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Nadia: La Mujer Lobo

Relato procedente: «No lo Sabes«. Edad: 32 años.

Ciudad: Nueva Jersey. Profesión: Antropóloga.

Descripción física:

Cabello castaño hasta más abajo de los hombros, ondulado y alineado, no soy de esas a las que le gustan las florituras en el pelo, soy de estilos clásicos. Mis ojos castaño oscuro cambian a negro cuando me transformo, mis labios finos y mi nariz en un hocico, y mi cuerpo esbelto en el de un lobo con muchas ganas de corretear por el bosque. He pasado por cambios, a veces, no tienes control sobre ellos, es como si tuvieras dos tipos de cuerpo y cada uno se mostrase de una forma hacia los demás. Y bueno, siempre tienes que comprar ropa de más, al transformarte rompes con absoluta seguridad la que llevas puesta, cuando te das cuenta, necesitas más bragas de las pocas que siguen existiendo en tu armario…

Descripción de la personalidad:

Supongo que no soy como todos los lobos ni como todas las personas, suelo ser más bien solitaria, amante de mi propio espacio y me gusta ocuparme de mis propios asuntos, asumir el control de mi naturaleza y dejar de lado aquello que me atrapaba, las manadas son mucho más complejas de lo que se deja ver a simple vista. Me gusta verme como alguien normal a ojos de los demás, mezclarme entre humanos porque yo también tengo esa parte, me da tiempo para dejar de lado lo sobrenatural, es lo que siempre debo arreglar o a lo que debo prestar más atención. El auto conocimiento lo he entendido como un don que he desarrollado con el tiempo, nadie me ha enseñado del todo a sentir o percibir, a oler o saltar, mis pasos han sido míos, tratando de cuidarme y protegerme a mí misma.

Desde el nacimiento:

Cuando era niña, empecé con pesadillas, a esto le siguió una sensibilidad extraordinaria a todo lo que olía, a una rabia a veces, incontrolada y un tacto muy sensible. Mis padres también fueron licántropos de nacimiento y mantenían todos mis cambios a raya, sabían qué paso debían dar tras haber pasado una nueva fase. Aprendí mucho de ellos pero eran demasiado exigentes, tercos, no me permitían salir hasta tarde, tener novio y, mucho menos, dejarme ver tras haberme transformado, incluso, las noches de luna llena me encerraban en el sótano para que no hiciera daño a nadie. Para mí, nada de esto eran opciones, no era vida, no era sentirse libre, era un lobo esclavizado.

Siempre me contaron historias sobre los vampiros y la rivalidad que prevalecía desde hacía décadas entre ambas especies, debía estar alerta incluso cuando volvía del instituto, olían nuestro aroma. Me parecían curiosos, no lo negaré, pero cuando veías los baños de sangre que eran capaces de provocar en menos de dos segundos, toda esa curiosidad inicial se desplomaba. En aquellos tiempos de adolescencia era muy inocente, era humana a ojos de la gente, vivía como una pero tras cruzar la puerta de casa todo volvía a ser obsesivamente anormal, desde interrogatorios sobre si me había controlado hasta a cuántos kilómetros de distancia podía escuchar esta vez. Era agobiante.

Los baches que cayeron en desgracia:

Los licántropos, a veces, tienen transformaciones complejas cuando llegan a cierta edad, cada uno es distinto. En mi caso, no empecé a notar nada hasta los 18, edad en la que todo se magnificó, desde los sonidos, el tacto, la memoria, la ira… todo me excitaba de más, no podía estar en aglomeraciones de gente, debía apartarme y seguir sola. Recuerdo que mis padres estuvieron a las duras y a las maduras conmigo, pasando todos los baches juntos, parecía que lo controláramos. Una noche, algunos vampiros de un clan que mis padres llevaban tiempo investigando, entraron en nuestra casa por sorpresa, la luna llena estaba fuera y yo permanecía en el sótano con todos los huesos de mi cuerpo rompiéndose a velocidad de una abuela cruzando un paso de cebra, fue una de las transformaciones más dolorosas por las que pasé… Solo recuerdo haber terminado la transformación, el haber roto la puerta que me mantenía encerrada en el sótano y el ver a mis padres tratando de llegar a un acuerdo con ellos para que se fueran.

Perdí el control. Rugí tan fuerte y con tanta rabia que todos los presentes se quedaron muy quietos. Mi madre, se acercó a mí hablándome con tranquilidad, cercanía, pero ella fue a la primera a quién ataqué, dejé de ser Nadia y pasé a ser la bestia incontrolable. Desperté desnuda en medio del salón con sangre a mi alrededor y en las paredes, vi los cuerpos de aquellos a los que quise y a mis enemigos, los maté a todos. No tuve fuerzas ni siquiera para llorar, no había logrado controlar mi transformación, tal como mi padre había temido, no le hice caso y no quise que me atara con cadenas, debí haberle dejado. Tras aquello, no volví a casa. Hice un velatorio privado donde honré su memoria, mientras puse sus cuerpos en una barca que empujé al mar y la que quemé viendo cómo se alejaba. Esa fue la última vez que tuve contacto con mis padres. Los vampiros del clan Letta me persiguieron desde entonces.

Rechazo de una manada:

Desde que nací, ya estaba destinada a la manada a la que mis padres siempre habían pertenecido: Lotus Librea, una de las más antiguas y más fortalecidas. Siempre me enseñaron a cazar en grupo, la llamada a otros hombres lobo, cómo ayudarme de otro para transformarme, a aullar, a cómo empezar una lucha y, sobre todo, me entrenaron para los ritos de iniciación. Lo sabía todo sobre la manada, creo que era una de las cosas que me embaucaban de seguridad, sabía que ellos cuidarían siempre de mí y bueno, les conocía desde que era pequeña, la mayoría de veces estaban en casa, éramos como una familia enorme pero, al haber «matado» a mi familia y al tener a los vampiros Letta pisándome los talones, no creí que fuera buena idea empezar el rito de iniciación, no era bueno para ellos y mucho menos, para mí, no quería perder el control, debía estar sola.

Luke, el que era como el hermano de mi padre, me lo pidió varias veces, tan solo querían cuidar de mí, pensaban que necesitaría refuerzos, alguien con quién contar. Debía aprender a moverme sola, a cazar y desenvolverme en ambientes oscuros, a no esperar ayuda de nadie para aprender a cómo sobrevivir, tenía que sentirlo y verlo, conocerme a mí misma durante las transformaciones y cómo llegar a controlarlas. Por supuesto, que ellos podían ayudarme, lo tenía claro, pero era algo que debía descubrir por mí misma, mientras Luke me prometió que se mantendrían a salvo del clan Letta, no quería verles involucrados en mi desastre.

Aprendizaje y experiencia:

Fue un viaje duro, iba de ciudad en ciudad hasta que encontré una pequeña casa en una montaña, deshabitada desde hacía bastante tiempo, decidí reformarla y quedármela, tenía un bosque alrededor que podría servirme de ayuda en mi forma de lobo. Y así fue. No había necesidad de esconderse, tampoco de que nadie resultase herido, tampoco era una zona conocida, así que, ni siquiera el clan de los Letta podría encontrarme allí, era perfecto, pensé que instalarme sería una gran idea.

Controlar mis transformaciones no fue fácil, tuve que observar cómo reaccionaba mi cuerpo a los estímulos externos para entender cómo controlar la parte bestia. No lo conseguí a la primera, tampoco a la segunda y, mucho menos, a la número mil, fueron años de meditación, concentración, ejercicio, entrenamiento físico, respiración profunda y grandes dosis de paciencia para lograr controlar cuándo quería transformarme y cuándo debía reprimir esa parte de mí. Debía estar preparada para dejar de ser la presa y empezar a ser el depredador, el clan de vampiros Letta debían desaparecer.

