Publicado en Reflexiones

Oculta:

Le ves desde donde estás, apoyada y escondida tras una pared. Él no puede verte. Te duelen los ojos, el cuerpo, estás exhausta. Quieres escapar pero no sabes cómo. Te refugias en ese pequeño cuarto que hay al final del pasillo que no sabe que existe, que ni siquiera se ha dado cuenta de que hay una puerta disimulada por la que puedes entrar y salir a placer para estar lejos de él.

Está tirado en el sofá con una cerveza en la mano, con los pies encima de la mesita de café, viendo el fútbol. Tu cuerpo tiembla todavía, mientras tratas de recordar qué podría haberte atraído de él cuando le conociste. Quizá fue su sonrisa, todavía la recuerdas como si fuera ayer, su olor lo sientes dentro de tu nariz y sus labios tocar los tuyos como dulce terciopelo. El vello de los brazos se te eriza cada vez que piensas en ello, solo fuiste una simple elección de última hora, un objeto al que iba a utilizar para sus intereses, no eres más que una nueva muñeca y ni siquiera sabías cuántas más habría en el exterior.

Ya no recuerdas cómo es sentir el sol sobre tu rostro, ni el sentir de la brisa al acariciar tu cara, ni siquiera recuerdas el sabor del café recién hecho, ya no tienes acceso a nada de eso. Has dejado de dormir, por miedo a que aparezca, por miedo a que encuentre tu escondite, por miedo a saber qué harías si volviera a besarte. Te escondes cuando vuelve la vista hacia ti, respiras hondo sabiendo que es arriesgado no quedarte en tu sitio. Te llama por tu nombre y apareces, con las manos en tu espalda y con una sonrisa queda. Él te mira de arriba a abajo con cara de asco, te manda a limpiar los dormitorios como si fueses una criada, luego te dice que le hagas la comida y le limpies la ropa, tú asientes como buena esclava.

Te acercas a la cocina y ves nuevamente esa oportunidad afilada y plateada con un mango de color negro, te tienta, quizá es la tercera vez que ha cruzado tu mente esta semana. No quieres volverte loca y hacer algo de lo que puedas arrepentirte luego pero, dejas de pensar y tu cuerpo empieza a actuar por inercia, ni siquiera te sigue, solo actúa. El cuchillo ahora está en tus manos y el silencio se apodera de ti, el partido de fútbol que dan en la televisión solo es un ruido lejano que ya no importa, esto anhela tu presencia, este momento necesita de ti, de que hagas lo que debes hacer para ser libre. Te das la vuelta y te acercas al sofá poco a poco, sin hacer ruido. El muy idiota sigue sin darse cuenta.

Solo estás a unos pasos y tus manos empiezan a temblar sin control, pero logras posicionarte justo detrás del sofá, viendo su nuca desnuda. Calculas un poco la fuerza que necesitarías y te decides, mientras él se sigue riendo por una jugada estúpida de su equipo favorito. Notas cómo la hoja afilada corta la carne de su cuello, ves que sus ojos se abren de par en par, que la sangre no deja de emanar de la herida mientras te quedas de piedra preguntándote cómo has sido capaz de hacer algo así. Ni siquiera se ha dado la vuelta. Ni siquiera ha tenido tiempo de hablar.

Su risa ya no la oyes. Sus gritos han desaparecido. Y el silencio ha vuelto, aunque su olor sigue impregnando la estancia. Una sonrisa se muestra en tu rostro, mientras te miras en el espejo del salón. Ya no te reconoces.


Hidden:

You see him from where you are, leaning and hidden behind a wall. He can’t see you. Your eyes hurt, your body hurts, you’re exhausted. You want to escape but you don’t know how. You take refuge in that small room at the end of the corridor that he does not know that it exists, that he has not even realized that there is a hidden door through which you can enter and exit at will to be away from him.

He’s lying on the couch with a beer in his hand, his feet on top of the coffee table, watching football. Your body still trembles, as you try to remember what might have attracted you to him when you met him. Maybe it was his smile, you still remember it as if it were yesterday, his smell you feel inside your nose and his lips touch yours like sweet velvet. The hair on your arms bristles every time you think about it, you were just a simple last-minute choice, an object that he was going to use for his interests, you are nothing more than a new doll and you didn’t even know how many more there would be on the outside.

You no longer remember what it’s like to feel the sun on your face, or the feeling of the breeze as it strokes your face, you don’t even remember the taste of freshly brewed coffee, you no longer have access to any of that. You’ve stopped sleeping, for fear that he will appear, for fear that he will find your hiding place, for fear of knowing what you would do if he kissed you again. You hide when he turn his eyes to you, take a deep breath knowing that it is risky not to stay in your place. He calls you by name and you appear, with your hands on your back and with a smile you remain. He looks at you from top to bottom with a disgusted face, sends you to clean the bedrooms as if you were a maid, then tells you to make his food and clean his clothes, you nod like a good slave.

You approach the kitchen and see again that sharp, silvery opportunity with a black handle, it tempts you, maybe it’s the third time it’s crossed your mind this week. You don’t want to go crazy and do something you might regret later but you stop thinking and your body starts acting by inertia, it doesn’t even follow you, it just acts. The knife is now in your hands and silence takes over you, the football match they give on TV is only a distant noise that no longer matters, this longs for your presence, this moment needs you, that you do what you must do to be free. You turn around and approach the sofa slowly, without making any noise. The very idiot still doesn’t realize of it.

You are only a few steps away and your hands begin to shake uncontrollably, but you manage to position yourself just behind the sofa, seeing his bare neck. You calculate a little the strength you would need and make up your mind, while he keeps laughing at a stupid play by his favorite team. You notice how the sharp blade cuts the flesh from his neck, you see that his eyes open wide, that the blood does not stop emanating from the wound while you stand in stone wondering how you have been able to do something like this. He hasn’t even turned around. He hasn’t even had time to speak.

You don’t hear his laughter anymore. Their screams have disappeared. And the silence has returned, although his smell continues to permeate the room. A smile showed on your face, as you looked at yourself in the mirror of the living room. You don’t recognize yourself anymore.


Publicado en Relatos

Una Elección:

Seguí corriendo tras él a través de la calle, llevábamos así un rato, pero necesitaba ponerle las manos encima a ese idiota. Notaba cómo mi pecho subía y bajaba con fuerza, mientras mi respiración se entrecortaba y trataba de que mis pies no se frenaran. Seguía con los ojos su sudadera roja, era rápido, muy rápido, me dejaba atrás. Sabía que podía cogerle otro día, pero no podía esperar más.

Llegamos a una calle sin salida, estrecha. Fue una buena noticia, aunque para él no tanto, frenó en seco mientras le daba golpes a la pared del fondo. No estaba muy iluminado, una farola era lo único que nos permitía a ambos distinguirnos en la oscuridad. Su respiración se oía más fuerte que la mía y su expresión mostraba una absoluta frustración por no recordar que aquel callejón no era el indicado para escapar. Sonreí, de verdad que no esperaba que aquello pasara, ese tipo había sido muy listo los últimos cuatro meses, escondido como una rata de alcantarilla.

Por fin, estábamos uno frente al otro. Bajé la capucha de mi sudadera y sus ojos se ensancharon, siempre le había seguido oculto. Vi unas gotas de sudor correr por su frente mientras daba dos pasos hacia atrás. Quería mirarle a los ojos antes de hacerlo, quería saber cómo pensaba, cómo sentía, cómo trabajaba su cuerpo antes de atraparle, así que, tomármelo con calma era lo único que me hacía saborear aquel momento. Saqué mi arma de detrás del pantalón, una Beretta M9 preparada y cargada para ese momento. Su tacto era suave, compacto, ergonómico, echaba de menos cómo se sentía tenerla en la mano. Respiré hondo con una sensación de calma que empezaba a embriagarme todo el cuerpo porque esto se terminaba aquí, en este momento.

Le apunté con ella y él se quedó muy quieto. Le temblaron las manos y empezó a tartamudear, buscando piedad en alguien que ya no sabía muy bien qué era eso. Me acerqué a pequeños pasos hasta estar a un poco más de un metro, le tenía justo allí delante, aterrado. He de reconocer que me gustaba verle así.

– Vas a morir. Lo sabes, ¿verdad? – busqué una señal de arrepentimiento pero era solo fingida, no parecía recordarme – Me ha costado cuatro meses encontrarte, la verdad, eres muy escurridizo.

– Por favor… Deje que me vaya, ¡yo no he hecho nada!

– Es curioso, mi mujer no diría lo mismo cuando le pegaste un tiro en la sien y te dedicaste a robar en mi casa, ¿te gustó la experiencia? ¿Lo pasaste bien?

– ¿Qué? ¡No sé de qué hablas, tío!

Respiré hondo una vez más. Por fin me decidí a apretar el gatillo mientras le veía cerrar los ojos con fuerza y sudar como un cerdo. Pero algo me dio en la pierna, dolía. ¡Joder, dolía mucho! Caí al suelo de rodillas, mientras el chico salía corriendo. La rabia empezó a apoderarse de mí, ¿quién había sido el gilipollas que me había disparado? Me giré como pude mientras me cogía la pierna derecha y pude ver al tipo encapuchado con una chaqueta de cuero negro y unos vaqueros del mismo color. No podía verle la cara pero conocía su voz. Su olor…

– Te has equivocado de tío, ¿no crees?

