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Superficial:

Superficial

Supongo que este es un tema muy hablado, quizá redundante pero lo podemos ver allá donde vayamos, haciendo que muchos no nos sintiéramos cómodos con ciertas situaciones de nuestro alrededor. Normalmente, la gente juzga, etiqueta, siempre sin saber nada sobre ti, cualquier detalle de tu físico va a contar puntos para destrozarte. Con las relaciones románticas pasa exactamente lo mismo, lo que ocurre es que en vez de sentirte rechazado por un grupo de personas, tan solo es una la que te dice que «no eres su tipo» porque no eres guapa, quizá porque tienes unos kilos de más o porque en vez de ser rubia, tienes el pelo negro.

Aquí no hablo solo de chicos, también lo hago de las chicas, de todo el mundo en general. Siempre hay un tipo, se forma una especie de persona que tú mismo te has imaginado y tratas de encontrarla en la calle, en el trabajo o quizá en el gimnasio al que vas cuatro días a la semana. No hay nada más importante que encajar a esa chica/o en el tipo que tienes en tu mente, nadie más llega a estar en tu radar porque no tiene nada que ver. Es curioso cuando llamamos a alguien guapo/a y cómo lo comparamos con alguien al que llamamos tan solo majo/a, la diferencia es el físico. En el primer caso, aceptarías de buen grado empezar una relación amorosa con esa persona aunque no la conozcas porque su físico te atrae pero, en el segundo caso, te parece simpática pero no lo suficiente como para iniciar nada, tampoco tiene cabida el pensar en ello ni por un segundo.

¿Qué pensarían los demás si te viesen con una chica/o feo/a? Qué raro seria, ¿verdad? Te podría decir que son los demás lo que lo califican como tal, no tienes por qué hacerlo tú, hay gente muy dulce, encantadora, especial esperando a ser vista, a ser tratada con respeto, a dejar de estar sola tan solo por su aspecto físico, algo que no se va contigo cuando mueres, lo cual, deja de tener demasiada importancia cuando lo piensas. Las personas que son etiquetadas como feas, normales, tablas de surf por no tener casi pechos, marimachos, etc, se resignan a estar solas, a permanecer entre las sombras de su amiga la guapa, la joven que le gusta a todos los chicos, mientras ella tan solo tiene que callar, escuchar y comportarse como una mujer femenina, aunque no le apetezca, todo por encajar y conseguir gustarle a alguien.

Yo fui esa chica hace unos años. Insegura, desconfiada, no trataba de encajar o ser quién no era pero no conseguía que nadie me viese, sin autoestima y con poca confianza en mí misma, me veía fea, pensaba que nadie me querría nunca y que estaría sola, de hecho, el difícil tema de tener hijos no se me pasaba por la mente jamás, ¿cómo iba a pensarlo si quiera si nadie me daba una oportunidad? Tan solo pedía una cena, una conversación, una amistad que le diera la libertad de conocerme y, quizá gustarle un poco. Nadie lo hizo, porque no era su tipo, porque no cumplía los estándares de una mujer femenina (y confesaría que todavía no los cumplo), porque no les atraía nada de mi físico y absolutamente nadie se acordaba de mí, era olvidable, respiraba pero no existía y, aunque me gustara un chico o chica, tenía que olvidarme, me daba un plazo de cuatro meses para hacerlo y hacía lo imposible por cumplirlo. Curiosamente, alguien se fijó en mí, alguien con el que llevaba una eternidad conociendo a través del móvil, no era guapa pero tenía personalidad, no tenía tetas o un culo monumental pero usaba mejor el cerebro que cuatro tías guapas y rubias juntas. Fabio miró más allá, me dio una oportunidad de ser yo.

Siempre he dicho que para conocer a alguien de verdad, debes profundizar, encontrar puntos en común, entrar en debate en algunas cosas para ver cómo reacciona el otro, no solo terminar con algo tan simple como los pechos de una persona, su tono de piel o cabello o el color de sus ojos, es muy triste. Muchas de las personas que se dejan llevar por el flechazo o por la atracción física, consiguen una relación de unos dos o tres meses, luego lo dejan, no crean estabilidad porque han idealizado a esa persona desde el primer momento en que la han visto, han creado esa falsa imagen en la que todo es perfecto, en la que la belleza ciega a la persona que hay debajo que, muchas veces, puede ser ruín, quizá celosa, controladora, manipuladora… ¿por qué no lo viste antes? Porque ni siquiera te molestaste en tener varias conversaciones antes, porque te cegó una cara bonita. Triste pero de esto va la sociedad, de nada más puro, interesante que un simple color de ojos o el tamaño de unos pechos…

Quizá suene cursi pero, sí creo en esa frase de «La verdadera belleza está en el interior», lo de fuera es una capa, es una máscara que nos hace olvidarnos de todo lo demás, que nos hace invencibles y que nos hace incluirnos en grupos sociales si somos guapos e interesantes, si no, no tenemos absolutamente nada que hacer, vagamos en soledad, algo que a muchos les beneficia y a otros, puede que no. ¿Para qué se busca una cara bonita? Para presumir de ella con los amigos, para que todos digan lo buena que está, el buen gusto que tienes, la envidia que te tienen por estar con una chica tan impresionante, para acostarte con ella y luego contárselo a todo el mundo y crear esa imagen de ti, para hacerte sentir mucho más masculino de lo que ya te sientes. Mientras que otras personas, pueden darte estabilidad, pueden crear un sentimiento profundo en ti, pueden cuidarte cuando estás malo, apoyarte en las situaciones difíciles… algo que quizá, no haría una chica mona y resplandeciente, podría romperse una uña…

Amtes de juzgar a alguien, conócelo. Antes de decir «no» dale una oportunidad. Y antes de decir «no es mi tipo», pregúntate por qué tienes un tipo, si quiera.

¿Qué opináis sobre ello? ¡Dejadlo en comentarios!

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Mis Cambios:

Mis Cambios

Bueno, todos cambiamos para bien o para mal y es algo constante, quizá mañana no seas para nada a cómo eres hoy, aunque lo disfrutes como nunca, siempre hay algo que cambia, que se inclina y equilibra la balanza. Quería compartir con vosotros algunas de las cosas que creo que he cambiado desde el interior hacia afuera porque es importante dejarlo escrito, porque lo pensé hace unos días y pienso que a muchos de vosotros os podría ayudar si estáis buscando un cambio en vuestras vidas y no sabéis muy bien por dónde empezar.

Muchos pensaréis que esto es una especie de artículo de autoayuda, que no sirve de nada, mientras seguís pensando que estoy equivocada y que estas cosas no funcionan, puedo deciros que con un poco de esfuerzo, todo se consigue. ¡Empecemos!

