Publicado en Relatos

Ácido:

Vi sus manos temblar, al igual que su ojo izquierdo, sus piernas parecían de gelatina, no sabía muy bien qué decir pero parecía desesperado. Quería encontrar una solución. Al principio, lo consideré normal. Iba a morir, el médico no le dio más que un par de semanas más de vida, después de eso, bon voyage. No me gustaba la idea, ninguna de las dos, que un amigo tan cercano muriera a la edad de cuarenta años y que tuviéramos una única oportunidad de hacerlo bien. Había firmado unos papeles estúpidos donde explicaba que el doctor no se hacía cargo de lo que pudiera ocurrir con esa cura milagrosa, que solo era una prueba de laboratorio, decían que había curado a más de mil personas, no importaba la dolencia, Daven se había creído toda la historia, siempre había sido impulsivo pero esto se le estaba yendo de las manos.

– ¿Lo has pensado bien? – le pregunté justo cuando entramos en su casa – Deberías de tomarte el tiempo que necesites para reflexionar.

– Esto puede salvarme, hacerme olvidar esta mierda. Tengo que intentarlo, ¡es mi última oportunidad! – su voz empezaba a elevarse, al igual que sus ojos a agrandarse un poco más -.

– No sabes qué te ha dado, ni siquiera sabes qué es eso – le dije, acercándome a él – Podría incluso ser agua.

– Mejor lo averiguamos, ¿no?

Se encogió de hombros, mientras dejaba los papeles a un lado ya firmados y abría la botella. No tenía un gran tamaño, parecía bastante mañosa, cabía en una mano. El color del líquido era totalmente transparente, no daba la sensación de que pudiéramos esperar nada malo. Traté de convencerme a mí misma de que estaría bien, esperaba que algo bueno saliera de esto. Comprendía que Daven llevaba un par de años bastante jodido, desde que se enteró de su cáncer que no hablaba de otra cosa, sentí que iba a sufrir la pérdida de un amigo muy querido y obviamente, empezó a afectarme más de lo que debería, aunque trataba de mantenerlo en secreto. Creo que le dejé tomar ese primer sorbo de la botella porque también quería creer que le estaba ayudando, le apoyaba para que siguiera conmigo.

El primer trago pareció ir bien, al principio. Al cabo de un par de minutos, se encorvó. Se cogía el estómago con una mano, como si le doliera. Me acerqué a él rápidamente para saber qué le ocurría y para apartar esa botella de sus manos, pero no me dejó, me apartó de él de un empujón. Casi me caigo hacia atrás, me quedé mirándolo anonadada. Sí que estaba desesperado.

– No deberías tomar más. Creo que no es algo bueno, Daven.

– El doctor dijo que debo terminarme la botella para que haga efecto, que escocería un poco… – no sabía si con esas palabras trataba de convencerse a sí mismo o a mí -.

– Por favor, Daven. Deja la botella y vamos a el hospital a que te miren el estómago, esto no es normal – dije, tratando de persuadirle -.

Antes de que pudiera acercarme más a él, se empinó la botella y empezó a tragar sin parar. Se encorvó aún más hasta caer al suelo y soltar la botella ya vacía. Fui a ayudarle, me arrodillé y le cogí la cabeza incapaz de saber qué hacer. No podía respirar. Sus labios se deshacían, al igual que su lengua y sus dientes, pude ver su garganta totalmente corrosionada por el líquido. Era ácido, no un medicamento milagroso. Daven no volvió a respirar, se fue antes de su tiempo. Su cabezonería pudo con él.

Su cuerpo fue llevado al hospital. Me quedé en su casa tratando de limpiar el desastre, terminando de organizar sus cosas, de saber sus últimas voluntades, porque no tenía a nadie más. Fui la única que pudo protegerlo de esto y de sí mismo, pero no fui capaz, le dejé manejarlo, no le quité la botella. Supongo que yo también estaba desesperada, no podía perderle.


Acid:

I saw his hands tremble, like his left eye, his legs looked like jelly, he didn’t quite know what to say but he seemed desperate. A solution was needed. At first, I considered it normal. He was going to die, the doctor only gave him a couple more weeks to live, after that, bon voyage! I didn’t like the idea, either of us, that such a close friend should die at the age of forty and that we had only one chance to make it right. He had signed some stupid papers where explained that the doctor was not responsible for what could happen with that miraculous cure, that it was only a laboratory test, they said that it had cured more than a thousand people, no matter the sickness, Daven had believed the whole story, he had always been impulsive but this was getting out of hand.

«Have you thought it through?» I asked him just when we entered in his house. «You should take the time you need to reflect.»

«This can save me, make me forget about this shit. I have to try, it’s my last chance!» His voice began to rise, like his eyes to widen a little more.

«You don’t know what he gave you, you don’t even know what that is,» I said, approaching to him. «It could even be water.»

«We better find out, right?»

He shrugged, setting the signed papers aside and opening the bottle. It wasn’t very big, it seemed quite handy, it fit in one hand. The colour of the liquid was completely transparent, it did not give the impression that we could expect anything bad. I tried to convince myself that it would be okay, I hoped something good would come from this. I understood that Daven had been pretty screwed up for a couple of years, since he found out about his cancer, not talking about anything else, I felt that I was going to suffer the loss of a very loved friend and obviously, it began to affect me more than it should, although I tried to keep it a secret. I think I let him take that first sip from the bottle because I also wanted to believe that I was helping him, supporting him to continue with me.

The first sip seemed to go well, at first. After a couple of minutes, he hunched over. He held his stomach with one hand, as if it hurt. I went over to him quickly to find out what was wrong and to get that bottle out of his hands, but he didn’t let me, he pushed me away from him. I almost fell backwards, I stared at him stunned. Yes, he was desperate.

«You shouldn’t drink any more. I think it’s not a good thing, Daven.»

«The doctor said that I should finish the bottle for it to take effect, that it would sting a bit…» I didn’t know if he was trying to convince himself or me with those words.

«Please, Daven. Leave the bottle and let’s go to the hospital to have your stomach checked at, this is not normal,» I said, trying to persuade him.

Before I could get any closer to him, he upended the bottle and began to swallow steadily. He hunched over even more until he fell to the ground and dropped the now empty bottle. I went to help him, knelt down and held his head unable to know what to do. He couldn’t breathe. His lips were melting, like his tongue and teeth, I could see his throat completely corroded by the liquid. It was acid, not a miracle drug. Daven didn’t breathe again, gone before his time. His stubbornness got the better of him.

His body was taken to the hospital. I stayed at his house trying to clean up the mess, finishing organizing his things, knowing his last wishes, because he had no one else. I was the only one who could protect him from this and from himself, but I couldn’t, I let him handle it, I didn’t take the bottle from him. I guess I was desperate too, I couldn’t lose him.


Autor:

Escritora. Estudiante de la vida y apasionada por la lectura y el aprendizaje. Siempre activa, esperando crear una nueva historia o personaje. La dominación de las palabras forma su existencia y la música un componente fundamental para una mente creativa.

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