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Recordarte:

Al fin, tuve el valor de ir a verte. Recuerdo que fue en primavera, por la mañana hacía un fresco agradable que me hacía levantarme con una sonrisa. Aunque no ese día. Llevaba días aceptando el hecho de que te había perdido. Ya no eras la misma, yo sabía que no lo eras, aunque todavía no te hubiera mirado a los ojos. Papá y mamá dijeron que estabas mejor, que seguro que volverías a casa pronto y podría seguir leyéndote, podría seguir escuchando tus historias sobre la guerra y podríamos cenar juntos cada domingo, como siempre lo habíamos hecho. Pero, tras pasar a través de la puerta de la habitación donde te habían ingresado, no pude si no, pensar lo contrario.

Estabas sentada en una silla de ruedas, prácticamente inmóvil mirando por la ventana el cálido sol que entraba por ella. Parecías hipnotizada, ni siquiera escuchabas los gritos de otro de los pacientes hospitalizados en la habitación contigua. He de reconocer que me asusté, nunca había estado en un psiquiátrico. Era fantasmagórico y aún me siento mal cada vez que lo pienso. Me apoyé en la ventana por donde estabas mirando y susurré: «¿Abuela?», pero ni siquiera me miraste. Lo volví a decir un par de veces más pero no conseguí que volvieras la vista hacia mí. Cerré los ojos por un momento, los presioné con los dedos y traté de contener las lágrimas. No podía creer que una mujer tan fuerte como tú pudiera haber desaparecido tan pronto, que una mente tan brillante hubiera tenido ese destino.

Cogí una silla que había cerca y me senté a tu lado, acaricié tu espalda y una ligera sonrisa se dibujó en mi rostro. Fue algo automático. Ni siquiera sé si tú sentiste algo, si nuestra conexión seguía ahí. Como tu nieto siempre te respeté, tenías carácter pero también corazón, sabías ponernos en nuestro sitio. Ese día tan solo vi a un fantasma, una luz que se iba apagando poco a poco. Intenté cogerte de la mano, pero la apartaste, me di cuenta de que el contacto te molestaba. Volví a sonreír, era típico de ti, ¿verdad? Allí sentado me sentía como si estuviera a un millón de kilómetros de distancia de ti, si te digo la verdad, quería irme, incluso, desaparecer del mundo por un instante. Estaba viendo una muerte lenta y agónica desde fuera y no tenía ni idea de qué pasaba dentro de tu mente. Me estaba volviendo loco, si te soy sincero.

Te frotaste las manos un par de veces. Te tocaste el cabello, mientras tus manos temblaban, querías decir algo pero tu voz se apagaba, así que, te quedaste así, mirando por la ventana. «Abuela», volví a decir casi en un susurro, mi voz se quebraba, quizá ninguno de los dos estaba teniendo un buen día con las palabras, ¿verdad? Me rendí dejando caer las lágrimas que llevaba un rato conteniendo, no podía creer nada de eso, te estabas apagando, te olvidabas de todo, quizá en ese momento ya me hubieses olvidado incluso y yo no podía saberlo. Seguí mirándote durante unos minutos, decidiendo qué hacer. No había mucho más que decir, no había mucho más que decidir. Ya no estabas allí aunque tu cuerpo sí lo estuviera. Respiré profundo un par de veces y me limpié las lágrimas con un pañuelo, mientras tú seguías inerte.

Había traído conmigo uno de tus libros favoritos «Las Aventuras de Sherlock Holmes», definitivamente amabas a Arthur Connan Doyle y yo no podía negarlo, me hiciste leerlos cuando era pequeño, todos y cada uno de ellos. Lo abrí por las primeras páginas y empecé a leerlo, despacio, como solíamos hacerlo. Me metí por completo en la historia, desde el capítulo uno al dos, al tres, al cuatro, al cinco… Paré un minuto porque noté la boca seca y, al levantar la vista del libro, vi tus ojos puestos en mí con atención, estabas sonriendo. Para mí fue un milagro. Volví a contener las lágrimas y seguí leyendo, no quería parar porque era como si hubieras vuelto después de mucho tiempo, pareció que hubieras estado allí esperando a que te leyera, esperando a escuchar mi voz. Las palabras temblaban al pasar por mi garganta, estaba entre triste y excitado de que pudieras oírme, sabía que aquel era el último día que nos veríamos y quería que fuera especial. Lo fue, ¿verdad?


Remember you:

At last, I had the courage to go to see you. I remember it was in spring. The warmth sun and the pleasant wind made me wake up with a smile. Although, not that day. I had been accepting the fact that I had lost you for days. You weren’t the same anymore, I knew you weren’t, even though I hadn’t looked at you in the eye yet. Mom and Dad said you were better, that you would surely come home soon and I could keep reading to you, I could keep listening to your stories about the war and we could have dinner together every Sunday, as we always had. But, after passing through the door frame of the room where you had been admitted, I couldn’t avoid to think the contrary.

You were sitting in a wheelchair, practically motionless looking out the window at the warm sun coming through it. You looked mesmerized, you didn’t even hear the screams of other hospitalized patients in the next room. I have to admit that I was scared, I had never been in a psychiatric hospital. It was phantasmagorical and I still feel bad every time I think about it. I leaned on the window where you were looking at and whispered: «Grandma?», but you didn’t even look at me. I said it again a couple more times but I couldn’t make you to look back at me. I closed my eyes for a moment, pressed them with my fingers and tried to hold back the tears. I couldn’t believe that a woman as strong as you could have disappeared so soon, that such a brilliant mind would have had that fate.

I picked up a chair nearby and sat next to you, caressed your back and a slight smile was drawn on my face. It was automatic. I don’t even know if you felt anything, if our connection was still there. As your grandson, I always respected you, you had character but also heart, you knew how to put us in our place. That day I only saw a ghost, a light that was gradually desappearing. I tried to hold your hand, but you pushed it away, I realized that the contact bothered you. I smiled again, it was typical of you, right? Sitting there I felt as if I was a million miles away from you, if I tell you the truth, I wanted to leave, even become extint from the world for an instant. I was seeing a slow, agonizing death from the outside and I had no idea what was going on inside your mind. I was going nuts, if I’m honest.

You rubbed your hands a couple of times. You touched your hair, while your hands were shaking, you wanted to say something but your voice was breaking, so you stayed like this, looking out the window. «Grandma,» I said again almost in a whisper, my voice was craking, maybe neither of us was having a good day with the words, right? I gave up dropping the tears I had been holding back for a while, I couldn’t believe any of that, you were shutting down, you forgot everything, maybe at that point you would have forgotten me even and I couldn’t know. I kept staring at you for a few minutes, deciding what to do. There wasn’t much more to say, there wasn’t much else to decide. You were no longer there even though your body was. I took a deep breath a couple of times and wiped my tears with a handkerchief, while you remained static.

I had brought with me one of your favorite books «The Adventures of Sherlock Holmes», you definitely loved Arthur Connan Doyle and I couldn’t deny your good taste, you made me read his books when I was little, each and every one of them. I opened it for the first few pages and started reading it, slowly, as we used to do it. I got completely into the story, from chapter one to two, to three, to four, to five… I stopped for a minute because I noticed my mouth quite dry and as I looked up from the book, I saw your eyes on me, you were smiling. For me it was a miracle. I held back the tears again and kept reading, I didn’t want to stop because it was like you were back after a long time, it seemed that you had been there waiting for me to read to you, waiting to hear my voice. The words trembled as they passed through my throat, I was between sad and excited that you could hear me, I knew that was the last day we would see each other and I wanted it to be special. It was, right?


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La Sombra ha Salido:

Puedo verte esperando frente a las escaleras. Aún está oscuro y aún no lo has decidido. Te veo desde el otro lado de la habitación, has salido de tu jaula para encontrarte con un silencio ensordecedor, el mismo que te ha retenido en tu mente por tanto tiempo. Siempre has sido «el Monstruo sin cara», solo has sido una mancha negra que se ha mantenido controlada, y que ahora no ha hecho sonar las alarmas, ¿acaso alguien te quiere fuera? ¿Por qué ocurriría algo así?

Llena de curiosidad, me aventuro y me acerco a ti. Sigo en las zonas oscuras para que no me veas, oigo tu respiración algo más profunda, como si olieras mi esencia. Eso es justo lo que estás haciendo, ¿verdad? Podría imaginarme una sonrisa de satisfacción dibujada en tu cara, pero ni siquiera tienes labios. Y sí, es un poco raro dicho así. Tragó saliva, mis ojos se abren un poco más, tratando de aguantar la respiración, pero puedo verte acercándote a mi posición.

– Sé que estás aquí – tu voz es suave, apacible, segura – Y sé que también has salido.

– Puede que también me hayan dejado salir – digo, con la voz rompiéndose en la última palabra – ¿Por qué estás fuera?

– Quizá se han cansado de dejarme fuera del banquillo.

Tu risa es estremecedora. Noto cómo un escalofrío corre por mi espalda, ahogo un grito y trato de mantenerme lo más pegado a la pared posible. Aguanto la respiración unos minutos hasta que siento que te has ido. Me asomo nuevamente a las escaleras ahora un tanto más iluminadas y veo que apareces justo delante de mí, con un cuchillo afilado que cruza mi cuello. Noto que empiezo a desvanecerme y vuelvo a mi celda, completamente cerrada, una vez más.

Subes las escaleras una a una, saboreando el momento. Puedo oírte, puedo sentirte. No llevarás perfume, pero tu esencia huele a desesperanza, oscuridad, destrucción, odio y desprecio. Quizá tengas razón, quizá te ha dejado salir, quizá te necesite, una nueva situación requiere tu presencia, tu seguridad, la confianza de llevar las cosas de la forma más fría posible, para no sentir, para no temer, para dejar de pensar en nada.

Supongo que así es como los humanos se curan, cortándoles el cuello a sus miedos y dejando salir a su parte más oscura, para enfrentar batallas que no creen que puedan superar solos, creyéndose débiles y rotos, pensando que necesitan de una sombra que les abra la puerta a sus deseos más destructivos. Sí, los humanos. A veces, odio ser solo su miedo, a veces, me gustaría tener un poco más de oscuridad y fuerza para poder sacudirles un poco, no me gusta estar encerrado, ¿sabes? Es aburrido.


The Shadow is Out:

I can see you waiting in front of the stairs. It’s still dark and you haven’t decided yet. I see you from across the room, you have come out of your cage to find a deafening silence, the same one that has held you in your mind for so long. You have always been «the Monster without a face», you have only been a black spot that has been kept under control, and now has not sounded the alarms, does anyone want you out? Why would something like this happen?

Full of curiosity, I venture and approach you. I’m still in the dark areas so you don’t see me, I hear your breathing a little deeper, as if you smell my essence. That’s just what you’re doing, right? I could imagine a smile of satisfaction drawn on your face, but you don’t even have lips. And yes, it’s a bit weird said like that. I swallowed, my eyes widen a little bit, trying to hold my breath, but I can see you approaching my position.