  1. Mal humor, negatividad y autosabotaje: Esto es lo que más he notado que ha cambiado cuando he empezado a vivir mi vida de forma diferente, cuando he empezado a agradecer todo lo que tengo, a agradecer que respiro y estoy viva cada vez que abro los ojos y cuando trato de solucionar mis problemas de la forma más optimista posible, confiando en que puedo hacerlo. En mi época de adolescente casi adulta, siempre estaba de mal humor, era muy negativa, no había nada que me hiciera cambiar de opinión, era yo contra el mundo todo el tiempo y no veía el momento en el que sería verdaderamente feliz. Mi negatividad me nublaba y no veía salida a mi nerviosismo, constantemente me volvía agresiva con los que me rodeaban, todo era blanco o negro, no había tonos grises para mí.
  2. Nada de autoestima, tampoco confianza en mí misma ni seguridad: Todo eso había desaparecido gracias a la toxicidad que me envolvía cada día tanto con personas como los lugares a los que iba y lo soportaba cada día, parecía no importarme demasiado aunque doliese, lo cual, AUTOSABOTAJE. Ahora trato de cuidarme tanto física como psicológicamente, todavía se van curando mis heridas, van desapareciendo y mi autoestima, ha vuelto para saludar, tampoco estaba tan lejos como yo creía. Me di cuenta de que me lo hacía yo  misma, nadie más y el alejarme de la gente tóxica me acercó un poco más a mi cuidado psicológico y personal para seguir adelante sin mirar atrás.
  3. Vivir en el pasado y actuar conforme a él: Trato de hacerlo menos, pero todavía permanece. Han habido tantas y tantas circunstancias alrededor de mi vida que me han marcado demasiado, de hecho, decidí en su día que ya no volverían a hacerme daño y sigo al pie del cañón con lo que a eso se refiere, lo que trato es de no vivir en el pasado, de vivir el aquí y ahora, porque mañana puede irse sin darte cuenta, puedes no volver a despertar. Actuaba conforme al daño que me hacían cada día pero para nada era un punto de vista sano, me volvía agresiva y, bueno, gracias a meditar cada día y a controlar mi estrés, puedo decir que estoy mucho más calmada.
  4. Toxicidad diaria: Diría que mis ambientes eran muy tóxicos, siempre iba con gente que me hacía daño y parte de mi familia también lo es, así que, trataba de conformarme, de aceptar lo que tenía frente a mí pero la verdad era que nadie debería soportar algo así, debía quererme lo suficiente a mí misma como para negar seguir viviendo así y, cuando lo hice, me sentí aliviada, agradecida y mucho más libre de lo que había imaginado.
  5. Alimentación nefasta: Esto influye aunque creas que no, dado que, comer ultraprocesados (todos llevan azúcares y harinas refinadas), lo que hace es que te excita más, te pone más nervioso por la cantidad de azúcar, por lo que, eliminando eso y teniendo una alimentación mucho más sana, he conseguido mantenerme calmada y seguir sintiéndome mejor conmigo misma.
  6. Nada de compras: Hasta ahora, no había tenido la oportunidad de comprarme la ropa que quería, de vestir como quisiera, mucho menos, ir a una tienda para comprarme la ropa que me apeteciera y, aunque os parezca mentira, así es. Como venimos a Edimburgo a penas sin nada de ropa, hemos estado yendo de compras varias veces cada mes para conseguir llenar nuestro armario con cosas que realmente nos gustan y me ha ayudado mucho en mi autoestima porque, por fin, soy libre de vestir y hacer lo que me dé la gana, nada de cadenas.
  7. No le daba importancia a la naturaleza: La pura verdad es que la obviaba, ahí estaba porque nos da oxígeno, pero nada más a parte de eso. No me sentía atraída por ir a dar un paseo por un parque cercano, por abrazar a un árbol o por embelesarme por la belleza que tenía frente a mí, nada de eso era importante cuando tan solo la negatividad se mantenía conmigo. Ahora le doy la importancia que tiene, sobretodo cuando necesito desconectar de todo, me siento en una roca o incluso en la hierba, cierro los ojos y respiro hondo, dejándome llevar y teniendo la mente en blanco. No hay  nada como eso, os lo aseguro.

Todos estos cambios no han venido dados por propuestas de año nuevo absurdas que todo el mundo pretende cumplir y que nadie hace, este proceso lleva tres años sucediendo y todavía sigue en marcha. Siempre vas a estar cambiando, siempre vas a mejorar si quieres hacerlo, mirarás hacia atrás y verás cómo has crecido, puede que incluso, sientas las cosas diferentes. Cada uno debe tomarse estos cambios con calma, no es pensarlo y hacerlo, puede llevar años de práctica porque de ser una persona muy nerviosa y estresada a ser alguien que lo controla y vive de forma más calmada, puede llevarte mucho tiempo, al menos yo, sigo en ello y a veces, sigo fallando.

La paciencia y la perseverancia deben ser tus mayores aliadas, te guiarán por ese proceso o, al menos, lo intentarán porque habrá momentos en los que desesperes, te frustres porque has vuelto a caer en actitudes aprendidas en un pasado, pero seguir intentándolo es lo que te llevará a conseguirlo. Piensa en ello, quizá algún día, conozcas a tu nueva yo…

Contadme vuestros cambios, si queréis, ¡os leo siempre!

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Confianza:

Confianza

Pensé que te había perdido, que yacías en soledad en algún punto del camino. Quizá tan solo te olvidé, te dejé de lado después de que pisaran cada pedazo de mi autoestima, quizá fuera cuando mi inseguridad empezó a colapsarte. Todo empezó por “no haces nada bien”, después continuaron los gritos, las amenazas, las humillaciones y puede que permitiera perderme a mí misma, mientras tú te sentías confusa, desplazada, marginada entre un mar de emociones incontrolables. No conocía tu nombre porque se iba borrando conforme pasaban los días, ya casi eras indiferente, eras una especie de susurro en la distancia que no sabía muy bien de dónde venía, tampoco sabía cómo recuperarte, estabas demasiado lejos como para seguirte.

 Ya no sabía en qué creer, te perdí por completo, dejaste de ser parte de mis días, miraba por encima del hombro siempre que hablaba con alguien por mucho que gritaras, que trataras de hacerte oír. Te convertiste en un punto blanco en la distancia casi imperceptible a la vista, casi indiferente, te ibas disipando tan rápido que los segundos, incluso, parecían ser más largos. Oía sus palabras más altas que las tuyas y los insultos podían penetrarte en la carne, eran tan dolorosos que profundizaban cada vez más en mí, convirtiéndote en olvido, en algo que verdaderamente echaba de menos.

