo evitar que me carcoman estas preguntas, que me intriguen, que me creen ansiedad o me vuelvan un poco loco, ni siquiera sé cuánto tiempo ha pasado o si pasará mucho más, la incertidumbre es el mayor enemigo del hombre, sin duda.

Un futuro encerrado:

Definitivamente, estoy en una cárcel. Supongo que el elfo no debió ser muy bueno con sus amigos y familia si tuvieron que deshacerse de él así. Este es mi hogar por ahora, hasta que alguien abra el libro y pueda salir de nuevo. De lo que no estoy seguro es de si debería meter a alguien dentro, a cualquiera que me encuentre para poder estar fuera, una especie de sacrificio, una esencia por otra. Si fuera así, no podría hacerlo ni aunque quisiera. Pero bueno, al fin y al cabo, son preguntas sin respuesta.

He de aceptar la idea de que no hay salida, no se pueden derrumbar los muros que crean la habitación, dudo incluso de que haya algo alrededor de ellos, es demasiado silencioso. Dejando de intentarlo, dejo de frustrarme, de volver a una vida que indudablemente me pertenece, dejo de enfadarme porque no tengo nada que leer, tampoco wi-fi, lo cual, es una pena, podría entretenerme con algo más que conmigo mismo, suelo hablar solo y no sé si eso es algo normal. Supongo que algún día lo sabré. O puede que no. No hay nada seguro aquí, tampoco ahí fuera, solo cabe esperar sin desesperar.


Publicado en Recomendaciones

Comentando libro «Muerte en el Nilo» – Agatha Christie

Aislados en un crucero en medio del río, la tensión entre los pasajeros va en aumento cuando un triángulo amoroso se convierte en el centro de interés de un a bordo. La tranquilidad de la travesía se ve definitivamente alterada al descubrirse el cadáver de la bella Linnet. ¿Será capaz Poirot de encontrar al asesino de la joven? el misterio está servido.

Esta es la segunda historia que leo sobre el famoso detective Hércules Poirot y no me ha desagradado para nada, me ha gustado. No ha sido como otros de los libros de Agatha Christie con mucha intriga desde el principio, sino que, empieza a atraparte un poco más adelante de la mitad del libro, lo cual, cuesta que enganche desde las primeras páginas. El final, para mi opinión, es un poco rebuscado pero no ha terminado felizmente, lo que más me atrae de un libro, cruda realidad.

Vemos al detective Poirot en un crucero por el Nilo, donde se encuentra a muchos de los personajes más característicos y curiosos, con mucha historia detrás escondida a simple vista. Algunos de los lazos entre las personas que habitan el barco, no son muy obvias, lo cual, es difícil para el lector encontrar una conexión entre las víctimas y el supuesto asesino. Como todas las historias de Agatha Christie, esta también tiende a confundir desde un principio, crees saber quién ha sido y lo sospechas pero te equivocas, la autora así lo quería. Me han gustado mucho los enlaces que ha ido haciendo entre los personajes, cómo Poirot interactúa con ellos, cómo empieza a acercarse a Linnet (la cual, se convierte en la víctima principal), a Jackeline de Bellefort (la que estaba celosa por la unión de su ex amiga Linnet y su amado Simon Doyle), este último se convierte en el centro de la investigación casi al final, sin esperarlo.

La autora te va presentando a los personajes con elocuencia, con esa educación y elegancia inglesa que ha caracterizado siempre todos sus personajes. En este libro, aparte de investigar un asesinato tras otro, porque se convierten en tres, nos involucra en un robo de joyas, algo sorprendente que no esperaba y es lo que le da un giro a la historia de lo más interesante. Agatha Christie, nos presenta varios escenarios aparte del barco, se encuentran visitando lugares preciosos, los cuales, no se esmera mucho en describir pero donde te deja claro qué es lo que se encuentran y trata de que acompañes a los personajes entre sus conversaciones, lo que hace que sean ellos quién te hablen de lo que ocurre y cómo son sus relaciones. Es una de las cosas que más me gusta de las lecturas en general, no encuentras tantas de este tipo como se espera, normalmente es el narrador quién lo cuenta todo.

