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Imprevisto:

Cuando bajé las escaleras y subí al coche, me di cuenta de que se me había olvidado el móvil en la oficina, dios qué cabeza la mía… Ahora tenía que volver a subir nueve pisos, menos mal que teníamos ascensor. Puse los ojos en blanco, salí del coche, entré en el portal y me dispuse a subir por el ascensor hasta la oficina, otra vez, justo como hice por la mañana. Pensé en que tenía poco tiempo, creo que eso fue lo único en lo que podía centrarme, siempre llegaba tarde a las cenas con los niños y mi marido siempre lo aprovechaba para restregármelo por la cara, así que, hoy no podía llegar tarde.

Al fin llegué. Corrí por el corto pasillo hasta la puerta, saqué la llave y la introduje en la cerradura. Ella sola se abrió solo empujándola un poco. Sorprendida, volví a guardarme la llave y entré poco a poco, llamando a Margaret, la recepcionista que solía quedarse la última ordenando papeles, pero no obtuve respuesta, ¿se había ido ya? Me pareció raro, normalmente, estaba yéndose a las nueve de la noche, y eran solo las seis. Lo dejé estar, solamente quería encontrar mi teléfono y largarme de allí, en casa me estarían esperando y no podía faltar, hoy no. Le di al interruptor que había en la entrada pero no se encendieron las luces. Le volví a dar un par de veces y tampoco lo hicieron. ¿Qué había pasado desde que me había ido? Tendría que llamar al electricista mañana, pensé.

Me encogí de hombros, conformándome con la luz que entraba por los ventanales, podía buscar el móvil así, quizá no me harían falta las luces. Me dispuse a buscarlo en la sala de espera nada más entrar pero allí no estaban, tampoco en la mesa de recepción, ¿dónde pude haberlo dejado? Un día me iba a olvidar la cabeza en el maletero de mi coche… Entré por fin en mi despacho, era el único donde podría estar y la cara de Margaret me dejó helada, fue lo primero que vi. Estaba sentada en la silla del escritorio, un tanto escurrida, blanca como la cera y con una bala en el centro de su frente con sangre que emanaba de ella, mientras permanecía totalmente inmóvil. Empecé a temblar. No sabía si aquello había sido una buena idea, tenía que salir de allí, tenía un mal presentimiento, uno muy pero que muy malo.

El sonido de mi teléfono me sobresaltó. Me acerqué al escritorio, justo al lado de la silla y allí estaba. Mi marido me llamaba, estaría cansado de esperarme. Estuve a punto de cogerlo para pedir ayuda pero, cuando volví a erguirme, un «click» justo detrás de mí, tocándome la cabeza, me frenó en seco.

– Suelte el teléfono – dijo una voz serena, pausada y determinante – Ahora.

Tragué saliva, sin decir una palabra y tiré el móvil al suelo mientras seguía sonando. Greg iba a matarme, una vez más, no iba a llegar a tiempo a la cena. Hice ademán de darme la vuelta para saber quién me estaba apuntando, pero pareció leerme la mente, cuando dijo:

– Ni se le ocurra darse la vuelta – mi corazón palpitaba muy rápido y notaba cómo mi garganta se secaba, así que, decidí hacer lo que me pedía, no me di la vuelta – Quiero que se dirija poco a poco hacia esa ventana con las manos en alto, si no quiere que le dispare. ¿Me ha entendido?

Asentí con la cabeza, ni siquiera podía mediar palabra. Con las piernas temblándome, fui caminando poco a poco hacia la ventana que había justo al lado del escritorio, por la que entraba más luz de toda la oficina. Un paso detrás de otro, sin hacer ruido y con aquel hombre justo detrás de mí, con su arma preparada.

– Muy bien. Ahora abra la ventana y quédese muy quieta – ordenó el desconocido -.

Seguí sus instrucciones al pie de la letra, eran sencillas pero no podía controlar mis tics nerviosos en los ojos y los labios, no dejaban de temblarme, ya había empezado a sudar. Como dijo, la ventana estaba abierta y yo volví a levantar ambas manos, justo como al principio.

– Lo está haciendo muy bien. Lo que quiero ahora es que se suba al borde, con cuidado y sin girarse. Muy despacio.

Eso sí que no me lo esperaba. ¿Que me subiera al borde? Quería que me tirara, ¿verdad? Estaba segura de que este tío era el que había matado a Margaret y ahora pretendía hacerme desaparecer, aunque no le hubiese visto la cara. Antes de poner un pie sobre el borde de la ventana, me aventuré a preguntárselo:

– ¿Quiere usted que me…? ¿Quiere que me tire? – mi voz temblaba, insegura -.

– Quiero que haga lo que le digo.

– Usted ha matado a Margaret, ¿no es así?

– Súbase al borde y deje de hacer preguntas.

No iba a decirme nada, ¿quién era yo, de todas formas? Asentí con la cabeza, haciendo lo que me pidió, me subí al borde de la ventana del despacho de la oficina donde había estado trabajando durante once años con dedicación y cariño, echa un flan, con las piernas temblándome y tratando de no caer. Me cogí de las paredes que tenía a ambos lados, notando el aire chocar contra mi cara. Miré hacia abajo y, de repente, me sentí mareada, no podría haber elegido una oficina más cercana al suelo cuando decidí abrir el bufete, ¿verdad? Elegí un noveno piso… Dios.

– No se coja de ningún sitio. Cuando esté preparada y le haya rezado a quién sea que usted le rece, quiero que se tire.

– ¿Cómo?

– Es sencillo. Solo tiene que poner un pie fuera del borde y caerá en seguida, no se apure, seguro que lo hace bien y todos sus problemas, se evaporarán.

– ¿Mis problemas? ¿Quién narices es usted? ¿Y qué quiere de mí? Ya estoy asustada, ¿qué más quiere ver?

– Solo que se tire, ya se lo he dicho.

No lo hice porque eso hubiese sido muy sencillo. Para él. Insistía tanto en que me tirase porque no quería otra bala metida en el cráneo de otro cadáver, quería que pareciera un suicidio. Y no quería ponérselo fácil aunque fuera lo último que hiciera. Así que, como pude y con las piernas aún temblando, me agarré de la ventana, sabiendo que él seguía apuntándome, gritando que me tirara, que lo hiciera ahora mismo, estaba cabreado, sonaba cabreado. Fui girándome como pude, poco a poco para ver la cara a ese hijo de puta.

En cuanto le vi los ojos lo supe. La bala salió de su pistola y fue a parar al centro de mi frente, haciéndome caer al vacío. Todo se volvió negro y mi cuerpo se estampó sobre un coche verde, dejándole el techo abollado. Esto serviría como excusa para no ir a casa temprano, ¿verdad?


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Unexpected:

When I went downstairs and got in the car, I realized that I had forgotten my mobile phone in the office, god what a head of mine… Now I had to go back up nine floors, thank goodness we had an elevator. I rolled my eyes, got out of the car, entered the entrance hall and set out to go up the elevator to the office, again, just as I did in the morning. I thought I had little time, I think that was the only thing I could focus on, I was always late for dinners with the kids and my husband who always took advantage of it to rub it in my face, so today I couldn’t be late.

I finally arrived. I ran down the short hallway to the door, took out the key and put it in the lock. It opened up by just pushing it a little. Surprised, I put the key back in and walked in slowly, calling Margaret, the receptionist who used to stay the last one sorting papers, but I got no answer, was she gone yet? I found it weird, normally, she was leaving at nine o’clock at night, and it was only six o’clock. I let it be, I just wanted to find my phone and get out of there, at home they would be waiting for me and I could not miss, not today. I hit the switch at the entrance but the lights didn’t come on. I did it again a couple of times and it didn’t either. What had happened since I had left? I would have to call the electrician tomorrow, I thought.

I shrugged, settling for the light that entered through the windows, I could look for the mobile like this, maybe I would not need the lights. I set out to look for it in the waiting room as soon as I entered but it was not there, nor at the reception table, where could I have left it? One day I was going to forget my head in the trunk of my car… I finally entered my office, it was the only place where it could be and Margaret’s face left me frozen, it was the first thing I saw when I came in. She was sitting in the desk chair, somewhat drained, white as wax and with a bullet in the center of her forehead with blood emanating from it while remaining totally motionless. I started shaking. I didn’t know if that had been a good idea, I had to get out of there, I had a bad feeling, a very, very bad one.

The sound of my phone startled me. I walked over to the desk, right next to the chair and there it was. My husband would call me, he would be tired of waiting for me. I was about to pick it up to ask for help but, when I stood up again, a «click» just behind me, touching my head, stopped me in my tracks.

-Let go of the phone – he said with a serene, leisurely and decisive voice – Now.

I swallowed, without saying a word and threw the phone on the ground while it kept ringing. Greg was going to kill me, again, I wasn’t going to make it to dinner on time. I made a gesture to turn around to find out who was targeting me, but he seemed to read my mind, when he said:

– Don’t even think about turning around – my heart was beating very fast and I could feel my throat drying out, so I decided to do what he asked me to, I didn’t turn around – I want you to slowly head towards that window with your hands up, if you don’t want me to shoot you. Have you understood me?

I nodded, I couldn’t even say a word. With my legs shaking, I walked slowly to the window right next to the desk, through which more light came in from the entire office. One step after another, without making a sound and with that man right behind me, with his gun ready.

– Very good. Now open the window and stay very still – the stranger ordered.

I followed his instructions carefully, they were simple but I could not control my nervous tics in my eyes and lips, they kept shaking, I had already started to sweat. As he said, the window was open and I raised both hands again, just like at the beginning.

– You are doing it very well. What I want now is for you to climb to the edge, carefully and without turning. Very slowly.

