Publicado en Personajes

Cian: La Futura Esencia

Relato procedente: «La Magia de un Libro«. Edad: 12 años.

Ciudad: Ennis. Profesión: Estudiante.

Descripción física:

Aún recuerdo mi cabello oscuro, castaño. Mis ojos grises y esas pestañas que todos admiraban, sobre todo las amigas de mi madre, decían que eran perfectas y preciosas, aunque para mí solo fueran pestañas. Recuerdo mis pómulos rojizos debido al intenso frío, lo abrigado que iba siempre con bufandas e incómodas chaquetas, vaqueros y unas botas que pesaban más que el hormigón. Mi tez era un tanto pálida y mi cuerpo esbelto, mis dientes totalmente blancos, aunque no me gustaba mucho enseñarlos.

Descripción de la personalidad:

Era un niño reservado, con toneladas de libros delante de mis ojos y con ansias de devorarlos todos. No podía dejar de leer, me encantaba, aunque en el colegio decían que era raro y un marginado. No me encantaba hablar, era silencioso, bastante pasota y no me interesaban mucho los grupos, me gustaba encerrarme en mi habitación el tiempo libre que pudiese tener y tratar de hacer lo que me gustara. Nunca me he sentido mal por estar apartado, creo que mucha gente lo ha admirado, no he prestado atención, creo que aprendía a enfocarme en lo que quería hacer y no en lo que ellos querían que creyera. Diría que era imaginativo, creativo y bastante despierto, ansioso y cabezota.

Una infancia bastante normal:

Mis padres discutían mucho, creo que por eso fue tan fácil enfocarme en otras cosas, quería simplemente, escapar de ese mundo para crear uno propio. No dejé de leer desde que descubrí «El Principito», pasaba sus páginas con tanta velocidad que no podía frenarme. Cada día, pedía ir a la biblioteca para coger más, mi madre estaba asombrada, pero a la vez contenta, no a muchos niños se les despertaba esa necesidad por leer, en específico a los de sus amigas, unos completos abusones idiotas.

Y sí, mis padres decidieron separarse. Mi padre bebía mucho, se pasaba el tiempo de bares con sus amigos y no sacaba tiempo para la familia o, al menos, eso es lo que me han contado, seguía ocupado a mis doce años, creo que entre sorbo y sorbo se olvidó en algún momento de que tenía un hijo o, simplemente, quiso evadirlo y la bebida le ayudaba con ello. No le conocí muy bien, siempre estuve con mi madre, ella siempre me cuidó. A veces, he de reconocer que era un poco dura pero entendía que al encargarse de todo sola, debía liderar, yo simplemente, obedecía. Era mejor no contradecirla.

La magia de los libros:

Los amantes de los libros, conocemos esa esencia, esa llamada de un libro que nos gusta y que debemos leer porque está presente, observándonos, es como si nos eligiera. Tienen magia dentro, tienen personalidad, te atrapan, te hacen reír y llorar, te enternecen el alma con palabras, a veces, te consuelan cuando lo necesitas, o te dan una bofetada en plena cara cuando no debiste de hacer algo. En resumen, los libros lo son todo. Y para mí lo eran todo. No pude imaginar que su esencia y significado fueran a volverse tan literales. Podemos hablar de esencias y energías, pero no creemos que sea real, el tacto del lomo de un libro es real, sus páginas, su olor, pero nunca imaginas que puede volverse existente.

Cuando salí de la biblioteca una vez más con varios libros en mis manos, me sentí abrumado por la necesidad de abrir uno de los libros que había alquilado. Una luz cegadora me atrapó, una luz que nadie más vio. Al volver a casa rápidamente, abrí el libro de nuevo y, esta vez, la luz era de un color azulado, muy potente, tanto que sacó a alguien de dentro del libro, alguien que iba a creer que se convertiría en mi amigo y nunca en quién cambiaría mi vida para siempre. Un pequeño elfo salió de allí, era la mismísima esencia del libro que tenía en mis manos, ¡no me lo podía creer, era imposible! Al parecer, no lo era.