Las descripciones tanto de los personajes como de los lugares son cortas, lo necesario para dirigirte con tu mente a donde están, para marcarte unas pautas donde puedas navegar entre lo que ocurre. Creo que la relación entre Hércules Poirot y Linnet se vuelve intensa, a veces, algo atrevida y especial, igual que con Jackeline de Bellefort con la que él trata de hacer entrar en razón. Él sabe que los asesinatos han sido cometidos por alguien sutil, que medita sobre sus actos, los planea con antelación, es detallista pero también salta a la acción a la mínima oportunidad, sabe lo que debe hacer arrastrado por órdenes ajenas. Ahí es cuando se descubre que no solo ha cometido esos crímenes una sola persona, sino dos. Ahí es donde el libro no deja que te levantes de la silla, los cuatro últimos capítulos han sido los mejores porque son los que me he leído del tirón, lo demás ha estado bastante bien pero demasiado lento para mi gusto.

La historia, es cierto que ha sido elegida con cuidado, tiene contexto, tiene un buen tema del que tirar y un motivo por el que cometer esos asesinatos, el cual, sabes dentro de ti mientras lo lees, incluso, puede que lo sospeches pero como no estás del todo seguro, lo dejas correr. Me gusta esa forma de esconder una verdad enmascarada en público, delante de todo el mundo y esconder lo que realmente ocurre entre las sombras. Es algo que tiene su atractivo, está bien sorprender así al lector, te hace recordar la historia siempre que vuelves a mirar la portada del libro, termina por quedarse contigo por la sorpresa.

Como muchos sabréis, este es el libro en el que se basó la película, así que, os dejo por aquí el tráiler en inglés subtitulado al español, por si queréis ponerle imagen a las letras. Recomiendo ambas al 100%, libro y película 😉


Commenting «Death in the Nile» book Written by Agatha Christie:

Isolated on a cruise ship in the middle of the river, tension between passengers increases when a love triangle becomes the center of interest of a ship. The tranquility of the journey is definitely altered when the corpse of the beautiful Linnet is discovered. Will Poirot be able to find the young woman’s killer? The mystery is served.

This is the second story I read about the famous detective Hercules Poirot and I didn’t dislike it at all, I liked it. It has not been like other of Agatha Christie’s books with a lot of intrigue from the beginning, but, it begins to catch you a little later than the middle of the book, which it doesn’t hooks you from the first pages. The ending, in my opinion, is a bit far-fetched but has not ended happily, which it’s something that usually attracs a lot from a book showing you the harsh reality.

We see Detective Poirot on a cruise on the Nile, where he meets many of the most characteristic and curious characters, with a lot of history behind hidden in plain sight. Some of the ties between the people who inhabit the ship are not very obvious, which is difficult for the reader to find a connection between the victims and the alleged murderer. Like all Agatha Christie’s stories, this one also tends to confuse from the beginning, you think you know who it has been and you suspect it but you are wrong, the author wanted it that way. I really liked the links he has been making between the characters, how Poirot interacts with them, how he begins to approach Linnet (who becomes the main victim), Jackeline de Bellefort (the one who was jealous of the union of her ex friend Linnet and her beloved Simon Doyle), the latter becomes the center of the investigation almost at the end, without expecting it.

The author introduces you to the characters with eloquence, with that education and English elegance that has always characterized all her characters. In this book, apart from investigating one murder after another, because there are three, it involves us in a jewelry theft, something surprising that I did not expect and it’s what gives a twist to the story, which it becomes more interesting. Agatha Christie, presents us with several scenarios apart from the ship, they are visiting beautiful places, she does not take much care to describe them but where she makes it clear what they are and tries to accompany the characters between their conversations, which makes them the ones who tell you about what happens and how their relationships are. It is one of the things I like the most about readings in general, you do not find as many of this type as expected, it is usually the narrator who tells everything.