I didn’t expect that. That I climbed to the edge? He wanted me to throw away, right? I was sure that this guy was the one who had killed Margaret and now intended to make me disappear, even if I hadn’t seen his face. Before I set foot on the edge of the window, I ventured to ask him:

– Do you want me to…? Do you want me to throw myself away? – my voice trembled, insecure -.

– I want you to do what I say.

– You’ve killed Margaret, right?

– Get on the edge and stop asking questions.

He wasn’t going to tell me anything, who was I, anyway? I nodded, doing what he asked me, climbed on the edge of the window of the office where I had been working for eleven years with dedication and affection, I was like a flan, with my legs shaking and trying not to fall. I grabbed the walls on both sides, noticing the air crashing into my face. I looked down and suddenly felt dizzy, I couldn’t have chosen an office closer to the ground when I decided to open the firm, right? I chose a ninth floor… God.

– Do not take it from anywhere. When you are ready and you prayed to whoever you pray to, I want you to jump.

– What?

– It’s simple. Just put one foot off the edge of the window and you will fall right away, don’t hurry, I’m sure you’ll do it right and all your problems will evaporate.

– My problems? Who the hell are you? And what does you want from me? I’m already scared, what else do you want to see?

– I just want you to jump, as I said before.

I didn’t do it because that would have been very simple. For him. He was so insistent with me jumping because he didn’t want another bullet stuck in the skull of another corpse, he wanted it to look like a suicide. And I didn’t want to make it easy for him even if it was the last thing I did on this Earth. So, as I could and with my legs still shaking, I grabbed the window, knowing that he kept pointing at me with his gun, screaming to jump, to do it right now. I was turning as I could slowly, to see the face of that son of a bitch.

As soon as I saw his eyes I knew. The bullet came out of his gun and ended up in the center of my forehead, causing me to fall into the void. Everything turned black and my body was splattered on a green car, leaving the roof dented. This would serve as an excuse not to go home early, right?


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Un Hasta Pronto:

Vino a mi casa una tarde más. La dejé pasar y le dije que se sentara en el sofá mientras yo preparaba unos cafés, desde siempre habíamos sido unas adictas a la cafeína. Parecía pensativa y bastante callada, nos sonreímos. Me di cuenta de que estaba un poco incómoda, se movía mucho y no sabía cómo empezar la conversación. Dejé los cafés encima de la mesita justo en medio de nosotras y la miré, quise que me contara qué había ocurrido ayer en su día y qué plan tendríamos para el fin de semana, desde que nos habíamos independizado, habíamos sido todavía más inseparables que en el instituto. No supo qué decir. Le saqué varios temas pero no salía de ellos, se trababa con las palabras y solo quería que yo hablara para, al menos, escuchar. Le temblaban las manos y solo quería tener la taza de café entre ellas.

Algo le pasaba. La única vez que la había visto así, había sido en su último viaje al campamento con diecisiete años, sus padres la mandaron a Francia y no nos íbamos a ver en todo el verano, estaba triste porque quería pasarlo conmigo y porque me lo había prometido durante los últimos meses. Nos volvimos a ver al volver a las clases y todo se quedó en nada, nos llamamos prácticamente cada día, nos echamos de menos pero sobrevivimos tres meses. Pero, esta vez, estaba más inquieta. Decidí un acercamiento directo:

– Vale, dime qué te pasa. Te noto nerviosa.

– Nada. No es nada – bajó la mirada, mientras respondía casi con un susurro -.

– Llevamos siendo amigas algo más de una década, sé cuándo te pasa algo. Dímelo, no voy a juzgarte…

– Tengo que irme.

– Si acabas de llegar… Llevas aquí como cinco minutos. ¿No te gusta el café? – hice ademán de levantarme para traerle otra cosa pero ella puso una mano en mi brazo para que volviera a sentar – Vale, ¿qué ocurre?

– Tengo que irme fuera. Me voy en dos días.

– ¿Fuera? ¿De viaje, quieres decir?

– Me voy a vivir a Italia una temporada, mi madre no se encuentra muy bien y necesita mi ayuda, quiere que vaya allí lo antes posible y yo… Quiero quedarme.

Tragué saliva. Se iba indefinidamente, no eran solo tres meses. Había vivido en Italia toda su niñez pero volvió aquí con su padre y sus dos hermanos, su madre fue la única que se quedó. Respiré hondo y la cogí de la mano.

– Puedes… venir cuando quieras, ¿no?

– Cuando pueda. Tengo que encontrar trabajo, instalarme en su casa y llevarla y traerla del médico prácticamente cada día. No tendré mucho tiempo.

Ahora entendía su nerviosismo. Había venido para despedirse, pero no sabía muy bien cómo hacerlo porque nunca había estado en esa situación. Quería pedirle que se quedara, quería llorar pero me aguanté las lágrimas, no era momento de ponerla más tensa o triste, ni siquiera hacer que se lo pensara dos veces, tenía que apoyarla. Todo había ocurrido de repente y ella era la que menos quería ir pero sus hermanos trabajaban y ayudaban a su padre a salir adelante, así que, solo quedaba ella. La buena de Angelina debía de hacer lo que la familia le pedía e irse lejos, olvidando todo lo que había construido aquí, entre nosotros.

Dejó el café sobre la mesita y se acercó más a mí, dándome un abrazo fuerte. Me lo estaba poniendo difícil eso de no llorar. No quería soltarme. Y yo tampoco. Podríamos hablar por Skype, ¿verdad? Podríamos seguir en contacto… No se terminó el café pero me pidió que la llevara al aeropuerto, cosa que hice dos días después. Una vez más, aguantándome las ganas de llorar, diciéndole que estaba orgullosa de lo que estaba haciendo y que ayudar a su madre era lo mejor que podía hacer. Me había convertido en la mayor mentirosa del mundo por un momento. No creí nada de lo que dije pero esperé que ella sí lo hiciera. Apenas hablamos durante el trayecto en coche, y apenas lo hicimos estando allí, esperando a que embarcara. Pero no me moví hasta que el avión despegó. Era como si se llevase un pedacito de mí. Ni siquiera sabía si volvería a verla o si esperaríamos mucho hasta que pudiéramos hablar, no pudo asegurarme nada.

A lo único que pude prestar atención fue a ese susurro en mi oreja cuando estuvo a punto de embarcar. Noté su aliento justo allí, mientras nos abrazábamos. Ese «hasta pronto» me dio algo de esperanza. Se instaló en mi corazón y esperó a que fuera verdad, a que pudiésemos tomar otro café en casa, a contarnos historias con chicos o lo curiosas que eran nuestras familias y sus dramas. Quería que fuera cierto, que fuera un presente tan rápido como fuera posible, que no fuésemos como esas amigas que se separan y ya no vuelven a hablarse o verse más por falta de tiempo o compromisos. Esperaba que ese «hasta pronto» prevaleciera y se fortificara en nuestra bonita amistad a partir de ese momento.


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See You Soon:

She came to my house one more afternoon. I let her pass and told her to sit on the couch while I made some coffees, we had always been addicted to caffeine. She seemed thoughtful and quite quiet, we smiled at each other. I noticed that she was a little uncomfortable, moved around a lot, and didn’t know how to start the conversation. I left the coffees on top of the table right in the middle of us and looked at her, I wanted her to tell me what had happened yesterday in her day and what plan we would have for the weekend, since we had become independent, we had been even more inseparable than in high school. She didn’t know what to say. I took out several topics but she didn’t get out of them, she got stuck with words and just wanted me to speak to at least listen. Her hands were shaking and she just wanted to have the cup of coffee between them.

Something was wrong. The only time I had seen her like this, it had been on her last trip to the camp when she was seventeen, her parents sent her to France and we were not going to see each other all summer, she was sad because she wanted to spend it with me and because she had promised it to me during the last months. We saw each other again when we went back to class and everything came to nothing, we called each other practically every day, we missed each other but we survived three months. But, this time, she was more restless. I decided a direct approach:

– OK, what happen with you?

– Nothing. It’s nothing.

– We’re been friends during more than a decade, I know when something’s happening to you. Tell me, I’m not gonna judge you…

– I have to go.

– If you have just arrived… You’ve been here for about five minutes. Don’t you like the coffee? – I made a gesture to get up to bring her something else but she put a hand on my arm to get her to sit down again – Okay, what’s wrong?

– I have to go outside from the country. I’m going in two days.

– Outside? Are you going to a travel or something? What do you mean?

– I’m going to live in Italy for a while, my mother is not very well and needs my help, she wants me to go there as soon as possible and I… I want to stay.

I swallowed. She was leaving indefinitely, it wasn’t just for three months. She had lived in Italy all her childhood but returned here with her father and her two brothers, her mother was the only one who stayed. I took a deep breath and took her by the hand.

– But you can come back to visit when you want… Right?

– When I can. I have to find a job settle in my mum’s house and take her and bring her from the doctor practically every day. I won’t have much time.

Now I understood her nervousness. She had come to say goodbye, but she didn’t quite know how to do it because she had never been in that situation. I wanted to ask her to stay, I wanted to cry but I endured tears, it was not time to make her more tense or sad, or even make her think twice, I had to support her. Everything had happened suddenly and she was the one who wanted to go the least but her brothers worked and helped their father to get ahead, so only she was the one who have to go. Angelina’s good daughter had to do what the family asked of her and go away, forgetting everything she had built here, between us.

