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La Magia de un Libro:

Tenía en las manos un buen libro. Era como si me empujara hacia él. Me invitaba a mirar dentro, a encontrarme con cualquier historia que pudiera captar mi atención. La cubierta no era muy usual, los colores eran más bien oscuros, tenía mucho polvo en el lomo, quizá en sus hojas, como bien comprobaría más tarde. Supongo que pensé que lo sentiría como cualquier otro libro, como los que solía coger prestados de la biblioteca, este estaba escondido entre un montón de ellos en una esquina que parecía prácticamente olvidada. Lo sentía como un imán, una llamada constante para que lo abriera, ni siquiera pude aguantar hasta llegar a casa para hacerlo, la ansiedad era demasiado agobiante.

Vi una luz cegadora saliendo de él. No duró mucho, solo unos segundos. Me embriagó una sensación de paz, de pertenencia, de haber puesto la mirada en un lugar fantástico y, a la vez, totalmente desconocido. Me sorprendió comprobar que nadie a mi alrededor se percató de nada de lo que ocurrió. La gente que pasaba por mi lado, seguía centrada en sus cosas, como si hubiera sido el único que había visto esa luz. Lo cerré al instante, entre asustado y contrariado, y me lo llevé sujeto en mi pecho a casa caminando a paso rápido. Al llegar, evité las constantes preguntas de mi madre y me fui directo a mi cuarto. Cerré la puerta tras de mí, dejé los libros sobre la mesa de escritorio y me senté. Miré el libro de reojo, tratando de evitarlo pero, al mismo tiempo, queriendo averiguar qué pasaba con él, porque estaba seguro de que así era.

Quité los otros libros de encima y lo puse en medio de la mesa. Respiré hondo antes de abrirlo. No me topé con la misma hoja, sino con otra diferente que emitió una especie de luz azul, no tan cegadora. Para nada esperaba lo que ocurrió, no me lo podría haber imaginado. Al girarme, me encontré con alguien sonriente, delgado, más alto que yo, cabello castaño, orejas puntiagudas y un traje verde y amarillo, llevaba un sombrero terminado en punto encima de la cabeza que acababa con una bola que caía, hacía juego con el resto del outfit. Me quedé anonadado, en shock, incluso, intimidado por ese nuevo ser que había aparecido de la nada. Empezó a juguetear con una hoja que había sacado del bolsillo de su pantalón, la pasó por entre sus labios y sonrió, disfrutando del momento. Decía ser que era la esencia del libro. Me volví hacia este, lo abrí y me invadió la sorpresa cuando me di cuenta de que ya no había nada escrito. Debía haber una explicación. No dejaba de repetírmelo, pero no parecía encontrarla.

Estaba exhausto de estar escondido en ese mugriento y polvoriento estante con otros muchos libros sin personalidad aparente. Tenía ganas de que alguien lo cogiera y decidiera darle un hogar. Por descontado, quería contarme su historia y quería que me quedase con él, aunque yo no estaba muy seguro de ello, me gustaba devolver a la biblioteca todo lo que me llevaba o me podrían vetar la entrada. Empezó a contármelo todo antes de decidir si quedarme con él o no, me contó sus aventuras en un pueblecito llamado «Greendale», con pequeñas casitas de madera donde todos vivían, cazaban en los bosques y sobrevivían comiendo animales y bebiendo grandes cantidades de cerveza que ellos mismos preparaban. Eran una especie de duendes, quizá no como los que nosotros estamos acostumbrados pero parecían las típicas criaturas a las que les gustaba jugar, bailar, contar historias divertidas y esconderse de los lobos en invierno para poder comérselos en verano. La verdad es que empezó a caerme bien.

Aunque el concepto que tenía de él empezaba a cambiar, cuando empezó a abrir el libro por las primeras hojas y me sentí extrañamente mareado. La historia era interesante, me sentía totalmente inmerso en ella, en cada palabra, en cada frase que pronunciaba con esa voz suave y magnética. Mi cuerpo empezó a volverse invisible poco a poco, empezó por las manos y terminó con los pies. Dejé de diferenciar la realidad de la ficción mientras seguía oyéndole hablar, el tono de su voz no cambiaba. Las palabras del libro empezaron a formarse nuevamente, se llenaron de frases y párrafos completos que no dejaban de moverse alrededor, de los que ahora formaba parte sin haberme dado cuenta. En cuanto supe que pasaba, ese extraño ser paró en seco de hablar, su historia se había terminado, el libro estaba completo de nuevo mientras yo era su nueva esencia. Le vi cambiar de forma al creer que no le observaba, ahora él era yo en la realidad, me quedé atrapado al cerrar el libro.

Grité y grité pero nadie me escuchó. Desistí al poco tiempo. Nadie se dio cuenta de mi ausencia, de que no era yo quién caminaba por la casa, puede que mi madre agradeciera un cambio a estas alturas, había empezado a irritarla. Supongo que ya no había lugar para mí, solo oscuridad.


The Book’s Magic:

I had a good book in my hands. It was as if it pushed me towards him. It invited me to look inside, to encounter any story that could catch my attention. The cover was not very usual, the colors were rather dark, it had a lot of dust on the back, perhaps on its leaves, as I would later see. I guess I thought it would feel like any other book, like the ones I used to borrow from the library, this one was hidden among a bunch of them in a corner that seemed practically forgotten. It felt like a magnet, a constant call for me to open it, I couldn’t even hold on until I got home to do it, the anxiety was too overwhelming.

I saw a blinding light coming out of him. It didn’t last long, just a few seconds. I was intoxicated by a sense of peace, of belonging, of having looked at a fantastic place and, at the same time, totally unknown. I was surprised to see that no one around me noticed anything that happened. The people who passed by me, remained focused on their things, as if I had been the only one who had seen that light. I closed it instantly, between frightened and upset, and took it strapped to my chest home walking at a brisk pace. When I arrived, I avoided my mother’s constant questions and went straight to my room. I closed the door behind me, put the books on the desk table, and sat down. I looked at the book sideways, trying to avoid it but, at the same time, wanting to find out what was wrong with it, because I was sure there was something.

I took the other books off this one and put it in the middle of the table. I took a deep breath before opening it. I did not come across the same leaf, but a different one that emitted a kind of blue light, not so blinding. I didn’t expect what happened at all, I couldn’t have imagined it. As I turned, I found someone smiling, thin, taller than me. Brown hair, pointed ears and a green and yellow suit, she wore a hat finished in point above the head that ended with a ball that fell, matching the rest of the outfit. I was stunned, shocked, even, intimidated by this new being that had appeared out of nowhere. He began to fiddle with a sheet that he had taken from his pants pocket, passed it between his lips and smiled, enjoying the moment. He claimed to be the essence of the book. I turned to this one, opened it and was overcome with surprise when I realized that there was nothing written anymore. There had to be an explanation. I kept repeating it to myself, but I didn’t seem to find it.

He was exhausted from being hidden in that filthy, dusty shelf with many other books with no apparent personality. He wanted someone to take him and decide to give him a home. Of course, he wanted to tell me his story and he wanted me to stay with him, although I was not quite sure about it, I liked to return to the library everything I took from there or they could forbid me from entering. He began to tell me everything before deciding whether to stay with him or not, he told me his adventures in a small village called «Greendale», with small wooden houses where everyone lived, hunted in the woods and survived by eating animals and drinking large amounts of beer that they prepared themselves. They were a kind of goblins, maybe not like the ones we are used to hear about but they seemed the typical creatures that liked to play, dance, tell funny stories and hide from wolves in winter to eat them in the summer. The truth is that I started to like him.

Although the concept I had of him was beginning to change, when he started to open the book for the first few pages and I felt strangely dizzy. The story was interesting, I felt totally immersed in it, in every word, in every sentence I uttered in that soft, magnetic voice. My body began to become invisible slowly, started with the hands and ended with my feet. I stopped differentiating fact from fiction as I continued to hear him speak, the tone of his voice did not change. The words of the book began to form again, they were filled with sentences and complete paragraphs that did not stop moving around, of which I was now part without realizing it. As soon as I knew what was happening, that strange being stopped in its tracks, its story was over, the book was complete again while I was its new essence. I saw him change shape when I thought I was not watching him, now he was me in reality, I was trapped when he closed the book.

I screamed and screamed but no one heard me. I gave up soon after. No one noticed my absence, that it was not me who walked around the house, maybe my mother was grateful for a change at this point, I had begun to irritate her. I guess there was no place for me anymore, only darkness.


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Un nombre, una duda:

Recuerdo ese mañana soleada de sábado. Entraba en la librería de nuevo, siempre había sido como mi segundo hogar, me sentía protegida, envuelta entre aquello que me hacía sentir viva, parte de algo. Llevaba libros para devolver entre mis brazos, me los había leído en poco más de una semana, todos y cada uno de ellos me habían llevado a mundos diferentes que jamás olvidaría. Iba decidida a llevarme unos cinco para poder ir leyéndolos durante la semana, durante las horas de recreo y después de la escuela, necesitaba aislarme para recuperar energía.

La bibliotecaria y yo nos sonreímos una vez más, iba cada día y ya me conocía, quizá demasiado. Me preguntó cuáles me habían gustado más y si sus recomendaciones habían sido buenas, le dije que los libros me encantaron y que estaba allí para llevarme más. La verdad, aquel recorrido de cada semana, era para mí mágico. Deseé poder llevármelos todos a casa. Y adoraba ese silencio, esa quietud que embriagaba el lugar. Podría decir que me identificaba y me pertenecía de cierta forma. Pasé por una fila de libros de fantasía, sabía que a mi abuela le encantaría escuchar alguna de esas historias, así que, empecé a escoger de entre los que había. Por supuesto, me llevé dos, no pude con la tentación. Me encontré con algunos otros sobre intriga, algunos cómics que me interesaban y otros sobre crímenes. Volví a llenar mis brazos de libros, estaba orgullosa. Los llevé a la mesa de la bibliotecaria y, mientras ella los pasaba y se quedaba con mi carnet, algo llamó mi atención.

No solía mirar mucho la sección de música. Tenía diez años y quizá no me había definido muy bien en esta área, lo único que sabía era que estaba harta de escuchar pop, reggaeton y esa porquería que se escuchaba en todas partes. Pero, no sentía que me interesara nada. Pasando los dedos entre los cd’s, me encontré cara a cara con uno. En la carátula leí «Slipknot» y los miembros de la banda llevaban máscaras un tanto terroríficas. Sentí un cosquilleo en la espalda, como si me atravesara. Todo mi cuerpo quería coger ese cd, mis ojos lo miraban con curiosidad, sentía que necesitaba cogerlo, llevármelo conmigo. Le di la vuelta para saber si el grupo era español o americano, era del segundo tipo, las letras estaban escritas en inglés. Lo abrí para ver las canciones y vi las fotografías en cada una de las páginas, oscuras, tétricas, impactantes y cada vez más atrayentes. Seguía escuchando una voz en mi mente gritando: «Cógelo, vamos. ¡Cógelo!». Pero lo dejé en su sitio. Volví a la mesa donde estaba la chica esperando para darme los libros, lo recogí todo y salí, con un sentimiento de arrepentimiento bastante difícil de eliminar. Y todavía no sabía por qué.