 Te puedo asegurar que quería creerte cuando decías que era única, que tenía talento, que me valía por mí misma, que me protegía, e incluso, quise creerte cuando trajiste a la autoestima contigo tratando de hacerme creer que era preciosa. Siento no haberte escuchado, siento haber dicho que la confianza se gana, cuando tú simplemente apareces cuando te necesito, en cualquier acto de amor que se presente, porque eres plena, eres distinta y eres de todos. Escuché a la desconfianza, puede que ella gritara más alto, puede que tuviera unos pulmones más desarrollados que tú y consiguiera dejarte de lado, quizá lo permitiera…

Puedo decirte que eres pura, que has ido volviendo tímidamente a mi vida. Puedo decirte que estás interesada en formar parte de mis días otra vez, de mis pasos hacia algo nuevo, de entrelazarte en cada palabra, en cada símbolo de amistad próspera. Supongo que supiste aparecer en el momento en el que más te necesité, resurgiste como el sol cada mañana, volviste de la nada para salvar a alguien que había perdido cada pedacito de personalidad que tenía, alguien que estaba cansada de esperar, de llegar a las expectativas de otros, de tratar de convencerse a sí misma de que no podía cambiar nada de lo que la rodeaba. Te sentaste a mi lado y te fundiste en mí para darme fuerza, esa seguridad perdida, esa autoestima casi fallecida y ese amor propio que muchos habían pisoteado.

 Ahora, te miro a los ojos y puedo sonreír, ya te he encontrado, ya puedo sentirte, puedo tenerte cerca de mí, puedo abrazarte cada mañana al despertar y agradecer que hayas vuelto por fin. Todavía me falta mucho por aprender, todavía tienes cosas que enseñarme y quizá me haga de rogar pero ya no estoy sola en el camino, sigo descubriendo partes de mi personalidad que creía perdidas, olvidadas y muchas que dejé que se marcharan por miedo a ser fuerte.

 Hola, confianza. ¿Te apetece tomar un café conmigo? ¿Quizá charlar de lo que hemos recuperado? ¿O prefieres una cerveza?

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Cómo Llevar una Relación a Distancia:

como llevar una relacion a distancia

Me apetecía mucho hablar sobre esto porque hay varias cosas que recuerdo de esos momentos en los que Fabio y yo estuvimos alejados el uno del otro durante unos nueve meses o algo más. Pienso en los pequeños errores que pudimos haber cometido emocionalmente y creo que cada vez, voy aprendiendo un poco más de ello; hay mucha gente que tiene este problema, parejas que se han distanciado por temas de trabajo y estudios pero que siguen manteniendo su relación a distancia, es difícil pero se puede hacer algo más llevadera si no te permites llegar a ciertos límites. En este caso, me gustaría ayudaros en esta situación si alguien ha pasado o está pasando por algo así, empatizo porque sé que es duro estar a kilómetros de esa persona que te hace sonreír cada día y te manda mensajes de buenos días…

Creo que una de las cosas a comentar, sería el no desesperarse. Este fue un fallo mío bastante recurrente, dada la difícil situación en la que me encontraba con mi familia, tenía ganas de seguir adelante y formar una vida con Fabio, evidente. Me sentía desesperada constantemente porque las visitas de un par de días cada fin de semana o cada dos, ya no eran suficientes, quería más y no podía tenerlo, mi única opción era esperar. Si te desesperas, va a ser peor porque tú misma te creas un abismo de ansiedad que eres incapaz de controlar, te sumes en la tristeza, en que las cosas deberían ser distintas y en que tan solo quieres estar con esa persona, sin fijarte en lo que hay a tu alrededor o en las personas que te están ayudando a sobrellevarlo. Es importante llevarlo con calma.

Otra de las cosas que apuntaría para llevar una relación a distancia sana, sería el no presionar al otro. Ambos pasáis por una circunstancia difícil y más cuando lleváis juntos mucho tiempo, así que, lo que menos hay que hacer es forzar las situaciones para que sean como tú quieres porque puedes provocar que la otra persona se enfade y, estando a distancia, te va a crear más ansiedad que no te conteste a esos mensajes confusos y desesperados que le mandas para intentar que no se enfade contigo. En mi caso, presionaba sin darme cuenta y tuve que contenerme un poco, por mucho que deseara que todo cambiara a mejor, teníamos que aguantar como estábamos sin poder ver otra salida.

Disfruta de los pequeños y fugaces momentos en los que podéis estar juntos. Aconsejo que no os amarguéis en esos pequeños instantes que podéis veros en persona pensando que ya no os veréis otra vez hasta no sabéis cuánto tiempo, sino que, disfrutéis de ese tiempo que os han regalado para estar juntos, tal y como decidisteis hacer en su día. Id donde habíais planeado ir, contaros las útlimas novedades que no habéis podido comentar por teléfono, abrazaros, besaros cuanto podáis y sentiros cercanos hasta la siguiente pausa. Para mí era fácil estar súper contenta con Fabio porque simpre me hace reír, lo que no soportaba eran las despedidas, me volvía en el autobús llorando y, al final, olvidaba lo bien que me lo había pasado durante esos dos mágicos días.

No os lo digáis todo en las llamadas de teléfono. Preguntaréis, ¿y por qué no? Es extraño pero, cuando ya lo has contado todo por el móvil, cuando estéis juntos, ¿qué os vais a contar? No sé si alguien lo habrá experimentado pero, se crea una especie de silencio en el que tendéis a miraros como diciendo: «bueno, ¿y qué le cuento? Ya sabe hasta lo que he desayunado esta mañana…» y tiende a ser una visita o una unión después de un tiempo, algo incómoda tan solo por el hecho de haber contado más de la cuenta por teléfono. Me ha pasado pero Fabio tiende a dar mucha conversación, así que, no fue problema… jeje.

Calmaros con el dichoso «Whatsapp». Digo esto no por mí, sino porque lo he visto con muchas parejas. Enfados tontos porque la otra persona no ha respondido a un mensaje, montándose películas de que le estaba siendo infiel, que era un cerdo, que ya ves tú qué hacía ella esperándole… y resulta que estaba dándose una ducha y tenía el móvil en silencio. Así que, calma por favor, que estéis distanciados no quiere decir que el otro tenga que estar pendiente del teléfono las veinticuatro horas del día para responderte, tiene otras cosas que hacer. Además, en este tipo de aplicaciones, se malentiende todo y algo que parece un comentario normal, tiende a parecer una acusación de la que el otro trata de defenderse y no es nada por el estilo. Os aconsejaría que hablárais más por teléfono, al menos, os entenderéis mejor.