– Hijo de perra… – susurré, mientras la pierna seguía sangrando y me dejaba caer hacia atrás, empezaba a sentirme mareado – ¡Fuiste tú!

– No eres tan buen detective, al fin y al cabo – se acercó desde el final de la calle a paso decidido – Eres idiota.

– ¿Qué…? ¿Pero qué haces?

– ¿Tú qué crees?

Sonrió, mientras se quitaba la capucha y me apuntaba con una Glock. No conseguí ver su cara, no pude ver sus ojos tras apretar el gatillo, no pude entender ese final que me dejó sin aliento y que me hizo perder el conocimiento. La oscuridad me invade. Estoy atrapado, me siento atrapado. Sentado en un rincón, desolado y sin poder gritar.


A Choice:

I kept running after him across the street, we had been like this for a while, but I needed to get my hands on that idiot. I could feel my chest rise and fall with through, as my breathing shortened and I tried not to slow down my feet. I followed his red sweatshirt with my eyes, he was fast, very fast, he left me behind. I knew I could catch him another day, but I couldn’t wait any longer.

We arrived to a street with no exit, narrow. It was good news, although for him not so much, he braked in his tracks while hitting the back wall. It was not very illuminated, a lamppost was the only thing that allowed us both to distinguish ourselves in the dark. His breath could be heard louder than mine and his expression showed absolute frustration at not remembering that this alley was not the right one to escape. I smiled, I really didn’t expect that to happen, that guy had been very smart the last four months, hiding like a sewer rat.

At last, we were facing each other. I pulled down the hood of my sweatshirt and his eyes widened, I had always followed him hidden. I saw a few drops of sweat running down his forehead as he took two steps back. I wanted to look into his eyes before I did, I wanted to know how he thought, how he felt, how his body worked before catching him, so taking it easy was the only thing that made me savor that moment. I pulled my gun out of the back of my pants, a Beretta M9 prepared and loaded for that moment. Its touch was soft, compact, ergonomic, I’ve missed how it felt to have it in my hand. I took a deep breath with a sense of calm that was starting to intoxicate my whole body because this was ending here, right now.

I pointed at him with it and he stood very still. His hands trembled and he began to stutter, looking for mercy in someone who no longer knew very well what that was. I approached in small steps until I was a little more than a meter away, I had him right there in front of me, terrified. I have to recognize I really liked to see him that way.

– You’re going to die. You know it, right? – I looked for a sign of regret but he was just faking it, he didn’t seem to remind me – It has taken me four months to find you, the truth, you are very elusive.

– Please… Let me go, I haven’t done anything!

– It’s funny, my wife wouldn’t say the same thing when you shot her in the temple and you dedicated yourself to stealing in my house, did you like the experience? Did you have a good time?

– What? I don’t know what you’re talking about, buddy!

I took a deep breath once again. I finally decided to pull the trigger as I watched him close his eyes tightly and sweat like a pig. But something hit me in the leg, it hurt. Fuck, it hurt a lot! I fell to the ground on my knees, while the boy ran out. Anger began to take hold of me, who had been the asshole who had shot me? I turned as I could as I took my right leg with both hands and I could see the hooded guy in a black leather jacket and jeans of the same color. I couldn’t see his face but I knew his voice. That smell…

– You made a mistake with the buddy, don’t you think?

– Son of a bitch… – I whispered, as my leg kept bleeding and it let me fall back, I started to feel dizzy – It was you!

– You’re not such a good detective, after all – he came over from the end of the street at a determined pace – You’re an idiot.

– What…? What are you doing?

– What do you think I’m doing?

He smiled, as he took off his hood and pointed a Glock at me. I couldn’t see his face, I couldn’t see his eyes after pulling the trigger, I couldn’t understand that ending that took my breath away and made me lose consciousness. Darkness invades me. I’m trapped, I feel trapped. Sitting in a corner, desolated and unable to scream.


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Todo en su Lugar:

Se había movido. Alguien había movido el jarrón del centro de la mesa. Empezó a sentirse nervioso, inquieto. Trató de seguir andando, las bolsas del supermercado le pesaban y no podía estar mucho tiempo de pie con ellas en las manos, observando el jarrón. Mientras sacaba la comida de las bolsas para ordenarla en la cocina, algo en su mente se activó para recordarle que el jarrón no estaba en su sitio. Quiso olvidarlo con todas sus fuerzas, pero no lo consiguió y tuvo que ir al salón. Primero cogió el metro que tenía guardado en el tercer cajón del mueble de la sala de estar y midió el espacio que tenía entre el jarrón y el borde para ponerlo exactamente igual a cómo estaba, ni un centímetro más ni uno menos, tenía que estar en su sitio.

Una sensación de tranquilidad le invadió tras recolocar el objeto, lo miró de lejos y pudo confirmar que así era, ya no le molestaba a la vista, estaba perfecto. Así que, podía volver a la cocina a organizar la comida. Todo debía estar dentro de las cajas que tenía dentro de la nevera, organizado por colores y en orden alfabético, como lo había hecho con todos sus libros de texto de su habitación y con las novelas que tenía en la estantería del pasillo, todo debía tener ese orden específico en su casa. Abrió y cerró la nevera tres veces para decirse que ya había terminado de colocarlo todo, si no lo hacía se ponía nervioso.

Subió a su cuarto a cambiarse de ropa. Cada prenda la dejaba meticulosamente doblada sobre la cama, luego la colocaba en el cajón que le pertenecía según el color y el tejido. A veces, creía que era un robot pero no podía evitar sentirse relajado cuando lo organizaba todo con esa pulcritud, es más, había recordado que no se había lavado las manos al entrar a casa tras salir a comprar. Podría tener gérmenes de otras personas. Y había tocado su ropa con ellos. También tenía que lavarla. Cogió toda la ropa de ese cajón y la echó a la lavadora, hasta que no empezó a lavarse no conseguía dejar de pensar en ello. Fue corriendo al lavabo para lavarse las manos con jabón, bastante. Siempre lo hacía dos veces, se sentía más seguro. Una sonrisa se dibujó en su cara, estaba limpio.

Bajó al salón a ver la televisión. Se sentó erguido, no le gustaba moverse mucho y tampoco sentir como si cayera dentro del sofá, le inquietaba y se sentía incómodo. Estuvo cambiando canales hasta que encontró el programa que hacían justo a las seis de la tarde, el canal Ciencia que no se perdía por nada del mundo, todos los días debía estar allí para verlo. Parecía hipnotizado, eclipsado por lo que ocurría en la pantalla, hasta que uno de los cristales del salón se rompió. Se giró bruscamente y vio que había caído una piedra dentro de casa desde fuera y que los niños habían estado jugando fuera con ella. Se levantó del sofá mirando la piedra y mirando a los niños que le observaban acercándose cada vez más a la casa. El ojo izquierdo le empezó a temblar, el labio inferior le temblaba también y notaba que el corazón empezaba a palpitarle rápido. Le habían roto el cristal. Y esa piedra estaba llena de barro, había dejado un pequeño camino por la parte derecha de su sofá… Tenía que limpiarlo. Ahora mismo.

Pero el timbre le interrumpió. Su cuerpo empezó a temblar un poco más, le castañeaban los dientes. ¿Quién le molestaba a las seis y diez de la tarde? Se estaba perdiendo el canal Ciencia. Abrió la puerta con fiereza. Los tres niños que habían tirado la piedra y le habían roto el cristal, venían a disculparse. Pero a Greg siguió sin gustarle. Aquello le había interrumpido su tarde de televisión y no podía tolerarlo. Los niños querían ayudarle a arreglarlo, pero él había dejado de oírles. Había cogido la piedra y les pegó con ella, varias veces. Solo quería oír la televisión. Y limpiar el sofá. Y arreglar el cristal. Y lavarse las manos. Por fin se callaron. Se dio cuenta de que la sangre salía de sus pequeños cuerpos, algo que le hizo expirar aliviado porque no volvería a oír más voces en su casa. Pero debía darse prisa o la sangre mancharía la alfombra. La ansiedad empezó de nuevo a aparecer, aumentando cada vez más.


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Everything in its Place:

It had been moved. Someone had moved the vase from the center of the table. He began to feel nervous, restless. He tried to keep walking, the bags in the supermarket weighed on him and he couldn’t stand long with them in his hands, watching the vase. As he took the food out of the bags to sort it out in the kitchen, something in his mind was activated to remind him that the vase was not in place. He wanted to forget it with all his might, but he didn’t get it and had to go to the living room. First he took the meter he had stored in the third drawer of the furniture in the living room and measured the space he had between the vase and the edge to put it exactly as it was, not one centimeter more or one less, it had to be in place.