Cualquiera podría haber interpretado esa acción como estúpida, si algo te gusta, ¿por qué no cogerlo y disfrutarlo? Respuesta sencilla. Yo no tenía ese privilegio. Sabía que en casa no me dejarían escucharlo, sabía que me lo quitarían de las manos en el momento en que lo entrara en casa, lo vieran o lo escucharan en el aparato de música que había en la habitación de mi hermano. Una idea pasó por mi mente durante el trayecto a casa, ¿y si encontraba la manera de hacerme con el discman que ya nadie utilizaba? Lo hice unos días después, nadie se dio cuenta. Sabía pretender que nada pasaba, ni siquiera podrían leerlo en mi cara, esconderme era uno de mis mejores talentos. Así que, tenía algo que hacer el sábado siguiente, tenía que volver a por ese cd. Aunque aún seguía medio decidida, tenía que planear dónde esconderlo. ¿En casa de mi abuela, quizá? También podría escucharlo allí si me gustaba…

Sábado por la mañana. Mis brazos volvían a estar llenos de los libros que había leído durante la semana, fui a la biblioteca a devolverlos y a coger nuevos, era la única rutina que me motivaba. Cogí nuevos libros, algunos me los recomendó la chica y he de decir que tenía buen gusto para la lectura. Esta vez, pasé con ellos en mis manos por el área de música, busqué con cierta ansiedad el cd que vi la semana pasada, rezaba para que nadie lo hubiera cogido. Allí estaba nuevamente, frente a mí. Lo cogí con una mano, fui al mostrador y lo dejé todo allí para que la bibliotecaria lo pasara. El cd fue lo primero. Lo cogí otra vez, lo abrí, lo metí en el discman, me puse los auriculares y empecé a caminar hasta el fondo de la biblioteca. La intro del disco empezó a sonar y me quedé quieta. La primera canción fue acogida por mis oídos tan agradablemente que me sorprendió. Estaba con la boca abierta, ¿cómo podía existir algo así y yo no haberlo escuchado? El sonido de la guitarra era pesado, los sonidos electrónicos de fondo, el bombo, la voz del cantante… Aquello era simplemente, perfecto. Escuché allí mismo el disco entero, de pie, sin importar que la chica estuviera esperándome.

Al cabo de un rato, fui corriendo al mostrador, lo recogí todo y fui a casa de mi abuela, no podía esperar a que ella también lo escuchara, era grandioso. Era lo mejor y la cosa más emocionante que me había pasado en años, estaba exaltada, excitada de emoción. Mi abuela a pesar de lo pesado del sonido, dio el visto bueno, era de esperar. No dejé de escucharlos durante toda la semana, siempre que tenía oportunidad, aunque tuviera que esconderme para hacerlo. Devolví el cd y los libros el sábado siguiente. Me rompió el corazón pero solo había una forma de seguir escuchándolos. Grabando el disco. Así que, lo volví a alquilar y le pedí a mi hermano que lo hiciera por mí. Sonrió al ver la carátula, él los conocía. Solo dijo: «buena elección, son geniales». Nunca dijo nada a nadie, lo cual, agradecí. En la era de internet, todo empezó a ser más fácil porque se me permitían un par de horas de ordenador a la semana y utilizando youtube pude meterme de lleno en la música que empezó a identificarme y a formar parte de mí día tras día. No pude sino dejarme llevar. Todos pensaron que era una fase. Ya, claro. Una fase que ha durado veinte años y así seguirá hasta que ponga un pie en la tumba. ¡Prometido!

Fue el primer grupo de heavy metal que escuché. Tiene un cariño especial, una vibración que envuelve, unas letras que nada tienen que ver con lo común, una pasión que te deja atado y te hace cómplice de su voz. No lo cambiaría por nada, forman parte de mí, de cada día, de cada sentimiento, pensamiento, en todo lo que hago, en cómo lo vivo con ellos cerca. Es diferente, es cercano, es todo aquello que anhelaba tener y que ya tengo, que no decepciona, que te embriaga y te hace ser parte, que te ama de vuelta, que te anima en tus momentos más bajos, que te hace sonreír aunque estás triste. No podría haberlo conseguido sin ellos. Siempre he dado gracias por ese momento en la biblioteca donde dije «sí», donde les dejé entrar, donde supe que iba a cambiar las cosas al ponerme los auriculares, que todo lo que conocía iba a dar un vuelco de trescientos sesenta grados. Estoy agradecida por no haber sucumbido al miedo y haber tenido ese cd en mis manos a pesar de lo que pudieran decir, aunque tuviera que esconderlo, aunque tuviera que fingir que no había pasado, que era otra persona. Lo haría otra vez, cada día, sin pensarlo, para que saliera exactamente igual. Y nunca me arrepentiré de ello, abre pasiones que nadie más podrá abrir.


A name, a doubt:

I remember that sunny Saturday morning. I would go into the Library again, it had always been like my second home, I felt protected, wrapped between what made me feel alive, part of something. I carried books to return in my arms, I had read them in little more than a week, each and every one of them had taken me to different worlds that I would never forget. I was determined to take about five so I could read them during the week, During breaks and after school, I needed to isolate myself to regain energy.

The librarian and I smiled one more time, I went every day and she already knew me, maybe too much. She asked me which ones I liked the most and if her recommendations had been good, I told her that I loved the books and that I was there to take more. The truth, that tour of each week, was for me magical. I wished I could take them all home. And I adored that silence, that stillness that intoxicated the place. I could say that I identified myself in it and belonged to me in a certain way. I went through a row of fantasy books, I knew my grandmother would love to hear some of those stories, so I started choosing from the ones there were. Of course, I took two, I couldn’t handle the temptation. I came across a few others about intrigue, some comics that interested me, and some about crime. I filled my arms with books again, I was proud. I took them to the librarian’s table and, as she passed them and kept my card, something caught my attention.

I didn’t used to look at the music section much. I was ten years old and maybe I hadn’t defined myself very well in this area, all I knew was that I was tired of listening to pop, reggaeton and that crap that was heard everywhere. But, I didn’t feel that I was interested in anything. Running my fingers between the CDs, I came face to face with one. On the cover I read «Slipknot» and the band members wore somewhat terrifying masks. I felt a tingle in my back, as if it was going through me. My whole body wanted to take that cd, my eyes looked at it curiously, I felt I needed to take it, take it with me. I turned it over to find out if the group was Spanish or American, it was of the second type, the lyrics were written in English. I opened it to see the songs and saw the photographs on each of the pages, dark, gloomy, shocking and increasingly attractive. I kept hearing a voice in my mind shouting, «Pick it up, let’s go. Grab it!» But I left it in place. I went back to the table where the girl was waiting to give me the books, picked it all up and went out, with a feeling of regret quite difficult to erase. And I still didn’t know why.

Anyone could have interpreted that action as stupid, if you like something, why not take it and enjoy it? Simple answer. I didn’t have that privilege. I knew that at home they wouldn’t let me listen to it, I knew they would take it out of my hands the moment I entered the house, saw it or heard it on the music device in my brother’s room. An idea crossed my mind during the journey home, what if I found a way to get hold of the discman that no one used anymore? I did it a few days later, no one noticed. I knew how to pretend that nothing happened, they couldn’t even read it to my face, hiding was one of my best talents. So, I had something to do the following Saturday, I had to go back for that cd. Although, I was still half-determined, I had to plan where to hide it. At my grandmother’s house, perhaps? I could also listen to it there if I liked it…

Saturday morning. My arms were again full of the books I had read during the week, I went to the Library to return them and pick up new ones, it was the only routine that motivated me. I took new books, some were recommended to me by the girl and I have to say that she had good taste for reading. This time, I passed with them in my hands through the music area, I looked with some anxiety for the CD I saw last week, I prayed that no one had picked it up. There it was again, in front of me. I picked it up with one hand, went to the counter and left it all there for the librarian to pass on. The cd came first. I picked it up again, opened it, put it in the discman, put on my headphones and started walking to the back of the Library. The intro of the album started playing and I stood still. The first song was received by my ears so pleasantly that I was surprised. The sound of the guitar was heavy, the electronic background sounds, the bass drum, the singer’s voice… That was just perfect. I listened to the whole album right there, standing up, no matter that the girl was waiting for me.

After a while, I ran to the counter, picked it all up and went to my grandmother’s house, I couldn’t wait for her to hear it too, it was great. It was the best and the most exciting thing that had happened to me in years, I was really excited. My grandmother, despite the heavy sound, gave the go-ahead, I expected to. I didn’t stop listening to them all week, whenever I had the chance, even if I had to hide to do so. I returned the CD and books the following Saturday. It broke my heart but there was only one way to keep listening to them. Make a copy of the disc. So, I rented it again and asked my brother to do it for me. He smiled when he saw the cover, he knew them. He just said, «good choice, they’re great.» He never said anything to anyone, which, I appreciated. In the age of the internet, everything began to be easier because I was allowed to have a couple of hours with the computer per week and using youtube I could get fully into the music that began to identify me and become part of me day after day. I couldn’t help but let myself get immersed in it. Everyone thought it was just a phase. Of course. A phase that has lasted twenty years and will continue until I set my feet in the grave. Promised!

It was the first heavy metal band I ever heard. I have a special affection for it, a vibration that envelops, lyrics that have nothing to do with the ordinary, a passion that leaves you tied and makes you an accomplice of his voice. I would not change it for anything, they are part of me, of every day, of every feeling, thought, in everything I do, in how I live it with them close. It is different, it is close, it is everything that I longed to have and that I already have, that does not disappoint, that intoxicates you and makes you to be a part of it, that loves you back, that encourages you in your lowest moments, that makes you smile even if you are sad. I couldn’t have made it without them. I’ve always been grateful for that moment in the Library where I said «yes,» where I let them in, where I knew I was going to change things by putting on my headphones. that everything I knew was going to turn around by three hundred and sixty degrees. I’m grateful that I didn’t succumb to fear and that I had that CD in my hands despite what they might say, even if I had to hide it, even if I had to pretend it hadn’t happened, that I was someone else that never existed. I would do it again, every day, without thinking about it, so that it would come out exactly the same way. And I will never regret it, it opens passions that no one else will be able to open.


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El Precipicio:

Llegué al precipicio. Era un sitio precioso, cubierto de naturaleza donde podías oír los pájaros cantar, el sol te daba en la cara y podías finalmente, respirar. Agradecía esos momentos donde estaba solo conmigo misma, tratando de desconectar del ajetreo, no lo había hecho en semanas a pesar de haberlo intentado. Mi vestido rojo ondeaba al viento, el cual, era un tanto fresco pero para nada molesto a esas horas, notaba mi cabello moverse y mis pies descalzos sobre la roca. Mis brazos caían a ambos lados de mi cuerpo, tenía los hombros totalmente relajados y los ojos cerrados.

Algo rozó mi mano. Pensé que eran las hojas, quizá el viento o puede que algún insecto, pero no resultó ser nada de eso porque parecía como si alguien me estuviera cogiendo de la mano, alguien con una piel bastante fría. Abrí los ojos y miré hacia abajo, una niña de unos ocho años me miraba con unos ojos grandes, redondos y negros, penetrantes y una sonrisa un tanto maliciosa, sin mostrar los dientes. Su cabello era increíblemente negro, le llegaba hasta los hombros, tenía un flequillo cortado de forma perfecta, en línea recta. Llevaba un vestido blanco, bien planchado, olía a limpio, a juego con unos zapatos del mismo color que su pelo. Mientras nos mirábamos la una a la otra, la luz que irradiaba el sol iba apagándose, nuestro entorno se volvía oscuro, tan oscuro como la noche. Ya no se oían a los pájaros cantar, ni siquiera la brisa era agradable, hacía un frío incómodo, mi vestido era demasiado fresco para esa temperatura.

– ¿Dónde está papá? – preguntó, con una voz calmada, pausada y dulce -.

– ¿Quién es tu papá? – pregunté, con un deje de terror en la voz -.