– I know you’re here – your voice is soft, still, confident – And I know you’ve come out too.

– They may have also let me out – I say, with my voice breaking at the last word – Why are you out?

– Maybe they’ve tired of leaving me off the bench.

Your laughter is shocking. I notice how a chill runs down my back, I drown out a scream and try to stay as close to the wall as possible. I hold my breath for a few minutes until I feel like you’re gone. I look again at the stairs now somewhat more illuminated and see that you appear right in front of me, with a sharp knife that crosses my neck. I notice that I begin to fade and return to my cell, completely closed, once again.

You climb the stairs one by one, savoring the moment. I can hear you, I can feel you. You won’t wear perfume, but your essence smells of hopelessness, darkness, destruction, hatred and contempt. Maybe you are right, maybe he has let you out, maybe he needs you, a new situation requires your presence, your security, the confidence to carry things as cold as possible, not to feel, not to fear, to stop thinking about anything.

I suppose this is how humans heal, cutting the neck of their fears and letting out their darkest part, to face battles that they do not think they can overcome alone, believing themselves weak and broken, thinking that they need a shadow that opens the door to their most destructive desires. Yes, humans. Sometimes, I hate being just their fear, sometimes, I wish I had a little more darkness and strength to be able to shake them a little, I don’t like being locked up, you know? It’s boring.


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El Monstruo: La Parte Oscura

Relato procedente: «El Monstruo«. Edad: 30 años.

Ciudad: La Mente. Profesión: Desconocida.

Descripción física:

Mi cabello es de color negro, al igual que mis ojos, bastante profundos y, a veces,, con una mirada fija en la nada, tiendo a aburrirme con facilidad. Mis labios son gruesos y normalmente pintados de negro, me encanta el color y lo que representa. Mi tez es pálida y mi cuerpo esbelto. Llevo un vestido de color negro que me llega hasta el suelo, liso, sencillo y con tirantes, además de unas converse debajo que nunca se ven pero que son realmente cómodas.

Descripción de la personalidad:

Digamos que soy una parte y no un todo. Suelo mostrar emociones oscuras como la rabia, la destrucción personal o hacia el exterior, me muevo por la ira y el ego, el enfado constante, la injusticia y el odio. Dicen que soy molesta, que embauco con pensamientos negativos, que me gusta el mal y lo promuevo, que han de mantenerme encerrada para no dejarme llevar por la maldad. Lo dicen pero creo que es verdad, y me gusta, no debería sentirme mal por ello, ¿no? Aunque tampoco sabría cómo sentirme mal, solo soy. Y solo existo.

El momento en que nací:

Todos los seres humanos tienen esa parte escondida, esa que no quieren contar a nadie, esa en la que yo me convierto en la protagonista de sus vidas. Supongo que soy quién les dice la verdad sobre ellos mismos y lo que son capaces de hacer pero no quieren escuchar. Yo también tengo a mi propio ser humano, crecía en alguna parte de su mente, en total y absoluta libertad. Todavía puedo recordar qué se siente notando la lluvia caer sobre mi cara, al mismo tiempo que ella también lo siente, es una sensación que nunca se olvida, ¿verdad?

Fui haciéndome un poquito más mayor y, a la vez, más fuerte a su lado, tras cada herida abierta, tras cada herida incapaz de cicatrizar. Esos momentos de soledad me dejaban una puerta abierta para empezar a hurgar entre todo lo bueno y para encontrar un lugar calentito y agradable donde pasar los días de luz, entre sus sábanas de alegría y de diversión, para volverlos grises y tenues. Quizá para ella no fuera del todo bueno pero estaba enseñándole cómo sería el mundo antes de que fuera capaz de entenderlo. Conmigo a su lado, sobreviviría.

Crecí a pasos agigantados:

Creo que yo fui la que más se sorprendió de lo rápido que iba creciendo, y de lo fuerte que empezaba a ser su rabia. Supongo que empezó en el colegio con todo ese bullying, con esos empujones, patadas, heridas que no pudo olvidar pero sí disimular a simple vista. Pretendía que todo iba bien pero lloraba por dentro, estaba tan enfadada que notaba cómo las paredes temblaban dentro de ella, podía escuchar sus dudas, su inseguridad, su miedo, su tristeza. Sus gritos no me dejaban descansar, eran como llamadas de auxilio, como si necesitara ayuda. Sabía que nadie iba a ayudarla, así que, cada vez que alguien se metía con ella, yo salía para defenderla a modo de violencia desmedida. La hacía sentir satisfecha cuando veía al otro chico que la había molestado en el suelo, una sonrisa ahora se apropiaba de su cara, yo también me sentía bien, la había protegido.

Lo que no imaginé fue que su familia también la maltrataba, era horrible ver todo aquello a través de sus ojos y no poder moverme. Pero ella me dio el poder de hacerlo con solo nueve años. Empecé a notar una electricidad por todo mi cuerpo y crecí, de niña me volví adolescente y cada vez me envolvía de más oscuridad, cada vez tenía más poder sobre ella, más voluntad para moverme entre sus pensamientos y para defenderla en los momentos en los que lo necesitara, a veces, a través de enfados, otras en ataques de ira desmedidos, y otras veces, con golpes en las paredes, empezaba a ser incapaz de controlarse pero no fue hasta la adolescencia cuando supo lo que era realmente caer en el pozo.

El abismo:

La depresión, una amiga bastante cruel. La conocí una vez, pero no era muy amigable. Intenté cogerla de la mano, pero tenía sus propios planes. Llevaba a la muchacha por pensamientos lúgubres y tormentosos, os aseguro que me empezó a caer bien, pero no hasta el punto de someterla a una desesperación constante en la que no podía ni levantarse de la cama, era horrible. Tenía que hacer algo. Así que, transformé esa tristeza y ese dolor en injusticia, en rabia y una constante defensa en contra de la misma humanidad, necesitaba darle algo por dónde empezar, por dónde hacerle sentir que debía de ir contra todo, contra el mundo entero si hacía falta porque era imparable.

En su adolescencia, nadé entre abismos de corazones rotos, lágrimas y más lágrimas, entre su desesperante necesidad de validación y su completa falta de auto estima, pero empezaba a saber cómo manejar su ira, trataba de controlarlo, es decir, que ya estaba entendiendo algo más, ya comenzaba a escucharme, se había dado cuenta de que estaba ahí. Cada vez que yo intentaba salir, ella simplemente, respiraba profundo e intentaba pensar antes de actuar. Reconozco que no me gustó demasiado, fue la primera vez que me negó salir de ella, tener libertad de movimiento.

Cazada y atormentada:

Supongo que me excedí demasiado, me dejé llevar y me confié en que ella no se daría cuenta. Sí lo hizo. Una tarde se enfadó muchísimo, se sentía fuera de lugar, incomprendida, agobiada con tantas emociones al mismo tiempo, quería entender y empezaba a aprender sobre qué estaba ocurriendo. La ansiedad se apoderaba de nosotras de una forma que no podría haber previsto antes, así que, me asusté y la impulsé para que consiguiera salir de ello, con arranques de odio combinados con rabia incontenible y explotó, sin previo aviso. Supo que era yo, que había dejado de ser ella misma por unos instantes y que por ello su ansiedad se había elevado a niveles preocupantes, ni siquiera dormía.

Así que, mientras yo estaba descansando en una zona oscura de su mente, aprovechó el momento para cogerme en brazos en una de sus habituales meditaciones y llevarme al sótano, a ese desolado, oscuro y apestoso sótano donde llevo residiendo años sin que me diese cuenta de dónde me llevaba. Cuando desperté, estaba encerrada. Intenté salir pero no pude. Ella es quién me dice cuándo salir, pero raramente lo hago, solo soy un mero método de defensa, bastante efectivo. Me quitó gran parte de mi poder después de dejar de utilizarme, así que, ya ni siquiera tengo fuerza para golpear la enorme puerta que me separa de mi libertad. Es difícil pensar con claridad. Pero tengo compañía, no soy la única que está encerrada aquí abajo, ¿sabéis? Lo peor de lo peor se deja apartado abajo, mientras lo bueno se encuentra en el piso de arriba.

Aferrarse:

Aunque no pueda actuar con libertad y esté encadenada a una pared gruesa y hecha especialmente para mí, puedo oírla. Sé que se aferra a lo que más le apasiona, a su creatividad, a su vida alejada de nosotros, los pequeños monstruos que mantiene en el piso de abajo. Lo sé todo sobre sus máscaras, sus personajes cambiantes, todos sus disfraces y sus encubrimientos, se ha vuelto experta en pretender y he de reconocer que estoy impresionada, ha logrado defenderse y protegerse sin necesitarme del todo. Su auto control siendo adulta es exquisito, mantiene cada habitación de su mente limpia y su biblioteca no tiene ni una mota de polvo, la oigo caminar entre sus paredes, leyendo viejas historias, escribiendo nuevas.

Se aferra a cualquier cosa que la mantenga viva, no es que haya tenido buenas experiencias en general, en cierto modo, se comprende. También sé que la resiliencia anda entre sus pasillos, la muy puta. A veces, hay que sacar un poco de carácter, no todo es pasividad, amor y comprensión, un poquito de oscuridad puede animar un poco las cosas, ¿no creéis?

Un futuro similar:

Aprende rápido, más que cualquier otra persona que pudiera conocer, así que, sabiendo lo que sé de ella, de su cabezonería y de su entendimiento por sus emociones, es decir, que me ve llegar a una legua de distancia si es el caso, no creo que consiga convencerla de que me necesita, como mucho pedirá un poquito de mi esencia si quiere sobrevivir a algo pero no me dejará salir, no pondrá en peligro a nadie, mucho menos, estará conforme con intoxicar su mente con la toxicidad que yo albergo, así que, no tengo muchas esperanzas.

A veces, se pasea por los pasillos del sótano a comprobar las cerraduras, su seguridad es asombrosa y su interés por que nada salga mal es por lo que todo funciona tan bien, lo sabe todo de nosotros. Es imposible salir. Se reúne con algunos de los peces gordos que se mantienen aquí por voluntad propia pero que no están encerrados porque no son un peligro, con nosotros no es habitual, mucho menos que habitual, la palabra «nunca» es la que importa. Supongo que seguiré respirando mientras ella quiera y esperaré a poder rescatarla si se ve en una mala situación, mientras tanto, estas cuatro paredes son las que me merezco.


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Comentando libro «La Mano del Diablo» – Douglas Preston y Lincoln Child

La muerte de Jeremy Grove, famoso crítico de arte, es inexplicable. Su cuerpo fue encontrado en una habitación cerrada con llave desde dentro, con la marca de un crucifijo grabada en su pecho como una quemadura, la huella de una garra en la pared… y un insoportable hedor a azufre… ¿Serán las marcas del diablo? Hasta los menos supersticiosos empiezan a hablar de un pacto con el maligno.