La caída:

Oí a un grupo de vampiros hablando sobre un ataque en la iglesia pero, no supe a qué se referían hasta que me planté allí para verlo. El clan Letta había descuartizado a cada miembro de la manada Lotus Librae, las paredes estaban bañadas en sangre. No escuché ni un grito, tampoco un susurro de nadie alrededor que pudiera ayudarme con aquel desastre, iban tras de mí y tuvieron que pasar por encima de ellos para hacerlo, sabían que me enfadaría e iría en su busca, todo ese espectáculo mafioso era una trampa, simples peones caídos por un capricho mayor. Me mareé, incluso, vomité. Aquellos lobos habían sido mi familia, me aparté de ellos para protegerles y, aún así, habían perecido, mis padres no estarían muy orgullosos, eso seguro…

Y, ¿en la casa de Dios?, ¿en serio? Sabía que los vampiros eran unos enemigos incansables de lo llamado todopoderoso pero, ¿en una iglesia cometer un acto tan macabro? No podía creerlo, tampoco el hecho de que Luke también hubiese muerto, había sido lo más cercano a un tío que había tenido.

Un futuro de incansable venganza:

Les he perseguido durante días, meses. Sé sus escondites, sus trapicheos y sus tipos de sangre preferidos, los juguetes que se llevan a la cama y lo que ellos llaman armas. Son listos, inteligentes, astutos, diría que tienen todo el perímetro de la mansión que habitan totalmente controlado y podría confirmar que es impenetrable, tan solo debo seguir el mapa donde me indica por qué pasadizo secreto podría entrar. Meses de preparación, entrenamiento en bucle y la parte bestia preparada para morder traseros. En vez de mantener el control, esta noche, debía disfrutar de no tener ninguno, de moverme libre entre ellos, matar a cada uno que se me cruce por el camino sin piedad. Mis colmillos lo estaban deseando.

No podía ver el futuro, tampoco si saldría viva pero quería ver aquella mansión llorando sangre y yo siempre obtengo lo que quiero.


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Lara: El Hada

Relato procedente: «Alas Blancas«. Edad: 120 años.

Ciudad: Reino de las Hadas. Profesión: Reina.

Descripción física:

Mi cabello dorado, onda al viento mientras vuelo con mis alas blancas recién curadas. Mis ojos verdes muestran honestidad, integridad y rectitud, siempre mirando al frente y con ideas para un futuro diferente. Labios finos, sellados, que batallan contra nuestros enemigos con tan solo una palabra, normalmente, con un poco de carmín. Tez pálida y orejas puntiagudas, caracterizado en nuestra especie. Mi vestimenta suele referirse a un pequeño vestido que cubre mi esbelto cuerpo hasta un poco más arriba de las rodillas, blanco con un poco de brillantina por todas partes, unos calcetines largos del mismo color y unas zapatillas rosas parecidas a las utilizadas en ballet.

Descripción de la personalidad:

Siempre he sido atada a la magia blanca, por mi pureza de espíritu, mi rectitud y constancia, con una gran necesidad de proteger a mi pueblo y amante de la paz y el sosiego. Me agradan las causas justas, lo que se debe decir y lo que se dice, la prosa, la música y el baile, perderse entre los árboles y crecer rodeada de ellos. Me calificaría como naturaleza, vida y constante cambio, sin lugar para la incertidumbre o pensamientos negativos, con la única misión de seguir con el cometido de mis padres a la vez que sigo honrando sus memorias. Las lecturas interesantes me dejan dormida, me relajan y me dan conocimiento de las miles de especies diferentes que existen entre nosotros, sus habilidades, la forma de moverse, entenderse con otros y saber cómo hablarles. Ser Reina me ha cambiado, me ha madurado, me ha empujado a encontrarme.

El principio del reinado:

Cuando era una pequeña princesa al cuidado de mis padres, siempre formé parte de las decisiones que tomaban, no directamente pero les escuchaba, ellos querían que lo hiciera, sabían que sería su última esperanza de mantener el Reino de las Hadas a salvo. Por aquellos tiempos, estábamos en guerra con las brujas, los centauros querían parte de nuestro territorio porque sus antepasados vivieron allí y los gigantes no se conformaban con tan poca comida, volvían a robarnos la nuestra dejándonos sin nada. Mi familia peleaba cada día porque reinase la paz, pero los problemas se amontonaban como si de una montaña se tratara.

Sus desacuerdos costaron desgracias, muertes, sangre, mitad de nuestro poblado muerto y gritos en cada rincón, mientras la ferocidad de las brujas era imparable. Fuego, casas destruidas, la mayoría de las hadas escaparon por los bosques y nadie consiguió encontrarlas, todos se asustaron. Terminamos viviendo escondidos durante algunos años hasta que las aguas se calmaron, hasta que los desacuerdos empezaron a ser acuerdos y cada uno empezaba a conseguir lo que venía buscando, mientras lo más importante entre nuestra familia eran las necesidades básicas, tuvimos que construir nuestro pueblo de la nada con nuestras propias manos, una vez más, aportando a nuestra gente lo que necesitaba.

La muerte de la Realeza:

Los acuerdos con las brujas empezaban a solidificarse, todos se estaban tomando las cosas en serio, incluidos los hombres lobos que, por aquellos tiempos, todavía no controlaban las transformaciones y se dedicaban a cazar sin encerrarse. Este largo lapso de tiempo, nos permitió unirnos y curarnos las heridas, ser partícipes de las vidas de otras especies, ayudando a las brujas a recuperar la magia que habían perdido, querían renovar sus energías después de la guerra y ellas nos ayudarían a reestablecer el orden y la paz en nuestro Reino a cambio. Fue una oferta de paz que mis padres no quisieron rechazar, «primero era el pueblo y después las disputas», ese era el nuevo lema. Parecía que todo volvía a la normalidad, al menos, a simple vista, algo que a mí resultaba extraño y sospechoso tras una guerra, pero a mis 50 años, preferí simplemente, disfrutar de los días de bonanza y no pensar en lo negativo, así era yo.

Esto me dio en plena cara unos años más tarde cuando encontramos los cuerpos de mis padres en uno de los refugios que estaban construyendo con las brujas, al parecer, una de ellas, nos había estado traicionando desde el primer acuerdo, quería que bajáramos la guardia para volver a dejarnos sin nada. Me estuvo buscando durante días tratando de que ningún heredero se quedara con el Reino y pudiera pertenecer a su aquelarre de brujas pero, no pudo encontrarme, me escondí durante meses haciéndoles creer que había desaparecido o estaba muerta, mientras volvía a establecer a nuestro pueblo y hacía que creyeran en mí como nueva Reina.

El Reino de las Hadas:

No fue complicado recobrar el poder del Reinado y reconstruirlo desde cero permaneciendo entre las sombras porque nadie esperaba que equilibrara nuestro poblado de esa forma tan sigilosa y pausada, dejando creer siempre a las brujas que habían acabado para siempre con las hadas. Me encantó sorprenderlas una vez terminamos con todo lo que había que hacer, nadie podría estorbarnos con los nuevos acuerdos, la magia que habíamos aprendido nosotras mismas sin necesidad de ayuda y el conocimiento de otras especies llevándonos a saber sus puntos débiles. Me costó hacerlo pero, me gané tanto su respeto como el de mi Reino, así que, gané mi puesto con creces haciendo que mis padres se sintieran orgullosos.

Durante todo el tiempo que he pasado en el trono les he echado de menos, ha sido como escucharles a lo lejos, sintiéndome observada, ni siquiera sabía si estarían de acuerdo con mis decisiones para el poblado o si les hubiera gustado que hubiera elegido otras para que reinase la paz de otra forma pero, supuse que era buena señal el simple silencio. Lloré, me desesperé y guardé sus cosas en el baúl más escondido posible de mi armario, no podía centrarme en los quehaceres diarios si la casa olía a ellos.

Destinada a una botella:

Hubo muchas hadas que empezaron a aprender hechizos de magia negra que algunas brujas dejaron atrás. Al principio, pensé que era bueno tener algo de conocimiento extra contra nuestros enemigos, un poder que pudiese dejarlos sin fuerzas y no tuviesen más remedio que irse. Pensé que ellas, simplemente, se defendían de lo desconocido y que lo practicaban para ganar. Fue diferente cuando esto empezó a ser un hábito y sus reacciones a cualquier ataque eran la de usar hechizos de este tipo, apoderándose de sus corazones y haciéndolas cada día más malvadas y viles. Pude armonizar el ambiente un tiempo, incluso, prohibirlo pero, tal como les pasó a mis padres, fui rechazada por no querer seguir sus pasos.