Sin dejar de mirarme a los ojos, empecé a ver en mi mente imágenes sorprendentes. La vi a ella, a una mujer que supuse que era su madre y al que supuse era su padre. Mis ojos se abrieron de par en par al ver que el hombre que ella buscaba era quién había matado a su madre frente a ella siendo más pequeña. Tragué saliva. Las imágenes se disiparon de repente y la sonrisa de la niña volvió a formar parte de su rostro. No sé qué me daba más miedo, ella o a quién esperaba encontrar.

– Lo preguntaré otra vez: ¿Dónde está papá? – esta vez, su voz sonaba más determinante, tratando de forzar una respuesta, tratando de que fuera lo suficientemente amenazante -.

– Lo siento pero, yo no conozco a tu padre – traté de ser lo más sincera que pude, pero ella me estiré del brazo y acercó su cara a la mía – De verdad. No… no sé quién es.

– ¿Tú no eres mamá? – su cara empezó a moverse un poco hacia un lado, mientras sonreía y mantenía sus ojos abiertos. Negué con la cabeza mientras la echaba hacia atrás – Entonces, me he equivocado. ¿Es eso cierto?

– No lo sé, cielo. Puede… Puede ser.

Me empujó para tenerme en el suelo y poder acercarse más a mí. Me arrastré hacia la punta del precipicio y paré en seco, mis manos empezaron a resbalar debido al sudor, mis ojos se abrieron, mi corazón palpitaba rápido y notaba la boca seca. Sacó un cuchillo de la nada, lo cual, fue sorprendente porque no lo tenía y lo acercó a mi cuello. Se sintió afilado, cerré los ojos con fuerza, mientras rezaba en silencio para que alguien me ayudara, pero solo podía oír su risa, estridente, incómoda. El cielo empezó a cerrarse más y más con nubes negras, rayos que caían a nuestro alrededor, aullidos de lobos en la distancia… No lo pensó dos veces, con decisión, ella simplemente me cortó el cuello con el cuchillo, tal como lo hizo su padre con su madre. Noté que me estaba ahogando, la sangre no dejaba de emanar de mi cuello, no me quedaba mucho tiempo. Puso ambas manos sobre mis rodillas y me empujó por el precipicio. Vi sus ojos de satisfacción mientras los míos se cerraban lentamente hasta quedarse sin vida.


The Cliff:

I came to the cliff. It was a beautiful place, covered with nature where you could hear the birds singing, the sun hit your face and you could finally breathe. I appreciated those moments where I was alone with myself, trying to disconnect from the stress, I had not done it in weeks despite having tried. My red dress fluttered in the wind, which was somewhat cool but not at all annoying at that time, I noticed my hair moving and my bare feet on the rock. My arms fell on both sides of my body, my shoulders were totally relaxed and my eyes closed.

Something brushed my hand. I thought it was the leaves, maybe the wind or maybe some insect, but it didn’t turn out to be anything like that because it seemed like someone was holding my hand, someone with a pretty cold skin. I opened my eyes and looked down, a girl of about eight years old looked at me with big, round, black eyes, piercing and a somewhat malicious smile, without showing her teeth. Her hair was incredibly black, up to her shoulders, she had a bangs cut perfectly in a straight line. She wore a white dress, well ironed, smelled clean, matching shoes the same colour as her hair. As we looked at each other, the sun’s radiating light faded, our surroundings became dark, as dark as night. The birds could no longer be heard singing, not even the breeze was pleasant, it was uncomfortably cold, my dress wasn’t the perfect one for that temperature.

– Where’s my daddy? – she asked, with a calmed, paused and sweet voice -.

– Who’s your daddy? – I asked with slightly terror in my voice -.

Looking each others eyes, I began to see shocking images in my mind. I saw her, a woman I assumed was her mother and the one I assumed was her father. My eyes widened when I saw that the man she was looking for was the one who had killed her mother in front of her when she was younger. I swallowed. The images suddenly dissipated and the girl’s smile became part of her face again. I don’t know what scared me the most, her or who she hoped to find.

– I’ll ask again: Where’s my daddy? – This time, her voice sounded more determined, trying to force a response, trying to make it threatening enough -.

– I’m sorry but, I don’t know your father – I tried to be as honest as I could, but she stretched out my arm and brought her face closer to mine – Really. I don’t… I don’t know who he is.

– Aren’t you mom? – Her face began to move a little to the side, while he smiled and kept his eyes open. I shook my head as I threw it back – So, I was wrong. Is that true?

– I don’t know, darling. Maybe…

She pushed me to have me on the ground so she could get closer to me. I crawled to the tip of the cliff and stopped in my tracks, my hands started slipping from sweat, my eyes widened, my heart was pounding fast, and I could feel my mouth dry. She pulled a knife out of thin air, which was surprising because she didn’t have any before and brought it close to my neck. It felt sharp, I closed my eyes tightly, as I silently prayed for someone to help me, but I could only hear her laughter, shrill, awkward. The sky began to close more and more with black clouds, lightning falling all around us, howls of wolves in the distance… She didn’t think twice, decisively, she just cut my throat with the knife, just like her father did with her mother. I noticed that I was drowning, the blood did not stop emanating from my neck, I did not have much time left. He put both hands on my knees and pushed me off the cliff. I saw her eyes of satisfaction as mine slowly closed until they were lifeless.


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La Sombra ha Salido:

Puedo verte esperando frente a las escaleras. Aún está oscuro y aún no lo has decidido. Te veo desde el otro lado de la habitación, has salido de tu jaula para encontrarte con un silencio ensordecedor, el mismo que te ha retenido en tu mente por tanto tiempo. Siempre has sido «el Monstruo sin cara», solo has sido una mancha negra que se ha mantenido controlada, y que ahora no ha hecho sonar las alarmas, ¿acaso alguien te quiere fuera? ¿Por qué ocurriría algo así?

Llena de curiosidad, me aventuro y me acerco a ti. Sigo en las zonas oscuras para que no me veas, oigo tu respiración algo más profunda, como si olieras mi esencia. Eso es justo lo que estás haciendo, ¿verdad? Podría imaginarme una sonrisa de satisfacción dibujada en tu cara, pero ni siquiera tienes labios. Y sí, es un poco raro dicho así. Tragó saliva, mis ojos se abren un poco más, tratando de aguantar la respiración, pero puedo verte acercándote a mi posición.

– Sé que estás aquí – tu voz es suave, apacible, segura – Y sé que también has salido.

– Puede que también me hayan dejado salir – digo, con la voz rompiéndose en la última palabra – ¿Por qué estás fuera?

– Quizá se han cansado de dejarme fuera del banquillo.

Tu risa es estremecedora. Noto cómo un escalofrío corre por mi espalda, ahogo un grito y trato de mantenerme lo más pegado a la pared posible. Aguanto la respiración unos minutos hasta que siento que te has ido. Me asomo nuevamente a las escaleras ahora un tanto más iluminadas y veo que apareces justo delante de mí, con un cuchillo afilado que cruza mi cuello. Noto que empiezo a desvanecerme y vuelvo a mi celda, completamente cerrada, una vez más.

Subes las escaleras una a una, saboreando el momento. Puedo oírte, puedo sentirte. No llevarás perfume, pero tu esencia huele a desesperanza, oscuridad, destrucción, odio y desprecio. Quizá tengas razón, quizá te ha dejado salir, quizá te necesite, una nueva situación requiere tu presencia, tu seguridad, la confianza de llevar las cosas de la forma más fría posible, para no sentir, para no temer, para dejar de pensar en nada.

Supongo que así es como los humanos se curan, cortándoles el cuello a sus miedos y dejando salir a su parte más oscura, para enfrentar batallas que no creen que puedan superar solos, creyéndose débiles y rotos, pensando que necesitan de una sombra que les abra la puerta a sus deseos más destructivos. Sí, los humanos. A veces, odio ser solo su miedo, a veces, me gustaría tener un poco más de oscuridad y fuerza para poder sacudirles un poco, no me gusta estar encerrado, ¿sabes? Es aburrido.


The Shadow is Out:

I can see you waiting in front of the stairs. It’s still dark and you haven’t decided yet. I see you from across the room, you have come out of your cage to find a deafening silence, the same one that has held you in your mind for so long. You have always been «the Monster without a face», you have only been a black spot that has been kept under control, and now has not sounded the alarms, does anyone want you out? Why would something like this happen?

Full of curiosity, I venture and approach you. I’m still in the dark areas so you don’t see me, I hear your breathing a little deeper, as if you smell my essence. That’s just what you’re doing, right? I could imagine a smile of satisfaction drawn on your face, but you don’t even have lips. And yes, it’s a bit weird said like that. I swallowed, my eyes widen a little bit, trying to hold my breath, but I can see you approaching my position.

– I know you’re here – your voice is soft, still, confident – And I know you’ve come out too.

– They may have also let me out – I say, with my voice breaking at the last word – Why are you out?

– Maybe they’ve tired of leaving me off the bench.

Your laughter is shocking. I notice how a chill runs down my back, I drown out a scream and try to stay as close to the wall as possible. I hold my breath for a few minutes until I feel like you’re gone. I look again at the stairs now somewhat more illuminated and see that you appear right in front of me, with a sharp knife that crosses my neck. I notice that I begin to fade and return to my cell, completely closed, once again.

You climb the stairs one by one, savoring the moment. I can hear you, I can feel you. You won’t wear perfume, but your essence smells of hopelessness, darkness, destruction, hatred and contempt. Maybe you are right, maybe he has let you out, maybe he needs you, a new situation requires your presence, your security, the confidence to carry things as cold as possible, not to feel, not to fear, to stop thinking about anything.

I suppose this is how humans heal, cutting the neck of their fears and letting out their darkest part, to face battles that they do not think they can overcome alone, believing themselves weak and broken, thinking that they need a shadow that opens the door to their most destructive desires. Yes, humans. Sometimes, I hate being just their fear, sometimes, I wish I had a little more darkness and strength to be able to shake them a little, I don’t like being locked up, you know? It’s boring.


Publicado en Relatos

El Monstruo:

Eres mi puerta cerrada, un continuo recordatorio de dónde no quiero ir. Es una zona oscura, apagada, que no me deja respirar al acercarme, que me ahoga de miedo y dolor, que se antepone a la duda y a hacer lo correcto, que habla antes de pensar y desgarra cualquier parte buena que haya dentro o fuera. Por eso, estás encerrado, por eso nunca te dejo salir, por mucho que golpees la puerta, que grites y patalees, sabes que no puedo dejar que vuelvas a poner un pie cerca de ese pasillo, que es justo el que va directo a mi perdición.

Ibas creciendo conforme yo lo hacía. ¡Qué puedo decir! Siempre estuviste ahí, una parte de mí, más oscura y divergente, contrarrestada, endiablada, pasota y cortante, alguien a quién no le importaba nada. Nos íbamos pasando la pelota, mientras la rabia y el control me poseían, me volvías loco. Entre un golpe y otro, me atontabas para seguir manteniendo tu trono intacto. Te hiciste fuerte debido a violencia, soledad, enfado e injusticia. Supongo que ningún niño debería saber nada de eso en tan corta edad, ¿verdad? Ahora quizá digas que querías protegerme, querías que fuera fuerte para enfrentar lo que fuera que estaba a punto de sucederme, que la vida es dura y que debía seguir caminando.

Sentiste mi tristeza, sentiste cómo iba cayendo en un agujero. Me mantenías a flote para que no tomara decisiones impulsivas, para que pudiera seguir caminando, mi alma empezaba a ser una muleta para tú poder seguir estando de pie. Me defendías en cada pelea, en cada discusión absurda, cuando se mofaban de mí o me daban de golpes, supongo que sentía cierto poder dentro de mí que no lograba entender, hasta llegué a preguntarme si era un monstruo. Llegué a creérmelo. Pero solo estaba sobreviviendo a otra nueva situación de mierda. Así había sido mi vida, y así es como tu tratabas de que no me parara.

