Publicado en Reflexiones

«Estoy bien»:

«Estoy bien» es lo que decimos todos. Es lo que tú dices siempre. Cansada, pero sin reconocerlo. Estresada, pero sin gritarlo. Enfadada, pero sin el mundo ser consciente de ello. Rota, pero sin descubrirlo. Desde hace tiempo, no encuentras tu sitio, el silencio se ha vuelto amigo, mientras el ruido una intimidad que prefieres no enfrentar. Eres una sombra en una habitación cerrada, pero sigues yendo a trabajar, a comprar ropa, te maquillas, fingiendo ser otras y evitando ser tú.

«Estoy bien» es lo que se suele decir cuando queremos creerlo, así otros también podrán hacerlo. Un truco barato de nuestra enrevesada mente, que no nos deja ni un momento a solas. Lo dices como si fueran palabras sueltas, sin mucho sentido, con la mejor entonación, incluso, lo practicas en casa para ver cómo encaja en una conversación, porque ni siquiera eso te hace sentir cómoda. Son palabras calculadas para no preocupar a nadie, porque es lo que se supone que debes decir, es lo que todo el mundo quiere oír al fin y al cabo, eximiéndose de la responsabilidad de escuchar por un momento, de comprender, de creer.

«Estoy bien» es lo que compartimos cuando no lo estamos. Nos rompemos, pero callamos. Otra mentira para salir de la cama, para fingir que algo más importa, que estar en la otra punta del mundo significa algo, que no ser recordada no es tan malo, porque aún así respiras, aún así sientes. Son palabras de alivio, quizá de sosiego, pretendidas en voz alta, de confort debajo de las sábanas. Son un empuje para decidir un día más salir ahí fuera y superarlo, como cualquier otro día, cualquier otro momento que ni siquiera considerarías mínimamente interesante.

«Estoy bien» como las palabras que alimentan un alma perdida, una esperanza inequívoca que te dice a dónde debes dirigirte, que te saluda desde lejos y te deja ser su amiga. Son palabras de consuelo que alguien dice tras una sonrisa, así no te preocupas, no te arrepientes de lo que has dicho como otras veces y dejas de preguntarte qué hiciste mal. Una mentira inocente que te deja encadenado a la irrealidad, inseguridad, a las preguntas constantes de si será verdad lo que oyes u otro estúpido truco del destino. Así es como mentimos a nuestra pareja, le decimos que la comida está estupenda, pero en realidad cocina fatal, no queremos decepcionarla. No queremos decepcionarnos.

«Estoy bien» es esa relación amor-odio con un ligue del pasado. Algo que quieres olvidar pero que está presente, dos palabras que repiquetean tu mente, que te obligan a estar bien, de alguna forma, que te exigen que lo estés aunque solo quieras tumbarte en la cama y olvidarte de que el mundo existe. Estar bien para no decir las palabras que pensamos, para no enfrentarnos a miradas incómodas, a preguntas aún más incómodas o para dar explicaciones rotas que quizá no tengan cabida en el entendimiento ajeno, porque es más cómodo, porque es lo que el mundo espera de ti, lo que esperan que digas.

«Estoy bien» cuando todo es un desastre, cuando las paredes se agrietan, las habitaciones dejan de tener puertas, todo se oye y tú quedas al descubierto, desnuda ante tantas miradas. Sales como puedes al mundo, quizá humillada, quizá rota, con un poco de suerte nadie lo sabrá porque todo está bien. Nada ha cambiado. Aunque dentro de ti, sí. Pero no queremos que nadie lo comente o crearemos un conflicto.

«Estoy bien» porque tengo que estarlo, porque tengo que sobrevivir. Así es como todo el mundo vive y esconde.


«I’m Fine»

«I’m fine» is what we all say. It’s what you always say. Tired, but without recognizing it. Stressed, but not yelling. Angry, but without the world being aware of it. Broken, but without discovering it. For a long time, you have not found your place, silence has become a friend, while noise is an intimacy that you prefer not to face. You are a shadow in a closed room, but you keep going to work, buying clothes, putting on makeup, pretending to be others and avoiding being you.

«I’m fine» is what is usually said when we want to believe it, so others can too. A cheap trick of our convoluted mind, which does not leave us alone for a moment. You say it as if they were single words, without much sense, with the best intonation, you even practice it at home to see how it fits into a conversation, because even that doesn’t make you feel comfortable. They are words calculated so as not to worry anyone, because it is what you are supposed to say, it is what everyone wants to hear after all, exempting themselves from the responsibility of listening for a moment, of understanding, of believing.

«I’m fine» is what we share when we’re not. We break, but we shut up. Another lie to get out of bed, to pretend that something else matters, that being on the other side of the world means something, that not being remembered isn’t so bad, because you still breathing, you still feeling. They are words of relief, perhaps of calm, intended aloud, of comfort under the sheets. They are a push to decide one more day to go out there and get through it, like any other day, any other moment that you would not even consider interesting at all.

«I’m fine» like the words that feed a lost soul, an unmistakable hope that tells you where to go, that greets you from afar and lets you be their friend. They are words of comfort that someone says after a smile, so you don’t worry, you don’t regret what you said like other times and you stop wondering what you did wrong. An innocent lie that leaves you chained to unreality, insecurity, to the constant questions of whether what you hear is true or another stupid trick of fate. This is how we lie to our partner, we tell her that the food is great, but in reality she cooks terrible, we don’t want to disappoint her. We don’t want to be disappointed.

«I’m fine» is that love-hate relationship with a date from the past. Something that you want to forget but that is present, two words that rattle your mind, that force you to be okay, in some way, that demand that you be okay even if you just want to lie in bed and forget that the world exists. Being well not to say the words we think, to not face uncomfortable looks, even more uncomfortable questions or to give broken explanations that may not have a place in the understanding of others, because it is more comfortable, because it is what the world expects from you, what they expect you to say.

«I’m fine» when everything is a disaster, when the walls crack, the rooms stop having doors, everything is heard and you are exposed, naked before so many looks. You go out into the world as you can, maybe humiliated, maybe broken, with a little luck no one will know because everything is fine. Nothing has changed. Although within you, it had. But we don’t want anyone to comment on it or we will create a conflict.

«I’m fine» because I have to be, because I have to survive. This is how everyone lives and hides.


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Nombre:

Tenías un nombre, había una fecha, un momento en el que todo se volvía claro. Solo formaba una palabra, la manera en que lo decía, en que pronunciaba tu nombre quizá te gustara. No era más que otra forma de tenerme entre tus brazos para no soltarme. Quise olvidarlo tantas veces, dejar que el pasado lidiara con ese nombre, que lo erradicara de mi cabeza, de mi existencia misma, pero ni siquiera eso podía salir bien. Cada vez que lo escuchaba, no podía evitar esbozar una sonrisa, emitir un leve grito de entusiasmo, incluso, podía sonrojarme con solo pensarlo. Era patético. Quizá yo lo fui.

No podía olvidarte. No podía olvidarlo. Era solo un nombre de alguien que se fue, que no debió de dejar huella, que debió de desaparecer. Me hacía recordar un cabello castaño, unos ojos negros, unos labios gruesos, brazos fuertes, suaves manos y esa vibración de protección que emanabas provenía de otro planeta. Trataba de dejarlo atrás, pero las palabras tienen poder sobre la vida y tu nombre era una palabra. Lo echaba de menos en cada cena, sentada a la mesa que antes compartimos, aún seguía encendiendo una vela, como si fuéramos a participar en un momento privado, romántico. Tu plato seguía allí, frente al mío. Vacío, pero al menos, podía imaginarte. Se había convertido en una obsesión que no le contaba a nadie.

Todos creían que te había olvidado. Que nuestras discusiones no seguía escuchándolas en mi cabeza, que no rebobinaba nuestras conversaciones en la cama antes de hacer el amor y no las volvía a escuchar cada vez que me iba a dormir. Evitaba hablar de mi insomnio, ni siquiera mi médico lo sabía, echaba de menos tenerte justo al lado. Cuando no podías pegar ojo, sabía que observabas como dormía, te parecía romántico, a mí un tanto siniestro. Nos reíamos. Todo parecía sencillo, hasta que otro huracán venía a arrasarlo todo, una nueva conversación en la que no encajábamos las ideas. Tras cada grito frustrado, nos abrazábamos. Tras cada bofetada, nos besábamos. Tras cada momento de celos, nos mirábamos de esa manera que hacía que los planetas dejaran de girar.