A sense of tranquility invaded him after repositioning the object, he looked at it from afar and could confirm that it was, it no longer bothered his eyes, it was perfect. So, he could go back to the kitchen to organize the food. Everything had to be inside the boxes he had inside the fridge, organized by colors and in alphabetical order, as he had done with all his textbooks in his room and with the novels he had on the shelf in the hallway, everything had to have that specific order in his house. He opened and closed the fridge three times to tell himself that he had finished putting everything on, if he didn’t he would get nervous.

He went up to his room to change his clothes. Each garment was meticulously folded on the bed, then placed in the drawer that belonged to it according to the color and fabric. Sometimes, he thought he was a robot but he couldn’t help but feel relaxed when he organized everything with that neatness, moreover, he had remembered that he had not washed his hands when entering the house after going out to buy the food. He could have germs from other people. And he had touched his clothes with them. He also had to wash them. He took all the clothes from that drawer and threw them into the washing machine, until it started washing he couldn’t stop thinking about it. He ran to the sink to wash his hands with soap, quite a lot. He always did it twice, he felt safer. A smile was drawn on his face, he was clean.

He went down to the living room to watch TV. He sat upright, didn’t like to move around much, and he didn’t like to feel like he was falling on the couch, he was uneasy and uncomfortable. He was changing channels until he found the program he liked just at six in the afternoon, the Science channel that he was not miss for anything in the world, every day he had to be there to see it. He looked mesmerized, overshadowed by what was happening on the screen, until one of the windows in the living room broke. He turned sharply and saw that a stone had fallen inside the house from outside and that the children had been playing outside with it. He got up from the sofa looking at the stone and looking at the children who watched him getting closer and closer to the house. His left eye began to tremble, his lower lip was also shaking and he noticed that his heart was beginning to beat fast. His glass had been broken. And that stone was full of mud, it had left a small path on the right side of his sofa… He had to clean it up. Right now.

But the doorbell interrupted him. His body began to tremble a little more, his teeth were browning. Who bothered him at six and ten in the afternoon? He was missing the Cience channel. He opened the door fiercely. The three children who had thrown the stone and broken the glass, came to apologize. But Greg still didn’t like it. That had interrupted his television afternoon and he could not tolerate it. The children wanted to help him fix it, but he had stopped listening to them. He had taken the stone and hit them with it, several times. He just wanted to hear the TV. And clean the sofa. And fix the glass. And wash his hands. They finally shut up. He noticed that blood was coming out of their small bodies, something that made him expire relieved that he would not hear more voices in his house. But he had to hurry up or blood would stain the carpet. Anxiety started again, rising.


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Una Vez Más:

Subí las escaleras de aquel mugriento y desolado edificio de tres plantas, había mucho polvo y solo se oían borrachos dentro de los pisos. Pero no oía a Audrey. Según el chico que había en el portal, estaba en el último piso en la puerta de la derecha. Siendo su madre, esperaba saber dónde vivía o estaba mi hijo pero seguía siendo igual de reservado que de costumbre y, a decir verdad, no me estaba gustando aquello pero, tal y como decía mi psicóloga en las sesiones de los miércoles a las tres, debía respetarlo porque era su voluntad.

La puerta era de color verde, un tanto rallada y golpeada. No solo no me gustó, sino que, me di cuenta de que estaba abierta, ni siquiera pasaba la llave con la de locos que vivían por aquí… La puerta chirrió al abrirla. Podía medio ver a Audrey gracias a la luz que entraba desde las farolas de la calle por la única ventana que había en aquella habitación casi vacía, lo único que pude ver era una mesita redonda, un sillón raído y viejo y un colchón en la esquina, justo en el suelo, con un cubo de agua al lado, no parecía tener ni siquiera un lavabo, ¿cómo podía vivir así? Me agarré fuerte a mi bolsito Gucci y me quedé allí plantada mientras le observaba de espaldas a mí. Llevaba algo en la mano que no lograba definir muy bien, pero parecía tenerlo bien cogido mientras su cabeza miraba hacia abajo. Le oía respirar muy fuerte, como si estuviera enfadado o se hubiera dado una carrera.

– ¿Audrey? Soy mamá, he venido a verte. Espero que no te importe que haya entrado, la puerta estaba abierta y…

– Ssshhh – pude oír salir de su boca -.

El silencio volvió a reinar en la habitación, tan solo se oyeron mis tacones al avanzar un poco más hacia él. Ni siquiera se giró para recibirme, miraba hacia una zona oscura donde no llegaba la luz de fuera, parecía hipnotizado pero, ¿qué era lo que estaba mirando con tanta fijeza? El suelo no debía ser, estaba muy sucio como para admirarlo de alguna forma…

– Audrey, cariño…

– Ssshhh – volvió a repetir sin girarse, una vez más -.

Mis manos habían empezado a temblar, me castañeaban los dientes y tenía la piel erizada, si no tenía muebles, era muy poco probable que tuviera calefacción. Di un par de pasos más, haciendo el menor ruido posible. Me asomé un poco para ver qué había en el suelo.

– ¡Oh, dios mío, Audrey! Oh, dios mío, dios mío… – no podía parar de repetirlo, jadeando, asustada -.

– Sshhhh – miré su nuca. Quería irme de allí tan rápido como me fuera posible pero, no pude evitar ponerle una mano en su hombro frío y sin mangas, pero ni siquiera se volvió -.

– Audrey, qué has hecho… Dios mío.

– Cállate.

La sangre que salía del cuerpo tendido y sin vida al que Audrey miraba, había llegado a la zona de luz de la habitación. No me había dado cuenta hasta ese momento pero, empezaba a oler. Muy mal. Cogí a Audrey con más fuerza y le zarandeé. Siguió sin inmutarse. Pero sí que pude ver lo que llevaba en la mano, aquello que no había sido capaz de ver al entrar. Estaba cerca, muy cerca de mí ahora como para distinguirlo. Un cuchillo. Era bastante grande y largo. Pude ver dos gotas de sangre en el suelo provenientes de este y todavía me asusté más. Así que, no pude evitar gritar, estaba histérica.

– ¡AUDREY, dios mío!

En cuanto verbalicé la última palabra, noté algo meterse en mi estómago, afilado y duro, algo que me dejó sin aliento. Esta vez, sí se había girado. Sus ojos abiertos me miraban con fijeza, permanecían sobre los míos sin evitarlos. Sus labios fruncidos debido a la fuerza que había ejercido al clavarme el cuchillo, ahora estaban relajado y apenas se podía distinguir una mueca forzada. Me dejó caer y mi cabeza se dio contra el suelo con un ruido sordo. Audrey se quedó sin el cuchillo. Lo dejó clavado y se marchó con esa respiración entrecortada, quizá de enfado o puede que de desesperación. Una vez más, dejó dos cadáveres tras de sí, olvidados.


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One more time:

I went up the stairs of that filthy and desolate three-story building, there was a lot of dust and you could only hear drunks inside the floors. But I didn’t hear Audrey. According to the boy downstairs, he was on the top floor at the door on the right. Being his mother, I expected to know where my son lived or was but he was still as reserved as usual and, to tell the truth, I was not liking that but, as my psychologist said in the Wednesday sessions at three, I had to respect it because it was his will.

The door was green, somewhat grated and beaten. Not only did I not like it, but I realized that it was open, I did not even pass the key with that of crazy people who lived here… The door squeaked when opened. I could half see Audrey thanks to the light coming in from the street lamps through the only window in that almost empty room, all I could see was a round table, a threadbare old armchair and a mattress in the corner, right on the floor, with a bucket of water next to it, he didn’t seem to have even a sink, how could he live like this? I held tight to my Gucci bag and stood there as I watched him with his back to me. He was carrying something in his hand that I couldn’t define very well, but he seemed to have it well caught as his head looked down. I could hear him breathing very hard, as if he was angry or had given himself a run.

– Audrey? It’s mom, I’ve come to see you. I hope you don’t mind that I came in, the door was open and…

– Ssshhh – I could hear coming out from his mouth.

Silence reigned again in the room, only my heels could be heard as I moved a little further towards him. He didn’t even turn to receive me, he was looking at a dark area where the light from outside didn’t reach, he looked mesmerized, but what was it that he was looking at so fixly? The floor should not be, it was too dirty to admire it in any way…

– Audrey, sweetheart…

– Ssshhh – he repeated again without turning, one more time.

My hands had started shaking, my teeth were browning and my skin was bristling, if he didn’t have furniture, it was very unlikely to have heating. I took a couple more steps, making as little noise as possible. I peeked out a little to see what was on the ground.

– Oh my god, Audrey! Oh my god, my god… – I couldn’t stop repeating it, panting, scared.

– Sshhhh – I looked at the back of his neck. I wanted to get out of there as fast as possible but, I couldn’t help but put a hand on his cold, sleeveless shoulder, but he didn’t even turn back.

– Audrey, what have you done… Oh, my god.

– Shut up.

The blood coming out of the lying and lifeless body that Audrey was staring at, had reached the light area of the room. I hadn’t realized it until that moment, but I was starting to smell it. Too bad. I grabbed Audrey harder and shook him. He remained undeterred. But I could see what he was carrying in his hand, what I had not been able to see when I entered. He was close, too close to me now to tell him apart. A knife. It was quite large and long. I could see two drops of blood on the ground coming from this one and I was even more frightened. So, I couldn’t help but scream, I was hysterical.