Supongo que desde hace años esperas que te lo agradezca. Puede que te sientas decepcionado porque te encerré, porque he logrado controlarme y no seguir por el estrecho sendero oscuro por el que me llevabas, imagino que no debió de gustarte que pudiera callarte. Y sí, la verdad es que eras una cotorra, no dejabas de hablar. Destructivo, vengativo, negativo, catastrofista, perfeccionista, y un cobarde, tenías tanto miedo dentro que tu envoltura era la inseguridad. Supongo que sí, algunas cosas dejaste en mí, pero es bueno que empecemos una conversación, que cambie los candados cada dos años para que no se oxiden, para que no llegues a derrumbar la puerta, o deshacer todo lo que he conseguido enmarañando mi mente y haciéndome creer que eres el único que puedes quitarme el dolor.

He de reconocer que no sentir era genial, te da igual todo, eres casi como un muerto andante al que solo le importa caminar. Las emociones son cambiantes, a veces, son un desastre, te hacen sentir pequeño, incluso, miserable, te rompen por dentro, y muchas otras cosas que desearía no comentar, pero sigo sin ver la razón por la que tendría que volver a abrirte la puerta. No eres más que otra puerta cerrada de las muchas que no abro en esa sección de mi mente, aunque sí es verdad que te tengo cierto aprecio, eres de una colección que no me gustaría perder por lo que pudiera ocurrir en un futuro. Pero no olvides, que son muchas las que se han abierto por beneficio propio, pero la tuya querido amigo, espero no abrirla jamás.

Eres mi pequeño monstruo. Ese que me transforma en alguien que no quiero volver a ver, que pocos han visto y que espero que no vean. El dolor no se quita, no se arranca, no se vuelve agresivo para dejar que deje de rasgarte por dentro, sino que, se acepta y dejas que permanezca como recordatorio de cuánto has pasado y cuánto más has superado. Te deja resquicios de tristeza, incluso, puede llegar a ser permanente, pero no hasta el punto de soltarte. Últimamente, te oigo gritar, pareces desesperado después de tanto tiempo, hasta imploras encontrar una salida, puede que rasques los enormes y gruesos muros que construí especialmente para ti. Quiero que sepas que te oigo, que te entiendo, que te acepto y que sé que eres otra pieza más de mi rompecabezas, situado en el sótano, junto con otros que quizá conozcas.

Espero que algún día, viejo amigo, te reconcilies contigo mismo y podamos volver a contarnos historias.


The Monster:

You’re my closed door, a continuous reminder of where I don’t want to go. It is a dark, dull area that does not let me breathe when I approach, that drowns me in fear and pain, that takes precedence over doubt and doing the right thing, that speaks before thinking and tears any good part that is inside or outside. That’s why you’re locked up, that’s why I never let you out, no matter how much you knock on the door, scream and kick, you know I can’t let you set foot near that hallway again, which is just the one that goes straight to my perdition.

You were growing as I did. What can I say! You were always there, a part of me, darker and more divergent, countered, devilish, stepped and sharp, someone who didn’t care about anything. We were passing the ball, while anger and control possessed me, you drove me crazy. Between one blow and another, you stunned me to keep your throne intact. You became strong because of violence, loneliness, anger and injustice. I guess no kid should know any of that at such a young age, right? Now you may say that you wanted to protect me, you wanted me to be strong to face whatever was about to happen to me, that life is hard and that I should keep walking.

You felt my sadness, you felt myself falling into a hole. You kept me afloat so that I would not make impulsive decisions, so that I could continue walking, my soul began to be a crutch for you to continue standing. You defended me in every fight, in every absurd argument, when they made fun of me or beat me, I guess I felt a certain power inside me that I couldn’t understand, I even wondered if I was a monster. I came to believe it. But I was just surviving another shitty new situation. That’s how my life had been, and that’s how you tried that I didn’t stop.

I guess for years you’ve been waiting for me to thank you. You may feel disappointed because I locked you up, because I have managed to control myself and not continue along the narrow dark path you were taking me, I imagine you must not have liked that I could shut you up. And yes, the truth is that you were a parrot, you did not stop talking. Destructive, vindictive, negative, catastrophic, perfectionist, and a coward, you were so afraid inside that your envelope was insecurity. I guess so, some things you left in me, but it’s good that we start a conversation, that I change the locks every two years so that they don’t rust, so that you don’t get to collapse the door, or undo everything I’ve achieved by tangling my mind and making me believe that you’re the only one who can take the pain away from me.

I have to admit that not feeling was great, you don’t care about everything, you are almost like a dead man who only cares about walking. Emotions are changeable, sometimes, they are a mess, they make you feel small, even miserable, they break you inside, and many other things that I wish I did not comment, but I still do not see the reason why I would have to open the door again. You are just another closed door of the many that I do not open in that section of my mind, although it is true that I have a certain appreciation for you, you are from a collection that I would not like to lose for what could happen in the future. But do not forget, that there are many that have been opened for my own benefit, but yours dear friend, I hope it never gets open.

You are my little monster. That one that transforms me into someone I don’t want to see again, that few have seen and that I hope they don’t see it. The pain is not removed, it is not torn away, it does not become aggressive to let it stop tearing you inside, but it is accepted and you let it remain as a reminder of how much you have gone through and how much more you have overcome. It leaves you with traces of sadness, even, it can become permanent, but not to the point of letting go. Lately, I hear you screaming, you seem desperate after so long, until you implore to find a way out, you may scratch the huge and thick walls that I built especially for you. I want you to know that I hear you, that I understand you, that I accept you and that I know that you are another piece of my puzzle, located in the basement, along with others you may know.

I hope that one day, old friend, you will reconcile with yourself and we can tell us stories again.


Publicado en Relatos

En Persona:

Era un sitio apartado, muy oscuro. Nadie sabía de él, yo era el único. No dejaba que nadie viera esa parte escondida, ese resquicio de oscuridad que se cernía en esa habitación cuadrada con solo una simple lámpara en el techo que alumbraba el centro, donde había dos sillas, una frente a la otra. Siempre habían estado allí pero yo nunca me había sentado en ninguna de ellas. Sí, había tenido miedo de hacerlo, ¿qué esperabas? Pero él siempre estaba allí. Permanente. En más de una ocasión, pensativo, seguro, erguido en su silla, esperando.

Ahora era el momento de hablar, era el momento de afrontar la realidad y afrontarla, fuera cuál fuera. Abrí la puerta poco a poco, la cerré tras de mí sin hacer demasiado ruido, caminé suavemente hasta la silla que había frente a él pasando por detrás. Él ni siquiera se inmutó. No me sorprendió. Era alguien que no se inquietaba con nada, mucho menos, con mi presencia. Había permanecido allí olvidado por mucho tiempo, aunque le sentía cada día, hurgando entre emociones. Me senté en la silla, frente a él. No dijimos ni una palabra durante un buen rato, el silencio era embriagador, incluso incómodo, pero solo para mí, él parecía más que acostumbrado.

Le miré fijamente, escudriñé cada pequeño detalle de su físico: cabello negro, ojos azul claro, labios finos, piel un tanto pálida, sin camiseta, con un cuerpo bastante tonificado, esbelto y con semblante serio. El parecido era asombroso. Iba a tener una conversación conmigo mismo, o al menos, algo similar. Esperaba que yo empezara a hablar, no iba a dar el primer paso, era yo quién quería algo y él lo sabía. Era más listo que yo, qué sorpresa.

– Tenemos que hablar.

– Lo he supuesto. Estás aquí y no sueles bajar – sus ojos se posaron en los míos con atención, no se sorprendía de verme – ¿Qué es lo que ocurre?

– Tú eres lo que me ocurre.

– Me encanta que seas tan específico, cada día superas el anterior.

– Déjate de bromas, creo que sabes de lo que hablo.

– Si lo supiera no lo preguntaría – era asombroso lo idénticos que éramos y lo fría que sonaba cada una de sus palabras, a veces, me parecía curioso estar hablando así -.

– ¿Me tomas el pelo? – mi voz aumentó, he de admitir que me cabreaba su actitud -.

– Que yo sepa, no.

Apreté la mandíbula. Cerré los ojos para intentar relajarme, había bajado allí por una razón e iba a obtener las respuestas que buscaba de una forma u otra. Y sí, lo sé, estaba siendo un capullo pero no ha sido ni la primera ni la última en la que se ha comportado así. Irritable y pasota. Son dos de los adjetivos que mejor le podríamos aplicar. Hacía unos cuatro años que no bajaba allí y bueno, ya había dejado de recordar lo fría que era aquella habitación, para él estar sin camiseta era cómodo, a mí empezaba a inquietarme.

– No deberías estar aquí – le dije con suavidad – Te dejé libre, te dije que podías irte.

– No es tan sencillo, lo sabes.

– Asentiste con la cabeza, pero sigo sintiéndote aquí con más fuerza. ¿Puedes explicármelo?

– ¿Olvidas que he vivido aquí durante un tiempo y sé cómo funcionas?

– No, no lo he olvidado – dije, casi con un susurro -.

– Que digas en voz alta que me dejas libre, que dejas todas las situaciones dolorosas atrás, que no te definen y que vas a seguir adelante desde cero, no significa que lo sientas así, no significa que yo me haya ido por arte de magia. Sigo en este cuartucho porque sigues queriendo que yo esté aquí, esto no es cosa mía.

– Ese es el caso. ¡No quiero que estés aquí más! ¡Quiero que te vayas! – admito que me desquicié un poco, puede que te sorprenda que a él no – Vete, por favor.

– No es suficiente. Sabes que no funciona así.

– Pues tendré que obligarte, ¿verdad?

Negó con la cabeza y miró al suelo, como si nuestra conversación dejara de ser importante. Para él quizá, pero para mí lo era todo, estaba desesperado. Me levanté, le cogí del cuello y lo estampé contra la pared del fondo, la silla donde estaba sentado, se cayó. Le miré con rabia, quería asustarle de verdad pero ni siquiera pestañeó, no me tenía miedo y sabía que aquella conversación iba a producirse.

– No te mientas a ti mismo. Sabes lo que pasa, sabes lo que sientes y por qué lo sientes, desde cuándo hace que estoy aquí y sabes muy bien qué es lo que pasará conmigo. Acéptalo. Acéptame como parte de ti en vez de hacer una escena tan estúpida e inservible como esta.

– ¡No quiero aceptarlo!

– Entonces, seguirás enfadado y yo no podré hacer nada por ayudarte.

Solté su cuello. Tenía razón. El muy idiota tenía razón, estaba perdiendo el tiempo. Se tocó el cuello, carraspeó y me miró fijamente. Sus ojos me penetraron por dentro, como agujas en la espalda. Su voz era pesada pero suave, tierna y comprensiva, incluso, pero su semblante serio no cambió ni un ápice.

– A veces, hay heridas que no se cierran del todo y crean emociones permanentes, tienes que vivir con ello, aceptarlo y seguir conmigo hacia adelante, pase lo que pase, así es la vida, así eres tú. Soy parte de ti, no puedes evitarlo ni negarlo. Te lo dijeron en terapia, ¿no?

– Sí, así es.

– Y aún así has vuelto ha intentar lo imposible.

– Estoy desesperado.

– Pues tómate una cerveza, no te desquites conmigo, no puedo hacer nada, no puedo irme porque me lo pidas.

Se acercó a la silla, la puso en pie en el mismo sitio, justo frente a la otra y se volvió a sentar, erguido. No se movió y el silencio volvió a hacerse presente en la habitación. Me acerqué hacia la puerta de entrada, cuando le oí decir algo más. Algo que me hizo recordar el gran capullo que era.