Los celos os los guardáis en casa. No soy una persona celosa, esto lo incluyo para quién lo sea, dado que, hay personas y carácteres diferentes en este mundo, así que, digamos que prefiero incluirlo para dar una visión más general. Los celos son una conducta muy tóxica en las relaciones, tanto que pueden hacer que una unión muy fuerte entre dos personas se rompa por el simple hecho de no confiar en ella, la base que debe tener una relación siempre: CONFIANZA, si no la hay, no sigas, es inútil. Estáis a distancia, evidentemente cada uno tiene a sus amigos o personas con las que os gusta ir, no vais a negaros porque al otro le pique que lo hagas, de hecho, no debería, pero bueno. Estando celosas, lo que provocaréis desde un principio, será una ruptura bastante prematura, nadie va a estar aguantando actitudes como esta todo el tiempo, ¿verdad? Y quién las aguante, es de ser persona paciente…

Sentirse sensible es muy normal. Esto lo digo por que a mí me pasaba mucho. Cuando ocurría algo importante en mi vida, no podía evitar pensar que no estaba Fabio para verlo o cuando necesitaba que me abrazara por alguna situación que me hacía sentir bastante mal, pues recordaba que no estaba allí para hacerlo. En esos momentos, tan solo tenía más ganas de llorar o ni siquiera me apetecía hablar, tratando de esconderlo de alguna forma porque no quería ser pesada con los demás. Así que, si os apetece llorar, hacedlo, echarle de menos es normal, exterioriza tus emociones…

Recordad que todo se acaba. Os aseguro que la espera se termina y se cumple lo que tanto estabas deseando, creo que soy una prueba viviente de ello. Tras nueve meses de distancia, Fabio me confirmó el día que venía a buscarme para irnos a vivir juntos. En un principio, no me lo podía creer porque llevábamos tanto tiempo esperando que me descolocó pero, cuando lo vi abajo esperándome con el coche, se me iluminó la cara y ya pude creerme que todo aquello iba muy en serio. Pensad que todo llega y no desesperéis, cuando os déis cuenta, estaréis juntos…

¿Habéis tenido una experiencia similar? ¿Estáis pasando por una situación así? Ponedlo en comentarios, ¡os leo!

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Trabajando en la Exigencia:

 

trabajando en la exigencia

«Exigencia» es una palabra a la que no le prestamos demasiada atención pero que está cada día muy presente en nuestras vidas, sobre todo si eres alguien a quién le encanta la perfección y que todo esté donde debe estar, tanto si es por obsesión o por puro placer. Suena fuerte, como una palabra a la que se debiera respetar, alabar, concentrarse en ella y sentirse importante al decir: «soy una persona muy exigente», pero no es más que la presión que emites sobre otro o sobre ti mismo para asegurarte de que todo marcha según tus expectativas, algo que, a mi parecer, no debería suceder.

Puedo hablar de mi caso porque es el que realmente conozco y porque puedo y siempre he dicho que soy muy exigente tanto conmigo misma como con los demás, pero sobretodo, a la que más apaleo es a mí. Muchos pueden decir que soy autodestructiva y que por eso me presiono a mí misma pero, el hecho es que siempre me he comportado así, he creído que podía dar mucho más de lo que doy de mí a los demás, al trabajo, a mi pareja, a mi día a día… Llega un momento en el que creo que la verdadera meta es la perfección y si no llego a ella, no lo he hecho bien, que he fallado, que he vuelto a perder el control de mi vida… Es curioso cómo nuestra mente es capaz de engañarnos con tantas palabras pululando en nuestro interior, sabe que tiene más poder que nosotros y que puede hacerlo y, lo que es más importante, le dejo que lo haga.

La exigencia no es aceptar ni mucho menos la situación, tampoco el hecho de que todo el mundo tiene fallos y que tú también puedes tener un mal día, que nada ni nadie es perfecto porque la perfección no existe. Me da la sensación de que en el trabajo debo tenerlo todo bajo control, que debo llevar a cabo las directrices correctas, tanto que, muchas veces, me pongo nerviosa, me distraigo, me vuelvo despistada… y todo sale peor de lo que pretendía. Exigencia es cargarse un saco muy pesado a la espalda y caminar con él montaña arriba, sin pensar que quizá, pueda provocarnos un dolor de huesos insoportable pero, ¡ahí estamos nosotros! Aguantando lo que nos hemos impuesto.

Incluso, llega un momento en el que nos exigimos en el ámbito de nuestras pasiones, de las cosas que nos gusta hacer, en mi caso, escribir. He intentado muchas veces escribir un libro pero, me he exigido tanto que he terminado frustrada, echa polvo, llorando y preguntándome que cojones estaba haciendo con mi vida; dándome cuenta de que, quisiera o no, ya había vuelto a dejar una idea fantástica para empezar un libro atrás. Exigencia es estrés innecesario que, muchas veces, otras personas tienen que soportar para no decepcionarte, pones una expectativa tan grande en ellos que terminan por querer arrancarte los pelos, Fabio me invita en bastantes ocasiones a que me deje llevar, que acompañe a la corriente y deje de pensar… Parece sencillo pero se trabaja día a día con fuerza de voluntad.

Este es un aspecto que debo moldear en mí y que estoy tratando de mejorar estando aquí, sobretodo trabajando. Todos los días me repito: «no te preocupes, no todo es perfecto, te has equivocado, acéptalo». También me pasa mucho con el idioma, preguntándome tontamente por qué no soy capaz de hablar inglés de forma fluida llevando aquí ya cinco meses y, cuando pienso en la pregunta digo: «pero si todavía estás adaptándote a la situación, boba». Cuando me exijo soy una especie de montaña rusa de ansiedad, nervios y tensión descontrolada hasta que llega el momento en el que no le veo el sentido o Fabio me abre los ojos para que deje de frustrarme por cosas insignificantes. Puedo decir que he tenido mis avances, ahora al menos, no me enfado por todo como hace unos años, no permitía ni que se me cayese algo al suelo, me ponía a gritar y me volvía bastante loca todo por buscar la dichosa perfección.

La exigencia hace que vivas encadenada a ese constante vacío porque no eres capaz de llegar a tus objetivos perfectos, vives prisionera de tus propios pensamientos, esperando algo que nunca vas a tener porque la perfección no es más que una ilusión. Hace que vivas en confusión, en una constante desaprobación hacia ti misma, como si estuvieras enganchada a una droga de la que no pudieras alejarte nunca porque te hace sentir divinamente, te vuelve una prisionera.

Al fin, he comprendido que la exigencia vuelve a una persona infeliz, la amarga, la hace sentir pequeña, inútil tanto para sí misma como para los demás, frustrada por no llegar constantemente a esas expectativas impuestas por mi propia mente porque nadie más las ha puesto ahí, que yo sepa. Por supuesto, todo va encauzándose al miedo, al terror de fallar, de ser una carga, de no llegar a tus objetivos, de enfadar a alguien, de no quedar bien, del qué dirán, del puede que pase esto o lo otro y, al final, no disfrutas de nada de lo que te rodea y no vives el presente. Soy consciente de todo esto desde hace tiempo, puedo decir que he notado mejorías en mí al practicar los métodos de aceptar las situaciones que tengo delante y entender que, si no las puedo cambiar, puedo hacer algo distinto para solucionarlas. Lo del trabajo me cuesta más por la misma «exigencia de la empresa» de cómo se deben hacer las cosas pero, sigo queriendo llegar a esa paz mental que tanta falta me hace.