– AUDREY, my god!!

As soon as I verbalized the last word, I noticed something getting into my stomach, sharp and hard, something that took my breath away. This time, he had turned. His open eyes stared at me with fixity, remaining on mine without avoiding them. His pursed lips because of the force he had exerted when sticking the knife into me, they were now relaxed, and a forced grimace could barely be made out. He dropped me and my head slammed to the ground with a thud. Audrey was left without the knife. He left it stuck and left with that choppy breath, perhaps of anger or maybe of despair. Once again, he left two corpses behind him, forgotten.


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Melancolía:

Ahí está. Esperándome, agónica. La oigo respirar, siento cómo se acerca, cómo se desliza, cómo me llama. Con sus gélidas manos, tiene el valor de tocar mi cuello, mis manos, mis pies, mientras me evoca escalofríos, un chasquido en los dientes y un temblor incómodo en el ojo izquierdo. Quiere formar parte de mí, de mi cuerpo, de mi interior, desea que me deje llevar, que deje las puertas abiertas para ella, que vuelva a sentirla, que le permita el paso y que nos fundamos como uno solo.

Hacía tiempo que no la sentía, que permanecía en la distancia, anulada, rechazada, envuelta en un manto invisible, casi olvidado, observándome reír por cualquier cosa, sentirme viva, consciente, conectada con mi cuerpo, quizá sintiera celos, quizá envidia al verme tan contenta después de todo lo pasado, puede que no pudiera encajar la buena nueva de que no la quería más en mi vida y se sintió desplazada. Tras dos años, quería volver a entrar, era una nueva oportunidad para hacerse ver, hacerse notar y sentirse importante tras tanto tiempo castigada en la oscuridad, sin palabras que valiesen ni pensamientos que considerara propios.

No sé por qué podía sentirla ahora. Quizá la muerte de mi madre fuera la principal causa, esa tristeza perceptible en la mirada o ese oscuro sentimiento que la muerte siempre evoca en el ser humano cuando un ser querido se va. Creo que vio esa oportunidad que esperaba, ese resquicio de esperanza de volver a formar parte de mi vida, de intensificar mis sentidos, de hacerme olvidar lo bueno de la vida y hacerme llorar por casi cualquier cosa, levantándome de la cama con el cabello enmarañado, sin ganas de desayunar o darme una ducha, solo queriendo quedarme acostada en la cama todo el tiempo del que dispusiera. Eso a ella le gustaba, le enternecía, se alimentaba de mi energía, mis ganas de vivir, sin consuelo o compasión, sino apoyando esa tristeza que hacía propia y que salía de mi interior.

Recuerdo que una vez llegué a pensar en ella, aunque fue un ínfimo pensamiento, casi imperceptible, podría pasar desapercibido, podría haber desaparecido en la nada y ni siquiera mi mente hubiera formulado una pregunta sobre ello pero, ese recuerdo hizo que permaneciera, quizá ese recuerdo fue el que la convenció de volver. Simplemente, me pregunté qué había sido de ella, qué le había ocurrido y por qué se sentía tan distanciada, si realmente, la echaba un poquito de menos. En esos momentos de oscuridad, me había impulsado a crear, a llevar a cabo ideas que no podría haber sacado de mi cabeza si no hubiera estado en esos momentos oscuros que ella misma me tendió en bandeja de plata, tampoco me hubiera inspirado tanto, quizá debía darle las gracias a pesar de las noches sin dormir y los constantes retortijones de cada mañana, las náuseas y la sensación de que las paredes se me iban a caer de un momento a otro.

Creo que ese fue su momento. Se deslizó con inteligencia hasta llegar a mí mientras seguía sonriendo, evitando que otros vieran mi tristeza, moviéndose con cuidado, con sigilo, con un silencio atronador y un objetivo claro. Tan solo tenía que hacer contacto, tenía que sentirla para adentrarse en mí, para volver a crear pensamientos intrusivos, ansiedad, ese llanto antes de intentar dormir, estaba detrás de ese hastío al ir a la oficina cada mañana. Fue introduciéndose hasta tenerme lo suficientemente cerca para atacar, para tenerme entre sus garras y oscurecer cualquier pequeño y diminuto pensamiento positivo que se formaba casi de manera automática en mi mente. Hizo explotar mi subconsciente y un montón de letras, palabras y frases se amontonaron en mi mente, me llevaron a escribir, a desarrollar esa parte oscura a la que no quería enfrentarme, a esa zona de la mente que nadie quiere mirar y darle energizantes golpes al teclado para que la historia se hiciera realidad, para que mi historia tuviera una realidad.

«La Melancolía». Así se llamaba el libro y así se llamaba ella. Siempre hemos tenido una relación de amor-odio que quizá nadie entienda, puede que, en ciertos momentos, ella se haya sentido desplazada o yo la haya apartado cuando no la necesitaba y puede que, anhelarla, me hiciera volver a quererla en mi vida por alguna razón que aún desconozco. Pero ahora que sigue aquí conmigo, dejo que forme parte de mí, que me llene de esa oscuridad que la caracteriza para permitirme a mí misa el sentirme mal, respetando esa faceta, dejándome llevar por ella y descansando la mente cuando así ocurre. Ella no quiere irse y, aunque me gustaría volver a librarme de ella, me gustaría entenderla, saber sus gustos, por qué es tan oscura, por qué siempre quiere ser la protagonista de mis historias y por qué se siente con el derecho de invadirme cuánto más feliz estoy. Le doy tiempo para que me responda a todas esas cosas, quizá son dudas que no tienen mucha importancia, pero puede que algún día, llegue a obtener las respuestas que necesito, puede que ella misma me las diga porque, a veces, la melancolía es solo una emoción que te indica que necesitas descansar y que quizá, no has tenido un buen día, necesita libertad, entrar y salir de ti para ayudarte a aceptarte y quererte un poquito más.

¿Podré aceptarla como una parte más de mí?


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Melancholy:

There she is. Waiting for me, agonizing. I hear her breathing, I feel how she approaches, how she glides, how she calls me. With her icy hands, she has the courage to touch my neck, my hands, my feet, while evoking chills, a snap in my teeth and an uncomfortable tremor in my left eye. She wants to be part of me, of my body, of my inside, she wants I let her to be with me, to leave the doors open for her, to feel her again, to allow her the passage and that we merge as one.

It had been a long time since I felt her, that she remained in the distance, annulled, rejected, wrapped in an invisible mantle, almost forgotten, watching me laugh at anything, feel alive, conscious, connected to my body, maybe she felt jealous, maybe envy to see myself so happy after everything I went through, I may not have been able to fit the good news that I did not want her more in my life and she felt displaced. After two years, she wanted to re-enter, it was a new opportunity to be seen, to be noticed and to feel important after so long punished in the dark, without words that were worth or thoughts that I could consider mine.

I don’t know why I could feel it now. Perhaps the death of my mother was the main cause, that perceptible sadness in the gaze or that dark feeling that death always evokes in the human being when a loved one leaves. I think she saw that opportunity she was waiting for, that glimmer of hope to become part of my life again, to intensify my senses, to make me forget the good in life and make me cry for almost anything, getting out of bed with matted hair, not wanting to have breakfast or take a shower, just wanting to lie in bed for as long as I had. She liked that, she was touched, she fed on my energy, my desire to live, without comfort or compassion, but supporting that sadness that I made my own and that came out of my inside.

I remember that once I came to think about it, although it was a tiny thought, almost imperceptible, it could go unnoticed, it could have disappeared into nothingness and not even my mind would have asked a question about it but, that memory made it remain, perhaps that memory was the one that convinced her to return. I just wondered what had become of her, what had happened to her and why she felt so estranged, if really, I missed her a little bit. In those moments of darkness, she had driven me to create, to carry out ideas that I could not have taken out of my head if I had not been in those dark moments that she herself laid out on a silver platter, nor would I have inspired me so much, maybe I should thank her despite the sleepless nights and the constant cramps I’ve felt every morning, the nausea and the feeling that the walls were going to fall from one moment to the next.

I think that was her moment. She slipped intelligently all the way to me as I kept smiling, preventing others from seeing my sadness, moving carefully, stealthily, with thunderous silence and a clear goal. She just had to make contact, I had to feel it to get into me, to recreate intrusive thoughts, anxiety, that crying before trying to sleep, I was behind that boredom going to the office every morning. She was introduced until she had me close enough to attack, to have me in its clutches and obscure any small and tiny positive thoughts that formed almost automatically in my mind. She exploded my subconscious and a lot of letters, words and phrases piled up in my mind, led me to write, to develop that dark part that I didn’t want to face, to that area of the mind that nobody wants to look at and give energizing taps to the keyboard so that the story would come true, so that my story would have a reality.