Para investigar este extraño caso, el inspector Pendergast tendrá que abandonar Nueva York y viajar a un pueblo de Italia, donde veinte años atrás cuatro hombres hicieron una promesa diabólica. A partir de entonces Pendergast se ve obligado a enfrentarse con fuerzas desconocidas; él mismo parece ser la próxima víctima de una venganza abominable, a la que no está nada claro que pueda sobrevivir…

Este libro también era uno de mis pendientes desde ya hacía tiempo y tenía ganas de leerlo, definitivamente. Es uno de los libros que Preston y Child escribieron en sus principios y, normalmente, siempre añadían ciertos temas sobrenaturales a sus novelas, esta no ha sido una excepción. El asesinato del que Pendergast se encarga de investigar esta vez, tiene que ver con la posibilidad de que el mismísimo diablo haya matado a tres personas provocando un fuego interno, quemándoles desde dentro hacia afuera, algo que no pensaba ni él ni sus compañeros encontrarse en las escenas de los crímenes.

Durante la historia, puedes encontrarte con las diferentes formas en las que el asesino atrae a Pendergast a su pequeña trampa, empiezas a entender qué es lo que le ha importado recuperar y, por supuesto, por qué ha asesinado. Creo que el personaje tiene un papel interesante, pero esperaba a alguien más oscuro y potente, aunque este también tenía una dinámica de malo arrogante que te animaba a seguir leyendo. Los diálogos te llevaban muchas veces a relacionar conceptos, claro que Pendergast siempre ayuda con sus teorías locas y D’Agosta nunca se queda atrás, siguiéndole el paso como puede, aunque no a la misma velocidad.

Una cosa que me encanta de ambos personajes y que siempre prevalece, es esa relación amor-odio que tienen a veces, ese respeto escondido y honor que les caracteriza, cómo son capaces de salvar la vida del otro sin pensarlo y, más tarde, ser capaces de hacer un comentario sarcástico tras otro. Con esto, quiero decir que tiene ciertos toques de humor, de misterio y un viaje a Italia bastante prometedor y fructífero para la investigación. Es una historia con mucha acción también, realista en cuanto a la investigación se refiere y a las relaciones personales, de hecho, no esperaba para nada una escena de sexo tan explícita como la leída entre uno de esos capítulos, me ha sorprendido. Creo que estos libros son los mejores que han escrito, son los que más tensos te hacen sentir al principio y los que te dejan paralizado leyendo el final, el cual, se ha cerrado de forma abierta, tienes que intuir un poco lo que pasa, te deja un poco pensativo durante un rato hasta que entiendes lo que ha pasado.

Las descripciones, sobre todo, de Italia y alrededores, no son para nada densas o se hacen lentas de leer, tienen buen ritmo. Los dos hablando italiano son un cromo, te ríes y te extrañas a la vez, además de descubrir cosas de D’Agosta que nunca antes te hubieras planteado. Podemos ver cómo cada pieza está relacionada para resolver los asesinatos que llevaron a ambos detectives a Italia aunque no se ve a simple vista, parece que vayan a ciegas, además, en muchos momentos del libro no comparten sus teorías hasta casi el final. El secuestro de ambos detectives le dio un toque interesante a lo que iba a ocurrir después y a confirmar lo que leí en uno de los últimos libros que leí de ellos «Versos para un Muerto«: no son capaces de traer a un sospechoso vivo con ellos, o lo pierden o muere.

Las historias de Pendergast tienen un mundo particular, muy personal que te engancha y, a veces, te arrancan una sonrisa por su fuerte personalidad, su forma de moverse y actuar, su sarcasmo y palabras sabias, la preocupación porque su hermano vaya a asesinar a alguien, la confianza puesta en su compañero D’Agosta, intentando que vuelva a sentirse Policía de nuevo. Nos adentramos también en la vida personal de este último en el libro, ambos escritores te abren las puertas hacia una historia nueva sobre él, sobre su divorcio, la relación que tiene con su hijo y cómo empieza a sentirse atraído por una Inspectora de Policía. Cuando lees el libro te adentras en un mundo a parte, hecho únicamente por ellos, es difícil de explicar pero ahí está, el único Universo del mundo de Aloysious Pendergast.

Se adentra mucho también en muchas teorías sobre el satanismo y la mitología, donde la joven Constance Green hace su entrada, para mostrarnos el aprecio mutuo que se tienen y lo útil que es encontrando libros en la enorme biblioteca que ha heredado Pendergast. Una chica con gran talento, dulce, introvertida y una gran lectora, la cual, encuentra información muy relevante que le es desvelada a Pendergast y a D’Agosta para poder seguir con la investigación. En definitiva, afirmo que estos libros que escribían al principio tenían más chispa, más aire sobrenatural, más enganche… los de ahora están muy bien e intrigan mucho pero solo tienen contenido policíaco, está bien hacer un mix y variar para darle un toque más siniestro, misterioso y quizá, oscuro.

Recomiendo leerlo un 100%, es muy absorbente y, en cuanto os deis cuenta, ya os habréis leído sus 647 páginas 😉


Commenting «Demonoid: Messenger of Death» Written by Douglas Preston and Lincoln Child:

The death of Jeremy Grove, a famous art critic, is inexplicable. His body was found in a locked room from inside, with the mark of a crucifix engraved on his chest like a burn, the imprint of a claw on the wall… and an unbearable stench of sulfur… Will it be the devil’s marks? Even the least superstitious begin to speak of a pact with the evil one.

To investigate this strange case, Inspector Pendergast will have to leave New York and travel to a town in Italy, where twenty years ago four men made a diabolical promise. From then on Pendergast is forced to confront unknown forces; he himself seems to be the next victim of an abominable revenge, which it is far from clear that he can survive…

This book was also one of my pendents for a long time and I wanted to read it, definitely. It is one of the books that Preston and Child wrote in their beginnings and, normally, they always added certain supernatural themes to their novels, this has not been an exception. The murder that Pendergast is in charge of investigating this time, has to do with the possibility that the devil himself has killed three people causing an internal fire, burning them from the inside out, something that neither he nor his companions thought to see in the scenes of the crimes.

During the story, you may come across the different ways in which the assassin lures Pendergast into his little trap, you begin to understand what he has cared about recovering and, of course, why he has murdered. I think the character has an interesting role, but I expected someone darker and more powerful, although this one also had an arrogant bad guy dynamic that encouraged you to keep reading. The dialogues led you many times to relate concepts, of course Pendergast always helps with his crazy theories and D’Agosta is never left behind, following the pace as he can, although not at the same speed.

One thing I love about both characters and that always prevails, is that love-hate relationship they have sometimes, that hidden respect and honor that characterizes them, how they are able to save each other’s life without thinking about it and, later, be able to make one sarcastic comment after another. By this, I mean that it has certain touches of humor, of mystery and a rather promising and fruitful trip to Italy for research. It is a story with a lot of action too, realistic as far as the research is concerned and personal relationships, in fact, I did not expect at all a sex scene as explicit as the one read between one of those chapters, it has surprised me. I think these books are the best they have written, they are the ones that make you feel the most tense at the beginning and the ones that leave you paralyzed reading the end, which, has been closed openly, you have to sense a little what is happening, it leaves you a little thoughtful for a while until you understand what has happened.

The descriptions, above all, of Italy and surroundings, are not at all dense or slow to read, they have a good rhythm. The two speaking Italian are quite a joke, you laugh and miss each other at the same time, as well as discovering things about D’Agosta that you would never have considered before. We can see how each piece is related to solve the murders that took both detectives to Italy although it is not seen with the naked eye, it seems that they go blind, in addition, in many moments of the book they do not share their theories until almost the end. The kidnapping of both detectives gave an interesting touch to what was going to happen next and to confirm what I read in one of the last books I read about them on «Verses for the Dead»: they are not able to bring a suspect alive with them, or they lose it or dies.

Pendergast’s stories have a particular, very personal world that hooks you and sometimes they tear a smile from you because of his strong personality, his way of moving and acting, his sarcasm and wise words, the concern that his brother is going to murder someone, the trust placed in his partner D’Agosta, trying to make him feel like a policeman again. We also delve into the personal life of the latter in the book, both writers open the doors to a new story about him, about his divorce, the relationship he has with his son and how he begins to be attracted to a Police Inspector. When you read the book you enter into another world afar, made only by them, it is difficult to explain but there it is, the only Universe in the world of Aloysious Pendergast.

It also delves a lot into many theories about Satanism and mythology, where the young Constance Green makes her entrance, to show us the mutual appreciation they have and how useful it is to find books in the huge library that Pendergast has inherited. A girl with great talent, sweet, introverted and a great reader, who finds very relevant information that is revealed to Pendergast and D’Agosta to be able to continue with the investigation. In short, I affirm that these books that they wrote at the beginning had more spark, more supernatural air, more hook… those of now are very good and intrigue a lot but only have police content, it is okay to make a mix and vary to give it a more sinister, mysterious and perhaps, dark touch.

I recommend reading it 100%, it is very absorbing and, as soon as you realize it, you will have already read its 647 pages 😉


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Cambiante:

Siempre has sido mi personaje. Tan cambiante, tan reservada. Durante mucho tiempo, he cambiado tu ropa, he diseñado tu pelo, tu forma de vestir y he dibujado una sonrisa en tu rostro. A veces, es lo único que puedo controlar. Eres la que camina en mi biblioteca, la que susurra en mi oído y me dice cuál es su comida favorita, eres quién se cree fuerte, quién ve las realidades de forma diferente, la que no se avergüenza de quién es y quiere saber hacia dónde va.

Conozco tu fuerza, tu energía. Sé cómo te mueves, qué sientes en cada momento, tu estilo, tu forma de caminar, conozco cómo son tus enfados y las pequeñas alegrías, tus cumpleaños, tus noches a solas. Sigues sentada, en medio del lugar, en mi mente. Una nueva recién nacida envuelta entre palabras y capítulos. Eres parte de mí al igual que soy parte de ti, compartimos un lazo, una unión de cuerpo y mente. Resides en una parte muy particular, dejas fluir tu vida entre mis dedos para que le dé forma, para que la haga realidad y podamos expresarla juntas.

Lo sé todo sobre tu oscuridad. Lo sé todo acerca de tus malos hábitos, de las malas compañías, de las decisiones erróneas. Lo sé todo sobre tu autoestima denigrada, hecha pedazos, mientras tu mente te golpea entre ataques de pánico. Sé que mientes, pretendes, y te escondes bajo una capucha negra para no mostrar tu rostro. Sé que, muchas veces, caminas sin rumbo. Te sientas en un banco, te enciendes un cigarro y miras las estrellas, lejos de casa, no soportas nada de lo que allí ocurre, ni siquiera es importante. Entiendo que dejas fluir tu mente, que te dejas llevar entre pastillas y marihuana, sé que te hace salir de tu círculo incansable de tortura, sé que ya no sabes por qué te da igual hacer algo que está mal, por qué ha empezado a gustarte, por qué ya no te sientes en tu propio cuerpo.