– Cuando salgas recuerda cerrar bien la puerta, no quiero tener que salir a patearte el culo otra vez, ¿vale? – vi cómo se le dibujaba una sonrisa en los labios, me irritó – Y no te quedes fuera mucho rato, oigo cómo respiras y me pones nervioso.

Puse los ojos en blanco y cerré la puerta tras de mí. Fui hacia las escaleras para ascender de nuevo, para salir de mi mente y rendirme a seguir sintiendo esa tristeza permanente, esa agonía fría y distante, esa irritabilidad que ya había sentido antes con una desmotivación inmensa. Tenía que vivir con ello, tenía que sobrevivir a ello. Quizá volvía a visitarle pasados unos años más, quizá podía hacerle cambiar de idea, pero quizá no fuera él quién quería estar por la fuerza, quizá era yo quién no le dejaba irse.


In Person:

It was a secluded place, very dark. No one knew about it, I was the only one. I didn’t let anyone see that hidden part, that crack of darkness that loomed in that square room with only a simple lamp on the ceiling that illuminated the center of it, where there were two chairs, facing each other. They had always been there but I had never sat in any of them. Yes, I had been afraid to do it, what did you expect? But he was always there. Permanent. On more than one occasion, thoughtful, confident, upright in his chair, waiting.

Now was the time to talk, it was time to face reality and comfront it, whatever it was. I opened the door slowly, closed it behind me without making too much noise, walked gently to the chair in front of him passing from behind. He didn’t even flinch. I wasn’t surprised. He was someone who didn’t bother with anything, much less by my presence. He had remained there forgotten for a long time, although I felt him every day, rummaging through emotions. I sat in the chair, in front of him. We didn’t say a word for a long time, the silence was intoxicating, even uncomfortable, but just for me, he seemed more than used to it.

I stared at him, scrutinized every little detail of his physique: black hair, light blue eyes, thin lips, somewhat pale skin, without a shirt, with a rather toned body, slender and with a serious countenance. The resemblance was striking. I was going to have a conversation with myself, or at least, something similar. He expected me to start talking, he wasn’t going to take the first step, it was me who wanted something and he knew it. He was smarter than me, what a surprise.

– We need to talk.

– I’ve assumed so. You’re here and you don’t usually come downtairs – his eyes fell on mine carefully, he wasn’t surprised to see me – What’s going on?

– You’re what’s going on.

– I love that you are so specific, each day you overcome the previous one.

– Stop joking, I think you know what I’m talking about.

– If I knew I wouldn’t ask – it was amazing how identical we were and how cold each of his words sounded, sometimes, I found it curious to be talking like that -.

– Are you kidding? – my voice increased, I have to admit that I was really annoyed by his attitude -.

– As far as I know, no.

I clenched my jaw. I closed my eyes to try to relax, I had gone down there for a reason and I was going to get the answers I was looking for one way or another. And yes, I know, he was being a dickhead but it was neither the first nor the last time in which he has behaved like this. Irritable and stepping. They are two of the adjectives that we could best apply to him at that point. It had been about four years since I went down there and well, I had already stopped remembering how cold that room was, for him to be shirtless was comfortable, but I was starting to get restless.

– You shouldn’t be here – I said softly – I set you free, I said you could leave.

– It’s not so simple, you know it.

– So, I should force you, right?

He shook his head and looked at the ground, as if our conversation ceased to be important. For him maybe, but for me it was everything, I was desperate. I got up, grabbed him by the neck and stamped him against the back wall, the chair where he was sitting, fell. I looked at him with rage, I really wanted to scare him but he didn’t even blink, he wasn’t afraid of me and he knew that this conversation was going to happen.

– Don’t lie to yourself. You know what’s going on, you know what you feel and why you’re feeling it, since when have I been here and you know very well what will happen to me. Accept it. Accept me as part of you instead of making a scene as stupid and useless as this.

– I don’t want to accept it!

– Then, you will still be angry and I will not be able to do anything to help you.

I let go of his neck. He was right. The very idiot was right, I was wasting our time. He touched his neck, scratched and stared at me. His eyes penetrated me inside, like needles in my back. His voice was heavy but soft, tender and understanding, when his serious countenance did not change one shred.

– Sometimes, there are wounds that do not close completely and create permanent emotions, you have to live with it, accept it and continue with me forward, no matter what happens, that’s life, that’s how you are. I am part of you, you cannot avoid it or deny it. They told you so in therapy, didn’t they?

– Yes, they did.

– And yet you’ve come back to try the impossible.

– I’m desperate.

– Well, drink a beer, don’t get even with me, I can’t do anything, I can’t leave because you ask me to.

He approached the chair, put it on its feet in the same place, right in front of the other, and sat down again, upright. He did not move, and silence was again present in the room. I walked towards the front door, when I heard him say something else. Something that made me remember what a big dickhead he was.

– When you go out remember to close the door well, I don’t want to have to go out and kick your ass again, okay? – I saw how a smile was drawn on his lips, he irritated me – And don’t stay out for a long time, I hear how you breathe and make me nervous.

I rolled my eyes and closed the door behind me. I went to the stairs to ascend again, to get out of my mind and surrender to continue feeling that permanent sadness, that cold and distant agony, that irritability that I had already felt before with immense demotivation. I had to live with it, I had to survive it. Maybe I would visit him again after a few more years, maybe I could make him change his mind, but maybe it wasn’t him who wanted to be by force, maybe it was me who wouldn’t let him go.


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Una Vida sin Ti:

Podía verlo en tus ojos, podía sentirlo en mí, no eras tú mismo. No podía identificar qué era, qué hacía que te hiciera parecer tan frío, solitario, aislado del mundo, no entendía muy bien qué querías decirme pero que no me decías. Hablabas en susurros, para tus adentros, sin cesar, pensabas demasiado, corrías demasiado y casi no comías. No sabía a qué venían tantos cambios, pero quizá te estaba afectando verte así tanto como a mí, eso seguro. Quise preguntarte pero siempre había algo que me frenaba, una sensación que me decía que no era el momento adecuado para hacerlo.

Nunca lo dijiste. Nunca me atreví a preguntar. Existía una distancia imposible entre nosotros, no habías estado tan lejos estando tan cerca antes, habíamos estado unidos, formábamos un equipo, nos apoyábamos en cualquier situación pero te desvaneciste de alguna forma, aunque tu cuerpo siguiera a mi lado. Eras una sombra a la que ya no podía llamar hogar. Existía una tristeza en ti que no había visto, no tenía ni idea de cuándo había comenzado o de si había ocurrido de forma natural en el tiempo o ya residía en tu interior sin haberlo notado. Esa melancolía se extendía a tu corazón, corto de palabras y largo de pensamiento, así es como te calificaba para entender tus fases y tus estados cambiantes.

Dejé de descifrar qué te ocurría con solo mirarte, dejaste de ser evidente, ya no te importaba si te entendían o si no, eras un sujeto más en el mundo que empezaba a pensar solo en sí mismo, un nuevo espectro que trataba de sobrevivir luchando contra su propia mente. Porque estabas en ella, estaba seguro. No estabas loco, eso lo sé, pero decías cosas sin sentido y te asustabas con facilidad, ni siquiera podía tocarte sin que dieras un brinco, tus ojeras empezaban a mostrar tu insomnio casi constante del que no comentabas nada. Aunque sí lo hiciste otras veces y entre copa y copa, tratábamos de ayudarte. Dejó de ser así de un día para el otro. ¿Qué pasó? Cada día sigo preguntándomelo.

Salías y caminabas sin rumbo, y sí, lo sé. ¿Cómo lo sé? Supongo que preguntarás. Bien, a veces, te seguía al terminar el trabajo, no podía evitarlo porque quería comprobar que estabas bien. Y sí, confirmo otra vez que caminabas sin rumbo alguno entre calles estrechas y sin mucha luz, como si buscaras a alguien que pudiera meterte en líos o quizá tú mismo buscabas alguno, no tengo ni idea y no parece que la respuesta vaya a aparecer en un instante. Siempre fuimos imperfectos, dos autodidactas, frikis y locos por los cómics, podíamos comentar historias durante horas y no cansarnos, pero dejaste de venir a casa y yo también lo aparté, no había nadie más con quién hacerlo, eras mi compañero. Pero quizá, hacía tiempo que te habías ido.

Pasabas horas ausente, tenía que excusarte con nuestros amigos, tu familia y compañeros del trabajo, llegaba a ser incómodo y realmente vergonzoso, ni siquiera sabía qué era lo que tenías que hacer tan importante fuera para que no vinieras más, para que te alejaras tanto como para preocuparnos. Cada uno de nosotros se preguntó si hicimos algo mal, si dijimos algo que no debíamos o si quizá te ofendieron en el trabajo en alguno de los proyectos en los que trabajabas pero nada acudió a mi mente. Lo siento pero, ¿se suponía que debía encontrar respuestas? ¿Debí ser más efectivo? ¿Quizá algo más insistente, consistente? Solo quería que mi mejor amigo volviera, pero estaba seguro de que no podría ser que eso cambiase muy pronto, seguías actuando raro.

Hasta que lo supe, supe que se había acabado cuando recibí una llamada. Eras tú. Me extrañó, hacía meses que no veía tu nombre en la pantalla del móvil, así que, contesté de inmediato. Parecía que no pudieras hablar, que te ahogaras con tu propio dolor o por tus lágrimas, quizá ambas cosas, pero sonó como una despedida. Tras tantos meses sin decir una palabra, sabía que algo iba mal, sabía que ibas a hacer algo quizá arriesgado pero no me hubiera imaginado encontrarte así, tampoco hubiera pensado tener que llamar a la ambulancia y a la policía para que te recogieran de entre las rocas después de haberte tirado desde el puente más alto de la ciudad, sin dejar una nota, solo una llamada en la que a penas podías articular palabra. Tuve que adivinar dónde estabas. No fue fácil.

Había una parte oscura en ti que te engulló, absorbió tu alegría, tus risas, tu sentido del humor y quizá tus ganas de vivir, porque nunca te había visto así, era como hablar con otra persona fuera de su propio cuerpo, como una alma solitaria que no quiere volver a su estado actual. No dejaste nada más en nuestra mano para poder explicar qué pasó realmente, qué te hizo volverte así, que te hizo creer que guardando tantos secretos como empezabas a hacerlo y a reprimir emociones iba a ayudarte a pasar por lo que fuera que estuvieras pasando. Desde luego, podrías haber recurrido a nosotros, pero supongo que no pudiste. O no quisiste. Dejaste que esa oscuridad se extendiera, se apoderara de cada momento perfecto, de cada logro y cada centímetro de felicidad que aún te quedaba en tu interior. Pero, por alguna razón que aún desconozco, algo me dice que esperabas que sucediera, lo aceptaste de alguna forma.

Hace un par de horas he vuelto de tu funeral y ha sido devastador. No tienes ni idea de lo duro que ha sido perderte, ir allí y fingir delante de todo el mundo, calmar a tus padres para que no creyeran que fue su culpa. No sé en qué pensabas pero nos has dejado un gran vacío, uno oscuro y quebradizo. Nunca me imaginé la vida sin ti, así que, imagino que ahora tendré que hacerlo.


A Life Without You:

I could see it in your eyes, I could feel it inside me, you weren’t yourself. I couldn’t identify what it was, what made you look so cold, lonely, isolated from the world, I didn’t quite understand what you wanted to tell me but what you didn’t tell me. You spoke in whispers, to your insides, endlessly, you thought too much, you ran too much and you hardly ate. I didn’t know what so many changes were coming to, but maybe it was affecting you to see you like that as much as it was for me, that’s for sure. I wanted to ask you but there was always something holding me back, a feeling that told me it wasn’t the right time to do it.