«Melancholy.» That’s what the book was called and that’s her name. We have always had a love-hate relationship that perhaps no one understands, maybe, at certain times, she has felt displaced or I have separated her when I did not need her and maybe, longing for her, made me love her again in my life for some reason that I still do not know. But now that she is still here with me, I let her be part of me, that she fills me with that darkness that characterizes her to allow me to feel bad, respecting that facet, letting myself be carried away by it and resting my mind when it happens. She doesn’t want to leave and, although I would like to get rid of her again, I would like to understand her, know her tastes, why she is so dark, why she always wants to be the protagonist of my stories and why she feels entitled to invade me how much more happy I am. I give her time to answer all those things, maybe they are doubts that do not have much importance, but maybe one day, I will get the answers I need, she may tell me them herself because, sometimes, melancholy is just an emotion that tells you that you need to rest and that maybe, you haven’t had a good day, she needs freedom, to come and go from you to help you accept and love yourself a little more.

Will I be able to accept her as a part of me?


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Publicado en Relatos

Malvado:

No podía oírla aunque hablase, aunque volviera a decírmelo mil veces. No me importaba nada. Sus palabras eran flechas que no llegaban a tocarme, estaba hecho de hierro, muchos creían que era sensible, quizá es así como me expreso pero, lo cierto es, que no creo que pueda sentir aunque, no lo malinterpretéis, lo he intentado mil veces. Observo a menudo a mi hermana, una mujer pudiente, enfermera, trabaja como una mula y solo espera que yo, su hermano, haga lo que debo, me empuja a llevar una vida, incluso, a limpiarle las bragas. Veo cómo se desespera y se pone las manos a la cabeza cuando no están las cosas ordenadas o como a ella le gustan, me atrevería a decir que le sangran los ojos cada vez que ve cómo he dejado la cocina de sucia. Pero, no me importa.

Esta mañana es una paella que no he lavado. Su voz parece elevada a simple vista, pero no la escucho. Soy incapaz de oírla, incluso, viendo sus ojos desorbitados y sus ademanes nerviosos. Quiero preocuparme de ella, de su bienestar, soy su hermano mayor y debería, pero no puedo. No quiero. Me fijo en cómo se mueve su cabello, cómo se coge la cabeza, sufre de migrañas, al parecer se las provoca el estrés, mientras no puedo evitar esbozar una media sonrisa, me hace gracia que no se pueda contener, que vaya a explotar, que diga cualquier cosa que no considere como amenazante. Pero, así es Lizzie, ¿verdad? La hija pequeña perfecta, la que consigue todo lo que nuestros padres quisieron conseguir cuando eran jóvenes y, de todo menos amenazante.

Mientras sigue gritando, me pongo los auriculares y elijo poner Northlane a todo volumen, casi tan alto como para reventarme los tímpanos. Cierro los ojos y me dejo llevar tanto como para dejar colgando mi cabeza hacia atrás, como si estuviera colocado. Espera, ¿lo estaba? La oscuridad me posee, me deja pensar, me invade una sensación de libertad indescriptible mientras empiezan a intercalarse flashes en mi mente, donde puedo verme a mí mismo cortándole el cuello a Lizzie con un cuchillo súper afilado, dejándola caer al suelo y riendo estridentemente, tanto como para hacerme despertar y descubrir que mi hermana se había ido. Me quito los auriculares de los oídos y me levanto de la silla, el silencio se había apoderado de la casa, ¿dónde iba a ir un domingo por la mañana? Normalmente, no salía. Espera, esto que estaba sintiendo… ¿era una especie de preocupación? Nah, yo no siento eso.

Abrí la puerta de su cuarto y, allí estaba Lizze, con el cuello desgarrado, sangre salpicada por las paredes y esparcida por la colcha donde ella estaba postrada, inerte, sin vida.


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Evil:

I couldn’t hear her even if she spoke, even if she told me again a thousand times something important for her. I didn’t care about anything. Her words were arrows that did not touch me, I was made of iron, many believed that I’m sensitive, maybe that’s how I express myself but, the truth is, I don’t think I can feel although, but do not misunderstood me, I have tried a thousand times. I often observe my sister, a wealthy woman, a nurse, she works like a mule and only expects me, her brother, to do what I should, she pushes me to lead a life, even to clean her panties. I see how she despairs and puts her hands to her head when things are not orderly or as she likes them, I would dare to say that her eyes bleed every time she sees how I have left the kitchen dirty. But, I don’t care, as usual.

This morning is a pan that I have not washed. Her voice seems raised to the naked eye, but I don’t hear it. I am unable to hear her, even seeing her exorbitant eyes and nervous gestures. I want to take care of her, her well-being, I’m her big brother and I should, but I can’t. I don’t want to. I look at how her hair moves, how she catches her head, suffers from migraines, apparently they are caused by stress, while I can’t help but sketch a half smile, it makes me funny that she can’t contain herself, that she’s going to explode, that she says anything I can consider threatening. But, that’s Lizzie, right? The perfect little daughter, the one who gets everything our parents wanted to achieve when they were young and anything but threatening.

As he keeps screaming, I put on my headphones and choose to turn Northlane on loud, almost so high as to burst my eardrums. I close my eyes and let myself be carried away so much that I leave my head hanging back, as if I were high. Wait, was I? Darkness possesses me, lets me think, invades me with a sense of indescribable freedom as flashes begin to intersperse in my mind, where I can see myself cutting Lizzie’s neck with a super sharp knife, dropping her to the ground and laughing stridently, so much so as to make me wake up and discover that my sister was gone. I take my headphones off my ears and get up from the chair, silence had taken over the house, where was she going on a Sunday morning? Normally, She didn’t go out. Wait, this thing I was feeling… was it some kind of a concern? Nah, I don’t feel that.

I opened the door of her room and, there was Lizzie, with her neck torn, blood splattered on the walls and scattered by the quilt where she was prostrate, inert, lifeless.


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Publicado en Relatos

Voces Insatisfechas:

– Estás equivocado, no debe hacerlo – decía una de las voces. Sonaba segura, firme, sincera -.

– Sí debería. Ese chico podría ser el definitivo – decía otra de las voces. Esta sonaba excitada, exaltada, entusiasmada -.

– ¿Y si la rechaza? ¿Has pensado en ello?

– Podrá con ello, ¡nosotros podemos con todo!

Empezaba a notar cómo me sudaban las manos y la frente, allí de pie delante del supuesto chico de mis sueños, el que esperaba una respuesta rápida pero con el que siempre me trababa a la hora de decir algo tan importante como esto. Mis labios temblaban mientras yo miraba hacia abajo, con el corazón en un puño y notando mis piernas temblar como flanes. Era incapaz de mirarle. Había ido hasta allí para pedirle salir y ni siquiera podía esbozar una sonrisa, ¿pero qué…?

– Hazlo, seguro que te dice que sí. Eres guapa, inteligente e interesante, verás como todo sale bien – esa voz me animó a levantar un poco la barbilla y separar los labios para, finalmente, decir algo pero, la otra voz me interrumpió -.

– ¡No lo hagas! Podría ocurrirte lo mismo que la última vez. Todo podría salir mal y tú verte perjudicada. ¿De verdad quieres volver a pasar por eso? – apreté los labios y, como pude me di la vuelta para volver por donde había venido -.

– No dejes que este cascarrabias dicte esta decisión con algo que viene del pasado y que no sabes ni siquiera si volverá a ocurrir. ¡Inténtalo! – yo seguía andando, dándole la espalda a ese joven apuesto, moreno, de ojos azules y sonrisa maravillosa que ahora, seguramente, estaba cerrando la puerta preguntándose por qué había llamado a su puerta sin explicación -.

– ¿Cascarrabias yo? Tú estás en las nubes – le discutió la voz seria y firme -.

– Creo que le doy a la niña un buen consejo. Tú, sin embargo y como siempre ocurre, vuelves toda la situación del revés, la haces dudar y tira la toalla.

– Recuérdame qué ocurrió la última vez que le diste esa genial idea llena de positivismo y alegrías.

– ¡No fue mi culpa! Ese tío era un aprovechado…

Empecé a notar mi cabeza dar vueltas. Las dos voces discutían, empezaba a creer que nunca se pondrían de acuerdo y yo no sería capaz de decidirme. Pasaron los temblores en cuanto crucé la calle y llegaba a mi casa. Una tercera voz que no tenía idea de dónde provenía, quizá de un punto muy profundo de mi interior, empezó a hablar con voz serena, acompasada, segura y suave, era una de esas voces que no te gustaría olvidar, que penetra en tus oídos y te hace flotar.

– Estoy lista. Quiero una nueva relación y quizá esto sea lo que esté buscando. Puede que me equivoque una vez más pero si no lo intento, no sabré si volverá a ocurrir o se convertirá en la mejor experiencia de mi vida. Debo volver allí. No quiero perder esta oportunidad. Nos conocemos desde niños, siempre hemos jugado juntos y, ¿ahora tengo miedo de decirle lo que siento? Tengo que volver.

Me llené de energía y valor para volver a llamar a su puerta una vez más. Esta vez, no sentía ningún temblor, sino confianza, algo que llevaba mucho tiempo sin sentir. No había voces que escuchar, quizá estaban expectantes para ver qué ocurría, una de ellas enfadada porque no había dejado que siguiese con su negativa y, la otra, quizá esperando ver el mejor beso de película de la historia. Cole abrió la puerta. Me miró y sonrió.