She left the coffee on the coffee table and came closer to me, giving me a big hug. I was having a hard time not crying. She didn’t want to let me go. And neither do I. We could talk on Skype, right? We could keep in touch… She didn’t finish her coffee but she asked me to take her to the airport, which I did two days later. Once again, holding my heartfelt, telling her that I was proud of what she was doing and that helping her mother was the best thing she could do. I had become the biggest liar in the world for a moment. I didn’t believe anything I said but I hoped she did. We barely talked during the drive, and we barely did it while there, waiting for her to board. But I didn’t move until the plane took off. It was as if it took a little piece of me. I didn’t even know if I would see her again or if we would wait long until we could talk, she couldn’t assure me anything.

The only thing I could pay attention to was that whisper in my ear when she was about to board. I noticed her breath right there, as we hugged each other. That «see you soon» gave me some hope. It settled in my heart and waited for it to be true, for us to have another coffee at home, to tell us stories with boys or how curious our families were and their dramas. I wanted it to be true, to be a present as quickly as possible, not to be like those friends who separate and no longer talk to each other or see each other anymore due to lack of time or commitments. I hoped that this «see you soon» would prevail and be fortified in our beautiful friendship from that moment on.


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Una Vez Más:

Subí las escaleras de aquel mugriento y desolado edificio de tres plantas, había mucho polvo y solo se oían borrachos dentro de los pisos. Pero no oía a Audrey. Según el chico que había en el portal, estaba en el último piso en la puerta de la derecha. Siendo su madre, esperaba saber dónde vivía o estaba mi hijo pero seguía siendo igual de reservado que de costumbre y, a decir verdad, no me estaba gustando aquello pero, tal y como decía mi psicóloga en las sesiones de los miércoles a las tres, debía respetarlo porque era su voluntad.

La puerta era de color verde, un tanto rallada y golpeada. No solo no me gustó, sino que, me di cuenta de que estaba abierta, ni siquiera pasaba la llave con la de locos que vivían por aquí… La puerta chirrió al abrirla. Podía medio ver a Audrey gracias a la luz que entraba desde las farolas de la calle por la única ventana que había en aquella habitación casi vacía, lo único que pude ver era una mesita redonda, un sillón raído y viejo y un colchón en la esquina, justo en el suelo, con un cubo de agua al lado, no parecía tener ni siquiera un lavabo, ¿cómo podía vivir así? Me agarré fuerte a mi bolsito Gucci y me quedé allí plantada mientras le observaba de espaldas a mí. Llevaba algo en la mano que no lograba definir muy bien, pero parecía tenerlo bien cogido mientras su cabeza miraba hacia abajo. Le oía respirar muy fuerte, como si estuviera enfadado o se hubiera dado una carrera.

– ¿Audrey? Soy mamá, he venido a verte. Espero que no te importe que haya entrado, la puerta estaba abierta y…

– Ssshhh – pude oír salir de su boca -.

El silencio volvió a reinar en la habitación, tan solo se oyeron mis tacones al avanzar un poco más hacia él. Ni siquiera se giró para recibirme, miraba hacia una zona oscura donde no llegaba la luz de fuera, parecía hipnotizado pero, ¿qué era lo que estaba mirando con tanta fijeza? El suelo no debía ser, estaba muy sucio como para admirarlo de alguna forma…

– Audrey, cariño…

– Ssshhh – volvió a repetir sin girarse, una vez más -.

Mis manos habían empezado a temblar, me castañeaban los dientes y tenía la piel erizada, si no tenía muebles, era muy poco probable que tuviera calefacción. Di un par de pasos más, haciendo el menor ruido posible. Me asomé un poco para ver qué había en el suelo.

– ¡Oh, dios mío, Audrey! Oh, dios mío, dios mío… – no podía parar de repetirlo, jadeando, asustada -.

– Sshhhh – miré su nuca. Quería irme de allí tan rápido como me fuera posible pero, no pude evitar ponerle una mano en su hombro frío y sin mangas, pero ni siquiera se volvió -.

– Audrey, qué has hecho… Dios mío.

– Cállate.

La sangre que salía del cuerpo tendido y sin vida al que Audrey miraba, había llegado a la zona de luz de la habitación. No me había dado cuenta hasta ese momento pero, empezaba a oler. Muy mal. Cogí a Audrey con más fuerza y le zarandeé. Siguió sin inmutarse. Pero sí que pude ver lo que llevaba en la mano, aquello que no había sido capaz de ver al entrar. Estaba cerca, muy cerca de mí ahora como para distinguirlo. Un cuchillo. Era bastante grande y largo. Pude ver dos gotas de sangre en el suelo provenientes de este y todavía me asusté más. Así que, no pude evitar gritar, estaba histérica.

– ¡AUDREY, dios mío!

En cuanto verbalicé la última palabra, noté algo meterse en mi estómago, afilado y duro, algo que me dejó sin aliento. Esta vez, sí se había girado. Sus ojos abiertos me miraban con fijeza, permanecían sobre los míos sin evitarlos. Sus labios fruncidos debido a la fuerza que había ejercido al clavarme el cuchillo, ahora estaban relajado y apenas se podía distinguir una mueca forzada. Me dejó caer y mi cabeza se dio contra el suelo con un ruido sordo. Audrey se quedó sin el cuchillo. Lo dejó clavado y se marchó con esa respiración entrecortada, quizá de enfado o puede que de desesperación. Una vez más, dejó dos cadáveres tras de sí, olvidados.


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One more time:

I went up the stairs of that filthy and desolate three-story building, there was a lot of dust and you could only hear drunks inside the floors. But I didn’t hear Audrey. According to the boy downstairs, he was on the top floor at the door on the right. Being his mother, I expected to know where my son lived or was but he was still as reserved as usual and, to tell the truth, I was not liking that but, as my psychologist said in the Wednesday sessions at three, I had to respect it because it was his will.

The door was green, somewhat grated and beaten. Not only did I not like it, but I realized that it was open, I did not even pass the key with that of crazy people who lived here… The door squeaked when opened. I could half see Audrey thanks to the light coming in from the street lamps through the only window in that almost empty room, all I could see was a round table, a threadbare old armchair and a mattress in the corner, right on the floor, with a bucket of water next to it, he didn’t seem to have even a sink, how could he live like this? I held tight to my Gucci bag and stood there as I watched him with his back to me. He was carrying something in his hand that I couldn’t define very well, but he seemed to have it well caught as his head looked down. I could hear him breathing very hard, as if he was angry or had given himself a run.

– Audrey? It’s mom, I’ve come to see you. I hope you don’t mind that I came in, the door was open and…

– Ssshhh – I could hear coming out from his mouth.

Silence reigned again in the room, only my heels could be heard as I moved a little further towards him. He didn’t even turn to receive me, he was looking at a dark area where the light from outside didn’t reach, he looked mesmerized, but what was it that he was looking at so fixly? The floor should not be, it was too dirty to admire it in any way…

– Audrey, sweetheart…

– Ssshhh – he repeated again without turning, one more time.

My hands had started shaking, my teeth were browning and my skin was bristling, if he didn’t have furniture, it was very unlikely to have heating. I took a couple more steps, making as little noise as possible. I peeked out a little to see what was on the ground.

– Oh my god, Audrey! Oh my god, my god… – I couldn’t stop repeating it, panting, scared.

– Sshhhh – I looked at the back of his neck. I wanted to get out of there as fast as possible but, I couldn’t help but put a hand on his cold, sleeveless shoulder, but he didn’t even turn back.

– Audrey, what have you done… Oh, my god.

– Shut up.

The blood coming out of the lying and lifeless body that Audrey was staring at, had reached the light area of the room. I hadn’t realized it until that moment, but I was starting to smell it. Too bad. I grabbed Audrey harder and shook him. He remained undeterred. But I could see what he was carrying in his hand, what I had not been able to see when I entered. He was close, too close to me now to tell him apart. A knife. It was quite large and long. I could see two drops of blood on the ground coming from this one and I was even more frightened. So, I couldn’t help but scream, I was hysterical.

– AUDREY, my god!!

As soon as I verbalized the last word, I noticed something getting into my stomach, sharp and hard, something that took my breath away. This time, he had turned. His open eyes stared at me with fixity, remaining on mine without avoiding them. His pursed lips because of the force he had exerted when sticking the knife into me, they were now relaxed, and a forced grimace could barely be made out. He dropped me and my head slammed to the ground with a thud. Audrey was left without the knife. He left it stuck and left with that choppy breath, perhaps of anger or maybe of despair. Once again, he left two corpses behind him, forgotten.


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Historias:

Me gustan esas historias donde los personajes viven con soltura o agonizan cuando tienen demasiados problemas, cuando tienen que sobrevivir y la única que puede cambiar la historia soy yo. Pueden ser dramas, aventuras, puede abundar la felicidad, la tristeza o la injusticia, tan solo hay que ser un tanto preciso, lo puedes controlar todo, lo puedes ver todo y tu imaginación puede volar dentro de una casa llena de muñecas terroríficas o tras las cortinas escuchando a un matrimonio discutir, tienes sus decisiones en tus manos.

Historias que cambian, que volverían loco a cualquiera, que pueden hacerte llorar o reír a carcajadas. Historias que cautivan y en las que te encantaría envolverte, formando ese personaje en el que tanto te gustaría convertirte para llevar a cabo tus sueños más ocultos y divertidos y destacar en aquello en lo que nadie sabe que te gustaría hacer o desarrollar. Historias que te hacen pensar, vivir mil experiencias y entender aquello que creías fuera de tu alcance. Historias que dan importancia a las palabras y donde los verbos potencian un sentimiento que creías erradicado de un personaje, el cual, aparece sin avisar. Historias de buenos momentos, con detalles inolvidables, con toques especiales y un deje de fantasía para acallar esa duda interior que, alguna vez, hiciste sentir a tu personaje. Historias complicadas que atrapan como la vida misma pero que no te desharías de ellas ni aunque decidieras no publicarlas.