Éramos tóxicos. Volátiles, imperfectos. Todo se volvió complicado, demasiado como para quedarnos, como para seguir compartiéndonos. Dejamos de entendernos. Pero seguíamos teniendo sexo. Dejamos de acariciarnos con cariño. Pero seguíamos cogiéndonos de la mano mientras veíamos una película. Dejamos de querer vernos. Pero seguíamos haciéndolo a escondidas. Lo nuestro era una historia de nunca acabar. Quería apartarte de mí, pero tenerte al lado. Decirte que te odiaba, pero que te quería demasiado como para dejarte ir. Te daría el mundo entero, pero también lo alejaría para que no pudieras deshacerlo de un soplo. Nos llegamos a odiar tanto que dolía y nos llegamos a querer tanto que nos dolía.

Saliste por la puerta con una maleta, dejando tu nombre escrito en la pared. Lo hiciste con la navaja. Esa navaja que utilizamos cuando éramos unos niñatos y escribimos nuestros nombres en las literas en las que dormimos en casa de tus padres. He pensado tantas veces en borrarlo, pero nunca lo he hecho. Esta casa sigue oliendo a ti, a tu colonia. Al igual que los cojines, las sábanas, incluso, las mantas del sofá. A veces, creo que no puedo respirar, quiero coger el teléfono y pedirte que vuelvas, hacer el amor hasta el amanecer y contarnos todo lo que nos hemos perdido estando separados. Pero aún recuerdo la última vez que discutimos. Sigue presente, todavía tengo pesadillas. Me empujaste tan fuerte que me di contra el canto de la mesa de té, mi nariz no paraba de sangrar. No dejaste que me moviera del rincón, seguías gritando. Seguías rompiendo cuadros, cualquier cosa que pillabas. Te habías vuelto loco de ira. El salón estaba echo un desastre. Yo estaba echa un desastre. Y ya había dejado de conocerte, tu nombre ya no significaba nada.

Sigo tratando de salir adelante, con tristeza o sin ella. Con melancolía o sin ella, tratando de aclarar mis pensamientos. Aunque tu nombre siga en la pared, en mi memoria, en mi corazón.


Name:

You had a name, there was a date, a moment when everything became clear. It only formed a word, the way I said it, the way I pronounced your name, you might like it. It was just another way of holding me in your arms so you wouldn’t let me go. I wanted to forget you so many times, to let the past deal with that name, to eradicate it from my head, from my very existence, but even that couldn’t work out. Every time I heard it, I couldn’t help but smile, emit a slight cry of enthusiasm, I could even blush just thinking about it. It was pathetic. Maybe I was.

I couldn’t forget you. I couldn’t forget it. It was just a name of someone who left, who must not have left a trace, who must have disappeared. It reminded me of that brown hair, black eyes, thick lips, strong arms, soft hands and that vibration of protection that you emanated from another planet. I was trying to put it behind me, but words have power over life and your name was a word. I missed you at every dinner, sitting at the table we shared before, still lighting a candle, as if we were going to participate in a private, romantic moment. Your plate was still there, in front of mine. Empty, but at least, I could picture you. It had become an obsession that I told no one.

Everyone thought that I had forgotten you. That I didn’t keep hearing our arguments in my head, that I didn’t rewind our conversations in bed before we made love and didn’t listen to them every time I went to sleep. I avoided talking about my insomnia, not even my doctor knew, I missed having you right by my side. When you couldn’t sleep a wink, I knew you were watching me sleep, it seemed romantic to you, a bit creepy for me. We laughed. Everything seemed simple, until another hurricane came to destroy everything, a new conversation in which we did not fit the ideas. After each frustrated scream, we hugged each other. After each slap, we kissed. After every moment of jealousy, we’d look at each other in that way that made the planets stop spinning.

We were toxic. Volatile, imperfect. Everything became complicated, too much to stay, to continue sharing. We stop understanding each other. But we still had sex. We stop caressing each other affectionately. But we kept holding hands while watching a movie. We stop wanting to see each other. But we kept doing it secretly. Ours was a never ending story. I wanted to take you away from me, but have you by my side. Tell you that I hated you, but that I loved you too much to let you go. I’d give you the whole world, but I’d also push it away so you couldn’t blow it away. We came to hate each other so much that it hurt and we came to love each other so much that it hurt.

You walked out the door with a suitcase, leaving your name written on the wall. You did it with the razor. That knife we ​​used when we were kids and wrote our names on the bunk beds we slept in at your parents’ house. I have thought so many times about erasing it, but I have never done it. This house still smells like you, your cologne. Like the cushions, the sheets, even the blankets on the sofa. Sometimes I think I can’t breathe, I want to pick up the phone and ask you to come back, make love until dawn and tell us everything we’ve missed being apart. But I still remember the last time we argued. It’s still present, I still have nightmares. You pushed me so hard that I hit the edge of the tea table, my nose wouldn’t stop bleeding. You didn’t let me move from the corner, you kept yelling. You kept breaking pictures, whatever you caught. You had gone mad with anger. The living room was a mess. I was a mess. And I had stopped knowing you, your name no longer meant anything.

I keep trying to get by, sad or not. Melancholy or not, trying to clear my thoughts. Although your name is still on the wall, in my memory, in my heart.


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Mientras Escribo:

Las palabras fluían sin control, desesperadas por encontrar su sitio en el papel, por empezar un nuevo capítulo. Definitivamente, parecía que iba a terminar siendo una novela, aún no tenía nada muy claro pero me gustaba cómo iban saliendo las cosas. Tenía una libreta a mi lado con algunas notas, mientras ponía las manos sobre el teclado del ordenador para seguir donde lo había dejado el día anterior. Quería acercar a los lectores a mi forma de escribir, planes, personajes, cómo suelo encajar historias y cómo edito, así es como empezó todo, creo.

Esta vez, iba todo centrado en un personaje. Se llamaba Thomas y era escritor. Más o menos, de cuarenta años, soltero, sin mucho que esperar de la vida, trabajando demasiado, con facturas que le costaba pagar pero con una pasión por la escritura fuera de lo que parecía normal. Decidió ponerse a escribir en serio, quería que le publicaran libros, quería ser escuchado, quería una vida que creada por su pasión. No me había dado cuenta de cuánto se parecía a mí, en personalidad, físico, en los problemas que le había planteado en su vida, me percaté unos capítulos después cuando volví a leerlo con lentitud y atención. Necesitaba un villano, así que, lo creé. ¡Mi escritor iba a ser asesinado a sangre fría!

Thomas estaba sentado en la mesa de su escritorio frente a su ordenador, totalmente inspirado, por lo que, no escuchó que la puerta principal se abría y entraba alguien en su casa. Tampoco oyó los pasos del intruso, mucho menos, vio su reflejo en la pantalla del ordenador, Thomas estaba en otro mundo casi literalmente. Lo único que pudo oír fue un claro «click» que venía justo de detrás de él, no quería darse la vuelta, sospechaba quién podía ser y qué le apuntaba detrás de la cabeza. Respiró, tratando de mantener la calma, al igual que hice yo, tecleando a toda velocidad y empezando un nuevo capítulo.

Yo también oí el mismo «click» detrás de mí, el mismo que Thomas oyó en mi historia. Le dispararon sin remordimiento, era un trabajo más de alguien que le conocía, nunca se miraron a los ojos antes de que el gatillo fuera presionado y la bala le atravesara el cráneo. Su cabeza cayó sobre el teclado, dejando una interminable «Z» en la pantalla del ordenador, al tiempo que la sangre salía lentamente hasta cubrir gran parte de la mesa. En cambio, yo me giré, traté de ser rápido. El tipo iba vestido de negro de arriba a abajo, llevaba una capucha y una chaqueta de cuero, sujetaba una preciosa Desert Eagle plateada que brillaba a la luz de la única lámpara que tenía encendida en la habitación, la que estaba sobre la mesa del escritorio.

Esperé a verle la cara, mientras seguía apuntándome con el arma. Se quitó la capucha y pude verle. Tragué saliva, horrorizado. ¿Cómo podía haber pasado algo así? Thomas, sin más miramientos, apretó el gatillo. Caí al suelo sin más, con sangre saliendo de mi cabeza, mientras el personaje que había creado sonreía al tiempo que salía por la puerta para encontrarse con el mundo.


While I’m Writing:

The words flowed uncontrollably, desperate to find their place on paper, to start a new chapter. Definitely, it seemed that it was going to end up being a novel, I still had nothing very clear but I liked how things were going. I had a notebook next to me with some notes, as I put my hands on the computer keyboard to pick up where I had left off the day before. I wanted to bring readers closer to my way of writing, plans, characters, how I usually fit stories and how I edit, that’s how it all started, I think.

This time, it was all character-focused. His name was Thomas and he was a writer. More or less, forty years old, single, without much to expect from life, working too much, with bills that were difficult for him to pay but with a passion for writing out of what seemed normal. He decided to start writing seriously, he wanted books published, he wanted to be heard, he wanted a life created by his passion. I had not realized how much he resembled me, in personality, physically, in the problems I had posed in his life, I realized a few chapters later when I read it again slowly and attentively. I needed a villain, so I created it. My writer was going to be murdered in cold blood!

Thomas was sat at his desk table in front of his computer, totally inspired, so he didn’t hear the front door open and someone entering in his house. Nor did he hear the footsteps of the intruder, much less, he saw his reflection on the computer screen, Thomas was in another world almost literally. The only thing he could hear was a clear «click» coming right behind him, he didn’t want to turn around, he suspected who it could be and what was pointing behind his head. He breathed, trying to stay calm, just like I did, typing at full speed and starting a new chapter.

I also heard the same «click» behind me, the same one Thomas heard in my story. He shot him without remorse, it was just another job of someone who knew him, they never looked into each other’s eyes before the trigger was pulled and the bullet went through his skull. His head fell on the keyboard, leaving an endless «Z» on the computer screen, while blood slowly flowed out to cover much of the table. Instead, I turned, I tried to be fast. The guy was dressed in black from top to bottom, wore a hood and a leather jacket, held a beautiful silver Desert Eagle that shone in the light of the only lamp I had lit in the room, the one on the desk table.

I waited to see his face, while he continued to point the gun at me. He took off his hood and I could see him. I swallowed, horrified. How could something like this have happened? Thomas, without further consideration, pulled the trigger. I simply fell to the ground, with blood coming out from my head, as the character I had created smiled as he walked out the door to meet the world.


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Escudo:

Soy tu escudo. Un protector. Supongo que me escuchas, que compartimos recuerdos, que las experiencias te han agotado y has necesitado de mi ayuda. Pude oír tus llantos, tus gritos en busca de amparo y desconexión, sentí cómo anhelabas tener un refugio que nadie más pudiera ver o tocar. Sabía que, estando tan roto, no podrías hacerlo solo, necesitabas un pequeño empujón, así que, hice mi aparición entre momentos de alegría y tristeza, de comodidad y angustia, de soledad y quietud. Hago el papel de guardián, sé lo que debo decir y cómo protegerte, cómo entablar conversaciones con otros lo suficientemente correctas y, a la vez, amables y agradables, como tú lo harías. Estoy esperando fuera, con una espada entre mis manos, sé que puedes oír el sonido del metal cuando me muevo de un lado a otro desde tu puerta al final del pasillo. Te cuido. Te respaldo. Mi imagen es la que todos ven, mientras te resguardas del frío.

Hasta hoy ha sido un gran viaje. Supongo que no hablamos mucho, siempre hemos tenido eso en común, pero cada vez es más acentuado. Mi papel es bastante simple, solo tengo que observar, escuchar y permanecer en silencio, mover la cabeza en señal de comprensión y sonreír. Sé qué decir en cada momento, cómo actuar, cómo mantenerte a salvo de los conflictos, cómo esquivar peticiones o compromisos externos, creo que es una de mis especialidades. Esquivar y evadir, siempre ha sido una especie de talento que tanto tú como yo tenemos, así que, he querido mantenerlo, trato de mirar a los ojos de los demás, aceptar que sentimos muchas cosas, pero no expresarlas y no decirlas es lo que nos mantiene en una buena posición.

Oigo tus pensamientos cada día, sé cómo estás en cada momento. Puede que no sepas lo mucho que te aprecio, puede que no te des cuenta de mi trabajo desde ahí dentro, desde tu pequeña burbuja. Pero mi compromiso es total, soy leal a lo que debo hacer y sé que algún día podrás volver a este momento y apreciarlo tal y como es. Leo entre líneas, tus palabras fluyen y las dejas escritas en papel, recuerdos y situaciones que pueden haber surgido, quizá arrepentimientos, dudas, corazonadas, buenas intenciones desperdiciadas, problemas de confianza… Todo respira bajo mi piel.

A veces, me gusta caminar sin rumbo, encontrarme con muchas de las cosas que te gustan, tratar de sentirme parte de aquello que te atrapa entre las páginas de un libro o de una reflexión que yo podría considerar absurda. Mientras hablo, como, camino o me deleito por ese color blanco intenso de la luna que tanto embriaga. Diría que no me salgo del guión, de mi trabajo en el cambio de máscaras cuando acontece, está cumpliéndose según el plan propuesto, que el horario impuesto se lleva a cabo y que con mi escudo, sigo parando todo lo que viene del exterior con una fuerza y negatividad innecesarias para ti en este momento. Trato de mantener las piezas del puzzle en su sitio, no quiero que ninguna se caiga al suelo, los movimientos son sutiles pero van a su ritmo, suelo reír, incluso llorar, es bueno experimentar emociones, quiero darte ese respiro y ese sitio que mereces para que te des permiso de experimentarlo todo mientras no estás fuera, mientras sigas estando donde quieres estar.

He tomado el timón. No por obligación, no por pena o desesperación. No es algo por lo que he sido requerido o llamado, ha sido un sentimiento, un llanto continuado, una necesidad real. Mi trabajo es placentero, alerta, manteniendo la compostura, sobrellevando las palabras, jugando con ellas, sabiendo dónde va cada tilde en nuestros versos. Sé dónde parar, cómo continuar, sé a dónde debo llevarte y cómo hacerte descansar. Ni siquiera cuando duermes dejo de protegerte. Puede que ahora sonrías al leer esto, puede que incluso, te emociones. Aquí estoy, como muchos otros estuvieron, pero más imponente, con más fuego, fuerza y entereza, con determinación. Supongo que aquí es dónde nos conocimos, cuando tus piezas se recolocaban y tu mente recobraba la claridad, cuando nadie más podía tocarte o decirte qué hacer, cuando podías respirar por fin pero necesitabas que alguien no bajara la guardia por ti. Nunca lo olvidaremos, ¿verdad?


The Shield:

I’m your shield. A protector. I suppose you listen to me, that we share memories, that experiences have exhausted you and you have needed my help. I could hear your cries for disconnection, I felt how you longed to have a shelter that no one else could see or touch. I knew that, being so broken, you could not do it alone, you needed a little push, so I made my appearance between moments of joy and sadness, of comfort and anguish, of loneliness and stillness. I play the role of a guardian, I know what I should say and how to protect you, how to engage in conversations with others who are right enough and, at the same time, kind and nice, as you would do. I’m waiting outside, with a sword in my hands, I know you can hear the sound of the metal as I move back and forth from your door to the end of the hall. I take care of you. I have your back. My image is the one who everyone sees, while you shelter from the cold.

So far it has been a great journey. I guess we don’t talk much, we’ve always had that in common, but it’s getting more and more accentuated. My role is quite simple, I just have to observe, listen and remain silent, shake my head in a sign of understanding and smile. I know what to say at all times, how to act, how to stay safe from conflicts, how to dodge external requests or commitments, I think it is one of my specialties. Dodging and evading, it has always been a kind of a talent that both you and I have, so I wanted to keep it, I try to look into the eyes of others, accept that we feel many things, but not expressing them and not saying them is what keeps us in a good position.

I hear your thoughts every day, I know how you are in each moment. You may not know how much I appreciate you, you may not realize my work from in there, from your little bubble. But my commitment is total, I am loyal to what I must to do and I know that one day you will be able to return to this moment and appreciate it as it is. I read between the lines, your words flow and you leave them written on paper, memories and situations that may have arisen, perhaps regrets, doubts, hunches, wasted good intentions, trust issues… Everything breathes under my skin.

Sometimes, I like to walk aimlessly, find many of the things you like, try to feel part of what traps you between the pages of a book or a reflection that I could consider absurd. While I talk, I eat, walk or delight in that intense white colour of the moon that intoxicates so much. I would say that I do not go off script, my work in changing masks when it happens, is being fulfilled according to the proposed plan, that the imposed schedule is carried out and that with my shield, I continue to stop everything that comes from the outside with an unnecessary force and negativity for you at this time. I try to keep the pieces of the puzzle in place, I do not want any to fall to the ground, the movements are subtle but they go at their pace, I usually laugh, even cry, it is good to experience emotions, I want to give you that break and that place you deserve so that you give yourself permission to experience everything while you are not out, as long as you are still where you want to be.

I have taken the helm. Not out of obligation, not out of grief or despair. It is not something for which I have been required or called, it has been a feeling, a continuous crying, a real need. My work is pleasant, alert, keeping composure, coping with words, playing with them, knowing where each tilde goes in our verses. I know where to stop, how to continue, I know where I should take you and how to make you rest. Even when you sleep I don’t stop protecting you. You may now smile when you read this, you may even get excited. Here I am, like many others were, but more imposing, with more fire, strength and fortitude, with determination. I guess this is where we met, when your pieces were repositioned and your mind regained clarity, when no one else could touch you or tell you what to do, when you could finally breathe but needed someone not to let their guard down for you. We’ll never forget it, right?