The descriptions of both the characters and the places are short, what is necessary to direct you with your mind to where they are, to mark some guidelines where you can navigate between what happens. I think the relationship between Hercules Poirot and Linnet becomes intense, sometimes, something daring and special, just like with Jackeline de Bellefort with whom he tries to make her think straight. He knows that the murders have been committed by someone subtle, who meditates on his actions, plans them in advance, is detailed but also jumps into action at the slightest opportunity, knows what to do dragged by orders of others. That’s when it is discovered that not only one person has committed those crimes, but two. That’s where the book doesn’t let you get up from your chair, the last four chapters have been the best because they are the ones I’ve read in a single sitting, the rest has been pretty good but too slow for my taste.

The story, it is true that it has been chosen carefully, has context, has a good subject to throw and a reason to commit those murders, which you know inside you while reading it, even you may suspect it but since you are not entirely sure, you let it run. I like that way of hiding a masked truth in public, in front of everyone and hiding what really happens in the shadows. It is something that has its appeal, it is good to surprise the reader like this, it makes you remember the story whenever you look at the cover of the book again, it ends up staying with you for the surprise.

As many of you know, this is the book on which the film was based on so, I left you on the spanish version the trailer in English subtitled in Spanish, in case you want to put an image to the words. I recommend both 100%, book and movie 😉


Publicado en Reflexiones

Nos Vemos Pronto:

Era tarde. Te sentaste a mi lado y, simplemente, me hiciste compañía. Para ti era tan simple compartir, decirlo todo en voz alta, querer con el corazón abierto de par en par, decir las cosas como suenan, para mí era un mundo. Sorprendida, te miraba tratando de encontrar las palabras para decirte lo que se me pasaba por la cabeza, pero nunca eran suficientes, o no las encontraba en ese momento o, simplemente, me quedaba en blanco, algo que ocurría a menudo. Solo podían asentir con la cabeza y sonreír ligeramente. Me sentía incómoda, no sabía cómo reaccionar, no entendía por qué alguien me veía de la forma en la que tú lo hacías. Me lo dijiste miles de veces, pero no te creí ninguna de ellas. Sigo sin creerlas.

No había que decir mucho, no era necesario. Podíamos estar en silencio, mirarnos sin palabras, encontrarnos sin buscar explicación. Todo sucedía en segundos, antes de que pudiera darme cuenta. Pero nunca lo dije, nunca me sentí cómoda con ello, aunque tú sí lo estuvieras, tan natural como especial, tan honesto como compasivo, tan empático como risueño. No te rendiste ni un momento para que cambiara mi opinión sobre el mundo, sobre mí. Siempre he sido cabezona, así que, tengo que darte crédito, un crédito que puede que ya no sirva de mucho, ahora que no estás. Supongo que todo lo que viene se va, nada permanece, nada se queda por mucho tiempo. Las palabras vuelan, los llantos, las promesas, los cuentos de hadas de los que todo el mundo habla y que tan poco me creo.

No puedo si no recordar nuestras conversaciones profundas, las veces que intentábamos conectar en días de oscuridad, en días donde solo buscábamos encontrar respuestas. Donde había dudas, había preguntas, y cuando esto sucedía, dejábamos nuestros pies desnudos para caminar juntos por la orilla del mar. A veces, nos cogimos la mano, pero muy pocas, sabías que me incomodaba el contacto, sabías que me gustaba conectar lo mínimo, lo suficiente como para no ahogarme entre emociones, tan simple como pudiera ser para no reaccionar excesivamente ante lo que no podía controlar. No había besos, mucho menos caricias o momentos íntimos, nada de eso formaba parte de nuestro propio mundo, era algo diferente, algo difícil de explicar. Mientras una vez éramos desconocidos, otras veces, éramos la pareja más rara que nadie podría conocer.