El personaje vibra de emociones, camina sobre una acera inventada, quizá en una ciudad real o puede que la dejes para editar más tarde como un detalle que se puede cambiar según tu humor o cómo termine la historia. ¿Es un solitario o tiene amigos? ¿Cuál es su ambiente? ¿Cómo influyen esas personas en su vida? Buenas preguntas para responder en cada nueva historia, en cada página en blanco. A veces, pueden sacar algunos de tus rasgos, otras suelen ser tan diferentes y raros que terminas odiándolos.

Pero, son historias. Más importantes o menos, están ahí para seguir esa nueva vida que le has dictado, en la que se ha visto envuelto, en la que puede decidir quedarse y empezar una nueva o tratar de salir y no haber forma de seguir adelante teniendo que desecharla, dejando de ser lo más importante del día. Historias que se repiten en susurros dentro de tu cabeza, tratando de volverse realidad, de confluir entre nuevas ideas, de ilusionarse por estar escritas en una página en blanco, presentes, quizá olvidables, pero marcadas y hechas huella, pudiendo editarlas pero sin sacarlas de ti.

Escritas en hojas sueltas, libretas o en la pantalla de un ordenador, donde todas ellas viven y son recordadas, quizá no ven la luz pero se empeñan en salir de ti sin tener un plan listo, sin poder pararlas. La voz, la lengua, el lenguaje y la imaginación las saca de imágenes constantes que crea la mente mientras se ven a paso rápido mientras escuchas música, haces una tarea, o comes, siempre están ahí, llamándote porque saben que escuchas a diario, saben que no podrás contenerte y que van a ser las nuevas protagonistas.

Te puedes aferrar a ellas cuando quieres desconectar, cuando necesitas un momento de silencio que sea solo para ti o cuando tienes los nervios de punta, ayudándote a salir del bache. Son historias que han apoyado noches de insomnio, días tristes y lluviosos, cuando mandas una disculpa a un amigo y cuando utilizas ejemplos para que una teoría tenga sentido. Son historias que aprecias, personajes que conoces, sensibilidades que palpas y emociones que observas, tan solo necesitarías cuatro paredes, una hoja en blanco y un bolígrafo para ser feliz y dejarte llevar porque nunca estarías sola y no solo vivirías una experiencia, sino tantas como tu mente te permitiera.

Historias que intrigan y no sabes ni de dónde salen, cómo has podido crearlas o verlas en tu cabeza. Se expresan claramente, como si ya las conocieras, como si supieras sentirlas, tocarlas y ser parte de ellas, fluyen sin empujarlas y te muestran que tu creatividad no tiene límites. Historias que respiran bajo la piel, que corren a través de la sangre y siempre las llevas junto a ti, sin necesidad de forzar nada, de infravalorar nada, de desechar nada, siendo partícipe de su esencia. Conspiran entre líneas para guiar tus palabras, para decidir su destino, para contemplar ese inicio, desenlace y final con los personajes que las formarán.

Historias con final o sin él que dejan cuestiones abiertas, quizá con imperfecciones para que se lean las expresiones del personaje y esta no tenga que contar tanto. A veces, cortas y otras muchas, más largas que de costumbre son sutilezas y metáforas casi perceptibles que hacen que te preguntes cosas, te emociones y sorprendas.

Historias que tocan la fibra, que te hacen querer seguir y desear volverlas a leer, te dan lecciones irrumpiendo en tus experiencias para mejorar y convertirte en tu mejor versión, consciente e inconscientemente. Quizá te hablan, quizá sabes escucharlas pero, lo mejor de todo es que puedes sentirte comprendido. Excavas entre esas palabras, las relees, estudias y comentas y nunca te cansas de ellas, el título de la historia por fin tiene sentido.

Historias en las que te sientes identificado, incluso, cuando te describen ese día de agosto en la playa, tirado en la arena pensando en lo afortunado o desafortunado que eres. Historias que no te quitas de la cabeza por su fuerza, por su complejidad, quizá violencia o incomodidad pero todas, llevan una lección incorporada que no deja a nadie exento de una reflexión. Historias que no van contigo pero que las dejas en una estantería por si alguna vez te apetece acercarte a saludarlas, quizá otras las dejas minimizadas en el word porque no te convencen o no quieres quedarte desnuda en público con palabras tan crudas. Historias elaboradas dejadas en cajones desastre que nadie mira y que no tienen mucho interés contextual, quizás el que le das tú, pero no importan mucho como para dejarlos en público.

Historias hechas poema, de esos que ni te imaginabas desarrollar porque no te gustan nada pero que dejas fluir porque también son parte de ti, tus experiencias y de quién eres. Historias que desaparecen en los oídos de alguien, lo dices en voz alta y se te olvida apuntarlo, tu memoria ya flaquea pero qué más da, hemos pasado un buen rato. Historias propias que se desarrollan en tu mente y te quedas para ti. Historias de vida que a nadie le importan, solo palabras y letras que ordenar entre memorias que romper.


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Stories:

I like those stories where the characters live with ease or agonize when they have too many problems, when they have to survive and the only one who can change the story is me. They can be dramas, adventures, happiness, sadness or injustice can abound, you just have to be a little precise, you can control everything, you can see everything and your imagination can fly inside a house full of terrifying dolls or behind the curtains listening to a marriage argue, you have their decisions in your hands.

Stories that change, that would drive anyone crazy, that can make you cry or laugh out loud. Stories that captivate and in which you would love to wrap yourself, forming that character in which you would like to become so much to carry out your most hidden and fun dreams and stand out in what nobody knows what you would like to do or develop. Stories that make you think, live a thousand experiences and understand what you believed out of your reach. Stories that give importance to words and where verbs enhance a feeling that you thought eradicated from a character, which appears without warning. Stories of good moments, with unforgettable details, with special touches and a fantasy stop to silence that inner doubt that, once, you made your character feel. Complicated stories that catch like life itself but that you would not get rid of them even if you decided not to publish them.

The character vibrates with emotions, walks on an invented sidewalk, maybe in a real city or you may leave it to edit later as a detail that can be changed depending on your mood or how the story ends. He’s a loner or he has friends? What is his environment like? How do these people influence his life? Good questions to answer in every new story, on every blank page. Sometimes, they can pull out some of your traits, others are usually so different and weird that you end up hating them.

But, they are stories. More important or less, they are there to follow that new life that you have given them, in which it has been involved, in which it can decide to stays and starts a new one or try to leave and there is no way to move forward having to discard it, ceasing to be the most important thing of the day. Stories that are repeated in whispers inside your head, trying to become reality, to converge between new ideas, to get excited to be written on a blank page, present, perhaps forgettable, but marked, being able to edit them but without taking them out of you.

Written on loose sheets, notebooks or on a computer screen, where they all live and are remembered, they may not see the light but they insist on leaving you without having a plan ready, without being able to stop them. The voice, the language and the imagination are taken from constant images that the mind creates while they are seen at a fast pace while listening to music, doing a task, or eating, they are always there, calling you because they know that you listen daily, they know that you will not be able to contain yourself and that they will be the new protagonists.

You can hold on to them when you want to disconnect, when you need a moment of silence that is just for you or when you have your nerves on edge, helping me out of the pothole. They are stories that have supported sleepless nights, sad and rainy days, when you send an apology to a friend and when you use examples to make a theory make sense. They are stories that you appreciate, characters that you know, sensibilities that you feel and emotions that you observe, you would only need four walls, a blank sheet and a pen to be happy and let yourself go because you would never be alone and not only live an experience, but as many as your mind allowed you.

Stories that intrigue and you do not know where they come from, how you have been able to create them or see them in your head. They express themselves clearly, as if you already know them, as if you know how to feel them, touch them and be part of them, they flow without pushing them and show you that your creativity has no limits. Stories that breathe under the skin, that run through the blood and you always carry them next to you, without the need to force anything, to undervalue anything, to discard anything, being a participant in its essence. They conspire between the lines to guide your words, to decide their destiny, to contemplate that beginning, denouement and end with the characters that will form them.

Stories with or without an end that leave open questions, perhaps with imperfections so that the expressions of the character are read and this does not have to tell so much. Sometimes, short and many others, longer than usual with subtleties and metaphors almost perceptible that make you wonder things, get excited and surprised.

Stories that strike a chord, that make you want to follow and want to read them again, give you lessons breaking into your experiences to improve and become your best version, consciously and unconsciously. Maybe they talk to you, maybe you know how to listen to them but, best of all, you can feel understood. You dig through those words, reread them, study them and comment and never get tired of them, the title of the story finally makes sense.

Stories in which you feel identified, even when they describe you that August day on the beach, lying in the sand thinking about how lucky or unfortunate you are. Stories that you do not get out of your head because of their strength, because of their complexity, perhaps violence or discomfort but all of them carry a built-in lesson that leaves no one exempt from reflection. Stories that do not go with you but that you leave on a shelf in case you ever want to come to greet them, perhaps others you leave minimized in the Word because they do not convince you or you do not want to stay naked in public with such crude words. Elaborate stories left in disaster drawers that no one looks at and that do not have much contextual interest, perhaps the one you give them, but do not matter much to leave in public.

Stories made poem, of those that you did not even imagine developing because you do not like anything but that you let flow because they are also part of you, your experiences and who you are. Stories that disappear in someone’s ears, you say it out loud and you forget to write it down, your memory is already faltering but what else gives, we have had a good time. Own stories that develop in your mind and stay for you. Life stories that nobody cares about, only words and letters to sort between memories to break.