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Querido, querido diario:

Hablar contigo es como esperar a que un amigo escuche, a que las palabras dejen de flotar en la mente y se posen sobre un papel, que las preocupaciones se vuelvan materia y que el sabor de la mentira deje de pesar. Dejas un rincón para lo verdadero, lo natural, infinito y perfecto, siempre hay un hueco para mí sin pretensiones, sin pensar dos veces, sin actuar. Leo y releo entre líneas para entenderme, quizá incluso tú llegues a hacerlo, ni siquiera me has comentado nada sobre eso y dudo que lo hagas, quizá parezcas solo un papel en una libreta cerrada, pero para mí siempre has sido un todo en lo que puedo confiar.

Entre las caminatas cada mañana, los chapoteos en el mar cuando está anocheciendo, los cafés en los descansos, el trabajo y las estúpidas conversaciones con amigas que casi desconozco, eres la luz que brilla al final del túnel, nuestra cita siempre tiene su lugar. Y tiene este aspecto: a mí sentándome en el sillón del salón cerca de la chimenea, contigo a un lado, con un bolígrafo en la mano y con la mente despejada, mientras tú solo esperas. Sé que nadie lo entiende y que puede parecer una tontería, incluso, algo de lo que querer husmear, pero siempre somos tú y yo, ¿verdad?

Desde la primera discusión con mis padres que no entendían por qué salía con Hugo. Desde la primera vez que mi hermano me llevó a la montaña rusa y me divertí tanto que no pude esperar a escribirlo. Desde mi dieciséis cumpleaños cuando me regalaron una bicicleta. Desde aquella vez que me fui de casa porque no me sentía entendida. Quizá remarcando aquellas veces donde solo podía llorar y no quería salir de la cama, donde prefería callar que seguir el ritmo, donde no quería encontrarme con la verdad en cada esquina. Desde que supe que mi hermana se iba a casar y desde todas aquellas preguntas sobre el matrimonio que tan poco me gustaba, quizá desde que me planteé si de verdad quería tener hijos o de si mis padres alguna vez dejarían de preguntarme por qué no pensaba en sentar la cabeza de una vez y dejaba de pasarlo bien. Puede que desde que dejé de pensar en lo que decían los demás y empezaba a pensar en mí, desde que descubrí que no estaba enamorada, solo tenía expectativas por alguien que no existía.

Muchas historias han sido escritas, muchas palabras que han viajado de un lado a otro, cosas que nadie sabe, cosas que tú sí. Lo malo, lo bueno, lo regular. Todo escrito en páginas sin marcar, no importa, yo no importo, solo soy una historia más, un personaje al que interpretar y el que puede desaparecer mañana, la vida seguirá, quizá me acompañes, quizá no, pero al menos, habré dejado palabras marcadas en tinta negra. No importa si alguien lo lee, si queda en el olvido, si consigo entender algún día qué hago aquí o a dónde me dirijo, quizá no sepa nunca si pertenezco, pero lo que queda escrito es verdadero.


Dear, Dear Diary:

Talking to you is like waiting for a friend to listen, for words to stop floating in the mind and to settle on paper, for worries to become matter and for the taste of lying to stop weighing down. You leave a corner for the truth, the natural, infinite and perfect, there is always a gap for me without pretensions, without thinking twice, without acting. I read and reread between the lines to understand myself, maybe even you will. You haven’t even told me anything about it and I doubt you will, maybe you look like just a piece of paper in a closed notebook, but to me you’ve always been a whole I can rely on.

Between the walks every morning, the splashes in the sea when it’s getting dark, the coffees on breaks, work and stupid conversations with friends I almost don’t know, you are the light that shines at the end of the tunnel, our appointment always has its place. And it looks like this: me sitting in the living room armchair near the fireplace, with you on one side, with a pen in my hand and with a clear mind, while you just wait. I know that no one understands it and that it may seem silly, even something to want to snoop on, but it’s always you and me, right?

From the first argument with my parents about why I dated Hugo. From the first time my brother took me on the roller coaster and I had so much fun I couldn’t wait to write it. Since my sixteenth birthday when I got a bicycle. Since that time I left home because I didn’t feel understood. Perhaps remarking those times when I could only cry and did not want to get out of bed, where I preferred to keep quiet than to keep up, where I did not want to find the truth in every corner. Since I knew that my sister was getting married and from all those questions about marriage that I liked so little, maybe since I wondered if I really wanted to have children or if my parents would ever stop asking me why I didn’t think about sitting down at once and stopped having fun. Maybe since I stopped thinking about what others were saying and started thinking about myself, since I discovered that I was not in love, I only had expectations for someone who did not exist.

Many stories have been written, many words that have traveled from one place to another, things that nobody knows, things that you do. The bad, the good, the regular. Everything written on unmarked pages, it does not matter, I do not matter, I am just another story, a character to play and the one who can disappear tomorrow, life will continue, maybe you will accompany me, maybe not, but at least, I will have left words marked in black ink. It does not matter if someone reads it, if it is forgotten, if I can understand one day what I am doing here or where I am going, I may never know if I belong, but what is written is true.


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Cambiante:

Siempre has sido mi personaje. Tan cambiante, tan reservada. Durante mucho tiempo, he cambiado tu ropa, he diseñado tu pelo, tu forma de vestir y he dibujado una sonrisa en tu rostro. A veces, es lo único que puedo controlar. Eres la que camina en mi biblioteca, la que susurra en mi oído y me dice cuál es su comida favorita, eres quién se cree fuerte, quién ve las realidades de forma diferente, la que no se avergüenza de quién es y quiere saber hacia dónde va.

Conozco tu fuerza, tu energía. Sé cómo te mueves, qué sientes en cada momento, tu estilo, tu forma de caminar, conozco cómo son tus enfados y las pequeñas alegrías, tus cumpleaños, tus noches a solas. Sigues sentada, en medio del lugar, en mi mente. Una nueva recién nacida envuelta entre palabras y capítulos. Eres parte de mí al igual que soy parte de ti, compartimos un lazo, una unión de cuerpo y mente. Resides en una parte muy particular, dejas fluir tu vida entre mis dedos para que le dé forma, para que la haga realidad y podamos expresarla juntas.

Lo sé todo sobre tu oscuridad. Lo sé todo acerca de tus malos hábitos, de las malas compañías, de las decisiones erróneas. Lo sé todo sobre tu autoestima denigrada, hecha pedazos, mientras tu mente te golpea entre ataques de pánico. Sé que mientes, pretendes, y te escondes bajo una capucha negra para no mostrar tu rostro. Sé que, muchas veces, caminas sin rumbo. Te sientas en un banco, te enciendes un cigarro y miras las estrellas, lejos de casa, no soportas nada de lo que allí ocurre, ni siquiera es importante. Entiendo que dejas fluir tu mente, que te dejas llevar entre pastillas y marihuana, sé que te hace salir de tu círculo incansable de tortura, sé que ya no sabes por qué te da igual hacer algo que está mal, por qué ha empezado a gustarte, por qué ya no te sientes en tu propio cuerpo.

¿Acaso trabajar sin parar te ha salvado? ¿Acaso beber hasta reventar te ha hecho olvidar? No, para nada. La misma historia se repite dentro de tu cerebro, como una película que se repite cada vez que se acaba. Es un círculo que no tiene fin y que consientes porque es lo que ya conoces. Sabes que no es mala suerte, solo que la vida te ha vuelto ruda, ha hecho que desvíes la mirada hacia otro lado y pienses en cualquier otra cosa que te haga sentir bien, ya sea acostarte con la del bar como con un hombre casado, casi que te da igual. Supongo que eso es lo que tiene el hacer que los finales felices no existan para ninguno de tus personajes, supongo que es lo que pasa con hacer vuestras vidas una realidad, como la nuestra, como la vida de escritor. A veces, son jodidas, otras algo más divertidas pero no siempre acaban bien.

¿Sabes cómo me inspiraste? Con tristeza. Era como si estuvieses allí, esperándome. Como si quisieras salir de alguna forma, como si estuvieras gritando en mi oído pero yo no pudiera oírte. Las imágenes empezaron a aparecer y no pude sino tener que contar tu historia. Y aún no la he terminado. Siento haber sido tan dura contigo, pero sé cómo acaba tu historia. Tengo que darle un sentido. Lo entiendes, ¿verdad? Observo cómo sales de cada mierda en la que te meto y, la verdad, solo he tratado de crear a una nueva superviviente, como muchas otras, como yo misma. Los fénix resurgen de sus cenizas, tú te enderezas tras cada duda, tras pasar por esa oscuridad que te nubla. Entierras emociones, escondes realidades, hablas poco. Entiéndeme, sé lo que se siente.