Supongo que esto es como todo, se consigue poco a poco y con una paciencia incomensurable, teniendo claro por qué actuamos así y qué podemos hacer para cambiarlo… El respirar hondo antes de reaccionar, funciona muy bien. Si a alguien también le pasa, ya sabéis que podéis comentarlo o compartirlo por aquí, ¡os leo!

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Bloqueo Creativo:

Bloqueo Creativo

Tenía ganas de hablar sobre este tema, dado que, muchos de nosotros lo hemos podido experimentar muchas veces. Los bloqueos tienen que ver con aquello que pensamos, en momentos en los que no tenemos armonía en nuestras vidas, situaciones estresantes en las que no le damos cabida a lo creativo y sí al trabajo o a salir con los amigos, son días en los que no estás para nada centrado y tienes preocupaciones de todo tipo. Tenemos tantas cosas que hacer en nuestro día a día que se nos pasa dedicarle un poco de tiempo a aquella actividad creativa que más nos llena, nos metemos por completo en ese mundo estresante en el que hemos aceptado vivir y dejamos pasar los momentos de inspiración.

Se puede superar, como muchas otras cosas, es cuestión de darse cuenta y centrarse en aquello que se está haciendo. Os voy a hablar de algunas de estas para ayudaros a desbloquear esa creatividad que crece en vosotros, me han ayudado a mí y puede que también os ayuden a vosotros…

  1. No te olvides de respirar hondo. Quizá penséis que soy idiota al aconsejar esto pero os lo digo por una sencilla razón y es que, cuando llevamos un tiempo bloqueados, sin saber qué escribir (como en mi caso, pero cada uno lo puede llevar al suyo, ya sea pintar, dedicarse a hacer manualidades, etc.), tendemos a frustrarnos y eso nos lleva a un estado de nerviosismo que puede que nos haga sentir más mal, descontrolar nuestras emociones y autoflagelarnos sin tener por qué. Es un consejo bastante simple que puedes aplicar, tan solo ponte delante del ordenador y respira hondo, las veces que lo necesites, cerrando los ojos o manteniéndolos abiertos, como quieras, para indicarte a ti misma que vas a empezar algo nuevo, que vas a centrarte y a dejar los problemas y preocupaciones apartados mientras estés escribiendo.
  2. Ten siempre una libreta a mano. Aunque parezca una tontería, es muy útil. Nuestra mente suele estar pendiente de todo lo que nos rodea, pensamos en muchas cosas a lo largo del día, así que, puede que alguna frase, palabra, párrafo, te ayude a formar alguna historia, canción, poema… más adelante, cuando te sientas menos bloqueada.
  3. Arranca de nuevo el motor. Algo que pasa mucho es que, por miedo a que todo salga mal después de un bloqueo (porque suele pasar y es normal que pase), no nos atrevemos a ponernos delante de esa amenazante hoja en blanco que nos recuerda que seguimos bloqueados. Es un círculo vicioso del que no escapamos, así que, tan solo tienes que ponerte a escribir, aunque sean cosas sin sentido, pero escribe porque así vas a obligarte a crear cosas nuevas, a que aparezcan de forma sorprendente y que puedas ver cómo ha quedado tu primera historia tras un bloqueo.
  4. Lee mucho. Si todavía estás bloqueado, sigues sin poder ponerte delante del ordenador o libreta a escribir algo, puedes ocupar ese tiempo leyendo, son un cúmulo de ideas que van flotando en tu cerebro, es una fuente de vocabulario, de personajes distintos, son herramientas que puedes utilizar para empezar algo nuevo (no basándote en ese libro, sino en las ideas que te puede proporcionar o la forma de escribir del autor). Leer forma parte del proceso creativo y más cuando nos referimos a la escritura, sin ello, puede que no nos inspiráramos de la misma forma.
  5. No te exijas. Es normal que en el proceso de bloqueo te frustres pero esa no es razón para que te sigas autoflagelando, es un momento en que te sientes así, simplemente, déjalo pasar y verás cómo las palabras vuelven a ti sin pedirlo y sin ser demasiado insistente. Piensa que cuánto más te exijas, peor saldrán las cosas y te seguirás bloqueando, es el mundo alrevés y no podrás salir de él a menos que te respetes un poco como escritora.
  6. Siente el contacto con la naturaleza. Es algo que me ha servido de mucho tanto en los bloqueos creativos como en momentos en los que me sentía perdida. La naturaleza te ayuda a pensar con claridad, a adentrarte en ti misma e interiorizar algunas de las cosas que no comprendes. Pueden salir muchas cosas intersantes observando nuestro alrededor, oliendo el aroma de las flores y sintiéndote libre.
  7. Escribir un diario. Si no escribes ninguno puedes tener dudas al principio, pero no hay nada más sencillo que hablar sobre uno mismo para volver a arrancar los motores y sentirte ubicada otra vez. Los sentimientos y emociones están bien presentes en nuestro día a día, nos ayudan a expresarnos, a sentirlo todo ya sea bueno o malo, así que, nos puede dar una perspectiva bastante clara sobre un personaje o una situación que queramos plasmar en una historia. Resulta bastante útil cuando las otras no sirven de mucho…
  8. No te cierres a cosas nuevas. Esto es muy importante. Tras un bloqueo, pueden venirte a la mente un sinfín de «barbaridades» que no se te ocurriría escribir pero, toma notas en esa libreta que he comentado que siempre debes llevar encima, podría servirte en algún momento determinado en el que no sabes cómo seguir una historia, una parte algo distina, compleja o que ni te imaginarías incluir, podría dar un cambio bastante interesante a lo que escribes.

Para nada es fácil salir de un bloqueo, he tenido muchos y han sido bastante duros porque necesito escribir como la respiración en mi vida, pero utilizando algunas de las técnicas que os he comentado, pueden hacer que el proceso sea más llevadero. Pensad que es normal que tengáis emociones intensas, dudas, frustración… la mayoría de veces, estamos inspirados y nos sentimos muy bien pero la montaña rusa sigue subiendo y bajando, algunas veces, será para bien y otras para mal. Las palabras siempre vuelven a nosotros, recordadlo.

Publicado en Edimburgo

Empezar de Cero:

Nueva Vida

Llevo una semana pensando cómo tratar este tema y bueno, espero haber encontrado la manera de hacerlo porque, aunque leyéndolo lo podáis ver inspirador, a la vez, también puede llegar a dar cierto miedo. Muchas veces, habréis oído estas palabras pero quizá no entendáis hasta dónde son capaces de llegar, dado que, empezar de cero es una ardua tarea que trata de llevar toda tu vida a un inicio que antes no habías probado, por tanto, es desconocido para ti y lo desconocido tiende a asustar.