Me desterraron mientras una de ellas se quedaba con el trono, las flores se marchitaban y dejaba atrás un pueblo marcado por la ira, el poder y el odio, algo que jamás habían experimentado y que las hartaba de placer. Me destrozaron y me metieron en una botella casi inconsciente sellada con magia para que no pudiese salir, lo consiguieron hasta pasados dos años surcando las aguas sin haber visto tierra en ningún momento. La luz que había en mi interior, tras constante práctica, consiguió romper el cristal y salir de la botella, con ambas alas curadas, alzando el vuelo para recuperar mi magia y mis tierras en el lugar en que nací.

Un futuro de elecciones:

Se quedaron anonadadas al volver y, no era para menos, tenían claro que iba a perecer en el olvido. Mi magia volvió a mí sin pedirla, ella misma me pertenecía y mi interior colapsó de júbilo mientras las miraba con desdén, tratando de decidir de quién fiarme. Por supuesto, todas ellas han sido desterradas, tan solo espero que haya más en algún lugar y quieran formar parte de mi Reino, mientras me dedico a volver a construir lo que echaron trizas. Fue un lugar apacible durante mucho tiempo y me dolía verlo así, apagado, oscuro, devastado por tanto odio… Debía empezar a tomar decisiones que hicieran que las hadas se sintieran seguras, protegidas y no necesitaran de magias alternativas para satisfacer sus necesidades más primitivas.

Debía elegir bien quién entraba por esas puertas, no quería tener el mismo destino que mis padres, no podría cambiar nada en el Reino de las Hadas si así ocurriera. Debía saber en quién confiar, contra quién pelear y quién podría ser mi aliado. Tenía mucho que hacer. ¡Manos a la obra!


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Alas Blancas:

Érase una vez, un hada. Destinada a estar encerrada en una botella por el resto de sus días, sin una oportunidad de explicarse ante sus hermanas. La tiraron al mar para que se perdiera, para que dejara de alzar su voz y utilizar su magia para hacer el bien, algo que empezaba a estar muy mal visto entre su poblado, alguien que no quería sacrificar vidas humanas para satisfacer la suya propia, creando caos y ayudando a resurgir la magia negra, algo que los padres de Lara lucharon por enterrar para que nunca más ningún hada quisiera corromperse por ese poder.

Sus pequeñas alas empezaron a resquebrajarse poco a poco, las hermanas le habían quitado la magia que poseía desde que nació, desterrada y marchita. Llevaba intentando escapar más tiempo del que habría querido y no existía salida, era una botella sellada con magia. Estaba perdida. Recordó sus risas mientras le daban golpes, la abucheaban y la destinaban a permanecer olvidada, incluso, amando el reino de las hadas más que ninguna otra cosa en el mundo. Recordó sus miradas de satisfacción, aquella determinación que no podía asustarla más y esa condena al no querer cometer los mismos actos atroces que ellas. No pudo quitarse de la cabeza durante meses los gritos, la sangre, la masacre que desataron a través de ciudades repletas de gente inocente. Se volvieron demonios con almas oscuras y sus corazones susurraban «piedad».

Se sentó una vez más, en el centro de la botella perdida. Se zarandeaba mucho pero esto no le importó para mantenerse conectada con la madre Tierra, con su espíritu y la magia que, algún día residió dentro de ella. Cerró los ojos, inspiró y expiró. Una y otra vez. Nadie pudo derrotarla cuando los hombres lobos quisieron conquistar los bosques, tampoco las brujas, que intentaron absorber su magia para dejarlas sin nada, ni mucho menos, los gigantes que, tan solo querían ver a «esos pequeños bichejos» muertos, los cambiaformas no tuvieron nada que hacer en cuanto dejó claro que estaban allí para defender lo que era suyo y nadie les quitaría lo que habían conseguido con tanto esfuerzo y, por descontado, los humanos echaron dos pasos hacia atrás cuando contemplaron su pureza, su fuerza y el poder que albergaba. Todos ellos prefirieron la paz antes que ser derrotados sin un ápice de duda y, todo ello, lo consiguió con esa luz que salía de su pecho cada vez que se sentaba y respiraba hondo.

Esta vez, sí era fuerte. Su cabeza cayó hacia atrás, sus alas empezaron a extenderse poco a poco y la botella a romperse. Recordó a sus padres cuando le dijeron que era la única que podía controlar los bosques y que debía ser fuerte. La luz en su pecho se iluminó más. Recordó a aquellos niños que jugaban con las flores, subidos a los árboles intentando llamar la atención de sus mayores, las grandes cenas, las conversaciones de cama con sus hermanas, las preocupaciones, que fueron muchas… El cristal, al fin, se rompió en dos y la luz volvió a entrar en su pecho, dejándola exhausta con ambas piernas tocando el agua y sus alas por fin curadas. El aire chocó contra su cara, era la mejor sensación que había tenido en años, el agua fría la hizo sentir de nuevo y el viento, la hizo volar sin perder más tiempo…


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White Wings:

Once upon a time, there was a fairy. Destined to be locked in a bottle for the rest of her days, without a chance to explain herself to her sisters. They threw her into the sea to get lost, to stop raising her voice and use her magic to do good, which it was something that was very badly seen among her village, someone who did not want to sacrifice human lives to satisfy her own, creating chaos and helping to resurface black magic, something Lara’s parents struggled to bury so that no fairy would ever again want to be corrupted by that power.

Her little wings began to crack little by little, the sisters had taken away the magic she possessed since she was born, banished and withered. She had been trying to escape longer than she would have wanted and there was no way out, it was a bottle sealed with magic. She was lost. She remembered their laughters as she was beaten, booed and destined to remain forgotten, even loving the Fairy Kingdom more than anything else in the world. She also remembered their looks of satisfaction, that determination that could no longer frighten her and that condemnation by not wanting to commit the same terrible acts as them. She could not get out of her head for months the screams, the blood, the massacre they unleashed through cities full of innocent people. They became demons with dark souls and their hearts whispered for mercy.

She sat once more, in the center of the lost bottle. It was shaking a lot but she didn’t care about this to stay connected to Mother Earth, with her spirit and the magic that someday resided within her. She closed her eyes, inspired and expired. Over and over again. No one could defeat her when werewolves wanted to conquer the forests, nor did the witches, who tried to absorb their magic to leave them with nothing, not even the giants who just wanted to see «those little things» dead, the shapeshifters had nothing to do as soon as Lara made clear that they were there to defend what was theirs and no one would take away what they had achieved with so much effort and of course, humans took two steps back when they contemplated her purity, strength and the power she harbored. All of them preferred peace rather than being defeated without a shred of doubt and all of this she got it with that light coming out of her chest every time she sat and breathed deep.

This time, it was stronger. Her head fell backwards, her wings began to spread gradually and the bottle to break. She reminded her parents when she was told she was the only one who could control the woods and that she had to be strong. The light on her chest lit up more while she remembered those children who played with flowers, climbing trees trying to get the attention of their elders, the big dinners, the bed talks with their sisters, the worries, which were many… The glass, at last, broke in two and the light re-entered her chest, leaving her exhausted with both legs touching the water and her wings finally healed. The air hit her face, it was the best feeling she had in years, the cold water made her feel again and the wind, made her fly without wasting any more time…


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Risas:

Risas

Me levanté de la cama tras oír un ruido sordo. Empecé a andar poco a poco hacia la puerta de entrada de mi habitación, no sabía por qué pero sentía que no debía hacer mucho ruido. Al llegar al pasillo, un escalofrío recorrió mi espalda y empezaba a sentirme algo destemplada sin saber muy bien el motivo, quizá fue porque me levanté de la cama demasiado rápido tras estar tan calentita durante horas.

Seguí despacio. Entraba luz desde la cocina, incluso desde el salón, era suficiente para ir tanteando el terreno que pisaba. En cuanto pasé el baño y la cocina, unos susurros repetidos provenientes de mi espalda, me pararon en seco. Mis ojos se abrieron de golpe, una risa maliciosa empezaba a hacerse la protagonista del momento. Me giré de golpe, ya sudando por la tensión que acumulaba, el terror que estaba sintiendo por todo mi cuerpo sin poder evitarlo. No había nada, lo que más temía…

Unos gritos desgarradores provenientes del salón se manifestaban con mayor volumen cada vez y, paso a paso, llegué allí. Vacío. Noté que algo pasó rápidamente por mi alrededor mientras se reía a carcajadas. Un grito ahogado salió por mi boca pero fui incapaz de moverme, tanto que, me pilló desprevenida cuando me vi empujada hacia una de las paredes del pasillo. ¿Esto era una broma o qué? ¿Mis primos? ¿Mis hijos? Era imposible… no había nadie en casa desde hacía tres días.

Tragué saliva, levantándome del suelo. Escuché un ruido sordo en el salón y, sin quererlo, me acerqué a mirar qué estaba pasando. La mesa de cristal que había cerca de la televisión, se había roto en mil pedazos, las risas seguían cada vez más alto. Noté que un intenso ataque de pánico florecía en mi interior como otro de los muchos eventos aterradores que esperaba que ocurrieran en este tipo de situaciones, terminando temblando en el baño y dejando que el propio miedo, las constantes palpitaciones y la respiración entrecortada, me dejaran encogida allí, esperando que todo desapareciera, quedándome completamente dormida.

Me levanté de un salto y recibí a mi familia que venía de unas vacaciones cortas cerca de mi ciudad, fingiendo por completo que nada de aquello había pasado, que todo había sido producto de mi imaginación, sabiendo muy dentro de mí que no lo fue, pero jamás quise encontrar más respuestas por miedo a recibir las que no quería oír, dejándome aterrada de pasar una sola noche más sola, jamás he dejado que mi marido me dejara ni siquiera un minuto para ir a comprar tabaco, forma parte de una nueva paranoia, una nueva parte de mí que todavía no había conocido hasta el momento.


Laughs:

I got out of bed after hearing a dull noise. I started walking slowly towards the front door of my room, I didn’t know why but I felt I shouldn’t make much noise. When I got down the hall, a shiver went down my back and I was starting to feel a little unhinged without knowing the reason very well, maybe it was because I got out of bed too quickly after being so warm for hours.

I went slow. Light came in from the kitchen, even from the living room, it was enough to go around the ground I was stepping on. As soon as I passed the bathroom and the kitchen, some repeated whispers coming from my back, stopped me dry. My eyes suddenly opened, a malicious laugh was beginning to become the principal character of the moment. I turned suddenly, already sweating because of the tension that  I accumulated, the terror that I was feeling all over my body without being able to avoid it. There was nothing, which I feared the most…

Tearing cries from the room were showing more volume and step by step, I got there. It was empty. I noticed something quickly passed around me while he laughed. A choked scream came out of my mouth but I was unable to move, so much that, I caught myself off guard when I was pushed towards one of the walls of the hallway. Was this a joke or what? My cousins? My children? It was impossible… there was no one at home for three days.

I swallowed saliva, getting up off the floor. I heard a dull noise in the living room and, inadvertently, I came to look at what was going on. The glass table that was close to the television had broken into a thousand pieces, the laughter was still higher and higher. I noticed that an intense attack of panic flourished inside me like another of the many terrifying events that I expected to occur in this type of situation, ending up shaking in the bathroom and letting one’s own fear, constant palpitations and choppy breathing, leave me shrunk there, waiting for everything to disappear, falling completely asleep.

I jumped up and got my family coming from a short vacation near of my city, completely pretending that none of that had happened, that everything had been a figment of my imagination, knowing deep within me that it wasn’t, but I never wanted to find more answers for fear of receiving those I didn’t want to hear, leaving me terrified of spending a single night alone, I’ve never let my husband leave me even a minute to go shopping for tobacco, it’s part of a new paranoia, a new part of me that I haven’t known yet.

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Relojes:

Relojes

Nos perdimos entre minutos, en el tiempo mismo, entre  dimensiones, sin saber exactamente dónde estábamos. Caímos en medio de la nada, no reconocía los olores, tampoco el tacto, mucho menos, las sensaciones que me provocaba estar en otro sistema solar. Respiraba con dificultad debido al fuerte movimiento entre mundos, estaba algo mareado, quería vomitar pero pude pararlo haciendo un par de respiraciones profundas, algo que te enseñan en los entrenamientos, al menos, son útiles…

No podía verte alrededor, ni siquiera sabía en qué zona habías caído y aquel lugar no tenía nada alrededor, era una especie de planeta no existía nada más que… pude darme cuenta de la cantidad de relojes que aparecieron por todo aquel suelo anaranjado, ese tick-tock era inconfundible, audible a todos los niveles. No había conocido nunca un lugar como aquel, incluso el cielo estaba recubierto de números y las varillas que solemos ver en los relojes. ¿Habíamos traspasado la dimensión del tiempo? Ni idea.

Caminé a paso firme, quería encontrarte, era mi única misión tras haber caído al otro lado y haber comprobado que estaba bien. Hacía tiempo que habíamos escapado de lo políticamente correcto y nos dedicábamos a lo que nuestros padres más odiaban: saltar entre dimensiones. Al principio, era divertido pero ha empezado a volverse algo más peligroso debido a que nuestros relojes se están debilitando, las varillas se mueven sin control y tendemos a perdernos. De esto nos advirtieron, ¿verdad? Espera, ¿les estaba dando la razón, a caso? Dios, no. Olvídalo.

Pude ver tu sombra a lo lejos, estabas tirada en el suelo, inmóvil pero no quería pensar lo peor. Corrí hasta llegar a tu cuerpo, te di la vuelta pero no respirabas. Sumido en absoluto pánico, comprobé tus pulsaciones pero parecía no obtener respuesta alguna. Nuestros padres tenían razón, definitivamente. Con lágrimas en los ojos, miré nuestros relojes para poder volver a nuestra dimensión pero, dejaron de funcionar tras tanto cambio en la gravedad en tan poco tiempo. No pude creer que acabaría acostado a tu lado, sin poder sonreír, echándote de menos y sin encontrar el camino de vuelta… ¿en qué punto realmente nos perdimos?


The Watches:

We got lost between minutes, in the same time, between dimensions, not knowing exactly where we were. We fell in the middle of nowhere, I did not recognize the smells, nor the touch, much less, the sensations that caused me to be in another solar system. I was breathing with difficulty due to the strong movement between worlds, I was a little dizzy, I wanted to throw up but I was able to stop it doing a couple of deep breaths, something that they teach you in training, at least, they are useful…

I couldn’t see you around, I didn’t even know what area you’d fallen in and that place had nothing around, it was a kind of planet there was nothing but… I could realize the number of clocks that appeared all over that orange floor, that tick-tock was unmistakable, audible at all levels. I had never known a place like that, even the sky was covered in numbers and the rods we usually see on the clocks. Had we crossed the dimension of time? I have no idea.

I walked at a steady pace, I wanted to find you, it was my only mission after falling to the other side and checking that I was ok. We had long since escaped the politically correct and devoted ourselves to what our parents hated most: jumping between dimensions. At first, it was fun but it has started to become a little more dangerous because our clocks are weakening, the rods move unchecked and we tend to get lost. This is what we were warned of, aren’t we? Wait, I was giving our parents the reason? God, no.

I could see your shadow in the distance, you were lying on the ground, motionless but I didn’t want to think the worst. I ran to your body, turned you around but you weren’t breathing. In utter panic, I checked your beats but seemed to get no answer. Our parents were definitely right. With tears in my eyes, I looked at our clocks so that we could return to our dimension but, they stopped working after so much change in gravity in such a short time. I couldn’t believe I’d end up lying next to you, not being able to smile, missing you and not finding your way back… at what point did we really get lost?

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Reseña «Storm Front» (by JIM BUTCHER):

Storm Front

Sinopsis: Harry es el mejor en lo que hace y no solo porque es el único que lo hace. Cualquiera que sea la capacidad mortal trascendental de un caso, el Departamento de Policía de Chicago le busca para que les dé respuestas. Pero el negocio no es solo lento, sino que apesta. Entonces, cuando la policía le trae un macabro doble asesinato cometido con magia negra, Harry ve dinero. Pero donde hay magia negra, hay algo oscuro detrás. Y ahora, esa oscuridad sabe el nombre de Harry. Y ahí es donde las cosas se ponen… interesantes (traducido al español de la contraportada del libro).

