Publicado en Relatos

La Magia de un Libro:

Tenía en las manos un buen libro. Era como si me empujara hacia él. Me invitaba a mirar dentro, a encontrarme con cualquier historia que pudiera captar mi atención. La cubierta no era muy usual, los colores eran más bien oscuros, tenía mucho polvo en el lomo, quizá en sus hojas, como bien comprobaría más tarde. Supongo que pensé que lo sentiría como cualquier otro libro, como los que solía coger prestados de la biblioteca, este estaba escondido entre un montón de ellos en una esquina que parecía prácticamente olvidada. Lo sentía como un imán, una llamada constante para que lo abriera, ni siquiera pude aguantar hasta llegar a casa para hacerlo, la ansiedad era demasiado agobiante.

Vi una luz cegadora saliendo de él. No duró mucho, solo unos segundos. Me embriagó una sensación de paz, de pertenencia, de haber puesto la mirada en un lugar fantástico y, a la vez, totalmente desconocido. Me sorprendió comprobar que nadie a mi alrededor se percató de nada de lo que ocurrió. La gente que pasaba por mi lado, seguía centrada en sus cosas, como si hubiera sido el único que había visto esa luz. Lo cerré al instante, entre asustado y contrariado, y me lo llevé sujeto en mi pecho a casa caminando a paso rápido. Al llegar, evité las constantes preguntas de mi madre y me fui directo a mi cuarto. Cerré la puerta tras de mí, dejé los libros sobre la mesa de escritorio y me senté. Miré el libro de reojo, tratando de evitarlo pero, al mismo tiempo, queriendo averiguar qué pasaba con él, porque estaba seguro de que así era.

Quité los otros libros de encima y lo puse en medio de la mesa. Respiré hondo antes de abrirlo. No me topé con la misma hoja, sino con otra diferente que emitió una especie de luz azul, no tan cegadora. Para nada esperaba lo que ocurrió, no me lo podría haber imaginado. Al girarme, me encontré con alguien sonriente, delgado, más alto que yo, cabello castaño, orejas puntiagudas y un traje verde y amarillo, llevaba un sombrero terminado en punto encima de la cabeza que acababa con una bola que caía, hacía juego con el resto del outfit. Me quedé anonadado, en shock, incluso, intimidado por ese nuevo ser que había aparecido de la nada. Empezó a juguetear con una hoja que había sacado del bolsillo de su pantalón, la pasó por entre sus labios y sonrió, disfrutando del momento. Decía ser que era la esencia del libro. Me volví hacia este, lo abrí y me invadió la sorpresa cuando me di cuenta de que ya no había nada escrito. Debía haber una explicación. No dejaba de repetírmelo, pero no parecía encontrarla.

Estaba exhausto de estar escondido en ese mugriento y polvoriento estante con otros muchos libros sin personalidad aparente. Tenía ganas de que alguien lo cogiera y decidiera darle un hogar. Por descontado, quería contarme su historia y quería que me quedase con él, aunque yo no estaba muy seguro de ello, me gustaba devolver a la biblioteca todo lo que me llevaba o me podrían vetar la entrada. Empezó a contármelo todo antes de decidir si quedarme con él o no, me contó sus aventuras en un pueblecito llamado «Greendale», con pequeñas casitas de madera donde todos vivían, cazaban en los bosques y sobrevivían comiendo animales y bebiendo grandes cantidades de cerveza que ellos mismos preparaban. Eran una especie de duendes, quizá no como los que nosotros estamos acostumbrados pero parecían las típicas criaturas a las que les gustaba jugar, bailar, contar historias divertidas y esconderse de los lobos en invierno para poder comérselos en verano. La verdad es que empezó a caerme bien.

Aunque el concepto que tenía de él empezaba a cambiar, cuando empezó a abrir el libro por las primeras hojas y me sentí extrañamente mareado. La historia era interesante, me sentía totalmente inmerso en ella, en cada palabra, en cada frase que pronunciaba con esa voz suave y magnética. Mi cuerpo empezó a volverse invisible poco a poco, empezó por las manos y terminó con los pies. Dejé de diferenciar la realidad de la ficción mientras seguía oyéndole hablar, el tono de su voz no cambiaba. Las palabras del libro empezaron a formarse nuevamente, se llenaron de frases y párrafos completos que no dejaban de moverse alrededor, de los que ahora formaba parte sin haberme dado cuenta. En cuanto supe que pasaba, ese extraño ser paró en seco de hablar, su historia se había terminado, el libro estaba completo de nuevo mientras yo era su nueva esencia. Le vi cambiar de forma al creer que no le observaba, ahora él era yo en la realidad, me quedé atrapado al cerrar el libro.