No muchos tienen la oportunidad de empezar una nueva vida, ver las cosas desde una perspectiva diferente, empezar a hablar otro idioma, conocer gente, integrarse en las costumbres de otros, construir una vida sin nada de lo que llevabas en tu mochila. Es una especie de «reset» en el que el pasado se queda quieto, donde está, sin permitirle traspasar la línia y empezar a vivir el presente. Al principio descoloca bastante porque no esperas la cantidad de cosas que pueden ser diferentes, llegas a entender que tú eres el único que puedes cambiar tu vida y que nadie más lo va a hacer por ti. No llevas nada contigo de lo que conocías, es momento de madurar, ya no estás bajo las faldas de tus padres, nadie te va a pagar tus caprichos, ahora vas a tener que mover el culo para no quedarte tirado, para seguir adelante sin casi nada.

Nuestra experiencia fue reveladora, dado que, tan solo teníamos un billete de avión de ida, una maleta con las cosas más necesarias, 400 euros y el uno al otro, lo demás, vendría solo. Os podría decir de que no estábamos seguros de nada, tan solo queríamos probar suerte, era una nueva aventura y lo que sabíamos era que España ya formaba parte de un pasado porque no había nada allí que pudiera ayudarnos en nuestra difícil situación económica, así que, empezar de cero en Edimburgo era un buen comienzo. La necesidad de encontrar un sitio al que pertenecer, un lugar en el que estar, independizarse y tener esa libertad que ansiabas no tiene precio, pero te lo juegas todo a una carta. No podría decir que no he pasado nervios ningún día o que no he dormido en sitios que no me han gustado nada porque lo he hecho, he sentido rabia, decepción, tristeza, desconcierto, desánimo… pero todo ha formado parte de ese «vamos a empezar de nuevo».

Por supuesto, todo impacta. Desembocan una serie de emociones en ti que puede que no controles muy bien, de hecho, a tu cuerpo le cuesta más acostumbrarse a ello y lo sé porque me está pasando en estos momentos tras cuatro meses viviendo aquí. Antes no sabía lo que era tener tanta hambre, ni siquiera sabía por qué aquí tengo más de lo normal, me asustaba, creía que pasaba algo en mí pero me dijeron que era normal, al hacer frío mi cuerpo necesita más calorías, por tanto, debe acoplarse a comer más, tengo que incluir grasas en mi dieta y bueno, disfrutar comiendo, como siempre. Con esto, os quiero decir que el cuerpo también cambia con la situación pero que necesita más tiempo para procesar toda la información que llega de repente, de hecho, puede que haya gente que lo transforme a modo de cansancio, otros a modo de excitación o alegría sobremedida… cada persona es un mundo.

Empezar de cero también significa cubrir todas tus necesidades básicas y tomarte tu tiempo para hacerlo, normalmente, meses. Cuando llevas esa maleta tan ligera que da pena de ver porque no llevas casi nada, existe una necesidad imperiosa de comprar ropa, obvio, así que, eso sería también una buena forma de empezar… Nosotros no teníamos toallas para los baños, tampoco trapos para limpiar, ni pijamas, tampoco zapatos adaptados al frío o ropa térmica, tampoco utensilios de cocina… lo hemos comprado todo nuevo, no hay nada del pasado en nuestras vidas ahora mismo, ha sido borrón y cuenta nueva, nada que ver con lo viejo, nada que ver con quiénes éramos. Tal como dice una canción de «As I Lay Dying», lo único que es constante es el cambio y, a mi entender, siempre debemos estar preparados para ello porque va a producirse queramos o no.

Empezar de cero es cruzar la barrera del «no puedo». Normalmente, nos formamos unos muros delante de nosotros que creemos son infranqueables pero, una vez cruzado te preguntas a qué le tenías tanto miedo, te parece incluso, infantil. Creo que una buena solución es estar abierto a todo aquello nuevo que venga a tu vida durante ese período en el que estás empezando, aceptar toda la ayuda que te brinden los demás y no decir «no» a ninguna aventura, acéptalas todas porque seguro que te quitan ese miedo que impide que sigas. No te pongas excusas como: «es que hace mucho frío», «voy a estar lejos de mi famillia y amigos», «voy a estar solo»… y pregúntate si no es mejor prosperar antes que seguir sufriendo la situación por la que te quieras ir sin hacer nada al respecto, sin querer mover un dedo por mejorarla. Quiérete un poco a ti y a la vida que tienes, cuídate y da el paso que cambiará tu vida, es arriesgado sí, pero a veces, vale la pena…

 

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¿Dónde Están los Lectores?

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Esta es una pregunta que me he hecho muchas veces: «¿y los lectores?». Vale, parece que carezca de sentido porque, evidentemente, habrá muchos por ahí pero, en serio, ¿dónde están? Porque yo no los encuentro. Paciencia. Todo tendrá sentido más abajo, cuando empiece a explicarme. Basándome en que leer es una de las aficiones más apasionantes que he tenido el placer de tener y experimentar, me da la sensación de que mucha gente ha dejado que sus intereses digitales interfieran en hábitos sanos como es la lectura. Allá a donde vamos, llevamos nuestro móvil y, si se nos olvida en casa, ¡menuda catástrofe! ¿Y ahora qué hago sin el móvil, dios mío? ¡Estoy a punto de entrar en pánico, se me cierra la garganta, me mueroooo! Típica reacción absurda (aunque yo también la haya tenido, ¡culpable!).

Bueno, tras esta introducción algo cómica (a veces, me apetece jugar un poco), os pregunto de verdad dónde se han metido los lectores porque antes los podíamos ver prácticamente, en todas partes: en el bus, en un banco, esperando el tren, en este último, en la cafetería, en un restaurante mientras comían, en la peluquería… y una lista interminable, siempre existía el momento perfecto para leer, es más, siempre era el momento para hacerlo fuera donde fuese. Ahora, lo único que veo es gente pegada al móvil con sus redes sociales dando golpecitos en su pantalla para atontarlos, en el autobús no hay nadie leyendo un libro, va en serio, NADIE (y voy en bus casi todos los días para ir a trabajar), es preocupante.