Puedo oler tu perfume. Puedo ver cómo dejas olvidada la caja de los folletos de Universidad, veo cómo les sigues la corriente para no hablar de ello. No perteneces, te sientes como un zombie que solo forma parte. Caminas porque no hay más opciones, corres cuando hay que escapar y sobrevives porque sabes que es lo que debes hacer. Estás ahí. Siempre lo estás y es un alivio, porque ahora puedo escucharte y puedes seguir hablando tanto como quieras, seguiremos juntas un nuevo capítulo.


Changeable:

You’ve always been my character. So changeable, so reserved. For a long time, I have changed your clothes, designed your hair, your way of dressing, and drawn a smile on your face. Sometimes, it’s the only thing I can control. You are the one who walks in my library, the one who whispers in my ear and tells me what her favorite food is, you are the one who think she is strong, who sees realities differently, who is not ashamed of who she is and wants to know where she is going.

I know your strength, your energy. I know how you move, what you feel in each moment, your style, your way of walking, I know what your anger and small joys are like, your birthdays, your nights alone. You are still sitting, in the middle of the place, in my mind. A new newborn wrapped between words and chapters. You are part of me just as I am part of you, we share a bond, a union of body and mind. You reside in a very particular part, you let your life flow between my fingers so that it gives shape, so that it makes it a reality and we can express it together.

I know all about your darkness. I know all about your bad habits, bad company, wrong decisions. I know all about your denigrated, shattered self-esteem as your mind hits you between panic attacks. I know you lie, pretend, and hide under a black hood so you don’t show your face. I know that, many times, you walk aimlessly. You sit on a bench, light a cigar and look at the stars, far from home, you can’t stand anything that happens there, it’s not even important. I understand that you let your mind flow, that you let yourself be carried away between pills and marijuana, I know that it makes you get out of your tireless circle of torture, I know that you no longer know why you don’t care about doing something that is wrong, why you have started to like it, why you don’t feel like you’re inside your body anymore .

Has working non-stop saved you? Has drinking until you burst made you forget? No, not at all. The same story repeats itself inside your brain, like a movie that repeats itself every time it’s over. It is a circle that has no end and that you consent to because it is what you already know. You know it’s not bad luck, just that life has made you rough, it’s made you look away and think about anything else that makes you feel good. whether it’s sleeping with the hot bartender or with a married man, you almost don’t care. I guess that’s what it’s about making happy endings not exist for any of your characters, I guess that’s what happens with making your lives a reality, like ours, like the life of a writer. Sometimes, they are fucked up, others somewhat more fun but they do not always end well.

Do you know how you inspired me? With sadness. It was as if you were there, waiting for me. As if you wanted to go out somehow, as if you were screaming in my ear but I couldn’t hear you. The images started to appear and I couldn’t help but have to tell your story. And I haven’t finished it yet. I’m sorry I was so hard with you, but I know how your story ends. I have to make sense of it. You get it, right? I watch you come out of every shit I get you into and really, I’ve only tried to create a new survivor, like many others, like myself. The phoenixes rise from their ashes, you straighten up after every doubt, after going through that darkness that clouds you. You bury emotions, you hide realities, you don’t talk much. Understand me, I know what it feels like.

I can smell your perfume. I can see how you leave the box of University leaflets forgotten, I see how you follow the current to not talk about it. You don’t belong, you feel like a zombie that is just a part of it. You walk because there are no other options, you run when you have to escape and you survive because you know what you should do. You are there. You always are and it’s a relief, because now I can hear you and you can keep talking as much as you want, we’ll follow along with a new chapter together.


Publicado en Relatos

El Monstruo:

Eres mi puerta cerrada, un continuo recordatorio de dónde no quiero ir. Es una zona oscura, apagada, que no me deja respirar al acercarme, que me ahoga de miedo y dolor, que se antepone a la duda y a hacer lo correcto, que habla antes de pensar y desgarra cualquier parte buena que haya dentro o fuera. Por eso, estás encerrado, por eso nunca te dejo salir, por mucho que golpees la puerta, que grites y patalees, sabes que no puedo dejar que vuelvas a poner un pie cerca de ese pasillo, que es justo el que va directo a mi perdición.

Ibas creciendo conforme yo lo hacía. ¡Qué puedo decir! Siempre estuviste ahí, una parte de mí, más oscura y divergente, contrarrestada, endiablada, pasota y cortante, alguien a quién no le importaba nada. Nos íbamos pasando la pelota, mientras la rabia y el control me poseían, me volvías loco. Entre un golpe y otro, me atontabas para seguir manteniendo tu trono intacto. Te hiciste fuerte debido a violencia, soledad, enfado e injusticia. Supongo que ningún niño debería saber nada de eso en tan corta edad, ¿verdad? Ahora quizá digas que querías protegerme, querías que fuera fuerte para enfrentar lo que fuera que estaba a punto de sucederme, que la vida es dura y que debía seguir caminando.

Sentiste mi tristeza, sentiste cómo iba cayendo en un agujero. Me mantenías a flote para que no tomara decisiones impulsivas, para que pudiera seguir caminando, mi alma empezaba a ser una muleta para tú poder seguir estando de pie. Me defendías en cada pelea, en cada discusión absurda, cuando se mofaban de mí o me daban de golpes, supongo que sentía cierto poder dentro de mí que no lograba entender, hasta llegué a preguntarme si era un monstruo. Llegué a creérmelo. Pero solo estaba sobreviviendo a otra nueva situación de mierda. Así había sido mi vida, y así es como tu tratabas de que no me parara.

Supongo que desde hace años esperas que te lo agradezca. Puede que te sientas decepcionado porque te encerré, porque he logrado controlarme y no seguir por el estrecho sendero oscuro por el que me llevabas, imagino que no debió de gustarte que pudiera callarte. Y sí, la verdad es que eras una cotorra, no dejabas de hablar. Destructivo, vengativo, negativo, catastrofista, perfeccionista, y un cobarde, tenías tanto miedo dentro que tu envoltura era la inseguridad. Supongo que sí, algunas cosas dejaste en mí, pero es bueno que empecemos una conversación, que cambie los candados cada dos años para que no se oxiden, para que no llegues a derrumbar la puerta, o deshacer todo lo que he conseguido enmarañando mi mente y haciéndome creer que eres el único que puedes quitarme el dolor.

He de reconocer que no sentir era genial, te da igual todo, eres casi como un muerto andante al que solo le importa caminar. Las emociones son cambiantes, a veces, son un desastre, te hacen sentir pequeño, incluso, miserable, te rompen por dentro, y muchas otras cosas que desearía no comentar, pero sigo sin ver la razón por la que tendría que volver a abrirte la puerta. No eres más que otra puerta cerrada de las muchas que no abro en esa sección de mi mente, aunque sí es verdad que te tengo cierto aprecio, eres de una colección que no me gustaría perder por lo que pudiera ocurrir en un futuro. Pero no olvides, que son muchas las que se han abierto por beneficio propio, pero la tuya querido amigo, espero no abrirla jamás.

Eres mi pequeño monstruo. Ese que me transforma en alguien que no quiero volver a ver, que pocos han visto y que espero que no vean. El dolor no se quita, no se arranca, no se vuelve agresivo para dejar que deje de rasgarte por dentro, sino que, se acepta y dejas que permanezca como recordatorio de cuánto has pasado y cuánto más has superado. Te deja resquicios de tristeza, incluso, puede llegar a ser permanente, pero no hasta el punto de soltarte. Últimamente, te oigo gritar, pareces desesperado después de tanto tiempo, hasta imploras encontrar una salida, puede que rasques los enormes y gruesos muros que construí especialmente para ti. Quiero que sepas que te oigo, que te entiendo, que te acepto y que sé que eres otra pieza más de mi rompecabezas, situado en el sótano, junto con otros que quizá conozcas.

Espero que algún día, viejo amigo, te reconcilies contigo mismo y podamos volver a contarnos historias.


The Monster:

You’re my closed door, a continuous reminder of where I don’t want to go. It is a dark, dull area that does not let me breathe when I approach, that drowns me in fear and pain, that takes precedence over doubt and doing the right thing, that speaks before thinking and tears any good part that is inside or outside. That’s why you’re locked up, that’s why I never let you out, no matter how much you knock on the door, scream and kick, you know I can’t let you set foot near that hallway again, which is just the one that goes straight to my perdition.

You were growing as I did. What can I say! You were always there, a part of me, darker and more divergent, countered, devilish, stepped and sharp, someone who didn’t care about anything. We were passing the ball, while anger and control possessed me, you drove me crazy. Between one blow and another, you stunned me to keep your throne intact. You became strong because of violence, loneliness, anger and injustice. I guess no kid should know any of that at such a young age, right? Now you may say that you wanted to protect me, you wanted me to be strong to face whatever was about to happen to me, that life is hard and that I should keep walking.