¿Acaso trabajar sin parar te ha salvado? ¿Acaso beber hasta reventar te ha hecho olvidar? No, para nada. La misma historia se repite dentro de tu cerebro, como una película que se repite cada vez que se acaba. Es un círculo que no tiene fin y que consientes porque es lo que ya conoces. Sabes que no es mala suerte, solo que la vida te ha vuelto ruda, ha hecho que desvíes la mirada hacia otro lado y pienses en cualquier otra cosa que te haga sentir bien, ya sea acostarte con la del bar como con un hombre casado, casi que te da igual. Supongo que eso es lo que tiene el hacer que los finales felices no existan para ninguno de tus personajes, supongo que es lo que pasa con hacer vuestras vidas una realidad, como la nuestra, como la vida de escritor. A veces, son jodidas, otras algo más divertidas pero no siempre acaban bien.

¿Sabes cómo me inspiraste? Con tristeza. Era como si estuvieses allí, esperándome. Como si quisieras salir de alguna forma, como si estuvieras gritando en mi oído pero yo no pudiera oírte. Las imágenes empezaron a aparecer y no pude sino tener que contar tu historia. Y aún no la he terminado. Siento haber sido tan dura contigo, pero sé cómo acaba tu historia. Tengo que darle un sentido. Lo entiendes, ¿verdad? Observo cómo sales de cada mierda en la que te meto y, la verdad, solo he tratado de crear a una nueva superviviente, como muchas otras, como yo misma. Los fénix resurgen de sus cenizas, tú te enderezas tras cada duda, tras pasar por esa oscuridad que te nubla. Entierras emociones, escondes realidades, hablas poco. Entiéndeme, sé lo que se siente.

Puedo oler tu perfume. Puedo ver cómo dejas olvidada la caja de los folletos de Universidad, veo cómo les sigues la corriente para no hablar de ello. No perteneces, te sientes como un zombie que solo forma parte. Caminas porque no hay más opciones, corres cuando hay que escapar y sobrevives porque sabes que es lo que debes hacer. Estás ahí. Siempre lo estás y es un alivio, porque ahora puedo escucharte y puedes seguir hablando tanto como quieras, seguiremos juntas un nuevo capítulo.


Changeable:

You’ve always been my character. So changeable, so reserved. For a long time, I have changed your clothes, designed your hair, your way of dressing, and drawn a smile on your face. Sometimes, it’s the only thing I can control. You are the one who walks in my library, the one who whispers in my ear and tells me what her favorite food is, you are the one who think she is strong, who sees realities differently, who is not ashamed of who she is and wants to know where she is going.

I know your strength, your energy. I know how you move, what you feel in each moment, your style, your way of walking, I know what your anger and small joys are like, your birthdays, your nights alone. You are still sitting, in the middle of the place, in my mind. A new newborn wrapped between words and chapters. You are part of me just as I am part of you, we share a bond, a union of body and mind. You reside in a very particular part, you let your life flow between my fingers so that it gives shape, so that it makes it a reality and we can express it together.

I know all about your darkness. I know all about your bad habits, bad company, wrong decisions. I know all about your denigrated, shattered self-esteem as your mind hits you between panic attacks. I know you lie, pretend, and hide under a black hood so you don’t show your face. I know that, many times, you walk aimlessly. You sit on a bench, light a cigar and look at the stars, far from home, you can’t stand anything that happens there, it’s not even important. I understand that you let your mind flow, that you let yourself be carried away between pills and marijuana, I know that it makes you get out of your tireless circle of torture, I know that you no longer know why you don’t care about doing something that is wrong, why you have started to like it, why you don’t feel like you’re inside your body anymore .

Has working non-stop saved you? Has drinking until you burst made you forget? No, not at all. The same story repeats itself inside your brain, like a movie that repeats itself every time it’s over. It is a circle that has no end and that you consent to because it is what you already know. You know it’s not bad luck, just that life has made you rough, it’s made you look away and think about anything else that makes you feel good. whether it’s sleeping with the hot bartender or with a married man, you almost don’t care. I guess that’s what it’s about making happy endings not exist for any of your characters, I guess that’s what happens with making your lives a reality, like ours, like the life of a writer. Sometimes, they are fucked up, others somewhat more fun but they do not always end well.

Do you know how you inspired me? With sadness. It was as if you were there, waiting for me. As if you wanted to go out somehow, as if you were screaming in my ear but I couldn’t hear you. The images started to appear and I couldn’t help but have to tell your story. And I haven’t finished it yet. I’m sorry I was so hard with you, but I know how your story ends. I have to make sense of it. You get it, right? I watch you come out of every shit I get you into and really, I’ve only tried to create a new survivor, like many others, like myself. The phoenixes rise from their ashes, you straighten up after every doubt, after going through that darkness that clouds you. You bury emotions, you hide realities, you don’t talk much. Understand me, I know what it feels like.

I can smell your perfume. I can see how you leave the box of University leaflets forgotten, I see how you follow the current to not talk about it. You don’t belong, you feel like a zombie that is just a part of it. You walk because there are no other options, you run when you have to escape and you survive because you know what you should do. You are there. You always are and it’s a relief, because now I can hear you and you can keep talking as much as you want, we’ll follow along with a new chapter together.


Publicado en Relatos

El Monstruo:

Eres mi puerta cerrada, un continuo recordatorio de dónde no quiero ir. Es una zona oscura, apagada, que no me deja respirar al acercarme, que me ahoga de miedo y dolor, que se antepone a la duda y a hacer lo correcto, que habla antes de pensar y desgarra cualquier parte buena que haya dentro o fuera. Por eso, estás encerrado, por eso nunca te dejo salir, por mucho que golpees la puerta, que grites y patalees, sabes que no puedo dejar que vuelvas a poner un pie cerca de ese pasillo, que es justo el que va directo a mi perdición.

Ibas creciendo conforme yo lo hacía. ¡Qué puedo decir! Siempre estuviste ahí, una parte de mí, más oscura y divergente, contrarrestada, endiablada, pasota y cortante, alguien a quién no le importaba nada. Nos íbamos pasando la pelota, mientras la rabia y el control me poseían, me volvías loco. Entre un golpe y otro, me atontabas para seguir manteniendo tu trono intacto. Te hiciste fuerte debido a violencia, soledad, enfado e injusticia. Supongo que ningún niño debería saber nada de eso en tan corta edad, ¿verdad? Ahora quizá digas que querías protegerme, querías que fuera fuerte para enfrentar lo que fuera que estaba a punto de sucederme, que la vida es dura y que debía seguir caminando.

Sentiste mi tristeza, sentiste cómo iba cayendo en un agujero. Me mantenías a flote para que no tomara decisiones impulsivas, para que pudiera seguir caminando, mi alma empezaba a ser una muleta para tú poder seguir estando de pie. Me defendías en cada pelea, en cada discusión absurda, cuando se mofaban de mí o me daban de golpes, supongo que sentía cierto poder dentro de mí que no lograba entender, hasta llegué a preguntarme si era un monstruo. Llegué a creérmelo. Pero solo estaba sobreviviendo a otra nueva situación de mierda. Así había sido mi vida, y así es como tu tratabas de que no me parara.

Supongo que desde hace años esperas que te lo agradezca. Puede que te sientas decepcionado porque te encerré, porque he logrado controlarme y no seguir por el estrecho sendero oscuro por el que me llevabas, imagino que no debió de gustarte que pudiera callarte. Y sí, la verdad es que eras una cotorra, no dejabas de hablar. Destructivo, vengativo, negativo, catastrofista, perfeccionista, y un cobarde, tenías tanto miedo dentro que tu envoltura era la inseguridad. Supongo que sí, algunas cosas dejaste en mí, pero es bueno que empecemos una conversación, que cambie los candados cada dos años para que no se oxiden, para que no llegues a derrumbar la puerta, o deshacer todo lo que he conseguido enmarañando mi mente y haciéndome creer que eres el único que puedes quitarme el dolor.

He de reconocer que no sentir era genial, te da igual todo, eres casi como un muerto andante al que solo le importa caminar. Las emociones son cambiantes, a veces, son un desastre, te hacen sentir pequeño, incluso, miserable, te rompen por dentro, y muchas otras cosas que desearía no comentar, pero sigo sin ver la razón por la que tendría que volver a abrirte la puerta. No eres más que otra puerta cerrada de las muchas que no abro en esa sección de mi mente, aunque sí es verdad que te tengo cierto aprecio, eres de una colección que no me gustaría perder por lo que pudiera ocurrir en un futuro. Pero no olvides, que son muchas las que se han abierto por beneficio propio, pero la tuya querido amigo, espero no abrirla jamás.

Eres mi pequeño monstruo. Ese que me transforma en alguien que no quiero volver a ver, que pocos han visto y que espero que no vean. El dolor no se quita, no se arranca, no se vuelve agresivo para dejar que deje de rasgarte por dentro, sino que, se acepta y dejas que permanezca como recordatorio de cuánto has pasado y cuánto más has superado. Te deja resquicios de tristeza, incluso, puede llegar a ser permanente, pero no hasta el punto de soltarte. Últimamente, te oigo gritar, pareces desesperado después de tanto tiempo, hasta imploras encontrar una salida, puede que rasques los enormes y gruesos muros que construí especialmente para ti. Quiero que sepas que te oigo, que te entiendo, que te acepto y que sé que eres otra pieza más de mi rompecabezas, situado en el sótano, junto con otros que quizá conozcas.

Espero que algún día, viejo amigo, te reconcilies contigo mismo y podamos volver a contarnos historias.


The Monster:

You’re my closed door, a continuous reminder of where I don’t want to go. It is a dark, dull area that does not let me breathe when I approach, that drowns me in fear and pain, that takes precedence over doubt and doing the right thing, that speaks before thinking and tears any good part that is inside or outside. That’s why you’re locked up, that’s why I never let you out, no matter how much you knock on the door, scream and kick, you know I can’t let you set foot near that hallway again, which is just the one that goes straight to my perdition.

You were growing as I did. What can I say! You were always there, a part of me, darker and more divergent, countered, devilish, stepped and sharp, someone who didn’t care about anything. We were passing the ball, while anger and control possessed me, you drove me crazy. Between one blow and another, you stunned me to keep your throne intact. You became strong because of violence, loneliness, anger and injustice. I guess no kid should know any of that at such a young age, right? Now you may say that you wanted to protect me, you wanted me to be strong to face whatever was about to happen to me, that life is hard and that I should keep walking.

You felt my sadness, you felt myself falling into a hole. You kept me afloat so that I would not make impulsive decisions, so that I could continue walking, my soul began to be a crutch for you to continue standing. You defended me in every fight, in every absurd argument, when they made fun of me or beat me, I guess I felt a certain power inside me that I couldn’t understand, I even wondered if I was a monster. I came to believe it. But I was just surviving another shitty new situation. That’s how my life had been, and that’s how you tried that I didn’t stop.