La era digital hace que nos mantengamos absorbidos por ella, que permanezcamos alelados ante la información que nos llega, con móviles cada vez más modernos, con muchas más cosas… Ahora parece que un escritor puede tener una aplicación en el móvil, anulando por completo el placer de escribir en una libreta y con un bolígrafo, yo todavía lo hago y me siento genial haciéndolo, tengo una libreta para cosas diferentes, ahora todo va por el móvil, ¿por qué, joder? ¿Estamos tontos o algo? Siento ser tan crítica con esto pero muchas de las cosas que hacíamos antes se están perdiendo y, aunque no debería, en ciertos momentos, me indigno al ver a un niño de cinco años atontado delante de la pantalla de un móvil, ¿por qué no está jugando con una pelota? ¿por qué narices prefiere estar sentado en un banco jugando a un juego de móvil estúpido que no hace más que absorber ese tiempo que nadie le va a devolver? Antes veía a más niños leyendo, os lo aseguro y me parecía enternecedor, me sentía orgullosa de ellos, sabía que estarían disfrutando el libro aunque no les conociese de nada, pero ahora es diferente, como una horda de zombies con móviles acechando en el presente.

Por supuesto, no digo que a todo el mundo deba gustarle leer o escribir, pero quiero decir que eran cosas que la gente solía hacer bastante allá a donde fueses y que ahora han sido sustituidas por móviles. Y ya no solo «hobbies» como estos, sino también el estar conforme con no ver a una persona que conoces desde siempre chateando con el móvil, ¿en serio? Podemos morir mañana y tan solo pensamos en enviar un qué tal te ha ido por la caja tonta minúscula, me parece horrible, la verdad. Ahora se da mucha importancia a subir fotos fabulosas a «Instagram», te pones a pensar en la gente que te sigue y te preguntas muy en serio: ¿conozco a alguien de los que me siguen? (a algunos sí pero ya me entendéis), ¿por qué interactuamos? ¿es que una foto que subes es más importante que cualquier otra cosa en ese momento? Me hago preguntas así en mis ratos libres, mi mente no para, al parecer, sigo siendo igual de inquieta que siempre…

Me indigna ver cómo ya no podemos tener conversaciones interesantes sobre lecturas varias, cómo la gente prefiere hablar de videojuegos, del último juego que se ha descargado en el móvil o la última foto que ha subido en «Instagram» para que todo el mundo la vea y me parece triste, la verdad. Reducimos nuestra vida a cosas tan ínfimas como es subir una foto a una aplicación que conecta a gente, la hace más famosa por colaborar con marcas y a la que no conocemos de nada y espera, eso les hace sentirse más felices. Es absurdo, al menos, para mí. Al igual que hacemos un mundo por dejarnos el móvil en casa o nos olvidamos de subir una foto a «Instagram», también podríamos hacer un mundo si un día no nos culturizamos un poco, si no hacemos algo interesante con un «hobbie» que tengamos… dejar el móvil por un momento no va a matarte, ¿sabes?

Es que incluso, es difícil mantener una conversación normal. Estás hablando con alguien que está pendiente del teléfono, quizá está viendo un vídeo y le importa una mierda lo que le estás diciendo porque eso es más importante. Dejamos atrás buenas costumbres para dejar entrar a las que realmente nos sobran, de hecho, en el bus no leo porque me mareo pero cuando me dan mis dos horas de descanso en el trabajo, leo mientras como y espero a volver a entrar, sé que es algo que me enriquece, que me forma poco a poco, además subrayando el hecho de que soy escritora y si no leo, no puedo ser capaz de redactar bien (tal como dice Stephen King). Os aconsejo que dejéis un poco de lado lo que no importa y os centréis en las cosas que de verdad os gusta hacer, son buenos hábitos para tu día a día, dejemos los móviles de una vez… Pero oye, ¿a quién quiero engañar? Eso ya no va a cambiar.

¿Qué pensáis vosotros de esto? Escribidlo en comentarios y os leo 🙂

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Escritores en Pijama:

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Con este post quiero eliminar esa idea que tiene la gente del típico «escritor en pijama» que se queda en casa sin hacer nada y al que se lo traen todo hecho, quiero eliminar el tema de: «qué bien eso de no hacer nada en casa, ahí con tu pijama y tu ordenador…», aunque parezca mentira, lo he oído mucho y me gustaría terminar con ello o, al menos, ayudar a que termine con esta entrada porque no es para nada verdad, afectándonos a todos como escritores. No me molesta del todo oírlo pero es cansino, es como si tuvieses canas, a ti no te molestan pero siempre está el típico tío que te lo dice todo el rato, llega un momento que revientas, pues yo igual.

Por supuesto que un escritor hace su trabajo (y sí, es un trabajo, no miréis de esa forma la pantalla) en casa, ¿qué mejor sitio si no? ¿Pretendéis que nos montemos un despacho particular, nos levantemos todos los días a las seis de la mañana para ir allí y hacer lo mismo que podríamos hacer perfectamente desde casa? Hay gente que estudia desde casa, al igual que también trabajan desde casa y, para estar más cómodos, se ponen un batín, ya que, no tienen pensado salir, pues nosotros también lo hacemos, ¿sabéis? Es de sentido común. Me parece increíble que haya gente que piense todavía que estar sentado delante de un ordenador todo el día sea «no hacer nada» porque desde luego que se hace, os lo voy explicando más abajo.

Pregunta: ¿de dónde creéis que un escritor saca todas sus ideas? De la mente, ¿verdad? Bueno, pues imaginad que estáis todo el día delante del ordenador perfilando ideas, escribiendo cosas nuevas, ultimando detalles, forjando a los personajes que van a salir en una historia… Os voy a decir lo que siente una persona: cansancio mental, algo de lo que la gente podría informarse de vez en cuando porque también es una forma de trabajo, uno también se puede cansar mentalmente de estar todo el día «pensando», creando, formando… Además, no solo es ese cansancio, también nos duelen las muñecas y algunos tenemos el síndrome del túnel carpiano, a mí me pasa mucho cuando llevo escribiendo todo el día durante tres o cuatro días seguidos, me duele, me da pinchazos y no puedo coger las cosas con normalidad porque me molesta el dolor, lo calmo con masajes o con una pasta oriental que tengo para los músculos. Eso no es por no hacer nada, sino por hacer más de lo que deberías.

Los escritores sacamos todo lo que hay dentro de nosotros, nos volcamos para escribir buenas historias, sentimos, nos emocionamos, recordamos algo que podemos incluir… Todo eso es un trabajo constante, de hecho, también lo hacemos mientras nos ocupamos de poner la lavadora, de limpiar, de cocinar… nos vienen ideas a cada dos por tres y hay que escribirlas, alguien tiene que hacerlo para que no se te olvide, digamos que estamos en movimiento, nuestra mente no para. Estaremos en pijama y en nuestra casa, no tenemos el mismo cansancio que tendría en el cuerpo un obrero por ejemplo, pero nuestro trabajo es infinito, por decirlo de alguna forma. El crear no es solo una palabra, sino que trae consigo un montón de emociones, sensaciones, esfuerzo, dedicación, te vacías el cerebro para intrigar al lector, para hacerlo sentir parte de la historia, para adentrarlo en el ambiente que tú misma has ido formando, ¿tenéis idea del trabajazo que trae eso? Supongo que no.