Por ello, me costó tanto dejarte ir. El día que mi hermana me llamó para decirme lo que había pasado, cómo sobrevivió al accidente y cómo luchaste por no dejarnos atrás sin éxito. Cuando llegó la ambulancia, ya dejaste de respirar. Nunca sentí un vacío semejante. No he podido llenarlo con nada, el alcohol no funciona, tampoco mandarte mensajes en tu buzón de voz hasta que dejo de sollozar, mucho menos leer las cartas que no enviaste cuando estudiaste en Australia. Nada me aliviaba, no le encontraba sentido a vivir en un mundo donde no pudiera ver tu sonrisa y con el arrepentimiento de saber que nunca escuchaste lo que sentía por ti, por haber compartido tan poco, por no haber sido quién tú querías que fuera, por no compartir lo que tú hubieses querido compartir conmigo. Nunca lo dijimos pero se leía entre líneas. Yo siempre cambiaba de tema, tratando de no hacer que mi miedo se volviese tan obvio pero creo que lo veías a largas distancias.

Por eso supongo que un adiós no es demasiado. Debo hacer lo que debo hacer, no olvidarte. Encontrarme contigo en algún lugar que podamos compartir. Sé que te enfadarás nada más verme, sé que me gritarás y me pedirás que vuelva de alguna forma, querrás que viva esa vida que quisiste para mí, esa que nunca creí posible, pero sin ti no tiene sentido, no encajo en un mundo tan fuera de órbita. Tú lo sabes. Yo lo sé. Y mucha gente puede darse cuenta. Creo que encajo mejor contigo en el otro lado, solo pido que por favor, me esperes, estoy a medio camino.


See You Soon:

It was late. You sat next to me and simply accompanied me. For you it was so simple to share, say everything out loud, to love with your heart wide open, to say things as they sound, for me it was a world. Surprised, I looked at you trying to find the words to tell you what was going through my head, but they were never enough, Either I couldn’t find them at the time, or I just went blank, which happened often. I could only nod my head and smile lightly. I felt uncomfortable, I didn’t know how to react, I didn’t understand why someone saw me the way you did. You told it to me thousands of times, but I didn’t believe any of them. I still don’t believe them.

Not much had to be said, it wasn’t necessary. We could be silent, look at each other without words, find each other without seeking any explanation. Everything happened in seconds, before I could know it. But I never said it, I never felt comfortable with it, even if you were, as natural as you were, as natural as special, as honest as compassionate, as empathetic as funny. You didn’t give up for a moment to change my opinion about the world, about me. I’ve always been stubborn, so I have to give you credit, a credit that may no longer be useful, now that you’re gone. I guess everything that comes goes, nothing remains, nothing stays for a long time. The words fly, the tears, the promises, the fairy tales that everyone talks about and that I believe so little.

I can’t help but remember our deep conversations, the times we tried to connect on days of darkness, on days when we were just looking for answers. Where there were doubts, there were questions, and when this happened, we left our bare feet to walk together along the seashore. Sometimes, we held hands, but very few, you knew that I was uncomfortable with contact, you knew that I liked to connect as little as possible, enough not to drown in emotions, as simple as it could be so as not to overreact to what I could not control. There were no kisses, much less caresses or intimate moments, none of that was part of our own world, it was something different, something difficult to explain. While we were once strangers, other times, we were the rarest couple anyone could ever meet.

That’s why I had such a hard time letting you go. The day my sister called me to tell me what had happened, how she survived the accident, and how you fought not to leave us behind without success. When the ambulance arrived, you stopped breathing. I never felt such a huge void. I have not been able to fill it with anything, alcohol does not work, nor send you messages on your voicemail until I stop sobbing, much less read the letters you did not send when you studied in Australia. Nothing relieved me, I did not find sense to live in a world where I could not see your smile and with the regret of knowing that you never heard what I felt for you, for having shared so little, for not having been who you wanted me to be, for not sharing what you would have wanted to share with me. We never said it but it was read between the lines. I always changed the subject, trying not to make my fear so obvious but I think you saw it in distance.

That’s why I guess a goodbye is not too much. I must to do what I must to do, not forget you. Meeting you somewhere we can share. I know you’ll get angry as soon as you see me, I know you’ll yell at me and ask me to come back somehow, you want me to live that life you wanted for me, the one I never thought possible, but without you it doesn’t make any sense, I don’t fit into a world so out of orbit. You know it. I know. And many people can tell. I think I fit better with you on the other side, I just ask that please, wait for me, I’m halfway there.