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Publicado en Relatos

Melancolía:

Ahí está. Esperándome, agónica. La oigo respirar, siento cómo se acerca, cómo se desliza, cómo me llama. Con sus gélidas manos, tiene el valor de tocar mi cuello, mis manos, mis pies, mientras me evoca escalofríos, un chasquido en los dientes y un temblor incómodo en el ojo izquierdo. Quiere formar parte de mí, de mi cuerpo, de mi interior, desea que me deje llevar, que deje las puertas abiertas para ella, que vuelva a sentirla, que le permita el paso y que nos fundamos como uno solo.

Hacía tiempo que no la sentía, que permanecía en la distancia, anulada, rechazada, envuelta en un manto invisible, casi olvidado, observándome reír por cualquier cosa, sentirme viva, consciente, conectada con mi cuerpo, quizá sintiera celos, quizá envidia al verme tan contenta después de todo lo pasado, puede que no pudiera encajar la buena nueva de que no la quería más en mi vida y se sintió desplazada. Tras dos años, quería volver a entrar, era una nueva oportunidad para hacerse ver, hacerse notar y sentirse importante tras tanto tiempo castigada en la oscuridad, sin palabras que valiesen ni pensamientos que considerara propios.

No sé por qué podía sentirla ahora. Quizá la muerte de mi madre fuera la principal causa, esa tristeza perceptible en la mirada o ese oscuro sentimiento que la muerte siempre evoca en el ser humano cuando un ser querido se va. Creo que vio esa oportunidad que esperaba, ese resquicio de esperanza de volver a formar parte de mi vida, de intensificar mis sentidos, de hacerme olvidar lo bueno de la vida y hacerme llorar por casi cualquier cosa, levantándome de la cama con el cabello enmarañado, sin ganas de desayunar o darme una ducha, solo queriendo quedarme acostada en la cama todo el tiempo del que dispusiera. Eso a ella le gustaba, le enternecía, se alimentaba de mi energía, mis ganas de vivir, sin consuelo o compasión, sino apoyando esa tristeza que hacía propia y que salía de mi interior.

Recuerdo que una vez llegué a pensar en ella, aunque fue un ínfimo pensamiento, casi imperceptible, podría pasar desapercibido, podría haber desaparecido en la nada y ni siquiera mi mente hubiera formulado una pregunta sobre ello pero, ese recuerdo hizo que permaneciera, quizá ese recuerdo fue el que la convenció de volver. Simplemente, me pregunté qué había sido de ella, qué le había ocurrido y por qué se sentía tan distanciada, si realmente, la echaba un poquito de menos. En esos momentos de oscuridad, me había impulsado a crear, a llevar a cabo ideas que no podría haber sacado de mi cabeza si no hubiera estado en esos momentos oscuros que ella misma me tendió en bandeja de plata, tampoco me hubiera inspirado tanto, quizá debía darle las gracias a pesar de las noches sin dormir y los constantes retortijones de cada mañana, las náuseas y la sensación de que las paredes se me iban a caer de un momento a otro.

Creo que ese fue su momento. Se deslizó con inteligencia hasta llegar a mí mientras seguía sonriendo, evitando que otros vieran mi tristeza, moviéndose con cuidado, con sigilo, con un silencio atronador y un objetivo claro. Tan solo tenía que hacer contacto, tenía que sentirla para adentrarse en mí, para volver a crear pensamientos intrusivos, ansiedad, ese llanto antes de intentar dormir, estaba detrás de ese hastío al ir a la oficina cada mañana. Fue introduciéndose hasta tenerme lo suficientemente cerca para atacar, para tenerme entre sus garras y oscurecer cualquier pequeño y diminuto pensamiento positivo que se formaba casi de manera automática en mi mente. Hizo explotar mi subconsciente y un montón de letras, palabras y frases se amontonaron en mi mente, me llevaron a escribir, a desarrollar esa parte oscura a la que no quería enfrentarme, a esa zona de la mente que nadie quiere mirar y darle energizantes golpes al teclado para que la historia se hiciera realidad, para que mi historia tuviera una realidad.

«La Melancolía». Así se llamaba el libro y así se llamaba ella. Siempre hemos tenido una relación de amor-odio que quizá nadie entienda, puede que, en ciertos momentos, ella se haya sentido desplazada o yo la haya apartado cuando no la necesitaba y puede que, anhelarla, me hiciera volver a quererla en mi vida por alguna razón que aún desconozco. Pero ahora que sigue aquí conmigo, dejo que forme parte de mí, que me llene de esa oscuridad que la caracteriza para permitirme a mí misa el sentirme mal, respetando esa faceta, dejándome llevar por ella y descansando la mente cuando así ocurre. Ella no quiere irse y, aunque me gustaría volver a librarme de ella, me gustaría entenderla, saber sus gustos, por qué es tan oscura, por qué siempre quiere ser la protagonista de mis historias y por qué se siente con el derecho de invadirme cuánto más feliz estoy. Le doy tiempo para que me responda a todas esas cosas, quizá son dudas que no tienen mucha importancia, pero puede que algún día, llegue a obtener las respuestas que necesito, puede que ella misma me las diga porque, a veces, la melancolía es solo una emoción que te indica que necesitas descansar y que quizá, no has tenido un buen día, necesita libertad, entrar y salir de ti para ayudarte a aceptarte y quererte un poquito más.

¿Podré aceptarla como una parte más de mí?


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Melancholy:

There she is. Waiting for me, agonizing. I hear her breathing, I feel how she approaches, how she glides, how she calls me. With her icy hands, she has the courage to touch my neck, my hands, my feet, while evoking chills, a snap in my teeth and an uncomfortable tremor in my left eye. She wants to be part of me, of my body, of my inside, she wants I let her to be with me, to leave the doors open for her, to feel her again, to allow her the passage and that we merge as one.

It had been a long time since I felt her, that she remained in the distance, annulled, rejected, wrapped in an invisible mantle, almost forgotten, watching me laugh at anything, feel alive, conscious, connected to my body, maybe she felt jealous, maybe envy to see myself so happy after everything I went through, I may not have been able to fit the good news that I did not want her more in my life and she felt displaced. After two years, she wanted to re-enter, it was a new opportunity to be seen, to be noticed and to feel important after so long punished in the dark, without words that were worth or thoughts that I could consider mine.

I don’t know why I could feel it now. Perhaps the death of my mother was the main cause, that perceptible sadness in the gaze or that dark feeling that death always evokes in the human being when a loved one leaves. I think she saw that opportunity she was waiting for, that glimmer of hope to become part of my life again, to intensify my senses, to make me forget the good in life and make me cry for almost anything, getting out of bed with matted hair, not wanting to have breakfast or take a shower, just wanting to lie in bed for as long as I had. She liked that, she was touched, she fed on my energy, my desire to live, without comfort or compassion, but supporting that sadness that I made my own and that came out of my inside.

I remember that once I came to think about it, although it was a tiny thought, almost imperceptible, it could go unnoticed, it could have disappeared into nothingness and not even my mind would have asked a question about it but, that memory made it remain, perhaps that memory was the one that convinced her to return. I just wondered what had become of her, what had happened to her and why she felt so estranged, if really, I missed her a little bit. In those moments of darkness, she had driven me to create, to carry out ideas that I could not have taken out of my head if I had not been in those dark moments that she herself laid out on a silver platter, nor would I have inspired me so much, maybe I should thank her despite the sleepless nights and the constant cramps I’ve felt every morning, the nausea and the feeling that the walls were going to fall from one moment to the next.

I think that was her moment. She slipped intelligently all the way to me as I kept smiling, preventing others from seeing my sadness, moving carefully, stealthily, with thunderous silence and a clear goal. She just had to make contact, I had to feel it to get into me, to recreate intrusive thoughts, anxiety, that crying before trying to sleep, I was behind that boredom going to the office every morning. She was introduced until she had me close enough to attack, to have me in its clutches and obscure any small and tiny positive thoughts that formed almost automatically in my mind. She exploded my subconscious and a lot of letters, words and phrases piled up in my mind, led me to write, to develop that dark part that I didn’t want to face, to that area of the mind that nobody wants to look at and give energizing taps to the keyboard so that the story would come true, so that my story would have a reality.

«Melancholy.» That’s what the book was called and that’s her name. We have always had a love-hate relationship that perhaps no one understands, maybe, at certain times, she has felt displaced or I have separated her when I did not need her and maybe, longing for her, made me love her again in my life for some reason that I still do not know. But now that she is still here with me, I let her be part of me, that she fills me with that darkness that characterizes her to allow me to feel bad, respecting that facet, letting myself be carried away by it and resting my mind when it happens. She doesn’t want to leave and, although I would like to get rid of her again, I would like to understand her, know her tastes, why she is so dark, why she always wants to be the protagonist of my stories and why she feels entitled to invade me how much more happy I am. I give her time to answer all those things, maybe they are doubts that do not have much importance, but maybe one day, I will get the answers I need, she may tell me them herself because, sometimes, melancholy is just an emotion that tells you that you need to rest and that maybe, you haven’t had a good day, she needs freedom, to come and go from you to help you accept and love yourself a little more.

Will I be able to accept her as a part of me?


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Oscuro:

Podía observarle, no desde muy lejos. Miraba con atención a algo que cogía con la mano izquierda, como si estuviera pensando en hacer algo o no tuviera claro si hacerlo o no. Estaba sentado en una silla de madera de color blanco, sin moverse, con una pierna encima de la otra, vestido de traje de color gris, peinado hacia atrás, era como si hubiese ido a una boda o viniese de una pero, ¿qué hacía allí? Estaba frente a la ventana, podía verle desde el grupo de pequeñas casas que había enfrente, estaba en la buhardilla donde solía trabajar hasta altas horas de la madrugada casi cada día.