You never said it. I never dared to ask. There was an impossible distance between us, you hadn’t been that far away being so close before, we had been united, we formed a team, we supported each other in any situation but you vanished somehow, even if your body was still by my side. You were a shadow I could no longer call home. There was a sadness in you that I had not seen, had no idea when it had begun or if it had occurred naturally in time or already resided within you without having noticed it. That melancholy extended to your heart, short of words and long of thought, this is how I qualified you to understand your phases and your changing states.

I stopped deciphering what happened to you just by looking at you, you stopped being obvious, you no longer cared if your closed ones understood you or if they don’t, you were just another subject in the world who began to think only of himself, a new spectrum that tried to survive fighting against his own mind. Because you were in it, I was sure. You weren’t crazy, I know, but you said nonsensical things and you were scared easily, I couldn’t even touch you without you jumping, your dark circles began to show your almost constant insomnia that you didn’t comment on. Although you did it other times and between drinks, we tried to help you. It stopped being like that from one day to the next. «What happened??» Every day I keep asking myself that same question.

You went out and walked aimlessly, and yes, I know. «How do I know?» I guess you’ll ask. Well, sometimes, I followed you when I finished at work, I couldn’t help it because I wanted to check that you were okay. And yes, I confirm again that you walked aimlessly between narrow streets and without much light, as if you were looking for someone who could get you into trouble or maybe you were looking for it, I have no idea and it does not seem that the answer will appear in an instant. We were always imperfect, two self-taught, geeks and crazy about comic books, we could talk about stories for hours and not get tired, but you stopped coming home and you pushed all of this away too, there was no one else to do it with, you were my partner. But perhaps, you had long been gone, sooner than expected.

You spent hours away, I had to excuse yourself with our friends, your family and co-workers, it became uncomfortable and really embarrassing, I didn’t even know what you had to do so important outside that you wouldn’t come anymore, so that you would get away as to don’t worry about us. Each of us wondered if we did something wrong, if we said something we shouldn’t or if maybe you were offended at work on any of the projects you were working on but nothing came to my mind. I’m sorry, but was I supposed to find answers? Should I have been more effective? Perhaps quite more insistent, consistent? I just wanted my best friend to come back, but I was sure that couldn’t happen any time soon bacause you kept acting weird.

Until I knew. I knew it was over when I got a call. It was you. I was surprised, I hadn’t seen your name on the mobile screen for months, so I answered immediately. It seemed like you couldn’t speak, that you drowned in your own pain or your tears, maybe both, but it sounded like a farewell. After so many months without saying a word, I knew that something was wrong, I knew that you were going to do something maybe risky but I would not have imagined finding you like this, nor would I have thought of having to call the ambulance and the police to pick you up from among the rocks after having thrown yourself from the highest bridge in the city, without leaving a note, just a call in which you could barely articulate a word. I had to guess where you were. It wasn’t easy.

There was a dark part within you that engulfed you, absorbed your joy, your laughter, your sense of humor and maybe your desire to live, because I had never seen you like this, it was like talking to another person outside their own body, like a lonely soul who does not want to return to its current state. You left nothing else in our hands to be able to explain what really happened, what made you become like this, that made you believe that keeping as many secrets as you began to keep and suppressing emotions was going to help you go through whatever you were going through. Of course, you could have ask for help to us, but I guess you couldn’t. Or you didn’t want to. You let that darkness spread, take over every perfect moment, every achievement and every inch of happiness that you still had inside. Although, for some reason that I still don’t know, something tells me that you expected it to happen, you accepted it somehow.

A couple of hours ago I came back from your funeral and it was devastating. You have no idea how hard it has been to lose you, go there and pretend in front of everybody, calm your parents so they wouldn’t believe it was their fault. I don’t know what you thought in that moment but you have left us a huge void inside, a dark and brittle one. I never imagined my life without you, so I imagine I’ll have to do it now.


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Una Elección:

Seguí corriendo tras él a través de la calle, llevábamos así un rato, pero necesitaba ponerle las manos encima a ese idiota. Notaba cómo mi pecho subía y bajaba con fuerza, mientras mi respiración se entrecortaba y trataba de que mis pies no se frenaran. Seguía con los ojos su sudadera roja, era rápido, muy rápido, me dejaba atrás. Sabía que podía cogerle otro día, pero no podía esperar más.

Llegamos a una calle sin salida, estrecha. Fue una buena noticia, aunque para él no tanto, frenó en seco mientras le daba golpes a la pared del fondo. No estaba muy iluminado, una farola era lo único que nos permitía a ambos distinguirnos en la oscuridad. Su respiración se oía más fuerte que la mía y su expresión mostraba una absoluta frustración por no recordar que aquel callejón no era el indicado para escapar. Sonreí, de verdad que no esperaba que aquello pasara, ese tipo había sido muy listo los últimos cuatro meses, escondido como una rata de alcantarilla.

Por fin, estábamos uno frente al otro. Bajé la capucha de mi sudadera y sus ojos se ensancharon, siempre le había seguido oculto. Vi unas gotas de sudor correr por su frente mientras daba dos pasos hacia atrás. Quería mirarle a los ojos antes de hacerlo, quería saber cómo pensaba, cómo sentía, cómo trabajaba su cuerpo antes de atraparle, así que, tomármelo con calma era lo único que me hacía saborear aquel momento. Saqué mi arma de detrás del pantalón, una Beretta M9 preparada y cargada para ese momento. Su tacto era suave, compacto, ergonómico, echaba de menos cómo se sentía tenerla en la mano. Respiré hondo con una sensación de calma que empezaba a embriagarme todo el cuerpo porque esto se terminaba aquí, en este momento.

Le apunté con ella y él se quedó muy quieto. Le temblaron las manos y empezó a tartamudear, buscando piedad en alguien que ya no sabía muy bien qué era eso. Me acerqué a pequeños pasos hasta estar a un poco más de un metro, le tenía justo allí delante, aterrado. He de reconocer que me gustaba verle así.

– Vas a morir. Lo sabes, ¿verdad? – busqué una señal de arrepentimiento pero era solo fingida, no parecía recordarme – Me ha costado cuatro meses encontrarte, la verdad, eres muy escurridizo.

– Por favor… Deje que me vaya, ¡yo no he hecho nada!

– Es curioso, mi mujer no diría lo mismo cuando le pegaste un tiro en la sien y te dedicaste a robar en mi casa, ¿te gustó la experiencia? ¿Lo pasaste bien?

– ¿Qué? ¡No sé de qué hablas, tío!

Respiré hondo una vez más. Por fin me decidí a apretar el gatillo mientras le veía cerrar los ojos con fuerza y sudar como un cerdo. Pero algo me dio en la pierna, dolía. ¡Joder, dolía mucho! Caí al suelo de rodillas, mientras el chico salía corriendo. La rabia empezó a apoderarse de mí, ¿quién había sido el gilipollas que me había disparado? Me giré como pude mientras me cogía la pierna derecha y pude ver al tipo encapuchado con una chaqueta de cuero negro y unos vaqueros del mismo color. No podía verle la cara pero conocía su voz. Su olor…

– Te has equivocado de tío, ¿no crees?

– Hijo de perra… – susurré, mientras la pierna seguía sangrando y me dejaba caer hacia atrás, empezaba a sentirme mareado – ¡Fuiste tú!

– No eres tan buen detective, al fin y al cabo – se acercó desde el final de la calle a paso decidido – Eres idiota.

– ¿Qué…? ¿Pero qué haces?

– ¿Tú qué crees?

Sonrió, mientras se quitaba la capucha y me apuntaba con una Glock. No conseguí ver su cara, no pude ver sus ojos tras apretar el gatillo, no pude entender ese final que me dejó sin aliento y que me hizo perder el conocimiento. La oscuridad me invade. Estoy atrapado, me siento atrapado. Sentado en un rincón, desolado y sin poder gritar.


A Choice:

I kept running after him across the street, we had been like this for a while, but I needed to get my hands on that idiot. I could feel my chest rise and fall with through, as my breathing shortened and I tried not to slow down my feet. I followed his red sweatshirt with my eyes, he was fast, very fast, he left me behind. I knew I could catch him another day, but I couldn’t wait any longer.

We arrived to a street with no exit, narrow. It was good news, although for him not so much, he braked in his tracks while hitting the back wall. It was not very illuminated, a lamppost was the only thing that allowed us both to distinguish ourselves in the dark. His breath could be heard louder than mine and his expression showed absolute frustration at not remembering that this alley was not the right one to escape. I smiled, I really didn’t expect that to happen, that guy had been very smart the last four months, hiding like a sewer rat.

At last, we were facing each other. I pulled down the hood of my sweatshirt and his eyes widened, I had always followed him hidden. I saw a few drops of sweat running down his forehead as he took two steps back. I wanted to look into his eyes before I did, I wanted to know how he thought, how he felt, how his body worked before catching him, so taking it easy was the only thing that made me savor that moment. I pulled my gun out of the back of my pants, a Beretta M9 prepared and loaded for that moment. Its touch was soft, compact, ergonomic, I’ve missed how it felt to have it in my hand. I took a deep breath with a sense of calm that was starting to intoxicate my whole body because this was ending here, right now.

I pointed at him with it and he stood very still. His hands trembled and he began to stutter, looking for mercy in someone who no longer knew very well what that was. I approached in small steps until I was a little more than a meter away, I had him right there in front of me, terrified. I have to recognize I really liked to see him that way.

– You’re going to die. You know it, right? – I looked for a sign of regret but he was just faking it, he didn’t seem to remind me – It has taken me four months to find you, the truth, you are very elusive.

– Please… Let me go, I haven’t done anything!

– It’s funny, my wife wouldn’t say the same thing when you shot her in the temple and you dedicated yourself to stealing in my house, did you like the experience? Did you have a good time?

– What? I don’t know what you’re talking about, buddy!

I took a deep breath once again. I finally decided to pull the trigger as I watched him close his eyes tightly and sweat like a pig. But something hit me in the leg, it hurt. Fuck, it hurt a lot! I fell to the ground on my knees, while the boy ran out. Anger began to take hold of me, who had been the asshole who had shot me? I turned as I could as I took my right leg with both hands and I could see the hooded guy in a black leather jacket and jeans of the same color. I couldn’t see his face but I knew his voice. That smell…

– You made a mistake with the buddy, don’t you think?

– Son of a bitch… – I whispered, as my leg kept bleeding and it let me fall back, I started to feel dizzy – It was you!

– You’re not such a good detective, after all – he came over from the end of the street at a determined pace – You’re an idiot.

– What…? What are you doing?

– What do you think I’m doing?

He smiled, as he took off his hood and pointed a Glock at me. I couldn’t see his face, I couldn’t see his eyes after pulling the trigger, I couldn’t understand that ending that took my breath away and made me lose consciousness. Darkness invades me. I’m trapped, I feel trapped. Sitting in a corner, desolated and unable to scream.


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En Silencio:

Lo que piensas no lo dejas salir, lo reprimes, lo silencias, prohíbes a tus palabras mostrarse como realmente son, te adaptas y sigues caminando para que nadie se dé cuenta aunque estés tan incómoda que no puedas permanecer quieta en tu silla, mientras miras a tu familia montar el árbol de Navidad, mientras esperáis la cena. No querías ir. No porque no quieras verlos o no les quieras, simplemente, no querías ir, no había otra razón, pero no lo dijiste cuando tu madre llamó, seguro que te hubiera hecho mil preguntas y tú odias las preguntas.