– Has vuelto.

– Sí, bueno. Quería decirte algo.

– ¿Ah, sí? ¿Qué querías decirme?

Dejó la puerta tras de sí entreabierta y sus ojos se centraron en mí completamente. Así que, le besé, sin más. Fue húmedo, intenso y duró más de lo que había esperado. ¿Me había devuelto el beso? ¿Le gustaba?

– ¿Ves? ¡Sabía que saldría bien! – la voz alegre anticipaba acontecimientos pero esperaba lo mismo que ella -.

– Déjame en paz, quiero ver cómo la destroza.

Cuando nos separamos, nos miramos durante unos segundos y sonreímos. Ambas voces siguieron hablando pero ahora, eran un eco lejano. La única voz que podía oír era la mía en mi interior, diciendo:

– ¡Esa es mi chica!


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Unsatisfied Voices:

– You’re wrong, she shouldn’t do it – said one of the voices. It sounded confident, firm, sincere -.

– Yes, she should. That boy could be the definitive one – said another of the voices. It sounded excited, exalted, enthusiastic -.

– What if he reject her? Have you thought about it?

– She can with it, we can with everything!

I began to notice how my hands and forehead sweated, standing there in front of the supposed boy of my dreams, the one who expected a quick response but with whom I always stuck when it came to say something so important as this. My lips trembled as I looked down, my heart in a fist and noticing my legs trembling like custards. I was unable to look at him. I had gone there to ask him out and I couldn’t even smile, but what…?

– Do it! He says yes for sure. You are beautiful, intelligent and interesting, you will see how everything goes well – that voice encouraged me to raise my chin a little and separate my lips to, finally, say something but, the other voice interrupted me -.

– Don’t do it! The same thing could happen to you last time. Everything could go wrong and you could be harmed. Do you really want to go through that again? – I pressed my lips and, as I could, I turned around to go back where I had come from -.

– Do not let this curmudgeon dictate this decision with something that comes from the past and that you do not even know if it will happen again. Try! – I kept walking, turning my back on that handsome, black haired, blue-eyed, wonderful smile young man who was now, surely, closing the door wondering why I had knocked on his door without an explanation -.

– Curmudgeon, me? You are in the clouds all day long!- the serious and firm voice discussed -.

– I think I give the girl a good advice. You, however, as always happens, turn the whole situation upside down, make her doubtful and make her thing in throw the towel.

– Remind me what happened the last time you gave her that great ideas full of positivity and joy.

– It wasn’t my fault! That guy was a profiteer…

I started noticing my head spinning. The two voices were arguing, I was beginning to believe that they would never agree and I would not be able to decide. The tremors passed as soon as I crossed the street and arrived at my house. A third voice that I had no idea where it came from, perhaps from a very deep point inside me, began to speak with a serene, rhythmic, confident and soft voice, it was one of those voices that you would not like to forget, that penetrates your ears and makes you float.

– I’m ready. I want a new relationship and maybe this is what I’m looking for. I may be wrong once again but if I don’t try, I won’t know if it will happen again or become the best experience of my life. I must go back there. I don’t want to miss this opportunity. We’ve known each other since we were kids, we’ve always played together, and now I’m afraid to tell him how I feel? I have to go back.

I was filled with energy and courage to knock on his door once again. This time, I didn’t feel any tremors, but confidence, something I hadn’t felt for a long time. There were no voices to hear, perhaps they were waiting to see what happened, one of them angry because the other one had not let her continue with her refusal and, the other one perhaps waiting to see the best movie kiss in history. Cole opened the door. He looked at me and smiled.

– You came back.

– Yeah, well. I have something to tell you.

– Yeah? What is it?

He left the door behind him ajar and his eyes focused on me completely. So, I kissed him. It was wet, intense and lasted longer than I had expected. Had he kissed me back? He liked it?

– See? I knew it would turn out well! – the cheerful voice anticipated events but I expected the same as she did -.

– Leave me alone, I just want to see how he destroys her.

When we got separated, we looked at each other for a few seconds and smiled. Both voices kept talking but now, they were a distant echo. The only voice I could hear was mine inside me, saying:

– That’s my girl!!


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Publicado en Personajes

Lizbeth: La que Respira Bajo el Agua

Relato procedente: «Respirando Bajo el Agua«. Edad: 24 años.

Ciudad: Ontario. Profesión: Pintora.

Descripción física:

Mi cabello largo hasta más abajo de los hombros es ondulado, a veces, me da mucho trabajo, otras se comporta y me deja jugar con él como quiera, tiene los mismos cambios de humor que yo. Mis ojos son de un color grisáceo oscuro, el cual, hace que los demás me recuerden que son parecidos a los de un gato, no me suelen gustar mucho pero suelo esbozar una sonrisa tímida y seguir hacia delante sea cual sea la conversación que esté teniendo. Mi tez es algo pálida, mucha gente me insta a que tome más el sol pero es una cosa que no me importa demasiado. Mis labios son gruesos y carnosos, tanto que todo el mundo cree que me los he operado pero, no hay nada como lo natural, ¿verdad? Mi delgadez suele preocupar a muchos pero siempre he pesado lo mismo y, por mucho que como, no subo de peso, así que, lo he aceptado sin problemas aunque los comentarios hirientes siguieran ocurriendo. Suelo vestirme con ropa un tanto ancha de diferentes colores y texturas, sin predominar ninguno en especial, pero siempre me ha encantado la ropa cómoda.

Descripción de la personalidad:

Suelo ser una persona bastante dulce, dada a los demás aunque me estrese o me lleve a preguntarme por qué lo soy si no obtengo lo mismo de los demás. Me encanta observar las estrellas y vivir en soledad, soy bastante introvertida y suelo dejar unos días de la semana para compartir mi vida con amigos. Soy bastante bromista y un tanto sarcástica, a veces, episodios depresivos me atrapan y la ansiedad me abruma pero siempre me levanto y hago lo que debo. No podría asegurar si soy feliz o no, pero sí podría decir que trato de serlo y de llevar unas rutinas saludables para mí para que justo eso ocurra y que pueda abrirme un poco más a nuevas cosas y amistades, aunque creáis que no, me cuesta un poco socializar.

Una infancia con altibajos:

Mis padres se gritaban mucho. Delante de mí, estuvieran donde estuviesen, incluso, si había gente delante. Muchas veces, los temas tenían que ver conmigo y mi educación y otras, sobre la economía de casa, mi padre gastaba demasiado en caprichos y mi madre era un poco más ahorradora y pensaba más en lo que podría suceder en el futuro. Creían que no les oía o que no me daba cuenta del daño que se producían entre ellos con palabras hirientes y frases desconcertantes, pero sí que lo hacía. Normalmente, cerraba la puerta de mi cuarto y me metía en el armario con la barbilla tocándome las rodillas, apretaba los ojos y tarareaba la nana que mi madre solía cantarme cuando yo era muy pequeña para conseguir no oírles.

Había momentos en los que ellos estaban bien, trataban de hablar las cosas y llegaban a algún que otro acuerdo pero en unos cuatro o cinco días, todo volvía a ser lo mismo, mientras mi humor cambiaba a la par que sus discusiones. No podía concentrarme cuando traía deberes a casa, así que, prácticamente todas las tardes me las pasaba en la biblioteca de la ciudad, tratando de alejarme al menos por unas horas. Lloraba entre clases y mis notas bajaban pero mis padres no se daban cuenta, centrados en sus problemas y tan ignorantes de los míos, les pedí ayuda a mis profesores y, sin ningún problema, me ofrecieron apoyo y espacios agradables para estudiar y poder centrarme en lo que debía.

Adolescencia y divorcio:

Mis padres duraron unos siete años más por mí, aunque parecía que estuvieran separados en la misma casa, pretendiendo que seguían juntos y que todo iba bien pero yo sabía que no todo lo que dejaban ver era oro viviendo lo que viví con ocho años entre ellos. A mis 16 tan solo deseaba tener 18 para irme de casa, al menos, para vivir con otros amigos en un piso y, poder al menos, separarme de aquel ambiente tóxico. Se iban a dormir a diferentes horas y mi padre seguía en el sofá, algo incómodo entre sábanas, repitiéndome que aquello era temporal y que no me preocupara, cosa que sabía era mentira, ya hacía tiempo que aquello no funcionaba. Mamá tonteaba con hombres un tanto más jóvenes que ella, trataba de disimular delante de mí pero se relamía los labios cada vez que veía el culito de un buen candidato para acostarse con ella, porque no olvidemos esa época de locura sexual que empezó a fluir en ella desde el momento en que mi padre y ella lo dejaron…

Cuando cumplí 17, me dieron la noticia: se iban a divorciar. Fue algo que acepté de lleno porque ya me lo esperaba, no sabían disimular muy bien y creían que no les escuchaba pero sí lo hacía. Papá se fue de casa tras darme un beso en la frente y recordarme que podía ir a verle cuando quisiera, algo que no ocurrió porque se fue de la ciudad tras un par de semanas viviendo en un hotel y salirle trabajo en el extranjero, sabía de él si llamaba una vez al mes o cada dos meses, cuando podía y, bueno, me quedé viviendo con mi madre, la cual, se quedó con todo. Con lo que ya contaba era que iba a empezar a traerse a chicos a casa, aquello parecía algo así como un prostíbulo. Pasé de escuchar voces a gemidos, mientras trataba de estudiar y centrarme, a ella todo le daba igual.