Pareceré una acosadora, jaja, lo sé. Pero me gusta observar a las personas, aún más si son calladas, suelen estar cabizbajas y no mostrar realmente cómo son, me atraen mucho, si no fuera así, mentiría. Y este hombre es una de estas personas que hacen que mi curiosidad se active. Quise sonreír pero mis labios se quedaron inmóviles al poder ver qué tenía en la mano, tenía esa forma, ese peso, ese color, quizá una textura determinada y te creaba ese sentimiento incómodo y, a la vez, peligroso. Era una pistola, ahora sí lograba verla. Era bonita a simple vista pero no me gustaba nada lo que estaba pensando. Lo que yo estaba intuyendo que iba a hacer con ella.

No había ninguna expresión en su cara que demostrara miedo o duda hacia lo que estaba a punto de hacer. Puse las manos sobre mi ventana, apretándolas, como si así fuera a evitar lo inevitable pero, lo único que conseguí fue empapar la zona de la ventana donde más cerca estaba mi boca de vaho. No podía permitirlo, no quería hacerlo. La pistola ya estaba en la sien izquierda. Cerró los ojos, su pecho se hinchó de una última respiración y apreté los ojos fuertemente. Se oyó un ruido sordo proveniente de su piso y, al abrirlos dejé de verle, tan solo pude ver la silla.

Salí corriendo de allí y llamé varias veces a casi todos los telefonillos de sus vecinos, como una maniática, sabía que ese hombre se había volado los sesos, aunque no quería decirlo en voz muy alta o pensarían que estaba loca. Nadie respondió. Empecé a llamar fuertemente a la puerta del portal hasta que alguien abrió, alguien que no esperaba…

– ¿Ocurre algo?

– He visto que usted… ¿usted no…?

– No sé si la entiendo del todo pero… ¿está bien?

¿Cómo podía estar ese hombre frente a mí hablándome si minutos antes había visto cómo se disparaba en la cabeza?, ¿cómo podía bajar por las escaleras y caminar tan campante como si no hubiese ocurrido nada? Y, lo más importante, ¿había ocurrido? Contrariada, volví a casa, subí a mi cuarto y cerré la puerta tras de mí. Me temblaban las manos, notaba mi corazón palpitar a tres mil por hora y no podía dejar de recordar lo que había visto una y otra vez.

De repente, oí un ruido. Me acerqué a la ventana poco a poco y volví a verle, sentado en la silla, observando algo que tenía en su mano izquierda. En cuanto vi que apuntaba con la misma pistola a su sien izquierda apreté los ojos fuertemente y grité hasta que me quedé sin voz, sabía lo que iba a ocurrir.


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Dark:

I could observe him, not from far away. He looked intently at something he was holding with his left hand, as if he was thinking about doing something or wasn’t sure whether to do it or not. He was sitting on a white wooden chair, not moving, with one leg on top of the other, dressed in a gray suit, combed back, it was as if he had gone to a wedding or came from one, but what was he doing there? I was in front of the window, I could see him from the group of small houses in front of mine, he was in the attic where he used to work until the wee hours of the morning almost every day.

I’ll look like a stalker, haha, I know. But I like to observe people, even more without being quiet, they are usually downcast and do not really show how they are, they attract me a lot, if it were not so, I would lie. And this man is one of these people who make my curiosity activate. I wanted to smile but my lips were motionless to see what he had in his hand, it had that shape, that weight, that colour, maybe a certain texture and it created that uncomfortable and, at the same time, dangerous feeling. It was a gun, now I could see it. It was pretty to the naked eye but I didn’t like what I was thinking at all. What I was sensing he was going to do with her.

There was no expression on his face that showed fear or doubt towards what he was about to do. I put my hands on my window, squeezing them, as if I was going to avoid the inevitable but, all I managed to do was soak the area of the window where my mouth was closest to the fog. I couldn’t allow it, I didn’t want to do it. The gun was already on the left temple. He closed his eyes, his chest swelled from one last breath, and I squeezed my eyes tightly. There was a thud coming from his flat and, when I opened them I stopped seeing him, I could only see the chair.

I ran out of there and called several times almost all the phones of her neighbors, like a maniac, I knew that this man had blown his brains, although I did not want to say it very loudly or they would think that I was crazy. No one answered. I started knocking heavily on the door of the portal until someone opened, someone who I didn’t expect…

– Something happens?

– I saw that you… You don’t…?

– I don’t know if I understand you, miss. Are you ok?

How could that man be in front of me talking to me if minutes before I had seen how he shot himself in the head? And, most importantly, had it happened? Upset, I went home, went up to my room and closed the door behind me. My hands were shaking, my heart was pounding at three thousand an hour and I couldn’t help but remember what I had seen over and over again.

Suddenly, I heard a noise. I approached the window little by little and saw him again, sitting in the chair, observing something in his left hand. As soon as I saw the same gun pointed at his left temple I squeezed my eyes tightly and screamed until I was voiceless. I knew what was going to happen.


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Malvado:

No podía oírla aunque hablase, aunque volviera a decírmelo mil veces. No me importaba nada. Sus palabras eran flechas que no llegaban a tocarme, estaba hecho de hierro, muchos creían que era sensible, quizá es así como me expreso pero, lo cierto es, que no creo que pueda sentir aunque, no lo malinterpretéis, lo he intentado mil veces. Observo a menudo a mi hermana, una mujer pudiente, enfermera, trabaja como una mula y solo espera que yo, su hermano, haga lo que debo, me empuja a llevar una vida, incluso, a limpiarle las bragas. Veo cómo se desespera y se pone las manos a la cabeza cuando no están las cosas ordenadas o como a ella le gustan, me atrevería a decir que le sangran los ojos cada vez que ve cómo he dejado la cocina de sucia. Pero, no me importa.

Esta mañana es una paella que no he lavado. Su voz parece elevada a simple vista, pero no la escucho. Soy incapaz de oírla, incluso, viendo sus ojos desorbitados y sus ademanes nerviosos. Quiero preocuparme de ella, de su bienestar, soy su hermano mayor y debería, pero no puedo. No quiero. Me fijo en cómo se mueve su cabello, cómo se coge la cabeza, sufre de migrañas, al parecer se las provoca el estrés, mientras no puedo evitar esbozar una media sonrisa, me hace gracia que no se pueda contener, que vaya a explotar, que diga cualquier cosa que no considere como amenazante. Pero, así es Lizzie, ¿verdad? La hija pequeña perfecta, la que consigue todo lo que nuestros padres quisieron conseguir cuando eran jóvenes y, de todo menos amenazante.

Mientras sigue gritando, me pongo los auriculares y elijo poner Northlane a todo volumen, casi tan alto como para reventarme los tímpanos. Cierro los ojos y me dejo llevar tanto como para dejar colgando mi cabeza hacia atrás, como si estuviera colocado. Espera, ¿lo estaba? La oscuridad me posee, me deja pensar, me invade una sensación de libertad indescriptible mientras empiezan a intercalarse flashes en mi mente, donde puedo verme a mí mismo cortándole el cuello a Lizzie con un cuchillo súper afilado, dejándola caer al suelo y riendo estridentemente, tanto como para hacerme despertar y descubrir que mi hermana se había ido. Me quito los auriculares de los oídos y me levanto de la silla, el silencio se había apoderado de la casa, ¿dónde iba a ir un domingo por la mañana? Normalmente, no salía. Espera, esto que estaba sintiendo… ¿era una especie de preocupación? Nah, yo no siento eso.

Abrí la puerta de su cuarto y, allí estaba Lizze, con el cuello desgarrado, sangre salpicada por las paredes y esparcida por la colcha donde ella estaba postrada, inerte, sin vida.


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Evil:

I couldn’t hear her even if she spoke, even if she told me again a thousand times something important for her. I didn’t care about anything. Her words were arrows that did not touch me, I was made of iron, many believed that I’m sensitive, maybe that’s how I express myself but, the truth is, I don’t think I can feel although, but do not misunderstood me, I have tried a thousand times. I often observe my sister, a wealthy woman, a nurse, she works like a mule and only expects me, her brother, to do what I should, she pushes me to lead a life, even to clean her panties. I see how she despairs and puts her hands to her head when things are not orderly or as she likes them, I would dare to say that her eyes bleed every time she sees how I have left the kitchen dirty. But, I don’t care, as usual.

This morning is a pan that I have not washed. Her voice seems raised to the naked eye, but I don’t hear it. I am unable to hear her, even seeing her exorbitant eyes and nervous gestures. I want to take care of her, her well-being, I’m her big brother and I should, but I can’t. I don’t want to. I look at how her hair moves, how she catches her head, suffers from migraines, apparently they are caused by stress, while I can’t help but sketch a half smile, it makes me funny that she can’t contain herself, that she’s going to explode, that she says anything I can consider threatening. But, that’s Lizzie, right? The perfect little daughter, the one who gets everything our parents wanted to achieve when they were young and anything but threatening.

As he keeps screaming, I put on my headphones and choose to turn Northlane on loud, almost so high as to burst my eardrums. I close my eyes and let myself be carried away so much that I leave my head hanging back, as if I were high. Wait, was I? Darkness possesses me, lets me think, invades me with a sense of indescribable freedom as flashes begin to intersperse in my mind, where I can see myself cutting Lizzie’s neck with a super sharp knife, dropping her to the ground and laughing stridently, so much so as to make me wake up and discover that my sister was gone. I take my headphones off my ears and get up from the chair, silence had taken over the house, where was she going on a Sunday morning? Normally, She didn’t go out. Wait, this thing I was feeling… was it some kind of a concern? Nah, I don’t feel that.

I opened the door of her room and, there was Lizzie, with her neck torn, blood splattered on the walls and scattered by the quilt where she was prostrate, inert, lifeless.