Muchos escritores somos exigentes con nosotros mismos, escribir un libro, un relato para tu blog o una revista, no es sencillo, tienes tus altibajos o porque no ha quedado exactamente como quieres o porque te falta algo y pretendes buscarlo, quieres que quede perfecto (igual no tan exagerado pero deseas que quede lo mejor posible), quieres que guste, no solo a ti, tienes que llegar al público, tienes que emocionarles y eso no es nada sencillo. Creo que escribir en pijama es de las mejores cosas que un escritor puede hacer, dado que, estamos ante momentos buenos y muy malos y es una manera de estar cómodos en el lugar de trabajo que, da la casualidad de que es nuestra casa.

Por si esto fuera poco, cuando terminamos cualquier cosa, cuando la historia está como nos gusta, tenemos que repasarla una y otra vez para encontrar los errores tanto gramaticales, como de sintaxis, sinónimos, vocabulario, acentos, presentación… hay muchas cosas que cuadrar antes de dejar un escrito terminado, pueden llegar a ser muchas horas de trabajo (y más si estás editando un libro). Os pongo un ejemplo fácil: la semana pasada, estuve escribiendo un día que tenía libre desde las once de la mañana hasta la una de la madrugada con sus paradas para comer, me cundió muchísimo el trabajo, por supuesto, estuve de lo más orgullosa de mí misma por haber conseguido lo que quería de esas horas tan bien invertidas y, ¿sabéis? No salí de casa, estuve en pijama y batín todo el tiempo, en mi habitación, calentita y con las ideas claras de lo que iba a escribir, más inspirada que nadie en ese preciso momento, incluso ahora, estoy escribiendo esto en pijama y no me afecta para nada a mi mente, es una manera muy cómoda de trabajar, ayuda a que te relajes y no te perturbe nada, la necesidad básica de mantener una buena temperatura en tu cuerpo, está bien atendida.

Así que bueno, espero haberme explicado con suficiente claridad con esto. Además, espero que haya abierto de par en par el punto de vista de muchos escritores que nos gusta crear y no por estar en casa y con pijama, somos unos comodones y unos vagos. Trabajamos, al igual que el de la obra, el albañil, el camarero, el cocinero, incluso el surfista trabaja (dedica sus horas a practicar, ¿no?). Lo que importa es lo que sale de ti, lo que provoca al lector, lo que se siente al escribir, al terminar un libro, un relato, algún proyecto que debías terminar, ni siquiera es importante lo que lleves puesto mientras lo estás haciendo, mientras llegues a tu meta u objetivo, puedes hacerlo en bragas si quieres.

¿Cómo trabajáis vosotros? ¿También creéis que los escritores somos vagos o no trabajamos por estar en casa y llevar pijama? Dejádmelo en comentarios, ¡os leo!

 

 

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4º Aniversario: Nuestra Evolución

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Naciste de una pequeña idea en lo más recóndito de mi mente, en un espacio que creía inexistente. Te convertiste en un tema de conversación bastante común entre nosotros, decidiendo si te haría público o no, de qué página formarías parte. Tenía tanto que darte desde el principio que siempre me han sobrado palabras, eras pequeña, diminuta a plena luz, casi insignificante pero brillabas para mí incluso en privado, mientras permaneciste en las sombras durante, al menos, cuatro días. Estuve atenta a esa posibilidad, pensé en darte a conocer al mundo, en hacer que los demás pudieran leerte, sentir mis palabras en ti, entretener y dar a conocer algunas de mis reflexiones a este pequeño mundo incomprensible y a algunas vidas que tenían más cosas en común en mi manera de pensar de lo que creía.

Tras cuatro años de constante dedicación y escritura creativa, has evolucionado a mi lado, mis palabras se han vuelto algo más adultas, mis ideas son más claras y puedo plasmarlas en ti de forma diferente, me has ayudado en esa práctica. Ahora te ves algo más grande gracias a los lectores de este blog, pasaste por un bloqueo cuando nos mudamos aquí pero también pasamos esa fase sin problemas, ahora eres como un «todo en uno». Lloré creyendo que de verdad podía perderte, pensando que quizá era el fin de nuestra unión pero, ahí estabas tú, siempre dándome ideas… Tras cuatro meses en esta plataforma, hemos sabido cómo manejar lo que antes no entendíamos, he podido reconstruirte y ahora, pareces brillar como lo hacías antes, eres como la luz al final del túnel.

Mis ideas, mis sentimientos, mis locos pensamientos, suelen agolparse en mi mente de forma muy frecuente, demasiado, a veces creo que pienso más de lo que debería… me ayudas a despojarlas y darle una visión diferente y más dinámica, incluso, viendo una hoja en blanco puedo improvisar algo para que quede perfecto. Eres la forma que tengo de hacer visualizar todo en lo que creo, mis experiencias, los relatos y personajes que viven en ellos, mis reflexiones y las locas historias que me saco de la manga… Eres mi herramienta para ser quién soy y para convertirme en quién quiero ser en un futuro, para mejorar en mi escritura y seguir creyendo en que es una bonita forma de vida.

Durante todo nuestro trayecto, me has enseñado a no tenerle miedo a los comentarios, a lo que pensará la gente, a escribirme a mí misma y así, no tratar de preocuparme por decepcionar a nadie. Persististe aunque me dijeran que escribir era una tontería, que ser escritor no es una profesión y que fracasaría estrepitosamente, que me dejara de tonterías y me pusiera a estudiar, tu siempre estabas al otro lado, esperando un relato, una historia que pudiese publicar, palabras que compartir con los demás,  reflexiones que me volvían loca y necesitaba exteriorizar, palabras que llevaba mucho tiempo sin poder decir…

Estuviste conmigo en mis peores momentos, cuando creía que todo mi mundo se disipaba, cuando veía que todo había cambiado, que mi día a día se resquebrajaba, cuando nadie me entendía y tan solo te tenía a ti para poder dar forma a todo lo que sentía. En esos tiempos, todavía pensaba que podía seguir escribiendo, eras lo único que me motivaba, que me hacía sentir segura, viva, entera a pesar de que sintiera que me faltaba una mitad, me volviste a dar un objetivo de vida, un objetivo que he seguido a pies juntillas y que espero llegue pronto. Las lágrimas salían de mis ojos de forma constante, el insomnio acechaba pero, ahí estabas tú, esperando a que me desahogara, esperando que mis palabras salieran para seguir sanando mi alma porque, así es como funciona, ¿verdad?

Por todo ello, GRACIAS por seguir haciéndome crecer en el mundo de la escritura, GRACIAS a los lectores por leerme, ya que, sin vosotros el blog no sería igual, GRACIAS a los que habéis apoyado tanto a este blog como a mí y GRACIAS al Universo por darme este don tan impresionante y que me hace sentir tan viva cada día… No me cansaré de decirlo, ¡GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS!