Publicado en Personajes

El Miedo: Esperando Fuera

Relato procedente: «La Sombra ha Salido«. Edad: 28 años.

Ciudad: La Mente. Profesión: Desconocida.

Descripción física:

Tengo una estatura más bien baja, de piel clara, con ojos negros y mirada profunda, labios carnosos y voz acompasada, suelo tener las manos frías. Mi cabello es de color negro y suelo vestir con un mono raído separado por un cinturón negro atado un poco más alto de la cintura, suelo ir descalzo, con los pies y las piernas algo sucias debido a la mugre de las celdas.

Descripción de la personalidad:

Soy todo lo que un huésped humano podría desear para sobrevivir, hago resurgir de ellos mismos las ganas de huir, la supervivencia, despierto la ira y el rencor, el enfado cuando alguien está asustado. Soy ese temor que notan a la altura del pecho, que les hace temblar y creer que algo malo va a ocurrir, soy todo lo que soñaron que no podría existir, estoy en la oscuridad pero también en el dolor y la pérdida, porque siempre hay algo que temer, siempre hay algo que les da miedo, me alimento de ello y les doy energía para que sigan luchando para evitarlo, de alguna manera. Muchos me desprecian y lo entiendo, puedo ser muy molesto.

Puertas abiertas:

He estado dentro de este huésped durante 28 años, conozco todas sus fobias, las he hecho resurgir mil veces. Pero poco a poco, las ha ido superando, a veces con ayuda, otras veces, simplemente, ha dejado de pensar en ello. Su proceso ha sido sorprendente, le doy crédito, me ha hecho frente y se ha hecho más fuerte, dejándome en el banquillo por mucho tiempo y no creo que salga con tanta facilidad, muchas veces, tengo que resistirme tanto que me agoto antes de abrir la puerta de la celda. A mí y a muchos, nos mantiene a raya, por eso no esperaba que las puertas de las celdas se abrieran. Al menos, la mía lo hizo.

No podía creer que lo hubiera hecho, el huésped no era alguien fácil de manipular, era valiente y decidido, fuerte, le gustaba combatir cualquier cosa. Así que, no podía ser que yo estuviera fuera. Otra cosa curiosa, fue darme cuenta de que el pasillo de las celdas estaba totalmente a oscuras, no había ni una sola luz que lo iluminara, algo que normalmente no ocurría, el huésped nos mantenía retenidos y vigilados en todo momento, no quería que nadie saliera sin su permiso. Así que, ¿por qué apagaría las luces? Fui caminando hasta el principio del pasillo, a tientas, hasta llegar a un muro donde se podía ver el centro del lugar, frente a unas escaleras iluminadas. Ni siquiera podía ver el pasillo de celdas que había al otro lado.

La Sombra había salido:

La Sombra era el ser más malvado y perturbador de todo el lugar. El huésped lo mantenía encerrado en una celda diminuta, con doble cerradura y con unas puertas de acero impenetrables. Era exactamente su parte oscura, la que no mostraba a nadie, la que albergaba la mayor oscuridad que ninguno de nosotros podría imaginar. Era temido incluso por el huésped, le oíamos susurrar algunas palabras para mantenerlo siempre calmado, cada noche antes de irse a dormir, era casi rutinario, hasta podía dormirme escuchando esas palabras. Estas le debilitaban, era como si le descargara las pilas rápidamente.

Lo que me sorprendió fue que estuviera justo frente a las escaleras. ¿Cómo había salido? Era imposible que lo hiciera sin la ayuda del huésped. Le recuerdo sin cara, sin mirada, sin labios, hablaba telepáticamente, llevaba una gabardina negra con un traje negro debajo, odiaba las corbatas, así que, no llevaba. Sus zapatos estaban impolutos, como si no hubieran tocado la mugre de las celdas, bien peinado y dispuesto a subir al exterior y tomar el control del huésped. Algo estaría pasando allí fuera, no podía ser cierto que yo también hubiese sido liberado.

Los Liberados:

La Rabia, la Ira, La Envidia, Los Celos, La Tristeza, La Desesperación y La Razón, salieron de las celdas, liberadas al mismo tiempo. Estábamos separados y no es que nos lleváramos demasiado bien, todos teníamos nuestro trabajo dentro del huésped, nunca nos gustamos, pero tampoco competimos. Éramos visitados cuando nos necesitaba, eran pocos momentos, para unos minutos o quizá para un par de horas, era corto, limpio y silencioso, luego nos devolvía a nuestro sitio y nos volvía a encerrar, no teníamos libre circulación.

No me tropecé con ninguno de ellos, pero oí sus voces aquí y allá, mientras seguía observando a La Sombra. Sabía que todos le temían y harían lo posible para esconderse y que no les sintiera, aunque cierto es que las cosas quedaron más claras tiempo después, supimos cómo de avariciosa era La Sombra y cuánto de verdad quería salir de su encierro. Como si hubiera sido planeado, como si hubiera sido una posesión o una manipulación hacia el huésped, un auto sabotaje que él mismo no pudo controlar y su culpabilidad hizo que quisiera dejar que La Sombra saliera.

La Agresión:

Tuve la mala idea de acercarme un poco más para verla bien, así que, sintió mi esencia, supo que estaba cerca. Cerré los ojos con fuerza y traté de alejarme un poco pero, en cuanto me di cuenta, estaba casi encima de mí. Vi su cara sin rostro, pero sabía que disfrutaba con aquello, sabía que nos cazaría a todos como si fuéramos carnaza con la que jugar. Sacó un cuchillo de su manga y me rajó el cuello sin dilación, determinante, limpio, seco. Eso hizo que me mandara a la celda y que se cerrara con llave rápidamente. Di tantos golpes como me fue posible, necesitaba que alguien me oyera, quería que me sacara de allí. Pero quizá el huésped no necesitaría al miedo para aceptar a La Sombra, tampoco a ninguna de las otras, quizá no quería sentir nada y para eso la necesitaba.

Eran muchos quizá, probabilidades cercanas pero las cuales solo podía imaginar. Tal como había salido de la celda había vuelto a entrar, obviamente, no estaba muerto, nadie podía morir allí abajo, ¿te imaginas matar al miedo? Menuda comedia, nos reiríamos a gusto. Supe que La Sombra subió las escaleras en cuanto todo se quedó a oscuras por completo, ni siquiera podíamos ver nada en nuestras celdas, nos inundó la completa oscuridad, el huésped ya no tenía el control.

Un futuro incierto:

Que el huésped no quiera sentir nada por ahora, no quiere decir que nunca quiera sentirlo, no sabemos cuándo volverá a salir y a tomar posesión de su cuerpo, nuevamente. Supongo que hay veces que es mejor sobrevivir a las circunstancias con los recursos que uno tiene antes que tratar de hacerlo a las buenas. Los humanos saben de emociones, yo solo me conozco a mí mismo. Nuestro futuro es incierto, lo único que sabemos es que La Sombra no quiere que aparezcamos, no quiere que hagamos sentir al huésped protegido por ninguna emoción, por nada que le haga latir su corazón con algo más que con oscuridad.

Quizá todo se desmorone o puede que todo se arregle en cuestión de días, hay infiernos que encuentran su balance tan pronto que ni te das cuenta de que era el infierno. Supongo que la positividad no es lo mío. Lo único que me queda es sentarme en un rincón de mi celda y esperar a que todo pase, quizá no se me requiera, o quizá sí, ya veremos. Por ahora, hay que cerrar los ojos y dejar que las luces se vuelvan a encender cuando el huésped esté preparado.


Autor:

Escritora. Estudiante de la vida y apasionada por la lectura y el aprendizaje. Siempre activa, esperando crear una nueva historia o personaje. La dominación de las palabras forma su existencia y la música un componente fundamental para una mente creativa.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s