Independencia y ansiedad:

A mis 18 ya podía irme de casa, era una edad que estaba queriendo alcanzar para hacerlo, ya no aguantaba a mi madre ni las mañanas de desayuno con sus ligues sin camiseta y en calzoncillos recorriendo la casa. Unos amigos alquilaron una casa cerca de la playa y me ofrecieron vivir con ellos para compartir gastos, así que, no dudé en aceptar y empezar a trabajar de camarera doblando turnos y tratando de sacarle el máximo partido a esa vida para no volver a la antigua, de hecho, no veía mucho a mi madre, la cual, pasó de ser pasota a las botellas de alcohol barato.

Mi ansiedad empezó a ser un poco más fuerte cada año que pasaba y los síntomas se intensificaban, a cuanto más estrés, más incómoda me sentía al día siguiente, era horrible. Mi mente pasaba de pensamientos intrusivos y sentimientos depresivos a momentos de felicidad y de quererme inmensamente a mí misma, de querer seguir adelante y progresar, luego me presionaba el pecho y no podía respirar, otros días estaba cansada y, a la vez, relajada, pero tenía momentos en los que no podía salir del baño y tenía que llamar al trabajo para decir que estaba enferma y no podía moverme de la cama, me invalidaba la mayor parte del tiempo, así que, mis amigos me aconsejaron que fuera a ver a una psicóloga que pudiera ayudarme.

Mientras, respiraba bajo el agua:

Muchas veces, muchísimas, sentía que esos pensamientos hacían que me ahogara. Cada vez iba adentrándome más y más en la oscuridad, agarrada de pies y manos, sin poder salir a la superficie, totalmente paralizada. Pero notaba que, en cuanto trataba de revivir algún recuerdo que tuve en la infancia, mi cuerpo empezaba a elevarse y a acercarse a la superficie cada vez con más fuerza y rapidez, así que, iba agolpando algunos en mi cabeza para volver a vivirlos dentro de mí hasta que, poco a poco, pude salir del agua, con la vista borrosa, un bote salvavidas y notando que alguien me arrastraba hacia la orilla donde tosía y dejaba que el aire entrara en mis pulmones al mismo tiempo.

Esa era mi ansiedad, así me hablaba, así me hacía sentir cada día. Mi bote salvavidas era una psicóloga, la verdad, bastante dulce y atenta a mis constantes rumiaciones y pensamientos negativos. Me hizo entender lo importante que era tenerme presente a mí misma y a observarme para estar mejor cada día, cómo las rutinas eran el centro de todo para una buena recuperación y un estado de ánimo normal. Pude poco a poco, ver la luz al final del túnel a base de muchas conversaciones y expresar mis miedos más extremos, mis tontas dudas y las formas tan obsesivas y torpes en las que solía hacer las cosas, sumando la inseguridad y la falta de autoestima que mis padres fueron provocando en mí entre discusiones.

Un futuro encontrándome a mí misma:

Supongo que aún tengo mucho trabajo que hacer por delante y una constante superación porque no todo se desvanece en dos días, si parase, volvería a empezar de cero entre miedos y ganas de huir de situaciones difíciles para no tomar decisiones. todavía tengo un camino que recorrer para encontrarme a mí misma y saber qué es lo que estoy buscando, qué quiero realmente y qué es lo que espero de mí, de mi recuperación, los logros que deseo conseguir y cómo he de reaccionar ante los problemas, no todo es teoría, luego se debe poner en práctica.

Ahora, tan solo he de caminar en la dirección correcta…


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Abby: La Hipocondríaca

Relato procedente: «Realidad Supuesta«. Edad: 25 años.

Ciudad: Maine. Profesión: Camarera.

Descripción física:

Mi cabello negro me llega hasta los hombros, sedoso, liso y bien cuidado, trato de ir a la peluquería una vez al mes para comprobar que la limpieza que le aplico es de calidad, tengo hecho el flequillo hacia un lado ya algo largo pero con la medida perfecta. Mis ojos castaño oscuro suelen mostrar nerviosismo o ansiedad porque siempre miro hacia ambos lados o evito la mirada ajena porque me incomoda, son los que más me delatan. Mi tez es pálida y me gusta así, no soy de esas personas que se va a la playa a tomar el sol, ¿y si me salieran manchas y me diera cáncer de piel? Prefiero la sombra y los meses fríos. Estoy bastante delgada, algo que me obsesiona pero que, a la vez, me tranquiliza, si tuviera unos kilitos de más, pensaría que me va a dar un ataque cardíaco o me va a subir el azúcar, quizá pensar en tener diabetes o creer que voy a reventar y ensuciar de grasa las paredes de mi cuarto. Normalmente, suelo salir con vaqueros y cualquier camiseta de manga corta básica, sin dibujos, de cualquier color y unas deportivas, incluso, en verano, no me gusta mostrar demasiado… ya sabéis, el sol.

Descripción de la personalidad:

Soy de esas personas a las que la mente les habla constantemente, negativa a rabiar, con unas ideas de futuro yendo a lo catastrófico y con serios problemas de confianza hacia mí misma y los demás. Dicen que soy tímida, introvertida y callada, no me suele gustar rodearme de demasiada gente días seguidos, no sé qué gérmenes pueden traer consigo y no es bueno estar lavándose las manos con jabón mucho, tampoco sé qué productos nocivos le ponen a estos, podrían dañar la piel gravemente, así que, prefiero caminar y vivir sola, ir a trabajar y dedicarme a mis hobbies en mis ratos libres. No dejan de decirme que tengo una personalidad muy obsesiva e hipocondríaca, pero soy incapaz de saberlo, simplemente, hago lo que debo hacer para cuidar mi salud, ¿verdad?

Infancia arrebatada:

Todo empezó con una tos. Lo recuerdo perfectamente. Era una simple tos, tonta, despreocupada y sin necesidad de prestar más atención. La empecé a oír por la mañana durante unos días, luego algo más fuerte y solía aparecer por la tarde también, incluso, por las noches y no me dejaba dormir, parecía que se estuviera ahogando. No tenía nada más que tos. Y todo podría haberse quedado así, pero a veces, le faltaba el aire. Otras, le dolía el pecho al respirar y un día, tras pensar que era una fuerte gripe, fuimos al médico. Después de muchas pruebas, este concluyó que, sin duda alguna, mi padre tenía cáncer con tan solo 40 años de edad. Mis ojos se abrieron de par en par y sentía que mi alrededor se paraba. A penas escuché a su médico decir a lo lejos que iban a operarle en el menor tiempo posible, era la única opción para salvarle pero no las tenía todas consigo con que funcionara, le quedaba muy poco tiempo de vida.

Perdí un día de clase y le acompañé al hospital, necesitaban a alguien que estuviera con él y esa era yo, tan solo me tenía a mí porque mi madre se fue cuando yo tenía siete años, borracha, drogada y con unas ojeras de elefante. Hacía tiempo que los abuelos habían fallecido y, bueno, nos teníamos el uno al otro. Esperé durante horas en aquel pasillo sin ventanas con enfermos caminando arriba y abajo entrando y saliendo de sus habitaciones o en camillas llevadas por enfermeros con muchos cables y botones encima o alrededor. No sabían hasta qué punto aquello resultaba aterrador. Notaba mi pulso acelerado, quería levantarme pero me temblaban las piernas y, por estúpido que parezca, no quería caerme al suelo. Por fin salió. Estaba en coma, en la camilla. Le llevaron a su habitación. Me dijeron que había que esperar a que se despertara, que les llamase si necesitaba algo.

Le leí durante días periódicos, libros de aventuras, cómics de superhéroes porque sabía que los odiaba, incluso, le llevé revistas de coches. Nada funcionó. No despertaba. Pasaron meses y no me moví de la silla. Hasta que, un último suspiro salió de su boca y una máquina que tenía cerca, empezó a pitar muy fuerte. Los médicos corrieron, le hicieron un montón de cosas, supongo que todo lo posible para más tarde mirarme y susurrar: «Hora de la muerte: 11:20. Lo siento mucho, niña». Con eso, pensaron que me quitaban todos los males, tanto como los dolores de cabeza que me produjeron los diferentes tipos de ataúdes que podía elegir y cómo querría que fuese la ceremonia. No tenía ni idea, solo tenía 11 años… los suficientes como para ir a un orfanato.