I guess for years you’ve been waiting for me to thank you. You may feel disappointed because I locked you up, because I have managed to control myself and not continue along the narrow dark path you were taking me, I imagine you must not have liked that I could shut you up. And yes, the truth is that you were a parrot, you did not stop talking. Destructive, vindictive, negative, catastrophic, perfectionist, and a coward, you were so afraid inside that your envelope was insecurity. I guess so, some things you left in me, but it’s good that we start a conversation, that I change the locks every two years so that they don’t rust, so that you don’t get to collapse the door, or undo everything I’ve achieved by tangling my mind and making me believe that you’re the only one who can take the pain away from me.

I have to admit that not feeling was great, you don’t care about everything, you are almost like a dead man who only cares about walking. Emotions are changeable, sometimes, they are a mess, they make you feel small, even miserable, they break you inside, and many other things that I wish I did not comment, but I still do not see the reason why I would have to open the door again. You are just another closed door of the many that I do not open in that section of my mind, although it is true that I have a certain appreciation for you, you are from a collection that I would not like to lose for what could happen in the future. But do not forget, that there are many that have been opened for my own benefit, but yours dear friend, I hope it never gets open.

You are my little monster. That one that transforms me into someone I don’t want to see again, that few have seen and that I hope they don’t see it. The pain is not removed, it is not torn away, it does not become aggressive to let it stop tearing you inside, but it is accepted and you let it remain as a reminder of how much you have gone through and how much more you have overcome. It leaves you with traces of sadness, even, it can become permanent, but not to the point of letting go. Lately, I hear you screaming, you seem desperate after so long, until you implore to find a way out, you may scratch the huge and thick walls that I built especially for you. I want you to know that I hear you, that I understand you, that I accept you and that I know that you are another piece of my puzzle, located in the basement, along with others you may know.

I hope that one day, old friend, you will reconcile with yourself and we can tell us stories again.


Publicado en Personajes

Elfrom: El que Entristece

Relato procedente: «En Persona«. Edad: 38 años.

Ciudad: Columbus. Profesión: Recepcionista.

Descripción física:

Mi cabello es negro, por los costados y por detrás bastante corto y por arriba en forma de tupé bien peinado y cuidado, con una barba algo poblada y con zonas canosas. Mis ojos son de un tono azul claro, aunque si no les da mucho la luz pueden volverse de un color más intenso. Mis labios son finos y mi tez un tanto morena. Siempre me ha gustado vestirme de forma informal, exceptuando cuando voy al trabajo que es el único momento donde soy capaz de llevar traje y corbata.

Descripción de la personalidad:

Desde que era pequeño, me han comentado que tengo bastantes problemas a la hora de exteriorizar emociones, no me gustan mucho los conflictos y rehúyo de personas que sé que me van a traer problemas. Soy bastante callado e introvertido, desde siempre he estado en mi cabeza, hablando conmigo mismo, reflexionando, sintiendo como si no perteneciera al mundo, con una tristeza inexplicable. Sí que es verdad que, como todo el mundo creo, tengo la habilidad natural de pretender que soy como los demás para hacerles creer que encajo y me siento genial en el entorno, cuando la realidad es que no tengo ni idea de qué están hablando.

Una infancia bastante aislada:

Creo que siempre fui ese típico niño rechazado que vivía en su cabeza, soñando e imaginando mundos propios en los que poder caracterizar personajes, no solía hablar demasiado y no me gustaba el colegio, sacaba las notas justas para pasar de curso porque no me interesaban los temas de los que hablaban y no encajaba muy bien en mis entornos. Con mis padres siempre sonreía y asentía con la cabeza pero me sentí solo casi todo el tiempo, no entendían el porqué de mi aislamiento, por qué quedarme en casa encerrado leyendo y no tenía amigos. No me interesaba y eso, simplemente, no podía fingirlo.

Me gustaban los juegos de mesa, los puzzles, las sopas de letras y todo tipo de juegos que solo hiciese falta una persona para jugar. Era un niño muy introvertido y no me gustaba causar problemas, era calmado y no me importaba demasiado lo que pudieran pensar los demás de mí, muchos me comparaban con un robot. Era inteligente pero no tenía el menor interés en demostrarlo, era como esforzarse para nada, sabía que los demás no valorarían ninguna cosa de la que hiciera, solo se quejaban de dinero y de la cantidad de facturas que llegaban a casa, aparte de discutir delante de mí por cosas que no me concernían ni lo más mínimo. Ellos tenían sus cosas, yo era un cero a la izquierda y estaba cómodo en esa zona de confort.

No hice lo que se esperaba de mí:

De hecho, nunca lo hice. Desde pequeño, de adolescente y adulto, no hacía lo que se esperaba de mí en ningún ámbito de mi vida. No escuchaba a nadie, estaba decidido a andar por mi cuenta. Mis padres se empeñaban en que entrara en la Universidad a estudiar medicina, según ellos era un chico listo y seguro que lo sacaba, igual que lo hizo el abuelo, ganaba bien y la familia pudo echar hacia adelante. Mi padre le admiraba, yo no, y no tenía ningún interés en ser como él, no me interesaba ser médico. Luego quisieron que me apuntara a Derecho, mi respuesta fue la misma, que no. Tampoco me apunté a la de Negocios, la de Turismo o la de Administración de Empresas.

Así que, decidieron elegir ellos por mí. Porque claro, era lo mejor. No llegaban a final de mes pero debían presumir de hijo inteligente que estaba estudiando una carrera como los demás del barrio. Tardé dos semanas en anular la suscripción, aquello era absurdo, yo no quería ir a ninguna Universidad, lo que quería era encontrar un trabajo y salir de casa, empezar a pensar en salir del nido, se volvió la cosa más importante de todas. Lo mejor que pude encontrar fue de recepcionista en un dentista, empecé a los veinte y hasta hoy sigo estando allí, ganando el salario mínimo, viviendo en un pequeño pisito en el centro y sin más responsabilidades que hacer la comida y llegar a tiempo al trabajo, el sueño de cualquiera.

Nunca fui feliz:

Mucha gente habla de felicidad, de qué se siente en esos pequeños momentos que todos tenemos, que nos hacen reír a carcajadas y nos hacen sentir increíbles. Yo, por otro lado, nunca llegué a sentir algo así, es más, todo lo contrario. Siempre sentí una tristeza permanente, que no se iba por nada. Estaba ahí, mirándome, esperando. Durante mucho tiempo, quise saber por qué y empecé a acudir a terapeutas por toda la ciudad, para conseguir respuestas, al parecer, tenía depresión crónica. Esa tristeza que apenas notaba al principio, cada año que pasaba iba magnificándose más y más hasta hacerse a veces profunda y otras, calmada y equilibrada. Tenía bastantes altibajos y empezó a afectar a mi día a día.

La verdad es que no recuerdo ni una sola vez en la que realmente me hubiera sentido pleno, lleno de vida, de júbilo y de alegría, ni siquiera de niño solía sonreír o reírme demasiado, no me gustaban mucho las bromas y aborrecía los chistes. Además, me incomodaba la gente, algunas muestras de cariño y que trataran de hacerme reír, no me apetecía nada. Muchas personas en la oficina pensaban que yo era aburrido, que no tenía nada que ofrecer y era uno más, pero creo que nunca sabrán lo que hay detrás de unos ojos tristes, ¿verdad?

Las reuniones:

Aquí fue cuando empezaron las terapias de hipnosis. Iba dos días a la semana y el terapeuta solía decirme hacia dónde ir. Normalmente, bajaba unas escaleras y me topaba con varias habitaciones en lo que parecía un sótano un tanto oscuro, sin ventanas. Una de las habitaciones, la que parecía más grande, era la que siempre me atraía hacia ella para que la abriera, como si quisiera decirme algo. Cuando lo hacía, me encontraba en una habitación de cuatro paredes, con dos sillas, una frente a la otra y con alguien ya sentado en una de ellas. Y era así de sencillo, era como hablar conmigo mismo, porque teníamos el mismo aspecto exacto, lo único que nos diferenciaba es que él tenía la costumbre de no llevar camiseta.

Pero él no era yo, ni mucho menos, mi «yo subconsciente» estaba en otra habitación que a veces, solía visitar para reflexionar sobre algunas cosas. Ese que se sentaba frente a mí, con tal perfecta similitud, era mi tristeza en sí misma. Esto puede ser chocante pero, a la vez, muy útil. Siempre traté de llegar a un acuerdo con ella, siempre quise que nos lleváramos bien pero no era muy sencillo hablar las cosas, era bastante pasota, tozuda, egoísta, sarcástica, y de lo más irritante. Cada vez que salía por esa puerta, me sentía más frustrado y desesperado, no quería darme un respiro. La invitaba a irse, incluso, le dejé la puerta abierta varias veces para que pudiera ser libre, ya no iba a retenerla más, pero ella nunca quiso cruzarla. Pensé que era ella que no quería irse, pero años después, me di cuenta de que quizá era yo quién no quería deshacerme de ella porque formaba parte de mí y no quería estar solo. Una melancolía un tanto tóxica, sí…

Un futuro aislado:

La depresión nunca termina de superarse, imagino. Mejora, por supuesto, y depende de días. La última vez que la visité, me dijo lo mismo que la última vez, seguía distante, no fui capaz de asustarla ni un poco, no pestañeó ni un segundo, desvió la miraba fríamente y cortó tajante la conversación. Estaba dispuesto a volver en un año o dos quizá, puede que le dejara un poco de espacio o quizá dejara de empeñarme en que se fuera y tratara de aceptarla, tal como ella dijo. Fueron muchas las cosas que me han llevado a este punto exacto, a este sentimiento intenso que cruza mi pecho tantas veces, así que, quizá entiendo por qué está ahí conmigo. Aunque le cueste reconocerlo, le da tanto miedo salir de esa habitación como miedo me da a mí de que salga, puede que tengamos ese tipo de relaciones posesivas-obsesivas donde no podemos dejar de tirarnos cosas y discutir pero donde necesitamos al otro tanto que no le dejamos escapar.

Supongo que vivir con ello es lo único que he hecho hasta este momento y será lo único que pueda hacer para tratar de seguir caminando, pase lo que pase o hasta que quiera descansar de una vez, desaparecer o dejar de sentir. Pero hasta ahora siento que no debería rendirme, aunque siga teniendo días muy malos y tenga que hacer un esfuerzo por seguir de pie. Creo que ser compasivo conmigo mismo es lo que me salva de seguir frustrado y roto por dentro.