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Voces Insatisfechas:

– Estás equivocado, no debe hacerlo – decía una de las voces. Sonaba segura, firme, sincera -.

– Sí debería. Ese chico podría ser el definitivo – decía otra de las voces. Esta sonaba excitada, exaltada, entusiasmada -.

– ¿Y si la rechaza? ¿Has pensado en ello?

– Podrá con ello, ¡nosotros podemos con todo!

Empezaba a notar cómo me sudaban las manos y la frente, allí de pie delante del supuesto chico de mis sueños, el que esperaba una respuesta rápida pero con el que siempre me trababa a la hora de decir algo tan importante como esto. Mis labios temblaban mientras yo miraba hacia abajo, con el corazón en un puño y notando mis piernas temblar como flanes. Era incapaz de mirarle. Había ido hasta allí para pedirle salir y ni siquiera podía esbozar una sonrisa, ¿pero qué…?

– Hazlo, seguro que te dice que sí. Eres guapa, inteligente e interesante, verás como todo sale bien – esa voz me animó a levantar un poco la barbilla y separar los labios para, finalmente, decir algo pero, la otra voz me interrumpió -.

– ¡No lo hagas! Podría ocurrirte lo mismo que la última vez. Todo podría salir mal y tú verte perjudicada. ¿De verdad quieres volver a pasar por eso? – apreté los labios y, como pude me di la vuelta para volver por donde había venido -.

– No dejes que este cascarrabias dicte esta decisión con algo que viene del pasado y que no sabes ni siquiera si volverá a ocurrir. ¡Inténtalo! – yo seguía andando, dándole la espalda a ese joven apuesto, moreno, de ojos azules y sonrisa maravillosa que ahora, seguramente, estaba cerrando la puerta preguntándose por qué había llamado a su puerta sin explicación -.

– ¿Cascarrabias yo? Tú estás en las nubes – le discutió la voz seria y firme -.

– Creo que le doy a la niña un buen consejo. Tú, sin embargo y como siempre ocurre, vuelves toda la situación del revés, la haces dudar y tira la toalla.

– Recuérdame qué ocurrió la última vez que le diste esa genial idea llena de positivismo y alegrías.

– ¡No fue mi culpa! Ese tío era un aprovechado…

Empecé a notar mi cabeza dar vueltas. Las dos voces discutían, empezaba a creer que nunca se pondrían de acuerdo y yo no sería capaz de decidirme. Pasaron los temblores en cuanto crucé la calle y llegaba a mi casa. Una tercera voz que no tenía idea de dónde provenía, quizá de un punto muy profundo de mi interior, empezó a hablar con voz serena, acompasada, segura y suave, era una de esas voces que no te gustaría olvidar, que penetra en tus oídos y te hace flotar.

– Estoy lista. Quiero una nueva relación y quizá esto sea lo que esté buscando. Puede que me equivoque una vez más pero si no lo intento, no sabré si volverá a ocurrir o se convertirá en la mejor experiencia de mi vida. Debo volver allí. No quiero perder esta oportunidad. Nos conocemos desde niños, siempre hemos jugado juntos y, ¿ahora tengo miedo de decirle lo que siento? Tengo que volver.

Me llené de energía y valor para volver a llamar a su puerta una vez más. Esta vez, no sentía ningún temblor, sino confianza, algo que llevaba mucho tiempo sin sentir. No había voces que escuchar, quizá estaban expectantes para ver qué ocurría, una de ellas enfadada porque no había dejado que siguiese con su negativa y, la otra, quizá esperando ver el mejor beso de película de la historia. Cole abrió la puerta. Me miró y sonrió.

– Has vuelto.

– Sí, bueno. Quería decirte algo.

– ¿Ah, sí? ¿Qué querías decirme?

Dejó la puerta tras de sí entreabierta y sus ojos se centraron en mí completamente. Así que, le besé, sin más. Fue húmedo, intenso y duró más de lo que había esperado. ¿Me había devuelto el beso? ¿Le gustaba?

– ¿Ves? ¡Sabía que saldría bien! – la voz alegre anticipaba acontecimientos pero esperaba lo mismo que ella -.

– Déjame en paz, quiero ver cómo la destroza.

Cuando nos separamos, nos miramos durante unos segundos y sonreímos. Ambas voces siguieron hablando pero ahora, eran un eco lejano. La única voz que podía oír era la mía en mi interior, diciendo:

– ¡Esa es mi chica!


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Unsatisfied Voices:

– You’re wrong, she shouldn’t do it – said one of the voices. It sounded confident, firm, sincere -.

– Yes, she should. That boy could be the definitive one – said another of the voices. It sounded excited, exalted, enthusiastic -.

– What if he reject her? Have you thought about it?

– She can with it, we can with everything!

I began to notice how my hands and forehead sweated, standing there in front of the supposed boy of my dreams, the one who expected a quick response but with whom I always stuck when it came to say something so important as this. My lips trembled as I looked down, my heart in a fist and noticing my legs trembling like custards. I was unable to look at him. I had gone there to ask him out and I couldn’t even smile, but what…?

– Do it! He says yes for sure. You are beautiful, intelligent and interesting, you will see how everything goes well – that voice encouraged me to raise my chin a little and separate my lips to, finally, say something but, the other voice interrupted me -.

– Don’t do it! The same thing could happen to you last time. Everything could go wrong and you could be harmed. Do you really want to go through that again? – I pressed my lips and, as I could, I turned around to go back where I had come from -.

– Do not let this curmudgeon dictate this decision with something that comes from the past and that you do not even know if it will happen again. Try! – I kept walking, turning my back on that handsome, black haired, blue-eyed, wonderful smile young man who was now, surely, closing the door wondering why I had knocked on his door without an explanation -.

– Curmudgeon, me? You are in the clouds all day long!- the serious and firm voice discussed -.

– I think I give the girl a good advice. You, however, as always happens, turn the whole situation upside down, make her doubtful and make her thing in throw the towel.

– Remind me what happened the last time you gave her that great ideas full of positivity and joy.

– It wasn’t my fault! That guy was a profiteer…

I started noticing my head spinning. The two voices were arguing, I was beginning to believe that they would never agree and I would not be able to decide. The tremors passed as soon as I crossed the street and arrived at my house. A third voice that I had no idea where it came from, perhaps from a very deep point inside me, began to speak with a serene, rhythmic, confident and soft voice, it was one of those voices that you would not like to forget, that penetrates your ears and makes you float.

– I’m ready. I want a new relationship and maybe this is what I’m looking for. I may be wrong once again but if I don’t try, I won’t know if it will happen again or become the best experience of my life. I must go back there. I don’t want to miss this opportunity. We’ve known each other since we were kids, we’ve always played together, and now I’m afraid to tell him how I feel? I have to go back.

I was filled with energy and courage to knock on his door once again. This time, I didn’t feel any tremors, but confidence, something I hadn’t felt for a long time. There were no voices to hear, perhaps they were waiting to see what happened, one of them angry because the other one had not let her continue with her refusal and, the other one perhaps waiting to see the best movie kiss in history. Cole opened the door. He looked at me and smiled.

– You came back.

– Yeah, well. I have something to tell you.

– Yeah? What is it?

He left the door behind him ajar and his eyes focused on me completely. So, I kissed him. It was wet, intense and lasted longer than I had expected. Had he kissed me back? He liked it?

– See? I knew it would turn out well! – the cheerful voice anticipated events but I expected the same as she did -.

– Leave me alone, I just want to see how he destroys her.

When we got separated, we looked at each other for a few seconds and smiled. Both voices kept talking but now, they were a distant echo. The only voice I could hear was mine inside me, saying:

– That’s my girl!!


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Publicado en Relatos

Papel en Blanco:

Llevaba horas frente al papel. Lo observaba con un bolígrafo en la mano derecha esperando a que la inspiración llamara a su puerta. Su editor le había dado una semana para que empezara con una nueva historia, pero Jacob no había conseguido mucho más que pasarse las tardes sentado en la silla del escritorio de su oficina sin más que hacer a parte que la de mirar esa hoja en blanco que empezaba a no gustarle nada. Solo se podía oír el ruido que hacían sus tripas, su digestión le recordaba que el silencio le estaba abrumando y que no tenía tiempo para andarse con perfeccionismos, debía desarrollar la primera cosa que le viniese a la cabeza.

Palabras sueltas sin ningún sentido. No se conectaban entre sí, menos fomentaban la creación de una historia interesante. Quizá este fuera un estúpido bloqueo de escritor, tras haber publicado tres libros, alguna vez tenía que ocurrir, ¿verdad? No pasaba nada, solamente tenía que tomárselo con calma. No, no podía. Solo quedaban tres días para enseñarle algo a su editor, algo que realmente le gustara y aceptara para poder empezar con algo. Se levantó de la silla, impaciente y empezó a andar arriba y a abajo de la oficina. Se le ocurrió decir palabras en voz alta para ver si podía desarrollar algo con ellas, escuchando su voz.

– Palabra – su voz salió monótona de entre sus labios e hizo que esa misma palabra se formara en el aire, como si realmente existiera, flotando. Sorprendido, dijo otra -: Serpiente.

Acto seguido, vio cómo una serpiente de un color verdoso y amarillento, se deslizaba por el suelo de su oficina y desaparecía al llegar a la pared que había detrás de él. Salió de la habitación hacía el salón para buscar la serpiente pero, no había nada. Extrañado, se volvió a encerrar en la oficina y decidió probar de nuevo.

– Medicina – de repente, apareció un bote con pastillas encima de la mesa de su escritorio. Trató de cogerlo pero sus manos lo traspasaban. Desapareció tras unos segundos. Así que, decidió con algo abstracto, con algo que ni siquiera se pudiese tocar o existiese en la realidad como un objeto o animal, ni siquiera visto en un papel -: Imaginación.