You felt my sadness, you felt myself falling into a hole. You kept me afloat so that I would not make impulsive decisions, so that I could continue walking, my soul began to be a crutch for you to continue standing. You defended me in every fight, in every absurd argument, when they made fun of me or beat me, I guess I felt a certain power inside me that I couldn’t understand, I even wondered if I was a monster. I came to believe it. But I was just surviving another shitty new situation. That’s how my life had been, and that’s how you tried that I didn’t stop.

I guess for years you’ve been waiting for me to thank you. You may feel disappointed because I locked you up, because I have managed to control myself and not continue along the narrow dark path you were taking me, I imagine you must not have liked that I could shut you up. And yes, the truth is that you were a parrot, you did not stop talking. Destructive, vindictive, negative, catastrophic, perfectionist, and a coward, you were so afraid inside that your envelope was insecurity. I guess so, some things you left in me, but it’s good that we start a conversation, that I change the locks every two years so that they don’t rust, so that you don’t get to collapse the door, or undo everything I’ve achieved by tangling my mind and making me believe that you’re the only one who can take the pain away from me.

I have to admit that not feeling was great, you don’t care about everything, you are almost like a dead man who only cares about walking. Emotions are changeable, sometimes, they are a mess, they make you feel small, even miserable, they break you inside, and many other things that I wish I did not comment, but I still do not see the reason why I would have to open the door again. You are just another closed door of the many that I do not open in that section of my mind, although it is true that I have a certain appreciation for you, you are from a collection that I would not like to lose for what could happen in the future. But do not forget, that there are many that have been opened for my own benefit, but yours dear friend, I hope it never gets open.

You are my little monster. That one that transforms me into someone I don’t want to see again, that few have seen and that I hope they don’t see it. The pain is not removed, it is not torn away, it does not become aggressive to let it stop tearing you inside, but it is accepted and you let it remain as a reminder of how much you have gone through and how much more you have overcome. It leaves you with traces of sadness, even, it can become permanent, but not to the point of letting go. Lately, I hear you screaming, you seem desperate after so long, until you implore to find a way out, you may scratch the huge and thick walls that I built especially for you. I want you to know that I hear you, that I understand you, that I accept you and that I know that you are another piece of my puzzle, located in the basement, along with others you may know.

I hope that one day, old friend, you will reconcile with yourself and we can tell us stories again.


Publicado en Reflexiones

Palabras sin Nombre:

No te gusta la gente, tienes que reconocerlo. No sabes hablar con ellos. No sabes qué decir o que se supone que queda bien, así que, te quedas en silencio. A veces, te resbalas y dices lo que no debes, te arrepientes y vuelves a actuar como si no pasara nada, lo reprimes y te dejas llevar, le quitas importancia y deseas que un día más trascurra sin incidentes. No puedes hablarlo, no puedes decirlo. Estás loca. Claro, esa sería la palabra clave. Y ya te miran bastante raro. No es conveniente poner nombres, etiquetar las relaciones, las palabras.

No te gusta salir mucho. No encajas. No te sientes parte de algo y puede que nunca lo hagas, está más que aceptado porque no ha empezado hoy, ya lleva tiempo. Notas la distancia, el vacío entre nosotros, somos extraños que pretendemos ser otros. Debes ponerte una máscara en cada situación. Tus amigas dicen serlo pero no te han llamado desde hace semanas, tú tampoco a ellas. Suelen decir que eres una pasota y una dejada, que no te las mereces, pero son ellas las que no te merecen a ti, ya demasiado haces. Solo las aguantas, las escuchas porque tienes que hacerlo. Les das cualquier respuesta estándar que se te ocurre y cierras el trato de una amistad rota. Otra más.

El último tío con el que saliste era un idiota. Con el que sales ahora, bueno, sabes que no tiene nada especial pero te acuestas con él por obligación, no es más que otra persona programada para tener una vida normal y corriente, casándose, teniendo hijos e imaginándose un mundo mágico que no existe. Tú sabes la verdad y no es para nada mágica. No te identificas con nada de eso y tienes pánico de que llegue «la conversación», o más bien un múltiplo de ellas. Primero, viene la pregunta de si sois pareja, luego viene la siguiente de si algún día te gustaría casarte, puede que un poco más cerca, empiece a plantearte el vivir juntos y, lo más seguro es que te pregunte si quieres tener hijos. En tu cabeza, lo niegas todo, no quieres nada de eso, ya bastantes problemas tienes. Él insiste una y otra vez, necesita convencerte, necesita que quieras lo mismo que él quiere para seguir dependiendo de ti, para seguir juntos y darle lo que más desea. Le dejas, esa es tu única salida. La salida en cada una de las relaciones que empiezan a nombrarse por sí mismas, es aburrido.

Te gustan las películas, adoras el cine y te apetece ir. ¿Vas sola? Quizá sea la mejor idea, dado que tu supuesto y etiquetado «novio» ya no existe. Disfrutas la película y decides acercarte a un bar a tomar algo para refrescarte un poco. Y, por supuesto, se acerca el baboso. «Oh dios, no», piensas víctima del pánico. Tratas de levantarte pero ya te ha cazado con una de las historias que la mayoría de tíos inventan para mostrarte lo buenos y cariñosos que son, lo geniales que son en la cama y lo bien que te van a cuidar, cuando sabes que solo quiere un revolcón. Típico y aburrido. Te levantas, dejando la copa tras de ti y al tipo con la palabra en la boca. Ni siquiera puedes ir a un bar sin tener que hablar con alguien.

Llegas a casa, tu espacio seguro. El único lugar donde puedes ser tú misma, donde puedes respirar y evadirte del exterior. Te pones el pijama y enciendes la tele, el silencio te invade y notas una sensación de tranquilidad indescriptible. Hasta que se interrumpe porque tienes a tu madre al teléfono, llevaba días sin llamar. Necesita que la acompañes a comprarse ropa para el siguiente evento familiar, ese que solo de recordar te da ganas de vomitar, irá demasiada gente, gente que odias. Tratas de sonreír y ser amable, seguro que es lo que ella quiere oír, lo agradecerá aunque tengas unas ganas locas de desaparecer. Seguramente, tengas que soportar a la idiota de su amiga, la gritona, la que parece que vaya a reventarte los tímpanos. También quiere comprarte un vestido, estás soltera y deberías encontrar a tu media naranja en ese evento tan espléndido, van a ir jóvenes muy acaudalados. Tan rápido como puedes, cuelgas. Gilipolleces.

Odias los vestidos. Los has odiado siempre pero ella no lo sabe, es mejor así. Te da lo mismo la ropa, te pones cualquier cosa que ves en el armario pero, cuando sales debes parecer otra persona, utilizas cualquier disfraz pero, para ver a mamá seguramente, el rojo oscuro sea el más potente, puede que denote poder y no fracaso, alegría y no pesadez, viveza y no agotamiento. Es curioso lo lento que pasa el tiempo cuando haces algo que te importa menos que un bicho en la carretera. Solo tienes ganas de llegar a casa y echarte, olvidar que el mundo existe. Pero, no le pongas nombre, no lo digas en voz alta, pensarán que eres una antisocial de primera clase y no queremos eso, ¿verdad? Queremos que piensen que somos santas. No te gusta ningún vestido pero eliges el morado, justo el que había señalado tu madre, cuánto más le guste a ella menos se quejará, ¿no? Y más rápido os iréis de ese antro.

Te pide ir a la cafetería de enfrente, necesita un café y una tarta. Pensabas que estaba a dieta, al menos, eso es lo que dijo pero sabes que las personas suelen mentir más que hablar. Bueno, eso tú también lo haces, pero nadie puede juzgarte, ¿no? Tratas de mirar la hora sin que ella lo note, tienes ganas de salir de allí, notas que tu corazón se acelera y tu respiración se entrecorta, no soportas oírla hablar así de sus amigas, te da la sensación de que se ha convertido en una persona horrible, ni siquiera es como la recuerdas cuando eras pequeña. Sigues asintiendo mientras le das sorbos a tu té, repites algunas de sus palabras para que note que estás de su parte pero sin animar demasiado la conversación, no quieres quedarte diez horas más. Te terminas el té y tu madre el café, pero ha pasado más de una hora y no parece que quiera levantar el culo de la silla. Está claro, debes hacerlo. Finges que te llaman del trabajo, te excusas con ella y te vas. Inteligente plan, nunca falla.

En casa de nuevo, pero esta vez, no cometes el mismo error. Desconectas todos los aparatos electrónicos y te echas en el sofá. Por fin has vuelto a respirar bien. Poco a poco, vas cerrando los ojos y empiezas a soñar en un mundo que no tiene nada que ver con este, uno en el que te gustaría estar, uno que solo tú has creado.


Words Without a Name:

You don’t like people, you have to acknowledge it. You don’t know how to talk to them. You don’t know what to say or what’s supposed to look good, so you’re silent. Sometimes, you slip and say what you shouldn’t, you regret it and you act again as if nothing happens, you repress it and let yourself go, you downplay it and you wish that one more day would pass without an incident. You can’t talk about it, you can’t say it. You are crazy. Sure, that would be the key word. And they already look at you quite weird. It is not convenient to put names, label relationships, words.