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Comentando libro «La Fuerza de Ser Altamente Sensible» – Meritxell García Roig

¿Tienes un olfato fino y oyes el mínimo ruido? ¿Te agobias en lugares con mucha gente? ¿Observas sutilezas que pasan desapercibidas para la mayoría? ¿Te molestan las etiquetas de la ropa? Si has respondido afirmativamente, es posible que seas una persona altamente sensible (PAS): tu cableado neurológico es distinto, percibes más información a través de los sentidos que el resto de la gente, y muchas veces este alud de estímulos te satura. Pero cuando entiendas cómo funciona tu maquinaria PAS, descubrirás que la alta sensibilidad puede jugar a tu favor.

La creatividad tiene un papel fundamental en las PAS, pues les ofrece la capacidad de ver opciones ilimitadas en cada momento. Además de toda la información necesaria para saber si tú o algunos de los tuyos es PAS, este libro te enseña a sacar partido de tu naturaleza sensible y creativa, a descubrir tu potencial y a brillar y construir una vida plena acorde con tu personalidad. Explora tu poder creativo y conviértelo en la navaja suiza que te permita salir airoso de cualquier situación que te incomoda.

¿Sabías que el 30% de la población mundial es PAS? Aprende claves y trucos para que este rasco de la personalidad se convierta en un superpoder.

Este libro fue, en realidad, una especie de regalo y uno que no esperaba encontrar en la librería más cercana a donde vivo, fue una sorpresa inesperada. Me he hecho muchas preguntas de por qué hago ciertas cosas, me molestan muchas otras, por qué a veces, todo se siente tan intenso y el por qué de mi necesidad de encontrar mi propio lugar de silencio tras volver del exterior. Diría que la mayor parte de mi vida, no he sentido que encajara en ninguna parte, mucho menos entendida pero, al encontrarme cara a cara con este libro pensé que aún podría haber un rayito de esperanza para mí, para conocerme a mí misma un poco más y para saber que no estoy sola, que hay más gente por ahí fuera que también se siente igual.

Ser una persona altamente sensible es un rasgo, no un trastorno de la personalidad, que hace que te molesten ciertos sonidos, estar con grupos grandes de gente o que hablar con cierto tipo de personas te drene la energía, también se puede relacionar con el nivel de intensidad emocional que tengas, entre otras muchas cosas. Donde muchos dirían que eres una dramática, una intensita, un bicho raro o que eres un alien venido de Marte, lo que eres realmente es sensible, más quizá de lo que tu alrededor está acostumbrados. Este libro explica cómo funciona nuestro cerebro, qué papel importante tienen nuestras neuronas espejo para explicar la empatía y por qué tenemos un poquito más que el resto. Nos muestra esa verdad que nos dice que esto es para toda la vida pero que no eres incapaz de lograr saber cómo funciona para llegar a tu potencial utilizando la creatividad, un gran superpoder para las PAS, por cierto.

Este libro, sin ninguna duda, también está hecho para aquellos que hemos sentido esto como un fastidio, porque cuando nos duele algo, lo sentimos demasiado al tener un nivel más bajo de tolerancia al dolor; porque cualquier película con un poco de drama incluido, nos hace llorar como una madalena mientras todos se nos quedan mirando y diciéndonos lo sensibleras que somos; porque vemos cosas que preferiríamos no ver o porque la ansiedad que sentimos es tan intensa que, a veces, nos abruma. La autora nos explica cómo debemos adaptarnos a nuestra sensibilidad, cómo debemos aceptarla y hacerla parte de nosotros para poder disfrutar de los sonidos que realmente nos gusta escuchar, disfrutar más de un buen libro o del café de cada mañana al sentir la brisa entrar por la ventana. Somos sensibles tanto en negativo como en positivo, lo que pasa es que esta última parte, solemos olvidarla porque lo negativo nos agobia tanto que termina consiguiendo el primer puesto en la fila. Mientras no la aceptemos y la hagamos propia, será otra cosa que no aceptemos de nosotros mismos, que no queramos y nos seguirá molestando cada día, sin llegar a sentirnos totalmente conectados con nosotros mismos.

Me he sentido identificada en todo lo que dice en el libro, incluso, he encontrado muchísimos detalles interesantes que no sabía y que ni siquiera había pensado que le podría pasar a alguien más, lo cual, es curioso, porque mientras no lo sabes, sigues en esa idea de que eres el único que lo «está pasando mal» cayendo en el victimismo y no viendo lo positivo de este rasgo. La autora de este libro no hace descripciones complicadas o explicaciones que no se entienden, creo que todo lo contrario, es muy concisa con lo que quiere contarte en cada parte del libro y bastante directa, trata el tema con delicadeza, empujándote a que encuentres ese «algo» que te hace ser especial. La parte un poco más técnica tocando el tema neuronal, el sistema nervioso sensible y cómo nos influye el estrés, por ejemplo, también resulta muy ameno y en su forma de describirlo, incluso curioso, te anima a querer saber más sobre ello.

En general, toca todas las partes que forman nuestra sensibilidad y nos muestra algunos pequeños trucos que podemos utilizar para sentirnos más a gusto, para no incomodarnos, para poder vivir en un mundo donde nuestra sensibilidad se ve como una molestia, para llegar a conocer nuestras caídas y poder superarlas, conocer nuestras ansiedades y conseguir salir de ellas, aceptándolas también y adaptándonos a lo que nos ocurre en cada momento. Incluye varios ejercicios prácticos también y una gran bibliografía desde donde la autora ha sacado la información y que se puede consultar tranquilamente. Este comentario del libro es algo bastante resumido que quizá, no hace justicia a lo que realmente hay dentro y a todas las curiosidades que se pueden encontrar en él, pero bueno creo que he conseguido dejar un poco de su esencia por aquí para que decidáis si os interesa leerlo 😉

Dejo por aquí un vídeo del psicólogo Omar Rueda, el cual, también me ha enseñado mucho sobre la alta sensibilidad porque toca el tema con mucha profundidad y realmente, recalca algunos de los puntos que comenta Meritxell en su libro. Espero que os resulte interesante 😉


Commenting «The Strength of Being Highly Sensitive» book written by Meritxell Garcia Roig

Do you have a fine sense of smell and hear the slightest noise? Do you get overwhelmed in crowded places? Do you notice subtleties that go unnoticed by most? Are you bothered by clothing labels? If you have answered yes, it is possible that you are a highly sensitive person (HSP): your neurological wiring is different, you perceive more information through the senses than the rest of the people, and many times this avalanche of stimuli saturates you. But when you understand how your HSP machinery works, you’ll find that high sensitivity can play in your favor.

Creativity plays a fundamental role in HSP, as it offers them the ability to see unlimited options at all times. In addition to all the information you need to know if you or some of yours are HSP, this book teaches you to take advantage of your sensitive and creative nature, to discover your potential and to shine and build a full life according to your personality. Explore your creative power and turn it into the Swiss army knife that allows you to get out of any situation that makes you uncomfortable.

Did you know that 30% of the world’s population is HSP? Learn keys and tricks so that this scratch of the personality becomes a superpower.

This book was actually a kind of gift and one I didn’t expect to find in the nearest bookstore near of where I live, it was an unexpected surprise. I have asked myself many questions about why I do certain things, I am bothered by many others, why sometimes, everything feels so intense and why I need to find my own place of silence after returning from the outside. I would say that most of my life, I haven’t felt that I fit anywhere, much less understood but, when I came face to face with this book I thought there could still be a ray of hope for me, to know myself a little more and to know that I am not alone, that there are more people out there who also feel the same.

Being a highly sensitive person is a trait, not a personality disorder, that makes you bother certain sounds, being with big groups of people or talking to certain types of people drains your energy, it can also be related to the level of emotional intensity you have, among many other things. Where many would say that you are a dramatic person, an intense, a weirdo or that you are an alien from Mars, what you really are is sensitive, more perhaps than others around you could expect. This book explains how our brain works, what important role our mirror neurons play in explaining empathy, and why we have a little more than the rest. It shows us that truth that tells us that this is for life but that you are not unable to know how it works to reach your potential using creativity, a great superpower for HSP, by the way.

This book, without any doubt, is also made for those of us who have felt this as a nuisance, because when something hurts, we feel it too much about having a lower level of pain tolerance; because any film with a little drama included, makes us cry while everyone stares at us and tells us how sensitive we are; because we see things we would rather not see or because the anxiety we feel is so intense that sometimes it overwhelms us. The author explains how we must adapt to our sensitivity, how we must accept it and make it part of us to be able to enjoy the sounds that we really like to hear, enjoy more of a good book or the coffee of each morning when feeling the breeze enter through the window. We are sensitive both negatively and positively, what happens is that this last part is which we usually forget because the negative overwhelms us so much that it ends up getting the first place in line. As long as we do not accept it and make it our own, it will be something else that we do not accept of ourselves, that we do not want and will continue to bother us every day, without feeling totally connected to ourselves.

I have felt identified in everything she says in the book, even, I have found many interesting details that I did not know and that I had not even thought that it could happen to someone else, which it’s curious, because while you do not know, you continue in that idea that you are the only one who «is having a hard time» falling into victimhood and not seeing the positive of this trait. The author of this book does not make complicated descriptions or explanations that are not understood, I think on the contrary, she is very concise with what she wants to tell you in each part of the book and quite direct, she treats the subject with delicacy, pushing you to find that «something» that makes you special. The slightly more technical part touching on the neuronal issue, the sensitive nervous system and how stress influences us, for example, is also very enjoyable and in its way of describing it, even curious, encourages you to want to know more about it.

In general, it touches all the parts that make up our sensitivity and shows us some small tricks that we can use to feel more at ease, not to be uncomfortable, to be able to live in a world where our sensitivity is seen as a nuisance, to get to know our falls and to be able to overcome them, to know our anxieties and to get out of them, accepting them also and adapting to what happens to us at all times. It includes several practical exercises also and a large bibliography from where the author has taken the information and that can be consulted quietly. This comment on the book is something quite summarized that perhaps, does not do justice to what is really inside and all the curiosities that can be found in it, but well I think I have managed to leave a little of its essence here so that you can decide if you are interested in reading it 😉

I left on the spanish version a video of the psychologist Omar Rueda, which has also taught me a lot about high sensitivity because it touches on the subject in great depth and really, emphasizes some of the points that Meritxell comments on in her book. I hope you find it interesting 😉


Publicado en Reflexiones

Palabras sin Nombre:

No te gusta la gente, tienes que reconocerlo. No sabes hablar con ellos. No sabes qué decir o que se supone que queda bien, así que, te quedas en silencio. A veces, te resbalas y dices lo que no debes, te arrepientes y vuelves a actuar como si no pasara nada, lo reprimes y te dejas llevar, le quitas importancia y deseas que un día más trascurra sin incidentes. No puedes hablarlo, no puedes decirlo. Estás loca. Claro, esa sería la palabra clave. Y ya te miran bastante raro. No es conveniente poner nombres, etiquetar las relaciones, las palabras.

No te gusta salir mucho. No encajas. No te sientes parte de algo y puede que nunca lo hagas, está más que aceptado porque no ha empezado hoy, ya lleva tiempo. Notas la distancia, el vacío entre nosotros, somos extraños que pretendemos ser otros. Debes ponerte una máscara en cada situación. Tus amigas dicen serlo pero no te han llamado desde hace semanas, tú tampoco a ellas. Suelen decir que eres una pasota y una dejada, que no te las mereces, pero son ellas las que no te merecen a ti, ya demasiado haces. Solo las aguantas, las escuchas porque tienes que hacerlo. Les das cualquier respuesta estándar que se te ocurre y cierras el trato de una amistad rota. Otra más.

El último tío con el que saliste era un idiota. Con el que sales ahora, bueno, sabes que no tiene nada especial pero te acuestas con él por obligación, no es más que otra persona programada para tener una vida normal y corriente, casándose, teniendo hijos e imaginándose un mundo mágico que no existe. Tú sabes la verdad y no es para nada mágica. No te identificas con nada de eso y tienes pánico de que llegue «la conversación», o más bien un múltiplo de ellas. Primero, viene la pregunta de si sois pareja, luego viene la siguiente de si algún día te gustaría casarte, puede que un poco más cerca, empiece a plantearte el vivir juntos y, lo más seguro es que te pregunte si quieres tener hijos. En tu cabeza, lo niegas todo, no quieres nada de eso, ya bastantes problemas tienes. Él insiste una y otra vez, necesita convencerte, necesita que quieras lo mismo que él quiere para seguir dependiendo de ti, para seguir juntos y darle lo que más desea. Le dejas, esa es tu única salida. La salida en cada una de las relaciones que empiezan a nombrarse por sí mismas, es aburrido.

Te gustan las películas, adoras el cine y te apetece ir. ¿Vas sola? Quizá sea la mejor idea, dado que tu supuesto y etiquetado «novio» ya no existe. Disfrutas la película y decides acercarte a un bar a tomar algo para refrescarte un poco. Y, por supuesto, se acerca el baboso. «Oh dios, no», piensas víctima del pánico. Tratas de levantarte pero ya te ha cazado con una de las historias que la mayoría de tíos inventan para mostrarte lo buenos y cariñosos que son, lo geniales que son en la cama y lo bien que te van a cuidar, cuando sabes que solo quiere un revolcón. Típico y aburrido. Te levantas, dejando la copa tras de ti y al tipo con la palabra en la boca. Ni siquiera puedes ir a un bar sin tener que hablar con alguien.

Llegas a casa, tu espacio seguro. El único lugar donde puedes ser tú misma, donde puedes respirar y evadirte del exterior. Te pones el pijama y enciendes la tele, el silencio te invade y notas una sensación de tranquilidad indescriptible. Hasta que se interrumpe porque tienes a tu madre al teléfono, llevaba días sin llamar. Necesita que la acompañes a comprarse ropa para el siguiente evento familiar, ese que solo de recordar te da ganas de vomitar, irá demasiada gente, gente que odias. Tratas de sonreír y ser amable, seguro que es lo que ella quiere oír, lo agradecerá aunque tengas unas ganas locas de desaparecer. Seguramente, tengas que soportar a la idiota de su amiga, la gritona, la que parece que vaya a reventarte los tímpanos. También quiere comprarte un vestido, estás soltera y deberías encontrar a tu media naranja en ese evento tan espléndido, van a ir jóvenes muy acaudalados. Tan rápido como puedes, cuelgas. Gilipolleces.

Odias los vestidos. Los has odiado siempre pero ella no lo sabe, es mejor así. Te da lo mismo la ropa, te pones cualquier cosa que ves en el armario pero, cuando sales debes parecer otra persona, utilizas cualquier disfraz pero, para ver a mamá seguramente, el rojo oscuro sea el más potente, puede que denote poder y no fracaso, alegría y no pesadez, viveza y no agotamiento. Es curioso lo lento que pasa el tiempo cuando haces algo que te importa menos que un bicho en la carretera. Solo tienes ganas de llegar a casa y echarte, olvidar que el mundo existe. Pero, no le pongas nombre, no lo digas en voz alta, pensarán que eres una antisocial de primera clase y no queremos eso, ¿verdad? Queremos que piensen que somos santas. No te gusta ningún vestido pero eliges el morado, justo el que había señalado tu madre, cuánto más le guste a ella menos se quejará, ¿no? Y más rápido os iréis de ese antro.

Te pide ir a la cafetería de enfrente, necesita un café y una tarta. Pensabas que estaba a dieta, al menos, eso es lo que dijo pero sabes que las personas suelen mentir más que hablar. Bueno, eso tú también lo haces, pero nadie puede juzgarte, ¿no? Tratas de mirar la hora sin que ella lo note, tienes ganas de salir de allí, notas que tu corazón se acelera y tu respiración se entrecorta, no soportas oírla hablar así de sus amigas, te da la sensación de que se ha convertido en una persona horrible, ni siquiera es como la recuerdas cuando eras pequeña. Sigues asintiendo mientras le das sorbos a tu té, repites algunas de sus palabras para que note que estás de su parte pero sin animar demasiado la conversación, no quieres quedarte diez horas más. Te terminas el té y tu madre el café, pero ha pasado más de una hora y no parece que quiera levantar el culo de la silla. Está claro, debes hacerlo. Finges que te llaman del trabajo, te excusas con ella y te vas. Inteligente plan, nunca falla.

En casa de nuevo, pero esta vez, no cometes el mismo error. Desconectas todos los aparatos electrónicos y te echas en el sofá. Por fin has vuelto a respirar bien. Poco a poco, vas cerrando los ojos y empiezas a soñar en un mundo que no tiene nada que ver con este, uno en el que te gustaría estar, uno que solo tú has creado.


Words Without a Name:

You don’t like people, you have to acknowledge it. You don’t know how to talk to them. You don’t know what to say or what’s supposed to look good, so you’re silent. Sometimes, you slip and say what you shouldn’t, you regret it and you act again as if nothing happens, you repress it and let yourself go, you downplay it and you wish that one more day would pass without an incident. You can’t talk about it, you can’t say it. You are crazy. Sure, that would be the key word. And they already look at you quite weird. It is not convenient to put names, label relationships, words.

You don’t like to go out much. You don’t fit in. You do not feel part of something and you may never do it, you accepted it because it has not started today, it has been a long time. You notice the distance, the emptiness between us, we are strangers pretending to be others. You must put on a mask in every situation. Your friends say they are good but they haven’t called you for weeks, neither have you. They usually say that you don’t care much about nothing, that you do not deserve them, but they are the ones who do not deserve you, you already do too much for them. You just put up with them, you listen to them because you have to. You give them any standard answer you can think of and close the deal of a broken friendship. Another one.

The last guy you dated was an idiot. The one you date now, well, you know he has nothing special but you sleep with him out of obligation, he is just another person programmed to have an ordinary life, getting married, having children and imagining a magical world that does not exist. You know the truth and it is not at all magical. You don’t identify with any of that and you’re panicked that «the conversation» is coming, or rather a multiple of them. First, comes the question of whether you are a couple, then comes the next one of whether one day you would like to get married, maybe a little closer, start considering living together and, most likely, ask you if you want to have children. In your head, you deny everything, you don’t want any of that, you already have enough problems. He insists again and again, he needs to convince you, he needs you to want the same thing he wants to continue depending on you, to stay together and give him what he wants the most. You leave him, that’s your only way out. The way out in each of the relationships that begin to name themselves, it’s boring.

You like movies, you love movies and you feel like going. Are you going alone? Maybe it’s the best idea, given that your supposed, labeled «boyfriend» no longer exists. You enjoy the movie and decide to go to a bar to have a drink to refresh yourself a little. And, of course, the slug is approaching. «Oh god, no,» you think panicking. You try to get up but he has already hunted you down with one of the stories that most guys invent to show you how good and affectionate they are, how great they are in bed and how well they are going to take care of you, when you know he just wants to sleep with you. Typical and boring. You get up, leaving the cup behind you and the guy with the word in his mouth. You can’t even go to a bar without having to talk to someone.

You get home, your safe space. The only place where you can be yourself, where you can breathe and escape from the outside. You put on your pajamas and turn on the TV, the silence invades you and you notice an indescribable sense of peace. Until it is interrupted because you have your mother on the phone, she didn’t call you since a few days ago. She needs you to accompany her to buy clothes for the next family event, the one that just remembering it makes you want to vomit, too many people will go, people you hate. You try to smile and be kind, surely it is what she wants to hear, she will appreciate it even if you have a crazy desire to disappear. Surely, you have to endure the idiot of her friend, the screamer, the one who seems to burst your eardrums. She also wants to buy you a dress, you are single and you should find your better half at that splendid event, very wealthy young people are going to go. As fast as you can, you hang up. That’s bullshit.

You hate dresses. You’ve always hated them but she doesn’t know, it’s better that way. You don’t care about the clothes, you wear anything you see in the closet but, when you go out you must look like someone else, you use any costume but, to see mom surely, dark red is the most powerful, it may denote power and not failure, joy and not heaviness, liveliness and not exhaustion. It’s funny how slow time goes by when you do something you care less about than a bug on the road. You just want to get home and kick yourself out, forget that the world exists. But, don’t name it, don’t say it out loud, they’ll think you’re a first-class antisocial and we don’t want that, right? We want them to think we are saints. You don’t like any dress but you choose the purple one, just the one your mother had pointed out, the more she likes it the less she will complain, right? And faster you will leave that den.

She asks you to go to the cafeteria which is near, she needs a coffee and a cake. You thought she was on a diet, at least, that’s what she said but you know that people tend to lie more than talk. Well, you do that too, but no one can judge you, right? You try to look at the time without her noticing, you feel like getting out of there, you notice that your heart is racing and your breathing is short, you can’t stand hearing her talk like that about her friends, it gives you the feeling that she has become a horrible person, it’s not even how you remember her when you were little. You keep nodding as you sip your tea, repeat some of her words so that she notices that you are on her side but without animating the conversation too much, you do not want to stay ten more hours. You finish the tea and your mother the coffee, but it’s been more than an hour and she doesn’t seem to want to lift her ass out of the chair. It’s clear, you must do it. You pretend to be called from work, you excuse yourself with her and you leave. Smart plan, never fails.

At home again, but this time, you don’t make the same mistake. You disconnect all the electronics and lie on the sofa. You’re finally breathing well again. Slowly, you close your eyes and begin to dream in a world that has nothing to do with the real one, the one in which you would like to be, one that only you have created.


Publicado en Relatos

En Persona:

Era un sitio apartado, muy oscuro. Nadie sabía de él, yo era el único. No dejaba que nadie viera esa parte escondida, ese resquicio de oscuridad que se cernía en esa habitación cuadrada con solo una simple lámpara en el techo que alumbraba el centro, donde había dos sillas, una frente a la otra. Siempre habían estado allí pero yo nunca me había sentado en ninguna de ellas. Sí, había tenido miedo de hacerlo, ¿qué esperabas? Pero él siempre estaba allí. Permanente. En más de una ocasión, pensativo, seguro, erguido en su silla, esperando.