Esperó unos segundos hasta ver cómo un marco se formaba en la pared de enfrente. Esta empezaba a desaparecer y vio un cielo anaranjado y rojizo. A lo lejos, podía ver a un camino ancho que llevaba a otra puerta abierta donde le indicaba en una señal que debía entrar dentro si quería encontrar la imaginación que buscaba. Aquella era su única oportunidad de empezar una nueva historia y además, quería saber qué pasaba con las palabras que decía y por qué ocurrían en la realidad, así que, puso un pie dentro del primer marco dejando que desapareciera tras de sí y dirigiéndose al siguiente.

Otra señal, algo más pequeña que la anterior, le indicaba que, en caso de que decidiera adentrarse a través de la «Puerta de la Imaginación», debía tener en cuenta que sería casi imposible salir de ella y volver al mundo que solía conocer, le otorgaban unos minutos para reflexionar y considerar si quería volver atrás o seguir hacia adelante. No pudo con su curiosidad. Puso un pie dentro y dejó que esa puerta también se cerrara tras de sí envolviéndose entre palabras, historias y descripciones, personajes de otras épocas y situaciones que estos podrían tener en sus vidas. Nunca había sido tan feliz como en aquel momento.


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Blank Paper:

He had been in front of the paper for hours. He watched it with a pen in his right hand waiting for inspiration to knock on his door. His editor had given him a week to start with a new story, but Jacob had not achieved much more than spending his afternoons sitting in the chair at the desk of his office with nothing to do other than look at that blank sheet that he began to don’t like at all. He could only hear the noise made by his guts, his digestion reminded him that the silence was overwhelming him and that he did not have time to walk with perfectionisms, he had to develop the first thing that came to his mind.

Single words without any meaning. They didn’t connect with each other, let alone encourage the creation of an interesting story. Maybe this was a stupid writer’s block, having published three books, it had to happen sometime, right? Nothing happened, he just had to take it easy. No, he couldn’t. There were only three days left to show his editor something, something he really liked and accepted so Jacob could start with something. He got up from the chair, impatient and began to walk up and down the office. It occurred to him to say words out loud to see if he could develop something with them, listening to his own voice.

– Word – his voice came out monotonously from between his lips and caused that same word to form in the air, as if it really existed, floating. Surprised, he said another -: Snake.

Then, he saw how a snake of a greenish and yellowish color, slid down the floor of his office and disappeared when it reached the wall behind him. He left the room for the living room to look for the snake but, there was nothing. Surprised, he locked himself back in the office and decided to try again.

– Medicine – suddenly, a bottle of pills appeared on the table of his desk. He tried to catch it but his hands pierced him. It disappeared after a few seconds. So, he decided with something abstract, with something that could not even be touched or existed in reality as an object or animal, not even seen in a paper -: Imagination.

He waited a few seconds to see a frame form on the wall in front of him. It began to disappear and he saw how an orange and reddish sky. In the distance, he could see another open door where it indicated on a sign through a path that he should enter inside if he wanted to find the imagination he was looking for. That was his only chance to start a new story and he also wanted to know what happened to the words he said and why they happened in reality, so he set foot inside the first frame letting it disappear behind him and heading to the next.

Another sign, somewhat smaller than the previous one, told him that, in case he decided to enter through the Door of Imagination, he should keep in mind that it would be almost impossible to leave it and return to the world he used to know, giving him a few minutes to reflect and consider whether he wanted to go back or move forward. He couldn’t with his curiosity. He set foot inside and let that door also close behind him wrapping himself between words, stories and descriptions, characters from other eras and situations that these could have in their lives. He had never been as happy as he was at that time.


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Publicado en Relatos

Respirando Bajo el Agua:

Caí al agua. No puedo recordar desde dónde o cómo había pasado pero allí abajo estaba más bien oscuro, solo podía ver la luz que provenía de la superficie desde donde había caído y cada vez, me iba distanciando más de ella. Intenté mover los brazos con fuerza para volver a subir pero no respondían, el pánico empezó a abrirse paso dentro de mí al descubrir que mis piernas también se paralizaban y no me ayudaban a salir. Seguía cayendo poco a poco, como una pluma cae al suelo, lentamente, sin hacer ruido, sin nadie alrededor a quién poder acudir. Podría aguantar la respiración, como mucho, unos tres minutos y eso gracias a las clases intensivas de natación en mi adolescencia pero no sabía cuánto más podría hacerlo.

El resto de mi cuerpo parecía engarrotado, mi cuello permanecía recto y mis ojos clavados en la luz que había al final, ya muy lejana. Quería gritar pero no podía. Quería respirar, pero no podía. Quería salir de allí, pero no podía. No sabía muy bien cuánto tiempo había pasado desde que había caído, pero probablemente me estaría acercando a los tres minutos sin oxígeno y no veía una manera fácil de aceptar que iba a morir. Aquel era mi último destino. El momento que determinaría mi muerte. Cerré los ojos y los apreté fuerte, mi cuerpo se revolvía ante esa necesidad de respirar, traté de pensar en algo agradable, al menos, dentro de lo que pudiera encontrar. El parque. Tenía seis años y mi padre me había llevado allí a jugar a la pelota. Él estaba cansado, sus ojeras hablaban por sí mismas, pero igualmente, se animaba a corretear conmigo por todo el parque. Esas imágenes me hicieron esbozar una sonrisa.

Noté que una luz me estaba dando en los ojos, no era muy fuerte pero, me hizo abrirlos y darme cuenta de que me acercaba a la superficie. ¿Había sido por ese recuerdo? Volví a cerrarlos al notar que empezaba a bajar hacia la oscuridad otra vez y una sensación de ahogo que no sabía si podría aguantar. Así que, escogí otro. El parque de juegos. Tenía cinco años y mi padre me había llevado al trabajo con él porque la niñera le había fallado, así que, por primera vez, pude jugar en un salón enorme lleno de juegos de todo tipo con otros niños que eran hijos de astronautas. Escogí otro. La luz me molestaba cada vez más y empezaba a notar que mi respiración mejoraba. El circo. Mi padre me llevó con siete años, me empeñé en ver a animales y acrobacias porque me obsesioné con un anuncio de la televisión, me quedé ensimismada con todo lo que hacían y lo disfruté muchísimo. Otro. El primer día de colegio con tres años, mi padre me dio una piruleta y me dijo: «para la niña más grande» y eso fue suficiente para que me armara de valor y entrara por la puerta del sitio que me parecía el más aterrador de todos.

Una bocanada de aire entró en mis pulmones y el sol me daba en la cara, podía mover los brazos y las piernas y un bote salvavidas me sacaba del agua. Su cara era conocida, pero estaba tan mareada por la falta de aire y la profundidad que no me dio demasiado tiempo a ordenar esa información dentro de mi cerebro. Puse mi cabeza sobre los brazos apoyados en el salvavidas y me dejé llevar por el barco que me había sacado de allí. Pero, quién realmente me salvó fue mi padre, los recuerdos que quedaron, al menos. Volví a esbozar una sonrisa mientras cerraba los ojos…


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Breathing Under the Water:

I fell into the water. I can’t remember where or how it had happened from but down there it was rather dark, I could only see the light coming from the surface from where it had fallen and each time, I was getting further away from it. I tried to move my arms hard to be able to climb back up but they did not respond, the panic began to explode inside me when I discovered that my legs were also paralyzed and did not help me out. I kept falling slowly, like a feather falling to the ground without making noise, with no one around to turn to. I could hold my breath, at most, about three minutes and that thanks to the intensive swimming lessons in my teens but I didn’t know how much longer I could do it.

The rest of my body seemed to be crimbled, my neck remained straight and my eyes stuck in the light at the end, already far away. I wanted to scream but I couldn’t. I wanted to breathe, but I couldn’t. I wanted to get out of there, but I couldn’t. I didn’t quite know how long it had been since I had fallen, but I would probably be approaching three minutes without oxygen and I didn’t see an easy way to accept that I was going to die. That was my last destination. The moment that would determine my death. I closed my eyes and squeezed them hard, my body stirred at that need to breathe, I tried to think of something pleasant, at least, within what I could find. The park. I was six years old and my father had taken me there to play ball. He was tired, his dark bags in the eyes which spoke for themselves, but equally, he dared to run with me all over the park. Those images made me smile.

I noticed that a light was hitting me in the eyes, it was not very strong but, it made me open them and realize that I was approaching to the surface. Had it been because of that memory? I closed them again when I noticed that I was starting to go down into the darkness again and a feeling of suffocation that I didn’t know if I could hold on. So, I chose another one. The playground. I was five years old and my father had taken me to work with him because the nanny had failed him, so for the first time I was able to play in a huge room full of games of all kinds with other kids who were children of astronauts. I chose another one. The light bothered me more and more and I began to notice that my breathing was improving. The circus. My father took me with seven years old, I insisted on seeing animals and acrobatics because I became obsessed with an advertisement on television, I was absorbed with everything they did and I enjoyed it very much. An another one. On the first day of school when I was three years old, my father gave me a lollipop and said: «for the biggest girl» and that was enough for me to arm myself with courage and enter through the door of the place that seemed to me the scariest of all.

A breath of air entered my lungs and the sun hit me in the face, I could move my arms and legs and a lifeboat pulled me out of the water. His face was familiar, but I was so dizzy from the shortness of breath and depth that it didn’t give me too much time to sort out that information inside my brain. I put my head on my arms resting on the lifeguard and let myself be carried away by the boat that had taken me out of there. But, who really saved me was my father, the memories that remained inside me, at least. I smiled again as I closed my eyes…


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