Hacía tiempo que no realizaba una reseña y empezar con este libro, me hace mucha ilusión porque es el primero que he logrado leer en inglés, entendiendo casi todo y con algo de ayuda del famoso «WordReference». Llevaba como meses desde que llegamos a Edimburgo buscando un libro que realmente me llamara la atención, que me intrigara y me motivara a leerlo porque todos los que compramos son en inglés y era como si yo misma me hubiese creado una barrera delante de mí para no leerlos porque estaban en otro idioma, así que, como casi siempre, Fabio dio con la solución al problema: «Toma, este estoy seguro de que te va a gustar y lo vas a terminar», seguía sin estar convencida del todo pero sí, tenía razón.

La historia para nada se me ha hecho pesada, el autor del libro explica las cosas de forma específica y narra las luchas entre Dresden y los seres sobrenaturales que se encuentra con intriga y verdadera intensidad, pero no de forma redundante o difícil de leer, te mantiene. Incide también en los sentimientos más profundos del personaje cuando tiene que mentir a alguien que respeta mucho y diría incluso, que siente algo por esa persona, muestra su lado vulnerable y, a la vez, audaz. Creo que Dresden es uno de esos personajes fuertes que a cualquiera le atrapan, está muy bien elaborado y el autor en todo momento sabía cómo hacerlo.

El transcurso de la historia es bastante sencillo, aunque te hace presuponer quién es el culpable diría quizá cuando estás llegando a la mitad del libro, empiezas a sospechar un poco pero no estás segura, incluso, puedes llegar a pensar que no puede ser pero el final es bastante esperado. Lo que no sabía que ocurriría fue la batalla final, muy bien desarrollada y que te deja en tensión, casi aguantando la respiración esperando ver qué sucede. Y no es el típico personaje que no sale herido o que tiene dinero de sobra como para seguir con su negocio, nada de eso, aunque sea el protagonista se lleva varias palizas, cortes… Además, él no tiene ni un duro, tan solo espera que alguien entre a su despacho para darle trabajo y poder pagar sus facturas, lo que no esperaba era lo que vino después.

Dresden es mago y mucha gente lo sabe, de hecho, lo pone en su tarjeta, hace cosas y averigua otras que nadie más puede llegar a entender. Entiende más de las criaturas sobrenaturales que nadie y en este libro, también están hechas al modo que el autor ha querido crearlas, son diferentes a como las conocemos, a mi parecer, bastante originales, que un vampiro cambie de forma por completo y sea como una bestia enorme… casi que no hemos visto nada de eso antes y me sorprendió bastante. Está bajo la supervisión del White Council y es perseguido por uno de los encargados de observar sus movimientos, casi le matan y aún así se mantiene existiendo.

El autor te va dejando caer algunas cosas a lo largo de libro, deja que conozcas a los personajes, que te centres un poco más en Dresden y en lo que puede hacer y, bueno, como esperaba Fabio, me enganchó y dejé de crear esa barrera, ahora sé que ya puedo leer libros en inglés sin miedo, de hecho, ¡ya sé cuál será el siguiente!

¿Os suena este libro? ¿Lo habéis leído? ¿Os gustaría?

 

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Un Vampiro Derrotado: Talía

Talia

Relato procedente: «SUSURRO»

Nombre completo: Talía Davis.         Edad: 243 años.

Ciudad natal: Londres.                       Raza: Vampiro.

Descripción física:

Mi cabello negro llega a la mitad de la espalda, liso, sedoso, desigual y en profunda armonía con el resto de mi cuerpo. Mis ojos son de un color azul intenso, aunque cuando me he convertido, han cambiado a un rojo sangre bastante penetrante y feroz. Mis labios finos son gruesos y dejan entrever unos colmillos blanquecinos y con ganas de desgarrar. Mi cuerpo esbelto nunca ha tenido un lugar a donde ir o esconderse, siempre he caminado sin rumbo y eso ha sido suficiente para mí.

Descripción de la personalidad:

Curiosa, intensa, diría que un tanto impulsiva… A veces, no sé parar de hablar, quizá hago daño a mi alrededor con mis palabras, me da igual o simplemente, no reparo en ello. Pienso poco y reacciono más, las acciones son lo que cuenta al fin y al cabo, cuanto más rápidas, más intensas y emocionales. Siempre he sido muy sensible pero he negado el ser vulnerable, nadie ha tenido la oportunidad de verlo en mí, de vislumbrarlo en mis ojos, de verme llorar.

Renacida:

Todo el mundo tiene un pasado. No me acuerdo muy bien del mío, dado que, 243 años dan para muchos recuerdos, tan solo sé que era frágil, tímida, miedosa y vulnerable, no tenía muchos amigos y veía las relaciones sociales desde la distancia, no parecía agradecerlas demasiado cuando estaban a mi alrededor. Era tan inocente que tan solo vivía en mi futuro, siempre planeando mi siguiente movimiento, desde planes de final de año hasta a qué Universidad me gustaría ir y por qué, era un compedio de planes, de ideas que flotaban en mi cabeza y que creía podía cumplir, sin tener muy claro si era lo que quería pero era lo que todos esperan de un no tan adolescente que va a presentarse a la selectividad, ¿verdad?

No supe qué era volver a nacer hasta aquella noche. Eran las tres de la madrugada y no podía dormir, así que, como algunas veces hacía, me vestí y salí a dar un paseo, no dejaba de dar vueltas en la cama y no veía sentido ninguno seguir en ella sin dormir. Estaba oscuro, pero algunas calles sí tenían luces. Desierto. No noté los pasos detrás de mí hasta que se hubieron acercado lo suficiente para sentirlos detrás de mi nuca, hasta notar su aliento acercarse a mi oreja, hasta quedarme lo suficientemente paralizada como para no poder mover ni un dedo. Al principio, pensé que sería alguien conocido que quería gastarme una broma pesada pero, cuando sus colmillos se posaron en mi cuello con fuerza, grité de dolor hasta que morí.

Me sorprendí al volver en sí, cuando los pulmones volvieron a llenarse de aire y empecé a darme cuenta de que estaba despierta, ¿cómo podía ser si acababa de ser asesinada?

El proceso:

No te das cuenta de que te han convertido en vampiro hasta que te sientes atraído por la sangre humana, hasta que oyes los latidos del corazón a larga distancia y quieres desgarrar cualquier garganta que se te ponga delante para alimentarte. La primera vez que me salieron los colmillos, me dolieron tanto que sangré, casi no pude comer como era debido, sentía mi boca como adormecida, las encías bastante delicadas y todos mis sentidos en completa alerta. Me vi a mí misma en un espejo y me aterroricé por completo, no podía creer lo que estaba viendo, ¿cómo era posible que estuviera viva? ¿qué estaba pasando?

Supongo que llegas a comprenderlo todo cuando tus síntomas son parecidos a los de las películas realistas, a las clásicas de vampiros, a aquellas que parece que nunca mientan sino que están hechas para que te guíes. Me pregunté una y otra vez si podría sobrevivir, si sería capaz de alimentarme sin perder el control, incluso, tenía miedo de ir sola, tenía pavor de que otros vampiros me atraparan y quisieran utilizarme, había muchos que perdían el tiempo de esa manera. No entendía muy bien qué podía hacer exactamente, tampoco el alcance de ello, tan solo, fui descubriendo algunas cosas poco a poco, como nuestro increíble oído y olfato.

Aprendiendo a controlarlo:

Ya os digo que no es nada fácil pero tuve que hacerlo tras ver que había matado a más de cinco personas tan solo por el impulso del hambre, tan solo por no poder parar a tiempo y encontrarme con un cadáver entre mis brazos. Las emociones se intensifican, así que, estaba ante un cúmulo de sensaciones que no podía explicar muy bien, quería pararlas o, al menos, controlarlas, mi ira aumentaba y no dejaba de sacar los colmillos a cualquiera que me negara alguna cosa por pequeña que fuese.

Empecé con las meditaciones guiadas, con mantras que me llevaban a calmarme, a sentirme segura aún estando en situaciones de riesgo. Me repetía a mí misma que estaba ante un proceso difícil y que poco a poco lo pasaría, era cierto pero tardé cien años en conseguir controlarlo del todo y parecía que nunca fuese suficiente. Podía controlar mis ataques de ira, mis inseguridades, mis miedos, podía incluso, dejar la impulsividad que me llevaba a tomar malas decisiones atrás, fue como renacer de entre las cenizas.

Los cazadores:

Los vampiros nunca hemos sido muy amistosos con los hombres lobo, por ejemplo, pero mucho menos, con los cazadores. Están por todas partes, se esconden la oscuridad, se vuelven invisibles para atacar al mínimo movimiento. Durante siglos han creído que somos una amenaza real, que no podemos controlarnos, que no somos capaces de hacernos pasar por seres humanos, somos una especie de monstruos que tan solo hacemos daño a aquello que nos rodea, nos alimentamos de aquellos que intentan proteger. Supongo que alimentarse de bolsas de sangre no es suficiente para ellos…

Tras años de entrenamiento, cada vez son más fuertes, más rápidos, más conscientes de nuestros movimientos, nuestras sensaciones, la ira que nos vuelve imparables y la sed de sangre, que nos vuelve hambrientos. Han sabido cómo utilizar todo esto en contra nuestra, han conocido muy bien a su enemigo para contraatacar con todo lo que tienen, con todo el armamento del que disponen. Llevamos siendo cazados entre las sombras durante un par de años, sucede sin más, sin previo aviso, es un dejar de existir sin haber cerrado a penas los ojos, como morir por obligación…

Segunda y definitiva muerte:

No sabía muy bien qué era, no podía verle, tocarle o sentir su respiración, era totalmente invisible. Lo único que notaba era una especie de presencia que se acercaba a mí y trataba de asustarme, de rodearme, de hacerme sentir indefenso, vulnerable… Lo peor fue que lo consiguió. Cada vez, podía notarlo más cerca, el cabello de mi nuca se erizaba y podía notar su aliento aproximándose, no podía ver ningún arma, tampoco ninguna señal de amenaza, estaba completamente paralizada por el miedo y el estrés que me producía no saber quién o qué me acechaba.

Me pasaron muchas cosas por la cabeza antes de que ese cazador me arrancara la cabeza, antes que la separara de mi cuerpo como si sus manos se hubiesen convertido en una motosierra. Ni siquiera pude ver si sonreía, si se divertía con mi dolor, tampoco sabía quién era, su nombre, su mirada… ¿podría haberle conocido? Lo que sí supe desafortunadamente, era que estaba muerta de forma permanente, no podría volverme a levantar del suelo en el que me dejó tirada como si no importara, como si fuese un mostruo más al que arrebatar su vida sin más.

Ya no había forma de renacer…

Un futuro en las sombras:

Los seres sobrenaturales tendemos a ir a otro lugar cuando morimos, es como un segundo plano en el que pagamos por nuestros pecados, dado que, siempre matamos a alguien mientras aprendemos, es ley de vida para nosotros. Ando por los callejones justo como antes pero soy como una sombra, como alguien inexistente cuando solía ser reconocida por otros de mi especie. Jamás me mezclaba con clanes, prefería ir sola y defenderme de los ataques de otros seres pero, al menos, sentía que tenía un lugar al que pertenecer aunque nadie supiese mi condición. Ahora era como si hubiese desaparecido, como si no hubiera quedado ni un rastro de mi existencia en la Tierra, como si hubiese sido totalmente borrada.

Podía verles a mi alrededor. Esos seres humanos inocentes, ignorantes de cualquier otro tipo de especie que vive con ellos, de cualquier acto de violencia hacia otros, del vampiro que es cazado aunque sea inocente, del hombre lobo que escapa por las alcantarillas temeroso de que le maten sin previo aviso… Todos les tememos pero los humanos, siguen hablando de tonterías, nadie nos defiende, estamos completamente solos en una lucha que no podemos ganar…

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Susurro:

Susurro

Podía sentirlo dentro de mí. Mis colmillos salían poco a poco, esperando el momento. Esa emoción se aferraba cada vez más, quería formar parte de mi mundo, de todo mi universo, de cada depredador de este planeta, de cada ser sobrenatural que no podía ver el sol o la luna. Intentaba olfatearlo, pero no daba con la esencia, no daba con la emoción, podía pasar la lengua por mis labios pero no encontraba la sangre, tampoco de dónde provenía ese pequeño atisbo de inocencia.

Miré a mi alrededor, no comprendía qué estaba ocurriendo. Notaba una presencia, pero no podía acercarme, tampoco verlo o tocarlo. No se mueve muy rápido pero tiene la ventaja de que sí puede verme, no sabría decir si se atrevería a ponerse enfrente de mí, a respirar mi aroma a sangre de entre mis colmillos. Estaba alerta, con los cinco sentidos puestos en todo lo que ocurría o, en un futuro, pudiera suceder, preparada para saltar en el momento justo en el que viera algo, en el que sintiera que debía hacerlo.

Mi cuerpo se tensó al escuchar un siseo, unas palabras formadas a base de susurros casi inentendibles, imperceptibles aún teniendo un oído como el mío. Nunca me había sentido tan insegura, tan indefensa ante algo que podría atacarme sin que me diera cuenta, algo que podría matarme sin verlo venir. No quería parecer vulnerable a ojos de aquel que sabía me observaba, me sentía cohibida, con cierta desconfianza que iba en aumento. La frustración residía en mi interior tan intensamente que no sabía muy bien cómo deshacerme de ella, siempre había podido sentir con mis instintos más vampíricos qué estaba ocurriendo a mi alrededor o quién podía estar detrás de mí, ¿por qué ahora no podía?

Los siseos no cesaban, tampoco ese olor a sangre que empezaba a notarse en el ambiente. De repente, noté cómo mi cabello se movía hacia atrás, como si alguien lo estuviera haciendo por mí, como si una mano lo apartara de mi cara para decirme algo. Un escalofrío recorrió mi cuerpo y un terror irreconocible se apoderó de mí sin previo aviso, sintiéndome algo asombrada, dado que, jamás había tenido miedo. Todo mi cuerpo se tensó cuando sentí un aliento frío en mi oreja, noté unos labios tan helados que no supe muy bien si apartarme o permanecer, debido a la intriga que aumentaba en mi interior.

«Bosque». Esa fue la palabra. Una simple e indistinta palabra que creía podía significar algo pero todavía no sabía muy bien por qué, hasta que decidió seguir adelante. «Su cabello era rojizo, sus ojos verdosos, su mirada perdida y sus labios finos, notaste su piel entre tus manos alrededor de su cuello». Mis ojos se abrieron de par en par. Describió mi primera muerte, aquella que más temí y, a la vez, que más deseé, tan inexperta, tan ineficaz y precaria, sin control de mí misma. «Hasta que dejó de respirar, ¿verdad?». Asentí sin poder evitarlo, sintiendo cada parte de mi cuerpo en un juicio justo del que no podría escapar. Sus palabras fueron exactas, tanto como una aguja clavándose en mi espalda, tratando de sacar aquello que más me dolía, una experiencia que seguirá mis pasos hasta que muera.

«Eres la 546». En ese momento lo supe. Hacía años que merodeaban entre nosotros, cazadores invisibles a ojos sobrenaturales, nos pusieron un nombre, una etiqueta y, llegado el momento, te matan por tus pecados más escondidos aunque te arrepientas de ellos. Noté una cuerda de cobre agarrarse a mi cuello. No podía respirar. Intenté zafarme muchas veces pero era muy fuerte, demasiado como para ver un atisbo de esperanza a lo lejos. Sabía que iba a morir como los otros 545 a los que habían cazado ya, a los que habían matado sin remordimiento, a través de un susurro casi inaudible, imperceptible y deseoso de eliminar la amenaza. A veces, los llamaban «Los Susurradores», aquellos que juzgan a otros por matar por placer cuando ellos también lo hacen, te distraen haciéndote recordar, susurrándote al oído, haciendo que sientas cada parte de su aliento en ti, ese frío comer tus entrañas, deshacerte en pedazos para comenzar un ataque.

Mi cabeza terminó en el suelo y mi cuerpo ya nunca fue de mi posesión. Mis ojos azules se quedaron abiertos como platos, todavía mostrando sorpresa, desesperación, lamentando no haber podido cambiar la situación, desearía haberlos visto agonizando bajo mis colmillos. Desconecté mi mente de todo, mi cuerpo de ella y mi alrededor de mí, de una manera algo volátil y sobrecogedora, incluso, algo traumática, queriendo sentir que los susurros no me hicieron vulnerable, sino rota…

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Shawna: La Bruja

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Relato procedente: «DESTINO»

Nombre: Shawna Grinville.                         Edad: 100 años.

Ciudad: Nothern.                                 Profesión: Heredera.

Descripción física:

Mi cabello dorado, rizado y bastante manejable, me llegaba hasta más abajo de los hombros, siempre solía ponerme una tiara de flores para conectarme más con la naturaleza, es algo que suelen hacer los seres de los bosques y no las brujas pero no he sentido que pertenezca a mi mundo sino a lo que hay fuera de él. Mis ojos azules permanecían gachos ante la sola rutina de tener clase, de ser la mujer que esperaban los demás y de encajar en un lugar que no era para mí. Mis labios finos se mantenían acallados ante las duras palabras de mis padres, tras humillaciones y desaprobación constante. Mi tez pálida era suave, solía utilizar una crema de caracol que preparaba mi madre una vez a la semana y me servía para no sentir mi piel agrietarse por el frío de la noche. Mi cuerpo esbelto normalmente se sentía cansado tras tantas clases de burocracia, señorío y magia, terminaba exhausta cuando me echaba en la cama, ni siquiera podía con el torrente de pensamientos que ocupaban mi mente.

Descripción de la personalidad:

Muy dentro de mí me he sentido libre, aunque encarcelada en el mundo que mis padres habían formado para mí. Me ha gustado siempre tener mi espacio, tener aquello que me hace sentir cómoda a mi disposición, aunque no sea del estilo que quieren que sea, he estado obligada a ser como mi destino prefería que fuese, tomando decisiones acorde a lo que mi padre consideraba lo correcto para nuestro pueblo y con una enorme responsabilidad sobre mis hombros heredada por mi familia sin quererla en absoluto. He sido una persona fuerte pero he tragado demasiadas cosas en muy poco tiempo, accedí a pasar por todo esto sin rechistar y, en el último momento, se desmoronó todo mi mundo al tomar una sola decisión por mi cuenta.

Tradición:

El aquelarre de brujas de Nothern ha sido un lugar muy conocido, apartado de todo y que tiene innumerables tradiciones, desde fiestas alrededor del fuego hasta clases de magia de lo más exigentes. Los herederos de la Corona estamos obligados a pasar por varias series de burocracia y enseñanza de modales que nuestros padres creen es nuestro deber con nuestro pueblo. Se organizan muchas fiestas en torno a lo que significa ser brujo, la magia forma parte de nosotros y es como tener la oportunidad de dar las gracias por ello y celebrarlo de forma constante con gozo y sabiduría.

Mis padres siempre fueron muy exigentes conmigo en cuanto a este tema, era la principal heredera de la Corona de Rubíes, la bruja que guiaría a nuestro pueblo cualesquiera que fueran las circunstancias, en las guerras y en las victorias, en la toma de decisiones y en apoyar a mi padre en sus planes de Gobierno. Las mujeres somos las que nos transmitimos el puesto en el trono, así que, mi madre era la que siempre me dictaba las normas que debía seguir en sociedad, quería hacer de mí una dama con dotes para la negociación. A ellos casi no les importaba el bienestar del pueblo, sino que, aparentar tener dinero y poder era lo esencial, por ello, debía llevar a cabo todos los protocolos necesarios en fiestas y celebraciones aunque para mí fuese una completa estupidez.

Mis verdaderas pasiones:

Siempre me ha encantado estar en los bosques, entre naturaleza, leyendo innumerables historias humanas, fascinantes, llenas de anécdotas y enseñándome verdaderos valores, no me gustan los libros de nuestras bibliotecas, se suelen basar en normas absurdas que debemos seguir para tener cada vez más poder que los demás. Me gusta ayudar a que las rosas crezcan más rápido, aunque a mi familia nunca le ha gustado que desperdicie mi magia con seres sin vida…

Desde hace mucho tiempo, conozco a una joven preciosa que pertenece a la familia enana y, siendo totalmente honesta, la envidio. No tienen normas, se pasan el día haciendo lo que les apetece, rugen cuando no están de acuerdo y no sienten la necesidad constante de sentirse mejor que los demás. Es una buena amiga, muy glotona y dedicada a ayudar a los suyos siempre que tiene ocasión, nos veíamos a escondidas pero a ella no el importaba, tan solo quería que compartiéramos algunos momentos juntas, algo que mis padres desaprobarían por completo.

Magia:

Hace algún tiempo que llegó a mí y todavía aprendo a controlarla, no es sencillo y tampoco manejable, tenía tanto poder que podía matar a alguien con tan solo cerrar los ojos y concentrarme en ello. Antes de que naciera, mi pueblo esperaba mi llegada entusiasmado, iba a ser la heredera que cambiaría las cosas, se organizaban fiestas en honor a mí al nacer y todo el mundo estaba lleno de júbilo. Era la hija de la bruja más poderosa de todos los tiempos, mi madre era una verdadera dama, tenía unos modales exquisitos y las cosas se hacían tal y como ella lo pedía, tomaba las decisiones basándose en la integridad y el sentido común, ayudando a aquellos que se lo merecían… pero la niña esperada no quería ese destino.

La magia es frágil, difícil de controlar, increíblemente poderosa si te esfuerzas lo suficiente… Puedes perderte en la oscuridad y ella puede sacarte de allí si realmente lo necesitas, es una fuerza que crece en ti de una forma perpetua, florece y se vuelve imparable. Puede ser tan intensa que sería capaz de arrasar con un pueblo entero si no tienes cuidado, hay un espacio muy pequeño entre tú y la magia negra, así que, es oportuno que te enseñe alguien que sepa cómo usarla para que no caigas en sus redes, dado que, en la mayoría de lugares, está prohibido utilizarla.

Mi marcha:

Supongo que me marché en el momento más inoportuno, me empeñé en esperar demasiado y terminé con todo el espacio privado que había construido para mí lejos de mi familia, más bien, terminé con todo. Me escapé de mi pueblo una noche cualquiera, ni siquiera estaba planeado, con una mochila y algo de comida para el viaje, no sabía dónde me iría pero tenía claro que no me gustaba lo que todos llamaban constantemente: mi DESTINO. No se me ocurrió hablar con nadie antes de hacerlo, tampoco insinuarlo, fue pensado y hecho, sin más dilación, estaba cansada de tratar de ser la hija perfecta y llevar a cabo todas y cada una de las exigencias de mi madre para ser una heredera modelo, estaba harta de ser otra persona.

Uno de los elfos que más odiaba a las brujas, se topó conmigo y no pudo hacer otra cosa que avisar a mi padre para que viniera a por mí, dado que, estaba invadiendo sus bosques. Desde hacía muchos años, su pueblo había sido enemigo del mío debido a guerras que ni siquiera tenían cabida en el presente, eran situaciones absurdas que provocaban que nuestro alrededor se sintiera incómodo y tuviera que actuar con odio, no era nada sano y lo sabía para mis adentros, pero los elfos seguían creyendo que yo era el enemigo por ser hija de mis padres, era de esperar… Me amordazaron y me entregaron a mi padre en cuanto salí huyendo, no tuve el tiempo suficiente como para saborear la libertad que yo misma me había brindado, no había sido lo bastante rápida para conseguirla.

No sabría decir si esperaba que me condenaran a muerte por mis actos, tampoco si mi cabeza a los pies de mi padre le sugirió algún tipo de sentimiento por mi pérdida o si mi madre lloró al llegar a casa tras la larga condena. Lo que sí sabía con exactitud es que nadie más hablaría de mí, mi pueblo tenía terminantemente prohibido hablar de una bruja que había traicionado a los suyos de esa forma, para ellos yo había desertado sin más y los desertores tan solo se merecían la muerte y el olvido perpetuo de todos los de su pueblo. Sería olvidada para siempre por desear ser libre…

Un futuro en la sombra:

Estaba oscuro, en silencio y hacía frío. Hacía ya algunas horas que había muerto, que había visto aquellos rostros contemplar mi muerte mientras empezaban a olvidar que yo, alguna vez, existí. No hay ningún mundo al que regresar cuando mueres, tal y como nos decía la maestra Idalia cuando nos enseñaba el hechizo de la muerte, ella siempre contaba con un paraíso al final del viaje, un lugar lleno de color que esperaba por ti en cuanto expiraras tu último suspiro pero, en realidad, no había nada, ningún mundo nuevo al que ir, nadie esperando tu llegada, ningún lugar mágico aguardaba a los brujos, tan solo una soledad infinita.