Al llegar a casa de tus padres con el coche, suspiraste. Te traía muchos recuerdos, algunos de los que no te ha gustado ni pensar normalmente, aunque a veces, aparezcan cuando menos te lo esperas. Necesitaste de un par de minutos para salir del coche, asearte un poco el vestido y recomponerte, te abrumaba estar allí, sabías que tus hermanos estaban allí porque sus coches estaban junto al tuyo. Notabas tu respiración más entrecortada pero sabías que eran los nervios, alargaste el brazo y llamaste al timbre. Abrió tu madre, como siempre, sabías que tu padre estaba muy ocupado mirando el partido y tomándose unas cervezas antes de poner el árbol y cenar, pero trataste de que no se notara tu fastidio, saludándola con un abrazo, aunque nunca te había hecho mucha gracia ese contacto. Al «cómo estás» educado, le siguió un «estás guapísima, aunque el vestido es un poco corto, ¿no?», como era de esperar, pero seguiste adelante hacia el salón donde estaban todos.

Greg, Eddie, Martha y Greta, reían sobre una tontería que suponías que Greg había dicho, el hermano mayor de todos. Se giraron hacia ti y se te quedaron mirando, mientras sonreías como una idiota, se te daba bien fingir las sonrisas pero eso no significaba que lo disfrutaras. Te sentaste en el sofá, mientras tu madre iba a comprobar cómo seguía la cena y ahí seguías, ¿verdad? Observándoles. Nunca entendiste su relación. Siempre estaban unidos pero, de algún modo, algo se rompió entre tú y ellos, algo no encajaba y te fuiste antes que ellos, tuviste un ritmo de vida precipitado, definitivo, algo que ellos no entendieron. Eres la oveja negra y siempre te has sentido así. Tu padre mira la televisión, empanado, ni siquiera se ha girado a mirarte, no es que le importes mucho, ¿no? El alcohol siempre fue su máximo aliado, no supo cómo tratar a tu madre y tampoco a ti. El recuerdo te hace tragar saliva y mirar al frente, fingiendo sonreír a tus hermanos y tratando de no aguar la fiesta.

Tu madre aparece, por fin. Os sentáis todos a cenar y los villancicos suenan en un pequeño tocadiscos. Tu madre y ese cacharro siempre han sido inseparables pero a ti nunca te ha gustado, aunque sale de tu boca la frase «pues a mí me encanta», refiriéndote a él, haciendo feliz a tu madre y recibiendo la mirada inquisitiva de tus hermanos, los cuales, empiezan a preguntar qué es de tu vida. Surfeas entre el «no hay nada importante que contar» y el «todo está igual que siempre» mientras recuerdas la tercera cita con Eric, un chico apuesto, caballeroso y que te llevó a casa con un Rolls Royce increíblemente elegante y cómodo, el beso en la puerta de tu casa y cerrándola tras de ti decidiendo que no volverías a verle, no estabas preparada y quizá estabas mejor sola, te encantaba tener tu espacio. ¿Qué le dijiste a tus padres? Que preferías no desvelar demasiado, que tu chico era muy tímido y que esperabas prometerte muy pronto, era horrible no poder contar nada, ¿verdad? No lo entenderían.

Eddie empieza a hablar de la nueva casa que se ha comprado, de sus nuevos proyectos en su empresa, del coche que quiere comprarse y del embarazo de su mujer, ya van seis meses. Martha es una periodista a la que le reconocen muchos trabajos, cada vez le dan más responsabilidades y hace, de alguna manera, que sea la luz de los ojos de vuestros padres. Greg no dejó de hablar de su taller de coches, de las reformas que iba a hacer y de cuánto dinero había ganado en Las Vegas esta última semana. Greta, tu hermana pequeña, hablaba de lo bien que le iba en la Universidad, de las notas tan altas que estaba sacando y todas las actividades extracurriculares a las que se había apuntado, le interesaba casi todo. Les observas y, obviamente, ves que no encajas, sientes que no eres parte de nada de eso, que esa conversación es un eco ajeno, alejado de ti. No te apetece comer más, pero te lo terminas, no quieres que tu madre piense que comes menos o que no te gusta lo que ha preparado. Tus hermanos son unos glotones, ellos no hace falta que queden bien.

Os sentáis en el sofá tras la cena a charlar un rato más, mientras tú sigues en silencio, no hay mucho más que decir. Asientes con la cabeza, tratas de parecer interesada y por educación haces un par de preguntas o tres más para dar a entender que te diviertes, intentando controlar tus ganas de salir huyendo de allí, nunca fuiste feliz y te forzaron a irte. Tu padre con los problemas con la bebida, tu madre siempre estaba amargada y enfadada, Greg tuvo épocas oscuras con las drogas y no parecía él mismo, Eddie siempre hacía su vida fuera pero se metía mucho contigo, te hacía bromas pesadas y te repetía al oído que no eras su hermana, que estaba seguro de que eras adoptada, seguido de una risa estridente. Martha era la más querida, casi la preferida de todos y la que no veía el problema de tu padre como un problema, ella simplemente, pasaba de todo. Greta se escondía cada vez que oía una discusión, a veces, en el armario o debajo de la cama, emitía grititos desesperados necesitando que callaran, mientras tú te ponías música a todo volumen para no escucharles, era una casa de locos. Y todo volvió a ti en ese momento, en ese instante sentados en el sofá, como si nunca hubiera pasado.

Con una sonrisa queda, te excusas diciendo que mañana tienes que ir a la oficina a trabajar, cuando sabes que tienes el día libre en la tienda a dos manzanas del piso que tienes alquilado y en la que estás de dependienta, cuando le has dicho a tus padres que eres redactora de una revista no muy conocida pero que te pagan genial. Tu madre te acompaña hasta la puerta, te sonríe a la vez que te da unos bombones y se despide con un abrazo. Un «adiós» casi inaudible sale de tu boca, sin mayor importancia, la puerta ya se había cerrado y ella ya había vuelto con tus hermanos. Ya podías volver a la realidad, a tu realidad, a esa que no sale a la superficie, a la que te aleja de esa casa, de sus palabras y de los gritos. Te alegrabas de volver a tu hogar, aunque no tuviera agua caliente, se podía sentir el silencio y la paz.


In the Silence:

What you think you do not let it out, you repress it, you silence it, you forbid your words to show themselves as they really are, you adapt and you keep walking so that no one notices even if you are so uncomfortable that you can not remain still in your chair, while watching your family ride the Christmas tree, while you wait for dinner. You didn’t want to go. Not because you don’t want to see them or you don’t love them, you just didn’t want to go, there was no other reason, but you didn’t say it when your mother called, You’re sure she would have asked you a thousand questions and you hate questions.

When you got to your parents’ house with the car, you sighed. It brought back many memories, some of which you did not like or think normally, although sometimes, they appear when you least expect it. You needed a couple of minutes to get out of the car, wash your dress a little and recompose yourself, you were overwhelmed to be there, you knew your brothers were there because their cars were next to yours. You noticed your breathing more choppy but you knew it was the nerves, you lengthened your arm and called the bell. Your mother opened, as always, you knew that your father was very busy watching the game and having a few beers before putting the tree and having dinner, but you tried not to show your annoyance, greeting her with a hug, although you had never been very amused by that contact. The polite «how are you?» followed by a «you are beautiful, although the dress is a bit short, isn’t it?», as expected, but you kept going to the living room where everyone else was.

Greg, Eddie, Martha, and Greta were laughing at a nonsense you assumed Greg had said, everyone’s older brother. They turned to you and stared at you, while you smiled like an idiot, you were good at faking smiles but that didn’t mean you enjoyed it. You sat on the couch, while your mother went to check how dinner went and there you are now, right? Watching them. You never understood their relationship. They were always united but, somehow, something broke between you and them, something did not fit and you left before them, you had a precipitous, definitive rhythm of life, something that they did not understand. You are the black sheep and you have always felt that way. Your father watches TV, distracted, he hasn’t even turned to look at you, not that he cares much, right? Alcohol was always his greatest ally, he didn’t know how to treat your mother and neither to you. The memory makes you swallow saliva and look ahead, pretending to smile at your siblings and trying not to put the mood down.

Your mother appears, at last. You all sit down to dinner and the carols play on a small record player. Your mother and that pot have always been inseparable but you have never liked it, although the phrase «well, I love it» comes out of your mouth, referring to it, making your mother happy and receiving the inquisitive look of your brothers, who begin to ask what about your life. You surf between the «there is nothing important to tell» and the «everything is the same as always» as you remember the third date with Eric, a handsome, gentlemanly boy who took you home with an incredibly elegant and comfortable Rolls Royce, the kiss on the door of your house and closing it behind you deciding that you would not see him again, you were not prepared and maybe you were better off alone, you loved having your space. What did you say to your parents? That you preferred not to reveal too much, that your guy was very shy and that you hoped to get promised very soon, it was horrible not to be able to tell anything, right? They wouldn’t understand.

Eddie begins to talk about the new house he has bought, his new projects in his company, the car he wants to buy and his wife’s pregnancy, six months have passed. Martha is a journalist who is recognized by many jobs, each time she is given more responsibilities and makes, in some way, the light of your parents’ eyes. Greg didn’t stop talking about his car shop, the renovations he was going to do and how much money he had made in Las Vegas this past week. Greta, your little sister, talked about how well she was doing in college, the high grades she was getting and all the extracurricular activities she had signed up for, she was interested in almost everything. You observe them and, obviously, you see that you do not fit in, you feel that you are not part of any of that, that that conversation is an alien echo, away from you. You don’t feel like eating more, but you finish it, you don’t want your mother to think that you eat less or that you don’t like what she has prepared. Your brothers are gluttons, they don’t need to look good in front of them.

You sit on the sofa after dinner to chat for a while longer, while you continue in silence, there is not much more to say. You nod your head, you try to look interested and by politeness you ask a couple of questions or three more to imply that you have fun, trying to control your desire to run away from there, you were never happy and you were forced to leave. Your father with drinking problems, your mother was always bitter and angry, Greg had dark times with drugs and didn’t look like himself, Eddie always made his life out but messed with you a lot, made heavy jokes and repeated in your ear that you were not his sister, that he was sure you were adopted, followed by a raucous laugh. Martha was the most beloved, almost everyone’s favorite and the one who did not see your father’s problem as a problem, she simply didn’t care of anything. Greta hid every time she heard an argument, sometimes in the closet or under the bed, she emitted desperate screams needing them to shut up, while you played loud music so as not to listen to them, it was a crazy house. And everything came back to you in that moment, in that instant sitting on the sofa, as if it never had happened.

With a gentle smile, you excuse yourself saying that tomorrow you have to go to the office to work, when you know that you have the day off in the store two blocks from the apartment you have rented and in which you are a clerk, when you have told your parents that you are an editor of a magazine not well known but that they pay you great. Your mother accompanies you to the door, smiles at you while giving you some chocolates and says goodbye with a hug. An almost inaudible «goodbye» comes out of your mouth, without much importance, the door had already closed and she had already returned with your brothers. You could already return to reality, to your reality, to that which does not come to the surface, to the one that takes you away from that house, from its words and from the screams. You were happy to return home, even if you didn’t have hot water, you could feel the silence and peace.


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La Llamada:

Estaba sentada en la silla de la cocina, estudiando. Tenía un examen importante y no podía fallar otra vez. La casa estaba en silencio, mamá había salido y papá llegaría tarde de trabajar, quizá no le viese hasta el día siguiente, tenía una larga tarde por delante donde lo único que escucharía sería a mi mente repasar. Pero quizá, no fuera del todo cierto, aunque lo hubiese querido. Las primeras dos horas pasaron volando, decidí parar para comerme un helado. Seguía el silencio. Ese silencio que se rompería con solo hacer el mínimo ruido. Quizá me sobresaltaría al instante, o quizá no.