La Casa de los Horrores:

Lo llamaba así porque daba miedo. De ahora en adelante iba a vivir en una iglesia grande, aburrida, con jardines exteriores a los que no me podría acercar y con niños que estaba segura no me caerían nada bien. No me equivocaba mucho. Me enseñaron mi habitación, la compartía con otra niña bastante callada pero muy suya con sus cosas, no le gustaba que nadie se las tocara o las moviera de sitio, tampoco que se sentaran en su cama o tocaran sus mesilla de noche, podía empezar a gritar sin parar. Estaba pirada. Me daba igual, solo me dedicaba a estudiar la bazofia que daban como asignaturas para poder salir de allí lo antes posible, ser la joven más desagradable del mundo cuando venían adoptantes, leía mucho entre horas, comía la porquería que daban por comida y dormía las 8 horas que me tocaban. Todo esto sin rechistar, con la cabeza baja, sin llamar la atención y con unas ganas locas de cumplir los 18.

Venidos de la nada, los dolores de cabeza se hacían cada vez más presentes al igual que los de espalda, las náuseas, los temblores en las piernas y la inestabilidad, me sentía débil de repente. Mi cabeza empezó a preguntarse qué podría estar pasando. Lloraba en el baño, asustada. No se lo dije a nadie hasta que fue a más y me desmayé en el pasillo, cerca de la enfermería. Me hicieron mil pruebas pero eran incapaces de identificar qué ocurría con mi cuerpo, reaccionaba a algo pero no sabían a qué. Tuvieron que mandarme a un hospital a las afueras de la ciudad para poder hacerme más pruebas, allí fue donde descubrí qué era la ansiedad, los ataques de pánico y la obsesión tras un pensamiento de enfermedad. Cuanto más lo pensaba, más enferma me sentía. Después de meses ingresada, esperando los resultados, la médico vino con una psiquiatra y me diagnosticaron estrés postraumático. La muerte de mi padre me había afectado mucho pero no lo exteriorizaba a través de emociones como la tristeza, el cansancio mental, la rabia, la frustración o, incluso, la ira, sino que mi cuerpo mostraba todas aquellas cosas a través de mi cuerpo.

Así es como la terapia empezó para mí.

Independencia Querida:

Hice lo imposible para no entrar en casas de adopción con familias que no iban a ser nunca mis padres y que no quería que lo fuesen, la idea de que les reemplazaran me ponía la piel de gallina, así que, conseguí que nadie me adoptara y así finalizar mi época de orfanato a mis 18 años de edad, momento por el cual, podía decidir irme o quedarme un tiempo más hasta que encontrase casa y trabajo. Mi padre me dejó algo de dinero, así que, lo primero que hice cuando salí fue alquilar un piso un tanto alejado del centro para vivir y empezar a trabajar de camarera, era dinero fácil y rápido, cansado y pesado, pero fácil que, al fin y al cabo, era lo que necesitaba en ese momento y en el día de hoy. Me ha ido gustando bastante más y he estado en el mismo lugar desde que empecé, he tenido una pequeña familia por aquí.

Empecé a ganar un poco más de dinero porque hacía más horas, con ello vinieron algunos problemas de estómago y de espalda, al parecer, por estrés pero no podía evitar que esa voz en mi cabeza hablara y me mostrara una serie de realidades supuestas en las que yo tenía una enfermedad terminal y en las que iba a morir con seguridad, al igual que lo hizo mi padre. No podía evitar aquella presión en el pecho, aquel pánico por algo que no había ocurrido, aquella falta de aire y esos malos momentos sentada en la silla cerca del escritorio del médico que te dice que no te preocupes y que se te pasará, que todo es causa del nerviosismo contenido y que tan solo debes llevar un tratamiento de descanso y menos horas de trabajo diarias. El alivio que sientes no te lo quita nadie….

Un futuro de terapia y mejora:

Hubo un momento en el que pensé que la terapia ya no sería necesaria, que había superado la muerte de mi padre y que seguía adelante como cualquier otra persona que había pasado por lo mismo que yo, pero tras salir del despacho del médico y haber notado todas aquellas sensaciones de nuevo, tuve la necesidad de llamar a la psiquiatra que me trató hacía unos años por el tema del estrés postraumático porque ella sabía de mi caso y para no tener que empezar a contarlo todo de nuevo, era jodido. Concertamos una cita, algo que me hizo sonreír. Aunque nunca confié en nadie de verdad, ella consiguió que sí lo hiciera con ella, a través de esa voz tan dulce, de su apoyo emocional constante y sus palabras de consuelo, hacía que me dejara llevar entre sus palabras y eso lo llegué a valorar mucho.

Te caes y vuelves a levantarte pero, si vuelves a caer y necesitas a alguien que te sujete y te ayude un poco para que vuelvas a poner ambos pies en el suelo, pues adelante. Debes hacerlo.


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Publicado en Relatos

Realidad Supuesta:

Estaba en el hospital. Me habían dicho que sufría de algo muy grave, ¿cáncer, quizá? No pude oírlo bien, la voz del médico se disipaba y su rostro se volvía borroso, no podía entenderle, sus labios se movían lentamente. Algunas enfermeras trajeron una camilla para trasladarme a mi habitación, al parecer, tenían que ingresarme, debían operarme urgentemente… ¿De qué? Noté que mi corazón me palpitaba muy rápido, que me quedaba sin aire y se me secaba la boca, como si me hubiera quedado sin saliva. Mi mente volvía una y otra vez a preguntarse qué me ocurría, por qué tenía que pasarme esto a mí y qué había hecho en la vida tan malo como para merecer aquella desdicha. Pero, operarme… ¿de qué?

Me vi a mí misma caer al suelo, hiperventilando. El médico trató de cogerme la cabeza para que no me hiciera daño y me subió a la camilla. Seguía sin poder verle nítidamente, como si mis ojos no visualizaran bien mi entorno. Noté que mis manos temblaban conforme las enfermeras me llevaban a mi habitación, pasando una puerta blanca aterradora y de la que pensaba no iba a volver a salir. Ahora mi corazón estaba a punto de salírseme del pecho, mis ojos se ensancharon y mi respiración se entrecortaba, era el momento perfecto para tener un ataque de pánico… Dios. No podía estar pasando aquello, no podía… Tenía mucho que estudiar. ¡Oh, dios mío! Mi examen. ¡Tenía un examen! Me incorporé gritando mientras las enfermeras dejaron la habitación sin siquiera volverse.

– ¿Me está escuchando? Oiga – pestañeé al tiempo que me daba cuenta de que estaba sentada frente al escritorio de mi médico – Sus resultados han salido muy bien, no tiene de qué preocuparse, puede que haya pasado por momentos de estrés últimamente y por eso haya notado algunos cambios bruscos en su cuerpo…

– Oh, emm… Eso… Eso está genial, sí – respondí, mientras observaba la habitación extrañada, ¿cómo había llegado allí? -.

Recogí los resultados de las pruebas y salí del hospital con una media sonrisa. Mi corazón ya no palpitaba deprisa, mi cuerpo había dejado de estar tenso, podía verlo todo con claridad y podía presentarme al examen de mañana. Todo había sido tan real… El hospital, la camilla, la enfermedad misteriosa y las enfermeras que ignoraban mis gritos… ¿nada de eso había ocurrido? Volví a mirar y a tocar todo mi cuerpo, ¡estaba entera! ¡Estaba viva! Con una hipocondría del carajo… pero viva.


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A Supposed Reality:

I was in the hospital. I had been told that I was suffering from something very serious, cancer, perhaps? I couldn’t hear him well, the doctor’s voice dissipated and his face became blurry, I couldn’t understand him, his lips were moving slowly. Some nurses brought a stretcher to move me to my room, apparently, they had to hospitalize me, they had to operate on me urgently… about what? I noticed my heart beating very fast, I ran out of air and my mouth dried up, as if I had run out of saliva. My mind came back again and again to wonder what was happening to me, why this had to happen to me and what I had done in life so bad as to deserve that misdeed. But, surgery… about what?

I saw myself fall to the ground, hyperventilating. The doctor tried to grab my head so it wouldn’t hurt me and put me on the stretcher. I still couldn’t see him clearly, as if my eyes didn’t visualize my surroundings well. I noticed my hands trembling as the nurses took me to my room, passing a terrifying white door and I thought I wouldn’t get out of there again. Now my heart was about to come out of my chest, my eyes widened and my breathing was choppy, it was the perfect time to have a panic attack… God. I couldn’t be going through that, I couldn’t… I had a lot to study. Oh, my God! My exam. I had an exam! I joined screaming as the nurses left the room without even turning back.

– Are you listening to me? Hey – I blinked as I realized I was sitting in front of my doctor’s desk – Your results have gone very well, you don’t have to worry, you may have been through stressful times lately and that’s why you’ve noticed some sudden changes in your body…

– Oh, emm… that… That’s great, yes – I replied, as I looked at the missed room, how had I gotten there? -.

I collected the test results and left the hospital with a half smile. My heart was no longer beating fast, my body was no longer tense, I could see everything clearly and I could go and do my tomorrow’s exam. Everything had been so real… The hospital, the stretcher, the mysterious illness and the nurses who ignored my cries … none of that had happened? I looked again and touched my whole body, I was whole! I was alive! With a crazy hypochondria… but alive.


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