Grité y grité pero nadie me escuchó. Desistí al poco tiempo. Nadie se dio cuenta de mi ausencia, de que no era yo quién caminaba por la casa, puede que mi madre agradeciera un cambio a estas alturas, había empezado a irritarla. Supongo que ya no había lugar para mí, solo oscuridad.


The Book’s Magic:

I had a good book in my hands. It was as if it pushed me towards him. It invited me to look inside, to encounter any story that could catch my attention. The cover was not very usual, the colors were rather dark, it had a lot of dust on the back, perhaps on its leaves, as I would later see. I guess I thought it would feel like any other book, like the ones I used to borrow from the library, this one was hidden among a bunch of them in a corner that seemed practically forgotten. It felt like a magnet, a constant call for me to open it, I couldn’t even hold on until I got home to do it, the anxiety was too overwhelming.

I saw a blinding light coming out of him. It didn’t last long, just a few seconds. I was intoxicated by a sense of peace, of belonging, of having looked at a fantastic place and, at the same time, totally unknown. I was surprised to see that no one around me noticed anything that happened. The people who passed by me, remained focused on their things, as if I had been the only one who had seen that light. I closed it instantly, between frightened and upset, and took it strapped to my chest home walking at a brisk pace. When I arrived, I avoided my mother’s constant questions and went straight to my room. I closed the door behind me, put the books on the desk table, and sat down. I looked at the book sideways, trying to avoid it but, at the same time, wanting to find out what was wrong with it, because I was sure there was something.

I took the other books off this one and put it in the middle of the table. I took a deep breath before opening it. I did not come across the same leaf, but a different one that emitted a kind of blue light, not so blinding. I didn’t expect what happened at all, I couldn’t have imagined it. As I turned, I found someone smiling, thin, taller than me. Brown hair, pointed ears and a green and yellow suit, she wore a hat finished in point above the head that ended with a ball that fell, matching the rest of the outfit. I was stunned, shocked, even, intimidated by this new being that had appeared out of nowhere. He began to fiddle with a sheet that he had taken from his pants pocket, passed it between his lips and smiled, enjoying the moment. He claimed to be the essence of the book. I turned to this one, opened it and was overcome with surprise when I realized that there was nothing written anymore. There had to be an explanation. I kept repeating it to myself, but I didn’t seem to find it.

He was exhausted from being hidden in that filthy, dusty shelf with many other books with no apparent personality. He wanted someone to take him and decide to give him a home. Of course, he wanted to tell me his story and he wanted me to stay with him, although I was not quite sure about it, I liked to return to the library everything I took from there or they could forbid me from entering. He began to tell me everything before deciding whether to stay with him or not, he told me his adventures in a small village called «Greendale», with small wooden houses where everyone lived, hunted in the woods and survived by eating animals and drinking large amounts of beer that they prepared themselves. They were a kind of goblins, maybe not like the ones we are used to hear about but they seemed the typical creatures that liked to play, dance, tell funny stories and hide from wolves in winter to eat them in the summer. The truth is that I started to like him.

Although the concept I had of him was beginning to change, when he started to open the book for the first few pages and I felt strangely dizzy. The story was interesting, I felt totally immersed in it, in every word, in every sentence I uttered in that soft, magnetic voice. My body began to become invisible slowly, started with the hands and ended with my feet. I stopped differentiating fact from fiction as I continued to hear him speak, the tone of his voice did not change. The words of the book began to form again, they were filled with sentences and complete paragraphs that did not stop moving around, of which I was now part without realizing it. As soon as I knew what was happening, that strange being stopped in its tracks, its story was over, the book was complete again while I was its new essence. I saw him change shape when I thought I was not watching him, now he was me in reality, I was trapped when he closed the book.

I screamed and screamed but no one heard me. I gave up soon after. No one noticed my absence, that it was not me who walked around the house, maybe my mother was grateful for a change at this point, I had begun to irritate her. I guess there was no place for me anymore, only darkness.


Autor:

Escritora. Estudiante de la vida y apasionada por la lectura y el aprendizaje. Siempre activa, esperando crear una nueva historia o personaje. La dominación de las palabras forma su existencia y la música un componente fundamental para una mente creativa.

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