Pero ese silencio me permitió oír algo, como un tintineo. No sabía de dónde venía, pero me hizo levantar la cabeza y dejar el helado a un lado. Escuché con más atención y conseguí distinguir la habitación de la que provenía. Arriba, seguro. Me dirigí a las escaleras para asomarme a las habitaciones y comprobar qué era ese ligero sonido, era leve pero aún permanecía dentro de mis oídos. Caminé por el pasillo una vez arriba y el tintineo se volvía cada vez más insistente, agudo, alto, llegaba a molestar. Pasé el baño que compartíamos y el sonido fue ensordecedor, tanto que tuve que taparme los oídos con ambas manos, más que en el resto de habitaciones. Ahí estaba pasando algo y no sabía el qué. Seguí frente al baño, con las orejas tapadas con las manos, hasta que puse un pie dentro y me quedé parada en el centro del cuarto de baño. Me senté en el suelo mirando la bañera, esperando oír el tintineo pero no volví a oír nada parecido. Dejé las manos caer a ambos lados.

Se me erizó la piel del cuello, noté una sensación extraña, como si alguien me observara. No quería girarme. Mi corazón empezaba a palpitar más rápido, respiré entrecortado y mis manos temblaban. Cerré los ojos un momento, tenía que tranquilizarme, pero antes de que pudiera concentrarme en mi respiración, noté el aliento de alguien en mi oreja derecha, un susurro perceptible, una sola palabra y una voz conocida, tan conocida que me sorprendió, incluso, llegué a pensar que estaba siendo objeto de una broma pesada. «Ayúdame», dijo. «Ayúdame, por favor». Abrí los ojos de repente y me volví, sin pensarlo. No había nadie. El tintineo, nuevamente. Esta vez, sonaba en las escaleras, iba bajando. Me levanté del suelo y lo seguí.

El tintineo me llevó hasta la puerta de entrada. Su voz, persistía en mi oído, esta vez, desesperada: «¡Grace, por favor! ¡Grace, ayúdame!». Era él. Era mi hermano. Mientras me preguntaba cómo era posible que le oyera sin estar presente, seguí el tintineo hasta fuera de casa, siguiendo calle abajo, hasta llegar al bosque. Mamá siempre me advirtió y me prohibió expresamente ir allí sin ningún motivo aparente, solamente con un «tú hazme caso, ¿vale? No te acerques», le hice caso, claro pero ahora, de pie frente a él, no podía sino adentrarme para seguir el tintineo, para seguir su voz, cada vez más desgarradora e impaciente.

Matt era un idiota. Siempre lo había sido. Odiaba que me ignorara, que me dejara de lado en todas las comidas familiares, que no me mirara, que casi no existiera para él, odiaba que solo fuera la hermana pesada. Pero no podía si no preocuparme ahora, nunca me pediría ayuda a mí. ¿Cómo era posible que solo yo le oyera? Me fui acercando a un claro y su voz se disipó, tras un grito ahogado y un golpe sordo. El silencio me embriagó justo allí, en aquel lugar solitario, con el viento rozando mi cara y sin saber qué dirección tomar. Ya no había tintineo, había desaparecido. Ahora estaba allí sola. ¿Habría una sola posibilidad de que todo esto fuera una broma?

«Ayu… Ayúdame… por…», oí el susurro más cerca, pero no en mi oído, venía de alguna parte del claro o de ese bosque. Me fundí con el silencio, agudizando mucho más mi oído y fue cuando percibí un movimiento y como una especie de jadeo no muy lejos de donde yo estaba. Busqué en todas direcciones con la mirada, inquieta, esperando diferenciar algo a mi alrededor que me diese una pista de dónde estaba Matt. Y allí lo vi, justo allí. Estaba apoyado en un árbol, casi inmóvil. Corrí hacia su posición tan rápido como pude, sin perder ni un segundo y ahí fue cuando lo vi. Tenía una herida enorme en la parte baja del estómago, había sangre por todas partes, y él solo susurraba. Le seguía escuchando, cada vez más flojo, cada vez más lejano. No podía moverme, estaba paralizada. Matt me miró e hizo una mueca, me había visto llegar, le encantó que le hubiese oído porque reafirmaba su loca teoría de que teníamos una conexión de hermanos mejor que la de los gemelos y sabía que en cuanto llamara, yo estaría allí, por nuestra conexión. Resultó ser cierto, sin tener ni idea de cómo podía saber tal cosa, aunque de lo que sí tenía cierta idea es de que siempre se guardaba lo que le interesaba, cambiando de tema cuando le convenía.

Me senté en la hierba junto a él. Me cogió la mano y me miró como no me había mirado antes, con cierta dulzura y un deje de paternalismo. No esperaba para nada lo que dijo, arrastrando las palabras y con cierta lentitud, se quedaba sin voz.

– Estoy orgulloso de ti, Nessa. Aunque no lo creas o no te lo haya dicho.

– ¿Qué te ha pasado?

– No te preocupes por eso. Te quiero, ¿vale? – asentí con la cabeza mientras se me humedecían los ojos – Sabes que sé guardar secretos, ¿verdad? – volví a asentir – Quiero que leas esto cuando estés a solas, cuando yo me haya… ido.

– ¿Qué? ¿A dónde vas? – le pregunté, preocupada – No puedes irte, estoy aquí.

– Tú léelo, ¿vale? Hazme… caso. No te preocupes, hermanita.

Me acarició la cara con la mano, también con lágrimas en los ojos. Cogí la carta y, en cuanto levanté la vista, Matt había cerrado los ojos y su voz había desaparecido, ya no le oía. Le zarandeé varias veces, pero no respondió. Le grité, pero no dijo nada. «Oh, dios mío», pensé. Confusa, abrí la carta. Empecé a leer y me sorprendí más de lo que creía, Matt guardaba muchos secretos, tantos como sentimientos. Realmente, me había querido siempre, incluso, cuando fingía odiarme. Por una vez, supe lo que realmente sentía por mí, lo que hizo para protegerme, justo cuando ya no le tenía conmigo. Le conocí poco. Le sentí poco. Quizá nuestra conexión me decía más de lo que yo quise escuchar, o quizá solo era una teoría remota, pero supongo que me llevaría esa nota a todas partes para oír su voz a través de sus palabras cada día de lo que me quedara de vida.


The Calling:

I was sitting in the kitchen chair, studying. I had an important exam and I couldn’t fail again. The house was quiet, mom had left and dad would be late from work, maybe I wouldn’t see him until the next day, I had a long afternoon ahead of me where the only thing I would hear my mind go over. But perhaps, it was not entirely true, even if I had wanted it. The first two hours flew by, I decided to stop to eat ice cream. The silence followed. That silence that would be broken just by making the slightest noise. Maybe I would be startled instantly, or maybe not.

But that silence allowed me to hear something, like a jingle. I didn’t know where it came from, but it made me raise my head and put the ice cream aside. I listened more carefully and managed to distinguish the room from which it came. Upstairs, for sure. I went to the stairs to look out into the rooms and check what that slight sound was, it was slight but still lingered inside my ears. I walked down the hallway once upstairs and the jingle became more and more insistent, sharp, high, it came to bother. I passed the bathroom we shared and the sound was deafening, so much so that I had to cover my ears with both hands, more than in the rest of the rooms. There was something going on and I didn’t know what. I continued in front of the bathroom, my ears covered with my hands, until I put one foot inside and stood in the center of the bathroom. I sat on the floor looking at the bathtub, waiting to hear the jingle but I never heard anything like it again. I let my hands fall on both sides.

My neck skin bristled, I noticed a strange feeling, as if someone was watching me. I didn’t want to turn around. My heart was starting to beat faster, I breathed heavily and my hands were shaking. I closed my eyes for a moment, I had to calm down, but before I could focus on my breathing, I noticed someone’s breath in my right ear, a perceptible whisper, a single word and a familiar voice, so well known that I was surprised, even I came to think that I was being the subject of a stupid joke. «Help me,» he said. «Help me, please.» I opened my eyes suddenly and turned, without thinking. There was no one. The tinkling, again. This time, it sounded on the stairs, it was going down. I got up from the ground and followed it.

The jingle took me to the front door. His voice, persisted in my ear, this time, desperate: «Grace, please! Grace, help me!» It was him. He was my brother. While wondering how it was possible for me to hear him without being present, I followed the jingle outside the house, following down the street, until I reached the forest. Mom always warned me and expressly forbade me to don’t go there for no apparent reason, only with a «Pay attention, okay? Don’t go to the forest,» I listened to her, of course, but now, standing in front of it, I couldn’t help but go inside to follow the jingle, to follow his voice, increasingly heartbreaking and impatient.

Matt was an idiot. He always had been. I hated that he ignored me, that he left me out at all family meals, that he didn’t look at me, that I almost didn’t exist for him, I hated that I was just the annoying sister. But I couldn’t but worry now, he would never ask me for help. How was it possible that only I heard him? I approached a clearing and his voice dissipated, after a muffled scream and a dull blow. The silence intoxicated me right there, in that lonely place, with the wind brushing my face and not knowing which direction to take. There was no more tinkling, it was gone. Now I was there alone. Would there be a single chance that this was all a joke?

«Help… Help me… please…», I heard the whisper closer, but not in my ear, it came from somewhere in the clearing or from that forest. I merged with silence, sharpening my ear much more and that’s when I perceived a movement and as a kind of gasp not far from where I was. I searched in all directions with my gaze, restless, hoping to differentiate something around me that would give me a clue as to where Matt was. And there I saw it, right there. He was leaning on a tree, almost motionless. I ran to his position as fast as I could, without wasting a second and that’s when I saw him. He had a huge wound on his lower stomach, there was blood everywhere, and he was just whispering. I kept listening to him, more and more loose, more and more distant. I couldn’t move, I was paralyzed. Matt looked at me and grimaced, he had seen me arrive, he loved that I had heard him because it reaffirmed his crazy theory that we had a better sibling connection than the twins and he knew that as soon as he called, I would be there, because of our connection. It turned out to be true, having no idea how he could know such a thing, although what he did have some idea of is that he always kept what interested him, changing the subject when it suited him.

I sat on the grass next to him. He took my hand and looked at me as he had not looked at me before, with a certain sweetness and a slight of paternalism. I didn’t expect what he said at all, slurring his words and with some slowness, I was speechless.

– I’m proud of you, Grace. Although you don’t believe it or I’ve never said it to you.

– What happened to you?

– Don’t worry about it. I love you, ok? – I nodded my head as my eyes moistened – I know how to keep secrets, remember? – I nodded again – I want you to read this when you are alone, when I have… Gone.

– What? Where are you going? – I asked him, worried – You can’t go, I’m just right here.

– Just read it and do as I said… ok? Don’t worry, little sister.

He stroked my face with his hand, also with tears in his eyes. I picked up the letter and as soon as I looked up, Matt had closed his eyes and his voice had disappeared, I could no longer hear him. I shook him several times, but he didn’t answer. I yelled at him, but he didn’t say anything. «Oh, my god,» I thought. Confused, I opened the letter. I started reading and I was surprised more than I thought, Matt kept many secrets, as many as feelings. Really, he had always loved me, even when he pretended to hate me. For once, I knew what he really felt about me, what he did to protect me, just when I no longer had him with me. I knew him a little. I felt a little for him. Maybe our connection told me more than I wanted to hear, or maybe it was just a remote theory, but I guess I would take that note everywhere to hear his voice through his words every day for the rest of my life.