You don’t like to go out much. You don’t fit in. You do not feel part of something and you may never do it, you accepted it because it has not started today, it has been a long time. You notice the distance, the emptiness between us, we are strangers pretending to be others. You must put on a mask in every situation. Your friends say they are good but they haven’t called you for weeks, neither have you. They usually say that you don’t care much about nothing, that you do not deserve them, but they are the ones who do not deserve you, you already do too much for them. You just put up with them, you listen to them because you have to. You give them any standard answer you can think of and close the deal of a broken friendship. Another one.

The last guy you dated was an idiot. The one you date now, well, you know he has nothing special but you sleep with him out of obligation, he is just another person programmed to have an ordinary life, getting married, having children and imagining a magical world that does not exist. You know the truth and it is not at all magical. You don’t identify with any of that and you’re panicked that «the conversation» is coming, or rather a multiple of them. First, comes the question of whether you are a couple, then comes the next one of whether one day you would like to get married, maybe a little closer, start considering living together and, most likely, ask you if you want to have children. In your head, you deny everything, you don’t want any of that, you already have enough problems. He insists again and again, he needs to convince you, he needs you to want the same thing he wants to continue depending on you, to stay together and give him what he wants the most. You leave him, that’s your only way out. The way out in each of the relationships that begin to name themselves, it’s boring.

You like movies, you love movies and you feel like going. Are you going alone? Maybe it’s the best idea, given that your supposed, labeled «boyfriend» no longer exists. You enjoy the movie and decide to go to a bar to have a drink to refresh yourself a little. And, of course, the slug is approaching. «Oh god, no,» you think panicking. You try to get up but he has already hunted you down with one of the stories that most guys invent to show you how good and affectionate they are, how great they are in bed and how well they are going to take care of you, when you know he just wants to sleep with you. Typical and boring. You get up, leaving the cup behind you and the guy with the word in his mouth. You can’t even go to a bar without having to talk to someone.

You get home, your safe space. The only place where you can be yourself, where you can breathe and escape from the outside. You put on your pajamas and turn on the TV, the silence invades you and you notice an indescribable sense of peace. Until it is interrupted because you have your mother on the phone, she didn’t call you since a few days ago. She needs you to accompany her to buy clothes for the next family event, the one that just remembering it makes you want to vomit, too many people will go, people you hate. You try to smile and be kind, surely it is what she wants to hear, she will appreciate it even if you have a crazy desire to disappear. Surely, you have to endure the idiot of her friend, the screamer, the one who seems to burst your eardrums. She also wants to buy you a dress, you are single and you should find your better half at that splendid event, very wealthy young people are going to go. As fast as you can, you hang up. That’s bullshit.

You hate dresses. You’ve always hated them but she doesn’t know, it’s better that way. You don’t care about the clothes, you wear anything you see in the closet but, when you go out you must look like someone else, you use any costume but, to see mom surely, dark red is the most powerful, it may denote power and not failure, joy and not heaviness, liveliness and not exhaustion. It’s funny how slow time goes by when you do something you care less about than a bug on the road. You just want to get home and kick yourself out, forget that the world exists. But, don’t name it, don’t say it out loud, they’ll think you’re a first-class antisocial and we don’t want that, right? We want them to think we are saints. You don’t like any dress but you choose the purple one, just the one your mother had pointed out, the more she likes it the less she will complain, right? And faster you will leave that den.

She asks you to go to the cafeteria which is near, she needs a coffee and a cake. You thought she was on a diet, at least, that’s what she said but you know that people tend to lie more than talk. Well, you do that too, but no one can judge you, right? You try to look at the time without her noticing, you feel like getting out of there, you notice that your heart is racing and your breathing is short, you can’t stand hearing her talk like that about her friends, it gives you the feeling that she has become a horrible person, it’s not even how you remember her when you were little. You keep nodding as you sip your tea, repeat some of her words so that she notices that you are on her side but without animating the conversation too much, you do not want to stay ten more hours. You finish the tea and your mother the coffee, but it’s been more than an hour and she doesn’t seem to want to lift her ass out of the chair. It’s clear, you must do it. You pretend to be called from work, you excuse yourself with her and you leave. Smart plan, never fails.

At home again, but this time, you don’t make the same mistake. You disconnect all the electronics and lie on the sofa. You’re finally breathing well again. Slowly, you close your eyes and begin to dream in a world that has nothing to do with the real one, the one in which you would like to be, one that only you have created.


Publicado en Reflexiones

Despedida:

Desapareció y no pudiste despedirte. Es un pequeño pensamiento que fluctúa en tu interior, una pequeña llama que, a veces, se enciende, que te hace recordar ese momento, aunque no estás muy cómoda admitiéndolo, ¿verdad? Lo sé, es complicado. Y no hablarías de ello ni aunque te obligara, así que, voy a hablar yo. Sé lo que sientes, lo proyectas cada vez que tu voz empieza a vibrar, cuando te tiembla, cuando piensas en qué decir y cuando dices algo que no deberías. Está contigo cada minuto de cada día. Te arrepientes de no haber dicho lo que debiste decir antes, no dijiste lo que sentías, como hacías siempre, un mal hábito que no has podido erradicar.

Te acuerdas de cada detalle de su semblante, de su cuerpo esbelto y sus ojos castaños, su sonrisa y su tez pálida, le ves cada vez que despiertas y cada vez que te acuestas. Aparece en cada uno de tus sueños. Empiezan y terminan de maneras diferentes pero la parte donde compartes lo que sientes por fin, eso no cambia. Te sentiste cobarde, pero no lo fuiste, cualquiera hubiera podido haberse echado atrás. Pero tú no, te rompió todos los esquemas, un sentimiento como ese te dejó helada y nadie te había hecho remover tanto por dentro. Intentaste combatirlo, durante mucho tiempo, incluso te echaste novio para olvidarlo pero nada sirvió. Te volviste dura. Miraste hacia delante sin dudarlo, aceptaste que no siempre se puede conseguir lo que uno quiere.

Y es cierto. Pero tú sacrificaste demasiado, ¿no? Las cosas podrían haber sido diferentes, podrías haber estado con otra persona que te hubiera apetecido más estar pero no podías. Sentías que no ibas a pertenecer, que no encajarías, que sería otra persona que te apartaría de su vida y que te dejaría echa polvo, tendrías que reconstruirte y no habría nadie que te quitara ese dolor. Y el no haberlo soportado lo hace todo más difícil, ¿verdad? Una experiencia sin vivir, una experiencia querida y desquitada de la línea del tiempo, sin explicaciones, pasando sin más. No tienes ni idea de cómo habría sido pero te lo preguntas día sí y día también.

A veces, es curiosidad. Otras veces, es anhelo. Muchas otras, solo un recuerdo vivo que, por alguna razón, ha permanecido. Hay puertas que no logran cerrarse del todo, hay lugares en tu mente que tienen un sitio donde deben estar, y ese sitio está en un rincón, si me esfuerzo puedo verlo. Has llegado a hacerlo tan invisible para no tener que verlo, para no estar cerca de él y saber cómo evitarlo cada vez que analizas un pensamiento cualquiera. Esperas que no huya, esperas que se quede en ese mismo lugar todo el tiempo que haga falta, que no proteste o grite, que no demande un final feliz porque sabes que no puedes dárselo porque ya no está aquí, ya no es tu presente. Se acabó, hace mucho tiempo.

Viajas en el tiempo buscando respuestas, avergonzándote de tus actos, queriendo cambiar acontecimientos y teniendo que olvidar más de una frase. Necesitando volver la vista al frente y centrarte en lo que haces para no volver a verle, para no estar cerca, para no volver a abrir esa puerta. Respiras hondo y se va, tal y como se fue, tal y como muchos se fueron, sin mirar atrás, sin hacer preguntas o dar explicaciones, sin hacerte sentir importante, sin encontrar una conexión común. Encajar hubiese cambiado el curso de los acontecimientos, estás segura, pero también de que no hay nada que puedas cambiar ya.

Hay despedidas que no vienen con una nota, una carta o un adiós, simplemente, son unas palabras pronunciadas en soledad. A veces, desaparecen sin más. A veces, pasan página antes de que tú lo hagas. Te olvidan. Aunque les hayas hecho bien, aunque hayas sido amable, aunque hayas sido generosa y compasiva, eso no es algo crucial y no pasa nada. No hace falta. Mientras estemos bien, sobrarán las despedidas.