Me contó las más alucinantes historias que nadie podría contar, aventuras increíbles, lugares que podríamos soñar pero nunca tocar, pequeños poblados de elfos donde trabajan y dan de comer a sus familias, montones de criaturas que viven en los bosques, enemigos que debían derrotar y miles de historias más. Me vi tan inmerso en todo ello que, sin darme cuenta empecé a formar parte del libro, el que me absorbía para ser parte de él, para ser su esencia. El elfo sonreía satisfecho, había engañado a un niño inocente para que él pudiera salir de su encarcelamiento. Nunca se me habría ocurrido, parecía tan inofensivo y aventurero… Me sentí traicionado por una criatura que solo creí que existía en los libros, en ese momento, era yo el que permanecía en una cárcel.

Vivir en un libro:

Podría decir que no se está tan mal aunque echo de menos algunas cosas. Está bien no tener la urgencia de ir al servicio, no comer ni beber porque no pierdes tiempo, tampoco ir al colegio o tratar de caerle bien a la familia de tu madre porque son la única sangre que te queda en el mundo. Pero cosas como una cama donde poder recostarse, lectura necesaria, libros que poder tocar y oler, una estantería o dos no irían mal y un poco más de luz. Eso hubiera sido fabuloso.

He podido empatizar con el elfo. Supongo que se sentía rechazado, empujado a mantener una vida en total soledad, con limitaciones impuestas por su raza como puedo suponer, sin la suficiente luz para hacer algo más útil que mirar las paredes en una habitación cuadrada donde no hay ni ventanas, de hecho, no necesitas oxígeno. Es como si fueras un robot. Me pregunto cuánto tiempo estuvo encerrado aquí, en cierta manera, me rompe el alma, nadie se merecería vivir de esa forma. Ni siquiera yo.

Recuerdo que, en los últimos momentos en los que pude ver al elfo, me pude ver a mí mismo, se transformó en mí, pude ver cómo su piel se deshacía, cómo cerraba el libro y lo guardaba en el fondo del armario para deshacerse de la amenaza que podría ser que yo saliera de él. Supongo que me he preguntado durante este tiempo que he estado aquí, si él ha sido bueno con mamá, si ella ha notado la diferencia, si se ha dado cuenta de que hace la cama y yo nunca la hacía, si está siendo mejor hijo que yo, si ha pensado que quizá le han cambiado al niño de sus ojos por otro que ella no conoce, me he preguntado si va a venir a buscarme alguna vez, si será capaz de tragarse su paripé. No puedo evitar que me carcoman estas preguntas, que me intriguen, que me creen ansiedad o me vuelvan un poco loco, ni siquiera sé cuánto tiempo ha pasado o si pasará mucho más, la incertidumbre es el mayor enemigo del hombre, sin duda.

Un futuro encerrado:

Definitivamente, estoy en una cárcel. Supongo que el elfo no debió ser muy bueno con sus amigos y familia si tuvieron que deshacerse de él así. Este es mi hogar por ahora, hasta que alguien abra el libro y pueda salir de nuevo. De lo que no estoy seguro es de si debería meter a alguien dentro, a cualquiera que me encuentre para poder estar fuera, una especie de sacrificio, una esencia por otra. Si fuera así, no podría hacerlo ni aunque quisiera. Pero bueno, al fin y al cabo, son preguntas sin respuesta.

He de aceptar la idea de que no hay salida, no se pueden derrumbar los muros que crean la habitación, dudo incluso de que haya algo alrededor de ellos, es demasiado silencioso. Dejando de intentarlo, dejo de frustrarme, de volver a una vida que indudablemente me pertenece, dejo de enfadarme porque no tengo nada que leer, tampoco wi-fi, lo cual, es una pena, podría entretenerme con algo más que conmigo mismo, suelo hablar solo y no sé si eso es algo normal. Supongo que algún día lo sabré. O puede que no. No hay nada seguro aquí, tampoco ahí fuera, solo cabe esperar sin desesperar.


Autor:

Escritora. Estudiante de la vida y apasionada por la lectura y el aprendizaje. Siempre activa, esperando crear una nueva historia o personaje. La dominación de las palabras forma su existencia y la música un componente fundamental para una mente creativa.

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