No sé si merezco el cielo o el infierno perpetuo pero, lo que sí sé es que si repitiera mi vida, pediría vivir en los bosques con gente humilde, sentirme libre cada hora que pasara con vida y morir de forma honorable, con un recuerdo en las mentes de mi pueblo, una huella que perdurara un siglo tras otro. Volvería a nacer para encontrar mi camino, mi verdadera razón de ser, para hacer, por una vez, lo que siempre he querido sin la aprobación de nadie, sin esperar nada… Mi futuro ahora es un suspiro que se atenúa, un silencio que se prolonga y una oscuridad infinita, un abismo que no parecía que fuese a terminar, era la primera vez que cerraba los ojos para dar las gracias por estar sola, sin la sombra de mis padres…

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Destino:

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Un pie delante del otro, tratando de mantener mi decisión, tratando de dejar atrás el legado que me correspondía desde el momento en que nací. Todo mi pueblo esperó impaciente mi llegada, desde que estaba en el vientre de mi madre para ser más exacta… Las brujas de los alrededores me rendían homenaje, cantaban canciones y nombraban entre susurros viejos hechizos para que me sintiera segura y que formaba parte de algo. Siempre esperaban una dama, una joven que llevase a su pueblo a la victoria contra cualquier enemigo que apareciese, esperaban y anhelaban que mi destino tan solo tuviese una dirección, toda mi vida estaba predestinada con la palabra DESTINO como título.

Me alejaba del pueblo, era de noche y todos dormían. Estaba segura de que, si alguien me veía salir de allí a hurtadillas o incluso, caminando a paso rápido, querrían obligarme a permanecer porque ese era mi deber. Ser la futura reina de un aquelarre de brujas no estaba precisamente entre mis pasiones, a mí tan solo me gusta leer, contemplar a los pájaros mientras se dicen estupideces sobre quién de ellos tiene los colores más vivos en sus plumas, me gusta acercarme al Lago Centelleante y sentir cómo el agua empapa mis pies y observar las estrellas cada noche, no soy quién esperan que sea, ni mucho menos.

Tan solo llevaba una mochila con algo de comida, ropa y algunos artilugios mágicos que podría necesitar cuando oscureciera o si tenía que volverme invisible por alguna estúpida razón que no quería ni pensar. El camino era estrecho y todavía me sentía algo insegura tras aquella decisión, me tambaleaba un poco y no tenía ni idea de a quién enviarían a buscarme después de enterarse de que no estaba durmiendo en mi cama, mi padre trataría el tema como una traición a la Corona de Rubíes. Varias horas caminando fueron suficientes para que me sintiera algo más libre, para que dejara de pensar en qué debía hacer en cada momento o en seguir la agenda que mi madre me había marcado para adoctrinarme como una mujer adulta y responsable cuando tan solo tenía cien años. Unos kilómetros más y llegaría a un bosque precioso, el cual, no me dejaban pisar porque solía estar lleno de elfos, nunca tuve nada contra ellos pero mi pueblo se empeñaba en obligarme.

—¿Qué haces aquí? – la sombra de un joven bastante alto con orejas puntiagudas salió de la nada, justo cuando me había sentado cerca de unos arbustos para reposar y comerme una manzana en aquel bosque repleto de naturaleza – Este no es tu sitio.

— ¿Y cómo sabes tú cuál es mi sitio? – le pregunté algo curiosa y a la defensiva, mientras daba luz a mi alrededor desde una pequeña bola de fuego que salía de mi mano, la cual, me empezaba a hacer cosquillas – Tan solo…

— Llamaré a tu padre – decidió en ese preciso instante, sin pensar si quiera que quizá mi decisión tenía un motivo de base. Los elfos odiaban a todo mi pueblo, lo podía ver en aquellos ojos claros que me observaban con rudeza, incluso en la cicatriz que cruzaba su cara –.

No me dio tiempo a rechistar. Tres más de ellos me cogieron de los brazos y me ataron a un árbol, de una forma salvaje, sin miramiento, tampoco les importaba si me hacían daño o no… Cerré los ojos para concentrarme en ese poder que fluía desde el centro de mi ser hacia fuera, tal y como mis maestras de hechizos me habían enseñado desde que era niña, cuánto más me concentrara, más poder podría acumular para luego expulsarlo. Salió una luz azul muy potente de mi interior que hizo que los elfos allí presentes se apartaran varios metros de mí, dejándolos totalmente inconscientes. Oí las campanas que venían de mi pueblo… Lo sabían.

Empecé a correr como nunca antes lo había hecho, mientras las ramas me azotaban la cara y el frío viento cortaba mis labios. No podía dejar de huir de aquello a lo que estaba destinada, simplemente, no podía volver allí y eso era lo único en lo que podía pensar mientras huía de la que había sido mi familia durante cien años, tenía que aceptar que ahora, estaba sola y podría convertirme en su mayor enemiga por desertar, como ellos pensarán sin siquiera cuestionarlo. Cada vez me sentía más libre, más poderosa, podía ver mi futuro poco a poco, cada vez más nítido, hasta que noté cómo algo agarraba mi cuello con fuerza, como si un cazador por fin hubiese capturado a su presa. Aquella cuerda gruesa me impedía continuar, no podía respirar con normalidad y eso era justo lo que quería mi agresor, aquel que me cazaba como a un animal.

Me caí al suelo sintiéndome completamente inútil y pude ver aquellos ojos oscuros que me observaban con absoluta desaprobación. Sus arrugas marcadas dejaban entrever su desagrado, sus labios finos estaban sellados, decidido a levantar su mano para que yo bajara la cabeza y siguiera mi legado. Pude ver a través de su mirada que esperaba que hubiera hecho algo así y no comprendía por qué no lo había llevado a cabo antes.

— Padre – dije a través de aquel silencio ensordecedor que estaba prolongando más de lo habitual cuando me decidía a llevarle la contraria – No pretendía que…

— Has traicionado a tu pueblo, a tu familia y ahora pagarás por ello – respondió con voz solemne a aquellas palabras que tan inútilmente había empezado a pronunciar – Andando.

Me llevaron al pueblo amordazada, con unas esposas de metal hechas por el mejor cerrajero del gremio para evitar que hiciera ningún tipo de magia, la bloqueaba haciéndome sentir inútil y falta de energías, débil. Mi destino había cambiado de dirección, ahora lo veía en una espada de metal que iba a rebanarme la cabeza delante de todo mi aquelarre, dando ejemplo a los demás de lo que no debía hacerse y lo que pasaría si lo hacían. Esto era lo que merecía por querer ser libre, por querer tener una vida normal como cualquier otro ser sobrenatural que andaba por los bosques y ciudades de alrededor.

Podía ver la tristeza en los ojos de la gente, podía ver cómo la esperanza en mí desaparecía, yo era la niña esperada, la que iba a cambiar las cosas, la que iba a heredar la corona que mi madre había preservado durante tanto tiempo y con esfuerzo. Yo era la oveja negra, la bruja descarriada que ya no podía usar su propia magia antes de morir, la que se merecía el desprecio de su padre, el cual, se había postrado en primera fila junto a mi madre para ver cómo decapitaban a su hija por desertora, sin cuestionar los motivos, sin entender ningún otro punto de vista, siendo la hija que había avergonzado a su familia.

Todo se volvió oscuro en cuanto aquel hombre musculoso y tan leal a mi padre dejó caer la enorme hacha sobre mi cuello y hacía rodar mi cabeza por la hierba, chocando con los pies de mi padre, estaba segura de que la observaba con la misma cara de desaprobación que cuando me encontró huyendo en el bosque. Nadie me recordaría, mi pueblo estaba obligado a no hacerlo, a no nombrar a los desertores, a no dejar cabida a los recuerdos de esas personas en sus mentes. Mi madre convertiría mi habitación en una estancia donde meditar y practicar magia con otras jóvenes que desean por todos los medios complacer a sus padres siendo las mejores brujas del pueblo, algo que siempre me ha parecido patético.

No hay nada como la sensación de ser y sentirse libre aunque te rodee la más absoluta oscuridad…