Ahora era el momento de hablar, era el momento de afrontar la realidad y afrontarla, fuera cuál fuera. Abrí la puerta poco a poco, la cerré tras de mí sin hacer demasiado ruido, caminé suavemente hasta la silla que había frente a él pasando por detrás. Él ni siquiera se inmutó. No me sorprendió. Era alguien que no se inquietaba con nada, mucho menos, con mi presencia. Había permanecido allí olvidado por mucho tiempo, aunque le sentía cada día, hurgando entre emociones. Me senté en la silla, frente a él. No dijimos ni una palabra durante un buen rato, el silencio era embriagador, incluso incómodo, pero solo para mí, él parecía más que acostumbrado.

Le miré fijamente, escudriñé cada pequeño detalle de su físico: cabello negro, ojos azul claro, labios finos, piel un tanto pálida, sin camiseta, con un cuerpo bastante tonificado, esbelto y con semblante serio. El parecido era asombroso. Iba a tener una conversación conmigo mismo, o al menos, algo similar. Esperaba que yo empezara a hablar, no iba a dar el primer paso, era yo quién quería algo y él lo sabía. Era más listo que yo, qué sorpresa.

– Tenemos que hablar.

– Lo he supuesto. Estás aquí y no sueles bajar – sus ojos se posaron en los míos con atención, no se sorprendía de verme – ¿Qué es lo que ocurre?

– Tú eres lo que me ocurre.

– Me encanta que seas tan específico, cada día superas el anterior.

– Déjate de bromas, creo que sabes de lo que hablo.

– Si lo supiera no lo preguntaría – era asombroso lo idénticos que éramos y lo fría que sonaba cada una de sus palabras, a veces, me parecía curioso estar hablando así -.

– ¿Me tomas el pelo? – mi voz aumentó, he de admitir que me cabreaba su actitud -.

– Que yo sepa, no.

Apreté la mandíbula. Cerré los ojos para intentar relajarme, había bajado allí por una razón e iba a obtener las respuestas que buscaba de una forma u otra. Y sí, lo sé, estaba siendo un capullo pero no ha sido ni la primera ni la última en la que se ha comportado así. Irritable y pasota. Son dos de los adjetivos que mejor le podríamos aplicar. Hacía unos cuatro años que no bajaba allí y bueno, ya había dejado de recordar lo fría que era aquella habitación, para él estar sin camiseta era cómodo, a mí empezaba a inquietarme.

– No deberías estar aquí – le dije con suavidad – Te dejé libre, te dije que podías irte.

– No es tan sencillo, lo sabes.

– Asentiste con la cabeza, pero sigo sintiéndote aquí con más fuerza. ¿Puedes explicármelo?

– ¿Olvidas que he vivido aquí durante un tiempo y sé cómo funcionas?

– No, no lo he olvidado – dije, casi con un susurro -.

– Que digas en voz alta que me dejas libre, que dejas todas las situaciones dolorosas atrás, que no te definen y que vas a seguir adelante desde cero, no significa que lo sientas así, no significa que yo me haya ido por arte de magia. Sigo en este cuartucho porque sigues queriendo que yo esté aquí, esto no es cosa mía.

– Ese es el caso. ¡No quiero que estés aquí más! ¡Quiero que te vayas! – admito que me desquicié un poco, puede que te sorprenda que a él no – Vete, por favor.

– No es suficiente. Sabes que no funciona así.

– Pues tendré que obligarte, ¿verdad?

Negó con la cabeza y miró al suelo, como si nuestra conversación dejara de ser importante. Para él quizá, pero para mí lo era todo, estaba desesperado. Me levanté, le cogí del cuello y lo estampé contra la pared del fondo, la silla donde estaba sentado, se cayó. Le miré con rabia, quería asustarle de verdad pero ni siquiera pestañeó, no me tenía miedo y sabía que aquella conversación iba a producirse.

– No te mientas a ti mismo. Sabes lo que pasa, sabes lo que sientes y por qué lo sientes, desde cuándo hace que estoy aquí y sabes muy bien qué es lo que pasará conmigo. Acéptalo. Acéptame como parte de ti en vez de hacer una escena tan estúpida e inservible como esta.

– ¡No quiero aceptarlo!

– Entonces, seguirás enfadado y yo no podré hacer nada por ayudarte.

Solté su cuello. Tenía razón. El muy idiota tenía razón, estaba perdiendo el tiempo. Se tocó el cuello, carraspeó y me miró fijamente. Sus ojos me penetraron por dentro, como agujas en la espalda. Su voz era pesada pero suave, tierna y comprensiva, incluso, pero su semblante serio no cambió ni un ápice.

– A veces, hay heridas que no se cierran del todo y crean emociones permanentes, tienes que vivir con ello, aceptarlo y seguir conmigo hacia adelante, pase lo que pase, así es la vida, así eres tú. Soy parte de ti, no puedes evitarlo ni negarlo. Te lo dijeron en terapia, ¿no?

– Sí, así es.

– Y aún así has vuelto ha intentar lo imposible.

– Estoy desesperado.

– Pues tómate una cerveza, no te desquites conmigo, no puedo hacer nada, no puedo irme porque me lo pidas.

Se acercó a la silla, la puso en pie en el mismo sitio, justo frente a la otra y se volvió a sentar, erguido. No se movió y el silencio volvió a hacerse presente en la habitación. Me acerqué hacia la puerta de entrada, cuando le oí decir algo más. Algo que me hizo recordar el gran capullo que era.

– Cuando salgas recuerda cerrar bien la puerta, no quiero tener que salir a patearte el culo otra vez, ¿vale? – vi cómo se le dibujaba una sonrisa en los labios, me irritó – Y no te quedes fuera mucho rato, oigo cómo respiras y me pones nervioso.

Puse los ojos en blanco y cerré la puerta tras de mí. Fui hacia las escaleras para ascender de nuevo, para salir de mi mente y rendirme a seguir sintiendo esa tristeza permanente, esa agonía fría y distante, esa irritabilidad que ya había sentido antes con una desmotivación inmensa. Tenía que vivir con ello, tenía que sobrevivir a ello. Quizá volvía a visitarle pasados unos años más, quizá podía hacerle cambiar de idea, pero quizá no fuera él quién quería estar por la fuerza, quizá era yo quién no le dejaba irse.


In Person:

It was a secluded place, very dark. No one knew about it, I was the only one. I didn’t let anyone see that hidden part, that crack of darkness that loomed in that square room with only a simple lamp on the ceiling that illuminated the center of it, where there were two chairs, facing each other. They had always been there but I had never sat in any of them. Yes, I had been afraid to do it, what did you expect? But he was always there. Permanent. On more than one occasion, thoughtful, confident, upright in his chair, waiting.

Now was the time to talk, it was time to face reality and comfront it, whatever it was. I opened the door slowly, closed it behind me without making too much noise, walked gently to the chair in front of him passing from behind. He didn’t even flinch. I wasn’t surprised. He was someone who didn’t bother with anything, much less by my presence. He had remained there forgotten for a long time, although I felt him every day, rummaging through emotions. I sat in the chair, in front of him. We didn’t say a word for a long time, the silence was intoxicating, even uncomfortable, but just for me, he seemed more than used to it.

I stared at him, scrutinized every little detail of his physique: black hair, light blue eyes, thin lips, somewhat pale skin, without a shirt, with a rather toned body, slender and with a serious countenance. The resemblance was striking. I was going to have a conversation with myself, or at least, something similar. He expected me to start talking, he wasn’t going to take the first step, it was me who wanted something and he knew it. He was smarter than me, what a surprise.

– We need to talk.

– I’ve assumed so. You’re here and you don’t usually come downtairs – his eyes fell on mine carefully, he wasn’t surprised to see me – What’s going on?

– You’re what’s going on.

– I love that you are so specific, each day you overcome the previous one.

– Stop joking, I think you know what I’m talking about.

– If I knew I wouldn’t ask – it was amazing how identical we were and how cold each of his words sounded, sometimes, I found it curious to be talking like that -.

– Are you kidding? – my voice increased, I have to admit that I was really annoyed by his attitude -.

– As far as I know, no.

I clenched my jaw. I closed my eyes to try to relax, I had gone down there for a reason and I was going to get the answers I was looking for one way or another. And yes, I know, he was being a dickhead but it was neither the first nor the last time in which he has behaved like this. Irritable and stepping. They are two of the adjectives that we could best apply to him at that point. It had been about four years since I went down there and well, I had already stopped remembering how cold that room was, for him to be shirtless was comfortable, but I was starting to get restless.

– You shouldn’t be here – I said softly – I set you free, I said you could leave.

– It’s not so simple, you know it.

– So, I should force you, right?

He shook his head and looked at the ground, as if our conversation ceased to be important. For him maybe, but for me it was everything, I was desperate. I got up, grabbed him by the neck and stamped him against the back wall, the chair where he was sitting, fell. I looked at him with rage, I really wanted to scare him but he didn’t even blink, he wasn’t afraid of me and he knew that this conversation was going to happen.

– Don’t lie to yourself. You know what’s going on, you know what you feel and why you’re feeling it, since when have I been here and you know very well what will happen to me. Accept it. Accept me as part of you instead of making a scene as stupid and useless as this.

– I don’t want to accept it!

– Then, you will still be angry and I will not be able to do anything to help you.

I let go of his neck. He was right. The very idiot was right, I was wasting our time. He touched his neck, scratched and stared at me. His eyes penetrated me inside, like needles in my back. His voice was heavy but soft, tender and understanding, when his serious countenance did not change one shred.

– Sometimes, there are wounds that do not close completely and create permanent emotions, you have to live with it, accept it and continue with me forward, no matter what happens, that’s life, that’s how you are. I am part of you, you cannot avoid it or deny it. They told you so in therapy, didn’t they?

– Yes, they did.

– And yet you’ve come back to try the impossible.

– I’m desperate.

– Well, drink a beer, don’t get even with me, I can’t do anything, I can’t leave because you ask me to.

He approached the chair, put it on its feet in the same place, right in front of the other, and sat down again, upright. He did not move, and silence was again present in the room. I walked towards the front door, when I heard him say something else. Something that made me remember what a big dickhead he was.

– When you go out remember to close the door well, I don’t want to have to go out and kick your ass again, okay? – I saw how a smile was drawn on his lips, he irritated me – And don’t stay out for a long time, I hear how you breathe and make me nervous.

I rolled my eyes and closed the door behind me. I went to the stairs to ascend again, to get out of my mind and surrender to continue feeling that permanent sadness, that cold and distant agony, that irritability that I had already felt before with immense demotivation. I had to live with it, I had to survive it. Maybe I would visit him again after a few more years, maybe I could make him change his mind, but maybe it wasn’t him who wanted to be by force, maybe it was me who wouldn’t let him go.