Goodbye

He disappeared and you couldn’t say goodbye. It’s a little thought that fluctuates inside you, a little flame that sometimes lights up, that makes you remember that moment, even though you’re not very comfortable admitting it, right? I know, it’s complicated. And you wouldn’t talk about it even if I force you to do so. Therefore, I’m going to talk about it. I know what you feel, you project it every time your voice starts to vibrate, when it shakes in your throat, when you think about what to say and when you say something you shouldn’t. He is with you every minute of every day. You regret not having said what you should have said before, you did not say what you felt, as you always did, a bad habit that you have not been able to eradicate.

You remember every detail of his countenance, his slender body and brown eyes, his smile and pale complexion, you see him every time you wake up and every time you go to bed. It appears in each of your dreams. They start and end in different ways but the part where you share what you feel finally, that doesn’t change. You felt cowardly, but you weren’t, everyone could have backed down. But you didn’t, it broke all your schemes, a feeling like that left you frozen and no one had made you stir so much inside. You tried to fight it, for a long time, you even started a fast relationship to forget everything but nothing helped. You became tough. You looked forward without hesitation, you accepted that you can’t always get what you want.

And it’s true. But you sacrificed too much, didn’t you? Things could have been different, you could have been with someone else who you would have wanted to be but you couldn’t. You felt that you were not going to belong, that you would not fit in, that it would be another person who would take you away from his life and leave you dusty, you would have to rebuild yourself and there would be no one to take away that pain. And not having endured it makes everything more difficult, right? An experience without living, an experience you wanted so desperately and detached from the timeline, without explanations, passing without a second to think. You have no idea what it would have been like but you wonder about it day in and day out.

Sometimes, it’s curiosity. Other times, it’s longing. Many others, just a living memory that, for some reason, has remained. There are doors that cannot close completely, there are places in your mind that some things are put where they should be, and that place is in a corner, if I try I can see it. You made it so invisible that you don’t have to see it, so you don’t have to be close to it and know how to avoid it every time you analyze any thought. You hope that he does not flee, you hope that he stays in that same place as long as it takes, that he does not protest or shout, that he does not demand a happy ending because you know that you can not give it to him because he is no longer here, he is no longer your present. It’s over, a long time ago.

You travel back in time looking for answers, being ashamed of your actions, wanting to change events and having to forget more than one sentence. Needing to look back to the front and focus on what you do so as not to see him again, not to be around, not to open that door again. You take a deep breath and he goes far away, just as he left, just as many others left, without looking back, without asking questions or giving explanations, without making you feel important, without finding a common connection. Fitting in would have changed the course of events, you are sure, but also that there is nothing you can change anymore.

There are farewells that do not come with a note, a letter or a goodbye, simply, they are words spoken in solitude. Sometimes, they just disappear. Sometimes, they turn the page before you do. They forget you. Even if you have done them good, even if you have been kind, even if you have been generous and compassionate, that is not something crucial and nothing happens. No need. As long as we are well, there’s no expectation of a new goodbyes.


Publicado en Reflexiones

Oculta:

Le ves desde donde estás, apoyada y escondida tras una pared. Él no puede verte. Te duelen los ojos, el cuerpo, estás exhausta. Quieres escapar pero no sabes cómo. Te refugias en ese pequeño cuarto que hay al final del pasillo que no sabe que existe, que ni siquiera se ha dado cuenta de que hay una puerta disimulada por la que puedes entrar y salir a placer para estar lejos de él.

Está tirado en el sofá con una cerveza en la mano, con los pies encima de la mesita de café, viendo el fútbol. Tu cuerpo tiembla todavía, mientras tratas de recordar qué podría haberte atraído de él cuando le conociste. Quizá fue su sonrisa, todavía la recuerdas como si fuera ayer, su olor lo sientes dentro de tu nariz y sus labios tocar los tuyos como dulce terciopelo. El vello de los brazos se te eriza cada vez que piensas en ello, solo fuiste una simple elección de última hora, un objeto al que iba a utilizar para sus intereses, no eres más que una nueva muñeca y ni siquiera sabías cuántas más habría en el exterior.

Ya no recuerdas cómo es sentir el sol sobre tu rostro, ni el sentir de la brisa al acariciar tu cara, ni siquiera recuerdas el sabor del café recién hecho, ya no tienes acceso a nada de eso. Has dejado de dormir, por miedo a que aparezca, por miedo a que encuentre tu escondite, por miedo a saber qué harías si volviera a besarte. Te escondes cuando vuelve la vista hacia ti, respiras hondo sabiendo que es arriesgado no quedarte en tu sitio. Te llama por tu nombre y apareces, con las manos en tu espalda y con una sonrisa queda. Él te mira de arriba a abajo con cara de asco, te manda a limpiar los dormitorios como si fueses una criada, luego te dice que le hagas la comida y le limpies la ropa, tú asientes como buena esclava.

Te acercas a la cocina y ves nuevamente esa oportunidad afilada y plateada con un mango de color negro, te tienta, quizá es la tercera vez que ha cruzado tu mente esta semana. No quieres volverte loca y hacer algo de lo que puedas arrepentirte luego pero, dejas de pensar y tu cuerpo empieza a actuar por inercia, ni siquiera te sigue, solo actúa. El cuchillo ahora está en tus manos y el silencio se apodera de ti, el partido de fútbol que dan en la televisión solo es un ruido lejano que ya no importa, esto anhela tu presencia, este momento necesita de ti, de que hagas lo que debes hacer para ser libre. Te das la vuelta y te acercas al sofá poco a poco, sin hacer ruido. El muy idiota sigue sin darse cuenta.

Solo estás a unos pasos y tus manos empiezan a temblar sin control, pero logras posicionarte justo detrás del sofá, viendo su nuca desnuda. Calculas un poco la fuerza que necesitarías y te decides, mientras él se sigue riendo por una jugada estúpida de su equipo favorito. Notas cómo la hoja afilada corta la carne de su cuello, ves que sus ojos se abren de par en par, que la sangre no deja de emanar de la herida mientras te quedas de piedra preguntándote cómo has sido capaz de hacer algo así. Ni siquiera se ha dado la vuelta. Ni siquiera ha tenido tiempo de hablar.

Su risa ya no la oyes. Sus gritos han desaparecido. Y el silencio ha vuelto, aunque su olor sigue impregnando la estancia. Una sonrisa se muestra en tu rostro, mientras te miras en el espejo del salón. Ya no te reconoces.


Hidden:

You see him from where you are, leaning and hidden behind a wall. He can’t see you. Your eyes hurt, your body hurts, you’re exhausted. You want to escape but you don’t know how. You take refuge in that small room at the end of the corridor that he does not know that it exists, that he has not even realized that there is a hidden door through which you can enter and exit at will to be away from him.

He’s lying on the couch with a beer in his hand, his feet on top of the coffee table, watching football. Your body still trembles, as you try to remember what might have attracted you to him when you met him. Maybe it was his smile, you still remember it as if it were yesterday, his smell you feel inside your nose and his lips touch yours like sweet velvet. The hair on your arms bristles every time you think about it, you were just a simple last-minute choice, an object that he was going to use for his interests, you are nothing more than a new doll and you didn’t even know how many more there would be on the outside.

You no longer remember what it’s like to feel the sun on your face, or the feeling of the breeze as it strokes your face, you don’t even remember the taste of freshly brewed coffee, you no longer have access to any of that. You’ve stopped sleeping, for fear that he will appear, for fear that he will find your hiding place, for fear of knowing what you would do if he kissed you again. You hide when he turn his eyes to you, take a deep breath knowing that it is risky not to stay in your place. He calls you by name and you appear, with your hands on your back and with a smile you remain. He looks at you from top to bottom with a disgusted face, sends you to clean the bedrooms as if you were a maid, then tells you to make his food and clean his clothes, you nod like a good slave.

You approach the kitchen and see again that sharp, silvery opportunity with a black handle, it tempts you, maybe it’s the third time it’s crossed your mind this week. You don’t want to go crazy and do something you might regret later but you stop thinking and your body starts acting by inertia, it doesn’t even follow you, it just acts. The knife is now in your hands and silence takes over you, the football match they give on TV is only a distant noise that no longer matters, this longs for your presence, this moment needs you, that you do what you must do to be free. You turn around and approach the sofa slowly, without making any noise. The very idiot still doesn’t realize of it.

You are only a few steps away and your hands begin to shake uncontrollably, but you manage to position yourself just behind the sofa, seeing his bare neck. You calculate a little the strength you would need and make up your mind, while he keeps laughing at a stupid play by his favorite team. You notice how the sharp blade cuts the flesh from his neck, you see that his eyes open wide, that the blood does not stop emanating from the wound while you stand in stone wondering how you have been able to do something like this. He hasn’t even turned around. He hasn’t even had time to speak.

You don’t hear his laughter anymore. Their screams have disappeared. And the silence has returned, although his smell continues to permeate the room. A smile showed on your face, as you looked at yourself in the mirror of the living room. You don’t recognize yourself anymore.